agosto 13, 2015

Relación entre Trastornos del Desarrollo Neurológico Infantil y Exposición Prenatal a Tóxicos y Pesticidas




Las sustancias neurotóxicas y pesticidas pueden provocar 
el aumento de ciertos trastornos del desarrollo neurológico en los niños


Desde la antigüedad se reconoce que numerosas sustancias tóxicas son capaces de alterar el funcionamiento del sistema nervioso. Estas pueden producir sus efectos en forma aguda, ocasionando un espectro de síntomas y signos que incluyen convulsiones, confusión, trastorno de la atención y coma. Los tóxicos también dependiendo de la edad del paciente, del período del desarrollo, del tipo y dosis del tóxico, pueden afectar al sistema nervioso en forma insidiosa produciendo síntomas inespecíficos como disturbios del estado de ánimo, fatiga, disfunción cognitiva. Estos síntomas pueden inicialmente pasar inadvertidos y no ser relacionados con el tóxico ya que en algunas ocasiones los síntomas se manifiestan años después de la exposición al agente tóxico.

Sustancias neurotóxicas

Sustancias neurotóxicas son aquellas capaces de provocar efectos adversos en el sistema nervioso central (SNC), el sistema nervioso periférico y los órganos de los sentidos.

Entre estos efectos se encuentran: Desórdenes de aprendizaje, retraso madurativo, autismo, problemas de conducta, déficit en la atención e hiperactividad; náuseas, mareos, vértigos, irritabilidad, euforia, discoordinación de movimientos, alteraciones de la memoria y del comportamiento y alteraciones de los nervios periféricos.

Las sustancias neurotóxicas interfieren directa o indirectamente en los procesos del neurodesarrollo: directamente aceleran o retardan los procesos y alteran la formación de mielina, potenciándose con las deficiencias nutricionales en el período del desarrollo y el lugar del cerebro donde se estén llevando adelante los procesos. En este sentido, hay que tener en cuenta que existen períodos críticos de vulnerabilidad donde la exposición puede tener impacto sobre la función cerebral de por vida.

Se han documentado diversos trastornos asociados con la exposición a sustancias neurotóxicas que incluyen deterioro cognitivo, deficiente regulación de las respuestas emocionales, problemas de conducta, déficit de atención y trastornos de hiperactividad, depresión, ansiedad, pérdida de memoria, pérdida de la coordinación física, autismo y un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y la enfermedad de Alzheimer.

Pero, sin dudas, el grupo de sustancias más cuestionadas pertenece a los agroquímicos utilizados por la agricultura industrial.


Pesticidas

Los pesticidas se usan ampliamente en agricultura para mejorar el rendimiento de los cultivos y también son utilizados en el cuidado de jardines y en los hogares. Son sustancias químicas diseñadas para matar, reducir o repeler plagas. Muchos de estos pesticidas se usan como fumigantes, o sea como gases o vapores. Son extremadamente tóxicos debido a sus propiedades físicas ya que rápidamente se diseminan en el ambiente y son absorbidos por humanos y animales.


Trastornos del desarrollo

Los trastornos del desarrollo, incluyendo autismo, trastornos de atención son comunes y afectan a millones de niños nacidos cada año. Las causas son en gran parte desconocidas, pero se sabe que la exposición al plomo, mercurio, PCB, a ciertos pesticidas y otras neurotoxinas ambientales contribuyen al problema.

Se han identificado muchas disfunciones neurológicas en niños nacidos de mujeres expuestas durante el embarazo, incluyendo retraso mental, problemas psicomotores, ataxia cerebral y convulsiones, trastornos neuropsiquiátricos, en particular trastornos del sueño, problemas de anorexia, así como comportamientos de irritabilidad, ansiedad y agresión.


Las principales funciones afectadas son la atención, la memoria, el aprendizaje y el lenguaje.

La exposición postnatal durante la infancia también puede afectar el desarrollo de las habilidades cognitivas y neuropsicológicas. Los niveles sanguíneos de estas toxinas han sido asociados con un coeficiente intelectual menor, con déficits de la atención espacial y la disfunción ejecutiva que pueden afectar el desempeño académico de los niños. También se han reportado déficits conductuales tales como falta de atención e impulsividad. Así, habilidades verbales tales como vocabulario y lectura parecen ser particularmente afectados. Más específicamente, se encontró una relación significativa entre la exposición y la obtención de un diagnóstico del trastorno por déficit de atención con hiperactividad en niños de 4 a 15 años de edad.



