julio 31, 2026

El Sedentarismo Afecta las Funciones Cognitivas



El sedentarismo se asocia al declive cerebral, incluso si se hace ejercicio


El sedentarismo se caracteriza por pasar periodos prolongados sentado o acostado mientras se está despierto, lo que conlleva un gasto energético muy bajo. A diferencia de la inactividad física – que se refiere al incumplimiento de las recomendaciones diarias de actividad física –, una persona puede considerarse sedentaria incluso si realiza actividad física de forma regular.

Comportamiento sedentario

El comportamiento sedentario hace referencia a las actividades que realizamos estando sentados o acostados y que nos hacen gastar muy poca energía, como ver la televisión, usar una computadora o una tableta, o desplazarnos en autobús, en auto o en tren.

El comportamiento sedentario no solo se refiere a la falta de actividad física, sino que, de hecho, es un factor de riesgo para varias enfermedades crónicas, como las cardiopatías, la diabetes y el cáncer, incluso aunque se haga ejercicio.

Principales comportamientos sedentarios

* Trabajo de oficina, uso de computadoras.
* Ver la televisión o las pantallas.
* Transporte motorizado.
* Leer o descansar sentado o acostado.

Riesgos para la salud

*
 Enfermedades crónicas. Aumento del riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.

* Repercusiones físicas. Aumento de peso, fatiga crónica, dolores musculares y articulares.

* Mortalidad. Pasar más de 7-8 horas al día sentado aumenta el riesgo de mortalidad prematura.

Activo pero sedentario: un peligro invisible para su salud y sus capacidades cognitivas

Luchar contra el sedentarismo, que no debe confundirse con la inactividad física, es un reto crucial para la salud pública a cualquier edad. De hecho, permanecer sentado o acostado durante demasiado tiempo a lo largo del día aumenta el riesgo de padecer enfermedades crónicas y también puede afectar a las capacidades cognitivas. Existen métodos adaptados a los distintos públicos – estudiantes, trabajadores…– para romper con los malos hábitos.

No hay que confundir el sedentarismo con la inactividad física

Actividad física. Cualquier actividad en la que una parte importante de nuestro cuerpo esté en movimiento.

Sedentarismo. Todos los momentos en los que estamos sentados o acostados – excepto cuando dormimos – y en los que gastamos muy poca energía.

Es importante diferenciar el sedentarismo, que consiste en estar sentado o acostado durante el día, de la inactividad física, que es el hecho de no cumplir las recomendaciones de actividad física formuladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estas recomendaciones son, para un adulto de entre 18 y 65 años, de 150 a 300 minutos de actividad física de intensidad moderada a la semana, con la incorporación de ejercicios de fortalecimiento muscular y de equilibrio de 2 a 3 veces por semana para los mayores de 65 años.

Así, una persona puede considerarse activa pero sedentaria. Cumple las recomendaciones en materia de actividad física, pero permanece sentada más de 7 horas al día de forma habitual.

Los efectos nocivos del sedentarismo sobre la salud fisiológica

Hoy en día está ampliamente demostrado que el sedentarismo tiene efectos nocivos sobre la salud fisiológica. Se habla entonces de un aumento de la glucemia – el nivel de azúcar en sangre – y de un incremento de los trastornos musculoesqueléticos, lo que a largo plazo conlleva un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas (diabetes tipo 2, cánceres, ictus, dolor de espalda, etc.).

En efecto, nuestro cuerpo apenas ha evolucionado desde la época de nuestros ancestros cazadores-recolectores. Está adaptado para moverse con regularidad y sufre cuando no lo activamos.

Las autoridades sanitarias consideran que pasar más de ocho horas al día sentado o acostado constituye un comportamiento sedentario y potencialmente perjudicial para la salud. Por el contrario, limitar el tiempo de sedentarismo a cuatro horas o menos al día reduce en un 32% el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular.

Los efectos nocivos del sedentarismo sobre la salud psico-cognitiva

Más allá de los efectos, hoy en día bien conocidos, sobre las capacidades fisiológicas y las enfermedades crónicas, el sedentarismo también puede tener efectos perjudiciales sobre nuestras capacidades psico-cognitivas, y esto en todas las etapas de la vida. A nivel psicológico, se habla de un aumento del riesgo de ansiedad y depresión.

En cuanto al aspecto cognitivo, un reciente estudio francés destaca que la capacidad para inhibir un movimiento depende de la edad, pero también del grado de sedentarismo. 78 personas, de entre 18 y 88 años, realizaron una prueba en computadora para determinar su capacidad de detener una acción que ya se había iniciado, como si tuvieran que dejar de cruzar la calle porque se acercaba un vehículo a demasiada velocidad, a pesar de que el semáforo para peatones se había puesto en verde.

La inhibición es esencial para la cognición, ya que nos permite resistir a las distracciones y los impulsos automáticos para concentrarnos, pensar y tomar decisiones acertadas. Las investigaciones han demostrado que la capacidad de inhibir el movimiento disminuye con la edad, especialmente con el sedentarismo. Por lo tanto, cuanto más tiempo pasa una persona sentada o acostada durante el día, menor es su capacidad para inhibir sus movimientos.

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El comportamiento sedentario y la salud cerebral: una preocupación creciente


Investigadores del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt y la Universidad de Pittsburgh (EE. UU.) en un estudio, publicado por Alzheimer’s & Dementia en mayo 2025, proporcionan algunas de las pruebas más sólidas hasta la fecha de que estar sentado durante mucho tiempo puede provocar cambios físicos en el cerebro y acelerar el deterioro mental.

Este estudio forma parte del proyecto Vanderbilt sobre la memoria y el envejecimiento, una amplia iniciativa longitudinal que analiza la evolución de la salud cerebral en las personas mayores.

Aunque la edad y la genética siguen siendo factores de riesgo clave, cada vez hay más pruebas que sugieren que los hábitos cotidianos pueden desempeñar un papel importante en la salud cerebral. Entre ellos, el sedentarismo, definido como el tiempo que se pasa sentado acostado mientras se está despierto, se ha convertido en una amenaza silenciosa.

Este estudio longitudinal ha revelado que permanecer sentado durante largos periodos de tiempo, incluso en personas que hacen ejercicio a diario, puede reducir el tamaño de áreas del cerebro relacionadas con la memoria y aumentar el riesgo de deterioro cognitivo, especialmente en adultos mayores de 50 años.

