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junio 30, 2026

Escribir a Mano y Hacer Pausas Ayuda a Memorizar



Escribir a mano fortalece las conexiones neuronales, 
facilitando el almacenamiento de información en la memoria a largo plazo


El cerebro tiene sus propias reglas, al igual que nuestra forma de aprender y memorizar. Las redes neuronales se activan más cuando escribimos a mano que cuando tecleamos, y las pausas reales ayudan a consolidar los conocimientos.

Miles de personas utilizan ahora comandos de voz en sus dispositivos inteligentes para hacer sus listas de compras. Y a menudo escribimos en teclados o dictamos recordatorios de calendario en nuestros teléfonos inteligentes en lugar de escribirlos en un calendario de pared. En resumen, en todo el mundo y en una amplia variedad de entornos, las personas  utilizan principalmente dispositivos digitales para registrar las cosas que desean recordar.

Tomar apuntes con el teclado en lugar de a mano es mucho más rápido. Hace tiempo que los estudiantes optaron por esta forma de tomar apuntes en clase. También en las aulas, las pantallas están sustituyendo poco a poco al papel y los bolígrafos.

Escribir a mano y hacer pausas son estrategias altamente efectivas para mejorar la memoria. Escribir a mano activa más áreas cerebrales y fomenta una codificación profunda de la información, a diferencia de teclear. Por su parte, las pausas permiten al cerebro consolidar lo aprendido, reforzando la memorización a largo plazo.

Diferentes recuerdos en uno solo

Para que las palabras cobren todo su sentido y se conviertan en ideas o conceptos duraderos, primero deben atravesar el frágil y efímero espacio de la memoria operativa, también llamada memoria a corto plazo, encargada de mantener la información activa mientras el cerebro la procesa. Pero eso no basta.

Para que lo que se retiene se estabilice, la información debe almacenarse en un tipo de memoria semántica, afectiva, espacial o temporal. Recordar unas vacaciones implica una memoria episódica, teñida de emoción y de lugar; en cambio, saber que la capital de España es Madrid remite a una memoria semántica, desprovista de contexto personal.

¿A mano o con el teclado?

Hoy en día es difícil encontrar un ámbito en el que el teclado no haya sustituido casi por completo a la tinta o al grafito. Sin embargo, conviene recordar que la escritura a mano sigue siendo una herramienta poderosa para el desarrollo cognitivo: escribir a mano activa una red más amplia de regiones cerebrales – motoras, sensoriales, afectivas y cognitivas – que la escritura a máquina. Esta última, más eficaz en términos de velocidad, exige menos recursos neuronales y favorece una participación pasiva de la memoria de trabajo.

Por el contrario, el uso activo de la memoria a corto plazo – con la ayuda de herramientas no digitales – resulta más beneficioso tanto en el aula como en contextos clínicos relacionados con el deterioro cognitivo.

Las pausas son necesarias

El ritmo y las pausas también son determinantes en este proceso de paso de la memoria de trabajo a la memoria a largo plazo. Las pausas activas, esos breves momentos en los que interrumpimos nuestro estudio para estirarnos, caminar o contemplar algo sin un objetivo inmediato, permiten al cerebro reorganizar lo aprendido y consolidarlo de forma más sólida.

Sin embargo, hoy en día, estas pausas suelen asociarse a actividades que implican el uso de pantallas: teléfonos móviles, televisión, tabletas. Si pudiéramos hacer una comparación con el ejercicio físico, podríamos imaginarnos en un gimnasio corriendo a 12 km/h durante las pausas entre series.

Algo muy similar ocurre cuando utilizamos nuestras pausas para ver vídeos cortos, leer titulares o navegar sin rumbo fijo por las redes sociales: la mente no descansa, no consolida, y la atención se fragmenta.

El trabajo durante el sueño

Las neurociencias también destacan el papel crucial del sueño en la consolidación de la memoria. Durante el sueño de ondas lentas, el cerebro entra en un estado de sincronización neuronal caracterizado por el predominio de las ondas delta (0,5-4 Hz), que favorecen la reactivación de las huellas mnésicas – huellas que permanecen en la mente tras una experiencia y que sirven de base para la memoria y la capacidad de recordar.

Estas oscilaciones lentas crean un entorno con escasa interferencia sensorial que facilita el diálogo entre el hipocampo y el neocórtex. Se ha observado, en particular, que las ondas theta (4-8 Hz), más frecuentes durante la fase REM (Rapid Eye Movement) y también presentes en las fases NREM (Non-Rapid Eye Movement) ligeras, intervienen en esta transferencia. Más concretamente, permiten el paso de los recuerdos desde su almacenamiento temporal en el hipocampo hacia las regiones corticales de almacenamiento a largo plazo.

Del mismo modo, los husos del sueño, breves patrones de actividad cerebral que se producen durante el sueño ligero y que son generados principalmente por el tálamo, se asocian con el fortalecimiento de las conexiones neuronales pertinentes.

Diversos estudios que utilizan la polisomnografía y la neuroimagen han demostrado correlaciones entre la densidad de estos husos del sueño y el rendimiento en tareas de memoria episódica. Se ha sugerido que estas oscilaciones actúan como una especie de “marcador de relevancia” que selecciona la información que merece ser consolidada.

Así, durante el sueño, el cerebro lleva a cabo automáticamente un proceso de reorganización y fortalecimiento de la memoria. Da prioridad a lo que es significativo y elimina lo que no lo es. No es casualidad que, al despertar, una melodía o una frase aparentemente insignificante nos venga a la mente sin esfuerzo: son los ecos de ese minucioso trabajo nocturno que escribe la memoria.

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La creciente adopción de dispositivos digitales en detrimento de la escritura tradicional plantea interrogantes sobre sus efectos neurocognitivos. La escritura a mano implica mecanismos psicomotores y neurológicos complejos que son importantes para el aprendizaje y la memoria.

Estudios recientes indican que la escritura a mano activa áreas cerebrales más extensas y favorece una mayor interacción cortical, lo que mejora la memorización y la comprensión de los conceptos. También favorece una integración sensoriomotora más sólida y una actividad sincronizada en el rango de las ondas theta, ambas esenciales para el aprendizaje. Por el contrario, la escritura digital no estimula estas áreas cerebrales de la misma manera, lo que puede reducir la retención de información y, en cierta medida, el entrenamiento de las capacidades cognitivas.


