agosto 24, 2026

Sinestesia : Saborear Palabras, Escuchar el Sonido de los Colores…



¿Es usted sinestésico?

¿Alguna vez ha “saboreado” una palabra o visto colores al escuchar música? Si es así, podría formar parte del 1 % al 4 % de las personas que poseen un rasgo fascinante: la sinestesia.

¿Qué es la sinestesia?

La sinestesia es un fenómeno neurológico en el que la activación de un sentido – el oído, por ejemplo – desencadena otro sentido habitualmente independiente, como la vista. Por tanto, las personas sinestésicas experimentan percepciones sensoriales distintas a las del común de la gente.

Las personas que experimentan sinestesia se conocen como “sinestésicos”. Este rasgo parece ser más frecuente entre las mujeres, aunque tal conclusión podría reflejar sesgos en las muestras estudiadas. Además, la probabilidad de desarrollar sinestesia parece estar influida por factores genéticos.

¿Cómo explica la ciencia la sinestesia?

La sinestesia fue documentada desde 1880 por Sir Francis Galton – primo de Charles Darwin –, pero el renovado interés por este campo en las últimas dos décadas se debe en gran medida al neurólogo estadounidense Richard Cytowic. En 1998 publicó el libro “The Man Who Tasted Shapes” (El hombre que saboreaba formas), inspirado en un sinestésico que conoció durante una cena y que afirmaba que el pollo no tenía suficientes “puntas”.

Se estima que entre el 1 % y el 4 % de la población mundial experimenta sinestesia. Este fenómeno, que conlleva la asociación de varios sentidos, fascina e intriga a los científicos.

Los científicos han dedicado mucho tiempo a estudiar este fenómeno poco común. Si bien quedan muchas preguntas sin respuesta, lo que ya se ha descubierto demuestra claramente que no todos percibimos el mundo de la misma manera.

Todos integramos de forma natural información proveniente de distintos sentidos. Cuando vemos a alguien hablar, nuestro cerebro combina lo que vemos y lo que oímos para comprender mejor el mensaje. Aunque estas asociaciones funcionan de manera diferente en la sinestesia – por ejemplo, un sonido puede desencadenar una experiencia visual –, es posible que, no obstante, se basen en los mismos mecanismos fundamentales.

Existen muchas formas de sinestesia. Algunas personas experimentan sinestesia sonido-color: ven colores al oír sonidos. Otras perciben colores al leer, escuchar o pensar en letras o números: es lo que se conoce como sinestesia grafema-color. Otro ejemplo es la sinestesia táctil en espejo, en la que una persona siente sensaciones en su propio cuerpo al ver que tocan a otra persona.

El color es, de lejos, la experiencia más común asociada a la sinestesia; surge durante la visión, la audición y el tacto, aunque los científicos que estudian la sinestesia audiovisual han descubierto que los sujetos no perciben el color de forma aislada. Por lo general, se manifiesta como un objeto coloreado o una línea de color en movimiento.

Las personas sinestésicas no tienen control sobre la forma en que se entrecruzan sus sentidos. Estas experiencias son espontáneas y vívidas, y por lo general se mantienen estables a lo largo del tiempo. Así, una persona con sinestesia grafema-color que hoy percibe la letra “A” como roja, muy probablemente la percibirá con el mismo tono años más tarde.

La sinestesia no es ni una enfermedad ni un trastorno

La sinestesia es un fenómeno inusual – no un trastorno – en el que un estímulo ordinario, como un sonido, desencadena una experiencia extraordinaria, como un color.

No causa daños ni discapacidad, aunque algunos sinestetas pueden percibirla como algo intrusivo en ocasiones. Para las personas que sienten dolor al ver sufrir a otros, una simple visita al cine puede convertirse en un calvario.

Sin embargo, en general, la sinestesia no parece interferir en la vida cotidiana de quienes la experimentan. De hecho, muchas personas desconocen que son sinestetas, ya que este tipo de percepción les resulta totalmente natural.

¿Cuáles son las causas?

Se desconoce la causa exacta de la sinestesia; ésta afecta aproximadamente al 1 % de la población y es más frecuente en las mujeres. Existe un componente familiar – la prevalencia de la sinestesia es mayor en las familias que en la población general –; sin embargo, muchas personas sinestésicas no conocen otros casos en su familia. Este rasgo no parece conferir talentos especiales, salvo, tal vez, una ventaja en cuanto a la memoria y, posiblemente, la creatividad.

No obstante, los científicos han propuesto dos teorías principales:

Teoría de la activación cruzada

Este enfoque plantea que los cerebros de las personas sinestésicas poseen más conexiones físicas entre diferentes regiones sensoriales.

El mecanismo.
Durante la primera infancia, el cerebro humano establece un gran número de conexiones que, normalmente, se “podan” – es decir, se eliminan – a medida que se crece. Esto podría explicarse por el hecho de que, en ellos, el proceso de poda sináptica – que tiene lugar durante el desarrollo y elimina ciertas conexiones no utilizadas entre las neuronas para optimizar el funcionamiento del cerebro – se habría desarrollado de forma diferente. En las personas sinestésicas, este proceso de poda sería incompleto, dejando conexiones persistentes entre regiones cerebrales que normalmente están diferenciadas.

El efecto. La estimulación de una región desencadena automáticamente la activación de una zona adyacente o conectada; por ejemplo, la conexión entre el área responsable de reconocer números y el área que procesa el color. En las personas que presentan una sinestesia grafema-color, la región del cerebro dedicada al reconocimiento de las letras estaría directamente conectada con la que procesa los colores, de modo que la percepción de una letra va acompañada automáticamente de la de un color.

La teoría de la desinhibición de la retroalimentación (feedback)

Esta segunda hipótesis sugiere que existen conexiones cruzadas en todos los cerebros, pero que normalmente están inhibidas (bloqueadas) por mecanismos reguladores. Las personas sinestésicas presentarían una actividad cerebral que difiere ligeramente de la de otros individuos. tendrían las mismas conexiones neuronales que las personas no sinestésicas, pero su particularidad se debería a que ciertas vías neuronales, más “destacadas”, serían “recorridas” con mayor frecuencia..

El mecanismo. En un cerebro no sinestésico, las vías de “retroalimentación” – señales que viajan desde áreas cerebrales de alto nivel hacia áreas sensoriales primarias – son controladas para evitar interferencias. En los sinestésicos, esta inhibición sería debilitada o ausente.

