febrero 18, 2014

Hemisferios Cerebrales del Niño



Hemisferios izquierdo y derecho



El término hemisferio cerebral designa cada una de las dos estructuras que constituyen la parte más grande del encéfalo. Son inversos el uno del otro, pero no inversamente simétricos, son asimétricos, como los dos lados de la cara del individuo. Una cisura sagital profunda en la línea media (la cisura interhemisférica o longitudinal cerebral) los divide en hemisferio derecho y hemisferio izquierdo. Esta cisura contiene un pliegue de la duramadre y las arterias cerebrales anteriores. En lo más hondo de la cisura, el cuerpo calloso (una comisura formada por un conglomerado de fibras nerviosas blancas), conecta ambos hemisferios cruzando la línea media y transfiriendo información de un lado al otro.

Las diferencias funcionales entre hemisferios son mínimas, las dos mitades del cerebro son complementarias. Los dos hemisferios funcionan tanto conjuntamente como aisladamente. En ocasiones uno está operando por sí solo y en otras se complementan usando el cuerpo calloso que los une como puente. Los dos hemisferios son igualmente importantes y cada uno tiene su función específica.

Ambos hemisferios funcionan de manera cruzada (en el sentido de la localización); el lado izquierdo de nuestro cuerpo está controlado principalmente por el hemisferio cerebral derecho, y todo lo realizado con el lado derecho está dominado por el hemisferio izquierdo.

En cuanto al campo visual, cada ojo envía la información a ambos hemisferios. La mitad izquierda del espacio visual es vista por el hemisferio derecho, en tanto la mitad derecha es percibida por el hemisferio izquierdo.

Cada uno de ellos se especializa en una forma distinta de procesar la información, que complementa a la del otro hemisferio. Ninguno es superior al otro, y es la suma de ambos lo que le da a la mente su asombrosa flexibilidad, y lo que genera el pensamiento efectivo.

El tema racional del hemisferio izquierdo va de la mano con la parte creativa del hemisferio derecho. Igualmente, La creatividad del hemisferio derecho va de la mano con la claridad mental y poder de ejecución del hemisferio izquierdo.

En los niños de corta edad, cada lado del cerebro posee, en potencia, la facultad del habla y del lenguaje. Una lesión en el lado izquierdo en los primeros años de vida, da como resultado el desarrollo de la facultad del lenguaje en el lado derecho del cerebro. El dominio del habla y probablemente también de otras facultades se establece firmemente en uno de los hemisferios hacia los diez años de edad y no puede transmitirse al otro posteriormente.

Hasta no hace muchos años, se pensaba que el cerebro tenía zonas exclusivas de funcionamiento hasta que por medio de la imagenología se pudo determinar que cuando se realiza una función, el cerebro actúa de manera semejante a una orquesta sinfónica interactuando varias áreas entre si. Además se pudo establecer que cuando un área cerebral no especializada, es dañada, otra área puede realizar un reemplazo parcial de sus funciones.




Hemisferio izquierdo

Es el centro de la lógica y de la facultad de expresión. Es la parte motriz capaz de reconocer grupos de letras formando palabras, y grupos de palabras formando frases, tanto en lo que se refiere al habla, la escritura, la numeración, las matemáticas y la lógica, como a las facultades necesarias para transformar un conjunto de informaciones en palabras, gestos y pensamientos. Gobierna principalmente la parte derecha del cuerpo. Procesa la información usando el análisis, que es el método de resolver un problema descomponiéndolo en piezas y examinando estas una por una.

Se caracteriza por lo siguiente :

* Proporciona una mente racional, cartesiana, que realiza conexiones lógicas entre las causas y los efectos.

* Es analítico y calculador.

* Como modo de expresión, se especializa en lo verbal; las palabras, los discursos, la gramática.

* Su acercamiento es lineal, secuencial.

* Puede hacer sólo una cosa a la vez, paso por paso.

* Le gusta el orden. La autoridad le da seguridad.

* Su modo de ver las cosas es de particular a global.

* Su pensamiento es de velocidad moderada y, en general, no desemboca en la acción o por lo menos en la acción inmediata. Necesita analizar antes de actuar.