Escribir a mano estimula la conectividad cerebral


Investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología de Trondheim, en un estudio publicado en Frontiers in Psychology en enero 2024, analizaron el impacto diferencial de la escritura a mano y la escritura a máquina sobre la conectividad cerebral.

Para ello, se seleccionó a 36 estudiantes y se evaluó su actividad cerebral mediante una electroencefalografía (EEG) de alta densidad, que utiliza un gran número de electrodos colocados en el cuero cabelludo para registrar la actividad eléctrica del cerebro. El experimento consistió en escribir a mano una serie de palabras varias veces con un bolígrafo digital en cursiva o teclearlas con el dedo índice, mientras se registraban los datos del electroencefalograma.

Los resultados revelaron una mayor conectividad cerebral durante la escritura a mano que al utilizar el teclado, especialmente en las regiones central y parietal del cerebro, cuya actividad está relacionada con la formación de la memoria y el aprendizaje.

Además, la escritura a mano, pero no la mecanografía, generó patrones de conectividad cerebral más elaborados y extensos en las frecuencias theta y alfa, especialmente en las regiones central y parietal, lo que sugiere una mejor integración sensoriomotora, una mejor memoria y una mayor atención.

Se observaron diferencias significativas en los patrones de conectividad entre la escritura a mano y la escritura a máquina, con diferentes conexiones relevantes que solo estaban presentes en el primer caso. La escritura a máquina no activó las redes neuronales de forma tan extensa, lo que sugiere que es menos eficaz para la actividad de ciertas conexiones neuronales relacionadas con la memoria y el aprendizaje que la escritura a mano.

Este estudio sugiere que la escritura a mano activa redes neuronales específicas y mejora la conectividad cerebral, lo que puede promover procesos cognitivos más complejos y un aprendizaje más eficaz. A diferencia de la mecanografía, que implica movimientos repetitivos, los movimientos precisos necesarios para escribir a mano estimulan una gama más amplia de áreas cerebrales.

Los investigadores señalan que la literatura científica existente indica que los patrones de conectividad en estas áreas cerebrales y a estas frecuencias son esenciales para la formación de la memoria y la codificación de nueva información, por lo tanto, beneficiosos para el aprendizaje. Sus hallazgos sugieren que el esquema espacio-temporal derivado de la información visual y propioceptiva obtenida mediante movimientos precisos de la mano al usar un bolígrafo contribuye significativamente a los patrones de conectividad cerebral que promueven el aprendizaje.

Recomiendan encarecidamente que los niños, desde temprana edad, practiquen la escritura a mano en la escuela para establecer las conexiones neuronales que proporcionan al cerebro las condiciones óptimas para el aprendizaje. Si bien mantener las habilidades de escritura en las escuelas es esencial, es igualmente importante mantenerse al día con los avances tecnológicos. Por lo tanto, tanto docentes como estudiantes deben comprender qué prácticas son más efectivas para el aprendizaje en cada contexto, por ejemplo, para tomar apuntes en clase o escribir un ensayo.


Reconstrucción del lenguaje continuo a partir de registros cerebrales no invasivos


Investigadores del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Texas en Austin, en un artículo publicado en Nature Neuroscience de mayo 2023, presentan el desarrollo de un decodificador basado en inteligencia artificial capaz de traducir la actividad cerebral en un flujo continuo de texto. Este importante avance permite, por primera vez, la lectura no invasiva de los pensamientos de una persona.

Una interfaz cerebro-computadora capaz de decodificar el lenguaje continuo a partir de registros no invasivos tendría numerosas aplicaciones científicas y prácticas. Sin embargo, actualmente, los decodificadores de lenguaje no invasivos solo pueden identificar estímulos a partir de un pequeño conjunto de palabras o frases.

Los investigadores presentan aquí un decodificador no invasivo que reconstruye el lenguaje continuo a partir de representaciones semánticas corticales registradas mediante resonancia magnética funcional (IRMf).

Utilizando grabaciones cerebrales inéditas, este decodificador genera secuencias de palabras inteligibles que reconstruyen el significado del habla percibida, el habla imaginada e incluso vídeos silenciosos, demostrando que un único decodificador puede aplicarse a diversas tareas. Probaron el decodificador en toda la corteza cerebral y descubrieron que el lenguaje continuo puede decodificarse de forma independiente desde múltiples regiones.

Dado que las interfaces cerebro-computadora deben respetar la confidencialidad de los datos mentales, comprobaron si la decodificación exitosa requería la cooperación del sujeto y descubrieron que esta cooperación es necesaria tanto para el entrenamiento como para el uso del decodificador. Los resultados demuestran la viabilidad de las interfaces cerebro-computadora no invasivas para el lenguaje.

Los investigadores se toman muy en serio las preocupaciones sobre el posible uso indebido y han trabajado para prevenirlo. Quieren garantizar que las personas solo utilicen este tipo de tecnología cuando lo deseen y cuando les resulte útil.

El estudio demostró que el cerebro representa la información lingüística continua de manera consistente durante la percepción y la imaginación. Este es un descubrimiento importante que podría servir de base para el desarrollo de interfaces cerebro-computadora.

Este decodificador puede reconstruir el habla con una precisión asombrosa, incluso cuando los pacientes escuchan una historia o la imaginan en silencio, únicamente utilizando datos de resonancia magnética funcional (RMf). Los sistemas de decodificación del lenguaje anteriores requerían implantes quirúrgicos. Este último avance abre el camino a nuevos métodos para restaurar el habla en pacientes con dificultades de comunicación tras un accidente cerebrovascular o una enfermedad de la neurona motora.

Esta demostración de una disociación dual entre los efectos de estas dos lesiones proporciona una sólida evidencia de que la función de la corteza prefrontal dorso-lateral media en la memoria de trabajo visual no reside en el mantenimiento de la información en sí, sino en el proceso ejecutivo de monitorización de dicha información.

Además, el presente estudio ha demostrado que las lesiones limitadas al área 9, que constituye la parte superior de la región prefrontal dorso-lateral media, dan como resultado una leve alteración en el monitoreo de la información, mientras que las lesiones de toda la región prefrontal dorso-lateral media causan una alteración muy grave.