La sinestesia parece implicar mecanismos compartidos por todas las personas. Al observar la fotografía de un plátano gris, sabemos que su color habitual es el amarillo. Las técnicas de imagen cerebral revelan patrones de actividad que reflejan esto: observar una representación en blanco y negro de un objeto cuyo color real conocemos activa las regiones cerebrales asociadas a la representación de colores. El cerebro de las personas con sinestesia grafema-color podrían funcionar de manera análoga con las letras: la percepción de caracteres negros desencadenaría la activación de colores específicos.

El efecto. La información sensorial puede fluir libremente en ambas direcciones, permitiendo que conceptos o sonidos lleguen hasta las áreas visuales o gustativas y desencadenen una percepción doble.

En resumen, el debate científico sobre las causas de la sinestesia se reduce a una pregunta fundamental: ¿tienen los sinestésicos cerebros estructuralmente diferentes a los demás, o simplemente hacen un uso distinto de un cerebro idéntico?

Estos dos modelos no son necesariamente incompatibles y son objeto de estudios periódicos para comprender el desarrollo de esta particularidad neurológica.

¿Fomenta la sinestesia la creatividad?

PICNIC de Kandinsky

Quizás haya leído o escuchado relatos de artistas, como el pintor Wassily Kandinsky, pionero del arte abstracto, o la música Lorde, describiendo sus experiencias sinestésicas. Hay ciertos indicios que parecen indicar que la sinestesia está, de hecho, más extendida en los ámbitos creativos.

Un estudio a gran escala realizado con sinestésicos australianos reveló, por ejemplo, que aproximadamente el 24 % se dedicaba a profesiones creativas (artista, músico, arquitecto o diseñador gráfico…), mientras que esta cifra es inferior al 2 % en la población general.

Esta disparidad resulta llamativa, aunque los mecanismos subyacentes aún no se comprenden del todo. Una hipótesis es que los sinestésicos establecen conexiones inusuales entre ideas y sensaciones, lo que podría fomentar un nivel de creatividad superior a la media. Además, algunos estudios sugieren que ciertas formas de sinestesia podrían estar relacionadas – aunque solo hasta cierto punto – con recuerdos más sólidos o con una imaginación más viva que la media.

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Sinestesia: Prevalencia de experiencias intermodales atípicas


Investigadores de la Universidad de Edimburgo y del University College London (Reino Unido) en un estudio, publicado en la revista académica Perception en agosto 2006, informaron que la sinestesia es 88 veces más frecuente de lo que se estimaba, y afecta aproximadamente al 4 % de la población.

Los mecanismos sensoriales y cognitivos permiten la percepción de estímulos con propiedades relacionadas con la vista, el oído, el tacto, etc., y aseguran, por ejemplo, que las propiedades visuales se perciban como experiencias visuales en lugar de como sonidos, sabores u olores.

El estudio de casos donde esta modularidad está ausente – una condición conocida como sinestesia – ayuda a enriquecer las teorías sobre el desarrollo normal. La creencia generalizada sostiene que este fenómeno es extremadamente raro (0,05 % de los nacimientos) y afecta más a las mujeres que a los hombres.

En este trabajo, los científicos presentan el primer estudio sobre la prevalencia de la sinestesia basado en un método de muestreo que no depende de voluntarios espontáneos y utiliza pruebas objetivas para confirmar la autenticidad.

Principales hallazgos

Mayor prevalencia.
El estudio reveló que la sinestesia es 88 veces más común de lo que se pensaba, ya que afecta aproximadamente a una de cada 23 personas (casi al 4,4 %), frente a la estimación histórica de una de cada 2.000.

Sinestesia grafema-color. La forma más estudiada – la sinestesia grafema-color, en la que las letras o los números se asocian con colores – afecta exactamente al 1 % de la población.

Variante más común. El estudio demostró que la forma de sinestesia más extendida es, en realidad, la de “días coloreados”: la asociación de colores específicos con los días de la semana.

Distribución por género. El equipo no halló disparidades significativas de género en la sinestesia, por lo que concluyó que el predominio femenino observado anteriormente probablemente se debía a diferencias en la forma en que las mujeres notificaban la afección.


Más allá de la percepción del color: la sinestesia audiovisual desencadena la percepción de objetos geométricos en ubicaciones específicas


Investigadores de la Universidad Macquarie (Australia) en un estudio, publicado en la revista Cortex de junio 2013, demuestran que la sinestesia audiovisual induce la percepción de formas geométricas coloreadas cuyas características de brillo, tamaño y posición varían según la frecuencia del sonido.

Nuestro cerebro integra constantemente señales provenientes de diferentes sentidos. La sinestesia audiovisual es una forma inusual de integración intermodal en la que los sonidos provocan experiencias visuales involuntarias. Las investigaciones previas se han centrado principalmente en la sinestesia relacionada con el color; sin embargo, se sabe poco sobre las características visuales sinestésicas distintas del color.

En este estudio, los científicos analizaron a un grupo de sinestésicos para quienes los sonidos desencadenan experiencias visuales constantes de “objetos geométricos” coloreados situados en ubicaciones espaciales específicas.

Las variaciones en la altura tonal modifican de forma sistemática la luminosidad, el tamaño y la altura espacial de las experiencias sinestésicas, lo que recuerda a las correspondencias inter-modales observadas en las personas que no padecen sinestesia; lo que sugiere que la sinestesia podría activar mecanismos cognitivos o neuronales subyacentes a los procesos inter-modales “normales”.

Para evaluar objetivamente el impacto de las experiencias sinestésicas en el comportamiento, los investigadores desarrollaron un paradigma de congruencia sinestésica inter-modal basado en múltiples características y pidieron a los participantes que realizaran una tarea de discriminación rápida de colores o formas.

Los investigadores descubrieron que los sonidos irrelevantes para la tarea influían en el rendimiento – tal como lo demostraron los efectos de congruencia –, lo que evidenció que los sinestésicos eran incapaces de inhibir sus experiencias sinestésicas, incluso cuando estas resultaban irrelevantes para la tarea.

Además, identificaron indicios de efectos específicos de la tarea, consistentes con el funcionamiento de la atención basada en características – atención “feature-based – que actúa sobre los atributos constitutivos de los objetos sinestésicos: los colores sinestésicos parecían tener un mayor impacto en el rendimiento que las formas sinestésicas cuando los sinestésicos centraban su atención en el color, y viceversa cuando se centraban en la forma.

El equipo proporciona la primera evidencia objetiva de que la experiencia sinestésica visual puede implicar múltiples características que forman percepciones similares a objetos, y sugiere que cada característica puede ser objeto de selección atencional, incluso si se genera internamente.

