junio 30, 2026

Escribir a Mano y Hacer Pausas Ayuda a Memorizar



Escribir a mano fortalece las conexiones neuronales, 
facilitando el almacenamiento de información en la memoria a largo plazo


El cerebro tiene sus propias reglas, al igual que nuestra forma de aprender y memorizar. Las redes neuronales se activan más cuando escribimos a mano que cuando tecleamos, y las pausas reales ayudan a consolidar los conocimientos.

Miles de personas utilizan ahora comandos de voz en sus dispositivos inteligentes para hacer sus listas de compras. Y a menudo escribimos en teclados o dictamos recordatorios de calendario en nuestros teléfonos inteligentes en lugar de escribirlos en un calendario de pared. En resumen, en todo el mundo y en una amplia variedad de entornos, las personas  utilizan principalmente dispositivos digitales para registrar las cosas que desean recordar.

Tomar apuntes con el teclado en lugar de a mano es mucho más rápido. Hace tiempo que los estudiantes optaron por esta forma de tomar apuntes en clase. También en las aulas, las pantallas están sustituyendo poco a poco al papel y los bolígrafos.

Escribir a mano y hacer pausas son estrategias altamente efectivas para mejorar la memoria. Escribir a mano activa más áreas cerebrales y fomenta una codificación profunda de la información, a diferencia de teclear. Por su parte, las pausas permiten al cerebro consolidar lo aprendido, reforzando la memorización a largo plazo.

Diferentes recuerdos en uno solo

Para que las palabras cobren todo su sentido y se conviertan en ideas o conceptos duraderos, primero deben atravesar el frágil y efímero espacio de la memoria operativa, también llamada memoria a corto plazo, encargada de mantener la información activa mientras el cerebro la procesa. Pero eso no basta.

Para que lo que se retiene se estabilice, la información debe almacenarse en un tipo de memoria semántica, afectiva, espacial o temporal. Recordar unas vacaciones implica una memoria episódica, teñida de emoción y de lugar; en cambio, saber que la capital de España es Madrid remite a una memoria semántica, desprovista de contexto personal.

¿A mano o con el teclado?

Hoy en día es difícil encontrar un ámbito en el que el teclado no haya sustituido casi por completo a la tinta o al grafito. Sin embargo, conviene recordar que la escritura a mano sigue siendo una herramienta poderosa para el desarrollo cognitivo: escribir a mano activa una red más amplia de regiones cerebrales – motoras, sensoriales, afectivas y cognitivas – que la escritura a máquina. Esta última, más eficaz en términos de velocidad, exige menos recursos neuronales y favorece una participación pasiva de la memoria de trabajo.

Por el contrario, el uso activo de la memoria a corto plazo – con la ayuda de herramientas no digitales – resulta más beneficioso tanto en el aula como en contextos clínicos relacionados con el deterioro cognitivo.

Las pausas son necesarias

El ritmo y las pausas también son determinantes en este proceso de paso de la memoria de trabajo a la memoria a largo plazo. Las pausas activas, esos breves momentos en los que interrumpimos nuestro estudio para estirarnos, caminar o contemplar algo sin un objetivo inmediato, permiten al cerebro reorganizar lo aprendido y consolidarlo de forma más sólida.

Sin embargo, hoy en día, estas pausas suelen asociarse a actividades que implican el uso de pantallas: teléfonos móviles, televisión, tabletas. Si pudiéramos hacer una comparación con el ejercicio físico, podríamos imaginarnos en un gimnasio corriendo a 12 km/h durante las pausas entre series.

Algo muy similar ocurre cuando utilizamos nuestras pausas para ver vídeos cortos, leer titulares o navegar sin rumbo fijo por las redes sociales: la mente no descansa, no consolida, y la atención se fragmenta.

El trabajo durante el sueño

Las neurociencias también destacan el papel crucial del sueño en la consolidación de la memoria. Durante el sueño de ondas lentas, el cerebro entra en un estado de sincronización neuronal caracterizado por el predominio de las ondas delta (0,5-4 Hz), que favorecen la reactivación de las huellas mnésicas – huellas que permanecen en la mente tras una experiencia y que sirven de base para la memoria y la capacidad de recordar.

Estas oscilaciones lentas crean un entorno con escasa interferencia sensorial que facilita el diálogo entre el hipocampo y el neocórtex. Se ha observado, en particular, que las ondas theta (4-8 Hz), más frecuentes durante la fase REM (Rapid Eye Movement) y también presentes en las fases NREM (Non-Rapid Eye Movement) ligeras, intervienen en esta transferencia. Más concretamente, permiten el paso de los recuerdos desde su almacenamiento temporal en el hipocampo hacia las regiones corticales de almacenamiento a largo plazo.

Del mismo modo, los husos del sueño, breves patrones de actividad cerebral que se producen durante el sueño ligero y que son generados principalmente por el tálamo, se asocian con el fortalecimiento de las conexiones neuronales pertinentes.

Diversos estudios que utilizan la polisomnografía y la neuroimagen han demostrado correlaciones entre la densidad de estos husos del sueño y el rendimiento en tareas de memoria episódica. Se ha sugerido que estas oscilaciones actúan como una especie de “marcador de relevancia” que selecciona la información que merece ser consolidada.

Así, durante el sueño, el cerebro lleva a cabo automáticamente un proceso de reorganización y fortalecimiento de la memoria. Da prioridad a lo que es significativo y elimina lo que no lo es. No es casualidad que, al despertar, una melodía o una frase aparentemente insignificante nos venga a la mente sin esfuerzo: son los ecos de ese minucioso trabajo nocturno que escribe la memoria.

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La creciente adopción de dispositivos digitales en detrimento de la escritura tradicional plantea interrogantes sobre sus efectos neurocognitivos. La escritura a mano implica mecanismos psicomotores y neurológicos complejos que son importantes para el aprendizaje y la memoria.

Estudios recientes indican que la escritura a mano activa áreas cerebrales más extensas y favorece una mayor interacción cortical, lo que mejora la memorización y la comprensión de los conceptos. También favorece una integración sensoriomotora más sólida y una actividad sincronizada en el rango de las ondas theta, ambas esenciales para el aprendizaje. Por el contrario, la escritura digital no estimula estas áreas cerebrales de la misma manera, lo que puede reducir la retención de información y, en cierta medida, el entrenamiento de las capacidades cognitivas.


Escribir a mano estimula la conectividad cerebral


Investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología de Trondheim, en un estudio publicado en Frontiers in Psychology en enero 2024, analizaron el impacto diferencial de la escritura a mano y la escritura a máquina sobre la conectividad cerebral.

Para ello, se seleccionó a 36 estudiantes y se evaluó su actividad cerebral mediante una electroencefalografía (EEG) de alta densidad, que utiliza un gran número de electrodos colocados en el cuero cabelludo para registrar la actividad eléctrica del cerebro. El experimento consistió en escribir a mano una serie de palabras varias veces con un bolígrafo digital en cursiva o teclearlas con el dedo índice, mientras se registraban los datos del electroencefalograma.

