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julio 28, 2018

Astrocitos – Células Cerebrales en Forma de Estrella






Los astrocitos  del griego astron = estrella y cito “kytos” = cavidad o célula , son células gliales características en forma de estrella en el cerebro y la médula espinal.


Los astrocitos son las principales y más numerosas células gliales  de ahí que se les conozca también, genéricamente, como astroglía , sobre todo en los organismos más complejos. Se trata de células de linaje neuroectodérmico que asumen un elevado número de funciones clave para la realización de la actividad nerviosa. Derivan de las células encargadas de dirigir la migración de precursores durante el desarrollo  glía radial  y se originan en las primeras etapas del desarrollo del sistema nervioso central (SNC).


Funciones de los astrocitos

Anteriormente en la ciencia médica, la red neuronal se consideraba la única función importante de los astrocitos, y se los consideraba como rellenos de huecos. Más recientemente, se ha reconsiderado la función de los astrocitos, y ahora se cree que desempeñan una serie de funciones activas en el cerebro, incluida la secreción o absorción de transmisores neuronales y el mantenimiento de la barrera hematoencefálica. Siguiendo esta idea, se ha propuesto el concepto de una “sinapsis tripartita”, refiriéndose a la estrecha relación que se produce en las sinapsis entre un elemento presináptico, un elemento postsináptico y un elemento glial.

Soporte estructural

Están involucrados en la estructuración física del cerebro. Se encuentran entre las neuronas y proporcionan soporte físico a las neuronas y consistencia en el encéfalo. Regulan la transmisión de impulsos eléctricos dentro del cerebro.

Reservorio de glucógeno

Los astrocitos contienen glucógeno y son capaces de realizar la glucogénesis  síntesis de glucógeno por medio de azúcares  y glucogenolisis  obtención de azúcares al romper cadenas de glucógeno . Por lo tanto pueden alimentar las neuronas con glucosa durante períodos de alta tasa de consumo de glucosa y escasez de glucosa.

Soporte metabólico

Proporcionan a las neuronas nutrientes como el lactato.

Barrera hematoencefálica

La barrera hematoencefálica es un complejo que rodea la mayoría de los vasos sanguíneos del cerebro. Actúa como una barrera entre el torrente sanguíneo y el espacio extracelular del cerebro, permitiendo que solo ciertas sustancias como el agua, el oxígeno y pequeñas sustancias liposolubles pasen fácilmente de la sangre al cerebro.

Esto evita que toxinas, patógenos y otras sustancias potencialmente peligrosas crucen desde el sistema circulatorio al cerebro. Los astrocitos participan en esta barrera por medio de los denominados pies astrocitarios, prolongaciones de astrocitos que se encuentran recubriendo los vasos sanguíneos y que poseen fuertes uniones entre ellas para bloquear el paso de cualquier sustancia no deseada.

Captación y liberación de transmisores

Los astrocitos y otras células gliales pueden liberar una variedad de transmisores en el espacio extracelular. Estos transmisores se clasifican actualmente como gliotransmisores, aunque en realidad son las mismas moléculas utilizadas por neuronas, como glutamato, ATP, GABA y D-serina. Solo los acuros taurinos y posiblemente kinuréticos pueden representar sustancias liberadas de manera única por la glía siendo así verdaderos gliotransmisores.

Regulación de la concentración de iones en el espacio extracelular

Los astrocitos expresan canales de potasio a una alta densidad. Cuando las neuronas están activas, liberan potasio, aumentando la concentración extracelular local. Debido a que los astrocitos son altamente permeables al potasio, rápidamente eliminan el exceso de acumulación en el espacio extracelular. Si se interfiere con esta función, la concentración extracelular de potasio aumentará, lo que lleva a la despolarización neuronal descontrolada lo que podría producir actividad neuronal epiléptica.

Eliminación del exceso de glutamato

El glutamato es el principal neurotransmisor excitatorio en el cerebro de los vertebrados. Cuando se libera en exceso o durante mucho tiempo, el glutamato actúa como una poderosa neurotoxina que desencadena la muerte celular neuronal en muchas lesiones cerebrales agudas y crónicas. Los astrocitos eliminan la mayor parte del glutamato del espacio extracelular. Acumulan el 80% del glutamato liberado, mientras que el 20% restante es absorbido por las neuronas.

Control de la sinaptogénesis y el mantenimiento sináptico

La astroglía regula la formación, maduración, mantenimiento y estabilidad de las sinapsis, controlando así la conectividad de los circuitos neuronales. Los astrocitos secretan numerosos factores indispensables para la sinaptogénesis, y sin astrocitos, la formación de sinapsis se vería muy reprimida.

Vaso-modulación  unidad neurovascular

Las células astrogliales son los elementos centrales de las unidades neurovasculares que integran los circuitos neuronales con el flujo sanguíneo local y el soporte metabólico. La lámina basal de los vasos sanguíneos está casi completamente cubierta por pies endógenos de astrocitos. Se encuentran en una posición estratégica, con un brazo en el vaso sanguíneo y el otro en la membrana neuronal, la sinapsis o el axón. Por lo tanto, se pueden ver como el puente neurovascular. El aumento de la actividad de las neuronas desencadena las señales de Ca+2 en los astrocitos y esta podría ser la señal de integración para la unidad neurovascular. La vaso-modulación es la regulación neuronal del flujo sanguíneo.

Promoción de la actividad mielinizante de los oligodendrocitos

La actividad eléctrica en las neuronas hace que liberen ATP (adenosine triphosphate : fuente de energía), que sirve como un importante estímulo para la formación de mielina. Sin embargo, el ATP no actúa directamente sobre los oligodendrocitos. Por el contrario, causa que los astrocitos secreten Citoquina: leucemia inhibitory factor de (LIF), una proteína reguladora que promueve la actividad mielinizante de los oligodendrocitos. Esto sugiere que los astrocitos tienen un papel coordinador ejecutivo en el cerebro.

Reparación y regeneración del sistema nervioso

Las células gliales mantienen su capacidad de dividirse a lo largo de la vida (algo que no pueden hacer las neuronas). Cuando se produce una lesión en el SNC los astrocitos proliferan y emiten un número de prolongaciones – estos cambios se denominan gliosis . Los astrocitos limpian la zona lesionada, ingiriendo y digiriendo los restos de neuronas mediante fagocitosis. Además, los astrocitos proliferan para “llenar el vacío” dejado por la lesión. Por otra parte, los astrocitos podrían tener un papel muy importante en la regeneración de las neuronas debido a que liberan diversos factores de crecimiento.