Estos resultados indican que las teorías sobre los mecanismos neuronales de la sinestesia deben incorporar una red neuronal más amplia, que sustente múltiples características visuales, el conocimiento perceptivo y la integración de estas características, en lugar de centrarse únicamente en las áreas sensibles al color.

Así estos resultados sugieren que la sinestesia aprovecha los mecanismos de correspondencia intermodal presentes en personas sin sinestesia, mediante los cuales los sonidos provocan experiencias visuales involuntarias.


Explicación de la sinestesia espejo-táctil


Investigadores de la Universidad de Sussex y la Universidad de Londres (Reino Unido) en un artículo, publicado en Cognitive Neuroscience de abril 2015, explican que la sinestesia espejo-táctil (STM) implica la experiencia consciente de sensaciones táctiles inducidas al ver a otra persona siendo tocada y destacan una dificultad para inhibir esas representaciones de la otra persona.

Este artículo examina dos explicaciones teóricas distintas, aunque no mutuamente excluyentes y, en su sección final, aborda la relación entre la STM y otras formas de sinestesia, así como otros tipos de percepción vicaria (por ejemplo, el bostezo contagioso). La experiencia vicaria se refiere al hecho de aprender, sentir o verse afectado por lo que vive otra persona.

La teoría del umbral explica la STM mediante la hiperactividad en un sistema de neuronas en espejo dedicado al tacto y/o al dolor. Si bien este enfoque explica bien ciertos datos (derivados, por ejemplo, de la resonancia magnética funcional), no logra explicar el panorama completo – concretamente, las diferencias estructurales cerebrales situadas fuera de dicho sistema o el rendimiento en determinadas pruebas de cognición social –.

La teoría del “yo y el otro” explica la STM a través de alteraciones en la capacidad para distinguir el yo de los demás. Este fenómeno puede interpretarse bien como una extensión excesiva del yo corporal hacia los otros, o bien como una dificultad para controlar las representaciones corporales del yo y de los demás.

Desde esta perspectiva, la STM es un síntoma de un perfil cognitivo más amplio. Los científicos sugieren que este fenómeno cumple los criterios de la sinestesia –aunque los mecanismos causales próximos siguen siendo en gran medida desconocidos – y que la tendencia a localizar las experiencias sensoriales vicarias lo distingue de otros fenómenos aparentemente relacionados, por ejemplo, las respuestas afectivas no localizadas que se desencadenan al observar dolor.


Reducción del estrechamiento perceptivo en la sinestesia


Un equipo de investigación internacional de la Universidad McMaster y la Universidad de Columbia Británica (Canadá), junto con la Universidad de Harvard (EE. UU) en un estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) de abril 2020, puso a prueba la hipótesis de que la sinestesia resulta de una menor poda sináptica dependiente de la experiencia durante el desarrollo.

La sinestesia es un rasgo neurológico en el que ciertos estímulos, como los sonidos, provocan automáticamente percepciones idiosincrásicas adicionales, como los colores; de ahí el término "audición coloreada". Si bien la realidad perceptiva de la sinestesia se ha establecido mediante datos conductuales y de neuroimagen, sus orígenes en el desarrollo aún no se comprenden del todo.

Objetivo del estudio. Determinar si los adultos sinestésicos experimentaron una menor "poda sináptica" – la eliminación de conexiones cerebrales no utilizadas – durante la infancia en comparación con los adultos no sinestésicos.

Para ello, los investigadores compararon la capacidad de adultos con y sin sinestesia para distinguir entre categorías de estímulos no nativos, centrándose en un fenómeno resultante de este proceso de poda: el estrechamiento perceptivo, mediante el cual la capacidad de discriminación se ajusta a las categorías nativas – fonemas de la lengua materna y los rostros humanos en posición vertical – a expensas de las categorías no nativas fonemas extranjeros, rostros de chimpancés y rostros humanos invertidos –.

Los sinestésicos superaron a los sujetos de control en la discriminación entre categorías no nativas, sin mostrar diferencias significativas en las categorías nativas.

Estos resultados respaldan la hipótesis de que la sinestesia se asocia con una modificación reducida – dependiente de la experiencia – de la hiper-conectividad cortical presente durante las primeras etapas del desarrollo.

Una explicación para este rasgo – la que se analizó aquí – postula que la sinestesia resulta de una poda anormalmente limitada de la hiper-conectividad sináptica cortical durante el desarrollo perceptivo temprano.

Así como los bebés de seis meses superan a los mayores, los grupos de sinestésicos obtuvieron resultados significativamente mejores que los grupos de control al discriminar sonidos no nativos, un resultado observado en las cinco muestras y los tres centros de prueba.

Esta superioridad constante de los grupos de sinestésicos al realizar discriminaciones que normalmente se pierden durante la primera infancia sugiere que la conectividad cortical residual asociada a la sinestesia fomenta cambios perceptivos que van más allá de las únicas percepciones sinestésicas, lo que respalda la hipótesis de la poda sináptica incompleta.

A diferencia de los no sinestésicos, los sinestésicos conservaron una sensibilidad superior a estos estímulos no nativos, lo que confirma que experimentaron una reducción en el estrechamiento perceptivo.


Ver y saber: La dinámica temporal del procesamiento del color real e implícito en el cerebro humano


Investigadores de la Universidad Macquarie y la Universidad de Sídney (Australia) en un estudio, publicado en NeuroImage de octubre 2019, demuestran que el cerebro procesa los colores reales y los implícitos a través de redes similares, con un retraso de 55 milisegundos para estos últimos.

El color es una característica distintiva de muchos objetos; desempeña un papel crucial en nuestra capacidad para reconocer rápidamente los elementos que nos rodean y establecer distinciones categóricas. Por ejemplo, el color sirve como una pista útil para diferenciar los limones de las limas, o las moras de las frambuesas. Esto significa que nuestra representación mental de muchos objetos incorpora información esencial relacionada con el color.

La cuestión que se aborda aquí es si la representación neuronal que se activa cuando sabemos que un objeto es rojo es idéntica a la que se activa cuando vemos realmente un objeto rojo, en particular en lo que respecta a la dimensión temporal.

Los científicos investigaron este aspecto utilizando datos de series temporales neuronales – magneto-encefalografía, MEG – para comparar la percepción del color real con la activación neuronal asociada al color implícito de los objetos.

Utilizaron el análisis de patrones multi-variados (MVPA) para examinar los patrones de activación cerebral provocados por el color, en función de si éste se experimentaba mediante la percepción real o a través de la activación de un color implícito. La aplicación del MVPA a los datos de MEG les permitió centrarse en la dinámica temporal de estos procesos.