Los resultados revelaron una mayor conectividad cerebral durante la escritura a mano que al utilizar el teclado, especialmente en las regiones central y parietal del cerebro, cuya actividad está relacionada con la formación de la memoria y el aprendizaje.

Además, la escritura a mano, pero no la mecanografía, generó patrones de conectividad cerebral más elaborados y extensos en las frecuencias theta y alfa, especialmente en las regiones central y parietal, lo que sugiere una mejor integración sensoriomotora, una mejor memoria y una mayor atención.

Se observaron diferencias significativas en los patrones de conectividad entre la escritura a mano y la escritura a máquina, con diferentes conexiones relevantes que solo estaban presentes en el primer caso. La escritura a máquina no activó las redes neuronales de forma tan extensa, lo que sugiere que es menos eficaz para la actividad de ciertas conexiones neuronales relacionadas con la memoria y el aprendizaje que la escritura a mano.

Este estudio sugiere que la escritura a mano activa redes neuronales específicas y mejora la conectividad cerebral, lo que puede promover procesos cognitivos más complejos y un aprendizaje más eficaz. A diferencia de la mecanografía, que implica movimientos repetitivos, los movimientos precisos necesarios para escribir a mano estimulan una gama más amplia de áreas cerebrales.

Los investigadores señalan que la literatura científica existente indica que los patrones de conectividad en estas áreas cerebrales y a estas frecuencias son esenciales para la formación de la memoria y la codificación de nueva información, por lo tanto, beneficiosos para el aprendizaje. Sus hallazgos sugieren que el esquema espacio-temporal derivado de la información visual y propioceptiva obtenida mediante movimientos precisos de la mano al usar un bolígrafo contribuye significativamente a los patrones de conectividad cerebral que promueven el aprendizaje.

Recomiendan encarecidamente que los niños, desde temprana edad, practiquen la escritura a mano en la escuela para establecer las conexiones neuronales que proporcionan al cerebro las condiciones óptimas para el aprendizaje. Si bien mantener las habilidades de escritura en las escuelas es esencial, es igualmente importante mantenerse al día con los avances tecnológicos. Por lo tanto, tanto docentes como estudiantes deben comprender qué prácticas son más efectivas para el aprendizaje en cada contexto, por ejemplo, para tomar apuntes en clase o escribir un ensayo.


Reconstrucción del lenguaje continuo a partir de registros cerebrales no invasivos


Investigadores del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Texas en Austin, en un artículo publicado en Nature Neuroscience de mayo 2023, presentan el desarrollo de un decodificador basado en inteligencia artificial capaz de traducir la actividad cerebral en un flujo continuo de texto. Este importante avance permite, por primera vez, la lectura no invasiva de los pensamientos de una persona.

Una interfaz cerebro-computadora capaz de decodificar el lenguaje continuo a partir de registros no invasivos tendría numerosas aplicaciones científicas y prácticas. Sin embargo, actualmente, los decodificadores de lenguaje no invasivos solo pueden identificar estímulos a partir de un pequeño conjunto de palabras o frases.

Los investigadores presentan aquí un decodificador no invasivo que reconstruye el lenguaje continuo a partir de representaciones semánticas corticales registradas mediante resonancia magnética funcional (IRMf).

Utilizando grabaciones cerebrales inéditas, este decodificador genera secuencias de palabras inteligibles que reconstruyen el significado del habla percibida, el habla imaginada e incluso vídeos silenciosos, demostrando que un único decodificador puede aplicarse a diversas tareas. Probaron el decodificador en toda la corteza cerebral y descubrieron que el lenguaje continuo puede decodificarse de forma independiente desde múltiples regiones.

Dado que las interfaces cerebro-computadora deben respetar la confidencialidad de los datos mentales, comprobaron si la decodificación exitosa requería la cooperación del sujeto y descubrieron que esta cooperación es necesaria tanto para el entrenamiento como para el uso del decodificador. Los resultados demuestran la viabilidad de las interfaces cerebro-computadora no invasivas para el lenguaje.

Los investigadores se toman muy en serio las preocupaciones sobre el posible uso indebido y han trabajado para prevenirlo. Quieren garantizar que las personas solo utilicen este tipo de tecnología cuando lo deseen y cuando les resulte útil.

El estudio demostró que el cerebro representa la información lingüística continua de manera consistente durante la percepción y la imaginación. Este es un descubrimiento importante que podría servir de base para el desarrollo de interfaces cerebro-computadora.

Este decodificador puede reconstruir el habla con una precisión asombrosa, incluso cuando los pacientes escuchan una historia o la imaginan en silencio, únicamente utilizando datos de resonancia magnética funcional (RMf). Los sistemas de decodificación del lenguaje anteriores requerían implantes quirúrgicos. Este último avance abre el camino a nuevos métodos para restaurar el habla en pacientes con dificultades de comunicación tras un accidente cerebrovascular o una enfermedad de la neurona motora.

Esta demostración de una disociación dual entre los efectos de estas dos lesiones proporciona una sólida evidencia de que la función de la corteza prefrontal dorso-lateral media en la memoria de trabajo visual no reside en el mantenimiento de la información en sí, sino en el proceso ejecutivo de monitorización de dicha información.

Además, el presente estudio ha demostrado que las lesiones limitadas al área 9, que constituye la parte superior de la región prefrontal dorso-lateral media, dan como resultado una leve alteración en el monitoreo de la información, mientras que las lesiones de toda la región prefrontal dorso-lateral media causan una alteración muy grave.

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Detengámonos un instante y observemos el suave fluir de estas palabras ante nuestros ojos, este silencioso ir y venir, y la voz que las lee en voz alta en nuestra mente. ¿Cuántas de ellas quedarán grabadas en nuestra memoria en cinco minutos? ¿Y cuántas permanecerán en nuestra memoria sin esfuerzo mañana? La pregunta no es trivial. Vivimos en una época donde la velocidad domina la forma en que aprendemos y, paradójicamente, también la forma en que olvidamos.

No todas las palabras se procesan al mismo ritmo. Quizás haya oído que una persona puede leer entre 200 y 300 palabras por minuto, escuchar unas 150, o leer incluso menos al tacto en Braille. Pero esta velocidad no es sinónimo de comprensión: de hecho, más allá de las 500 palabras por minuto, la asimilación disminuye drásticamente. ¿Y lo que se absorbe se retiene realmente? No necesariamente. Devorar palabras con avidez no es lo mismo que absorber su esencia.

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Por qué seguir aprendiendo a escribir a mano en un mundo impulsado por la IA


El mundo de la escritura está experimentando una profunda transformación. Primero llegaron los teclados, luego la función de autocompletar palabras y frases en las aplicaciones de mensajería. Ya estamos dejando atrás esa era. Con el auge de la inteligencia artificial, los robots ahora pueden producir textos de calidad comparable a los escritos por humanos, sin ninguna intervención humana.

Gracias a las recientes mejoras en el software de transcripción, incluso los escritores humanos pueden prescindir de un teclado, y mucho menos de un bolígrafo. Y la IA podría incluso abrir la puerta a la generación de textos mediante el análisis de la actividad cerebral.