Los investigadores descubrieron que el efecto era más pronunciado en personas con predisposición genética a la enfermedad de Alzheimer, lo que subraya la importancia de reducir el sedentarismo como estrategia preventiva para el envejecimiento cerebral.

El costo oculto de estar demasiado tiempo sentado

Participaron un total de 404 adultos de 50 años o más. Cada participante llevó un reloj de actigrafía durante una semana completa, lo que permitió a los investigadores medir con precisión el tiempo que pasaban sedentarios. Durante un periodo de siete años, los participantes también se sometieron a pruebas neuro-psicológicas y a resonancias magnéticas cerebrales de 3 Teslas, lo que proporcionó a los investigadores datos sobre el rendimiento cognitivo y los cambios estructurales en el cerebro.

El estudio se centró en las áreas del cerebro más vulnerables a la enfermedad de Alzheimer, incluido el hipocampo, que desempeña un papel fundamental en la formación de la memoria. Los investigadores hicieron un seguimiento de la reducción de estas áreas y la relacionaron con el tiempo que pasaban sentados.

Conclusiones

Según informaron los investigadores, los mecanismos que subyacen a los efectos negativos de un mayor sedentarismo pueden estar actuando independientemente de los mecanismos que subyacen a los efectos positivos de la actividad física, y tal vez la actividad física no atenúa todos los efectos nocivos del sedentarismo. Este hallazgo concuerda con otros estudios que sugieren el impacto independiente y adverso del aumento del sedentarismo en los resultados de salud.

Observaron que un mayor sedentarismo se asociaba con un empeoramiento de la neuro-degeneración y cognición, tanto de forma transversal como longitudinal, a pesar de los altos niveles de actividad física de la cohorte. Estos hallazgos son especialmente importantes en el contexto del envejecimiento, ya que las limitaciones de movilidad y el aumento del tiempo sedentario son mayores en las personas mayores.

Este estudio también aporta información novedosa y preliminar para comprender cómo el sedentarismo puede interactuar con el riesgo genético de padecer Alzheimer. Desde un enfoque de medicina personalizada, los profesionales sanitarios podrían considerar la posibilidad de evaluar no solo el régimen de ejercicio de los pacientes, sino también el tiempo que pasan sentados a lo largo del día, y recomendar una reducción de dicho comportamiento sedentario, además de aumentar la actividad física diaria.

Estos hallazgos son importantes para la salud pública, la investigación y la vida cotidiana

Las implicaciones de este estudio van mucho más allá del laboratorio. A medida que aumenta la esperanza de vida y se incrementan los casos de Alzheimer, comprender cómo los hábitos diarios afectan a la salud cerebral se está convirtiendo en una necesidad cada vez más urgente.

En el ámbito científico, los hallazgos respaldan el consenso cada vez mayor de que el sedentarismo es un factor de riesgo independiente para el deterioro cognitivo. Estos resultados animan a los investigadores a incluir el tiempo que se pasa sentado como variable clave en los estudios sobre el envejecimiento y la función cerebral.

En medicina
, esta investigación destaca la necesidad de ir más allá de las rutinas de ejercicio y tener en cuenta el tiempo total que los pacientes pasan sentados en sus evaluaciones. Reducir el tiempo que se pasa sentado podría convertirse en una estrategia valiosa y económica para preservar la salud cognitiva, especialmente en las personas mayores.

En el ámbito educativo y laboral, el estudio refuerza los beneficios de añadir más movimiento a las rutinas diarias. Esto incluye medidas sencillas como utilizar escritorios de pie, fomentar las reuniones caminando o incorporar breves pausas para realizar actividades en las aulas y oficinas.

Para la sociedad en general, el mensaje clave es claro: mantener la salud cerebral no consiste solo en hacer ejercicio de forma regular, sino en mantenerse activo durante todo el día. Animar a las personas, especialmente a las mayores de 50 años, a interrumpir los periodos prolongados de sedentarismo puede ayudar a retrasar el envejecimiento cognitivo y aliviar la creciente carga que suponen las enfermedades neuro-degenerativas.

Este estudio de la Universidad de Vanderbilt y la Universidad de Pittsburgh transmite un mensaje claro: el tiempo que se pasa sentado es tan importante como la frecuencia con la que se mueve. Especialmente para los adultos mayores de 50 años, y en particular para aquellos con predisposición genética al Alzheimer, reducir el tiempo que se pasa sentado no es opcional, es esencial.

En resumen, este estudio contribuye a nuestra comprensión de cómo un mayor comportamiento sedentario se asocia con la neuro-degeneración y los cambios cognitivos relacionados con la enfermedad de Alzheimer.


El cerebro en pausa: cómo el sedentarismo afecta al control inhibitorio a lo largo de toda la vida


Investigadores de la Universidad de Lyon 1 (Francia), en un estudio publicado por Peer Community Journal en octubre 2025, revelan que el tiempo que se pasa sentado, más que la falta de actividad física, es el principal factor predictivo del deterioro del control inhibitorio entre los 18 y los 88 años. Este sedentarismo perjudica directamente las funciones cognitivas de forma continua a lo largo de toda la vida.

El control inhibitorio, un indicador importante de la autonomía en la vida cotidiana, se deteriora con la edad. Sin embargo, aún queda por esclarecer el papel que desempeñan el nivel de actividad física y el sedentarismo en el deterioro progresivo de esta función cognitivo-motora. En este estudio, los investigadores examinaron la asociación entre el control inhibitorio y tres predictores: la edad, la actividad física y el sedentarismo, mediante regresiones múltiples.

Setenta y ocho personas, con edades comprendidas entre los 18 y los 88 años, realizaron las tareas “Go-No-Go” “Stop-Signal” con el fin de evaluar, respectivamente, el control de los impulsos motores y la inhibición reactiva. Los investigadores midieron los niveles de sedentarismo (SB) y de actividad física (PA) durante cuatro días consecutivos mediante acelerómetros.

El resultado principal es que el sedentarismo, pero no la actividad física, predice la inhibición reactiva, de forma similar a la edad. En otras palabras, una persona de edad muy avanzada con un bajo nivel de sedentarismo sería más propensa a interrumpir una acción que una persona más joven con un mayor nivel de sedentarismo. Los datos sugieren que alcanzar el nivel de actividad física recomendado no permite necesariamente atenuar la asociación entre una función inhibitoria deficiente y un alto nivel de sedentarismo.