Sinapsis tripartita

En la materia gris, los astrocitos están estrechamente asociados con las membranas neuronales y específicamente con las regiones sinápticas, de modo que las membranas astrogliales envuelven por completo o parcialmente los terminales presinápticos y las estructuras postsinápticas.

La aposición morfológica muy íntima de los astrocitos y las estructuras sinápticas permite que los primeros se expongan a los neurotransmisores liberados desde las terminales sinápticas. Funcionalmente, los procesos de las células astrogliales están dotados de receptores de neurotransmisores, y lo más importante, las modalidades de los receptores expresados por las membranas astrogliales coinciden exactamente con los neurotransmisores liberados en las sinapsis que cubren.

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Investigación

La ausencia de astrocitos, ¿ responsable de las enfermedades mentales ?

Investigadores portugueses de la Universidad de Minho han analizado la relación existente entre los astrocitos y las enfermedades mentales en un estudio cuyos resultados han sido publicados en la revista Molecular Psychiatry  de julio 2014.

Para llevar a cabo el experimento, inyectaron en las ratas una toxina capaz de matar específicamente a los astrocitos localizados en la corteza prefrontal, la parte más anterior del cerebro. Es la zona donde residen capacidades tan complejas como el razonamiento, la solución de problemas o la planificación del futuro. Por ello, alteraciones en esta región conllevan importantes defectos en la función cerebral, que es donde azotan enfermedades mentales como el Alzheimer.

Tras esperar a que la toxina ejerciera su efecto, los investigadores comprobaron que, a medida que morían los astrocitos de la corteza prefrontal, las ratas empezaron a padecer enfermedades mentales. Lo realmente interesante fue observar que las neuronas también murieron en el experimento. Obviamente, las ratas que formaron el grupo control no mostraron ningún cambio en el comportamiento ni en la estructura cerebral.

Es una perspectiva totalmente nueva sobre cómo se desarrollan estas enfermedades y, por tanto, cómo hay que tratarlas. La depresión, la esquizofrenia y los trastornos bipolares son las enfermedades que más se podrían beneficiar de este descubrimiento en el futuro.


El aprendizaje no sólo afecta a las neuronas, sino también a las células que las alimentan

Un equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en un trabajo, publicado en la revista The Journal of Neuroscience de setiembre 2014, ha demostrado que la actividad neuronal que lleva a la formación de la memoria y el aprendizaje no sólo implica una modificación en la actividad neuronal, como se creía hasta ahora, sino que altera la disposición anatómica de los astrocitos que rodean a las sinapsis en el hipocampo y en la corteza cerebral, y que realizan funciones de soporte nutricional y metabólico de las neuronas.

Este cambio estructural se acompaña de una pérdida de la capacidad de los astrocitos para modular la comunicación sináptica entre neuronas, por lo que conlleva consecuencias funcionales.

El cerebro está formado por dos grandes tipos celulares: las neuronas, y las células gliales, que soportan a las primeras. Los astrocitos son un tipo de células gliales con forma de estrella. En los últimos años, se ha demostrado que los astrocitos intervienen en el procesamiento y transmisión de información durante la actividad neuronal.

Hasta ahora se sabía que la plasticidad sináptica, el mecanismo que subyace a la formación de la memoria y el aprendizaje, está asociada con cambios morfológicos y funcionales en espinas dendríticas, que están rodeadas por los astrocitos.

Este estudio aclara que los astrocitos también sufren cambios durante este proceso, lo que a su vez tiene un impacto sobre la acción que estos realizan sobre las sinapsis neuronales.

Induciendo plasticidad sináptica por actividad neuronal de alta frecuencia se ha observado que las prolongaciones que extienden los astrocitos para contactar con las sinapsis neuronales se reordenan al detectar este tipo de actividad. Al inducir esta plasticidad sináptica, se pierde la modulación positiva de la transmisión sináptica que el astrocito es capaz de realizar.


Papel de los astrocitos en la memoria puede ofrecer una vía alternativa para mejorarla

Según un estudio realizado por el equipo investigadores del Instituto Gladstone de Enfermedades Neurológicas y de la Universidad de California en San Francisco, publicado en Nature Neuroscience de enero 2015, los resultados obtenidos con los receptores de adenosina A2A sugiere que los astrocitos son reguladores importantes del almacenamiento de información, y que su disfunción podría llevar a un declive de la memoria en la enfermedad.

Unos experimentos han demostrado que reducir la cantidad de ciertos receptores en los astrocitos mejora la memoria de largo plazo, en los ratones sanos investigados. Lo que es más, reducir los niveles de los receptores previno también los deterioros de memoria en un modelo de ratón con la enfermedad de Alzheimer.

Los astrocitos están teñidos de rojo, los
receptores A2A de verde, la superposición entre los dos
se muestra en amarillo, y los núcleos celulares en azul

Los investigadores utilizaron manipulaciones químicas de la actividad de los receptores de los astrocitos, en vez de depender de cambios genéticos permanentes. De manera importante, esto sugiere que podría ser posible mejorar la memoria de pacientes con Alzheimer utilizando un fármaco que actúe sobre estos receptores. Además, el actual estudio apoya las conclusiones de otras investigaciones que sugieren que la cafeína  cuya diana principal son los receptores de adenosina  podría mejorar la función normal de la memoria o incluso prevenir los síntomas de Alzheimer en personas de edad avanzada.

El próximo paso en esta línea de investigación será probar varios de los fármacos actualmente disponibles que bloquean de manera más selectiva los receptores A2A, a fin de comprobar su potencial de mejora de la memoria. Si los resultados lo merecen, se podrá pasar más tarde a un ensayo clínico en humanos.


Las células cerebrales en forma de estrella orquestan las conexiones neuronales

Una investigación de la Universidad de Duke, en Durham, Carolina del Norte, publicada en Nature de noviembre 2017, encuentra que la arquitectura única de los astrocitos es extremadamente importante para regular el desarrollo y la función de las sinapsis en el cerebro.

Cuando no funcionan bien, la disfunción de los astrocitos puede ser la base de los problemas neuronales observados en enfermedades devastadoras como el autismo, la esquizofrenia y la epilepsia.

El equipo de investigadores identificó una familia de tres proteínas que controlan la estructura en forma de red de cada astrocito a medida que crece y recubre estructuras neuronales como las sinapsis.

