mayo 22, 2017

Microbiota Intestinal y Salud



Cuanta más diversidad bacteriana más saludable es una persona, es decir, 
a mayor número de especies bacterianas que alberga el tracto intestinal, mejor es.


Tenemos 10 veces más microbios en nuestro organismo que células. Se trata de billones de seres vivos que han convivido con nuestro cuerpo a lo largo de la evolución y que son fundamentales para la vida y la salud humana. De hecho, no hay modo de que los humanos podamos vivir saludablemente si no es en simbiosis con las bacterias benéficas. Dicho equilibrio recibe el nombre de eubiótica.

A pesar de ser tantos, estos huéspedes no ocupan mucho espacio pues son mucho más pequeños que nuestras células. Los encontramos alojados en la piel, en todas la mucosas y sobre todo en el tubo intestinal humano, con una clara preponderancia en el intestino grueso.

Se considera que nos habitan más de 40 mil especies diferentes de bacterias, agrupadas principalmente en dos géneros: Firmicutes y Bacteroidetes.

El término microbioma se refiere al número total de microorganismos y su material genético y se usa en contraposición al término microbiota, que es la población microbiana presente en los diferentes ecosistemas del cuerpo.

Microbioma

El microbioma humano es el conjunto de genomas de todos los microorganismos presentes en el cuerpo humano. Según el código genético de estas bacterias, nos ayudan a mantenernos sanos, pero también nos pueden hacer enfermar. Genes que, según los últimos estudios, superan en 150 veces el código genético humano.

Microbiota

Microbiota o flora intestinal, es el conjunto de bacterias que vive de manera habitual en el intestino de los seres humanos y de muchos animales, manteniendo una relación simbiótica tanto de tipo comensal como de mutualismo. La mayoría de este conjunto de bacterias no es dañina para la salud, y muchas son beneficiosas participando en numerosos procesos fisiológicos.

El consenso internacional de científicos prefieren atenerse a los términos de microbiota intestinal: micro en el sentido microscópico y bios significa vida.

La microbiota intestinal participa de manera principal en múltiples funciones como el metabolismo de algunos carbohidratos, especialización y activación del sistema inmunitario, regulación del crecimiento de células intestinales y síntesis de ciertas vitaminas (K y B). Algunas bacterias de la microbiota intestinal tienen enzimas que son capaces de digerir ciertos carbohidratos que no pueden ser procesados de otra manera. Polisacáridos mas o menos complejos, como los que componen la fibra alimentaria insoluble, sufren procesos de fermentación que dan lugar a productos como los ácidos graso de cadena corta, los cuales ejercen efectos beneficiosos sobre el metabolismo de los glúcidos y del colesterol.


El papel de la microbiota intestinal es cada vez mejor conocido. Ahora se sabe que desempeña un papel en las funciones digestivas, metabólicas, inmunes y neurológicas. Como resultado, la disbiosis, es decir, la alteración cualitativa y funcional de la flora intestinal, es una pista seria para entender el origen de ciertas enfermedades, incluyendo aquellas respaldadas por mecanismos autoinmunes o inflamatorios. Este problema se ha convertido en un centro de investigación biológica y médica.

Como la huella digital, la microbiota intestinal es específica de cada individuo: es único en términos cualitativos y cuantitativos. Entre las 160 especies de bacterias que tiene en promedio la microbiota de un individuo sano, una mitad se encuentra comúnmente de un individuo a otro. Además existiría una base común de 15 a 20 especies a cargo de las funciones básicas de la microbiota. Aunque esto se discuta, parece que podemos distinguir grupos homogéneos de población. Según la naturaleza de las especies que predominan en su microbiota, distinguimos tres grupos  o enterotipos  principales: bacteroides, prevotella y clostridiales.

Los virus bacterianos (que infectan las bacterias) son también muy numerosos dentro de la microbiota. Pueden cambiar la genética de las bacterias intestinales o de su expresión. Así, el viroma es probablemente otra pieza en el rompecabezas de la pato-fisiología de la flora intestinal, así como la microbiota fúngica que incluye levaduras y hongos.

El propio organismo ejerce un control de la  proliferación de las bacterias de la microbiota mediante mecanismos hepáticos que ejercen una función de depuración y prevención.

La desaparición de especies como consecuencia de la alimentación  inadecuada o medicamentos o las alteraciones en la composición de la microbiota intestinal pueden provocar numerosos trastornos para el individuo, como la colitis, el síndrome de colon irritable, alteraciones nutricionales, deficiencia de vitaminas, etc. Por ello, el mantenimiento de una alimentación adecuada, carente de elementos tóxicos es una condición que permite el equilibrio de muchas funciones del organismo.

Cada persona tiene una microbiota diferente, formada por miles de especies de bacterias y una representación minoritaria de virus, arqueas y células con núcleo. Dado que estos microorganismos se adaptan al entorno en que viven y a los nutrientes de que disponen, la composición de la microbiota evoluciona a lo largo de la vida en función de la dieta de cada persona, de los fármacos que toma y de su estilo de vida.


Funciones de la microbiota

Los microorganismos que constituyen el complejo ecosistema que supone la microbiota intestinal, establecen con el organismo una estrecha relación de mutuo beneficio  simbiosis –, y bien como microorganismos específicos, pero fundamentalmente como grupos determinados o actuando todos en conjunto, cumplen importantes funciones:

* Resistencia y control de la colonización por gérmenes patógenos (patógenos facultativos endógenos o propiamente invasores externos).

* Digestión de los alimentos.

* Síntesis de vitaminas (K, B12, B8) y absorción de oligoelementos.