Los tests de inteligencia que investigan el vocabulario, la comprensión verbal, la memoria y el cálculo aritmético mental, detectan el origen de la actividad en el hemisferio izquierdo.

Hemisferio derecho

Gobierna tantas funciones especializadas como el izquierdo. El método de elaboración utilizado por el hemisferio derecho se ajusta al tipo de respuesta inmediata que se requiere en los procesos visuales y de orientación espacial.

Es un hemisferio integrador, centro de las facultades visuo-espaciales no verbales, especializado en sensaciones, sentimientos, prosodia (pronunciación y acentuación) y habilidades especiales; como visuales y sonoras. Concibe las situaciones y las estrategias del pensamiento de una forma total. Integra varios tipos de información (sonidos, imágenes, olores, sensaciones) y los transmite como un todo.

Tiene las siguientes funciones :

* Función de procesamiento automático a alta velocidad. Por ejemplo, hacer cálculos matemáticos mentales instantáneos.

* Función de visualización de imágenes (memoria fotográfica). Es la capacidad del cerebro para captar y retener una imagen mental exactamente como se encuentra en el entorno. Los niños que han desarrollado esta función de visualización de imágenes, pueden imaginar un objeto que han visto con los ojos abiertos, recrear la imagen mentalmente y manipularla a voluntad. Un niño puede enviar y recibir imágenes telepáticas o tener premoniciones sobre acontecimientos futuros. El profesor mentalmente envía esa imagen al niño, quien trata de adivinar cuál es la imagen que el profesor tiene en la mente. Con esta habilidad los niños, a menudo, pueden decir al profesor el color e incluso la forma de la imagen que el profesor está enviando.

* Función de memorización masiva a alta velocidad. Por ejemplo, para la lectura rápida.

* Funciones de percepción extrasensorial. Cuando está desarrollada plenamente posee las habilidades de intuición, telepatía y clarividencia.

* Oído musical perfecto.

* Capacidad para la adquisición de idiomas. El aprendizaje basado en el sonido es más poderoso cuando se introduce a una edad temprana. Los patrones, las frecuencias, los tonos, el timbre y los acentos se absorben y registran todos. Si hay cinco idiomas en el ambiente, el niño dominará los cinco idiomas.

* Habilidad para las artes.

Utilizando sus facultades somos capaces de situarnos y orientarnos; podemos saber por qué calle estamos caminando mirando simplemente la arquitectura de los edificios que hay a uno y otro lado de ella, esto es la forma y aspecto de las fachadas, de los tejados y de las puertas de entrada. Si vamos caminando por la calle y reconocemos un rostro, la identificación de dicho rostro también corre a cargo de la memoria visual del hemisferio derecho. El nombre que corresponde a la persona que posee dicho rostro conocido lo proporciona, en cambio el hemisferio izquierdo.

Cuando los niños y niñas nacen, sus habilidades del hemisferio derecho están presentes y activas. Con el desuso se atrofian y se vuelven recesivas. La época óptima para el desarrollo de las facultades del cerebro derecho es entre los cero y los tres años, porque más o menos a esta edad, se observa que el cerebro comienza a cambiar de forma natural su hemisferio derecho e izquierdo.

Estas características y bondades del hemisferio derecho fueron reprimidas en la educación de los siglos pasados. Por ejemplo en otra época,  no se incentivaba la facultad ambidiestra ni se dejaba que los zurdos utilicen su mano izquierda, ligada directamente al cerebro derecho. Al contrario, se le amarraba el brazo izquierdo para obligar al niño a que utilice su mano derecha, hecho que se sabe ahora es dañino para el desarrollo armónico del estudiante.

Todas estas características del hemisferio derecho son las sobresalientes en los niños y niñas de hoy, y explican en parte su modo de ser y aprender. Estas pautas van a dar luz a una sociedad más humana, más creativa y más intuitiva, siempre y cuando el cerebro funcione con ambos hemisferios de manera equilibrada y armónica.

Desarrollo cerebral del niño

El desarrollo cerebral de un niño depende tanto del aspecto genético como del medio ambiente, además, siendo el último un factor condicionante para el resto de la vida.

Durante los primeros años de vida, las experiencias negativas pueden dejar daños permanentes que se relacionan, entre otras cosas, con dificultades de aprendizaje.