Aún más interesante es que los efectos nocivos del sedentarismo no se veían contrarrestados por el nivel de actividad física. En otras palabras, aunque una persona activa cumpliera las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud realizando más de 150 minutos de actividad física moderada a la semana, el hecho de ser sedentaria podría reducir su capacidad de inhibición, independientemente de su edad. En este estudio, las personas de 80 años que no llevaban una vida sedentaria obtuvieron mejores puntuaciones en las pruebas de inhibición que los jóvenes de 20 años con un comportamiento sedentario.

En cuanto al sedentarismo entre los jóvenes y, más concretamente, entre los estudiantes, estos pasan, en promedio, ocho horas al día sentados o acostados. Son más sedentarios los días de clase que los días de descanso. Estos comportamientos se acentúan en función del curso académico.

Por lo tanto, es fundamental encontrar soluciones adaptadas a cada público para reducir el índice de sedentarismo.


Comportamiento sedentario y salud cerebral a lo largo de toda la vida


Un equipo de investigadores de la Universidad de Shenzhen (China), la Universidad de Potsdam (Alemania), la Universidad de Rennes (Francia), la Universidad del Sur de California (EE. UU.) et al, en un estudio publicado en Trends in Cognitive Sciences en abril 2024, relaciona el sedentarismo con un deterioro de la salud cerebral, en particular mediante una disminución del rendimiento cognitivo y un aumento del riesgo de demencia.

El estudio analiza el impacto del sedentarismo en la estructura y el funcionamiento del cerebro a lo largo de toda la vida, y destaca que dicho impacto varía en función de si la actividad es cognitivamente activa o pasiva. Subraya que los comportamientos sedentarios pasivos, como ver la televisión, son más perjudiciales que las actividades sedentarias activas, y recomienda realizar pausas periódicas para proteger el cerebro.

Está demostrado que unos niveles elevados de actividad física tienen efectos beneficiosos para la salud cerebral a lo largo de toda la vida. Sin embargo, el papel del sedentarismo no se conoce tan bien.

En esta revisión, los investigadores resumen y analizan la evidencia relativa al impacto del sedentarismo en la salud cerebral, en particular en el rendimiento cognitivo, las medidas estructurales y funcionales del cerebro y el riesgo de demencia, para diferentes grupos de edad.

Comparan de forma crítica los métodos de evaluación del sedentarismo y ofrecen perspectivas sobre las nuevas posibilidades de evaluar el sedentarismo gracias a las tecnologías digitales.

A lo largo de toda la vida, ciertas características del sedentarismo – en particular, su carácter cognitivo activo o pasivo – pueden moderar las relaciones entre el sedentarismo y determinados indicadores de salud cerebral.

Los investigadores destacan que, a pesar de los resultados dispares, interrumpir los periodos prolongados de estar sentado con pausas activas puede mitigar los efectos nocivos sobre el cerebro.

Destacan los retos y las perspectivas de futuras investigaciones destinadas a aportar datos empíricos más sólidos sobre estas observaciones. El tipo de sedentarismo —por ejemplo, el sedentarismo cognitivamente activo o el sedentarismo cognitivamente pasivo — parece estar relacionado de forma diferente con la salud cerebral, pero se necesitan más estudios que tengan en cuenta las relaciones dosis-respuesta y el contexto para confirmar esta relación.

Los estudios futuros deberían utilizar enfoques innovadores para analizar el sedentarismo dentro del ciclo de actividad de 24 horas en contextos de la vida cotidiana ecológicamente válidos, evaluar las características y el contexto del sedentarismo y tener en cuenta diferentes niveles de análisis, con el fin de llegar a conclusiones sólidas sobre las relaciones entre el sedentarismo y la salud cerebral.


Impacto del sedentarismo laboral en la salud mental: una revisión sistemática y un meta-análisis



Un equipo de investigadores de la Universidad de Clermont Auvergne, la Universidad Lumière-Lyon 2 (Francia), la Universidad de Isfahán (Irán) y la Universidad Bautista de Hong Kong, en un estudio publicado por Plos One en agosto 2025, se propuso identificar y sintetizar de forma sistemática la bibliografía que examina la relación entre el sedentarismo en el trabajo y la salud mental.

A pesar de los numerosos meta-análisis sobre los efectos del sedentarismo durante el tiempo libre, el impacto del sedentarismo en el trabajo sobre la salud mental sigue siendo muy controvertido.

Se consultaron las bases de datos PubMed, Embase, Cochrane y Psycinfo para identificar los artículos que informaban sobre los riesgos para la salud mental relacionados con el sedentarismo laboral.

Los investigadores llevaron a cabo una meta-regresión sobre los posibles factores de influencia. Asimismo, realizaron un meta-análisis de efectos aleatorios en el que se incluyeron todos los riesgos y los niveles intermedios y graves de trastornos mentales, seguido de un análisis de sensibilidad sobre los trastornos mentales graves, utilizando:

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 todos los riesgos, y a continuación
* los riesgos más bajos totalmente ajustados,
* los riesgos más bajos brutos o menos ajustados (modelos pesimistas),
* los riesgos más altos totalmente ajustados y
* los riesgos más altos brutos o menos ajustados (modelos optimistas).

El meta-análisis principal, que abarca a más de 40.000 trabajadores, establece una correlación directa entre la exposición al sedentarismo laboral y el deterioro de los indicadores de salud mental. Los datos muestran un aumento medio del 34% en el riesgo de trastornos mentales en general. La edad podría ser un factor de mayor riesgo de trastornos mentales en caso de exposición al sedentarismo laboral, mientras que un nivel educativo elevado reduciría dicho riesgo.

Un análisis por segmentos revela cifras alarmantes para los responsables de la toma de decisiones:

Depresión:
el riesgo de presentar síntomas depresivos aumenta un 44% entre los trabajadores más sedentarios.
Ansiedad: se observa un espectacular aumento del 83% en los riesgos, una cifra que repercute directamente en el absentismo y en la fluidez operativa.
Malestar psicológico: se observa un aumento significativo del estrés percibido y del cansancio emocional.
Burnout (agotamiento): los datos indican una tendencia emergente con un riesgo multiplicado por 2,49. Aunque este punto concreto aún requiere estudios complementarios para alcanzar una certeza estadística absoluta, constituye una señal débil que los responsables de la prevención ya no pueden ignorar.

Conclusión. El meta-análisis muestra que el sedentarismo en el trabajo aumenta el riesgo de trastornos de salud mental. La heterogeneidad de los resultados no ha permitido extraer conclusiones definitivas sobre las variables que podrían influir en mayor medida en este riesgo.