* Estimulación, nutrición y estabilización de la integridad de la barrera epitelial y de su capa mucosa protectora.

* Estimulación, maduración y diferenciación de linfocitos y diferentes estructuras inmunitarias.

* Estimulación del peristaltismo con ayuda de ácidos grasos de cadena corta.

Para una función intestinal normal, es imprescindible que los diferentes géneros que constituyen la microbiota intestinal – Lactobacillus, Bifidobacterium, Faecalibacterium, Enterococcus, Clostridium etc. – se encuentren en una determinada cantidad, proporción y equilibrio dinámico.

Un desequilibrio cualitativo y/o cuantitativo de los microorganismos integrantes de la microbiota saprofita normal, genera una disbiosis intestinal que da lugar a disfunciones.


Ecosistema único desde el nacimiento

La placenta. Se ha descubierto recientemente la presencia de un microbioma en la placenta, el órgano que proporciona nutrición al feto durante el embarazo. Se creía que en circunstancias normales, los tejidos que la componen eran estériles, totalmente libres de la colonización bacteriana. Se pensaba que si había bacterias después del alumbramiento (expulsión de la placenta después del parto) era porque había sido contaminado al pasar por la cavidad vaginal de la madre. La mayoría son bacterias típicas del intestino. No son peligrosas y algunas fabrican incluso vitaminas.

La microbiota de un individuo se adquiere a partir del nacimiento, en contacto con la flora vaginal durante el parto, o por contacto con microorganismos del medio ambiente para los nacidos por cesárea. La colonización bacteriana se lleva a cabo de manera progresiva, en un orden específico: las primeras bacterias intestinales necesitan oxígeno para multiplicarse – bacterias aerobias: enterococos, estafilococos –. Al consumir el oxígeno presente en el intestino, promueven luego la implantación de las bacterias que proliferan precisamente en ausencia de este gas – bacterias anaerobias: bacteroides, bifidobacterium, clostridium –.

Bajo la influencia de la diversificación de alimentos, de la genética, del nivel de higiene, de tratamientos médicos y del medio ambiente, la composición de la microbiota intestinal evolucionará cualitativa y cuantitativamente durante los primeros años de vida. A continuación la calidad y cantidad de la composición de la microbiota permanece bastante estable. La oscilación de las hormonas sexuales – testosterona y estrógenos – puede tener sin embargo un impacto en su composición. Los tratamientos médicos, eventos o cambios de estilo de vida también pueden cambiar la microbiota, de forma más o menos durable. Por ejemplo, un tratamiento con antibióticos reduce la calidad y cantidad de la microbiota de varios días a varias semanas. Las especies iniciales son capaces de recuperarse en gran parte, pero pueden subsistir diferencias. Las antibioterapias repetidas a lo largo de la vida podrían inducir a una evolución progresiva y definitiva de la microbiota, potencialmente nociva. Sin embargo, parece que no todos somos iguales frente a este riesgo: algunos tienen una microbiota más estable que otros, ante el mismo evento perturbador.

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Investigación

La presencia de microorganismos en el intestino es conocida por más de un siglo, y rápidamente se asumió que había una verdadera simbiosis entre nuestro organismo y esta flora. Pero, hasta hace poco, los medios técnicos para el estudio de los detalles de esta interacción eran limitados: sólo una minoría de especies bacterianas de la microbiota podían ser cultivadas in vitro. El desarrollo de las técnicas de secuenciación de banda ancha del germoplasma (material genético) ha dado un nuevo impulso a esta investigación y hoy en día existe un verdadero entusiasmo en la investigación para describir la naturaleza de las interacciones huésped-microbiota, las de microorganismos entre ellos y sus implicaciones para la salud.

Estudios cada vez más numerosos sugieren una relación entre el microbioma intestinal y el cerebro – y sus patologías neuro-degenerantes.

Los nuevos conocimientos sobre la relación bidireccional entre la microbiota intestinal y el cerebro, conocida como “Eje microbiota-intestino-cerebro”, han empezado a develar los mecanismos de esta relación entre los procesos infecciosos y las enfermedades neurodegenerativas del sistema nervioso central. Como en el caso de la enfermedad de Parkinson, el autismo y el Alzheimer, entre otros, esta relación ya impacta en su diagnóstico y su tratamiento.


Hallan una relación directa entre la flora intestinal y la salud mental

Investigadores de las universidades de Zaragoza (España) y Exeter (Reino Unido), según un estudio publicado en la revista científica Plos One en enero 2017, descubren que el uso de antibióticos favorece la depresión.

La investigación, llevada a cabo con células y verificada en ratones, ha demostrado cómo la activación de la proteína TLR2, un tipo de receptor celular del sistema inmunológico que reconoce los cambios en la cantidad y calidad de la flora intestinal, modula el transporte de serotonina, uno de los mecanismos cruciales en las enfermedades neurológicas e inflamatorias intestinales.

Las TLR2 no solo contribuyen a regular el equilibrio bacteriano, sino que su activación disminuye el transporte de seratonina – un neurotransmisor importante en una amplia gama de enfermedades, desde la depresión a la enfermedad inflamatoria intestinal – en el organismo y, por tanto, tiene una consecuencia directa en el cerebro.

El hallazgo de este grupo de investigadores se produce en un momento en el que científicos de todo el mundo están estudiando las interacciones complicadas entre el "mundo invisible" de la microbiota en el cuerpo humano y el impacto que tienen en nuestra salud e incluso en nuestros estados de ánimo.