La desactivación de una de estas proteínas no solo limitaba la complejidad de los astrocitos, sino que también alteraba la naturaleza de las sinapsis entre las neuronas que tocaban, desplazando el delicado equilibrio entre las conexiones neuronales excitatorias e inhibitorias.

Los científicos descubrieron que la forma de los astrocitos y sus interacciones con las sinapsis son fundamentalmente importantes para la función cerebral y pueden vincularse a enfermedades de una manera que las personas han descuidado hasta ahora.

La complejidad de los astrocitos, en función de las neuronas. Los astrocitos han existido casi tanto como los cerebros. Incluso, invertebrados simples como la lombriz 'C. Elegans', del tamaño de una miga, tienen formas primitivas de astrocitos que ocultan sus sinapsis neuronales.

A medida que nuestros cerebros se han convertido en máquinas computacionales complejas, la estructura de astrocitos también se ha vuelto más elaborada. Pero la complejidad de los astrocitos depende de sus compañeros neuronales. Al cultivar astrocitos y neuronas juntos, los astrocitos formarán intrincadas estructuras en forma de estrella; si se cultivan solos o con otros tipos de células, salen atrofiados.

Para descubrir cómo las neuronas influyen en la forma de los astrocitos, los investigadores cultivaron las dos células juntas mientras ajustaban los mecanismos de señalización celular de las neuronas. Descubrieron que, incluso, si mataban completamente a las neuronas, pero conservaban su estructura como andamio, los astrocitos aún se desarrollaban maravillosamente sobre ellas, indicando que hay interacciones entre las superficies celulares que regulan el proceso.

Las proteínas, llamadas neuroliginas, desempeñan un papel en la construcción de sinapsis neuronales y se han relacionado con enfermedades como el autismo y la esquizofrenia. Para descubrir qué papel desempeñan las neuroliginas en los astrocitos, modificaron la capacidad de los astrocitos para producir estas proteínas y constataron que cuando apagaban la producción de neuroliginas, los astrocitos se volvían pequeños y desafilados. Pero cuando aumentaron la producción de neuroliginas, los astrocitos crecieron hasta casi el doble de tamaño.

Verificaron que una de las características de los trastornos neurológicos como la esquizofrenia, el autismo y la epilepsia es un desequilibrio entre la excitación y la inhibición, lo que indica que estas moléculas asociadas a la enfermedad están funcionando potencialmente en los astrocitos para cambiar este equilibrio.


Por primera vez logran ver neuronas interactuando en tiempo real

Una técnica realizada por neurocientíficos de la Universidad de California Los Ángeles, descrita en Neuron de abril 2018, permite a los investigadores observar en profundidad el cerebro de un ratón y analizar la influencia de los astrocitos sobre la comunicación de las células nerviosas en tiempo real.

Durante años, los científicos han intentado medir cómo los astrocitos interactúan con las sinapsis para realizar funciones cerebrales importantes. Hasta ahora, sin embargo, nadie había podido desarrollar una prueba adecuada para  observar esta interacción en directo.

Un astrocito (verde) conectado a 
una sinapsis (rojo) mientras 
produce una señal óptica (amarillo)

Se puede ver cómo los astrocitos y las sinapsis establecen contacto físico y cómo estas conexiones cambian en trastornos como el Alzheimer y la enfermedad de Huntington. Lo aprendido podría abrir nuevas estrategias para tratar esas enfermedades, por ejemplo, identificando las interacciones celulares que apoyan la función cerebral normal.

El método utiliza luces de diferentes colores que pasan a través de una lente para magnificar objetos invisibles a simple vista y mucho más pequeños que aquellos visibles con técnicas previas. Gracias a ello consiguieron observar cómo las interacciones entre las sinapsis y los astrocitos cambian con el tiempo, así como durante diversas enfermedades.

El próximo paso es descubrir con qué frecuencia los astrocitos entran en contacto con las sinapsis y cómo estas interacciones cambian durante ciertos trastornos o como resultado de diferentes tipos de actividad celular.


Un tratamiento experimental logra crear neuronas por primera vez

Científicos del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Pekín han desarrollado un cóctel de fármacos que, cuando se inyectan en el cerebro de ratones, parece convertir los astrocitos en neuronas nuevas y activas capaces de conectarse con otras células. La investigación ha si pre-publicada en el sitio bioRxiv de junio 2018.

Los químicos en el cóctel activan los genes que efectivamente borran la identidad de una célula y establecen una nueva. En su último estudio, el equipo probó el cóctel en ratones vivos. Alrededor de ocho semanas después, cuando analizaron porciones de sus cerebros, descubrieron que entre el 80 y el 90% de los astrocitos en el sitio de la inyección habían comenzado a parecerse a las neuronas.

Las células habían cambiado de forma, mostraban cambios en la actividad de los genes y enviaban señales eléctricas de la misma manera que las neuronas regulares. Sin embargo, aún no se sabe qué “tan neuronas” son estas células. Es poco probable que tengan un 100% de coincidencia. Pero el tratamiento parecía ser seguro: los ratones aún tenían una buena combinación de tipos de neuronas, y ninguno de los animales desarrolló problemas de salud.

Si los resultados son correctos, sería absolutamente increíble y tiene muchas aplicaciones potenciales y consecuencias emocionantes. Si se tiene un cerebro en proceso de degeneración, como por ejemplo la enfermedad de Alzheimer, y se podría lograr que el cerebro regenere las neuronas por sí mismo, sería un gran paso adelante.

Los investigadores planean probar el cóctel en ratones que sufrieron un derrame cerebral y esperan que los fármacos permitan que los astrocitos cercanos se conviertan en neuronas y ayuden a la recuperación.

Si funciona, entonces el cóctel ofrece alguna esperanza de reemplazar las neuronas destruidas por el Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson. Pero será difícil predecir los efectos que el tratamiento podría tener en los humanos. Aunque podría restaurar la capacidad de formar nuevas memorias, por ejemplo, es poco probable que recupere las que ya fueron perdidas. Otro desafío será la gran cantidad de células perdidas en enfermedades neurodegenerativas, en el Parkinson, se pierde un cuarto de millón de células de ambos lados del cerebro.