Si un niño comienza su proceso de aprendizaje tempranamente (de 1 a 3 años), la actividad cerebral preponderante se radica en el hemisferio izquierdo. Si este proceso empieza entre los 3 y los 6 años, es posible observar actividad en el hemisferio derecho, siendo la distribución bilateral más marcada entre los 11 y los 13 años.

Los avances de la química cerebral y las nuevas tecnologías han permitido comprender lo complejo del proceso cerebral y cuán vulnerable es a factores ambientales.

Una mala alimentación impacta en el correcto cableado cerebral, así como un ambiente negativo dificulta el proceso de cableado, lo que se traduce en un impacto duradero. Debido a esto, se ha puesto énfasis en la necesidad de un cuidado y un ambiente favorable durante los primeros años de vida.

Influencia del medio ambiente

Los niños que se desarrollan en ambientes de carencia emocional y cultural presentan serias dificultades para el posterior proceso de aprendizaje.

Conexiones sinápticas
Un medio ambiente adverso no permite que se establezcan correctamente las conexiones neuronales, por lo que el proceso posterior de aprendizaje se dificulta. Durante este período el cerebro es extraordinariamente plástico. Aunque el cerebro del niño posee una enorme plasticidad, el cerebro del adulto no la pierde. El proceso de aprendizaje puede lograrse a cualquier edad.

En estas situaciones se hace necesario desarrollar programas especiales con el objetivo de prevenir este daño, llamado "daño sociogénico-biológico". Ambos factores ambientales (biológicos y sociales) se refuerzan entre sí influyendo positiva o negativamente.

Si se produce daño y desnutrición en los primeros meses de vida, el cociente de desarrollo psicomotor se retarda, coincidiendo con muy escasas conexiones neuronales.

No obstante, si antes de que se cierre esta ventana (a los 3 años) se interviene con una alimentación adecuada y estimulación verbal y psico-afectiva, queda tiempo para la recuperación del daño, ya que vuelven a restablecerse las conexiones sinápticas. Si no existe esta estimulación, el daño se vuelve permanente y el niño es lesionado de por vida.

Es muy significativo el apego que el bebé tenga con la madre, así como la estimulación verbal, visual y motora.



Hablar a los bebés como adultos mejora el desarrollo cerebral

Según un equipo de investigadores americanos, es importante hablar a su bebé como a un adulto. Una sintaxis y un vocabulario más complejos ayudarían a su cerebro a desarrollarse. Es la pregunta que se hacen todos los nuevos padres: ¿cómo deben hablar a su bebé? ¿Hay que hablarle simplemente a base de palabras y de frases incompletas? ¿O al contrario, hay que hablarle como si ya fuera grande y comprendiera todo lo qué se le dice?

Durante la conferencia anual de la Sociedad americana para el progreso de la ciencia (AAAS), realizada en Chicago, en febrero 2014, estos científicos presentaron los resultados de su estudio que sugiere que hablar a su bebé como a un adulto sería mucho más benéfico para él. "El consejo que les doy a las madres es tener conversaciones con sus bebés", afirmó Erika Hoff, psicóloga del Florida Atlantic University. Si la voz aguda o cantante de un padre puede atraer la atención del bebé, su cerebro preferiría ampliamente tener un discurso más construido y complejo.

Hablarle a los bebés como a los adultos y utilizar una sintaxis y un vocabulario complejos permite un mejor desarrollo de su cerebro y les servirá para aprender a lo largo de toda su vida, afirman los investigadores.

Los científicos descubrieron que el lenguaje de los padres influía en el desarrollo de las estructuras cerebrales del bebé.

"La palabra de los padres tiene que ser rica y compleja". Más aún: hablarle a los bebés reviste una importancia tal que los niños procedentes de medios en los que la palabra está menos elaborada tienen peores resultados escolares.

Según el equipo, esto se añade a los resultados de estudios que demostraron que los niños de un nivel de vida relativamente elevado escucharon durante sus primeros años de vida más millones de palabras que los niños de un nivel de vida más modesto. Una carencia que a menudo se asociaba con resultados escolares menos buenos.