La microbiota intestinal podría influir en el desarrollo del Alzheimer

Neurocientíficos de la Universidad de Chicago, en una investigación publicada en Scientific Reports en julio 2016, sugieren que la composición y diversidad de bacterias en el intestino desempeñan un papel importante en la regulación de la actividad del sistema inmunológico que afecta a la progresión de la enfermedad de Alzheimer. Modificando el microbioma intestinal, ciertos antibióticos pueden detener la progresión de la enfermedad.

El tratamiento prolongado con antibióticos de amplio espectro disminuye los niveles de placas de proteína amiloide, característica de la enfermedad de Alzheimer, y además, parece activar las células microgliales inflamatorias en el cerebro, según se ha comprobado en un estudio con ratones. El trabajo también mostró cambios significativos en el microbioma intestinal después del tratamiento con antibióticos.

Cómo influye la flora intestinal en la salud del cerebro es un área que despierta cada vez más interés en quienes trabajan con enfermedades neurodegenerativas, pues podría tener una influencia en el camino hacia los tratamientos.

Para este estudio, el equipo administró altas dosis de antibióticos de amplio espectro a ratones durante cinco a seis meses. Al final de ese período, el análisis genético de las bacterias de la microbiota de los ratones tratados con antibióticos reveló que mientras que la masa total de microbios presentes era aproximadamente la misma que en los controles, la diversidad había cambiado drásticamente. Los ratones tratados con antibióticos también mostraron una clara disminución en placas de amiloide beta en comparación con los controles, y una elevación significativa en el estado inflamatorio de la microglía cerebral.

Los mecanismos que explicarían estos cambios aún no se conocen, si bien el estudio apunta a que se encuentren en una influencia del microbioma intestinal sobre el cerebro y el sistema nervioso.

Los científicos señalan que probablemente no habrá una cura para la enfermedad de Alzheimer en las próximas generaciones, porque saben que los cambios que ocurren en el cerebro y el sistema nervioso central se presentan de 15 a 20 años antes de los síntomas clínicos. Tienen que encontrar formas de intervenir cuando un paciente comienza a mostrar esos signos, y si aprenden cómo las bacterias intestinales afectan a la aparición o progresión, o cómo las moléculas que producen interactúan con el sistema nervioso, se podría utilizar eso para crear un nuevo tipo de medicina personalizada.


Microbiota vinculada a Alzheimer

Un grupo de investigación del Food for Health Science Center de la universidad de Lund en Suecia y de la École Polytechnique Fédérale de Lausanne en Suiza, según un estudio publicado en la revista Nature en febrero 2017, han descubierto el vínculo entre las bacterias intestinales y la aceleración en la enfermedad de Alzheimer.

Los científicos emplearon a ratones sanos y enfermos que padecen Alzheimer y encontraron que estos tienen una microbiota distinta a la de los ratones sanos. También estudiaron la enfermedad de Alzheimer en ratones que carecían completamente de bacterias para probar aún más la relación entre las bacterias intestinales y la enfermedad. Los ratones sin bacterias tenían una cantidad significativamente menor de placa beta-amiloide en el cerebro. Las placas beta-amiloides son los bultos que se forman en las fibras nerviosas en casos de enfermedad de Alzheimer. Transfirieron bacterias intestinales de ratones enfermos a ratones libres de bacterias y descubrieron que estos ratones desarrollaron más placas beta-amiloides en el cerebro en comparación con los que si habían recibido bacterias de ratones sanos.

El estudio muestra un vínculo causal directo entre las bacterias intestinales y la enfermedad de Alzheimer. Fue sorprendente que los ratones que carecen completamente de bacterias desarrollaron mucho menos placa en el cerebro. Los resultados significan que ahora pueden comenzar a investigar formas de prevenir la enfermedad y retrasar la aparición.

Por el momento los investigadores van a seguir intentando descifrar el vínculo entre el Alzhéimer y la microbiota. También van a orientarse a la búsqueda de estrategias terapéuticas que logren modular la composición de la microbiota a través de la dieta y probióticos.


El origen del Parkinson puede estar en el intestino

Según un estudio en ratones realizado por un equipo de investigadores del Instituto de Tecnología de California, publicado en la revista Cell en diciembre 2016, se ha encontrado un vínculo entre las bacterias intestinales y la enfermedad de Parkinson.

Los investigadores han comprobado en ratones genéticamente predispuestos a la enfermedad de Parkinson, que los microbios intestinales pueden desempeñar un papel esencial en los trastornos del movimiento.

En sus ensayos con roedores que sirven de modelo para la enfermedad, el tratamiento con antibióticos redujo los déficits motores y las características moleculares de la patología, mientras que el trasplante de microbios intestinales de pacientes enfermos exacerbó sus síntomas.

De hecho, los roedores genéticamente normales no desarrollaron síntomas motores después de recibir trasplantes fecales de pacientes.

Los resultados indican que ciertos microbios intestinales empeoran los síntomas motores al crear un ambiente que podría favorecer la acumulación de agregados de proteína mal plegados.

La enfermedad de Parkinson es causada por la acumulación en las neuronas de proteínas α-sinucleína anormales, lo que ocasiona efectos particularmente tóxicos en las células que liberan dopamina en las regiones cerebrales que controlan el movimiento.

Como resultado, los pacientes experimentan temblores, rigidez muscular, lentitud de movimiento y deterioro al caminar. Las terapias actuales se centran en aumentar los niveles de dopamina en el cerebro, pero estos tratamientos pueden causar efectos secundarios graves y a menudo pierden efectividad con el tiempo.

Para abordar la necesidad de tratamientos más seguros y eficaces, los investigadores empezaron a analizar la microbiota intestinal y observaron que los pacientes poseen una flora alterada, con problemas gastrointestinales y alteraciones como estreñimiento, que con frecuencia degeneran en déficits motores en estos individuos.