Comportamientos sedentarios y riesgo de depresión: un meta-análisis de estudios prospectivos


Investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong (Hubei, China), en un estudio publicado por Translational Psychiatry en enero 2020, llevaron a cabo un meta-análisis de estudios prospectivos con el fin de identificar el impacto del sedentarismo en el riesgo de depresión.

Los datos epidemiológicos sobre la asociación entre el sedentarismo y el riesgo de depresión son contradictorios. Los investigadores llevaron a cabo una búsqueda sistemática en las bases de datos PubMed y Embase hasta junio de 2019 para recopilar estudios de cohortes prospectivos que analizaran la relación entre el sedentarismo y el riesgo de depresión.

Los riesgos relativos (RR) combinados y sus intervalos de confianza (IC) del 95% se calcularon mediante un meta-análisis de efectos aleatorios. También se realizaron análisis de meta-regresión, análisis de subgrupos y análisis de sensibilidad con el fin de explorar las posibles fuentes de heterogeneidad.

Se han identificado doce estudios prospectivos, en los que participaron 128.553 personas. Se observó una asociación positiva significativa entre el sedentarismo y el riesgo de depresión.

Los análisis de subgrupos revelaron que ver la televisión se asociaba positivamente con el riesgo de depresión, a diferencia del uso de la computadora. Los comportamientos sedentarios mentalmente pasivos podrían aumentar el riesgo de depresión, mientras que el efecto de los comportamientos sedentarios mentalmente activos no fue significativo.

Los comportamientos sedentarios se asociaron positivamente con la depresión diagnosticada clínicamente, mientras que estas asociaciones no fueron estadísticamente significativas cuando la depresión se evaluó mediante la escala CES-D y la prueba de detección Prime-MD.

Este estudio sugiere que los comportamientos sedentarios mentalmente pasivos, como ver la televisión, podrían aumentar el riesgo de depresión. Las intervenciones destinadas a reducir estos comportamientos sedentarios podrían contribuir a prevenir la depresión.
 
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La lucha contra el sedentarismo es la nueva clave para la salud mental en la empresa


En el panorama económico actual, marcado por una transición masiva hacia los servicios y la digitalización, el puesto de trabajo se ha convertido, paradójicamente, en uno de los principales factores que contribuyen al deterioro de la salud pública. De los datos clínicos surge una amenaza más invisible, pero igualmente costosa: el sedentarismo crónico.

“La paradoja del sedentarismo”. A diferencia del sedentarismo en el tiempo libre (como ver la televisión), el sedentarismo en la oficina suele ser “mentalmente activo” (reuniones, análisis complejos). Aunque esta actividad cognitiva pueda parecer protectora a primera vista, en realidad es engañosa. Esta carga mental, al carecer de micro-pausas de movimiento, satura las capacidades de regulación del estrés. La ciencia moderna demuestra que la inmovilidad en el trabajo es un estrés fisiológico silencioso pero devastador.

El cerebro necesita movimiento

Para desestigmatizar los trastornos mentales en el ámbito laboral, es fundamental explicar que el agotamiento no es un defecto de carácter, sino una consecuencia biológica.

Desde el punto de vista fisiológico, la actividad muscular estimula la liberación de neurotransmisores esenciales: la serotonina —reguladora del estado de ánimo—, la dopamina —motor de la motivación— y las endorfinas —ansiolíticos naturales—. Por el contrario, la inmovilidad prolongada actúa como un estrés fisiológico constante que satura el sistema nervioso parasimpático.

Cada empleado tiene un umbral de tolerancia. Una persona con una baja vulnerabilidad genética puede hundirse si el estrés sedentario es demasiado intenso. Incluso el individuo más resiliente, si se ve privado de movimiento y expuesto a un estrés ambiental constante, acabará desarrollando síntomas psicóticos o depresivos. Al fomentar el movimiento, se optimiza la oxigenación cerebral y la neuroplasticidad, lo que aumenta el “«colchón de resiliencia” de los equipos frente a las exigencias de productividad.

Las intervenciones “cuerpo-mente”

Las intervenciones cuerpo-mente (Mind-Body Exercises, MBE) son protocolos de salud estructurados. Estas prácticas resultan especialmente eficaces para las personas sedentarias, ya que tienden a salvar la brecha entre el esfuerzo físico y la regulación emocional.

El ejercicio de intensidad baja a moderada suele ser más eficaz contra la depresión que el entrenamiento intensivo. El deporte de alta intensidad puede, en el caso de algunos empleados que ya están estresados, exacerbar las respuestas biológicas al estrés. Por lo tanto, para lograr un impacto máximo en la salud mental, resulta más estratégico promover el yoga o la marcha activa en lugar de limitarse a fomentar agotadoras sesiones de crossfit entre las doce y las dos de la tarde.

Estrategias de intervención a varios niveles: del individuo a la organización

El nivel físico e individual. La instalación de escritorios regulables en altura para alternar las posturas de trabajo es una medida fundamental. Muchos empleados temen que se les perciba como si «no estuvieran trabajando» si están de pie. El papel del responsable es, en este caso, legitimar el movimiento como un acto de profesionalidad.

El nivel social y organizativo. Las «pausas activas» de unos minutos mejoran de forma inmediata las funciones ejecutivas y la atención. Estas pausas deben institucionalizarse. Para iniciar esta transformación cultural, son indispensables herramientas de inteligencia colectiva como “La Fresque du Mouvement”. Permiten sensibilizar a los equipos no mediante la obligación, sino a través de la comprensión de los retos fisiológicos, creando así una adhesión duradera.

La Fresque du Mouvement.
Se trata de talleres inmersivos para comprender los efectos del sedentarismo y la inactividad física.

Conclusión

La lucha contra el sedentarismo es la nueva frontera de la salud laboral. A las puertas de 2026, las empresas que prosperarán serán aquellas que hayan comprendido que el capital humano no es un recurso estático, sino un ecosistema biológico que necesita movimiento para mantenerse creativo y comprometido.

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Directrices de la OMS sobre la actividad física y el sedentarismo

La actividad física es buena para el corazón, el cuerpo y la mente. La práctica regular de actividad física puede prevenir y ayudar a controlar las enfermedades cardíacas, la diabetes tipo 2 y el cáncer, responsables de casi tres cuartas partes de las muertes en todo el mundo. La actividad física también puede reducir los síntomas de la depresión y la ansiedad, y mejorar el pensamiento, el aprendizaje y el bienestar general.

