marzo 06, 2013

Comida chatarra



La comida chatarra causa daños cerebrales


Un reciente estudio sobre la nutrición y su influencia en el desarrollo del cerebro, dirigido por Gene Bowman de la Oregon Health & Science University, reveló que consumir comida chatarra en exceso puede afectar el funcionamiento de nuestro sistema nervioso.

La mayoría de investigaciones orientada a la relación entre la comida y el envejecimiento del cerebro se basan en encuestas a personas sobre su dieta semanal. Sin embargo, Bowman propuso un nuevo enfoque que consiste en estudiar directamente el tipo de nutrientes que se encuentran en la sangre.

Según explica, este método no es 100% confiable pero varios estudios han demostrado que los niveles de nutrientes en la sangre se correlacionan bien con la dieta de un sujeto durante un año, lo que permite una mejor evaluación.

Los resultados, publicados en la revista Neurology, encontraron un fuerte vínculo entre los niveles altos de grasas trans y la reducción del volumen cerebral y de las capacidades cognitivas. En resumen, el estudio indicó que consumir alimentos altos en grasas trans, en su mayoría comida chatarra, como dulces procesados y carnes rojas grasosas pueden causar daños cerebrales.

“Está claro que las grasas trans son perjudiciales tanto para el corazón y el cerebro. Así que yo recomendaría que la gente se mantenga alejado de ellas”, dijo Bowman.

Una dieta con una abundante carga de grasas trans (grasas vegetales parcialmente hidrogenadas), generalmente presentes en comida chatarra, dulces procesados y carnes rojas grasosas, podría ser la causa de los cambios de humor en las personas, así lo reveló un estudio realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de California, en Estados Unidos.

La investigación publicada en la revista “PLoS ONE”, halló que las personas que consumían más grasas trans eran más propensas a mostrar conductas negativas como impaciencia, irritabilidad y agresividad.

El estudio tuvo una muestra representativa de 945 personas (entre hombres y mujeres). Se analizó la incidencia de una dieta cargada de trans y luego una comida equilibrada y menos dañina.

También se consideraron otros posibles factores contribuyentes, como los antecedentes de agresión, el uso de alcohol y el uso de tabaco en los participantes.

Los niños son los más vulnerables porque se les ofrece adicionalmente juguetes, láminas u otro producto coleccionable, lo cual hace muy atractivo el consumo de la comida procesada.


La comida chatarra afecta el desarrollo de la inteligencia en la infancia


El estudio demuestra que los pequeños que a los 3 años consumen mucha comida chatarra como alimentos muy procesados o con alto contenido en sal, azúcar y grasas, progresan menos en el colegio, según un estudio británico publicado en el Journal of Epidemiology and Community Health, en 2011.

Una dieta inadecuada en los primeros años de la infancia tiene efectos en el posterior desarrollo escolar de los niños.

Los expertos hallaron que, en comparación con otros niños, los que tomaron más cantidad de comida basura a esa edad tenían un 10 por ciento menos de probabilidades de alcanzar los niveles de desarrollo esperados entre los 6 y los 10 años.

El trabajo presentado se basó en los datos recabados por un famoso estudio de la Universidad de Bristol llamado "Niños de los 902", que sigue el desarrollo de 14.000 niños desde su nacimiento en 1991 y 1992. Pauline Emmett de la Universidad de Bristol y sus colegas siguieron a 3.966 niños cuya alimentación fue estudiada a los 3, 4, 7 y 8 años y medio y que pasaron un test de cociente intelectual a la edad de 8 años y medio.

Para llegar a sus conclusiones, los investigadores tuvieron en cuenta otros factores que pueden afectar al desarrollo escolar infantil, como unos bajos ingresos de los padres o malas condiciones de vivienda.

Según la experta en nutrición Pauline Emmett, el estudio "muestra una sólida asociación" entre hábitos alimenticios en los primeros años y el posterior desarrollo escolar, e indica que las pautas de las primeras comidas tienen efectos duraderos, al margen de cambios posteriores en la dieta.

Se observó tres tipos de dieta:
una dieta compuesta de muchos alimentos procesados y de confort, ricos en grasa y azúcar, así como en aditivos;
una dieta tradicional de carnes, patatas y legumbres; y
una dieta más preocupada por la salud, compuesta de más ensaladas, pescado y frutas.