Pero, aunque se ha demostrado que los microbios intestinales influyen en el desarrollo neuronal, capacidades cognitivas, ansiedad, depresión y autismo, hasta ahora la evidencia científica sobre su papel en las enfermedades neurodegenerativas ha sido escasa.

La identificación de especies microbianas o metabolitos alterados en la enfermedad de Parkinson puede servir como biomarcador o incluso diana de posibles fármacos.


Parkinson y microbiota : la alfa-sinucleína viaja desde el cerebro hasta el intestino

Investigadores del Centro Alemán de Enfermedades Neurodegenerativas (DZNE) en Bonn confirman, en un estudio publicado en Acta Neuropathologica en enero 2017,  que la alfa-sinucleína es capaz de viajar en la dirección opuesta, es decir del cerebro al intestino.

Alfa-sinucleína se encuentra de forma natural en el sistema nervioso, donde desempeña un papel importante en la función sináptica. Sin embargo, en la enfermedad de Parkinson, en la demencia con cuerpos de Lewy y otras enfermedades neurodegenerativas llamadas "sinucleinopatías", la proteína se acumula en las neuronas y agregados de forma patológica.

El equipo probó esta hipótesis cerebro-intestino utilizando un vector viral para desencadenar la producción de alfa-sinucleína humana en ratas. El virus fue transferido al modelo del gen de la alfa-sinucleína humana específicamente en las neuronas del mesencéfalo, que luego comenzó a producir grandes cantidades de la proteína, como en la enfermedad de Parkinson. El análisis de tejidos reveló que, después de haberse expresado en el cerebro, la proteína llega a las terminaciones nerviosas de la pared del estómago.

Alfa-sinucleína es capaz de viajar a lo largo del cuerpo, pasando de una neurona a otra utilizando largas fibras nerviosas como guías. Sin embargo, si bien ella es detectada fuera del cerebro, esto no significa necesariamente que aquí es donde comenzó la enfermedad, dijeron los investigadores.


El segundo genoma del hombre

Descifrar el genoma y la funcionalidad de las bacterias que se encuentran en el aparato intestinal permitirá establecer la "normalidad" de la flora intestinal. Una vez sepamos qué es normal en el intestino, podremos empezar a establecer las diferencias que hay en esta flora intestinal en individuos enfermos. Podremos desarrollar herramientas moleculares genéticas para medir el número de bacterias, sus funciones en el intestino y las implicaciones para la salud y el desarrollo de enfermedades, y nos facilitará el estudio de la variación de la flora del intestino humano.

Para caracterizar el conjunto de este “genoma-bis” en nuestro cuerpo, dos proyectos han sido lanzados de ambos lados del Atlántico: en Europa, es el proyecto MetaHIT (Metagenómica del tracto intestinal humano), coordinado por Dusko Ehrlich, de la unidad de genética microbiana del INRA, y en Estados Unidos, el proyecto se titula Proyecto del microbioma humano.

A través de estos instrumentos se establecerán criterios efectivos para la búsqueda de correlaciones entre los genes presentes en la flora intestinal, y numerosos condicionantes del entorno humano como edad, sexo, contexto social, alimentación, medicación, etc. Igualmente, se podrá establecer la relación de estos genes con ciertas patologías.


Proyecto del Microbioma Humano (HMP)

Este proyecto de cinco años fue lanzado en el 2008 por los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos (NIH) con el objetivo de identificar y caracterizar las comunidades microbianas presentes en diferentes cavidades del cuerpo humano y buscar las correlaciones entre los cambios en el microbioma y la salud y la enfermedad humanas.

Este microbioma está casi inexplorado. Es esencial que los científicos entiendan cómo los microorganismos interactúan con el cuerpo humano al promover la salud o al provocar enfermedades. Este nuevo proyecto tiene el potencial de transformar los enfoques con los que se entiende la salud humana, así como la prevención, diagnóstico y tratamiento de una amplia gama de enfermedades.

Los investigadores van a secuenciar inicialmente 600 genomas microbianos, completando una colección que sumará unos mil genomas microbianos, proveyendo un recurso fundamental para los investigadores interesados en explorar el microbioma humano. Otros genomas microbianos están siendo recibidos en la colección, provenientes de institutos individuales del grupo NIH y de proyectos financiados internacionalmente.

Los investigadores utilizan tecnologías de laboratorio nuevas y de gran eficacia para caracterizar las comunidades microbianas presentes en las muestras tomadas de voluntarios humanos sanos, incluyendo microbios que no pueden hacerse crecer en el laboratorio. Las muestras se recolectan en cinco regiones del cuerpo que se sabe están habitadas por comunidades microbianas: el tracto digestivo, la boca, la piel, la nariz y el tracto urogenital de las mujeres.

Posteriormente se financiarán proyectos para tomar muestras de los microbiomas de voluntarios con enfermedades específicas. Esto permitirá a los investigadores asociar la relación entre los cambios en el microbioma presente en un sitio particular del cuerpo, y una enfermedad específica.

Si bien la noción de la existencia de microorganismos viviendo en nosotros no es reciente, siendo Anton van Leeuwenhoek uno de los primeros científicos que hace más de 300 años observó la microbiota de su propia boca, es en nuestra era que la tecnología de secuenciación masiva ha permitido su caracterización con base a su genoma.