Los participantes (hombres y mujeres, N = 18) observaron formas rojas y verdes isoluminantes (mismo nivel de brillo), así como imágenes en escala de grises – con luminancia equiparada – de frutas y verduras que son naturalmente rojas (p. ej., tomate) o verdes (p. ej., kiwi).

La magneto-encefalografía revela que la evocación mental de un color activa representaciones de memoria que comparten las mismas vías de procesamiento visual.

Los investigadores demuestran que el perfil de activación cerebral provocado por la percepción de colores reales es similar al asociado con la activación de colores implícitos, aunque dicho perfil surge más tarde. Estos resultados sugieren que una representación común del color puede desencadenarse tanto por la percepción del color como por la activación de representaciones de objetos en la memoria.

Puntos clave

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Las representaciones neuronales del color pueden decodificarse mediante magneto-encefalografía (MEG).

* El conocimiento del color típico de un objeto presentado en escala de grises activa las representaciones del color.

* Las representaciones basadas en el conocimiento implícito del color de los objetos son similares a las derivadas de la percepción del color.

* La activación de las representaciones del color se produce más tarde en el caso de los colores implícitos que en el de los colores reales.


Un meta-análisis de las capacidades de memoria en la sinestesia


Investigadores de la Universidad de Sussex, en un estudio publicado en la revista académica Memory de agosto 2019, informan que las personas sinestésicas presentan capacidades superiores de memoria a largo plazo, así como una ventaja más modesta en la memoria a corto plazo.

Se ha informado que las personas con sinestesia (por ejemplo, quienes asocian colores con letras y números) poseen una memoria superior a la de la población general.

Sin embargo, la literatura presenta inconsistencias y aún no está claro si esto se debe a un error de muestreo – agravado por el tamaño reducido de las muestras – o a diferencias más significativas derivadas del hecho de que la sinestesia está vinculada a ciertos aspectos de la memoria más que a otros.

Para abordar esta cuestión, se realizó un meta-análisis multi-nivel. Los sinestésicos mostraron una memoria a largo plazo (episódica) mejorada, con un tamaño del efecto poblacional medio, mientras que los efectos sobre la memoria de trabajo (memoria a corto plazo) fueron significativamente menores, pero aun así superiores a los observados en el grupo de control.

Los análisis de moderación sugirieron que, más allá de la distinción entre memoria a largo plazo y memoria de trabajo, los efectos de la sinestesia son generalizados: se extienden a todo tipo de estímulos y a todos los formatos de prueba.

Este perfil resulta difícil de conciliar con la idea de que las experiencias sinestésicas potencien directamente la memoria: por ejemplo, la prueba de amplitud de dígitos – una tarea en la que la sinestesia podría ser útil – mostró un efecto moderado, mientras que la memoria episódica para imágenes abstractas – una tarea en la que la sinestesia no ofrece ninguna ventaja – produjo efectos más pronunciados.

La sinestesia ocupa una posición única: es la única condición del neuro-desarrollo conocida asociada con una mejora generalizada de la memoria a largo plazo.

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Para la mayoría de los sinestésicos, sin embargo, ésta es simplemente su forma habitual de percibir el mundo; Incluso pueden llegar a pensar que el resto de nosotros – los que no tenemos sinestesia – somos un poco raros. Este fenómeno suele describirse como un don único que añade una capa de riqueza a la percepción. No obstante, a un sinestésico le resulta tan difícil imaginar qué se siente al carecer de esta facultad como a nosotros imaginar qué se siente al poseerla.

Las experiencias sinestésicas siguen un patrón constante: los sonidos agudos tienden a evocar percepciones visuales de colores claros, de pequeño tamaño y situados en la parte superior del campo visual. Estos elementos sugieren que los mecanismos subyacentes existen en todos nosotros, pero que solo alcanzan el nivel de experiencia consciente en los sinestésicos; se trata de una forma extrema de experiencia humana.


En cualquier caso, la sinestesia ofrece a los científicos una perspectiva privilegiada sobre cómo nuestro cerebro 
construye significado a partir del mundo que le rodea. Nos recuerda que nuestra percepción no es un proceso estático, 
similar para todos. Nuestro cerebro la elabora de forma activa, y de una manera más variada y rica de lo que se suele suponer.




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julio 31, 2026

El Sedentarismo Afecta las Funciones Cognitivas



El sedentarismo se asocia al declive cerebral, incluso si se hace ejercicio


El sedentarismo se caracteriza por pasar periodos prolongados sentado o acostado mientras se está despierto, lo que conlleva un gasto energético muy bajo. A diferencia de la inactividad física – que se refiere al incumplimiento de las recomendaciones diarias de actividad física –, una persona puede considerarse sedentaria incluso si realiza actividad física de forma regular.

Comportamiento sedentario

El comportamiento sedentario hace referencia a las actividades que realizamos estando sentados o acostados y que nos hacen gastar muy poca energía, como ver la televisión, usar una computadora o una tableta, o desplazarnos en autobús, en auto o en tren.

El comportamiento sedentario no solo se refiere a la falta de actividad física, sino que, de hecho, es un factor de riesgo para varias enfermedades crónicas, como las cardiopatías, la diabetes y el cáncer, incluso aunque se haga ejercicio.

Principales comportamientos sedentarios

* Trabajo de oficina, uso de computadoras.
* Ver la televisión o las pantallas.
* Transporte motorizado.
* Leer o descansar sentado o acostado.

Riesgos para la salud

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 Enfermedades crónicas. Aumento del riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.

* Repercusiones físicas. Aumento de peso, fatiga crónica, dolores musculares y articulares.

* Mortalidad. Pasar más de 7-8 horas al día sentado aumenta el riesgo de mortalidad prematura.

Activo pero sedentario: un peligro invisible para su salud y sus capacidades cognitivas

Luchar contra el sedentarismo, que no debe confundirse con la inactividad física, es un reto crucial para la salud pública a cualquier edad. De hecho, permanecer sentado o acostado durante demasiado tiempo a lo largo del día aumenta el riesgo de padecer enfermedades crónicas y también puede afectar a las capacidades cognitivas. Existen métodos adaptados a los distintos públicos – estudiantes, trabajadores…– para romper con los malos hábitos.

No hay que confundir el sedentarismo con la inactividad física

Actividad física. Cualquier actividad en la que una parte importante de nuestro cuerpo esté en movimiento.

Sedentarismo. Todos los momentos en los que estamos sentados o acostados – excepto cuando dormimos – y en los que gastamos muy poca energía.