Con la pandemia, el aprendizaje en línea se ha expandido considerablemente y, en varios países del mundo, algunas pruebas importantes se realizan ahora por computadora. También se ha planteado la posibilidad de abandonar la escritura cursiva en la secundaria. Sin embargo, la escritura a mano sigue siendo fundamental para el aprendizaje básico en la primaria.

Los padres podrían preguntarse si aún merece la pena dedicar tiempo a la compleja tarea de aprender a escribir a mano. ¿No sería mejor invertir ese esfuerzo en introducir a los niños a la programación? Al fin y al cabo, los alumnos con discapacidad ya están aprendiendo a escribir utilizando tecnologías de apoyo.

Es posible que la caligrafía perfecta pierda importancia en el futuro. Sin embargo, los estudiantes seguirán necesitando escribir a mano de forma legible y fluida tanto para sus estudios como para su vida cotidiana.

Pero existen varias razones importantes por las que la caligrafía siempre se enseñará – y debe enseñarse – en las escuelas:

Escribir desarrolla la motricidad fina

La escritura a mano desarrolla la motricidad y la coordinación necesarias para controlar movimientos precisos, esenciales en la vida cotidiana, tanto en la escuela como en el ámbito profesional.

La escritura a mano también se asocia con un mejor aprendizaje. Escribir estimula la motricidad fina, activa la percepción sensorial y favorece una mayor concentración. Estas condiciones promueven la comprensión y el razonamiento, habilidades esenciales para el aprendizaje.

En las escuelas, los estudiantes que toman apuntes a mano comprenden mejor el material y obtienen mejores resultados en las evaluaciones que quienes utilizan dispositivos electrónicos. Además, escribir a mano permite una relación más consciente con el contenido: no se trata simplemente de capturar información, sino de procesarla e interiorizarla.

El perfeccionamiento de estas habilidades motoras da como resultado una escritura cada vez más legible y fluida. Desconocemos el futuro de la tecnología, pero bien podría llevarnos de vuelta al pasado.

La escritura a mano podría adquirir mayor importancia que nunca si las pruebas y los exámenes volvieran a realizarse a mano para evitar el uso de IA generativa y las trampas.

Escribir a mano facilita la memorización

La escritura a mano ofrece importantes ventajas cognitivas, especialmente para la memoria. Las investigaciones sugieren que las notas tomadas con bolígrafo se recuerdan mejor que las tomadas en una computadora, debido a la mayor complejidad del proceso de escritura a mano.

Cuando escribimos a mano, nuestro cerebro funciona de manera diferente que cuando tecleamos en un dispositivo. La escritura a mano requiere la coordinación de movimientos de la mano, visión y memoria, lo que activa diversas áreas del cerebro. Este proceso fortalece las conexiones neuronales, facilitando así el almacenamiento de información en la memoria a largo plazo.

Tomar notas a mano, por ejemplo, requiere seleccionar y sintetizar las ideas más importantes, en lugar de transcribirlas textualmente, como suele ocurrir al escribir en una computadora. Este proceso mental de selección y organización mejora la retención del conocimiento adquirido. Por eso, quienes escriben a mano generalmente retienen mejor la información que quienes lo hacen exclusivamente en formato digital.

Aprender a leer y escribir están estrechamente relacionados. Los estudiantes mejoran su lectura practicando la escritura.

Una herramienta para la creación gráfica

Otra gran ventaja de la escritura a mano reside en su impacto positivo en la creatividad. Escribir a mano es más lento que escribir digitalmente, lo que permite tiempo para la reflexión y el surgimiento de nuevas ideas.

Muchas personas encuentran que escribir a mano en un cuaderno les ayuda a liberar la mente, organizar sus pensamientos y establecer conexiones inesperadas. El simple acto de deslizar un lápiz sobre el papel puede desbloquear procesos creativos, fomentando la escritura literaria, el dibujo, la planificación de proyectos e incluso la resolución de problemas.

Además, escribir a mano estimula la imaginación visual y espacial, ya que permite crear diagramas, dibujos o anotaciones a mano alzada que no siempre son fáciles de reproducir en un teclado. Por lo tanto, no es casualidad que artistas, escritores y científicos sigan recurriendo a sus cuadernos para plasmar sus ideas. Escribir a mano y actividades relacionadas, como dibujar, pueden ser fuentes de creatividad y bienestar a cualquier edad.

La popularidad de prácticas como escribir un diario y la caligrafía lo demuestra. Existen numerosas comunidades en línea donde los escritores comparten hermosos ejemplos de escritura a mano.

Un elemento clave de la cultura

Más allá de sus beneficios para el sistema neurológico, la escritura a mano es una forma de expresión profundamente humana. Cada trazo es único; refleja nuestra personalidad, nuestras emociones e incluso nuestro estado de salud. Los cambios notables en la escritura a mano pueden ser señales tempranas de afecciones neurológicas, como el deterioro cognitivo progresivo.

Gran flexibilidad

La escritura a mano no requiere electricidad ni dispositivos, baterías, software, suscripciones, conexión a internet, tiempo de carga ni nada de lo que requiere la escritura digital.

Solo se necesita un bolígrafo y papel. Y se puede practicar en cualquier lugar. A veces, para escribir una tarjeta de cumpleaños, rellenar formularios impresos o anotar algo rápido, es la solución más sencilla y eficaz.

La escritura como herramienta para la reflexión

Lo más importante es que aprender a escribir y aprender a pensar están intrínsecamente ligados. Las ideas toman forma a medida que los estudiantes escriben. Se desarrollan y organizan a lo largo del proceso de escritura. Esto es algo que no se puede delegar a robots.

Una ayuda contra el deterioro cognitivo

Los beneficios de la escritura a mano se extienden hasta la edad adulta y la vejez. La escritura a mano fortalece la reserva cognitiva, un conjunto de habilidades y redes neuronales que ayudan a resistir los efectos del envejecimiento cerebral.

Las personas que participan en actividades que requieren esfuerzo mental, como leer, escribir, resolver problemas o adquirir nuevas habilidades, tienen menos probabilidades de desarrollar un deterioro cognitivo grave. Actividades como la lectura, la escritura y los juegos mentales son estrategias de protección contra enfermedades neuro-degenerativas como el Alzheimer.


Consejos para integrar la escritura a mano en su vida diaria


Aunque la vida moderna está dominada por la tecnología digital, aún es posible incorporar la escritura a mano en su rutina diaria. Aquí tiene algunos consejos prácticos:

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Llevar un diario. Dedique unos minutos cada día a escribir sus pensamientos, emociones o experiencias.

* Tomar notas a mano durante las reuniones o clases. Esto le ayudará a asimilar mejor la información.

* Hacer listas y recordatorios en papel. Desde tareas pendientes hasta objetivos semanales.

* Practicar la escritura creativa. Relatos cortos, poesía o simplemente anote ideas en un cuaderno.

* Escribir cartas o mensajes a mano. Una forma de comunicación más personal y significativa.