Elie Metchnikoff fue uno de los primeros científicos en hablar sobre la microbiota intestinal (flora intestinal) que define como un arreglo complejo intestinal en un lugar de reproducción de los microbios tóxicos. En un artículo publicado en enero de 1908, Metchnikoff indicó que era posible luchar contra la podredumbre que se produce en este lugar, con alimentos o higiene y aumentar así sus posibilidades para lograr una vejez sana y vigorosa. Lo que está sucediendo en el intestino representa hoy, una zona próspera para la ciencia en todo el mundo.

De esta manera ha sido posible caracterizar la diversidad de las comunidades microbianas que habitan el cuerpo humano identificando sus miembros, midiendo su abundancia y anotando sus genes, teniéndose por ejemplo actualmente cerca de 10 millones de secuencias en la base de datos pública del microbioma del tracto digestivo humano.

La microbiota y su microbioma son tan importantes para nuestro funcionamiento, que un defecto o un mal funcionamiento en ellos se asocian a padecimientos como afecciones de la piel, tumores del estómago, enfermedades inflamatorias del colon, obesidad y artritis reumatoide, entre otras.

Es por esta razón, al completarse los objetivos iniciales de descripción del microbioma humano, se tienen como metas inmediatas el aprovechamiento de la microbiota y sus funciones. Si se quiere tomar ventaja de sus microorganismos, más allá de caracterizar su riqueza y abundancia, es necesario saber cómo responde nuestro cuerpo a ellos y cuáles son los factores que mantienen nuestra relación mutua dentro de balance.

Estudios y documentación sobre estas preguntas permitirán aplicaciones como el manejo de la microbiota para curar o prevenir enfermedades, además de que la identificación de sus variantes genéticas asociadas a las enfermedades serían de utilidad a fin de combatir invasiones de microorganismos no deseados. Asimismo, ese conocimiento podría emplearse en la solución de problemas diversos en animales, plantas, así como el ambiente.

Las aplicaciones de la microbiota y el microbioma resultan de tal interés que tan sólo en el año 2016, según el Wall Street Journal, la iniciativa privada invirtió más de 600 millones de dólares en empresas relacionadas con su manejo, como Human Longevity Inc., Indigo Agriculture Inc. o Seres Therapeutics Inc., lo que representó un aumento del 400 por ciento con respecto a 2015. Más importante es la aplicación de todo el conocimiento generado sobre el tema, que ya se está empleando para la planeación de las misiones espaciales que llevarán al género humano a otros planetas potencialmente habitables.

Mapa microbiano

Ahora disponemos del mayor mapa microbiano jamás realizado. Gracias al HMP podemos entender mejor que no todos los gérmenes necesitan ser eliminados, y que, al contrario, es importante cuidar de ellos.

En el mapa que los científicos han establecido, se detalla el tipo de microbios que normalmente tenemos y donde residen: la piel, la nariz, los intestinos, la vagina... Una persona saludable tiene aproximadamente 10,000 especies de microbios dentro y en ellos, pero lo que es interesante, es que si bien todos tenemos bacterias, de un individuo a otro, no son todas del mismo tipo. Lo que descubrieron es que diferentes personas tienen diferentes tipos de bacterias en un lugar preciso del cuerpo, pero todas  las variedades cumplen la misma función en este lugar.

Unos 200 científicos y cerca de 800 centros de investigación han trabajado juntos durante cinco años, en el primer censo para responder a estas preguntas descifrando el ADN de estos microbios, con métodos similares a los utilizados para decodificar la genética humana.

Ahora que los médicos tienen en este mapa lo que es "normal", quieren empezar a utilizarlo para el estudio de lo que cambia cuando estamos enfermos, lo que podría conducir a posibles tratamientos.

Se puede visitarlo en el siguiente enlace :  mapa interactivo del Microbioma Humano

Infografía

Una excelente infografía firmada por la periodista científica e ilustradora Perrin Ireland ha sido publicada en Wags Revue. Este conjunto de imágenes permite aprender sobre los principales temas abordados por el Proyecto de Microbioma Humano y  algunos de sus principales hallazgos.

Además de entender cómo se desarrolla el conjunto de comunidades de bacterias que nos acompañan a partir del momento mismo de nacer, estas excelentes y bonitas ilustraciones nos ofrecen datos curiosos como que la mitad de las heces de un adulto no son residuos alimenticios sino biomasa microbiana.

Es posible descubrir esta infografía en el siguiente enlace : link.


Proyecto MetaHIT (Metagenomics of the human intestinal tract)

Proyecto financiado por la Comisión Europea bajo su séptimo programa marco entre 2008 y 2012. Su principal objetivo era establecer correlaciones entre los genes de la microbiota intestinal humana y la salud (o las enfermedades) del huésped de dicha microbiota. Para ello, los investigadores se han centrado en dos enfermedades con una incidencia creciente en Europa: la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) y la obesidad.

Los investigadores han publicado, en la revista Nature en marzo 2010, la primera secuencia de todos los genes de las bacterias en el tracto digestivo humano, o el metagenoma. El Proyecto MetaHIT ha cumplido su objetivo, descifrar la caracterización y variabilidad genética de las comunidades microbianas que viven en el tubo digestivo de los humanos: 10 millones de millones de bacterias; 3.300.000 genes diferentes traducidos en 20.000 funciones diferentes, 5.000 de las cuales eran totalmente desconocidas hasta ahora.

En un nuevo estudio, el consorcio de investigadores muestra que los individuos se dividen en tres grupos distintos basados en los microbios en sus intestinos, esto independientemente de la procedencia geográfica, del estado de salud (sobrepeso o trastornos del tracto digestivo), sexo o edad de estas personas. Esta clasificación, como la del tipo de sangre, es específica a las personas, lo que conduce a los investigadores a utilizar la noción de "enterotipos".