Al crecer los niños procedentes de medios más acomodados dedican una mayo parte de su cerebro a las regiones relacionadas con la palabra, indicó el Dr. Kimberly Noble, neurólogo y pediatra en la universidad Columbia de Nueva York. Según los resultados obtenidos, la diferencia entre los niños comenzaría a aumentar a los 18 meses.

Noble y sus colegas compararon los cerebros de niños que viven en contextos desfavorables con los de quienes tienen padres con estudios superiores, y encontraron diferencias entre los sistemas cognitivos que dirigen la sociabilidad y la memoria. En efecto, los niños de un nivel más modesto alcanzaron a los 2 años un nivel de competencia que los otros niños habían alcanzado seis meses antes.

Según Anne Fernald, psicóloga a Stanford University, los padres no deberían dudar en hacer frases más largas y descriptivas, asociando las palabras y su contexto. La inteligencia se construye a través del lenguaje. Esto forma redes de sentido que luego van a ayudar al niño a aprender nuevas palabras. Si el niño ya comprende una de las palabras de una frase, el contexto puede permitirle comprender el significado de los otros.

Los científicos precisan en un ejemplo simple: "el gato está sobre un banco". Si el bebé comprende el sentido de la palabra "gato", y que su cerebro lo reconoce rápidamente, entonces puede comprender mejor lo que significa "banco" gracias al contexto. Pero si él no reconoce rápidamente la palabra "gato" entonces el "banco" se evapora sin que haya tenido tiempo de comprender,
 


Si el bebé no gatea el cerebro puede desarrollarse mal

Gatear siendo pequeños es básico para desarrollar correctamente el cerebro. El gateo desarrolla la visión, la tactilidad, el habla, el equilibrio, la manualidad, la orientación y la propriocepción además de otras importantes funciones.

Hoy la mayoría de los bebés no se arrastran ni gatean lo suficiente. Pasan casi sin solución de continuidad de la inmovilidad a estar de pie y corriendo. Salvo en casos excepcionales, no se les da la oportunidad de moverse a sus anchas por el suelo porque están en parquecitos de diversos tamaños, sillitas o los acogedores brazos de mamá. Es un error que puede causar multitud de disfunciones importantes cuando esos niños crecen.

La importancia del gateo

1) El gateo conecta los hemisferios cerebrales y crea rutas de información. Facilita el paso rápido de información esencial de un hemisferio a otro, creando otras conexiones entre los dos hemisferios, cruciales para la maduración de las diferentes funciones cognitivas.

2) Desarrolla el patrón cruzado. Implica que el brazo derecho va sincronizado con el pie izquierdo y el brazo izquierdo con el pie derecho. Se llama patrón cruzado porque hay dos ejes cruzados. Ese movimiento comprende el del eje de las caderas y el de los hombros. Estas articulaciones se mueven en rotaciones contrarias entre sí al avanzar gateando y crean una torsión relativa de la columna en cada sentido en función del eje actuante. Dicha torsión posiciona correctamente, y sin sufrir presiones extrañas, las vértebras y los discos intersticiales, además de tonificar adecuadamente los músculos que más adelante permitirán que el niño mantenga la columna perfectamente erecta cuando esté maduro para poder ponerse de pie.

3) Desarrolla el sistema vestibular y el sistema proprioceptivo. El sistema vestibular activa la emisión de señales de los dos laberintos del oído al cerebelo para que el cerebro sepa constantemente en qué posición está la cabeza y así tenga un punto imaginario que le permita luego referenciar (colocar) todo el cuerpo respecto a esa posición. Este sistema vestibular se integra y complementa con el proprioceptivo. Consiste en saber dónde están todos y cada uno de los puntos del propio cuerpo, lo que permite mandar órdenes precisas a cada uno de ellos y llegar a moverlo, así como cada una de sus partes con las otras de forma armónica y rítmica. Esto le permite modular con precisión increíble la secuencia de cualquier movimiento.