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Recuperando buenos hábitos

Comprender cómo aprendemos también nos revela cómo debemos vivir. No se trata solo de reducir el tiempo frente a las pantallas, sino también de redescubrir un ritmo más humano. Escribir a mano ayuda a activar redes neuronales profundas; pensemos, por ejemplo, en los apuntes de clase y cómo, al releerlos, las ideas afloran con mayor claridad.

Por otro lado, se recomienda retomar el hábito de hacer pausas reales, lejos de los dispositivos: observar un pájaro en vuelo, sentir su respiración, estirar el cuerpo.

También es útil reforzar lo aprendido con breves ejercicios de recuperación activa. Estudios realizados en personas de entre 50 y 83 años han demostrado que la actividad física mejora el rendimiento cognitivo. La actividad física no solo mantiene nuestro cuerpo en forma y nuestra fuerza física a medida que envejecemos, sino que también ayuda a preservar nuestras funciones cognitivas. Se ha asociado notablemente con un menor riesgo de demencia.

Además, no se debe subestimar el papel del sueño profundo: es durante este tiempo que la memoria madura y consolida lo aprendido. Solo cuando le damos el tiempo necesario para descansar y asimilar, el conocimiento se arraiga verdaderamente. Así, las palabras que un niño lee hoy pueden convertirse en recuerdos vivos, capaces de acompañarlo más allá de los próximos cinco minutos, quizás incluso durante toda la vida.

Enseñar a escribir implica dotar a los estudiantes de un conjunto de estrategias de escritura que les permitan desarrollar su potencial como comunicadores reflexivos, creativos y competentes.


Al activar diversas áreas del cerebro, la escritura a mano se convierte en 
una herramienta accesible y eficaz para mantener la mente activa y saludable. 
Y la escritura a mano seguirá siendo una parte importante de este conjunto de herramientas 
en el futuro previsible, a pesar de los asombrosos avances en la IA generativa.



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mayo 30, 2026

Por qué la Obesidad Es una Enfermedad del Cerebro – La Influencia de los Alimentos Ultra-procesados





La obesidad es, sin duda, uno de los mayores retos sanitarios de nuestra época. Según un amplio estudio publicado en marzo 2025 en The Lancet, casi 2.000 millones de personas ya padecían sobrepeso u obesidad en 2021. Y las previsiones distan mucho de ser tranquilizantes: de aquí a 2050, esta cifra podría ascender a 3.800 millones.

La obesidad no se debe a una falta de voluntad. Tampoco se trata de un problema individual. Es una enfermedad compleja profundamente arraigada en un cerebro adaptado para sobrevivir a la escasez de alimentos.

La obesidad comienza en el cerebro, y hoy sabemos que tanto su desarrollo como su tratamiento no son iguales en hombres y mujeres. Esta pandemia silenciosa, que avanza en paralelo a la diabetes tipo 2 – una de sus principales complicaciones –, ya afecta a más de mil millones de personas en todo el mundo.

Mientras nuestro entorno se vuelve cada vez más “obesogénico” (que favorece la obesidad), el cerebro sigue funcionando según reglas ancestrales que dificultan mantener la pérdida de peso, incluso con medicamentos tan revolucionarios como el semaglutido (Ozempic). Este cambio de perspectiva transforma los tratamientos actuales y abre el camino a nuevas terapias dirigidas directamente al cerebro.

Un cerebro ancestral en un entorno moderno

La obesidad y el sobrepeso suelen describirse como un exceso de grasa o un problema metabólico. Pero su origen profundo reside en el sistema nervioso central, en particular en el hipotálamo, la región que actúa como un “termostato energético”. Durante el 95% de nuestra historia evolutiva, hemos vivido en la escasez: caminar, cazar y recolectar eran indispensables, y el cerebro desarrolló mecanismos muy eficaces para defender la masa grasa, ya que perderla podía significar no sobrevivir.

Este “cerebro ancestral” funciona hoy en día en un entorno totalmente opuesto: alimentos hipercalóricos disponibles las 24 horas del día, sedentarismo, estrés crónico, trastornos del sueño y dietas ultraprocesadas.

El resultado es un desequilibrio entre nuestra biología y nuestro estilo de vida, que se ve agravado en las personas con predisposición genética. A esto se suma un factor que la investigación está empezando a explorar con claridad: el sistema que regula el peso no funciona de la misma manera en hombres y mujeres.

El hipotálamo: donde comienza la obesidad

El hipotálamo integra señales hormonales – como la leptina o la insulina – metabólicas y sensoriales para equilibrar la energía ingerida y la que se gasta. Cuando perdemos peso, el cerebro interpreta la situación como una amenaza y activa potentes mecanismos de defensa: aumenta el apetito, reduce el gasto energético y refuerza una “memoria metabólica u obesogénica” que empuja a recuperar el peso perdido.

Por eso, aunque la alimentación y el ejercicio físico son esenciales para la salud y siempre deben constituir el primer tratamiento, en muchas personas no bastan para revertir la obesidad cuando los circuitos cerebrales ya están alterados. Esto no invalida los beneficios de un estilo de vida saludable: simplemente reconoce que, en algunos casos, el cerebro necesita apoyo farmacológico para salir del círculo vicioso “obesogénico”.

Cuando el hipotálamo se inflama – ya sea por estrés, una dieta hipercalórica, falta de sueño, trastornos hormonales o una predisposición genética – se altera la actividad de las neuronas que regulan el hambre y la saciedad. Algunas personas logran recuperar espontáneamente su peso inicial después de haber comido en exceso; otras, en cambio, presentan un “freno hipotalámico” menos eficaz y engordan con mayor facilidad. La diferencia reside en el cerebro.

Perspectiva de género: dos cerebros, dos respuestas


Las neuronas hipotalámicas AgRP – que estimulan el hambre – y POMC – que favorecen la saciedad – regulan con precisión el comportamiento alimentario. Sin embargo, el hipotálamo no es solo un conjunto de neuronas: también incluye la microglía y las células inmunitarias del cerebro, cuya función ha resultado ser determinante. Tres fases de activación microglial existen en las primeras etapas de la sobrealimentación:

* Una activación precoz, rápida y reversible.
* Una fase inflamatoria prolongada, que altera los circuitos de la saciedad.
* Una fase final de desregulación, durante la cual los mecanismos que se supone que limitan el aumento de peso dejan de funcionar.

Estas fases no se desarrollan de la misma manera en hombres y mujeres. En los modelos murinos, las hembras presentan una respuesta neuroinmunológica más estable y protectora, lo que podría explicar por qué desarrollan la obesidad más tarde. Este patrón recuerda lo que se observa en las mujeres pre-menopáusicas.

Antes de la menopausia, las mujeres tienen un menor riesgo de padecer enfermedades metabólicas y cardiovasculares que los hombres, gracias al efecto protector de los estrógenos. Pero esta protección disminuye durante la perimenopausia y la menopausia, un periodo aún muy poco estudiado y crítico para el riesgo cardio-metabólico.

Además, en modelos animales y cultivos celulares, los investigadores han detectado alteraciones muy precoces – a nivel de la microglía, de señales lipídicas como los endocanabinoides y de la sensibilidad neuronal a la insulina – incluso antes de que aparezcan cambios visibles en los tejidos periféricos. Esto sugiere que el desencadenante inicial de la obesidad es cerebral. Es esencial integrar esta perspectiva de género para avanzar hacia tratamientos más precisos y eficaces.