El primer paso, después de un año y medio del inicio del estudio, ha sido conseguir trazar el mapa microbiano y después de estos primeros resultados, el 98% de este mapa está completado. También se ha comenzado a determinar la funcionalidad de los genes de las bacterias del aparato intestinal.

El siguiente paso es establecer la funcionalidad de estos genes en determinadas patologías en las que las bacterias influyen decisivamente por su acción sobre la nutrición (obesidad) y sobre el sistema inmune (Enfermedad Inflamatoria Intestinal). La interacción y la simbiosis entre humanos y su comunidad bacteriana (flora intestinal) es muy amplia y tiene especial importancia en varios aspectos de su fisiología, como la respuesta inmune, el metabolismo de las grasas, la producción de nuevos vasos sanguíneos, etc.

Este estudio abre el camino en búsqueda de diferencias en la composición bacteriana de la flora intestinal de individuos sanos y enfermos. Ahora, el conocimiento de esta clasificación de los individuos permitirá formar grupos homogéneos para análisis comparativos, incluyendo factores que promueven la aparición de obesidad, diabetes, etc.

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La neuro-siquiatría bajo la influencia del eje microbiota-intestino-cerebro

Existen varias vías mediante las cuales la microbiota intestinal podría afectar las funciones del sistema nervioso central a diferentes niveles. El estudio del eje microbiota-intestino-cerebro ayuda a explicar cómo la microbiota modula el sistema inmune, el sistema gastrointestinal y el sistema nervioso central.

El concepto de eje intestino-cerebro data de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, a partir de observaciones de científicos de la talla de Darwin, Beaumont o Cannon. Recientemente, con el conocimiento de la importancia de la microbiota en la promoción de la salud, el eje se ha ampliado a microbiota-intestino-cerebro.

El sistema nervioso que regula el intestino contiene él solo 200 millones de neuronas. Su función principal es asegurar el motor intestinal; Sin embargo, el 80% de estas células nerviosas está relacionado, lo que significa que transmiten información en el sentido de intestino-cerebro. Por esta razón se califica el sistema nervioso entérico como segundo cerebro.

La microbiota desempeña un papel importante en el neuro-desarrollo cerebral en edades tempranas de la vida (tanto prenatal como postnatal), que puede tener sus consecuencias en edades posteriores. De esta forma, se ha visto cómo alteraciones de la microbiota pueden verse reflejadas en la percepción del dolor, la reacción al estrés, la neuroquímica y otras alteraciones del eje gastro-cerebral.

Las últimas investigaciones han revelado que la colonización por parte de la microbiota intestinal afecta al desarrollo cerebral de los mamíferos y su comportamiento durante la etapa adulta. A través de mediciones de la actividad motora y del comportamiento relacionado con la ansiedad, se ha demostrado, en ratones, que el proceso de colonización microbiana desencadena unos mecanismos de señalización que afectan a estos circuitos neuronales, por lo que la microbiota intestinal puede influir en el desarrollo cerebral normal y las funciones conductuales.

Asimismo, es posible que la microbiota intestinal sea capaz de modificar la expresión de algunos genes de riesgo o que forme parte de mecanismos que alteran las funciones cognitivas observadas en pacientes con enfermedades gastrointestinales.

La alteración de este eje microbiota-gastro-cerebral podría explicar mecanismos de la patogénesis de ciertas enfermedades cerebrales como el autismo. En estudios de ratones se ha comprobado cómo las alteraciones en la microbiota intestinal podrían ser responsables de alteraciones del comportamiento social y que la suplementación con probióticos como B. fragilis, administrados en etapas precoces de la adolescencia en ratones, podría disminuir alteraciones en el comportamiento de los mismos.

La comunicación en el eje intestino-cerebro y su relación con las enfermedades neurológicas

La moderna ciencia neurológica ha ido obteniendo pruebas que una buena alimentación influye en la funcionalidad del Sistema Nervioso Central (CNS). Enfermedades como la depresión, la ansiedad, el trastorno del espectro autista o la esquizofrenia, dependen de varios factores genéticos y ambientales. Las bacterias gastro-intestinales representan uno de estos factores.

Un marcador típico de la esquizofrenia es la disfunción del sistema inmune debida a un aumento de las citoquinas inflamatorias. Normalmente, la microbiota regula la liberación de ambas citoquinas pro- y anti-inflamatorias desde el intestino hacia el resto del cuerpo en una manera equilibrada. En los sujetos esquizofrénicos hay un desequilibrio favorable a las citoquinas pro-inflamatorias que, con un efecto indirecto, afecta la función cerebral. Generalmente, una disminución de los niveles de BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro) está asociada con problemas cognitivos, esquizofrenia y depresión.

La comunicación bioquímica a través del eje intestino-cerebro se puede resumir, a grandes rasgos, en el siguiente ciclo: la población microbiana del intestino produce y libera diversas sustancias químicas (neurotransmisores, ácidos grasos de cadena corta, triptófano, etc.) que actúan a nivel del cerebro.

Terapéutica

Los científicos resaltan la importancia de la microbiota en la regulación de algunos procesos del cerebro. A partir de aquí, parece de gran importancia cuidar la alimentación, porque los alimentos ingeridos tienen un efecto directo sobre la salud y la composición de nuestra microbiota intestinal.

El diseño de una dieta personalizada como recurso complementario en el tratamiento de enfermedades neurológicas es una idea difícilmente alcanzable al día de hoy, debido a la gran complejidad de la microbiota, y al patrón microbiano único de cada persona. Mientras tanto, el suplemento de probióticos (por ejemplo, cepas vivas de Bifidobacterium) o de prebióticos (azúcares solubles utilizados por la microbiota) pueden ayudar a mejorar la composición de la microbiota, regulando así de mejor manera la transmisión de las señales en el eje intestino-cerebro.