Potenciales complicaciones imprevistas

Antes de que el enfoque pueda ser probado en humanos, se debe saber exactamente qué tipos de neuronas es probable que produzca. Por ejemplo, crear demasiadas neuronas del tipo que excite a sus vecinos podría desencadenar epilepsia. Además, se necesitarían diferentes tipos de neuronas para tratar cada trastorno cerebral: el Parkinson, por ejemplo, implica particularmente la muerte de las neuronas que producen dopamina.

Si el tratamiento se puede utilizar para estimular la sustancia gris en ciertas áreas de cerebros sanos, también puede proporcionar una forma de mejorar habilidades como la memoria, aunque esto probablemente conlleve riesgos. Se deberá tener un control extremadamente bueno sobre qué células se están programando, hacia dónde irán y a qué células se conectarán.

Anteriormente ya se han realizado pruebas con ratones para averiguar la efectividad de los tratamientos dirigidos a enfermedades neurodegenerativas. En febrero 2018, un equipo de investigadores estadounidenses descubrió una nueva terapia para hacer retroceder el Alzheimer en ratones. Se espera que la terapia pueda tratar con éxito la enfermedad en humanos.



mayo 29, 2018

La Microglía




La microglía es un elemento clave en el funcionamiento normal del cerebro y,
 también, en muchas de las alteraciones y enfermedades que lo afligen

Las microglias son células gliales que aseguran la defensa inmunitaria del sistema nervioso central. También denominadas microgliocitos, estas células están formadas por macrófagos ubicados en la médula espinal y en el cerebro. Se caracterizan por su extrema movilidad. Representando entre el 5 y el 25% de las células del sistema nervioso central, estas células producen citoquinas, radicales libres y proteínas.

Descritas por primera vez por el investigador neurohistólogo español Pío del Río Hortega (1882-1945). Distinguió la microglía como un tipo celular independiente y bautizó a dichas células con su actual nombre.

Las células microgliales tienen capacidad fagocitaria, constituyen un 10% de las células del encéfalo y forman una red tridimensional bastante regular en la que cada microgliocito tiene un territorio único. Su superficie presenta muchas expansiones con numerosos procesos finos, asombrosamente móviles, con los que patrullan continuamente el ambiente tisular. A través de esta vigilancia detectan distintas señales extracelulares y luego las traducen, las integran y responden a ellas con el fin de mantener la homeostasis cerebral.

Las respuestas de la microglía pueden ser muy variadas y van a determinar en muchas ocasiones el desarrollo, empeoramiento o cura de un trastorno. De hecho, la microglía es un elemento clave en el funcionamiento normal del cerebro y, también, en muchas de las alteraciones y enfermedades que lo afligen.

El deterioro de la microglía durante los primeros años de vida podría implicar graves daños para el cerebro en desarrollo. Algunas enfermedades, como la Enfermedad de Nasu-Hakola (NHD), pueden considerarse microgliopatías primarias, mientras que en otras enfermedades la microglía está involucrada con otros factores genéticos y ambientales. Tanto la presencia de inflamación en el cerebro como la inactividad de la microglía pueden tomarse en consideración como marcadores de enfermedades neurodegenerativas.


La estructura de la microglía


Varía según las funciones que cumpla cada célula, el lugar en el que se encuentre y las señales químicas que reciba de neuronas colindantes. “Fenotipo” es la forma concreta que adopta cada microglía.

Se originan a partir de células progenitoras del mismo linaje que las que componen la sangre, localizadas probablemente en la médula ósea o en el saco vitelino anexo al embrión. Algunas de estas células migran al cerebro durante el desarrollo intrauterino; una vez llegadas a esta estructura se diferencian como microglía.


Funciones de estas células

La microglía es conocida principalmente por sus papeles inmunitario e higiénico; no obstante, también cumple otras funciones variadas, como el mantenimiento del equilibrio del medio extracelular del sistema nervioso o la reparación de tejidos dañados.

Su función principal consiste en reconocer las infecciones  bacteriana o vírica , tomar las primeras medidas necesarias con el fin de combatirlas y pedir ayuda a otras células inmunitarias. Son vigilantes permanentes del tejido cerebral solventando las pequeñas lesiones.

Fagocitosis  Eliminación de desechos

Estas células fagocitan (“devoran”) distintos tipos de compuestos del sistema nervioso central: células lesionadas y muertas, residuos, virus, bacterias, ovillos neurofibrilares, placas neuríticas... Tras la fagocitación tanto la microglía como su objetivo quedan inactivas, disminuyendo así el riesgo de que se altere el funcionamiento del sistema nervioso.

Mantenimiento de la homeostasis

La microglía envía señales a través de las citocinas a otros tipos de célula, como las neuronas, los astrocitos y los linfocitos T, implicados también en el sistema inmunitario. Entre las consecuencias de esta función destaca la regulación de la homeostasis del medio extracelular, así como la presencia de la inflamación.

Inflamación y reparación de daños

Cuando un tejido del sistema nervioso central es dañado o infectado, la microglía facilita que se inflame; de este modo se inicia el proceso de reparación de las células lesionadas, a lo largo del cual estas células son muy importantes.

Además, si se producen daños en la médula espinal la microglía elimina las ramificaciones neuronales afectadas, permitiendo que se creen nuevas conexiones nerviosas.

Presentación de antígenos

Al inflamarse un tejido, los linfocitos T atraviesan la barrera hemato-encefálica y entran en el sistema nervioso central. Una vez aquí se unen con células de la microglía que han fagocitado antígenos  partículas a partir de las cuales se producen anticuerpos ; esto potencia la eliminación de amenazas y la recuperación de lesiones.

Destrucción de células  citotoxicidad

La microglía tiene la capacidad de destruir bacterias, virus, neuronas infectadas y otros tipos de célula mediante la liberación de peróxido de hidrógeno y de óxido nítrico. En ocasiones esta respuesta resulta excesivamente agresiva y daña cantidades importantes de tejidos sanos, provocando daños cerebrales aún mayores.

Sin embargo, la activación mayor de la microglía, traducida por ejemplo, por la secreción excesiva de factores tóxicos (radicales libres) puede ser perjudicial, ya que entonces empeora el daño tisular e indirectamente contribuye a la fisiopatología y el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas tales como la la esclerosis múltiple y las enfermedades de Alzheimer y Parkinson. Por lo tanto, la regulación funcional de la microglía y su nivel de activación es crucial para la integridad del sistema nervioso.