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Detengámonos un instante y observemos el suave fluir de estas palabras ante nuestros ojos, este silencioso ir y venir, y la voz que las lee en voz alta en nuestra mente. ¿Cuántas de ellas quedarán grabadas en nuestra memoria en cinco minutos? ¿Y cuántas permanecerán en nuestra memoria sin esfuerzo mañana? La pregunta no es trivial. Vivimos en una época donde la velocidad domina la forma en que aprendemos y, paradójicamente, también la forma en que olvidamos.

No todas las palabras se procesan al mismo ritmo. Quizás haya oído que una persona puede leer entre 200 y 300 palabras por minuto, escuchar unas 150, o leer incluso menos al tacto en Braille. Pero esta velocidad no es sinónimo de comprensión: de hecho, más allá de las 500 palabras por minuto, la asimilación disminuye drásticamente. ¿Y lo que se absorbe se retiene realmente? No necesariamente. Devorar palabras con avidez no es lo mismo que absorber su esencia.

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Por qué seguir aprendiendo a escribir a mano en un mundo impulsado por la IA


El mundo de la escritura está experimentando una profunda transformación. Primero llegaron los teclados, luego la función de autocompletar palabras y frases en las aplicaciones de mensajería. Ya estamos dejando atrás esa era. Con el auge de la inteligencia artificial, los robots ahora pueden producir textos de calidad comparable a los escritos por humanos, sin ninguna intervención humana.

Gracias a las recientes mejoras en el software de transcripción, incluso los escritores humanos pueden prescindir de un teclado, y mucho menos de un bolígrafo. Y la IA podría incluso abrir la puerta a la generación de textos mediante el análisis de la actividad cerebral.

Con la pandemia, el aprendizaje en línea se ha expandido considerablemente y, en varios países del mundo, algunas pruebas importantes se realizan ahora por computadora. También se ha planteado la posibilidad de abandonar la escritura cursiva en la secundaria. Sin embargo, la escritura a mano sigue siendo fundamental para el aprendizaje básico en la primaria.

Los padres podrían preguntarse si aún merece la pena dedicar tiempo a la compleja tarea de aprender a escribir a mano. ¿No sería mejor invertir ese esfuerzo en introducir a los niños a la programación? Al fin y al cabo, los alumnos con discapacidad ya están aprendiendo a escribir utilizando tecnologías de apoyo.

Es posible que la caligrafía perfecta pierda importancia en el futuro. Sin embargo, los estudiantes seguirán necesitando escribir a mano de forma legible y fluida tanto para sus estudios como para su vida cotidiana.

Pero existen varias razones importantes por las que la caligrafía siempre se enseñará – y debe enseñarse – en las escuelas:

Escribir desarrolla la motricidad fina

La escritura a mano desarrolla la motricidad y la coordinación necesarias para controlar movimientos precisos, esenciales en la vida cotidiana, tanto en la escuela como en el ámbito profesional.

La escritura a mano también se asocia con un mejor aprendizaje. Escribir estimula la motricidad fina, activa la percepción sensorial y favorece una mayor concentración. Estas condiciones promueven la comprensión y el razonamiento, habilidades esenciales para el aprendizaje.

En las escuelas, los estudiantes que toman apuntes a mano comprenden mejor el material y obtienen mejores resultados en las evaluaciones que quienes utilizan dispositivos electrónicos. Además, escribir a mano permite una relación más consciente con el contenido: no se trata simplemente de capturar información, sino de procesarla e interiorizarla.

El perfeccionamiento de estas habilidades motoras da como resultado una escritura cada vez más legible y fluida. Desconocemos el futuro de la tecnología, pero bien podría llevarnos de vuelta al pasado.

La escritura a mano podría adquirir mayor importancia que nunca si las pruebas y los exámenes volvieran a realizarse a mano para evitar el uso de IA generativa y las trampas.

Escribir a mano facilita la memorización

La escritura a mano ofrece importantes ventajas cognitivas, especialmente para la memoria. Las investigaciones sugieren que las notas tomadas con bolígrafo se recuerdan mejor que las tomadas en una computadora, debido a la mayor complejidad del proceso de escritura a mano.

Cuando escribimos a mano, nuestro cerebro funciona de manera diferente que cuando tecleamos en un dispositivo. La escritura a mano requiere la coordinación de movimientos de la mano, visión y memoria, lo que activa diversas áreas del cerebro. Este proceso fortalece las conexiones neuronales, facilitando así el almacenamiento de información en la memoria a largo plazo.

Tomar notas a mano, por ejemplo, requiere seleccionar y sintetizar las ideas más importantes, en lugar de transcribirlas textualmente, como suele ocurrir al escribir en una computadora. Este proceso mental de selección y organización mejora la retención del conocimiento adquirido. Por eso, quienes escriben a mano generalmente retienen mejor la información que quienes lo hacen exclusivamente en formato digital.

Aprender a leer y escribir están estrechamente relacionados. Los estudiantes mejoran su lectura practicando la escritura.

Una herramienta para la creación gráfica

Otra gran ventaja de la escritura a mano reside en su impacto positivo en la creatividad. Escribir a mano es más lento que escribir digitalmente, lo que permite tiempo para la reflexión y el surgimiento de nuevas ideas.

Muchas personas encuentran que escribir a mano en un cuaderno les ayuda a liberar la mente, organizar sus pensamientos y establecer conexiones inesperadas. El simple acto de deslizar un lápiz sobre el papel puede desbloquear procesos creativos, fomentando la escritura literaria, el dibujo, la planificación de proyectos e incluso la resolución de problemas.

Además, escribir a mano estimula la imaginación visual y espacial, ya que permite crear diagramas, dibujos o anotaciones a mano alzada que no siempre son fáciles de reproducir en un teclado. Por lo tanto, no es casualidad que artistas, escritores y científicos sigan recurriendo a sus cuadernos para plasmar sus ideas. Escribir a mano y actividades relacionadas, como dibujar, pueden ser fuentes de creatividad y bienestar a cualquier edad.

La popularidad de prácticas como escribir un diario y la caligrafía lo demuestra. Existen numerosas comunidades en línea donde los escritores comparten hermosos ejemplos de escritura a mano.

Un elemento clave de la cultura

Más allá de sus beneficios para el sistema neurológico, la escritura a mano es una forma de expresión profundamente humana. Cada trazo es único; refleja nuestra personalidad, nuestras emociones e incluso nuestro estado de salud. Los cambios notables en la escritura a mano pueden ser señales tempranas de afecciones neurológicas, como el deterioro cognitivo progresivo.