Nuevas terapias contra la obesidad: las incretinas y la nano-medicina dirigida al cerebro


El tratamiento de la obesidad ha cambiado radicalmente desde 2021 con los agonistas del receptor del GLP-1. El semaglutido y otros fármacos de la familia de las incretinas, desarrollados inicialmente para la diabetes tipo 2, han demostrado una notable capacidad para reducir el peso gracias a sus acciones tanto periféricas como centrales.

Sin embargo, presentan limitaciones conocidas: efectos gastrointestinales, pérdida de masa magra, recuperación del peso tras suspender el tratamiento o respuestas variables según el perfil biológico del paciente. Estudios recientes también muestran diferencias según el sexo: las mujeres pre-menopáusicas tienden a responder mejor a estos tratamientos que los hombres.

Necesitamos tratamientos que actúen directamente sobre el cerebro, con mayor precisión y menos efectos sistémicos. Es aquí donde la nano-medicina dirigida al cerebro abre nuevas perspectivas.

Los investigadores están desarrollando nanoplataformas – micelas poliméricas, nanopartículas proteicas o formulaciones intranasales – capaces de transportar fármacos de forma selectiva hasta el cerebro. Estas tecnologías permiten encapsular moléculas que, si se administraran sin protección, resultarían ineficaces o tóxicas, con el fin de dirigirlas hacia las células que controlan el apetito y la homeostasis energética.

Estos enfoques podrían complementar o potenciar las incretinas, reducir sus efectos secundarios, mejorar la adherencia al tratamiento y aumentar el número de pacientes que responden a él. Constituyen una forma de tratar la obesidad desde su origen cerebral, gracias a intervenciones más personalizadas y duraderas.

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Revisión sobre la obesidad hipotalámica: de los mecanismos fundamentales a las perspectivas clínicas


Un equipo de investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela, el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid (España), la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y la Universitätsmedizin Berlin (Alemania), la Universidad de San Sebastián, Santiago (Chile) et al, en un informe publicado por The Lancet en enero 2025, presentan una síntesis sobre la obesidad hipotalámica.

Una comisión formada por 58 expertos de diferentes países y especialidades médicas, así como por pacientes con obesidad, alerta sobre las alarmantes cifras de obesidad en el mundo. El objetivo de esta comisión ha sido elaborar un consenso a partir de datos probatorios actualizados.

Ha definido la obesidad “clínica” como una enfermedad crónica y sistémica, relacionada con un exceso de adiposidad en numerosos órganos y tejidos cuyas funciones se ven alteradas, con o sin anomalías en la distribución o la función del propio tejido adiposo.

Sus causas son multi-factoriales y aún no se comprenden del todo. Las lesiones en los órganos afectados provocan complicaciones graves, como trastornos metabólicos (diabetes), cardiovasculares, cerebro-vasculares y renales, así como cánceres y una mortalidad proporcional a la masa grasa.

La obesidad “preclínica” se define como una adiposidad excesiva sin manifestaciones clínicas, pero con riesgo de evolucionar hacia la obesidad clínica y sus complicaciones. La distinción entre obesidad preclínica y clínica es necesaria, tanto en términos de atención clínica como en lo que respecta a las políticas de salud. Esta atención se enfrenta a numerosos escollos, empezando por el índice de masa corporal (IMC) utilizado para definir la obesidad y que, mal utilizado, penaliza los enfoques de atención.

El IMC es útil para evaluar el riesgo epidemiológico y con fines de detección:

* Por encima de 40 kg/m², puede ser suficiente para predecir la obesidad.
* Entre 25 y 40 kg/m², no es suficiente.

El diagnóstico de la obesidad requiere la medición directa de la grasa corporal, si es posible, o el cálculo de parámetros antropo-métricos – contorno de cintura, relaciones cintura/caderas, contorno de cintura/altura – según métodos validados y umbrales adaptados a la edad, el sexo y el origen étnico.

Para hablar de obesidad clínica, es necesario demostrar uno de los dos criterios principales: el deterioro funcional de un órgano o tejido debido a la obesidad – signos clínicos, funciones de uno o varios tejidos u órganos –; o la reducción significativa de las actividades cotidianas, ajustadas a la edad: movilidad, actividades cotidianas (aseo, vestirse, control de esfínteres, alimentación).

Las personas con obesidad clínica deberán recibir un tratamiento tanto de la obesidad en sí misma como de las afecciones clínicas asociadas, basado en niveles de evidencia sólidos, con el fin de prevenir la progresión hacia afecciones irreversibles.

Los pacientes diagnosticados con obesidad preclínica deberán recibir una atención que combine recomendaciones, en particular sobre actividad física, alimentación, acompañamiento psicológico si es necesario, seguimiento médico y, eventualmente, un tratamiento destinado a reducir el riesgo de evolución hacia la obesidad clínica y las enfermedades asociadas, en función del riesgo individual de cada uno.

Los responsables políticos y las autoridades sanitarias deberán garantizar a las personas con obesidad clínica o preclínica un acceso equitativo a una evaluación diagnóstica, un seguimiento y tratamientos adaptados al nivel de riesgo individual, a cargo de profesionales que hayan recibido la formación adecuada. 

Las estrategias de salud pública destinadas a reducir la incidencia y la prevalencia de la obesidad a nivel poblacional deben basarse en la evidencia, en lugar de hipótesis no validadas, y deben evitar asociar la obesidad a una responsabilidad individual. Los prejuicios relacionados con el peso y la estigmatización resultante constituyen obstáculos adicionales para los esfuerzos de prevención y tratamiento eficaz de la obesidad.

A pesar de la diversidad de manifestaciones de la obesidad, sólidas pruebas genéticas, clínicas y experimentales confirman el importante papel de los circuitos cerebrales en esta patología. El hipotálamo contiene circuitos reguladores fundamentales de la homeostasis del peso, cuya desregulación puede provocar obesidad. Aunque una alteración funcional de las vías hipotalámicas puede estar en el origen de formas comunes de obesidad, el término “obesidad hipotalámica” se ha establecido para designar las formas raras de obesidad grave en las que se puede identificar un sustrato hipotalámico claro, de origen genético o adquirido.

Para comprender en profundidad la patogénesis, el cuadro clínico y los objetivos terapéuticos de la obesidad hipotalámica es fundamental conocer las bases fisiológicas de las vías hipotalámicas que regulan el control del peso corporal, los mecanismos – genéticos o adquiridos – que las alteran y las consecuencias de dicha alteración.

En esta revisión, los investigadores ofrecen una síntesis de la obesidad hipotalámica, desde los mecanismos fundamentales hasta las perspectivas clínicas, haciendo hincapié en los avances recientes y las nuevas vías para el diagnóstico y el tratamiento preciso de estas formas raras de obesidad.