Enfermedades relacionadas con la microglía

Las disfunciones en la microglía se asocian a alteraciones muy diversas. Estas células parecen estar implicadas de forma relevante en enfermedades neurodegenerativas como la de Alzheimer, en la que se acumulan placas neuríticas y ovillos neurofibrilares en el cerebro: la citotoxicidad de la microglía ataca a neuronas sanas contiguas al tejido dañado.

Las células de la microglía desempeñan un papel similar en el desarrollo de demencia debida a la infección por VIH, el virus del sida. De hecho, esta enfermedad también afecta de forma directa a la microglía, infectándola y promoviendo la neurotoxicidad. La microglía interviene también en otras enfermedades infecciosas, como la encefalitis herpética y la meningitis bacteriana.

La investigación revela que la glía es importante en la aparición de dolor neuropático, que se manifiesta en alteraciones como la alodinia o el síndrome del miembro fantasma. Esto se debe a que se activan en respuesta a daños en los nervios y favorecen la liberación crónica de compuestos químicos asociados a la sensación de dolor.

Microglía y autismo

Entre las funciones en las que participa la microglía están la poda sináptica  esculpir los circuitos neuronales fagocitando elementos como terminales axónicos o espinas dendríticas  y la plasticidad neuronal.

Una poda aberrante de sinapsis durante periodos críticos del desarrollo puede ser una de las causas de trastornos del neurodesarrollo como el autismo.

En un cerebro sano la proporción de células microgliales fagocitando en un momento determinado es muy baja, lo que indica que hay un amplio potencial para reclutar más células en caso de necesidad. La microglía es también crucial para la regulación de la plasticidad sináptica dependiente de actividad, la neurogénesis adulta y el aprendizaje y la memoria.


Cuando la microglía coloniza el cerebro durante el desarrollo embrionario temprano, las alteraciones en el genoma o algunas influencias ambientales pueden alterar el desarrollo de estas células o su control de las poblaciones de neuronas y de sinapsis.

El análisis post-mortem de cerebros de personas con autismo ha encontrado alteraciones en el número, morfología e interacción con neuronas de las células de microglía, en particular en regiones como la corteza prefrontal dorsolateral que se encarga de las funciones ejecutivas. Los análisis de todo el genoma han encontrado alteraciones en los genes expresados por la microglía en algunas personas con autismo, incluyendo marcadores del estado inflamatorio.

Con respecto a las señales ambientales, según como la microglía responde a las moléculas pro-inflamatorias, cualquier situación que genere una inflamación general o localizada durante períodos críticos del desarrollo puede producir efectos que sean de por vida. Esto explicaría también porqué algunas infecciones prenatales y de la madre aumentan el riesgo de autismo en sus hijos.

Hay varias fases en el desarrollo temporal de la microglía en las que son sensibles a factores genéticos y ambientales, tales como alteraciones en el microbiota o una activación inmunitaria materna.

Por tanto, la disrupción del entorno genético o ambiental de la microglía, tanto durante el desarrollo como en su funcionamiento posterior, puede ser relevante para los trastornos del espectro autista (TEA).

Microglia y Alzheimer

En los últimos años, han surgido numerosas evidencias que apoyan la implicación de la inmunidad innata, y, en particular, la microglía en la patogénesis de la enfermedad de Alzheimer (EA). Los científicos han descubierto que se debe en parte a un proceso de defensa del sistema nervioso central. Las células 'gendarmes', la microglia, buscan destruir las placas amiloides que se forman en el cerebro durante la enfermedad de Alzheimer. Pero este proceso también causa la muerte de las neuronas relacionadas con la microglía.

Los agregados de proteínas que se depositan en la EA son reconocidos por receptores de la microglía y, en consecuencia, desencadenan una respuesta de la inmunidad innata, caracterizada por la liberación de varios mediadores inflamatorios, quienes contribuyen a la progresión de la enfermedad.

Asimismo, los últimos estudios genéticos han mostrado que varios genes relacionados con la inmunidad innata se asocian con el riesgo de padecer EA. El estudio del líquido céfalo-raquídeo (LCR) ha demostrado ser de gran utilidad en la enfermedad de Alzheimer y en otras enfermedades neurodegenerativas.

Una multitud de trabajos ha determinado también los niveles de citoquinas y otros mediadores de la inmunidad innata en el LCR pero con resultados muy inconsistentes. Una de las razones de estas inconsistencias reside en no tener en cuenta la variable tiempo, es decir, el estadio de la enfermedad en que el sujeto se encuentra. No basta con comparar sujetos con EA con pacientes sanos. En la actualidad, es bien conocido que la EA es una enfermedad que se desarrolla en varios años o incluso décadas. Después de una larga fase pre-clínica, aparecen los primeros síntomas leves que posteriormente evolucionarán a la fase de demencia, durante la cual las actividades de la vida diaria del individuo se ven afectadas.

Definir adecuadamente la secuencia de eventos patológicos que ocurren en la evolución de la enfermedad es clave no sólo para conocerla mejor, sino también para hallar nuevos métodos terapéuticos y determinar en qué momento de la evolución de la enfermedad éstos se han de aplicar. En la EA, el tiempo importa.

A pesar de la evidente implicación de la microglía en la EA, no se conoce el momento en la evolución de la EA en el cual la activación de la microglía desempeña un papel más relevante.

Microglía y enfermedades neurodegenerativas

La muerte de neuronas es un proceso natural de envejecimiento que ocurre en el desarrollo normal del sistema nervioso de todos nosotros. Un fenómeno neuronal al que estamos abocados todos los seres humanos.

En condiciones normales, la eliminación de esta “basura” cerebral permite que el tejido cerebral próximo no sufra ningún tipo de alteración y pueda seguir funcionando de forma adecuada. Este proceso de eliminación se denomina fagocitosis, y las encargadas de realizarlo son las llamadas células de la microglía, que elaboran la primera reacción inmune natural del cerebro, crucial para preservar la integridad del sistema nervioso.

La fagocitosis, por lo tanto, es un proceso esencial para mantener la homeostasis ante un gran número de enfermedades inflamatorias y autoinmunes. Pero su papel en el cerebro está poco estudiado.

Las células de la microglía están continuamente analizando su medio. Presentan una gran cantidad de ramificaciones que están en constante movimiento por todo el cerebro. Gracias a esta particularidad, cuando se produce un daño en el sistema nervioso, reaccionan y migran hacia la zona en cuestión.