Gran flexibilidad

La escritura a mano no requiere electricidad ni dispositivos, baterías, software, suscripciones, conexión a internet, tiempo de carga ni nada de lo que requiere la escritura digital.

Solo se necesita un bolígrafo y papel. Y se puede practicar en cualquier lugar. A veces, para escribir una tarjeta de cumpleaños, rellenar formularios impresos o anotar algo rápido, es la solución más sencilla y eficaz.

La escritura como herramienta para la reflexión

Lo más importante es que aprender a escribir y aprender a pensar están intrínsecamente ligados. Las ideas toman forma a medida que los estudiantes escriben. Se desarrollan y organizan a lo largo del proceso de escritura. Esto es algo que no se puede delegar a robots.

Una ayuda contra el deterioro cognitivo

Los beneficios de la escritura a mano se extienden hasta la edad adulta y la vejez. La escritura a mano fortalece la reserva cognitiva, un conjunto de habilidades y redes neuronales que ayudan a resistir los efectos del envejecimiento cerebral.

Las personas que participan en actividades que requieren esfuerzo mental, como leer, escribir, resolver problemas o adquirir nuevas habilidades, tienen menos probabilidades de desarrollar un deterioro cognitivo grave. Actividades como la lectura, la escritura y los juegos mentales son estrategias de protección contra enfermedades neuro-degenerativas como el Alzheimer.


Consejos para integrar la escritura a mano en su vida diaria


Aunque la vida moderna está dominada por la tecnología digital, aún es posible incorporar la escritura a mano en su rutina diaria. Aquí tiene algunos consejos prácticos:

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Llevar un diario. Dedique unos minutos cada día a escribir sus pensamientos, emociones o experiencias.

* Tomar notas a mano durante las reuniones o clases. Esto le ayudará a asimilar mejor la información.

* Hacer listas y recordatorios en papel. Desde tareas pendientes hasta objetivos semanales.

* Practicar la escritura creativa. Relatos cortos, poesía o simplemente anote ideas en un cuaderno.

* Escribir cartas o mensajes a mano. Una forma de comunicación más personal y significativa.

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Recuperando buenos hábitos

Comprender cómo aprendemos también nos revela cómo debemos vivir. No se trata solo de reducir el tiempo frente a las pantallas, sino también de redescubrir un ritmo más humano. Escribir a mano ayuda a activar redes neuronales profundas; pensemos, por ejemplo, en los apuntes de clase y cómo, al releerlos, las ideas afloran con mayor claridad.

Por otro lado, se recomienda retomar el hábito de hacer pausas reales, lejos de los dispositivos: observar un pájaro en vuelo, sentir su respiración, estirar el cuerpo.

También es útil reforzar lo aprendido con breves ejercicios de recuperación activa. Estudios realizados en personas de entre 50 y 83 años han demostrado que la actividad física mejora el rendimiento cognitivo. La actividad física no solo mantiene nuestro cuerpo en forma y nuestra fuerza física a medida que envejecemos, sino que también ayuda a preservar nuestras funciones cognitivas. Se ha asociado notablemente con un menor riesgo de demencia.

Además, no se debe subestimar el papel del sueño profundo: es durante este tiempo que la memoria madura y consolida lo aprendido. Solo cuando le damos el tiempo necesario para descansar y asimilar, el conocimiento se arraiga verdaderamente. Así, las palabras que un niño lee hoy pueden convertirse en recuerdos vivos, capaces de acompañarlo más allá de los próximos cinco minutos, quizás incluso durante toda la vida.

Enseñar a escribir implica dotar a los estudiantes de un conjunto de estrategias de escritura que les permitan desarrollar su potencial como comunicadores reflexivos, creativos y competentes.


Al activar diversas áreas del cerebro, la escritura a mano se convierte en 
una herramienta accesible y eficaz para mantener la mente activa y saludable. 
Y la escritura a mano seguirá siendo una parte importante de este conjunto de herramientas 
en el futuro previsible, a pesar de los asombrosos avances en la IA generativa.



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enero 28, 2026

Mantener una Buena Salud Cognitiva a Cualquier Edad




Para mantener una buena salud cognitiva a cualquier edad, es esencial adoptar un estilo de vida activo que combine actividad física regular, estimulación intelectual mediante actividades variadas e interacciones sociales.

Además, una alimentación equilibrada y un sueño suficiente son fundamentales para mantener las funciones cerebrales y ralentizar el deterioro cognitivo.

Envejecer manteniendo la agilidad mental, ¿es un objetivo alcanzable o una utopía? A la luz de los recientes avances científicos, es totalmente posible, siempre y cuando se cultiven hábitos beneficiosos para el funcionamiento cerebral a lo largo de toda la vida.


La importancia de la reserva cognitiva



Entre las estrategias más eficaces identificadas por la investigación, destacan el desarrollo y el mantenimiento de una buena reserva cognitiva.

La reserva cognitiva se refiere a la capacidad del cerebro para resistir a los efectos del envejecimiento o las enfermedades neuro-degenerativas, sin que estos se traduzcan en un deterioro funcional significativo. Este concepto es ahora fundamental en los enfoques de prevención del deterioro cognitivo.

En su informe actualizado en 2024, la comisión permanente de la revista científica The Lancet sobre la prevención, la intervención y la atención relacionadas con la demencia puso de relieve que alrededor del 45% de los casos de demencia podrían evitarse o retrasarse actuando sobre 14 factores de riesgo modificables.

Entre estos factores se incluyen la inactividad física, la depresión y el aislamiento social. Pero uno de los factores más tempranos y significativos es el bajo nivel de educación.

Durante mucho tiempo, la educación se ha considerado el principal indicador de la reserva cognitiva. Refleja una exposición prolongada a actividades intelectualmente estimulantes que favorecen el desarrollo de redes cerebrales eficaces.

Sin embargo, hoy en día esta visión resulta parcial. La reserva cognitiva no se fija en la infancia ni en la edad adulta: puede construirse, mantenerse e incluso amplificarse a lo largo de toda la vida gracias a experiencias variadas como el aprendizaje, las interacciones sociales enriquecedoras y las actividades de ocio estimulantes desde el punto de vista cognitivo. Podemos pensar, por ejemplo, en la práctica de un instrumento musical, la realización de juegos de mesa complejos como el ajedrez o la participación en actividades de voluntariado que requieren nociones de planificación y resolución de problemas.