Es importante diferenciar el sedentarismo, que consiste en estar sentado o acostado durante el día, de la inactividad física, que es el hecho de no cumplir las recomendaciones de actividad física formuladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estas recomendaciones son, para un adulto de entre 18 y 65 años, de 150 a 300 minutos de actividad física de intensidad moderada a la semana, con la incorporación de ejercicios de fortalecimiento muscular y de equilibrio de 2 a 3 veces por semana para los mayores de 65 años.

Así, una persona puede considerarse activa pero sedentaria. Cumple las recomendaciones en materia de actividad física, pero permanece sentada más de 7 horas al día de forma habitual.

Los efectos nocivos del sedentarismo sobre la salud fisiológica

Hoy en día está ampliamente demostrado que el sedentarismo tiene efectos nocivos sobre la salud fisiológica. Se habla entonces de un aumento de la glucemia – el nivel de azúcar en sangre – y de un incremento de los trastornos musculoesqueléticos, lo que a largo plazo conlleva un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas (diabetes tipo 2, cánceres, ictus, dolor de espalda, etc.).

En efecto, nuestro cuerpo apenas ha evolucionado desde la época de nuestros ancestros cazadores-recolectores. Está adaptado para moverse con regularidad y sufre cuando no lo activamos.

Las autoridades sanitarias consideran que pasar más de ocho horas al día sentado o acostado constituye un comportamiento sedentario y potencialmente perjudicial para la salud. Por el contrario, limitar el tiempo de sedentarismo a cuatro horas o menos al día reduce en un 32% el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular.

Los efectos nocivos del sedentarismo sobre la salud psico-cognitiva

Más allá de los efectos, hoy en día bien conocidos, sobre las capacidades fisiológicas y las enfermedades crónicas, el sedentarismo también puede tener efectos perjudiciales sobre nuestras capacidades psico-cognitivas, y esto en todas las etapas de la vida. A nivel psicológico, se habla de un aumento del riesgo de ansiedad y depresión.

En cuanto al aspecto cognitivo, un reciente estudio francés destaca que la capacidad para inhibir un movimiento depende de la edad, pero también del grado de sedentarismo. 78 personas, de entre 18 y 88 años, realizaron una prueba en computadora para determinar su capacidad de detener una acción que ya se había iniciado, como si tuvieran que dejar de cruzar la calle porque se acercaba un vehículo a demasiada velocidad, a pesar de que el semáforo para peatones se había puesto en verde.

La inhibición es esencial para la cognición, ya que nos permite resistir a las distracciones y los impulsos automáticos para concentrarnos, pensar y tomar decisiones acertadas. Las investigaciones han demostrado que la capacidad de inhibir el movimiento disminuye con la edad, especialmente con el sedentarismo. Por lo tanto, cuanto más tiempo pasa una persona sentada o acostada durante el día, menor es su capacidad para inhibir sus movimientos.

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El comportamiento sedentario y la salud cerebral: una preocupación creciente


Investigadores del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt y la Universidad de Pittsburgh (EE. UU.) en un estudio, publicado por Alzheimer’s & Dementia en mayo 2025, proporcionan algunas de las pruebas más sólidas hasta la fecha de que estar sentado durante mucho tiempo puede provocar cambios físicos en el cerebro y acelerar el deterioro mental.

Este estudio forma parte del proyecto Vanderbilt sobre la memoria y el envejecimiento, una amplia iniciativa longitudinal que analiza la evolución de la salud cerebral en las personas mayores.

Aunque la edad y la genética siguen siendo factores de riesgo clave, cada vez hay más pruebas que sugieren que los hábitos cotidianos pueden desempeñar un papel importante en la salud cerebral. Entre ellos, el sedentarismo, definido como el tiempo que se pasa sentado acostado mientras se está despierto, se ha convertido en una amenaza silenciosa.

Este estudio longitudinal ha revelado que permanecer sentado durante largos periodos de tiempo, incluso en personas que hacen ejercicio a diario, puede reducir el tamaño de áreas del cerebro relacionadas con la memoria y aumentar el riesgo de deterioro cognitivo, especialmente en adultos mayores de 50 años.

Los investigadores descubrieron que el efecto era más pronunciado en personas con predisposición genética a la enfermedad de Alzheimer, lo que subraya la importancia de reducir el sedentarismo como estrategia preventiva para el envejecimiento cerebral.

El costo oculto de estar demasiado tiempo sentado

Participaron un total de 404 adultos de 50 años o más. Cada participante llevó un reloj de actigrafía durante una semana completa, lo que permitió a los investigadores medir con precisión el tiempo que pasaban sedentarios. Durante un periodo de siete años, los participantes también se sometieron a pruebas neuro-psicológicas y a resonancias magnéticas cerebrales de 3 Teslas, lo que proporcionó a los investigadores datos sobre el rendimiento cognitivo y los cambios estructurales en el cerebro.

El estudio se centró en las áreas del cerebro más vulnerables a la enfermedad de Alzheimer, incluido el hipocampo, que desempeña un papel fundamental en la formación de la memoria. Los investigadores hicieron un seguimiento de la reducción de estas áreas y la relacionaron con el tiempo que pasaban sentados.

Conclusiones

Según informaron los investigadores, los mecanismos que subyacen a los efectos negativos de un mayor sedentarismo pueden estar actuando independientemente de los mecanismos que subyacen a los efectos positivos de la actividad física, y tal vez la actividad física no atenúa todos los efectos nocivos del sedentarismo. Este hallazgo concuerda con otros estudios que sugieren el impacto independiente y adverso del aumento del sedentarismo en los resultados de salud.

Observaron que un mayor sedentarismo se asociaba con un empeoramiento de la neuro-degeneración y cognición, tanto de forma transversal como longitudinal, a pesar de los altos niveles de actividad física de la cohorte. Estos hallazgos son especialmente importantes en el contexto del envejecimiento, ya que las limitaciones de movilidad y el aumento del tiempo sedentario son mayores en las personas mayores.

Este estudio también aporta información novedosa y preliminar para comprender cómo el sedentarismo puede interactuar con el riesgo genético de padecer Alzheimer. Desde un enfoque de medicina personalizada, los profesionales sanitarios podrían considerar la posibilidad de evaluar no solo el régimen de ejercicio de los pacientes, sino también el tiempo que pasan sentados a lo largo del día, y recomendar una reducción de dicho comportamiento sedentario, además de aumentar la actividad física diaria.

Estos hallazgos son importantes para la salud pública, la investigación y la vida cotidiana

Las implicaciones de este estudio van mucho más allá del laboratorio. A medida que aumenta la esperanza de vida y se incrementan los casos de Alzheimer, comprender cómo los hábitos diarios afectan a la salud cerebral se está convirtiendo en una necesidad cada vez más urgente.