Efectos cardiovasculares de una intervención intensiva sobre el estilo de vida en la diabetes tipo 2


El grupo de investigación Look AHEAD (Action for Health in Diabetes) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Brown, los Institutos Nacionales de Salud, la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, Baltimore et al, en un estudio publicado por The New England Journal of Medicine de julio 2013, demostraron que una intervención intensiva sobre el estilo de vida en adultos con diabetes tipo 2 con sobrepeso u obesidad no reduce la tasa de eventos cardiovasculares graves.

El estudio Look AHEAD es un importante ensayo clínico aleatorio que siguió durante 10 años a 5.145 pacientes de entre 45 y 76 años, con un IMC medio de 36,0 y diagnosticados de diabetes tipo 2.

Su objetivo era determinar si una intervención intensiva sobre el estilo de vida – pérdida de peso, dieta, actividad física – reducía los riesgos cardiovasculares en comparación con un grupo de control que recibía apoyo y educación sobre la diabetes.

Resultados clínicos. No se observaron diferencias significativas en el criterio de valoración principal: muerte cardiovascular, infarto de miocardio no mortal, accidente cerebrovascular no mortal u hospitalización por angina.

Resultados principales del estudio

Aunque no se alcanzó el objetivo primario (reducción de infartos y accidentes cerebro-vasculares), la intervención intensiva aportó mejoras notables:

* Beneficios metabólicos. Mejora sostenida del control glucémico, la presión arterial y el perfil lipídico.

* Salud general. Reducción de la apnea del sueño, las nefropatías y las retinopatías diabéticas, así como disminución de la depresión y la incontinencia urinaria.

* Calidad de vida. Mejora de la movilidad física, disminución de los dolores articulares (rodillas) y reducción de los costes sanitarios generales gracias a una menor dependencia de los medicamentos.

* Contexto. La tasa de eventos cardiovasculares en ambos grupos fue muy inferior a las previsiones iniciales, lo que sugiere un manejo médico eficaz de los factores de riesgo en la cohorte global.


Fisiología de la recuperación de peso tras una pérdida de peso: últimos hallazgos


Investigadores de NUTRIM (Institute of Nutrition and Translational Research in Metabolism) de la Universidad de Maastricht (Países Bajos), en un estudio publicado en Current Obesity Reports en marzo 2025, ponen de relieve la existencia de una “memoria de la obesidad” persistente a nivel inmunitario y epigenético.

Objetivo.
Esta revisión sintetiza las investigaciones más recientes sobre la fisiología de la recuperación de peso. Describe los avances en los ámbitos que se están estudiando actualmente y que podrían abrir perspectivas prometedoras para futuras investigaciones.

La recuperación del peso se produce independientemente del método utilizado para lograr la pérdida de peso previa – cambio de estilo de vida, cirugía o tratamiento farmacológico –. Los recientes descubrimientos sobre la recuperación del peso se dividen en cuatro ejes.

En primer lugar, la memoria inmunitaria de la obesidad: además de la persistencia de células inmunitarias que favorecen la recuperación del peso, se han identificado células capaces de reducirla.

En segundo lugar, la microbiota intestinal: un trasplante autólogo (originado del mismo organismo donante/receptor) puede limitar la recuperación de peso.

En tercer lugar, la composición de la pérdida de peso: el porcentaje de masa magra perdida es inversamente proporcional a la cantidad de peso recuperado, independientemente del método de pérdida de peso.

En cuarto lugar, la regulación del apetito: tras una pérdida de peso, persiste una actividad hipotalámica alterada, que favorece el hambre y la recuperación de peso, posiblemente a través de una modificación de las respuestas a la neurotensina : compuesta por trece aminoácidos, se encuentra en las neuronas del cerebro y en las células secretoras de nitrógeno del intestino.

Puntos clave de los hallazgos

Memoria inmunitaria.
Las modificaciones epigenéticas provocadas por la obesidad persisten en la médula ósea y el tejido adiposo tras la pérdida de peso, lo que mantiene una inflamación sistémica que facilita la recuperación del peso.

Persistencia biológica. Aproximadamente entre el 60% y el 75% de los cambios genéticos observados en los adipocitos durante la obesidad no se revierten por completo con la pérdida de peso, lo que crea una vulnerabilidad biológica duradera.

Implicaciones clínicas. Esta investigación explica por qué la regulación del peso es compleja: el cuerpo no vuelve simplemente a un estado metabólico “neutro” tras una dieta.

Incluso tras la pérdida de peso, el cuerpo conserva alteraciones en las células inmunitarias (especialmente los monocitos) y en el tejido adiposo que favorecen la recuperación del peso.

En los cuatro ámbitos estudiados, siguen siendo necesarias pruebas más concluyentes sobre su papel en la recuperación de peso. La mayoría de los estudios sobre los mecanismos fisiológicos de la recuperación de peso son de naturaleza asociativa y el número de estudios de intervención es muy limitado. Para avanzar en la investigación, son indispensables estudios de intervención rigurosamente diseñados, que tengan en cuenta el carácter dinámico de la pérdida y la recuperación de peso.


Redefinición de la cronología: un marco en tres fases de la micro-inflamación hipotalámica en las enfermedades metabólicas


Investigadores de la Universitat Internacional de Catalunya, en Sant Cugat del Vallès (España), en un estudio publicado en Reviews in Endocrine and Metabolic Disorders de octubre 2025, examinan la dinámica de la micro-inflamación hipotalámica, su impacto en la resistencia a la insulina cerebral y periférica, así como su papel en la alteración del equilibrio energético.

El hipotálamo desempeña un papel central en la regulación del equilibrio energético, y su disfunción contribuye de manera significativa al desarrollo de enfermedades metabólicas como la obesidad y la diabetes tipo 2. Aunque la inflamación periférica ha sido objeto de numerosos estudios, la inflamación hipotalámica, también denominada micro-inflamación hipotalámica, parece ser un evento temprano crucial en la patogénesis de estas enfermedades.

Esta respuesta inflamatoria localizada, moderada pero persistente, implica una interacción compleja entre diferentes tipos celulares, en particular la microglía, los astrocitos, las neuronas y los tanycitos, que presentan variaciones temporales y dinámicas. La micro-inflamación hipotalámica se desencadena por diversos factores de estrés metabólico, como las dietas ricas en grasas, el envejecimiento y la activación glial, y se produce incluso antes de que los tejidos periféricos muestren signos de inflamación.

En esta revisión, los investigadores proponen un marco conceptual que divide la progresión de la micro-inflamación hipotalámica en tres fases distintas:

* la chispa inicial, caracterizada por una señalización inflamatoria rápida;

* la transición adaptativa, en la que los mecanismos compensatorios intentan restablecer la homeostasis;

* la fase disfuncional, que conduce a una inflamación crónica y a una disfunción metabólica.

Comprender estos procesos es fundamental para identificar dianas (objetivos) terapéuticas y ventanas de intervención temprana con el fin de prevenir o revertir las enfermedades metabólicas.

A pesar de los avances significativos en la comprensión de la inflamación hipotalámica, siguen sin resolverse varias cuestiones cruciales, entre ellas los mecanismos precisos que originan esta respuesta, la cronología de los eventos moleculares y celulares, y la reversibilidad de las alteraciones tempranas.