Comprender la reserva cognitiva

La literatura científica propone varios modelos complementarios para comprender los mecanismos de la reserva cognitiva.

Modelo de la reserva cerebral. Algunos se centran en la estructura misma del cerebro, sugiriendo que características como el número de neuronas influyen en la capacidad de tolerancia a las lesiones cerebrales. Algunas personas nacen con un mayor número de neuronas, lo que les permite afrontar mejor el envejecimiento.

Modelo del mantenimiento cerebral. Otros sostienen que los estilos de vida activos pueden ralentizar los efectos del envejecimiento cerebral al reforzar la resistencia biológica, es decir, la capacidad del cerebro para permanecer intacto y funcional a medida que envejece, mostrando pocos signos visibles de deterioro a pesar de la edad.

Modelo de reserva cognitiva. Un tercer conjunto de modelos hace hincapié en la flexibilidad funcional del cerebro, que le permite movilizar sus recursos de manera diferente o reclutar redes neuronales alternativas para compensar las pérdidas relacionadas con la edad.

Cada modelo se basa en una idea específica, pero son complementarios y están respaldados por datos empíricos.

El modelo de la reserva cognitiva sigue siendo el más estudiado, sobre todo por su relación con factores modificables como el nivel educativo o la práctica regular de actividades estimulantes para la cognición.

La reserva cognitiva es dinámica

Esta aclaración ayuda a armonizar las investigaciones y a orientar eficazmente las estrategias de prevención. Sobre todo, recuerda que la reserva cognitiva, lejos de ser una entidad fija, evoluciona en interacción con la experiencia y el aprendizaje y, por lo tanto, puede reforzarse a lo largo de toda la vida.

Trabajos recientes respaldan esta visión dinámica. Un equipo de investigadores de Quebec ha demostrado que el aprendizaje estructurado de estrategias de memoria, como el método de los lugares – asociar cada información a un lugar familiar – o la visualización mental – transformar la información en imágenes para retenerla mejor –, puede inducir cambios significativos en la actividad cerebral.

Otras investigaciones también han destacado el papel de la educación en la estructura y el funcionamiento cerebral. Un estudio ha puesto de manifiesto una asociación entre el número de años de escolarización, el volumen de materia gris y la activación cerebral en el contexto de la memoria. Otro estudio ha demostrado una mayor flexibilidad de activación en función de la complejidad de las tareas en las personas con mayor nivel educativo.

Todos estos trabajos confirman que la reserva cognitiva puede desarrollarse con la experiencia y modularse mediante el entrenamiento cognitivo a cualquier edad.

Estimular el cerebro mientras se divierte

El estudio “Engage” del Consorcio Canadiense sobre Neurodegeneración Asociada al Envejecimiento tiene como objetivo estudiar los efectos conductuales y neurofisiológicos de la práctica de actividades de ocio cognitivamente estimulantes en las personas mayores.

Esta intervención híbrida combina entrenamientos cognitivos formales – estrategias de memorización, atención – con actividades de ocio estructuradas, como el aprendizaje de música, de una segunda lengua o de videojuegos.

Ofrece un modelo ecológico, es decir, un enfoque que se acerca a las condiciones reales de la vida cotidiana, agradable y motivador, propicio para un compromiso sostenido.

Al demostrar que estas intervenciones naturales producen efectos comparables a los de los programas clásicos de entrenamiento cognitivo, que a menudo consisten en ejercicios repetitivos realizados en la computadora o en papel para trabajar funciones como la memoria o la concentración, Engage podría transformar los enfoques de prevención del deterioro cognitivo relacionado con la edad.

Los efectos del envejecimiento en el cerebro y la cognición

Un equipo de investigación en neuropsicología del envejecimiento de la Universidad de Quebec en Trois-Rivières (UQTR), en el laboratorio de neuropsicología del envejecimiento NeuroAge, lleva a cabo un proyecto complementario sobre los efectos del envejecimiento en el cerebro y la cognición.

Los investigadores exploran los efectos del aprendizaje del inglés como segunda lengua en la cognición y la actividad cerebral de las personas mayores.

Mediante un protocolo que integra clases, tutorías y mediciones cognitivas y electro-encefalográficas, este proyecto tiene como objetivo documentar los beneficios cognitivos y neuronales de un aprendizaje significativo, motivador y accesible.

Los resultados preliminares son prometedores y respaldan la idea de que el compromiso intelectual, incluso tardío, puede generar beneficios cuantificables.

Mantener una buena salud cognitiva a cualquier edad requiere una combinación de intervenciones accesibles, motivadoras y estimulantes.

La reserva cognitiva, lejos de ser algo inmutable, se construye a lo largo de toda la vida. Los avances en la investigación nos ofrecen hoy en día herramientas concretas para envejecer de forma saludable y, en particular, con buena salud cognitiva.

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Prevención, intervención y tratamiento de la demencia: Informe 2024 de la Comisión Permanente de The Lancet



Investigadores de University College London, la Universidad de Exeter, la Universidad de Oslo y el Instituto Nacional de Salud Mental y Neurociencias (Bangalore, India) participaron en la actualización de del informe 2024 de la Comisión Permanente de la revista científica The Lancet, publicado en agosto de 2024, sobre la demencia.

Este informe aporta nuevos datos alentadores sobre la prevención, la intervención y el tratamiento de la demencia. Con el aumento de la esperanza de vida, el número de personas con demencia sigue aumentando, aunque la incidencia por grupo de edad está disminuyendo en los países de ingresos altos, lo que pone de relieve la necesidad de identificar y aplicar estrategias de prevención.

Los investigadores han sintetizado las nuevas investigaciones realizadas desde el informe de 2020 de la Comisión Lancet sobre la demencia, dando prioridad a las revisiones sistemáticas y los meta-análisis y cruzando los resultados de diferentes estudios. Estas síntesis muestran cómo evolucionan las reservas cognitivas y físicas a lo largo de la vida y cómo la reducción de las lesiones vasculares – por ejemplo, mediante la disminución del tabaquismo y el tratamiento de la hipertensión arterial – probablemente ha contribuido a la disminución de la incidencia de la demencia relacionada con la edad.

Las pruebas se acumulan y hoy en día son más sólidas que antes: el control de los numerosos factores de riesgo de demencia modelizados anteriormente reduce el riesgo de desarrollar demencia.