En el ámbito científico, los hallazgos respaldan el consenso cada vez mayor de que el sedentarismo es un factor de riesgo independiente para el deterioro cognitivo. Estos resultados animan a los investigadores a incluir el tiempo que se pasa sentado como variable clave en los estudios sobre el envejecimiento y la función cerebral.

En medicina
, esta investigación destaca la necesidad de ir más allá de las rutinas de ejercicio y tener en cuenta el tiempo total que los pacientes pasan sentados en sus evaluaciones. Reducir el tiempo que se pasa sentado podría convertirse en una estrategia valiosa y económica para preservar la salud cognitiva, especialmente en las personas mayores.

En el ámbito educativo y laboral, el estudio refuerza los beneficios de añadir más movimiento a las rutinas diarias. Esto incluye medidas sencillas como utilizar escritorios de pie, fomentar las reuniones caminando o incorporar breves pausas para realizar actividades en las aulas y oficinas.

Para la sociedad en general, el mensaje clave es claro: mantener la salud cerebral no consiste solo en hacer ejercicio de forma regular, sino en mantenerse activo durante todo el día. Animar a las personas, especialmente a las mayores de 50 años, a interrumpir los periodos prolongados de sedentarismo puede ayudar a retrasar el envejecimiento cognitivo y aliviar la creciente carga que suponen las enfermedades neuro-degenerativas.

Este estudio de la Universidad de Vanderbilt y la Universidad de Pittsburgh transmite un mensaje claro: el tiempo que se pasa sentado es tan importante como la frecuencia con la que se mueve. Especialmente para los adultos mayores de 50 años, y en particular para aquellos con predisposición genética al Alzheimer, reducir el tiempo que se pasa sentado no es opcional, es esencial.

En resumen, este estudio contribuye a nuestra comprensión de cómo un mayor comportamiento sedentario se asocia con la neuro-degeneración y los cambios cognitivos relacionados con la enfermedad de Alzheimer.


El cerebro en pausa: cómo el sedentarismo afecta al control inhibitorio a lo largo de toda la vida


Investigadores de la Universidad de Lyon 1 (Francia), en un estudio publicado por Peer Community Journal en octubre 2025, revelan que el tiempo que se pasa sentado, más que la falta de actividad física, es el principal factor predictivo del deterioro del control inhibitorio entre los 18 y los 88 años. Este sedentarismo perjudica directamente las funciones cognitivas de forma continua a lo largo de toda la vida.

El control inhibitorio, un indicador importante de la autonomía en la vida cotidiana, se deteriora con la edad. Sin embargo, aún queda por esclarecer el papel que desempeñan el nivel de actividad física y el sedentarismo en el deterioro progresivo de esta función cognitivo-motora. En este estudio, los investigadores examinaron la asociación entre el control inhibitorio y tres predictores: la edad, la actividad física y el sedentarismo, mediante regresiones múltiples.

Setenta y ocho personas, con edades comprendidas entre los 18 y los 88 años, realizaron las tareas “Go-No-Go” “Stop-Signal” con el fin de evaluar, respectivamente, el control de los impulsos motores y la inhibición reactiva. Los investigadores midieron los niveles de sedentarismo (SB) y de actividad física (PA) durante cuatro días consecutivos mediante acelerómetros.

El resultado principal es que el sedentarismo, pero no la actividad física, predice la inhibición reactiva, de forma similar a la edad. En otras palabras, una persona de edad muy avanzada con un bajo nivel de sedentarismo sería más propensa a interrumpir una acción que una persona más joven con un mayor nivel de sedentarismo. Los datos sugieren que alcanzar el nivel de actividad física recomendado no permite necesariamente atenuar la asociación entre una función inhibitoria deficiente y un alto nivel de sedentarismo.

Aún más interesante es que los efectos nocivos del sedentarismo no se veían contrarrestados por el nivel de actividad física. En otras palabras, aunque una persona activa cumpliera las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud realizando más de 150 minutos de actividad física moderada a la semana, el hecho de ser sedentaria podría reducir su capacidad de inhibición, independientemente de su edad. En este estudio, las personas de 80 años que no llevaban una vida sedentaria obtuvieron mejores puntuaciones en las pruebas de inhibición que los jóvenes de 20 años con un comportamiento sedentario.

En cuanto al sedentarismo entre los jóvenes y, más concretamente, entre los estudiantes, estos pasan, en promedio, ocho horas al día sentados o acostados. Son más sedentarios los días de clase que los días de descanso. Estos comportamientos se acentúan en función del curso académico.

Por lo tanto, es fundamental encontrar soluciones adaptadas a cada público para reducir el índice de sedentarismo.


Comportamiento sedentario y salud cerebral a lo largo de toda la vida


Un equipo de investigadores de la Universidad de Shenzhen (China), la Universidad de Potsdam (Alemania), la Universidad de Rennes (Francia), la Universidad del Sur de California (EE. UU.) et al, en un estudio publicado en Trends in Cognitive Sciences en abril 2024, relaciona el sedentarismo con un deterioro de la salud cerebral, en particular mediante una disminución del rendimiento cognitivo y un aumento del riesgo de demencia.

El estudio analiza el impacto del sedentarismo en la estructura y el funcionamiento del cerebro a lo largo de toda la vida, y destaca que dicho impacto varía en función de si la actividad es cognitivamente activa o pasiva. Subraya que los comportamientos sedentarios pasivos, como ver la televisión, son más perjudiciales que las actividades sedentarias activas, y recomienda realizar pausas periódicas para proteger el cerebro.

Está demostrado que unos niveles elevados de actividad física tienen efectos beneficiosos para la salud cerebral a lo largo de toda la vida. Sin embargo, el papel del sedentarismo no se conoce tan bien.

En esta revisión, los investigadores resumen y analizan la evidencia relativa al impacto del sedentarismo en la salud cerebral, en particular en el rendimiento cognitivo, las medidas estructurales y funcionales del cerebro y el riesgo de demencia, para diferentes grupos de edad.

Comparan de forma crítica los métodos de evaluación del sedentarismo y ofrecen perspectivas sobre las nuevas posibilidades de evaluar el sedentarismo gracias a las tecnologías digitales.

A lo largo de toda la vida, ciertas características del sedentarismo – en particular, su carácter cognitivo activo o pasivo – pueden moderar las relaciones entre el sedentarismo y determinados indicadores de salud cerebral.

Los investigadores destacan que, a pesar de los resultados dispares, interrumpir los periodos prolongados de estar sentado con pausas activas puede mitigar los efectos nocivos sobre el cerebro.

