agosto 04, 2013

Los niños y los adolescentes necesitan dormir




Los trastornos del sueño infantil afectan la actividad cerebral
y pueden dar lugar a problemas de conducta y fracaso escolar


Actualización : Diciembre 17, 2016


Al igual que los mayores, los niños también sufren las consecuencias de los trastornos del sueño. No conseguir dormir les puede hacer pasar un día terrible, en familia, entre amigos o en la escuela.

La falta de sueño continuada puede alterar el estado de ánimo y las capacidades motoras y cerebrales de los niños, alterando la memoria, el lenguaje y los procesos de solución de problemas.


Problemas de la falta de sueño en los niños

Los niños en edad escolar, que pierden más de 3 o 4 horas de sueño al día de manera continuada, pueden presentar, a corto plazo :

* Irritabilidad e impulsividad

* Inquietud

* Desánimo y decaimiento

* Cansancio y agotamiento

* Baja tolerancia a la frustración

* Déficit de memoria

* Falta de auto control y de atención

* Bajo rendimiento motor

* Falta de motivación y falta de ánimo

* Apatía y oposición

* Disminución del rendimiento escolar

* Falta de concentración

* Cefaleas

* Accidentes, en menor y mayor medida

* Disminución de los reflejos

* Propensión a las infecciones

La falta de sueño continuada puede influir seriamente en sus tareas escolares pudiendo, en algunos casos, llevarle al fracaso escolar. Dormir es tan importante como comer para mantener un estado de salud óptimo.


El insomnio infantil es un trastorno

Las cefaleas, así como la apatía y el desinterés, suponen un rechazo del niño hacia sí mismo. Es posible que como consecuencia de la falta de sueño, se sentirán desmoralizados, impotentes, frustrados, y con una autoestima baja en el colegio, y ante sus compañeros. Y además, todo eso puede generar una depresión. Ya no sabrán cómo tomarse sus errores ni sus faltas. Se sentirán ausentes, y harán de todo para llamar la atención, interrumpiendo a los demás, mostrándose impacientes y coléricos. Es importante atacar el trastorno del sueño, antes de que el niño sufra por sus consecuencias.

El insomnio infantil es un trastorno que se caracteriza por:
*  la dificultad para dormirse solo

*  los frecuentes despertares nocturnos y la imposibilidad de volver a dormirse sin la ayuda de los padres

*  los sueños muy superficiales

*  dormir menos horas de sueño que las necesarias para su edad


Causas principales de la falta de sueño de los niños

Malos hábitos del sueño. El 70 por ciento de los bebés comienzan a dormir más de 4 horas seguidas a partir del tercer mes de vida y el 83 por ciento duerme 8 horas al cumplir 5 o 6 meses. Solamente, el 10 por ciento de los niños con un año de edad todavía no duerme la noche entera. En esos casos, los niños deben ser re-educados y estimulados para dormir.

Alteración de la rutina del bebé. Puede estar provocada por un cambio de casa, el nacimiento de un hermanito o un viaje. En los bebés muy activos, cualquier nueva situación como aprender a caminar o a gatear les causará excitación y no conseguirán dormirse. Los bebés son sensibles y perceptivos y la falta de sueño es el primer síntoma de que algo distinto está sucediendo.


La falta de sueño bloquea irreversiblemente la plasticidad neuronal

Estudio de un equipo de científicos de la Universidad de Nueva York y de la Universidad de Pekín publicado en la revista Science, en junio 2014.


El estudio realizado sobre el ratón, autorizado o privado de sueño, muestra el impacto de una privación sobre la formación de nuevas dendritas, las puertas de entrada de las neuronas que tratan y le transmiten la información de una neurona a otra. Mientras que la formación de nuevas dendritas está asociada con el aprendizaje y la plasticidad del cerebro, el papel esencial del sueño en estas nuevas conexiones está nuevamente confirmado y documentado.

Usaron tecnología avanzada de microscopio para poder observar los procesos de sinapsis y la interacción de las neuronas en el cerebro de los seres vivos y saber cómo funciona el aprendizaje.

Los investigadores realizaron un experimento en el cual entrenaron a ratones a hacer tareas que no conocían previamente. Posteriormente observaron la actividad del cerebro de los ratones según las horas de descanso que habían tenido, e hicieron una comparación.