Factores de riesgo modificables

* bajo nivel de instrucción
* pérdida auditiva
* hipertensión
* tabaquismo
* obesidad
* depresión
* sedentarismo
* diabetes
* consumo excesivo de alcohol, es decir, más de 21 unidades británicas, equivalentes a más de 12 unidades estadounidenses
* traumatismo craneoencefálico
* contaminación atmosférica
* aislamiento social.

En este informe, los investigadores añaden nuevas pruebas convincentes de que la pérdida de visión no tratada y los niveles elevados de colesterol LDL son factores de riesgo de demencia.


Libro blanco: Definición y estudio de la reserva cognitiva, la reserva cerebral y el mantenimiento del cerebro



Un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia (Nueva York), Clínica Mayo (Rochester, Minnesota), Facultad de Medicina (New Brunswick, Nueva Jersey, EE. UU.), Universidad de Barcelona, Universidad de Montreal, Universidad de Caen-Normandía, Universidad LMU (Múnich) y Universidad Técnica de Dresde (Alemania) ha participado en la redacción de un libro blanco, publicado por Alzheimer & Dementia en enero 2020.

Se han investigado numerosos conceptos que, en conjunto, podrían explicar la “resiliencia” frente a los cambios relacionados con la edad y la enfermedad. Entre ellos se encuentran la reserva cerebral, la reserva cognitiva y el mantenimiento de las funciones cerebrales.

Sin embargo, estos términos han sido utilizados de diversas maneras por diferentes investigadores y nunca se ha intentado llegar a un consenso sobre su definición. Además, la medición de estos conceptos y su aplicación a la investigación siguen siendo motivo de confusión.

La Asociación Alzheimer ha creado el grupo de trabajo “Reserva, resiliencia y factores de protección” con el fin de elaborar definiciones consensuales de reserva cognitiva, reserva cerebral y mantenimiento de las funciones cerebrales.

El grupo de trabajo también ha evaluado las medidas implementadas para aplicar estos conceptos en el ámbito de la investigación y ha elaborado líneas directrices para las investigaciones que exploran o utilizan estos conceptos.

El grupo de trabajo espera que este documento de referencia sirva como punto de partida para los investigadores en este campo y facilite la investigación al proporcionar un lenguaje común.


Envejecimiento de la memoria y mantenimiento del cerebro



Investigadores de la Universidad de Lund (Suecia) abordan en un estudio, publicado por Elsevier en abril 2012, el concepto de mantenimiento cerebral, o la ausencia relativa de patologías cerebrales, y sostienen que es el principal determinante de un envejecimiento mnésico satisfactorio.

La memoria episódica y la memoria de trabajo disminuyen con la edad. Sin embargo, estudios poblacionales a gran escala documentan una función mnésica bien conservada en algunas personas mayores.

La influyente noción de “reserva” postula que las diferencias individuales en las características cerebrales o en la forma en que los individuos procesan las tareas permiten a algunos afrontar mejor las patologías cerebrales y, en consecuencia, conservar su rendimiento mnésico.

En este estudio, los investigadores utilizaron los volúmenes de materia gris medidos por resonancia magnética, a escala cerebral, en 262 participantes sanos de entre 55 y 80 años al inicio del estudio, con el fin de estudiar las diferentes dimensiones de la atrofia cerebral y explorar sus vínculos con diversas dimensiones del cambio cognitivo.

Examinan las pruebas del mantenimiento cerebral a diferentes niveles: celular, neuroquímico, integridad de la sustancia gris y blanca, y patrones de activación sistémica.

Han ajustado estadísticamente las causas comunes del cambio cerebral y cognitivo para revelar una firma potencialmente única del mantenimiento de las funciones cerebrales, relacionada con un envejecimiento satisfactorio de la memoria.

De manera crucial, los cambios en el lóbulo temporal medio (LTM)/hipocampo y la memoria episódica se caracterizaron por una variable residual única, más allá de los factores generales de cambio cerebral y cognitivo. Se estableció una asociación significativa entre estas dos variables residuales.

Los científicos concluyen que el mantenimiento de las funciones cerebrales específicas del hipocampo está relacionado con la preservación específica de la memoria episódica en las personas mayores, de acuerdo con la idea de que el mantenimiento de las funciones cerebrales opera tanto a niveles generales como específicos de determinados ámbitos.

Diversos factores genéticos y relacionados con el estilo de vida favorecen el mantenimiento cerebral durante el envejecimiento, y se podrían diseñar intervenciones para promover el mantenimiento de la estructura y la función cerebral al final de la vida.

El mantenimiento de las funciones cerebrales se reconoce como un factor determinante para un envejecimiento memorístico satisfactorio. Sin embargo, aún se desconoce si este mantenimiento es específico de las regiones cerebrales implicadas en la memoria o si forma parte de un fenómeno más global.

Este estudio es el primero en proporcionar pruebas sólidas de una asociación específica entre los cambios en la memoria a largo plazo/hipocampo y la memoria episódica durante el envejecimiento humano normal.


Los cambios en la activación inducidos por el entrenamiento cognitivo son coherentes con una mejora de la reserva cognitiva en las personas mayores con deterioro cognitivo subjetivo


Investigadores de la Universidad de Montreal y la Universidad de Quebec en Trois-Rivières revelan en un estudio, publicado en Neurobiology of Aging en enero 2023, que el entrenamiento cognitivo puede mejorar la reserva cognitiva en personas mayores con deterioro cognitivo subjetivo.

Deterioro cognitivo subjetivo. Este término se refiere a los primeros signos de deterioro cognitivo, en los que las personas tienen la impresión de sufrir pérdidas de memoria u otras dificultades cognitivas, pero sin que se haya diagnosticado ningún trastorno neurológico.

Las investigaciones han demostrado que la combinación de entrenamiento físico y cognitivo puede mejorar las capacidades cognitivas en las personas mayores, y que la actividad física regular favorece la plasticidad cerebral y reduce el deterioro cognitivo.

Entrenamiento físico y cognitivo. Algunos estudios sugieren que la combinación de actividad física y entrenamiento cognitivo es especialmente eficaz para mejorar las capacidades cognitivas en personas mayores con deterioro cognitivo leve.

El estudio analizó los efectos de un programa de entrenamiento cognitivo sobre los cambios en la activación cerebral en personas mayores con deterioro cognitivo subjetivo.

