octubre 14, 2018

Malaria Cerebral en Niños





La malaria o paludismo es una enfermedad causada por parásitos de la familia Plasmodium falciparum que se transmiten a través de la picadura de mosquitos. Una enfermedad infecciosa que, aún al día de hoy, constituye una de las primeras causas de mortalidad global. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2015 se registraron cerca de 214 millones de casos y 438.000 decesos por malaria. Ya que la enfermedad se asocia con complicaciones muy graves y potencialmente mortales.

La malaria cerebral es la complicación más grave de la infección por Plasmodium falciparum. En su patogénesis interviene una respuesta exacerbada del hospedador y el secuestro de eritrocitos infectados en la micro-vasculatura del cerebro.

Si las células sanguíneas infectadas de parásitos obstruyen los pequeños vasos sanguíneos del cerebro, pueden causar inflamación del cerebro o daño cerebral. La malaria cerebral puede provocar un coma. El afectado permanece durante al menos una hora en coma tras una convulsión.

Las causas exactas son poco conocidas, y los investigadores no entienden por qué algunos pacientes con malaria desarrollan la malaria cerebral y otros no. Los niños tienden a tener un mayor riesgo, y si no es tratada, será fatal en cuestión de días.

Dos teorías se han propuesto para explicar la patología de la malaria cerebral.

Algunos médicos creen que las células rojas de la sangre infectadas comienzan a adherirse a las paredes de los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro, causando isquemia localizada, donde la sangre no llega a ciertas áreas del cerebro. Esto causa daño cerebral y una serie en cascada de los síntomas.

Otros piensan que la malaria cerebral puede ser causada por la liberación de toxinas de los parásitos de la malaria, lo que desencadena una reacción en el cerebro. Los pacientes con malaria cerebral desarrollan una fiebre alta y alteración del nivel de conciencia, deslizando el tiempo en coma.

Por tanto, debe requerirse con urgencia el desarrollo de terapias más eficaces frente a este paludismo cerebral. El tratamiento requiere medicamentos agresivos, además de la atención de apoyo, para hacer frente a las complicaciones de la malaria cerebral.

Con tratamiento, las tasas de recuperación varían y algunos pacientes tienen problemas neurológicos persistentes como ataxia, una marcha desequilibrada causada por el daño a las áreas motoras del cerebro. Esta condición puede implicar parásitos resistentes a los medicamentos que resistieron a los intentos anteriores en el tratamiento para una infección de la malaria.

Estas complicaciones se producen cuando áreas del cerebro involucradas en las funciones corporales son dañadas por la infección.


La inflamación cerebral, causa de la muerte en niños con malaria

Un equipo científico de la Universidad Estatal de Michigan en un estudio, publicado en The New England Journal of Medicine de marzo 2015, ha identificado qué es lo que mata a los niños que sufren esta forma tan severa de malaria.

Analizaron a un grupo de niños de Malawi que tenían malaria cerebral, y observaron que, de los 168 niños que participaron, 25 murieron. De estos, a 21 se les había hinchado masivamente el cerebro. Entre los 143 que sobrevivieron, hubo 39 que también desarrollaron ese mismo problema, que desaparecía a los dos o tres días.

Antes, este tipo de malaria se trataba con quinina, y después, pasó a tratarse con artesunato. No obstante, a pesar de que este último compuesto elimina más rápidamente el Plasmodium falciparum, las tasas de mortalidad en los casos de niños africanos con malaria cerebral tratados con artesunato siguen siendo altas, actualmente, se sitúa en un 18%.

Cuando el cerebro de estos niños está muy hinchado, se ve forzado a salir del cráneo, porque sencillamente no le queda espacio. Al ocurrir esto, se comprime el tronco cerebral. El centro respiratorio, la parte del sistema nervioso central responsable de iniciar la respiración, está en este tronco cerebral que, cuando es comprimido por la inflamación cerebral, deja de funcionar, lo que hace que el paciente no pueda respirar.

En la imagen se observa que la sustancia blanca contiene hemorragias petequiales, prominentes en la sustancia blanca subcortical y el cuerpo calloso CD8 y el secuestro de pRBC en el cerebro y la barrera hematoencefálica (BBB).

Con este descubrimiento, que se ha hecho mediante la observación del cerebro de los niños a través de resonancia magnética, los científicos identificaron la causa última del fallecimiento de los niños con esta forma tan complicada de malaria: los niños mueren porque sencillamente son incapaces de respirar. Ahora, la esperanza es poder afinar un poco más en cómo curar la malaria cerebral.

Los investigadores explican que les gustaría hacer un ensayo clínico en el que se utilizara ventilación asistida para ver si puede ayudar a los niños en ese período crítico hasta que sean capaces de respirar otra vez por sí mismos. Porque tal y como queda patente en el estudio, dos tercios de los niños a los que se les hinchó el cerebro lograron sobrevivir, con lo cual, este proceso no es inevitablemente mortal.