Una vez allí, repararan el tejido liberando diferentes componentes que permiten eliminar elementos extraños, no deseados o dañados, mediante la fagocitosis. Sin embargo, estos componentes, en algunas ocasiones, pueden afectar a las neuronas sanas y provocar una eliminación excesiva e innecesaria de neuronas. Esto, que ocurre en enfermedades como el Parkinson y el Alzheimer, origina un ambiente patológico.

Al menos, esto era lo que se creía que ocurría, pues se presuponía la eficacia de la microglía como recolectora y destructora (fagocitos) de residuos, también en cerebros enfermos. De hecho, la microglía se percibió inicialmente como el sistema de defensa del cerebro contra infecciones y enfermedades. Sus células pueden detectar, destruir y digerir invasores, o incluso promover la curación después de una lesión.

Sin embargo, la nueva investigación señala que puede ocurrir todo lo contrario, en cerebros enfermos o lesionados, la microglía no elimina las neuronas muertas que sí deberían de ser eliminadas para evitar una respuesta inflamatoria del cerebro. Este hecho tendría una grave repercusión patológica.

Cada vez más estudios sugieren que las células microgliales pueden estar involucradas en trastornos psiquiátricos, como síndromes autistas, ciertos comportamientos compulsivos o esquizofrenia.


Investigación

Papel de la glía en la enfermedad de Alzheimer (EA)

En la revisión bibliográfica realizada por la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, publicada en Neurología  de junio 2014, se discute el papel de la glía, específicamente de la microglía y el astrocito en la fisiopatología de la EA y las posibles implicaciones terapéuticas.

La emergente evidencia del papel patogénico y la activación de vías de inflamación a partir de la microglía y el astrocito, los factores neurotóxicos liberados por estas células cuando están activadas, y cómo estos pueden desestabilizar la homeostasis del sistema nervioso central, sostienen la idea de que la inflamación inducida por la glía amplifica la EA.

La inhibición de la inflamación por inactivación de la glía, pudiera reducir la producción de factores que contribuyen con la toxicidad, resultando ser un beneficio clínico. La microglía y el astrocito constituyen blancos terapéuticos en el desarrollo de nuevos fármacos para combatir esta enfermedad. Estrategias terapéuticas diseñadas para contrarrestar el efecto perjudicial de la sobre-activación de estas poblaciones celulares deben ser investigadas.

La enfermedad de Alzheimer es una compleja enfermedad neurodegenerativa caracterizada por inflamación, neurotoxicidad, estrés oxidativo y gliosis reactiva. La microglía y los astrocitos no solo actúan como células presentadoras de antígenos, sino que constituyen células efectoras, liberando moléculas pro-inflamatorias que promueven la excito-toxicidad y la neurodegeneración.


Descubren un mecanismo que podría curar la adicción a la cocaína

Según un estudio del Departamento de Neurología y Neurocirugía de la McGill University de Montreal publicado en la revista científica Neuron de mayo 2016, un tipo de célula cerebral llamada microglía, la misma que "se activa" al consumir, puede reducir los efectos de la cocaína y evitar que los adictos recaigan en su utilización.

El descubrimiento explica por primera vez que la microglía, célula inmune que protege el sistema nervioso, puede disminuir los cambios adversos que genera el uso crónico de la droga y podría usarse en tratamientos contra la adicción, con resultados mucho más efectivos que los conseguidos hasta ahora.

La labor de la microglía es de constantemente monitorear el entorno y mantener el normal funcionamiento del cerebro. Cuando encuentra algo malo, puede producir moléculas que guían a las neuronas para que se adapten. Esto vieron en el experimento en el que se basaron, que constó en inyectar regularmente cocaína en ratones.

Luego de un tiempo, la microglía en sus cerebros comenzó a funcionar en contra del efecto dañino, produciendo el factor de necrosis tumoral (TNF, por sus siglas en inglés) que reprimió la sinapsis relacionada con el uso de la droga. Más tarde en la investigación, la respuesta inmune de los animales disminuyó y así su capacidad de resistir a la adicción a la droga.

Lo que se activa causa la liberación de una señal inflamatoria que luego trata de revertir las modificaciones que la cocaína genera en las neuronas. En otras palabras, la misma célula que desordena, puede poner todo en su lugar con la ayuda de otros químicos. Si bien no se trata de una cura, implementar este descubrimiento puede evitar la necesidad de consumir, evitando la recaída de la abstinencia y ayudando al tratamiento de recuperación.


Células de la microglía reparan daño a la barrera hematoencefálica en ratones

Investigadores del Centro Médico de la Universidad de Rochester en Nueva York, realizaron un experimento en ratones que les permitió descubrir cómo la microglía desempeña un papel clave en la reparación de la barrera hematoencefálica. El estudio fue publicado en enero 2016 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

La barrera hematoencefálica impide que cualquier sustancia nociva en la sangre llegue al cerebro. Si se rompe esta barrera, el cerebro se torna vulnerable a la infección y a las lesiones.

Los investigadores hicieron pequeños agujeros en la barrera hematoencefálica de ratones, y encontraron que las células de la microglía cercanas a ésta de inmediato comenzaron a reparar el daño. En la mayoría de los casos, la barrera hematoencefálica fue restaurada en un lapso de 10 a 30 minutos.

Los investigadores observaron que un receptor particular activa la microglía y la dirige hacia la ruptura de la barrera hematoencefálica. El mismo receptor también está presente en las plaquetas y es uno de los blancos de los fármacos anticoagulantes. Estos medicamentos son administrados a los pacientes en riesgo para evitar que las plaquetas se agrupen y formen coágulos de sangre, que podrían causar un accidente cerebrovascular.

No obstante, estos resultados sugieren que los fármacos anticoagulantes pueden alterar la reparación de la barrera hematoencefálica después de un derrame cerebral, y los científicos actualmente están investigando esta posibilidad. Cuando esta barrera se rompe debe ser reparada rápidamente a fin de mantener la salud del cerebro, y ayudar en la recuperación después de una lesión  un proceso que podría ser afectado por los fármacos que están destinados, en primer lugar, a prevenir este daño.

Si bien ciertos tipos de medicamentos anticoagulantes pueden hacer un gran trabajo previniendo los accidentes cerebrovasculares, estos podrían tener una consecuencia no deseada de empeorarlos o de hacer más difícil su recuperación una vez que ocurren.

Según los científicos este estudio muestra que las células inmunes residentes del sistema nervioso central desempeñan un papel crítico y previamente no apreciado en el mantenimiento de la integridad de la barrera hematoencefálica.