Se utilizó la resonancia magnética funcional (fMRI) para evaluar el efecto del entrenamiento cognitivo sobre la activación cerebral en función de la fase de aprendizaje y el nivel de estudios.

Cuarenta personas mayores con deterioro cognitivo subjetivo (DCS) realizaron seis sesiones de entrenamiento de la memoria de una hora cada una, según el método de loci.

El método de loci o palacio de la memoria, es una técnica de memoria que consiste en asociar información con lugares familiares en un recorrido mental definido. Se midieron las imágenes cerebrales durante la codificación y la recuperación de una lista de palabras antes del entrenamiento (PRE), después de tres sesiones (POST3) y después de seis sesiones (POST6).

Los participantes presentaron una mayor activación del giro prefrontal inferior izquierdo entre PRE y POST6 durante la codificación, así como una menor activación frontostriatal bilateral entre PRE y POST3 durante la recuperación, independientemente de su nivel de estudios.

Los cambios en la activación entre las mediciones previas a la intervención (PRE) y posteriores a la intervención (POST3) variaban en función del nivel educativo en dos regiones del lóbulo temporal derecho: los participantes con menor nivel educativo mostraban una mayor activación, mientras que los que tenían un nivel educativo más alto mostraban una activación reducida. Estas regiones eran inicialmente menos activas en las personas con menor nivel educativo.

Se observó una combinación de aumentos y disminuciones de la activación, es decir, variaciones en el nivel de actividad de las regiones del cerebro, en diferentes áreas cerebrales durante las fases de aprendizaje de la información que debía memorizarse y de recuerdo de dicha información. Esta observación refleja que el uso de estrategias de memoria permite una mayor flexibilidad funcional del cerebro.

El estudio reveló que los cambios en la actividad cerebral observados después del entrenamiento cognitivo están asociados con mejoras en el rendimiento cognitivo. 

Entrenamiento cognitivo. Se trata de un entrenamiento basado en el principio de que el cerebro, al igual que el cuerpo, puede mejorarse mediante ejercicios específicos. El entrenamiento cognitivo contribuye a mejorar la reserva cognitiva, que es la capacidad del cerebro para compensar las lesiones cerebrales y el envejecimiento.

Los resultados sugieren que el entrenamiento cognitivo puede reforzar la reserva cognitiva, que es la capacidad del cerebro para mantener el rendimiento cognitivo a pesar del daño o el deterioro.

Plasticidad cerebral. El ejercicio físico regular, por ejemplo, mejora la conectividad entre las neuronas y favorece la formación de nuevas neuronas, lo que es esencial para la plasticidad cerebral.

Estos resultados sugieren un cambio de estrategia en las personas con menor nivel educativo y un desarrollo de habilidades en las personas con mayor nivel educativo, así como un retorno a las diferencias iniciales relacionadas con el nivel educativo.

Los resultados también mostraron que, en las personas con mayor nivel educativo, ciertas regiones se activan de manera más específica durante el aprendizaje y la memoria, lo que sugiere que su cerebro utiliza estrategias más eficaces.


Relación entre el nivel educativo, el volumen regional de materia gris y la actividad cerebral relacionada con la memoria de trabajo en personas mayores sanas



Investigadores de la Universidad de Quebec, la Universidad de Montreal y el Instituto Universitario de Geriatría de Montreal, en un estudio publicado por Brain Imaging and Behavior en abril 2017, examinan que la educación no solo está asociada con el mantenimiento de la estructura cerebral, sino también con la capacidad del cerebro para compensar funcionalmente los cambios relacionados con la edad.

El objetivo de este estudio era examinar las relaciones entre el nivel educativo, el volumen de materia gris regional y la activación cerebral funcional relacionada con la memoria de trabajo en personas mayores.

La muestra final incluyó a 32 personas mayores sanas, con un nivel educativo de entre 8 y 22 años. Se utilizó la resonancia magnética estructural (RM) para medir el volumen regional y la RM funcional para medir la activación asociada a la realización de una tarea N-back (prueba cognitiva utilizada para evaluar la memoria de trabajo, la atención y la concentración).

Se observó una correlación positiva entre el nivel educativo y el volumen de materia gris cortical en los giros frontales medio y medio derecho, en los giros cingulados medio y posterior, así como en el lóbulo parietal inferior derecho.


La interacción entre el nivel educativo y la edad fue significativa para el volumen de materia gris cortical en el giro frontal medio izquierdo y el giro cingulado medio derecho. En esta región, la pérdida de volumen relacionada con la edad fue mayor en el grupo con bajo nivel educativo que en el grupo con alto nivel educativo.

La interacción entre el nivel educativo y la edad también fue significativa para la actividad relacionada con la tarea en los giros frontales superior, medio y medio izquierdos, ya que la activación aumentaba con la edad en las personas con un nivel educativo más alto.

No se encontró ninguna correlación entre las regiones estructuralmente relacionadas con el nivel educativo y las relacionadas funcionalmente con el nivel educativo y la edad. Los datos sugieren un efecto protector del nivel educativo sobre el volumen cortical. Además, las regiones cerebrales implicadas en la red de la memoria de trabajo se activan más con la edad en las personas con un nivel educativo más alto.

Un nivel de estudios superior se asocia con un mayor volumen de materia gris en regiones como la corteza frontal, temporal y cingulada, así como con una mejor respuesta cerebral relacionada con la memoria de trabajo en las personas mayores. Esto sugiere que la educación podría tener un efecto protector, retrasando el deterioro cognitivo relacionado con la edad al preservar la estructura cerebral y reforzar la capacidad del cerebro para compensar los cambios relacionados con el envejecimiento mediante una mayor activación de redes clave como la de la memoria de trabajo.

Educación y estructura cerebral

Mayor volumen de materia gris. Un nivel educativo superior se asocia con mayores volúmenes de materia gris en determinadas regiones cerebrales, en particular el giro temporal superior, la ínsula, la corteza cingulada anterior y los giros frontal y medio.

Efecto protector contra la pérdida de volumen relacionada con la edad. La disminución del volumen de materia gris cortical relacionada con la edad es menos pronunciada en las personas con un nivel educativo superior. Esto significa que la educación puede contribuir a preservar el tejido cerebral a medida que envejecemos.