La vulnerabilidad de los niños

Es muy importante destacar que los efectos tóxicos de todas estas sustancias afectan especialmente a los niños porque, en primer lugar, están expuestos desde la concepción. Además tienen menos habilidad desintoxicante, ingieren más agua y alimento y consumen más aire en relación a un adulto. Juegan en el suelo, alfombras y pasto en permanente contacto con tóxicos. Habitan edificios públicos, como escuelas, que son tratados con sustancias químicas, y en general no disciernen cuándo están en peligro y muchas veces no están capacitados para evitarlo.
Los niños están expuestos a cerca de 3.000 productos químicos que se encuentran en productos de cuidado personal, materiales de construcción, productos de limpieza y combustibles, sin embargo, menos del 20 por ciento de estos productos químicos se han probado a fondo para saber si dañan el cerebro en desarrollo.

Los niños están expuestos desproporcionadamente a los productos químicos tóxicos en el ambiente. En proporción al peso, los niños beben más agua, comen más alimentos y respiran más aire que los adultos. Así los niños significativamente están más expuestos a productos químicos tóxicos en el agua, alimentos y aire. Dos factores adicionales que aumentan aún más la exposición de los niños son su tendencia natural a comer con la mano y sus juegos más cerca del suelo.

La exposición prenatal depende directamente de la exposición materna. Los contaminantes que se encuentran en el cuerpo de la madre atraviesan la placenta para luego alcanzar el feto. Durante el período gestacional, algunos contaminantes que se habían acumulado en los huesos de la madre, como algunos metales pesados, son liberados en su torrente sanguíneo. Ahora se ha establecido que la exposición en el útero puede causar déficit en los niños incluso cuando la madre es asintomática durante el embarazo, indicando una mayor vulnerabilidad del feto. Después del nacimiento, varios contaminantes a los que está expuesta la madre pueden transferirse al bebé mediante la lactancia materna.

Los niños experimentan un rápido crecimiento y desarrollo, y estos procesos ambientales son fácilmente perturbados. Durante la vida del embrión y el feto así como en los primeros años después del nacimiento, el cerebro de un niño, el sistema endocrino, los órganos reproductores, el sistema inmunológico y los órganos respiratorios conocen un crecimiento, un desarrollo y una diferenciación rápidos. Si estos procesos de desarrollo son afectados por plomo, mercurio, disolventes, agentes perturbadores endocrinos y otros productos ambientales, hay un fuerte riesgo de perturbación, y esta perturbación es a menudo irreversible.


Autismo

El posible vínculo entre autismo y las sustancias químicas ambientales viene siendo estudiado desde hace ya varios años. Muchos estudios han demostrado que no se puede explicar la creciente incidencia del autismo debido a los cambios en los métodos de diagnóstico, ni por el pequeño porcentaje de casos de ASD atribuidos a los genes heredados, ya que nuestros genes no cambian drásticamente en el lapso de unas pocas décadas.

Lo que sí ha cambiado drásticamente es la creciente exposición humana a sustancias químicas tóxicas y metales pesados en el medio ambiente.

Los productos químicos sospechados de dañar el cerebro y ocasionar rasgos autistas incluyen :

Ftalatos. Compuestos químicos con petróleo de amplia duración utilizados para mejorar o aumentar la flexibilidad y durabilidad de los plásticos; uno de sus usos más comunes es la conversión de plásticos duros a plásticos flexibles y se utilizan mucho en la fórmula de cosméticos y productos de belleza e higiene personal para que la fragancia quede impregnada en los productos.

Bisfenol A. Se encuentra en los revestimientos de las latas de alimentos, los retardantes de llama bromados (presentes en las viejas computadoras, televisores y relleno de espuma), disolventes clorados (utilizados en la industria), el plaguicida DDT y los pesticidas organofosforados.

Otra evidencia de un vínculo entre los productos químicos ambientales y el trastorno del espectro autista proviene de productos químicos tomados durante el embarazo, incluyendo la talidomida, el ácido valproico (medicamento anticonvulsivo), y la droga misoprostol. También se ha encontrado un vínculo entre la exposición prenatal a los clorpirifos (plaguicida organofosforado) y un mayor riesgo de trastorno generalizado del desarrollo.

Relación entre embarazo, pesticidas y autismo

Un grupo de expertos de la Universidad Davis de California, en un estudio publicado en Environmental Health Perspectives en junio 2014, ha llevado a cabo una investigación que muestra una clara la relación entre embarazo, pesticidas y autismo.

Las mujeres embarazadas que viven cerca de campos de cultivo donde se utilizan los pesticidas, tienen hasta un 66% más riesgo de que sus hijos nazcan con trastornos de espectro autista. Según los investigadores, esta relación se hace más fuerte cuando la exposición a los pesticidas se produce durante el segundo y tercer trimestre del embarazo.

Se demuestra que la exposición gestacional a los plaguicidas agrícolas puede inducir neurotoxicidad en el desarrollo de los fetos y en consecuencia, problemas como el retraso en el desarrollo o el autismo. Los datos de las 970 mujeres embarazadas del estudio corresponden al periodo entre el año 1997 y el año 2008, las distancias entre los campos de cultivo y los hogares variaba entre 1’25 kilómetros y 1’75 kilómetros en aquellas madres que vivían cerca de los campos (un tercio de las participantes).