Además, datos recientes sugieren que las diferencias relacionadas con el sexo influyen en la susceptibilidad y la progresión de la micro-inflamación hipotalámica, lo que complica aún más nuestra comprensión.


Los estrógenos sintetizados en el sistema nervioso central aumentan la expresión del MC4R y reducen la ingesta de alimentos


Un equipo japonés de las Universidades de salud de Fujita, Chiba y Fukuoka (Japón), en un estudio publicado por The FEBS Journal en febrero 2025, ha puesto recientemente de relieve el neuroestrógeno, una forma de estrógeno producida por el cerebro y que podría desempeñar un papel clave en el control del apetito.

El cerebro, un nuevo aliado en la lucha contra el aumento de peso. A diferencia de los estrógenos ”clásicos”, producidos por los ovarios, los neuroestrógenos se fabrican directamente en el cerebro, gracias a una enzima llamada aromatasa. Hasta hace poco, su papel en la regulación del peso era poco conocido.

Los investigadores han descubierto que estas hormonas cerebrales actúan sobre un receptor bien conocido en el ámbito del apetito: el MC4R, situado en el hipotálamo. En ratones privados de neuroestrógenos, observaron un fuerte aumento de la ingesta de alimentos, acompañado de un rápido aumento de peso.

Pero una vez restablecida la producción de neuroestrogénicos, los ratones comenzaron a comer menos, con una clara activación del receptor MC4R. Y lo que es mejor: su respuesta a la leptina, la hormona que indica la saciedad al cerebro, mejoró notablemente.

Los investigadores observaron que los ratones en los que se restablecieron los neuroestrogénicos respondían de forma más eficaz al tratamiento con leptina. Esto podría explicarse por el hecho de que los neuroestrogénicos refuerzan los mecanismos naturales de supresión del apetito.

Estos resultados sugieren que los neuroestrogénicos podrían actuar como un freno natural del hambre, una función que resulta especialmente interesante de explorar.

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Alimentos ultra-procesados: ¿qué efectos tienen sobre nuestra salud y cómo podemos reducir nuestra exposición a ellos?


Los alimentos ultraprocesados, que suelen ser demasiado azucarados, salados y calóricos, contienen además numerosos aditivos, aromas y otras sustancias derivadas de sus procesos de fabricación industrial. Sin embargo, cada vez hay más pruebas que relacionan su consumo con diversos problemas de salud.

¿Qué se entiende por “alimentos ultra-procesados”?

En la actualidad, en Francia se estima que, en promedio, entre el 30 % y el 35 % de las calorías que consumen a diario los adultos proceden de alimentos ultra-procesados. Esta proporción puede alcanzar el 60 % en el Reino Unido y en Estados Unidos. Si bien en los países occidentales las ventas de estos productos se han estabilizado – aunque a niveles elevados –, están experimentando un auténtico boom en los países de ingresos bajos y medios.

Como su nombre indica, los alimentos ultraprocesados son alimentos, o formulaciones derivadas de alimentos, que han sufrido transformaciones importantes durante su elaboración. Se fabrican de forma industrial, mediante una gran variedad de procesos – calentamiento a alta temperatura, hidrogenación, pre-tratamiento por fritura, hidrólisis, extrusión, etc. – que modifican radicalmente la matriz alimentaria de partida.

Extrusión alimentaria. Se trata de un proceso industrial que consiste en hacer pasar una mezcla de ingredientes a través de una matriz a alta presión y temperatura para cocinarla, transformarla y darle una forma específica. Esta técnica combina amasado, cizallamiento y compresión, lo que permite crear texturas variadas – expandidas, crujientes, lisas –. Es esencial para la fabricación en continuo de cereales, pastas, aperitivos, galletas y sustitutos de la carne.

Por otra parte, los alimentos ultra-procesados se caracterizan en su formulación por la presencia de “marcadores de ultra-procesamiento”, entre los que se encuentran los aditivos alimentarios destinados a mejorar su aspecto, sabor o textura con el fin de hacerlos más apetecibles y atractivos: colorantes, emulsionantes, edulcorantes, potenciadores del sabor, etc. En la actualidad, hay 330 aditivos alimentarios autorizados en Francia y en la Unión Europea.

Además, en la composición de los alimentos ultra-procesados también se incluyen ingredientes que no están sujetos a la normativa sobre aditivos alimentarios. Se trata, por ejemplo, de aromas, jarabes de glucosa o fructosa, aislados de proteínas, etc.

Debido a los procesos de transformación a los que se someten, estos alimentos también pueden contener compuestos denominados “neógenos”, que no estaban presentes inicialmente y algunos de los cuales pueden tener efectos sobre la salud.

Por último, los alimentos ultra-procesados suelen venderse en envases sofisticados, en los que a menudo permanecen conservados durante días, semanas o incluso meses. A veces también se calientan en el microondas directamente en sus bandejas de plástico. Por ello, son más propensos a contener sustancias procedentes de dichos envases.

Existen numerosos procesos y aditivos autorizados para modificar los alimentos. Ante la profusión de alimentos presentes en los estantes de las tiendas, ¿cómo saber si un alimento pertenece a la categoría de los “ultra-procesados”?

Una clasificación para indicar el nivel de transformación


Un buen punto de partida para saber, en la práctica, si un producto entra en la categoría de alimentos ultra-procesados es preguntarse si contiene únicamente ingredientes que se pueden encontrar tradicionalmente en la cocina. Si no es así, si contiene, por ejemplo, emulsionantes o aceites hidrogenados, etc., es muy probable que se trate de un alimento ultra-procesado.

En el grupo de los alimentos ultra-procesados se incluyen, por ejemplo, las gaseosas, ya sean azucaradas o edulcoradas; las verduras aderezadas con salsas que contienen aditivos alimentarios; las hamburguesas vegetales reconstituidas; los pasteles, dulces y barritas de chocolate con aditivos añadidos; los fideos instantáneos deshidratados; los yogures edulcorados…

Las salchichas y los jamones, que contienen nitritos, se clasifican como “alimentos ultra-procesados”, mientras que la carne simplemente conservada mediante salazón se considera “procesada”. Del mismo modo, las sopas líquidas en brick elaboradas únicamente con verduras, hierbas y especias se consideran “alimentos procesados”, mientras que las sopas deshidratadas, con adición de emulsionantes o aromas, se clasifican como “alimentos ultra-procesados”.

Compuestos denominados “neógenos”. Se trata de sustancias químicas que no están presentes inicialmente en una materia prima, pero que se forman durante su transformación. En el sector alimentario, aparecen principalmente como resultado de tratamientos térmicos – cocción, ahumado –, fermentaciones o procesos de conservación. Estas reacciones, como la reacción de Maillard o la oxidación de los lípidos, pueden generar compuestos con propiedades a veces tóxicas, cancerígenas o mutagénicas.

Alimentos que contienen más azúcar, más sal y más grasa

Los alimentos ultraprocesados son, en promedio, más pobres en fibra y vitaminas que otros alimentos, al tiempo que son más densos en energía y más ricos en sal, azúcar y ácidos grasos saturados. Además, se cree que incitan a comer más.