Destacan los retos y las perspectivas de futuras investigaciones destinadas a aportar datos empíricos más sólidos sobre estas observaciones. El tipo de sedentarismo —por ejemplo, el sedentarismo cognitivamente activo o el sedentarismo cognitivamente pasivo — parece estar relacionado de forma diferente con la salud cerebral, pero se necesitan más estudios que tengan en cuenta las relaciones dosis-respuesta y el contexto para confirmar esta relación.

Los estudios futuros deberían utilizar enfoques innovadores para analizar el sedentarismo dentro del ciclo de actividad de 24 horas en contextos de la vida cotidiana ecológicamente válidos, evaluar las características y el contexto del sedentarismo y tener en cuenta diferentes niveles de análisis, con el fin de llegar a conclusiones sólidas sobre las relaciones entre el sedentarismo y la salud cerebral.


Impacto del sedentarismo laboral en la salud mental: una revisión sistemática y un meta-análisis



Un equipo de investigadores de la Universidad de Clermont Auvergne, la Universidad Lumière-Lyon 2 (Francia), la Universidad de Isfahán (Irán) y la Universidad Bautista de Hong Kong, en un estudio publicado por Plos One en agosto 2025, se propuso identificar y sintetizar de forma sistemática la bibliografía que examina la relación entre el sedentarismo en el trabajo y la salud mental.

A pesar de los numerosos meta-análisis sobre los efectos del sedentarismo durante el tiempo libre, el impacto del sedentarismo en el trabajo sobre la salud mental sigue siendo muy controvertido.

Se consultaron las bases de datos PubMed, Embase, Cochrane y Psycinfo para identificar los artículos que informaban sobre los riesgos para la salud mental relacionados con el sedentarismo laboral.

Los investigadores llevaron a cabo una meta-regresión sobre los posibles factores de influencia. Asimismo, realizaron un meta-análisis de efectos aleatorios en el que se incluyeron todos los riesgos y los niveles intermedios y graves de trastornos mentales, seguido de un análisis de sensibilidad sobre los trastornos mentales graves, utilizando:

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 todos los riesgos, y a continuación
* los riesgos más bajos totalmente ajustados,
* los riesgos más bajos brutos o menos ajustados (modelos pesimistas),
* los riesgos más altos totalmente ajustados y
* los riesgos más altos brutos o menos ajustados (modelos optimistas).

El meta-análisis principal, que abarca a más de 40.000 trabajadores, establece una correlación directa entre la exposición al sedentarismo laboral y el deterioro de los indicadores de salud mental. Los datos muestran un aumento medio del 34% en el riesgo de trastornos mentales en general. La edad podría ser un factor de mayor riesgo de trastornos mentales en caso de exposición al sedentarismo laboral, mientras que un nivel educativo elevado reduciría dicho riesgo.

Un análisis por segmentos revela cifras alarmantes para los responsables de la toma de decisiones:

Depresión:
el riesgo de presentar síntomas depresivos aumenta un 44% entre los trabajadores más sedentarios.
Ansiedad: se observa un espectacular aumento del 83% en los riesgos, una cifra que repercute directamente en el absentismo y en la fluidez operativa.
Malestar psicológico: se observa un aumento significativo del estrés percibido y del cansancio emocional.
Burnout (agotamiento): los datos indican una tendencia emergente con un riesgo multiplicado por 2,49. Aunque este punto concreto aún requiere estudios complementarios para alcanzar una certeza estadística absoluta, constituye una señal débil que los responsables de la prevención ya no pueden ignorar.

Conclusión. El meta-análisis muestra que el sedentarismo en el trabajo aumenta el riesgo de trastornos de salud mental. La heterogeneidad de los resultados no ha permitido extraer conclusiones definitivas sobre las variables que podrían influir en mayor medida en este riesgo.


Comportamientos sedentarios y riesgo de depresión: un meta-análisis de estudios prospectivos


Investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong (Hubei, China), en un estudio publicado por Translational Psychiatry en enero 2020, llevaron a cabo un meta-análisis de estudios prospectivos con el fin de identificar el impacto del sedentarismo en el riesgo de depresión.

Los datos epidemiológicos sobre la asociación entre el sedentarismo y el riesgo de depresión son contradictorios. Los investigadores llevaron a cabo una búsqueda sistemática en las bases de datos PubMed y Embase hasta junio de 2019 para recopilar estudios de cohortes prospectivos que analizaran la relación entre el sedentarismo y el riesgo de depresión.

Los riesgos relativos (RR) combinados y sus intervalos de confianza (IC) del 95% se calcularon mediante un meta-análisis de efectos aleatorios. También se realizaron análisis de meta-regresión, análisis de subgrupos y análisis de sensibilidad con el fin de explorar las posibles fuentes de heterogeneidad.

Se han identificado doce estudios prospectivos, en los que participaron 128.553 personas. Se observó una asociación positiva significativa entre el sedentarismo y el riesgo de depresión.

Los análisis de subgrupos revelaron que ver la televisión se asociaba positivamente con el riesgo de depresión, a diferencia del uso de la computadora. Los comportamientos sedentarios mentalmente pasivos podrían aumentar el riesgo de depresión, mientras que el efecto de los comportamientos sedentarios mentalmente activos no fue significativo.

Los comportamientos sedentarios se asociaron positivamente con la depresión diagnosticada clínicamente, mientras que estas asociaciones no fueron estadísticamente significativas cuando la depresión se evaluó mediante la escala CES-D y la prueba de detección Prime-MD.

Este estudio sugiere que los comportamientos sedentarios mentalmente pasivos, como ver la televisión, podrían aumentar el riesgo de depresión. Las intervenciones destinadas a reducir estos comportamientos sedentarios podrían contribuir a prevenir la depresión.
 
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La lucha contra el sedentarismo es la nueva clave para la salud mental en la empresa


En el panorama económico actual, marcado por una transición masiva hacia los servicios y la digitalización, el puesto de trabajo se ha convertido, paradójicamente, en uno de los principales factores que contribuyen al deterioro de la salud pública. De los datos clínicos surge una amenaza más invisible, pero igualmente costosa: el sedentarismo crónico.

“La paradoja del sedentarismo”. A diferencia del sedentarismo en el tiempo libre (como ver la televisión), el sedentarismo en la oficina suele ser “mentalmente activo” (reuniones, análisis complejos). Aunque esta actividad cognitiva pueda parecer protectora a primera vista, en realidad es engañosa. Esta carga mental, al carecer de micro-pausas de movimiento, satura las capacidades de regulación del estrés. La ciencia moderna demuestra que la inmovilidad en el trabajo es un estrés fisiológico silencioso pero devastador.