4) Desarrolla la convergencia visual y posibilita el enfoque de los ojos. Al mirar al suelo para colocar la mano o la rodilla convenientemente, el niño converge o enfoca los dos ojos en un mismo punto a corta distancia. Cuando mira a dónde va, a unos tres metros por lo menos, coloca con los ojos la convergencia en un punto infinito. Éste es un estupendo ejercicio muscular para los ojos que facilita la acomodación visual. Y es tal su importancia que, según estudios de optómetras, el 98% de los niños con estrabismo no gatearon lo suficiente de pequeños. También parece que los ojos vagos están relacionados con un mal desarrollo de las convergencias.

Tactilidad de las palmas
5) Desarrolla la oposición cortical. En el gateo, la cabeza está en un plano y la palma de la mano en otro. El niño siente la tactilidad de la palma que está viendo. Esto es fundamental para desarrollar luego la oposición cortical – es decir, en la corteza del cerebro – de que el dedo gordo de la mano se opone a los otros cuatro. El desarrollo de esta función en las manos es la que permite servirse de ellas y asir los objetos. Y esa manualidad fina es esencial para luego poder escribir. Además, al masajear la palma de la mano ésta envía información al cerebro de dónde está y de las diferentes sensaciones que va sintiendo al moverla y apoyarse, así como de los estímulos producidos por la textura y otras características del medio que está presionando. Por otro lado, al gatear el niño apoya su peso en las palmas de las manos y soporta esa tensión en las articulaciones de las muñecas, de los hombros, de la columna vertebral, de los fémures y de las caderas. Así percibe la oposición de la gravedad y aprende a manejarse con ella.

6) Le ayuda a medir el mundo que le rodea y el niño se adapta al medio. La distancia que hay entre los ojos y la palma de la mano al gatear es una medida fundamental – la braza – en todas las civilizaciones. Con esa nueva medida corporal el niño mide el mundo circundante y se adapta más eficientemente al medio porque lo mide constantemente y va retomando información espacial ordenada.

7) Ayuda a establecer la futura lateralización. En el nivel de desarrollo posterior al gateo comienzan los primeros procesos corticales de lateralización. Con él uno de los hemisferios se convierte en dominante y el otro en servidor para no tener que operar con ambos a la vez. Al conectar los dos hemisferios gracias al gateo se facilita acudir más rápidamente a funciones más complejas que requieren de ambos hemisferios y de áreas cerebrales no simétricas y diferenciadas. Un niño pequeño que va a coger una naranja echa las dos manos a la vez porque la orden llega simultáneamente a los dos hemisferios. Un niño con un nivel de organización superior coge la naranja que le mandan rodando con una mano o con otra dependiendo de si está a un lado o a otro, o de si está en un nivel superior de organización (de si es más diestro o más zurdo).

8) Ayuda a poder escribir en el futuro. Mediante el gateo se va desarrollando la coordinación cerebral ojo-mano. Cuando el niño gatea se establece entre ambos una distancia similar a la que más adelante habrá entre ojo y mano a la hora de leer y escribir. Por tanto, el gateo favorece decisivamente la aparición temprana de ambas funciones – leer y escribir.

Recomendaciones para promover el gateo

* Buscar un suelo limpio, liso, seguro, acogedor, cálido y mantener al pequeño por lo menos, una hora al día. Entonces, él solito empezará a aprender.

* No forzarlo a ponerse de pie. Si no está preparado se le creará inseguridad. El niño es consciente de que se le lanza un desafío para el cual no está preparado y fracasa. Lo mejor es que empiece a andar por sí solo, primero dos pasitos, luego tres… Poner de pie al niño, sentarle en una sillita sin que tenga la musculatura preparada para mantener el tronco erecto, hace trabajar incorrectamente a un sistema que no está maduro en muchos casos provoca deformidades en la columna como la escoliosis.

* Lo mejor es permitir que maduren y se asienten las fases previas al andar, que son arrastrarse y gatear. Si estas fases han sido desarrolladas correctamente cuando el niño se ponga de pie no tendrá problemas. Si no gatean no es que no se logre la organización cerebral pero normalmente se retrasará el desarrollo.

* Gatear persiguiendo una pelota es mucho más efectivo que poner una alfombra colorida en el suelo porque cuando el niño es capaz de converger con los dos ojos el proceso superior es el seguimiento visual que estimula el desplazamiento del pequeño en persecución de un objeto que se mueve.