La falta de sueño en niños favorece el sobrepeso y la hiperactividad

Un estudio realizado en 2008 por científicos de la Universidad de Montreal, en Canadá, con más de 1.000 niños ha confirmado la importancia del sueño para los más pequeños. la falta de sueño en niños favorece el sobrepeso y la hiperactividad. Según los investigadores, un cuarto de los niños que duermen menos de 10 horas a los dos años y medio padecen sobrepeso a los seis años.

Según los científicos, los niños que duermen menos de 10 horas presentan cuatro veces más riesgos de sufrir exceso de peso que aquéllos que duermen 11 horas por noche, explica el doctor Jacques Montplaisir, profesor del departamento de psiquiatría de la Universidad de Montreal y director del Centro de Estudios del Sueño de Montreal, cerca del 30% de los niños que duermen 10 horas cada noche entre los dos años y medio y los seis años padecen sobrepeso. La relación entre sueño y peso podría ser explicada por cambios en las secreciones hormonales ocasionados por la falta de sueño. Cuando dormimos menos, producimos más grelina, que es una hormona que provoca la sensación de hambre. Esta hormona es generada por las células epiteliales endocrinas de una parte de nuestro estómago conocida como fundus gástrico.

Con la falta de sueño se produce asimismo una producción menor de leptina, que es una hormona generada en su mayor parte por los adipocitos (células grasas del organismo). La leptina suministra información acerca del metabolismo celular, y su función es disminuir la ingesta de alimentos.

Según esta misma investigación, la insuficiencia de sueño provoca además otro riesgo para la salud infantil: la hiperactividad. La hiperactividad es una enfermedad que se calcula afecta hoy día a entre un 5 y un 10% de la población infantil y juvenil, siendo unas 3 veces más frecuente en varones. Estos niños son capaces de dormir pocas horas y dar la sensación de que no necesitan mayor descanso, pero esto no es cierto. El hecho de no dormir afecta a su rendimiento escolar, a su nivel de atención y a problemas más graves como su estatura, ya que durante la aparente inactividad se segregan hormonas importantes para el correcto funcionamiento del organismo, como, por ejemplo, la hormona del crecimiento.


Similitud con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad

Algunos niños con falta de sueño pueden mostrar cambios cognitivos y conductuales similares al trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

La falta de sueño en los niños puede llegar a provocar falsos TDAH en algunas ocasiones. La falta de descanso da lugar a que muchas veces niños con alteraciones del sueño sean diagnosticados como TDAH.

Según un estudio realizado en 2002 por investigadores de la Universidad de Michigan (EEUU) cuando hablamos de niños con hiperactividad y déficit de atención, los trastornos del sueño se pueden dar con mayor severidad y este factor hay que cuidarlo mucho más. Los autores de este estudio no han podido explicar si son los problemas durante el sueño los que ocasionan la hiperactividad o viceversa. Puede ocurrir que un niño que no duerma se agote y termine desarrollando este trastorno.

Los expertos recomiendan que las familias observen y analicen el comportamiento de su hijo durante la noche. Es muy importante para su crecimiento y la madurez de su sistema nervioso central.



Los padres que acuestan tarde a sus hijos pueden "dañar su poder cerebral"

Según un estudio realizado por científicos de la Universidad de Londres y publicado en el Journal of Epidemiology and Community Health en julio 2013.

El hecho de acostar a los niños pequeños con horarios irregulares podría dañar su salud posterior, incluso frenar el poder de su cerebro, ya que la primera infancia es importante para el desarrollo posterior de la salud de los más pequeños.

Para llegar a esta conclusión los investigadores estudiaron a más de 11.000 niños de 7 años, que formaban parte del Estudio de Cohorte del Milenio de Reino Unido (MCS), buscando una posible relación entre la hora de acostarse con su poder cerebral. El estudio se basaba en encuestas y visitas domiciliarias cuando estos niños tenían 3, 5 y 7 años para obtener información diversa, como la hora de acostarse de los niños. Para los niños de 3 años lo más común era tener un horario para dormir irregular, pero a los 7 años más de la mitad de los niños tenían un horario regular entre las 19:30 y las 20:30 horas. Aquellos niños que tenían un horario irregular o que se acostaban más allá de las 21:00 horas provenían de familias más desfavorecidas según los resultados.

Por otro lado, cuando ya tenían 7 años, las niñas que iban a dormir en un horario irregular tenían resultados más bajos en los test de inteligencia, específicamente en campos como la lectura, matemáticas y conciencia espacial. Pero curiosamente en los niños esto no sucedía.