Los niños de 3 años del grupo de 20% cuya alimentación comportó más alimentos procesados, tuvieron a los 8 años y medio un CI promedio de 101 puntos, en comparación a los 106 puntos de los niños del otro grupo de 20% cuya alimentación fue más sana. La alimentación entre 4 y 7 años no tuvo impacto en el cociente intelectual.

El vínculo entre alimentación y cociente intelectual apareció incluso cuando se tomó en cuenta en el análisis de datos los factores que podían tener influencia en el desarrollo de la inteligencia tales como la duración de la lactancia, el nivel socio-económico y de educación de los padres, etc.

Siendo el crecimiento del cerebro más importante antes de los 3 años, una alimentación sana durante este periodo puede favorecer un crecimiento óptimo.

"Es muy importante que los niños tengan una dieta equilibrada desde la primera infancia si quieren sacar el máximo provecho de la educación", subrayó Emmett.

La comida chatarra amenaza a escolares


La situación de alimentación entre los jóvenes es muy preocupante ya que ellos son capaces de tomar decisiones y elegir libremente  qué comer, sin mucha supervisión de los padres para quienes es más "cómodo" darles plata.

Pero una dieta poco equilibrada puede tener nefastas consecuencias en los jóvenes y afectar directamente en los resultados académicos.


También se ha registrado un aumento en los niveles de colesterol que exhiben los menores.

Además, se pueden generar cuadros de anemia que se expresan en decaimiento, falta de apetito y dolores de cabeza.

De acuerdo a la tabla nutricional, los completos y comidas chatarras sólo aportan hidratos de carbono y grasas, que se traducen sólo en energía. Sin embargo lo esencial de una buena alimentación son las proteínas y las vitaminas que entre otras cosas ayudan a la concentración y la memoria.

Por ello, es fundamental incorporar una cantidad diaria de frutas y verduras, carnes blancas, y no olvidar que la leche es clave en todos los períodos de la vida.


Dormir muy poco despierta el deseo de comida chatarra


Si se ha dormido mal se buscan comidas altas en calorías porque cuerpos y cerebros buscan la energía que les falta para poder enfrentar la jornada.

El hambre y los hábitos alimenticios relacionados con el sueño son generados en parte por unas glándulas intestinales del apetito.

Las redes cerebrales asociadas con el deseo se activaron más cuando las personas no habían dormido y vieron fotos de comida basura.

Según dos estudios presentados en el encuentro anual de la Associated Professional Sleep Societies de EE UU, el de la Universidad de California en Berkeley y el de la Universidad de Columbia, Las personas que habían dormido mal deseaban pizzas y hamburguesas.

Se pidió a 23 adultos jóvenes poner nota a varios platos de comida mientras eran examinados en resonancia magnética funcional. De ellos, unos habían estado despiertos durante 24 horas seguidas, y la otra parte habían descansado bien. El grupo de los voluntarios que no habían dormido en un día, mostró una amplia preferencia por la comida menos saludable en comparación con los otros.

A unos y a otros se les mostraron imágenes de comidas saludables, frutas y vegetales, intercaladas con otras poco saludables, del tipo comida basura. Ocurrió que las redes cerebrales asociadas con el deseo tuvieron más actividad cuando los voluntarios no habían dormido que cuando habían descansado bien, especialmente cuando vieron las imágenes de comida basura.


Los riesgos de la comida basura


Podemos encontrar fácilmente este tipo de alimentos en quioscos, supermercados, restaurantes de tipo Fast Food e incluso por la calle. Los más consumidos son las hamburguesas, papas fritas, pizzas, hot dogs, gaseosas, golosinas, etc, y son sobre todo los jóvenes quienes tienden más a elegirlos porque suelen ser muy sabrosos, económicos, y se pueden comer casi en cualquier momento y lugar.

Pero este tipo de alimentación es mucho más peligroso de lo que uno puede imaginarse: si se ingiere este tipo de alimentos hipercalóricos y con alto contenido de grasas saturadas y de sodio todos los días o de manera regular, las consecuencias seguras son el sobrepeso y la obesidad.

Quizás pueda parecer poco, pero es muchísimo. La cantidad de enfermedades y afecciones que traen consigo el sobrepeso y la obesidad son innumerables, entre ellos y sólo por nombrar algunos están la hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares, etc.