Cualquier cantidad de actividad física es mejor que ninguna, y cuanto más, mejor. En aras de la salud y el bienestar, la OMS recomienda que los adultos realicen al menos entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica de intensidad moderada a la semana, o el tiempo equivalente de actividad de intensidad moderada; y que los niños y adolescentes realicen una media de 60 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada al día.

Cualquier actividad física cuenta. La actividad física puede realizarse en el trabajo, al desplazarse (a pie, en patines o en bicicleta), como deporte o actividad de ocio, o incluso en el marco de las tareas domésticas y cotidianas.

El fortalecimiento muscular es beneficioso para todos. Las personas mayores (de 65 años o más) deberían incorporar actividades físicas que hagan hincapié en el equilibrio y la coordinación, así como ejercicios de fortalecimiento muscular, para ayudar a prevenir las caídas y mejorar su salud.

El sedentarismo excesivo puede ser perjudicial para la salud. Puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, cáncer y diabetes tipo 2. Reducir el sedentarismo y mantenerse activo es bueno para la salud.

A todo el mundo le conviene ser más activo y menos sedentario. Esto incluye a las mujeres embarazadas y en el posparto, así como a las personas que padecen una enfermedad crónica o una discapacidad.

Combatir el sedentarismo


Con el fin de luchar contra las enfermedades crónicas, en los últimos años se ha hecho hincapié en el cumplimiento de las recomendaciones en materia de actividad física. Aunque hay que tener presente que un estilo de vida activo es indisociable de una buena salud física y mental, es importante centrar también la atención en el sedentarismo, que es un mal algo más insidioso. No se nos ocurre directamente que estar sentados en la silla todo el día en el trabajo sea perjudicial para nuestra salud, aunque practiquemos deporte de vez en cuando.

Cómo reducir el sedentarismo

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 Moverse entre 1 y 3 minutos cada 30 y 60 minutos.

* Incorporar 150 minutos de actividad física moderada a la semana, aunque esto no compense totalmente los efectos de un sedentarismo extremo.

* Limitar los largos periodos de estar sentado, sobre todo en el trabajo, es una rutina que hay que adoptar a diario.

*
 Fomentar los puestos de trabajo que permitan alternar entre estar sentado y de pie.

* Las pausas activas tendrían efectos beneficiosos sobre la eficiencia y la fatiga en el trabajo.

* El uso de puestos de trabajo “activos” sería una alternativa eficaz y bien aceptada por los estudiantes en clase.

* Durante el tiempo libre, limitar el tiempo frente a la pantalla es imprescindible tanto para los jóvenes como para los adultos con el fin de reducir los comportamientos sedentarios.


El sedentarismo no es una fatalidad. Existen métodos sencillos y eficaces para romper con los malos hábitos. 
La educación y la actividad física a lo largo de toda la vida siguen siendo un reto importante para la salud pública. 
Animar a las personas, especialmente a las mayores de 50 años, a romper con los largos periodos de sedentarismo puede 
contribuir a retrasar el envejecimiento cognitivo y a aliviar la creciente carga que suponen las enfermedades neuro-degenerativas.




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junio 30, 2026

Escribir a Mano y Hacer Pausas Ayuda a Memorizar



Escribir a mano fortalece las conexiones neuronales, 
facilitando el almacenamiento de información en la memoria a largo plazo


El cerebro tiene sus propias reglas, al igual que nuestra forma de aprender y memorizar. Las redes neuronales se activan más cuando escribimos a mano que cuando tecleamos, y las pausas reales ayudan a consolidar los conocimientos.

Miles de personas utilizan ahora comandos de voz en sus dispositivos inteligentes para hacer sus listas de compras. Y a menudo escribimos en teclados o dictamos recordatorios de calendario en nuestros teléfonos inteligentes en lugar de escribirlos en un calendario de pared. En resumen, en todo el mundo y en una amplia variedad de entornos, las personas  utilizan principalmente dispositivos digitales para registrar las cosas que desean recordar.

Tomar apuntes con el teclado en lugar de a mano es mucho más rápido. Hace tiempo que los estudiantes optaron por esta forma de tomar apuntes en clase. También en las aulas, las pantallas están sustituyendo poco a poco al papel y los bolígrafos.

Escribir a mano y hacer pausas son estrategias altamente efectivas para mejorar la memoria. Escribir a mano activa más áreas cerebrales y fomenta una codificación profunda de la información, a diferencia de teclear. Por su parte, las pausas permiten al cerebro consolidar lo aprendido, reforzando la memorización a largo plazo.

Diferentes recuerdos en uno solo

Para que las palabras cobren todo su sentido y se conviertan en ideas o conceptos duraderos, primero deben atravesar el frágil y efímero espacio de la memoria operativa, también llamada memoria a corto plazo, encargada de mantener la información activa mientras el cerebro la procesa. Pero eso no basta.

Para que lo que se retiene se estabilice, la información debe almacenarse en un tipo de memoria semántica, afectiva, espacial o temporal. Recordar unas vacaciones implica una memoria episódica, teñida de emoción y de lugar; en cambio, saber que la capital de España es Madrid remite a una memoria semántica, desprovista de contexto personal.

¿A mano o con el teclado?

Hoy en día es difícil encontrar un ámbito en el que el teclado no haya sustituido casi por completo a la tinta o al grafito. Sin embargo, conviene recordar que la escritura a mano sigue siendo una herramienta poderosa para el desarrollo cognitivo: escribir a mano activa una red más amplia de regiones cerebrales – motoras, sensoriales, afectivas y cognitivas – que la escritura a máquina. Esta última, más eficaz en términos de velocidad, exige menos recursos neuronales y favorece una participación pasiva de la memoria de trabajo.

Por el contrario, el uso activo de la memoria a corto plazo – con la ayuda de herramientas no digitales – resulta más beneficioso tanto en el aula como en contextos clínicos relacionados con el deterioro cognitivo.

Las pausas son necesarias

El ritmo y las pausas también son determinantes en este proceso de paso de la memoria de trabajo a la memoria a largo plazo. Las pausas activas, esos breves momentos en los que interrumpimos nuestro estudio para estirarnos, caminar o contemplar algo sin un objetivo inmediato, permiten al cerebro reorganizar lo aprendido y consolidarlo de forma más sólida.

Sin embargo, hoy en día, estas pausas suelen asociarse a actividades que implican el uso de pantallas: teléfonos móviles, televisión, tabletas. Si pudiéramos hacer una comparación con el ejercicio físico, podríamos imaginarnos en un gimnasio corriendo a 12 km/h durante las pausas entre series.