El cerebro necesita movimiento

Para desestigmatizar los trastornos mentales en el ámbito laboral, es fundamental explicar que el agotamiento no es un defecto de carácter, sino una consecuencia biológica.

Desde el punto de vista fisiológico, la actividad muscular estimula la liberación de neurotransmisores esenciales: la serotonina —reguladora del estado de ánimo—, la dopamina —motor de la motivación— y las endorfinas —ansiolíticos naturales—. Por el contrario, la inmovilidad prolongada actúa como un estrés fisiológico constante que satura el sistema nervioso parasimpático.

Cada empleado tiene un umbral de tolerancia. Una persona con una baja vulnerabilidad genética puede hundirse si el estrés sedentario es demasiado intenso. Incluso el individuo más resiliente, si se ve privado de movimiento y expuesto a un estrés ambiental constante, acabará desarrollando síntomas psicóticos o depresivos. Al fomentar el movimiento, se optimiza la oxigenación cerebral y la neuroplasticidad, lo que aumenta el “«colchón de resiliencia” de los equipos frente a las exigencias de productividad.

Las intervenciones “cuerpo-mente”

Las intervenciones cuerpo-mente (Mind-Body Exercises, MBE) son protocolos de salud estructurados. Estas prácticas resultan especialmente eficaces para las personas sedentarias, ya que tienden a salvar la brecha entre el esfuerzo físico y la regulación emocional.

El ejercicio de intensidad baja a moderada suele ser más eficaz contra la depresión que el entrenamiento intensivo. El deporte de alta intensidad puede, en el caso de algunos empleados que ya están estresados, exacerbar las respuestas biológicas al estrés. Por lo tanto, para lograr un impacto máximo en la salud mental, resulta más estratégico promover el yoga o la marcha activa en lugar de limitarse a fomentar agotadoras sesiones de crossfit entre las doce y las dos de la tarde.

Estrategias de intervención a varios niveles: del individuo a la organización

El nivel físico e individual. La instalación de escritorios regulables en altura para alternar las posturas de trabajo es una medida fundamental. Muchos empleados temen que se les perciba como si «no estuvieran trabajando» si están de pie. El papel del responsable es, en este caso, legitimar el movimiento como un acto de profesionalidad.

El nivel social y organizativo. Las «pausas activas» de unos minutos mejoran de forma inmediata las funciones ejecutivas y la atención. Estas pausas deben institucionalizarse. Para iniciar esta transformación cultural, son indispensables herramientas de inteligencia colectiva como “La Fresque du Mouvement”. Permiten sensibilizar a los equipos no mediante la obligación, sino a través de la comprensión de los retos fisiológicos, creando así una adhesión duradera.

La Fresque du Mouvement.
Se trata de talleres inmersivos para comprender los efectos del sedentarismo y la inactividad física.

Conclusión

La lucha contra el sedentarismo es la nueva frontera de la salud laboral. A las puertas de 2026, las empresas que prosperarán serán aquellas que hayan comprendido que el capital humano no es un recurso estático, sino un ecosistema biológico que necesita movimiento para mantenerse creativo y comprometido.

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Directrices de la OMS sobre la actividad física y el sedentarismo

La actividad física es buena para el corazón, el cuerpo y la mente. La práctica regular de actividad física puede prevenir y ayudar a controlar las enfermedades cardíacas, la diabetes tipo 2 y el cáncer, responsables de casi tres cuartas partes de las muertes en todo el mundo. La actividad física también puede reducir los síntomas de la depresión y la ansiedad, y mejorar el pensamiento, el aprendizaje y el bienestar general.

Cualquier cantidad de actividad física es mejor que ninguna, y cuanto más, mejor. En aras de la salud y el bienestar, la OMS recomienda que los adultos realicen al menos entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica de intensidad moderada a la semana, o el tiempo equivalente de actividad de intensidad moderada; y que los niños y adolescentes realicen una media de 60 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada al día.

Cualquier actividad física cuenta. La actividad física puede realizarse en el trabajo, al desplazarse (a pie, en patines o en bicicleta), como deporte o actividad de ocio, o incluso en el marco de las tareas domésticas y cotidianas.

El fortalecimiento muscular es beneficioso para todos. Las personas mayores (de 65 años o más) deberían incorporar actividades físicas que hagan hincapié en el equilibrio y la coordinación, así como ejercicios de fortalecimiento muscular, para ayudar a prevenir las caídas y mejorar su salud.

El sedentarismo excesivo puede ser perjudicial para la salud. Puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, cáncer y diabetes tipo 2. Reducir el sedentarismo y mantenerse activo es bueno para la salud.

A todo el mundo le conviene ser más activo y menos sedentario. Esto incluye a las mujeres embarazadas y en el posparto, así como a las personas que padecen una enfermedad crónica o una discapacidad.

Combatir el sedentarismo


Con el fin de luchar contra las enfermedades crónicas, en los últimos años se ha hecho hincapié en el cumplimiento de las recomendaciones en materia de actividad física. Aunque hay que tener presente que un estilo de vida activo es indisociable de una buena salud física y mental, es importante centrar también la atención en el sedentarismo, que es un mal algo más insidioso. No se nos ocurre directamente que estar sentados en la silla todo el día en el trabajo sea perjudicial para nuestra salud, aunque practiquemos deporte de vez en cuando.

Cómo reducir el sedentarismo

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 Moverse entre 1 y 3 minutos cada 30 y 60 minutos.

* Incorporar 150 minutos de actividad física moderada a la semana, aunque esto no compense totalmente los efectos de un sedentarismo extremo.

* Limitar los largos periodos de estar sentado, sobre todo en el trabajo, es una rutina que hay que adoptar a diario.

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 Fomentar los puestos de trabajo que permitan alternar entre estar sentado y de pie.

* Las pausas activas tendrían efectos beneficiosos sobre la eficiencia y la fatiga en el trabajo.

* El uso de puestos de trabajo “activos” sería una alternativa eficaz y bien aceptada por los estudiantes en clase.

* Durante el tiempo libre, limitar el tiempo frente a la pantalla es imprescindible tanto para los jóvenes como para los adultos con el fin de reducir los comportamientos sedentarios.


El sedentarismo no es una fatalidad. Existen métodos sencillos y eficaces para romper con los malos hábitos. 
La educación y la actividad física a lo largo de toda la vida siguen siendo un reto importante para la salud pública. 
Animar a las personas, especialmente a las mayores de 50 años, a romper con los largos periodos de sedentarismo puede 
contribuir a retrasar el envejecimiento cognitivo y a aliviar la creciente carga que suponen las enfermedades neuro-degenerativas.




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