La acumulación de neuronas muertas en el cerebro agrava las enfermedades mentales

En una investigación realizada por un grupo internacional de científicos del laboratorio de Biología Celular Glial del Achucarro Basque Center for Neuroscience (España), publicada en la revista Public Library of Science (PLoS) Biology de junio 2016, se ha estudiado por primera vez el proceso de muerte neuronal y fagocitosis microglial en el cerebro enfermo.

Han descubierto que, tras producirse muerte o lesión neuronal en cerebros enfermos, las células microglías se vuelven “ciegas” y no son capaces de realizar su función. Esto desencadena una respuesta inflamatoria que agrava la lesión cerebral sufrida.

Cuando las neuronas mueren es necesario que sus restos sean eliminados rápidamente para que el tejido cerebral circundante pueda continuar funcionando. De este proceso, denominado fagocitosis  del griego “phagein”, comer, y “kytos”, célula , se encarga un tipo de célula muy especializado que se denomina microglía. Estas pequeñas células tienen muchas ramificaciones que están en constante movimiento en el cerebro, y están especialmente equipadas para detectar y destruir cualquier elemento extraño, incluyendo las neuronas muertas.

Neuronas (verde) y la microglía
con sus largas ramificaciones (rojo)
Se sabe que durante las convulsiones asociadas a la epilepsia, las neuronas se mueren. Pero al contrario de lo esperado, en esta patología, la microglía “no reacciona” y es incapaz de encontrarlas ni destruirlas. Y las neuronas muertas que no pueden ser eliminadas, se acumulan, y producen más daño a las neuronas vecinas, lo que provoca una respuesta inflamatoria del cerebro que lo empeora y daña más aún. Este comportamiento anormal se ha encontrado que está asociado a la hiperactividad neuronal.

El equipo multidisciplinar de investigadores describe el funcionamiento de los mecanismos de limpieza del cerebro cuando los pacientes sufren enfermedades neurodegenerativas, concretamente epilepsia.

Para llevar a cabo el estudio los científicos recogieron muestras de cerebro de pacientes que padecían epilepsia del Hospital Universitario de Cruces, así como de ratones epilépticos.

Los resultados mostraron que las células de la microglía presentaban un comportamiento anómalo, y eran incapaces de eliminar las neuronas muertas. En consecuencia, estas neuronas se acumulan como residuos y provocan el desencadenamiento de una respuesta inflamatoria que empeora la lesión cerebral.

Este descubrimiento abre una nueva vía para explorar terapias que disminuyan los efectos de las enfermedades del cerebro. De hecho, el grupo de investigación estudia en la actualidad el desarrollo de fármacos promotores de este proceso de limpieza, la fagocitosis, que pudieran ayudar en el tratamiento de los enfermos de epilepsia.


Identifican células inmunes que fortalecen el desarrollo y la conectividad cerebral

Un grupo de investigación del Instituto Nacional de Ciencias Fisiológicas de Japón (NIPS) en un estudio, publicado en Nature Communications de agosto 2016, ha descubierto nuevos mecanismos por los que la microglía, en contacto con las neuronas, determina los circuitos neuronales y se podría comprender cómo se producen los trastornos del desarrollo como el autismo o la esquizofrenia.

Las células llamadas microglía, identificadas en un primer momento como protectoras del cerebro contra la infección y la decadencia, también han demostrado estar involucradas en su desarrollo.

La microglía está involucrada en la formación de circuitos neuronales
 a través de la formación de filopodios en la corteza somatosensoria

El estudio, se llevó a cabo a través de una combinación de etiquetado fluorescente de células y moléculas con las imágenes de las regiones del desarrollo de los cerebros de ratón para comprobar cómo influye la microglía en la formación de los circuitos neuronales. Los investigadores demostraron que el contacto directo entre la microglía y las dendritas induce la formación de filopodios que buscan a los terminales de otras neuronas, permitiendo la comunicación neuronal.

Utilizaron microscopia multifotónica de imágenes en vivo de la capa 2/3 en las neuronas piramidales. Y la microglía al estar en contacto con las dendritas ha causado el crecimiento de filopodios. Este contacto se asocia con la acumulación de calcio y actina. El bloqueo de la actividad de la microglía ha dado lugar a un menor número de sinapsis funcionales y circuitos corticales menos específicos.

Los resultados tienen implicaciones importantes para una variedad de enfermedades del desarrollo, ya que varios estudios han puesto de manifiesto las asociaciones entre las células inmunes y trastornos del neurodesarrollo. Algunos trastornos cerebrales están vinculados a un número anormal de sinapsis o cambios en su forma y funciónLa alteración del entorno inmune en el cerebro en desarrollo puede explicar algunos de estos trastornos, y la microglía que influye en la conectividad en el cerebro puede sugerir nuevos objetivos de tratamiento.


La microglía se auto-renueva más rápido de lo que se creía

Según un estudio de la Universidad de Southampton (Reino Unido), publicado en la revista Cell Reports de enero 2017, las células del cerebro responsables de detectar y reparar el daño cerebral se renuevan a sí mismas más rápidamente de lo que se pensaba.

La investigación ha sido llevada a cabo en colaboración con investigadores de la Universidad de Tubingen y la de Hamburgo (Alemania), la Universidad de Oxford (Reino Unido) y el Achucarro Basque Center for Neuroscience (España).

El estudio demuestra que el re-emplazamiento de las células responsables de detectar y reparar el daño cerebral, llamadas microglía, es diez veces más rápido de lo que se había estimado con anterioridad, lo que contribuye a que su población se renueve varias veces a lo largo de la vida.

Células microgliales (formas verdes)
Con anterioridad se pensaba que la microglía proliferaba tan lentamente que no daría tiempo en una vida a que se renovara la población completa. Ahora en cambio se puede hablar de hasta seis ciclos de renovación en la vida de una persona. Ahora se necesita entender cómo interaccionan y regulan la función de otros tipos celulares para entender todo su potencial.

Otro hallazgo es que el número total de microglía permanece en gran medida invariable desde el nacimiento hasta el envejecimiento, y que se mantiene a través de un acoplamiento espacial y temporal de la proliferación y la muerte de estas células.

Este estudio de biología básica es fundamental para entender la función de la microglía y su interacción con otros tipos celulares. Comprender el reloj interno de la microglía es el primer paso para analizar su comportamiento en enfermedades psiquiátricas y neurodegenerativas como el Alzheimer.