Algo muy similar ocurre cuando utilizamos nuestras pausas para ver vídeos cortos, leer titulares o navegar sin rumbo fijo por las redes sociales: la mente no descansa, no consolida, y la atención se fragmenta.

El trabajo durante el sueño

Las neurociencias también destacan el papel crucial del sueño en la consolidación de la memoria. Durante el sueño de ondas lentas, el cerebro entra en un estado de sincronización neuronal caracterizado por el predominio de las ondas delta (0,5-4 Hz), que favorecen la reactivación de las huellas mnésicas – huellas que permanecen en la mente tras una experiencia y que sirven de base para la memoria y la capacidad de recordar.

Estas oscilaciones lentas crean un entorno con escasa interferencia sensorial que facilita el diálogo entre el hipocampo y el neocórtex. Se ha observado, en particular, que las ondas theta (4-8 Hz), más frecuentes durante la fase REM (Rapid Eye Movement) y también presentes en las fases NREM (Non-Rapid Eye Movement) ligeras, intervienen en esta transferencia. Más concretamente, permiten el paso de los recuerdos desde su almacenamiento temporal en el hipocampo hacia las regiones corticales de almacenamiento a largo plazo.

Del mismo modo, los husos del sueño, breves patrones de actividad cerebral que se producen durante el sueño ligero y que son generados principalmente por el tálamo, se asocian con el fortalecimiento de las conexiones neuronales pertinentes.

Diversos estudios que utilizan la polisomnografía y la neuroimagen han demostrado correlaciones entre la densidad de estos husos del sueño y el rendimiento en tareas de memoria episódica. Se ha sugerido que estas oscilaciones actúan como una especie de “marcador de relevancia” que selecciona la información que merece ser consolidada.

Así, durante el sueño, el cerebro lleva a cabo automáticamente un proceso de reorganización y fortalecimiento de la memoria. Da prioridad a lo que es significativo y elimina lo que no lo es. No es casualidad que, al despertar, una melodía o una frase aparentemente insignificante nos venga a la mente sin esfuerzo: son los ecos de ese minucioso trabajo nocturno que escribe la memoria.

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La creciente adopción de dispositivos digitales en detrimento de la escritura tradicional plantea interrogantes sobre sus efectos neurocognitivos. La escritura a mano implica mecanismos psicomotores y neurológicos complejos que son importantes para el aprendizaje y la memoria.

Estudios recientes indican que la escritura a mano activa áreas cerebrales más extensas y favorece una mayor interacción cortical, lo que mejora la memorización y la comprensión de los conceptos. También favorece una integración sensoriomotora más sólida y una actividad sincronizada en el rango de las ondas theta, ambas esenciales para el aprendizaje. Por el contrario, la escritura digital no estimula estas áreas cerebrales de la misma manera, lo que puede reducir la retención de información y, en cierta medida, el entrenamiento de las capacidades cognitivas.


Escribir a mano estimula la conectividad cerebral


Investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología de Trondheim, en un estudio publicado en Frontiers in Psychology en enero 2024, analizaron el impacto diferencial de la escritura a mano y la escritura a máquina sobre la conectividad cerebral.

Para ello, se seleccionó a 36 estudiantes y se evaluó su actividad cerebral mediante una electroencefalografía (EEG) de alta densidad, que utiliza un gran número de electrodos colocados en el cuero cabelludo para registrar la actividad eléctrica del cerebro. El experimento consistió en escribir a mano una serie de palabras varias veces con un bolígrafo digital en cursiva o teclearlas con el dedo índice, mientras se registraban los datos del electroencefalograma.

Los resultados revelaron una mayor conectividad cerebral durante la escritura a mano que al utilizar el teclado, especialmente en las regiones central y parietal del cerebro, cuya actividad está relacionada con la formación de la memoria y el aprendizaje.

Además, la escritura a mano, pero no la mecanografía, generó patrones de conectividad cerebral más elaborados y extensos en las frecuencias theta y alfa, especialmente en las regiones central y parietal, lo que sugiere una mejor integración sensoriomotora, una mejor memoria y una mayor atención.

Se observaron diferencias significativas en los patrones de conectividad entre la escritura a mano y la escritura a máquina, con diferentes conexiones relevantes que solo estaban presentes en el primer caso. La escritura a máquina no activó las redes neuronales de forma tan extensa, lo que sugiere que es menos eficaz para la actividad de ciertas conexiones neuronales relacionadas con la memoria y el aprendizaje que la escritura a mano.

Este estudio sugiere que la escritura a mano activa redes neuronales específicas y mejora la conectividad cerebral, lo que puede promover procesos cognitivos más complejos y un aprendizaje más eficaz. A diferencia de la mecanografía, que implica movimientos repetitivos, los movimientos precisos necesarios para escribir a mano estimulan una gama más amplia de áreas cerebrales.

Los investigadores señalan que la literatura científica existente indica que los patrones de conectividad en estas áreas cerebrales y a estas frecuencias son esenciales para la formación de la memoria y la codificación de nueva información, por lo tanto, beneficiosos para el aprendizaje. Sus hallazgos sugieren que el esquema espacio-temporal derivado de la información visual y propioceptiva obtenida mediante movimientos precisos de la mano al usar un bolígrafo contribuye significativamente a los patrones de conectividad cerebral que promueven el aprendizaje.

Recomiendan encarecidamente que los niños, desde temprana edad, practiquen la escritura a mano en la escuela para establecer las conexiones neuronales que proporcionan al cerebro las condiciones óptimas para el aprendizaje. Si bien mantener las habilidades de escritura en las escuelas es esencial, es igualmente importante mantenerse al día con los avances tecnológicos. Por lo tanto, tanto docentes como estudiantes deben comprender qué prácticas son más efectivas para el aprendizaje en cada contexto, por ejemplo, para tomar apuntes en clase o escribir un ensayo.


Reconstrucción del lenguaje continuo a partir de registros cerebrales no invasivos


Investigadores del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Texas en Austin, en un artículo publicado en Nature Neuroscience de mayo 2023, presentan el desarrollo de un decodificador basado en inteligencia artificial capaz de traducir la actividad cerebral en un flujo continuo de texto. Este importante avance permite, por primera vez, la lectura no invasiva de los pensamientos de una persona.

Una interfaz cerebro-computadora capaz de decodificar el lenguaje continuo a partir de registros no invasivos tendría numerosas aplicaciones científicas y prácticas. Sin embargo, actualmente, los decodificadores de lenguaje no invasivos solo pueden identificar estímulos a partir de un pequeño conjunto de palabras o frases.