Educación y funciones cerebrales

Mayor activación cerebral para la memoria de trabajo. En las personas mayores, un mayor nivel de educación se asocia con una mayor actividad cerebral en las regiones implicadas en la memoria de trabajo, como la corteza prefrontal izquierda, durante tareas como la tarea N-back.

Compensación y resiliencia. Esta mayor activación sugiere un mecanismo de compensación por el cual el cerebro utiliza más recursos para mantener su rendimiento con la edad. Esta activación compensatoria parece ser más pronunciada en etapas posteriores de la vida, cuando el sistema está sometido a una mayor presión.

Mejora de la conectividad funcional. La educación también se asocia con una mayor conectividad funcional entre las regiones cerebrales. Por ejemplo, un mayor nivel de educación se relaciona con una mayor conectividad entre la corteza cingulada anterior y otras áreas como el hipocampo y el lóbulo frontal inferior, lo que a su vez se relaciona con un mejor rendimiento cognitivo.

Conclusión. La educación no solo está relacionada con el mantenimiento de la estructura cerebral, sino también con la capacidad del cerebro para compensar funcionalmente los cambios relacionados con la edad. Se cree que la combinación de una estructura preservada y una mayor activación funcional sustenta la reserva cognitiva que protege contra el deterioro cognitivo relacionado con la edad.

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La reserva cognitiva



La reserva cognitiva es la capacidad de nuestro cerebro para hacer frente a las diferentes agresiones que puede sufrir, como la pérdida de capacidades cerebrales o las transformaciones negativas en este órgano.

Realizar actividades que ejerciten nuestras capacidades cognitivas – como las relacionadas con la lectura o el cálculo – suele protegernos del envejecimiento y la demencia, ya que aumenta la plasticidad de nuestro cerebro y establece nuevas conexiones sinápticas cuando otras se deterioran.

La acumulación de experiencia y la estimulación de las capacidades mentales a lo largo de la vida se reflejan en la reserva cognitiva. Es como un capital mental que, cuanto mayor sea, más ayudará a compensar los efectos sobre la eficacia de nuestras capacidades cognitivas, tanto del envejecimiento o las alteraciones del cerebro, como los causados por la enfermedad de Alzheimer.

La reserva cognitiva no sirve como antídoto para prevenir enfermedades cerebrales o el envejecimiento neuronal, pero es un factor que contribuye a retrasar el posible deterioro cognitivo, favoreciendo una red neuronal más resistente.

En algunos casos, una reserva cognitiva elevada permite que el cerebro funcione con normalidad después de una enfermedad. También permite que este funcionamiento se mantenga totalmente activo, incluso en caso de deterioro natural debido al envejecimiento. Se trata de una capacidad muy importante, que merece la pena cultivar y mantener.

Factores que influyen en la reserva cognitiva

Cuando se tiene una buena reserva cognitiva, el cerebro puede establecer nuevas conexiones entre las neuronas para sustituir a las que pueden estar dañadas o deterioradas. Este proceso es mucho más fácil para quienes ya han realizado algunas de estas actividades o presentan alguna de estas características.

Nivel cultural superior. Por nivel cultural se entiende el conjunto de estudios, lecturas y actividades intelectuales acumuladas. Un nivel más alto protege al cerebro de los trastornos cognitivos leves, es decir, los que se producen con la edad.

Relaciones sociales. Está demostrado que quienes cuentan con el apoyo de un buen círculo social, con el que interactúan frecuentemente, tienen un 38% menos de probabilidades de padecer demencia.



Ejercicio físico. Favorece la circulación sanguínea en el cerebro, protege contra el estrés oxidativo y otros factores de deterioro asociados al envejecimiento.

Ejercicio mental. Es definitivo para aumentar la reserva cognitiva. Esto incluye actividades como tocar un instrumento musical, practicar pasatiempos intelectuales, etc.

Una alimentación saludable también ayuda a fortalecer el cerebro. Se debe evitar el consumo de tabaco, alcohol u otras sustancias sicoactivas. Los paseos, las caminatas y las excursiones también forman parte de los factores favorables.


Para mantener una buena salud a cualquier edad



Estimule el cerebro y las conexiones neuronales

Aprendizaje continuo. Aprenda un nuevo idioma, un instrumento musical o apúntese a clases para estimular su cerebro.

Actividades variadas. Lea, haga crucigramas, sudokus, rompecabezas o practique aficiones creativas como pintar, hacer manualidades o tejer.

Experiencias nuevas. Viaje, cocine nuevas recetas o participe en actividades como el voluntariado para salir de su rutina.

Evite los programas digitales de entrenamiento. Aunque son populares, los estudios muestran pocos beneficios duraderos y generalizables para la vida cotidiana en comparación con las actividades variadas, según la Asociación de Neurosicólogos en Quebec.

Manténgase físicamente activo

Haga ejercicio con regularidad. Intente realizar al menos 30 minutos de actividad física al día, como caminar a paso ligero, nadar o bailar, para mejorar la oxigenación del cerebro y favorecer la creación de nuevas neuronas.

Varíe las actividades. Combine ejercicios aeróbicos con ejercicios musculares y de equilibrio, como el yoga o el Tai-chi, para obtener un beneficio más completo.

Divida la actividad. Si no dispone de 30 minutos seguidos, divida la actividad en periodos más cortos (por ejemplo, 10 minutos) varias veces al día.

Mantenga una red social activa

Interacciones regulares. Mantenga el contacto con sus amigos y familiares. Las interacciones regulares pueden reducir el estrés y disminuir el riesgo de trastornos neuro-cognitivos.

Únase a grupos. Participe en clubes de lectura, coros, grupos de manualidades u otras actividades grupales.

Utilizar la tecnología. Utilice la tecnología, como las videollamadas, para mantenerse en contacto con sus seres queridos, especialmente si están lejos.

Adopte un estilo de vida saludable

Alimentación equilibrada. Adopte una dieta rica en frutas, verduras, omega 3 y antioxidantes para favorecer el funcionamiento cerebral.

Sueño de calidad. Asegúrese de dormir bien.

Evite el tabaco y el alcohol. Limite el consumo de alcohol y evite el tabaco para prevenir el deterioro cognitivo.



Lo importante es burlar la rutina del cerebro y plantearle retos. 
Si no se enfrentan a limitaciones físicas, las personas que envejecen 
con buena salud cognitiva pueden realizar sus actividades de forma autónoma.





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