Por su parte, los horarios irregulares a los 5 años de edad no parecían asociar una peor capacidad cerebral en los niños cuando ya habían cumplido los 7 años, pero si estos horarios irregulares se daban antes de los 3 años sí había efectos perjudiciales en el desarrollo del cerebro de los niños y niñas en los tres campos anteriormente mencionados (lectura, matemáticas y conocimiento espacial). Por ello, los investigadores sugieren que las edades alrededor de los 3 años serían un período sensible para el desarrollo cognitivo.

El perjuicio de llevar un horario irregular puede ser acumulativo. Tanto las niñas como los niños que no habían llevado un horario de sueño regular a ninguna edad presentaban niveles significativamente más bajos en las pruebas de inteligencia respecto a los que sí habían seguido una regularidad.

Según los investigadores esta irregularidad de horario podría llegar a alterar los ritmos circadianos del organismo, causando falta de sueño y dañando la plasticidad cerebral.

El sueño es el precio pagado por la plasticidad del día anterior y las inversiones necesarias para permitir el aprendizaje al día siguiente. El desarrollo infantil temprano tiene profundas influencias en la salud y el bienestar a través del curso de la vida. Por lo tanto, reducir o interrumpir el sueño, sobre todo si ocurre en momentos clave en el desarrollo, podría tener un impacto importante en la salud durante toda la vida.


La falta de sueño provoca un riesgo de obesidad

Según los investigadores de la Universidad de Columbia y St. Luke's-Roosevelt Hospital en Nueva York, cuyos resultados fueron presentados en la reunión de la Asociación norteamericana para el estudio de la obesidad en 2004, el aumento de la obesidad pueden estar vinculado a una reducción en la duración del sueño.

El mecanismo propuesto que explica este efecto es que la limitación del sueño afecta a hormonas claves relacionadas con la regulación del apetito y el equilibrio de la energía: insulina, leptina y grelina.

Los investigadores quisieron determinar el efecto sobre la actividad de las neuronas, en diferentes áreas del cerebro, del sueño habitual frente a un sueño más ‘restringido’. Para ello, se valoró en ambos casos la respuesta cerebral producida al ver imágenes de diferentes alimentos.

En el estudio, participaron 26 hombres y mujeres de Nueva York con edades entre 30 y 45 años y un Índice de Masa Corporal (IMC) que oscilaba entre 22 y 26 kg/m2.

El estudio constó de dos fases: en la primera fase, los participantes fueron asignados al azar a seis días de sueño normal (9 horas cada noche) o restringidas (4 horas por noche). Después de tres semanas, los participantes de cada grupo se intercambiaron. Asimismo, durante los cuatro primeros días de cada fase, los sujetos recibieron dietas estudiadas según sus necesidades energéticas. El resto de los días, podían comer lo que quisieran. En cuanto al ejercicio físico, se permitía la libre práctica del mismo.

En la mañana del sexto día, después de una noche de ayuno, a los participantes se les mostraron imágenes de diferentes alimentos y otros productos no alimentarios mientras su actividad cerebral fue analizada mediante resonancia magnética funcional. Las imágenes incluían alimentos bajos y altos en calorías como la avena, las zanahorias, donuts y hamburguesas; los productos no comestibles que veían eran suministros de oficina, una cuerda, mármoles y animales de peluche.


Los participantes incluidos en la fase de sueño restringido, presentaban tras contemplar las imágenes de los alimentos (estímulos) un aumento en la actividad de las neuronas en varias regiones del cerebro: la corteza órbito-frontal, la ínsula, las regiones de los ganglios basales y el sistema límbico.

En la fase del sueño normal, la visión de los alimentos también produjo incremento en la actividad cerebral en las áreas de la corteza, pero su actividad se redujo y era menos extendida.

Se descubrió, asimismo, que las regiones del cerebro que eran más activas después de una fase de sueño restringido eran precisamente las más relacionadas con la motivación, la toma de decisiones y el auto-control.

Esto podría significar que las personas que duermen poco son más susceptibles a los estímulos procedentes de los alimentos. Asimismo, puede ser que, en estos casos, la gente tenga una mayor motivación para elegir la comida como recompensa o que puedan ser más conscientes de esa ‘recompensa’ y del placer derivado de la ingesta de un alimento.