 

La música tiende puentes entre los dos hemisferios del cerebro infantil


Los primeros tres años de la vida de un niño representan un periodo importante en el futuro de todo individuo, ya que allí se establece esa relación especial entre padres e hijos llamada “apego”, la música puede contribuir a fortalecer este vínculo y lograr que se convierta en una relación sana y operativa. En todo el mundo, cuando los padres le hablan a sus hijos pequeños, ajustan sus voces para hacerlas más suaves, más rítmicas, más musicales.

La música puede ser un vehículo para el desarrollo integral del niño que abarque las áreas cognitiva, social, emocional, afectiva, motora, del lenguaje, así como de la capacidad de lectura y escritura.

El efecto "Mozart". En 1993, Rauscher y colaboradores de la Universidad de California, publicaron los resultados obtenidos en una investigación realizada con grupos de estudiantes universitarios, a quienes se les expuso a escuchar durante 10 minutos una sonata de Mozart, logrando puntuaciones altas en las pruebas de habilidades visuoespaciales y cognitivas en general, así como un incremento transitorio del cociente intelectual. A este hallazgo se le denominó “efecto Mozart”.

La música origina una actividad eléctrica cerebral tipo alfa. Provoca:

* Aumento en la capacidad de memoria, atención y concentración de los niños.
* Mejora la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejos.
* Es una manera de expresarse.
* Introduce a los niños a los sonidos y significados de las palabras y fortalece el aprendizaje.
* Brinda la oportunidad para que los niños interactuen entre sí y con los adultos.
* Estimula la creatividad y la imaginación infantil.
* Al combinarse con el baile, estimula los sentidos, el equilibrio, y el desarrollo muscular.
* Provoca la evocación de recuerdos e imágenes con lo cual se enriquece el intelecto.
* Estimula el desarrollo integral del niño, al actuar sobre todas las áreas del desarrollo.

Investigación sobre la relación entre la música y el cerebro

El neurólogo y neurocientífico Gottfried Schlaug de la Harvard Medical School y sus colegas Marie Forgeard y Ellen Winner, del Boston College, presentaron un estudio en el encuentro anual de la Cognitive Neuroscience Society de Estados Unidos en abril 2008. Pudieron establecer que los niños que tocan un instrumento un promedio de dos horas y media a la semana desarrollan un 25% más el cuerpo calloso, la zona que conecta los dos hemisferios cerebrales y que ayuda a la coordinación de ambas manos.

Estudiaron a un total de 31 niños utilizando imágenes de resonancia magnética. Con esta tecnología, analizaron los cerebros de los niños, primero cuando éstos tenían seis años y, posteriormente, cuando tenían nueve años de edad.

Del grupo inicial, seis niños siguieron practicando con sus instrumentos durante esos años al menos dos horas y media a la semana. El cuerpo calloso de estos estudiantes de música creció entre los seis y nueve años un 25% en relación con el tamaño global del cerebro.

En cambio, en el caso de los niños que también siguieron tocando, pero sólo entre una y dos horas a la semana o que, directamente, abandonaron la práctica, no se detectó este crecimiento del cuerpo calloso.

Todos los participantes en el experimento tocaban el piano o el violín, instrumentos que precisan el uso de ambas manos.

Por otro lado, en cada participante, los investigadores descubrieron que el incremento en el cuerpo calloso era directamente proporcional al rendimiento en una prueba no musical en la que los niños presionaban secuencias en un teclado de computadora.

Tocar un instrumento musical fortalece las conexiones entre los dos hemisferios del cerebro en niños, pero sólo si éstos practican de manera persistente.

Es decir, que la práctica musical mejora las conexiones neuronales relacionadas con la coordinación de los movimientos de las dos manos.

Aprender música de niño ayuda al cerebro de adulto

 El estudio presentado por investigadores de la Universidad de Northwestern, en Evanston, Illinois (EEUU) y publicado en la revista Journal of Neuroscience, en agosto 2012, se centra en analizar qué ocurre después de que los niños dejan de tocar un instrumento musical, si sólo lo han hecho durante unos pocos años.