Linfocitos pueden ser una diana terapéutica para tratar la malaria cerebral

Una investigación dirigida por la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto de Medicina Molecular de la Universidad de Lisboa, cuyos resultados se publicaron en la revista Nature Immunology de abril 2016, tuvo como objeto estudiar el impacto de un tipo poco conocido de linfocitos en la malaria y en enfermedades auto inmunes como psoriasis, colitis o esclerosis múltiple.

Los linfocitos son un tipo de leucocito o glóbulo blanco, y están implicados en las respuestas inmunes que nos protegen de los agentes infecciosos. Circulan por el cuerpo, a través de la sangre y la linfa  fluido que recorre los vasos linfáticos , patrullando los tejidos para identificar y eliminar a los agentes infecciosos agresores que consiguen entrar en el organismo.

Existen dos tipos de linfocitos: los B que producen anticuerpos y los T, cuyas funciones son la destrucción de células infectadas o la producción de sustancias  llamadas citosinas  que activan a otras células del sistema inmunitario aunque, en ciertas circunstancias, también pueden generar respuestas inflamatorias causantes de enfermedad.

Ambos se caracterizan por expresar sensores en la superficie celular que les permiten “sentir” la presencia de los patógenos y responder de forma efectiva. Estos sensores tienen la capacidad de unirse a una vasta variedad de moléculas de los agentes infecciosos llamadas, de forma genérica antígenos, por lo que se les conoce como receptores de antígeno. Al receptor de antígeno de los linfocitos T se le denomina TCR (del inglés T cell receptor).

La conclusión fundamental del trabajo, que se basó en un modelo novedoso de ratones modificados genéticamente, es que la diferenciación en el timo de los linfocitos Tgd productores de las citosinas proinflamatorias depende de la expresión y la intensidad de la señalización intracelular del TCRgd.

La activación de los linfocitos T productores de IFN-g es crítica para el control de la infección por patógenos intracelulares, como el parásito Plasmodium causante de la malaria. Sin embargo, en ocasiones, esta respuesta inmune puede generar enfermedad, como es el caso de la malaria cerebral.

De ahí la importancia de identificar qué células son protectoras y cuáles son patogénicas. Los ratones modificados genéticamente generados para el estudio  que tienen linfocitos Tab productores de IFN-g pero carecen selectivamente del subtipo de linfocitos Tgd que produce esta citosina  sobreviven a la malaria cerebral experimental, lo que demuestra que estos linfocitos son los responsables directos de las consecuencias letales de la infección.

Los resultados son muy relevantes para la malaria humana, cuya evolución clínica se asocia con la abundancia o disfunción de los linfocitos Tgd1, y los investigadores identifican a este subtipo como potencial diana terapéutica para prevenir o tratar la malaria cerebral, sobre todo, en niños afectados de forma severa, que son más susceptibles de desarrollarla.


Una nueva combinación terapéutica en la malaria cerebral

Investigadores de la Universidad de Toronto en un estudio, publicado en la revista Science Translational Medicine de setiembre 2016, parecen haber hallado una manera de potenciar la efectividad de los actuales tratamientos, combinándolos con la proteína angiopoyetina-1.

Al día de hoy, el tratamiento de la malaria cerebral viene constituido por la administración intravenosa de artesunato, derivado sintético de la artemisina que, si bien no exento de utilidad frente al parásito causante de la enfermedad, se asocia a numerosos efectos secundarios. En consecuencia, debe mejorarse tanto la eficacia como la seguridad de la terapia con artesunato. Y uno de los candidatos para optimizar este tratamiento es la angiopoyetina-1 (Ang-1), proteína que desempeña un papel fundamental en el desarrollo vascular y la formación de nuevos vasos sanguíneos  la angiogénesis .

Reforzar la barrera hematoencefálica. Se sabe que la Ang-1 se encuentra directamente relacionada con la gravedad de la enfermedad. Se observa en el estudio, que las muestras de sangre de 82 niños ugandeses con malaria grave confirmaron que tener unos niveles plasmáticos elevados de Ang-1 se asocia a un mejor pronóstico de la enfermedad.

Por ello, los investigadores administraron la combinación de una Ang-1 recombinante y artesunato en un modelo animal  ratones  con malaria cerebral. Y de acuerdo con los resultados, la Ang-1 tuvo un papel crítico a la hora de reforzar la barrera hematoencefálica, que evita la entrada de las bacterias y los productos tóxicos pero que se ‘derrumba’ en caso de una respuesta inflamatoria sistémica, es decir de una activación del sistema inmune por todo el organismo.

Como muestran los resultados del trabajo, el tratamiento basado en la angiopoyetina-1 puede ofrecer una estrategia potencial frente a la malaria cerebral y, asimismo, frente a otras enfermedades infecciosas graves como el ántrax, el síndrome de shock por dengue y las fiebres hemorrágicas virales.