Los resultados obtenidos confirman los datos obtenidos de una investigación anterior en la que ya se apuntaba la asociación entre la exposición prenatal a los pesticidas y el riesgo de que los bebés sufrieran autismo. Las mujeres embarazadas deben tener especial cuidado y evitar a toda costa el contacto con estos productos químicos agrícolas, quizá la solución sería trasladarse durante el embarazo a un lugar donde no se utilizaran este tipo de productos químicos, aunque se utilicen a una cierta distancia, su radio de acción es amplio y termina entrando en contacto con las mujeres gestantes.

A nivel estatal, en California, se utilizan alrededor de 91 millones de kilos de pesticidas cada año, la mayor parte en el Valle Central, al norte del valle de Sacramento y al sur con el Imperial Valley, en la frontera entre California y México. Si bien los plaguicidas son fundamentales para la industria de la agricultura moderna, ciertos pesticidas de uso común son neurotóxicos y pueden ser una amenaza para el desarrollo del cerebro durante la gestación, lo que podría resultar en un retraso en el desarrollo o autismo.

Fueron identificados veintiún compuestos químicos dentro la clase de organofosforados, incluyendo clorpirifos, acefato y diazinón. Los organofosforados aplicados en el transcurso del embarazo se asociaron con un riesgo elevado de trastornos del espectro autista, particularmente para aplicaciones de clorpirifos en el segundo trimestre.

Los piretroides fueron moderadamente asociados con el trastorno del espectro autista inmediatamente antes de la concepción y durante el tercer trimestre. Los carbamatos aplicados durante el embarazo se asocian con retraso del desarrollo.

Los expertos explican que deben seguir investigando y determinar si ciertos subgrupos de futuras madres son más vulnerables a esta exposición de productos químicos empleados en los campos de cultivo. En todo caso, aunque el riesgo varíe según el grupo de mujeres, la recomendación es que ninguna entre en contacto con estos productos químicos que se consideran como un factor medioambiental de riesgo potencial.

Además de las mujeres participantes en el estudio, se incluyó a familias con niños de entre 2 y 5 años de edad que habían sido diagnosticados con autismo o retraso en el desarrollo, también se investigó el uso de los productos fitosanitarios.

Al ser estos pesticidas neurotóxicos, las exposiciones intrauterinas durante el desarrollo temprano puede distorsionar los complejos procesos de desarrollo estructural y la señalización neuronal, produciendo alteraciones en los mecanismos de excitación e inhibición que regulan el estado de ánimo, el aprendizaje, las interacciones sociales y la conducta. Se puede advertir en las mini-columnas de la corteza cerebral, las cuales presentan alteraciones en personas con autismo.

Durante el período de gestación, en el cerebro del bebé se está desarrollando un sistema de sinapsis y conexión neuronal, donde los impulsos eléctricos se convierten en señales químicas neurotransmisoras, de forma que los mensajes saltan de una neurona a otra. La formación de estas uniones es realmente importante y bien puede ser donde estos plaguicidas están operando afectando al proceso de neurotransmisión.

Alimentación vs exposición. La investigación ha hecho hincapié también en la importancia de la nutrición de la madre durante el embarazo, en particular el uso de vitaminas prenatales para reducir el riesgo de tener un niño con autismo.

El estudio es interesante y sus resultados se pueden trasladar perfectamente a cualquier país donde se estén utilizando este tipo de pesticidas para garantizar el desarrollo de los cultivos.


Productos químicos afectan el desarrollo neurológico

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Harvard y de la Escuela de Medicina de Mont Sinai, publicado en la revista Lancet Neurology en febrero 2014, vuelve a traer a escena la vinculación de pesticidas y otros productos químicos como responsables directos del aumento de casos de discapacidades del desarrollo neurológico.

Ya en el 2008 el mismo equipo había presentado un estudio donde exponía una exhaustiva lista de sustancias químicas neurotóxicas. Esta lista fue ampliada recientemente, y en ella los investigadores reafirman sus hallazgos respecto al daño severo que pueden provocar determinadas sustancias presentes en materiales y productos que se manipulan a diario.

Para los científicos implicados en el estudio, la exposición a sustancias tóxicas podría estar provocando el creciente número de casos de autismo, trastorno de hiperactividad y déficit de atención, dislexia y otros trastornos, vinculando directamente a los pesticidas clorpirifos, el DDT y otros productos químicos con el aumento en los casos de discapacidad del desarrollo neurológico.