Los investigadores presentan aquí un decodificador no invasivo que reconstruye el lenguaje continuo a partir de representaciones semánticas corticales registradas mediante resonancia magnética funcional (IRMf).

Utilizando grabaciones cerebrales inéditas, este decodificador genera secuencias de palabras inteligibles que reconstruyen el significado del habla percibida, el habla imaginada e incluso vídeos silenciosos, demostrando que un único decodificador puede aplicarse a diversas tareas. Probaron el decodificador en toda la corteza cerebral y descubrieron que el lenguaje continuo puede decodificarse de forma independiente desde múltiples regiones.

Dado que las interfaces cerebro-computadora deben respetar la confidencialidad de los datos mentales, comprobaron si la decodificación exitosa requería la cooperación del sujeto y descubrieron que esta cooperación es necesaria tanto para el entrenamiento como para el uso del decodificador. Los resultados demuestran la viabilidad de las interfaces cerebro-computadora no invasivas para el lenguaje.

Los investigadores se toman muy en serio las preocupaciones sobre el posible uso indebido y han trabajado para prevenirlo. Quieren garantizar que las personas solo utilicen este tipo de tecnología cuando lo deseen y cuando les resulte útil.

El estudio demostró que el cerebro representa la información lingüística continua de manera consistente durante la percepción y la imaginación. Este es un descubrimiento importante que podría servir de base para el desarrollo de interfaces cerebro-computadora.

Este decodificador puede reconstruir el habla con una precisión asombrosa, incluso cuando los pacientes escuchan una historia o la imaginan en silencio, únicamente utilizando datos de resonancia magnética funcional (RMf). Los sistemas de decodificación del lenguaje anteriores requerían implantes quirúrgicos. Este último avance abre el camino a nuevos métodos para restaurar el habla en pacientes con dificultades de comunicación tras un accidente cerebrovascular o una enfermedad de la neurona motora.

Esta demostración de una disociación dual entre los efectos de estas dos lesiones proporciona una sólida evidencia de que la función de la corteza prefrontal dorso-lateral media en la memoria de trabajo visual no reside en el mantenimiento de la información en sí, sino en el proceso ejecutivo de monitorización de dicha información.

Además, el presente estudio ha demostrado que las lesiones limitadas al área 9, que constituye la parte superior de la región prefrontal dorso-lateral media, dan como resultado una leve alteración en el monitoreo de la información, mientras que las lesiones de toda la región prefrontal dorso-lateral media causan una alteración muy grave.

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Detengámonos un instante y observemos el suave fluir de estas palabras ante nuestros ojos, este silencioso ir y venir, y la voz que las lee en voz alta en nuestra mente. ¿Cuántas de ellas quedarán grabadas en nuestra memoria en cinco minutos? ¿Y cuántas permanecerán en nuestra memoria sin esfuerzo mañana? La pregunta no es trivial. Vivimos en una época donde la velocidad domina la forma en que aprendemos y, paradójicamente, también la forma en que olvidamos.

No todas las palabras se procesan al mismo ritmo. Quizás haya oído que una persona puede leer entre 200 y 300 palabras por minuto, escuchar unas 150, o leer incluso menos al tacto en Braille. Pero esta velocidad no es sinónimo de comprensión: de hecho, más allá de las 500 palabras por minuto, la asimilación disminuye drásticamente. ¿Y lo que se absorbe se retiene realmente? No necesariamente. Devorar palabras con avidez no es lo mismo que absorber su esencia.

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Por qué seguir aprendiendo a escribir a mano en un mundo impulsado por la IA


El mundo de la escritura está experimentando una profunda transformación. Primero llegaron los teclados, luego la función de autocompletar palabras y frases en las aplicaciones de mensajería. Ya estamos dejando atrás esa era. Con el auge de la inteligencia artificial, los robots ahora pueden producir textos de calidad comparable a los escritos por humanos, sin ninguna intervención humana.

Gracias a las recientes mejoras en el software de transcripción, incluso los escritores humanos pueden prescindir de un teclado, y mucho menos de un bolígrafo. Y la IA podría incluso abrir la puerta a la generación de textos mediante el análisis de la actividad cerebral.

Con la pandemia, el aprendizaje en línea se ha expandido considerablemente y, en varios países del mundo, algunas pruebas importantes se realizan ahora por computadora. También se ha planteado la posibilidad de abandonar la escritura cursiva en la secundaria. Sin embargo, la escritura a mano sigue siendo fundamental para el aprendizaje básico en la primaria.

Los padres podrían preguntarse si aún merece la pena dedicar tiempo a la compleja tarea de aprender a escribir a mano. ¿No sería mejor invertir ese esfuerzo en introducir a los niños a la programación? Al fin y al cabo, los alumnos con discapacidad ya están aprendiendo a escribir utilizando tecnologías de apoyo.

Es posible que la caligrafía perfecta pierda importancia en el futuro. Sin embargo, los estudiantes seguirán necesitando escribir a mano de forma legible y fluida tanto para sus estudios como para su vida cotidiana.

Pero existen varias razones importantes por las que la caligrafía siempre se enseñará – y debe enseñarse – en las escuelas:

Escribir desarrolla la motricidad fina

La escritura a mano desarrolla la motricidad y la coordinación necesarias para controlar movimientos precisos, esenciales en la vida cotidiana, tanto en la escuela como en el ámbito profesional.

La escritura a mano también se asocia con un mejor aprendizaje. Escribir estimula la motricidad fina, activa la percepción sensorial y favorece una mayor concentración. Estas condiciones promueven la comprensión y el razonamiento, habilidades esenciales para el aprendizaje.

En las escuelas, los estudiantes que toman apuntes a mano comprenden mejor el material y obtienen mejores resultados en las evaluaciones que quienes utilizan dispositivos electrónicos. Además, escribir a mano permite una relación más consciente con el contenido: no se trata simplemente de capturar información, sino de procesarla e interiorizarla.

El perfeccionamiento de estas habilidades motoras da como resultado una escritura cada vez más legible y fluida. Desconocemos el futuro de la tecnología, pero bien podría llevarnos de vuelta al pasado.

La escritura a mano podría adquirir mayor importancia que nunca si las pruebas y los exámenes volvieran a realizarse a mano para evitar el uso de IA generativa y las trampas.

Escribir a mano facilita la memorización

La escritura a mano ofrece importantes ventajas cognitivas, especialmente para la memoria. Las investigaciones sugieren que las notas tomadas con bolígrafo se recuerdan mejor que las tomadas en una computadora, debido a la mayor complejidad del proceso de escritura a mano.