En definitiva, el nuevo estudio constata la importancia de desarrollar tratamientos que no solo actúen frente al parásito causante de la infección  en este caso concreto, la malaria cerebral , sino que también potencien el sistema inmunitario del huésped.


La granada es buena contra la malaria cerebral

Una investigación realizada por científicos del Departamento de Ciencias Farmacológicas de la Universidad de Milán, publicada en la revista especializada Malaria Journal en 2010, revela que el extracto de piel de la granada puede ser beneficioso en el tratamiento contra la malaria cerebral.

El estudio, pone de manifiesto la capacidad antiparasitaria y de inhibir los mecanismos inflamatorios asociados a esta enfermedad que posee el fruto del granado  Punica granatum.

La investigación se llevó a cabo con una combinación de extracto de piel de granada con hierbas medicinales aplicado en la India a pacientes de malaria cerebral, el tipo más agresivo y mortífero de esta enfermedad producida por parásitos.

Esa combinación, junto con la acción de las urolitinas, propició la inhibición de la secreción de MMP-9 inducida por hemozoína, una enzima clave en el desarrollo de la enfermedad. El efecto beneficioso de la piel de la granada para el tratamiento de la malaria se puede atribuir a la actividad antiparasitaria y a la inhibición de los mecanismos inflamatorios implicados en la aparición de la malaria cerebral.


Curar la malaria cerebral con plantas naturales

Un grupo de científicos del Instituto Indio de Ciencia (CDII) en Bangalore y el Instituto Nacional de Inmunología en Nueva Delhi en un estudio, publicado en Scientific Reports de julio 2015, reportaron el descubrimiento de la cura de la malaria cerebral de forma completa, por medio de la extracción de la curcumina, el componente amarillo aislado de la cúrcuma (Curcuma longa).

Los investigadores realizaron el estudio en ratones experimentales. La terapia llamada arteéter-curcumina (AC) demostró en los ratones de prueba un rendimiento total, el cual erradicó la enfermedad del cerebro de los ejemplares de prueba.

Según explica el grupo de científicos, la migración de los linfocitos T  un tipo de glóbulo blanco que desempeña un papel central en la inmunidad mediada por células  y los glóbulos rojos infectados por el parásito Plasmodium falciparum en el cerebro son ambos necesarios para precipitar la enfermedad.

La curcumina sola fue capaz de revertir todos los parámetros investigados en este estudio que gobiernan las respuestas inflamatorias, la célula T CD8 y el secuestro de Plasmodium falciparum en el cerebro y la barrera hematoencefálica.


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La preocupación por la malaria en general y esta variante de la misma, en particular, ha llevado a la introducción de una serie de programas de eliminación de la malaria en diversas regiones del mundo.

El aumento de los riesgos para los niños con esta infección son una causa especial de preocupación, y los niños también tienden a ser más propensos a experimentar efectos secundarios como persistentes déficits neurológicos.

La lucha contra la malaria cerebral

La malaria cerebral (MC) supone una amenaza grave para la salud pública en muchas zonas del planeta que obstaculiza en gran medida su desarrollo económico. Un proyecto financiado con fondos europeos investigó la función de determinadas micropartículas (MP) en la evolución de la enfermedad.

El objetivo del proyecto “Función patogénica de la microvesiculación en la malaria cerebral” (MPCM) realizado entre 2006 y 2008 fue descubrir los mecanismos que rigen la producción de MP y generar terapias para tratarla. El parásito Plasmodium entra en el torrente sanguíneo de su huésped a través de la picadura de mosquitos. La enfermedad puede llegar a afectar al encéfalo y al sistema nervioso central (SNC), causando pérdida de consciencia, convulsiones e incluso la muerte.

Los estudios realizados en ratones de laboratorio han revelado que la producción de MP aumenta notablemente en pacientes de MC. En la sangre circulan distintas MP, como las plaquetas, que contribuyen a los procesos de coagulación de ésta, y otras partículas procedentes de las células endoteliales que recubren el interior de los vasos sanguíneos. El estudio del cerebro humano sugiere que el empleo de fármacos antiinflamatorios es capaz de reducir la producción de MP.

La iniciativa reunió a equipos de distintos campos complementarios como la inmunología, la patología, la biología celular y la genética. A la investigación contribuyeron colegas de Camerún, India, Malawi y Tanzania, países en los que la enfermedad está presente. El conocimiento recabado sobre la producción de MP generará nuevas terapias y permitirá diseñar métodos de asistencia mejorados así como una reducción de las muertes provocadas por la evolución de la malaria normal hacia MC.

Si bien la malaria es poco frecuente en climas templados, sigue siendo frecuente en países tropicales y subtropicales. Los funcionarios de salud de todo el mundo intentan reducir la incidencia de la malaria mediante la distribución de mosquiteros para camas, que ayudan a las personas a protegerse de las picaduras de mosquitos cuando duermen. Los científicos de todo el mundo trabajan en el desarrollo de una vacuna contra la malaria.

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