Las regiones cerebrales del núcleo accumbens y del putamen fueron activadas en mayor medida después de la restricción del sueño. Estas regiones están asociadas a la recompensa, el placer, el refuerzo del aprendizaje y la drogadicción. Además, los investigadores hallaron que, cuando se limita el sueño, la actividad de las neuronas en el cerebro era similar al modelo neuronal que se presenta en alguien que ha perdido peso y pretende restaurar el peso corporal inicial.

El estudio demuestra que el vínculo existente entre la restricción del sueño y la obesidad puede no ser exclusivamente hormonal y que, por el contrario, podría deberse en parte a una mayor actividad neuronal en regiones del cerebro vinculadas a la motivación y a la recompensa, lo cual puede inducir a la gente que no duerme lo suficiente a buscar comida con más intensidad.


Los adolescentes ante la falta de sueño se muestran y/o presentan :

  • irritables
  • excesivamente excitados
  • en estado de alerta
  • inquietos
  • con mal carácter
  • ansiosos
  • miedosos o inseguros
  • distraídos
  • con dificultades para mantener la concentración
  • apáticos
  • bajo rendimiento escolar
  • problemas en sus relaciones sociales
  • ritmo desordenado de vida
  • agitación en la cama
  • largas vigilias
  • dificultad para levantarse por la mañana
  • somnolencia diurna
  • fatiga diurna
  • cefaleas
  • síntomas depresivos
  • síntomas psicóticos
  • trastornos en la alimentación
  • consumo de sustancias (alcohol, drogas, tabaco...)
  • accidentes


La irritabilidad y la inquietud provocada por la falta de sueño unida a los cambios ambientales (paso del colegio al instituto...) y físicos, a las experiencias propias de esta época y a los hábitos de estudio que se adquieren (estudiar de noche...), hace que los adolescentes lleguen a estar excesivamente inquietos y excitados. Preocupados en exceso por “sus cosas”, generando ansiedad y miedos ante determinadas situaciones (exámenes, relaciones sociales, adaptación escolar...).

La disminución del rendimiento escolar puede llevar a un fracaso escolar. Al detectarlo  algunos sujetos buscan formas alternativas para solucionarlo (quedándose a estudiar toda la noche, tomando estimulantes como Coca-cola, café, anfetaminas... y por supuesto fumando  “para concentrarse mejor”...) lo que agrava más las conductas vistas con anterioridad y a veces puede ser el desencadenante de síntomas psicóticos. Otros responden con apatía y desinterés y como consecuencia abandonan los estudios, o bien sienten frustración e impotencia que pueden degenerar en síntomas depresivos.


No es infrecuente que presenten cefaleas diurnas, ni que sufran accidentes por culpa de tener menos reflejos y no prestar atención.

En los adolescentes, al igual que en los niños, se observan “lapsus” y “déficit” de atención, lo que afecta directamente al rendimiento escolar, disminuyéndolo.

Los numerosos estímulos que bombardean las mentes adolescentes durante el día y las crecientes exigencias extraescolares mantienen a los jóvenes despiertos hasta la medianoche. Los cambios producidos en los últimos años en el uso del tiempo libre de forma inadecuada, con un consumo excesivo de televisión y videojuegos, son los responsables directos de ese desajuste.



5 consejos para evitar trastornos de sueño en adolescentes

Para reforzar los hábitos sanos y prevenir alteraciones en el sueño de los adolescentes, los expertos recomiendan:

 1. Regularidad en la hora de acostarse y levantarse; exponer a los jóvenes a la luz intensa por la mañana.
2. Evitar actividades estimulantes en las horas en las que hay tendencia a la somnolencia.
3. Evitar el consumo de sustancias estimulantes.
4. Eliminar las actividades que pongan al adolescente en alerta una hora antes de irse a dormir.
5. Realizar ejercicio físico adecuado a la edad y enseñarle a relajarse.


Las leyes del sueño nos enseñan que :

* Es muy importante evitar la fragmentación del sueño

* Tanto la duración como la continuidad del sueño influyen en su valor de recuperación

* La falta de sueño afecta al estado de ánimo y a la capacidad de concentración

* Un buen dormir mejora las defensas de nuestro organismo

* El sueño empeora cualquier alteración médica o psicológica previa

* Cualquier alteración médica o psicológica puede alterar el sueño



El papel de los padres es clave : deben crear una educación afectiva, compartida y responsable, 
huyendo de la sobre protección y sabiendo que los niños y los adolescentes necesitan normas y límites.



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