Las enfermedades originadas o mantenidas por una disbiosis pueden ser curadas por seis medios terapéuticos diferentes:

* Una dieta favoreciendo el desarrollo de bacterias beneficiosas para el sistema digestivo.

* Un tratamiento antibiótico enfocado en las especies perjudiciales implicadas en la fisiopatología de la enfermedad. Sin embargo, esta opción no puede ser considerada como un tratamiento crónico debido a la presión de selección que podría producir; podría así inducir nuevas patologías.

* El aporte oral de probióticos, microorganismos vivos, no patógenos y demostrados como beneficiosos para la flora intestinal.

* El aporte de prebióticos, componentes alimentarios no digeribles, útiles para el crecimiento o actividad de ciertas poblaciones bacterianas intestinales.

* La simbiótica, que combina pre y probióticos.

* El trasplante fecal, que consiste en administrar una suspensión bacteriana preparada de las heces de un individuo sano mediante una sonda nasogástrico enteral o por enema. Permite implantar una microbiota normal en un paciente enfermo.


La composición de la microbiota intestinal afecta a la salud de los lactantes

La microbiota presente en la leche materna protege al bebé frente a diversas enfermedades.

Durante un tiempo se pensó que la leche materna era estéril – libre de microorganismos –. Pero estudios posteriores han demostrado que contiene una gran cantidad de bacterias. Un bebé que tome unos 800 mililitros de leche al día ingiere entre cien mil y diez millones de bacterias. Éstas ayudan a proteger al bebé de infecciones y favorecen el desarrollo de su sistema inmune. La exposición de los lactantes a estos microorganismos disminuye el riesgo de desarrollar enfermedades como diarrea, enfermedades respiratorias y metabólicas (diabetes, obesidad…).

Los descubrimientos más recientes apuntan a que el intestino materno es la fuente de algunas de estas bacterias que contiene la leche. Así, determinadas células del sistema de defensas de la madre – células dendríticas – recogen microorganismos presentes en el intestino de ésta y las trasladan a las glándulas mamarias para añadirlas a la leche.

La leche materna contiene diversos tipos de bacterias que actúan como probióticos y ejercen un efecto anti-infeccioso, anti-inflamatorio, inmuno-modulador y metabólico sobre el bebé. Los estudios se han centrado especialmente en el asma y en la dermatitis atópica; las bacterias de la leche materna mejoran, e incluso previenen, estas enfermedades.

El papel esencial de la microbiota intestinal del recién nacido

La microbiota intestinal comienza a desarrollarse desde el nacimiento por inhalación, contacto físico con el entorno, lactancia materna y luego la alimentación, etc. De las microbiotas maternas (vaginal, intestinal, cutánea) a los microorganismos del medio ambiente, el niño compone gradualmente una microbiota diversificada que alcanza su forma adulta alrededor de 2 a 3 años de edad.

Hasta esa edad, nuevas colonias de microorganismos se instalan a lo largo del tracto digestivo. La mayoría de estos microorganismos es esencial para el tránsito y la digestión, pero también para el buen funcionamiento del sistema inmune. Algunos pueden ser perjudiciales y participar en la aparición de enfermedades diversas como sobrepeso, alergias, enfermedades inflamatorias del intestino, etc.

Aunque generalmente se considere el tracto digestivo como siendo estéril al nacer, estudios científicos recientes han sugerido que el tracto digestivo del niño sería colonizado por microorganismos presentes en el ambiente intrauterino. Este fenómeno se llama "colonización prenatal".


Las causas que afectan a la flora intestinal

El consumo de antibióticos


Éstos provocan una disminución de la biodiversidad de la flora al actuar sobre las bacterias, moléculas y enzimas que la componen. Durante el tratamiento con antibióticos y tras finalizar éste, las bacterias que componen la flora intestinal ven alterados sus patrones metabólicos, conllevando que asimile menos hierro y produzca menos moléculas esenciales. Aunque el poder para alterar a la flora en mayor o menor grado depende del tipo de antibiótico, así como de la duración del tratamiento y de la vía de administración.

Malos hábitos alimenticios

Afectan a la flora intestinal ya que ingerimos una gran cantidad de comida rápida abusando de alimentos procesados y refinados, con exceso de grasa y proteínas animales, azúcares y mantenemos un gran déficit en productos frescos de origen vegetal. Además abusamos de los refrescos con gas.

Escasez de fibra en la dieta

No consumimos suficientes alimentos con fibra como son las verduras, las legumbres, las frutas, los cereales y los frutos secos. La fibra tiene carácter prebiótico y mantiene en equilibrio a los microorganismos beneficiosos de nuestro intestino mientras que una dieta pobre en ella ocasiona problemas de tránsito intestinal.

El estrés y los problemas emocionales


El estrés de la vida diaria se convierte en otra causa que afecta a la flora intestinal porque altera las relaciones entre las bacterias y la mucosa intestinal y agudiza dolencias relacionadas con el aparato digestivo como es la gastritis. Por ello se hace fundamental procurar no comer de pie o demasiado deprisa e intentar relajarse.

La falta de ejercicio

La ausencia de ejercicio físico afecta a la flora intestinal. Nos olvidamos que la práctica de ejercicio físico de forma habitual es una aliado para la calidad de nuestra flora intestinal. Bastaría ejercicio físico durante 30 minutos al día para favorecer el buen funcionamiento de la flora intestinal.