Cuando escribimos a mano, nuestro cerebro funciona de manera diferente que cuando tecleamos en un dispositivo. La escritura a mano requiere la coordinación de movimientos de la mano, visión y memoria, lo que activa diversas áreas del cerebro. Este proceso fortalece las conexiones neuronales, facilitando así el almacenamiento de información en la memoria a largo plazo.

Tomar notas a mano, por ejemplo, requiere seleccionar y sintetizar las ideas más importantes, en lugar de transcribirlas textualmente, como suele ocurrir al escribir en una computadora. Este proceso mental de selección y organización mejora la retención del conocimiento adquirido. Por eso, quienes escriben a mano generalmente retienen mejor la información que quienes lo hacen exclusivamente en formato digital.

Aprender a leer y escribir están estrechamente relacionados. Los estudiantes mejoran su lectura practicando la escritura.

Una herramienta para la creación gráfica

Otra gran ventaja de la escritura a mano reside en su impacto positivo en la creatividad. Escribir a mano es más lento que escribir digitalmente, lo que permite tiempo para la reflexión y el surgimiento de nuevas ideas.

Muchas personas encuentran que escribir a mano en un cuaderno les ayuda a liberar la mente, organizar sus pensamientos y establecer conexiones inesperadas. El simple acto de deslizar un lápiz sobre el papel puede desbloquear procesos creativos, fomentando la escritura literaria, el dibujo, la planificación de proyectos e incluso la resolución de problemas.

Además, escribir a mano estimula la imaginación visual y espacial, ya que permite crear diagramas, dibujos o anotaciones a mano alzada que no siempre son fáciles de reproducir en un teclado. Por lo tanto, no es casualidad que artistas, escritores y científicos sigan recurriendo a sus cuadernos para plasmar sus ideas. Escribir a mano y actividades relacionadas, como dibujar, pueden ser fuentes de creatividad y bienestar a cualquier edad.

La popularidad de prácticas como escribir un diario y la caligrafía lo demuestra. Existen numerosas comunidades en línea donde los escritores comparten hermosos ejemplos de escritura a mano.

Un elemento clave de la cultura

Más allá de sus beneficios para el sistema neurológico, la escritura a mano es una forma de expresión profundamente humana. Cada trazo es único; refleja nuestra personalidad, nuestras emociones e incluso nuestro estado de salud. Los cambios notables en la escritura a mano pueden ser señales tempranas de afecciones neurológicas, como el deterioro cognitivo progresivo.

Gran flexibilidad

La escritura a mano no requiere electricidad ni dispositivos, baterías, software, suscripciones, conexión a internet, tiempo de carga ni nada de lo que requiere la escritura digital.

Solo se necesita un bolígrafo y papel. Y se puede practicar en cualquier lugar. A veces, para escribir una tarjeta de cumpleaños, rellenar formularios impresos o anotar algo rápido, es la solución más sencilla y eficaz.

La escritura como herramienta para la reflexión

Lo más importante es que aprender a escribir y aprender a pensar están intrínsecamente ligados. Las ideas toman forma a medida que los estudiantes escriben. Se desarrollan y organizan a lo largo del proceso de escritura. Esto es algo que no se puede delegar a robots.

Una ayuda contra el deterioro cognitivo

Los beneficios de la escritura a mano se extienden hasta la edad adulta y la vejez. La escritura a mano fortalece la reserva cognitiva, un conjunto de habilidades y redes neuronales que ayudan a resistir los efectos del envejecimiento cerebral.

Las personas que participan en actividades que requieren esfuerzo mental, como leer, escribir, resolver problemas o adquirir nuevas habilidades, tienen menos probabilidades de desarrollar un deterioro cognitivo grave. Actividades como la lectura, la escritura y los juegos mentales son estrategias de protección contra enfermedades neuro-degenerativas como el Alzheimer.


Consejos para integrar la escritura a mano en su vida diaria


Aunque la vida moderna está dominada por la tecnología digital, aún es posible incorporar la escritura a mano en su rutina diaria. Aquí tiene algunos consejos prácticos:

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Llevar un diario. Dedique unos minutos cada día a escribir sus pensamientos, emociones o experiencias.

* Tomar notas a mano durante las reuniones o clases. Esto le ayudará a asimilar mejor la información.

* Hacer listas y recordatorios en papel. Desde tareas pendientes hasta objetivos semanales.

* Practicar la escritura creativa. Relatos cortos, poesía o simplemente anote ideas en un cuaderno.

* Escribir cartas o mensajes a mano. Una forma de comunicación más personal y significativa.

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Recuperando buenos hábitos

Comprender cómo aprendemos también nos revela cómo debemos vivir. No se trata solo de reducir el tiempo frente a las pantallas, sino también de redescubrir un ritmo más humano. Escribir a mano ayuda a activar redes neuronales profundas; pensemos, por ejemplo, en los apuntes de clase y cómo, al releerlos, las ideas afloran con mayor claridad.

Por otro lado, se recomienda retomar el hábito de hacer pausas reales, lejos de los dispositivos: observar un pájaro en vuelo, sentir su respiración, estirar el cuerpo.

También es útil reforzar lo aprendido con breves ejercicios de recuperación activa. Estudios realizados en personas de entre 50 y 83 años han demostrado que la actividad física mejora el rendimiento cognitivo. La actividad física no solo mantiene nuestro cuerpo en forma y nuestra fuerza física a medida que envejecemos, sino que también ayuda a preservar nuestras funciones cognitivas. Se ha asociado notablemente con un menor riesgo de demencia.

Además, no se debe subestimar el papel del sueño profundo: es durante este tiempo que la memoria madura y consolida lo aprendido. Solo cuando le damos el tiempo necesario para descansar y asimilar, el conocimiento se arraiga verdaderamente. Así, las palabras que un niño lee hoy pueden convertirse en recuerdos vivos, capaces de acompañarlo más allá de los próximos cinco minutos, quizás incluso durante toda la vida.

Enseñar a escribir implica dotar a los estudiantes de un conjunto de estrategias de escritura que les permitan desarrollar su potencial como comunicadores reflexivos, creativos y competentes.


Al activar diversas áreas del cerebro, la escritura a mano se convierte en 
una herramienta accesible y eficaz para mantener la mente activa y saludable. 
Y la escritura a mano seguirá siendo una parte importante de este conjunto de herramientas 
en el futuro previsible, a pesar de los asombrosos avances en la IA generativa.



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