Se midieron las señales eléctricas del bulbo raquídeo de 45 adultos en respuesta a ocho sonidos complejos con diferentes tonos. Estas señales cerebrales son una fiel representación de la señal auditiva, de esta manera los investigadores pudieron analizar los elementos del sonido que son capturados por el sistema nervioso y conocer si son débiles o fuertes en cada participante con diferentes experiencias y capacidades. Comparados con aquellos sin formación musical, los participantes que habían estudiado de uno a cinco años de música tenían mejores respuestas cerebrales frente a sonidos complejos. Esta habilidad les permite reconocer sonidos en un entorno complejo y ruidoso, también es importante para la expresión hablada y para la memoria.

Los beneficios van desde una mejor percepción auditiva, mayor función ejecutiva y un empleo más eficaz de herramientas comunicativas. Todo ello sugiere que el entrenamiento musical durante el desarrollo produce efectos positivos y a largo plazo en el cerebro adulto.

Los hemisferios y el aprendizaje escolar

En los niños, la educación tiene en cuenta la potencialidad de la inteligencia no verbal, con ejercicios gestuales, de canto, dibujo, marchas y bailes, juegos de mimo, trabajos manuales. Este programa refuerza el aprendizaje inconsciente y experiencias que el niño ha iniciado desde la cuna. De repente, en la escuela secundaria, la educación se vuelve  abstracta e intelectual y apela  a la inteligencia verbal, al concepto y se remite sólo a los modos de expresión característicos de la lengua. Entonces se produce la ruptura, y quienes no se adaptan al nuevo sistema se convierten en «malos alumnos». Esto no quiere decir que sean menos inteligentes, ya que la literatura y la vida abundan en ejemplos de "malos alumnos" que brillan por su imaginación y su creatividad.

No es tanto la clase de actividad cerebral la que determina si una enseñanza es del cerebro izquierdo o del derecho, sino la onda cerebral que está operando en el momento (alfa o beta). Así, una misma actividad, como escuchar música, puede ser llevada a cabo con el cerebro izquierdo o el derecho, pero con resultados muy diferentes. El cerebro izquierdo, por ejemplo, analizaría la obra musical y el derecho “experimentaría” la música.

Aún cuando algunos niños y niñas puedan tener dificultades para utilizar su cerebro izquierdo y se les diagnostiquen dificultades de aprendizaje, se les puede ayudar a aprender despertando las capacidades latentes de su cerebro derecho. Cuando se fortalece el cerebro derecho, a veces desaparecen las condiciones diagnosticadas en el cerebro izquierdo. Existen algunas pruebas que indican que ciertos niños hiperactivos pueden prestar atención cuando la información se transmite utilizando un abordaje dirigido al cerebro derecho.

 

Cómo funcionan los hemisferios cerebrales


Al intentar leer el siguiente texto :

EL ODREN NO IPMOTRA

SGEUN UN ETSDUIO DE UNA UIVENRSDIAD IGNLSEA,
NO IPMOTRA EL ODREN EN EL QUE LAS LTEARS ETSAN
ERSCIATS, LA UICNA CSOA IPORMTNATE ES QUE LA PMRIREA
Y LA UTLIMA LTERA ESETN ECSRITAS EN LA PSIOCION
COCRRTEA. EL RSTEO PEUDEN ETSAR TTAOLMNTEE MAL Y
AUN A SI PORDAS LERELO SIN POBRLEAMS.
ETSO ES PQUORE NO LEMEOS CADA LTERA POR SI MSIMA,
SNIO LA PAALBRA EN UN TDOO.

En la lectura de estas palabras desordenadas, el hemisferio izquierdo interpreta las letras y lee tal como están, pero el hemisferio derecho reconoce las palabras como un todo, como una imagen, por lo que impide que el desorden en las letras entorpezca la lectura. Los niños aprenden la palabra escrita como un todo, al igual que aprenden la palabra hablada sin distinguir cuántas letras la conforman o cuántos sonidos se combinan al pronunciarla. Por eso el momento en el que el niño aprende a hablar es el momento idóneo para aprender a leer.

El niño es un ser en desarrollo y de todas sus estructuras orgánicas la más inmadura es su sistema nervioso. Por tanto, el objetivo es conseguir el desarrollo del mayor número posible de conexiones. A mayores conexiones neuronales más rico será el cerebro.

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