“Microglia : Células con licencia para matar”

Artículo de la Revista Investigación y Ciencia, edición española de Scientific American 2011

Imagine que nuestro cerebro fuera la sede de una multinacional dotada de personal de alta seguridad. Un ejército de inspectores controla las 24 horas del día las oficinas y los pasillos. Inspecciona, provisto de una multitud de sensores, el edificio entero; ante el más mínimo indicio de algún movimiento sospechoso, hace saltar la alarma.

Esos metafóricos inspectores son, en el encéfalo, las células de la microglía. A diferencia de los otros integrantes de la glía  astrocitos y oligodendrocitos , las células de la microglía resultan de un préstamo por parte del sistema inmunitario al sistema nervioso central. En otras palabras, proceden de la médula ósea y su apariencia se asemeja a la de los macrófagos, células “devoradoras” que se encuentran en otros tejidos del organismo.


Su función principal consiste en reconocer las infecciones y tomar las primeras medidas necesarias con el fin de combatirlas.

Ya en el seno de la madre, las células microgliales emigran a través de la sangre al cerebro del feto hasta poco después del nacimiento del bebé, momento en el que se asientan, sobre todo, en la corteza cerebral. Allí utilizan los gruesos haces de fibras nerviosas a modo de carreteras para extenderse por el sistema nervioso central.

Durante dicha fase migratoria, las células de la microglía parecen idénticas a los macrófagos, es decir, guardan semejanza con las amebas. Una vez repartidas de manera uniforme por todo el encéfalo, su aspecto se modifica: empiezan a ramificarse intensamente, de tal suerte que las terminaciones de sus prolongaciones acaban casi tocándose. El cerebro termina cubierto, casi por completo, por una red de microglía.


La identidad genómica de la microglia finalmente revelada

Investigadores en el eje de Neurociencia del CRCHU de Quebec-Universidad Laval y sus colegas de la Universidad de California, San Diego, llevaron a cabo un estudio publicado en la revista Science de mayo 2017, en el cual caracterizaron, con una precisión sin precedentes, los mecanismos moleculares en el origen de las funciones de esta célula en el cerebro humano.

Este estudio ha permitido identificar los mecanismos de regulación génica que son expresados por la microglía humana y revelar muchos de sus misterios que permanecieron desconocidos hasta el día de hoy.


Cada vez hay más evidencia que sugiere que la disfunción de estas células microgliales también está involucrada en algunas enfermedades cerebrales, como la enfermedad de Alzheimer, la esclerosis múltiple y los trastornos del espectro autista. Sin embargo, nuestro conocimiento de estas células se deriva de estudios realizados principalmente en ratones, lo que hace que nuestra comprensión de la célula microglial 'humana' sea bastante limitada hasta la fecha y limita nuestra capacidad de desarrollar nuevas terapias para estas enfermedades.

Los hallazgos de este estudio no solo proporcionan, por primera vez, una comprensión de las funciones celulares de la microglía humana, sino que permitirán una mejor interpretación de los estudios genéticos de las enfermedades cerebrales. Este lanzamiento mundial también permitirá a la comunidad científica generar microglia humana derivada de células madre y comprender mejor el papel de las células microgliales en las diversas funciones del cerebro, que éste sea sano o enfermo.


Vitamina C : una nueva pista para contrarrestar las enfermedades neurodegenerativas

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Oporto (Portugal), publicado en Science Signaling de marzo de 2017, sugiere que la modulación de la presencia del transportador de ácido ascórbico SVCT2 a la superficie de la microglia puede actuar sobre la neuro-inflamación.


El transportador de vitamina C  SVCT2  está presente en la superficie de las células microgliales del cerebro y permite que la vitamina C ingrese a estas células. Se sabe que una deficiencia de vitamina C en el cerebro tiene un efecto acelerador de la deposición de placas amiloides en roedores. De hecho, la falta de vitamina C en las células gliales desencadena la activación pro-inflamatoria de la microglía y la neuro-inflamación.

El tratamiento previo con ácido ascórbico (vitamina C) puede prevenir la activación de la microglía y la inflamación incluso antes de que el transportador SVTC2 se degrade. El sistema de transporte de vitamina C en el cerebro por lo tanto, desempeña un papel en las enfermedades neurodegenerativas y podría considerarse como un objetivo potencial para el tratamiento.

Una placa amiloide está relacionada con una acumulación de proteína beta amiloide. Las placas amiloides están involucradas en enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer.


Cómo la microbiota influye en la esclerosis múltiple y otras enfermedades neurológicas

Un estudio realizado por investigadores del Brigham and Women's Hospital (Universidad de Harvard), publicado en la revista Nature de marzo 2018, arroja nueva luz sobre cómo la conexión entre el intestino y el cerebro influye en la progresión de las enfermedades neurodegenerativas.

Los científicos han utilizado modelos animales y células humanas de pacientes para identificar a los actores clave involucrados en esta conexión, así como en las comunicaciones entre las células inmunes y las células cerebrales.


Estos hallazgos identifican nuevos objetivos potenciales para la búsqueda de terapias contra la esclerosis múltiple y otras enfermedades neurológicas.

El estudio se centra en la influencia de los microbios intestinales en dos tipos de células que desempeñan un papel importante en el sistema nervioso central: células microgliales y astrocitos.

Las células microgliales son parte del sistema inmune y son responsables de eliminar las placas, las células dañadas y otros materiales que deben eliminarse. Pero la microglia también puede secretar compuestos con propiedades tóxicas para las células astrocitos. Se considera que este daño contribuye a muchas enfermedades neurológicas, incluida la esclerosis múltiple.

Los investigadores han descubierto que los subproductos que producen los microbios cuando descomponen el triptófano en la dieta  un aminoácido que se encuentra en el pavo y en otros alimentos  pueden limitar la inflamación del cerebro al influir sobre la microglia.

Examinaron los microbios intestinales y la influencia de los cambios en la dieta en un modelo murino (en ratones) de esclerosis múltiple. Descubrieron que los compuestos resultantes de la degradación del triptófano pueden atravesar la barrera hematoencefálica, lo que activa una vía antiinflamatoria que limita la neurodegeneración. También estudiaron muestras de cerebro de personas con esclerosis múltiple y observaron la activación de la misma vía y los mismos actores. La activación de esta vía se ha relacionado recientemente con la enfermedad de Alzheimer y el glioblastoma.


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