No obstante, hay que destacar que el hecho de pertenecer a la categoría de “alimentos ultra-procesados” no es sinónimo sistemáticamente de productos ricos en azúcares, ácidos grasos saturados y sal. De hecho, la calidad nutricional y el ultra-procesado/formulación son dos dimensiones complementarias, y no colineales.

No obstante, desde hace algunos años, un número creciente de trabajos de investigación ha revelado que los alimentos ultra-procesados tienen efectos nocivos para la salud que no están relacionados únicamente con su calidad nutricional.

Efectos sobre la salud demostrados y otros sospechosos

Los investigadores llevaron a cabo una revisión sistemática de la literatura científica sobre el tema. Esto les permitió identificar 104 estudios epidemiológicos prospectivos.

Este tipo de estudio consiste en constituir una cohorte de voluntarios cuyos hábitos alimentarios y estilo de vida se registran minuciosamente, y cuyo estado de salud se sigue a largo plazo. Algunos de los miembros de la cohorte desarrollan enfermedades, y otros no. Los datos recopilados permiten establecer vínculos entre su exposición alimentaria y el riesgo de desarrollar tal o cual patología, tras tener en cuenta los factores que pueden “confundir” estas asociaciones. Lo que los epidemiólogos denominan “factores de confusión”: tabaquismo, actividad física, consumo de alcohol, etc.

En total, 92 de los 104 estudios publicados observaron una asociación significativa entre la exposición a los alimentos ultra-procesados y los problemas de salud. Posteriormente, los 104 estudios prospectivos se incluyeron en un meta-análisis: es decir, un análisis estadístico de estos datos ya publicados, con el fin de realizar un resumen cuantitativo de dichas asociaciones.

Los resultados obtenidos indican que la mortalidad prematura por todas las causas fue el evento de salud asociado al consumo de alimentos procesados para el que la densidad de la evidencia fue mayor: una veintena de estudios incluidos en el meta-análisis. Es decir, las personas que consumían más alimentos ultra-procesados solían vivir menos tiempo que las demás, en igualdad de condiciones en cuanto a otros factores de riesgo.

Las pruebas también son sólidas en lo que respecta al aumento de la incidencia de varias patologías: enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes tipo 2 y depresión o síntomas depresivos.

El meta-análisis también sugería una asociación positiva entre el consumo de alimentos ultra-procesados y el riesgo de desarrollar una enfermedad inflamatoria crónica intestinal (cuatro estudios incluidos).

En lo que respecta a los cánceres, en particular el cáncer colorrectal, los indicios que apuntan a una posible correlación son más débiles. Será necesario realizar más estudios para confirmar o descartar esa relación.

Resultados coherentes con los trabajos experimentales

Más allá de estos estudios de cohortes, en los últimos años se han llevado a cabo diversos estudios denominados “intervencionistas”. Consisten en exponer a voluntarios a alimentos ultra-procesados y a un grupo de control a alimentos no procesados o poco procesados, con el fin de seguir la evolución de diferentes marcadores biológicos durante un periodo corto de dos o tres semanas, para no poner en peligro su salud.

Estos resultados sugieren que este tipo de alimentos sería perjudicial tanto para la salud cardio-metabólica como para la salud reproductiva. Por lo tanto, los alimentos ultra-procesados afectan a la salud, y lo hacen mucho antes de que se desarrollen enfermedades crónicas como la diabetes.

Otros estudios experimentales revelan que el consumo de ciertos emulsionantes, que también son marcadores de ultra-procesamiento, altera la microbiota. Esto va acompañado de inflamación crónica y se ha relacionado con el desarrollo de cánceres colorrectales en modelos animales.

Más allá del principio de precaución

Hoy en día, la situación es diferente. Los conocimientos acumulados gracias a las numerosas investigaciones llevadas a cabo en los últimos cinco años en todo el mundo han aportado pruebas suficientes para confirmar que el consumo de alimentos ultra-procesados plantea un verdadero problema de salud pública. Los indicios recopilados en estudios aún en curso sugieren también que ciertos colorantes y conservantes podrían resultar igualmente problemáticos.


Estamos expuestos a un gran número de sustancias. Sin embargo, faltan datos científicos sobre sus efectos, especialmente a largo plazo o cuando se mezclan. Además, no todo el mundo reacciona de la misma manera, ya que entran en juego factores individuales. Por lo tanto, es urgente que las autoridades públicas, basándose en los conocimientos científicos más recientes, aborden la cuestión de los alimentos ultra-procesados.

¿Qué medidas hay que tomar?

Como suele ocurrir en materia de nutrición y salud pública, es necesario actuar en dos frentes. En lo que respecta al consumidor, el quinto programa nacional francés de nutrición y salud, actualmente en fase de elaboración, debería reforzar aún más la recomendación de limitar el consumo de alimentos ultra-procesados.

También habrá que reforzar la educación alimentaria desde la más temprana edad, así como la formación de los docentes y los profesionales de la salud, para sensibilizar a la población sobre esta cuestión.

En materia de información al consumidor, el etiquetado de los alimentos desempeña un papel clave.

También es fundamental no hacer recaer todo el peso de la prevención sobre la elección de los consumidores. Se necesitan cambios estructurales en la oferta de nuestros sistemas alimentarios.

Una falta de transparencia perjudicial para los consumidores

En la actualidad, las dosis en las que los fabricantes utilizan los aditivos autorizados no son públicas. Cuando los científicos desean acceder a esta información, por lo general no tienen más remedio que realizar análisis cuantitativos en las matrices alimentarias que estudian.

El peso de los intereses económicos

La falta de transparencia no se limita a las etiquetas de los alimentos ultra-procesados. También es importante verificar que los expertos que trabajan en estos temas no tengan vínculos de intereses con la industria.

Los recientes descubrimientos científicos deben incitar a los poderes públicos a adoptar medidas que antepongan la salud de los consumidores a los intereses económicos. Se trata de una necesidad imperiosa, en un momento en que la epidemia de enfermedades crónicas relacionadas con la nutrición se agrava, destruye vidas y supone una carga cada vez mayor para los sistemas de salud.

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Una nueva perspectiva sobre un viejo problema

La obesidad no se debe a una falta de voluntad, a pesar del estigma social que la rodea. Tampoco se trata de un problema individual. La obesidad es una enfermedad compleja, profundamente arraigada en un cerebro adaptado a la supervivencia en épocas de escasez. Para tratarla, hay que adoptar un doble enfoque: promover estilos de vida saludables y, cuando sea necesario, recurrir a terapias que actúen sobre los circuitos cerebrales que regulan el peso.


Durante mucho tiempo incomprendida, la relación entre las hormonas cerebrales y el aumento de peso 
está empezando a salir a la luz gracias a la ciencia, y esto podría ayudar a millones de personas. 
Comprender cómo funciona – y cómo falla – el hipotálamo será esencial para frenar esta pandemia 
silenciosa del siglo XXI. Y es ahí, en el cerebro, donde se libra la batalla científica más prometedora.




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