Debemos tomar conciencia de que este tipo de alimentación es altamente perjudicial para la salud. No es lo mismo comerlos una vez por semana  – lo cual no afecta demasiado a la salud y puede dejar contentos a los niños – que hacerlo de manera habitual. Pensemos que los niños que ahora tienen problemas de sobrepeso, mañana serán obesos y su salud correrá riesgo.


Es importante aconsejarte que no consumas este tipo de comida con regularidad. Sí es aceptable hacerlo una vez por semana, por ejemplo, es necesario compensar el déficit de algunos nutrientes agregando lácteos, frutas y vegetales como postre o guarnición.


La tartrazina, colorante en gaseosas y golosinas produce alergias, urticaria y rinitis


Las etiquetas de los productos comestibles industrializados deben advertir sobre los riesgos para la salud que representa el consumo frecuente de ciertos insumos como azúcar, sodio y colorantes como la tartrazina, uno de los insumos más dañinos para el organismo.

Si bien los productos envasados cuentan con tablas informativas en los empaques, en el caso de los colorantes y preservantes sólo se consigna información técnica sin mencionar si pueden ser nocivos para la salud.

Es lo que ocurre con el colorante amarillo denominado tartrazina, utilizado en la producción de bebidas gaseosas, rehidratantes, refrescos, postres y golosinas diversas.

La tartrazina puede ocasionar reacciones alérgicas, como urticaria, edema y rinitis, entre otras, en las personas que la ingieren, siendo más vulnerables los niños y las personas que padecen de asma.

En la medida que el inicio del consumo sea a temprana edad, los procesos alérgicos serán más intensos, porque el sistema inmunológico de los menores está en proceso de formación y es más susceptible a sustancias químicas como la tartrazina.


En Francia. En enero 2012 se estableció un impuesto de 2 céntimos por la compra de una gaseosa con el fin de disminuir el consumo de este tipo de bebidas. En un estudio llevado a cabo se constata una disminución del consumo seis meses después de que la ley entró en vigor.

En Bélgica. Siguiendo el ejemplo de Francia, también se proyecta (mayo 2013) instituir un impuesto de 3 céntimos para las bebidas azucaradas y los productos «light» con el objetivo de cambiar los hábitos alimentarios. El producto de este impuesto sería destinado para financiar campañas en favor de la salud.


Obesidad en los escolares peruanos


Según un estudio de la OPS, el 54% de alumnos peruanos confesó haber consumido gaseosas una o más veces por día. Además, cerca del 20% de estudiantes presentó sobrepeso y un 3% obesidad, de acuerdo con los valores reportados de peso y talla.

Además, el 28,6% de alumnos entre 13 y 15 años pasa tres o más horas al día viendo televisión, jugando en la computadora o conectado a Internet.

Atención, padres de familia.  El 20% de escolares de entre 13 y 15 años en el Perú presenta sobrepeso, mientras que el 3% padece de obesidad. Así lo determinó la Encuesta Global de Salud Escolar 2010, que realizó el Ministerio de Salud.

Otro importante dato es que el 28,6% de los estudiantes prefiere pasar tres o más horas al día realizando actividades sedentarias como ver televisión, jugar en la computadora o estar conectado a Internet.

Asimismo, se detalla que el 10,7% de colegiales tiene inadecuados hábitos alimentarios, pues consume comida rápida o ‘chatarra’ tres o más días a la semana.

Además, se reveló que el 54% de alumnos de segundo, tercero y cuarto grado de secundaria en el país consume bebidas gaseosas una o más veces al día, lo que pondría en riesgo su salud al predisponerlos a sufrir de hipertensión, problemas cardíacos y diabetes.

El estudio fue realizado en 50 instituciones educativas de 16 regiones del país durante el año 2010.

Más horas de educación física


Para atenuar esta problemática, la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) recomendó que las horas de clase de educación física en los colegios se incrementen hasta llegar a las cinco horas semanales.

“Es una política pública que se aspira conseguir desde el sector Salud para lo cual se vienen realizando las coordinaciones pertinentes con el Ministerio de Educación”, dijo el director de la Dirección General de Promoción de la Salud (DGSP) del Minsa, Hamilton García, quien se mostró de acuerdo con el planteamiento.


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