Las causas fundamentales de la actual pandemia mundial de trastornos del desarrollo neurológico son sólo parcialmente entendidas. Aunque los factores genéticos tienen un papel importante, no pueden explicar los recientes aumentos en la prevalencia reportada, y ninguno de los genes descubiertos hasta ahora parece ser responsable de más de una pequeña proporción de casos. En general, los factores genéticos parecen dar cuenta de no más de quizá el 30-40% de todos los casos de trastornos del neurodesarrollo.

Así, las exposiciones ambientales no genéticas están implicadas en la causalidad, en algunos casos, probablemente por interactuar con predisposiciones genéticamente heredadas.

Existe una fuerte evidencia de que los químicos industriales ampliamente difundidos en el medio ambiente son importantes contribuyentes a lo que los investigadores han llamado una pandemia silenciosa y global de toxicidad en el neurodesarrollo.

El desarrollo del cerebro humano es especialmente vulnerable a la exposición de productos químicos tóxicos, y las principales situaciones de vulnerabilidad del desarrollo ocurren en el útero y durante la infancia temprana. Durante estas sensibles etapas de la vida, las sustancias químicas pueden causar daño cerebral permanente en bajos niveles de exposición, aunque tendrían pocos o ningún efecto adverso en un adulto.

La presente revisión es una actualización de un estudio previo realizado por uno de los investigadores en 2006, y donde había destacado cinco productos químicos como los más dañinos, al causar déficits cerebrales: plomo, metilmercurio, arsénico, bifenilos policlorados y tolueno.

El informe actual suma a esa lista otros seis productos químicos: manganeso, fluoruro, los pesticidas clorpirifos, el DDT, un disolvente de uso frecuente en la limpieza en seco llamado tetracloroetileno y los retardantes de llama PBDE.

Los investigadores denunciaron que el manganeso está vinculado a una disminución del funcionamiento intelectual y alteración en las habilidades motoras, mientras que solventes como el tetracloroetileno pueden provocar hiperactividad y temperamento agresivo, mientras que diversos pesticidas pueden contribuir en generar retrasos cognitivos.

De los miles de productos químicos disponibles en comercios, menos de la mitad han sido sometidos a pruebas de laboratorio, incluso para medir su nivel de toxicidad y el 80% no tiene información sobre la toxicidad en las etapas de desarrollo. Incluso con tan pocas pruebas, se sabe que al menos 201 sustancias químicas son tóxicas para el desarrollo del cerebro humano. Pero el número de productos químicos que se ha demostrado que causan neurotoxicidad en estudios de laboratorio probablemente excede los 1000.

Por eso, señalan que resulta crucial controlar el uso de estos productos químicos, con el fin de proteger el desarrollo del cerebro de los niños en todo el mundo.

Los científicos proponen pruebas obligatorias sobre productos químicos industriales y la formación de un nuevo centro de intercambio internacional de información, para evaluar los efectos de los productos químicos industriales en el desarrollo neuronal infantil.

Aunque el informe encontró resistencia y fuertes críticas por parte de la industria química, sus análisis se basan en probadas investigaciones llevadas a cabo en las más prestigiosas universidades y laboratorios del mundo, y disparan una alarma sobre la falta de conocimiento acerca de cómo las sustancias químicas que utilizamos diariamente pueden llegar a influir en un cerebro en desarrollo.


Daño en el sistema nervioso

Para comprender en qué medida determinados productos químicos pueden afectar el sistema nervioso y el desarrollo de las neuronas necesitamos tener en cuenta que el desarrollo saludable y la función a largo plazo del sistema nervioso se rigen por una amplia gama de factores fisiológicos. Y que los productos químicos que poseen efectos neurotóxicos pueden interferir en forma directa e indirecta con estos procesos.

Por ejemplo, en el desarrollo del feto algunos productos químicos pueden evitar que las células del cerebro formen los puntos de contacto entre sí para comunicarse de manera efectiva. Otros productos químicos pueden impactar directamente sobre el coeficiente intelectual y provocar problemas de conducta mediante la alteración de los niveles de hormonas que son vitales para el correcto desarrollo del sistema nervioso fetal. En este sentido, los disruptores endocrinos que tienen como objetivo la regulación del sistema tiroideo son de particular interés para los investigadores.

Además, se ha observado que determinadas sustancias agro-químicas han causado desequilibrio hormonal en niños y daños directamente sobre el ADN.


La exposición a productos químicos podría convertirse en un problema creciente cada vez más grave en las regiones menos desarrolladas, ya que industrias peligrosas se instalan, tomando ventaja de la globalización y para escapar a las leyes ambientales y laborales más estrictas en los países desarrollados. El peligro que plantea este proceso a las comunidades en los países menos adelantados incluye no sólo el aumento de la exposición diaria, sino también de accidentes catastróficos en plantas de fabricación.

Français : Relation entre les troubles du développement neurologique et l'exposition prénatal aux toxines et pesticides

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