Las consecuencias de un desequilibrio de la flora intestinal

Depresión, estrés y flora intestinal

Los investigadores hoy en día se centran en posibles vínculos entre el desequilibrio de la flora intestinal o disbiosis y algunos trastornos psicológicos como el estrés o la depresión.

Estudios en animales sugieren la posibilidad de un papel moderador de la microbiota intestinal sobre el estrés. Atenuación o exacerbación del comportamiento ansioso frente a una situación de estrés, por ejemplo, ocurrió en algunos animales carentes de microbiota.

Cambios en la composición de la microbiota intestinal también fueron descubiertos entre roedores con comportamiento depresivo.

Además, estudios que comparan controladores de la microbiota intestinal de los niños que sufren de un trastorno del espectro autista a los de los niños testigos, informan diferencias significativas desde el punto de vista bacteriológico.

Estos resultados abren la puerta a nuevas herramientas de diagnóstico para identificar el autismo pero siguen siendo preliminares y deben confirmarse.

Flora intestinal y enfermedades neurodegenerativas

Un estudio reciente muestra una alteración intestinal morfológica de la barrera epitelial y una disbiosis potencial en pacientes con enfermedad de Parkinson.

Con respecto a la enfermedad de Alzheimer, un estudio muestra que las bacterias de la microbiota intestinal tienen capacidad para producir grandes cantidades de péptidos amiloides biológicamente similares a las encontrados en el sistema nervioso central de los pacientes.

En esta enfermedad, un doble proceso de degeneración e inflamación se desarrolla en el cerebro del paciente. Dos tipos de lesiones son responsables de la pérdida de neuronas en el tejido cortical. La primera es la acumulación de la proteína β-amiloide que provoca las placas seniles fuera de las neuronas e induce su degradación. La segunda es la muerte de la célula del nervio como resultado de la acumulación des proteínas llamadas neurofibrillas tau.

Frente a estos procesos patológicos conocidos, los investigadores ahora piensan que pueden existir otros mecanismos. Según ellos, la flora intestinal, consistente en bacterias y otros microorganismos cubriendo naturalmente nuestros órganos digestivos, podría tener un papel importante en el desarrollo de las enfermedades neurodegenerativas. Si la teoría de la influencia de la flora intestinal o microbiota resulta ser cierta, entonces podemos imaginar que la inflamación se desarrolla antes del depósito de proteínas neurotóxicas y que este es el factor que la desencadena, y no la reacción del cerebro frente a estas proteínas perjudiciales. Ahora tenemos suficiente evidencia que demuestra, por ejemplo, que en otra enfermedad neurodegenerativa, la enfermedad de Parkinson, una alteración en el tracto digestivo es el primer factor que puede conducir a la neurodegeneración.


La influencia de la dieta en la microbiota intestinal

La dieta desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la diversidad y el correcto funcionamiento de nuestra microbiota intestinal.

El proverbio somos lo que comemos" puede aplicarse perfectamente a la microbiota intestinal, ya que cuando nos alimentamos se alimentan también los cientos de billones de bacterias que habitan nuestro sistema digestivo. Por esta razón, es fundamental llevar una dieta variada y equilibrada.

Si nos alimentamos bien, el intestino podrá hacerse él mismo sus medicinas naturales como butirato y acetato para fomentar el desarrollo de las funciones inmunológicas, propionato para ayudar a los pulmones a combatir la inflamación relacionada con las alergias y el indol – asociado con el acetato, butirato y propionato – para ayudar a regular el hambre y por lo tanto el peso. Una microbiota equilibrada incluso lanzará los famosos polifenoles tan importantes para combatir la oxidación.

Las bacterias buenas contribuyen a la absorción, al nivel de la pared del colon, de las vitaminas de los grupos B, B1, B2, B3, B5, D6, B8, B9 y B12, así como la vitamina k.

Los prebióticos y los probióticos son dos de los elementos más estudiados en el ámbito de la microbiota intestinal. Ambos comportan efectos beneficiosos para la microbiota intestinal, la cual causa impacto en varias funciones del cuerpo como la digestión. Por esta razón, los especialistas resaltan la importancia de su inclusión en la dieta para promover una microbiota sana.

Se podría decir que el probiótico aporta vida – bacterias viables – y el prebiótico asegura la viabilidad – alimenta las bacterias asegurando su supervivencia –.

Los prebióticos

El concepto de prebiótico, a veces llamado también fibra soluble, fue introducido en 1995 por Gibson y Roberfroid. Se define como aquellos ingredientes no digeribles de los alimentos que promueven selectivamente el crecimiento y la actividad de un número limitado de especies bacterianas autóctonas beneficiosas para la salud.

Los prebióticos pueden encontrarse de forma natural en un alimento o agregarse a los mismos (productos funcionales). Están presentes de manera natural en vegetales y frutas. Por esta razón, deberían formar parte de una dieta equilibrada y saludable.

Como en muchos otros ámbitos, el equilibrio y la variedad son esenciales a la hora de ingerir alimentos prebióticos. Aunque una dieta rica en fibras sea beneficiosa para las bacterias intestinales, un exceso de fibras puede generar malestar o hinchazón abdominal en algunas personas.

Elementos prebióticos necesarios

Almidones resistentes


Estos son azúcares complejos consistentes en largas cadenas de glucosa que no son digeridas en el intestino delgado y llegan intactos al colon, constituyendo un buen alimento para nuestras bacterias intestinales.

* Se encuentran en los cereales integrales: avena, cebada, arroz, mijo, sarracena.
* En las legumbres: guisantes (arvejas), lentejas, garbanzos y habas.
* En los tubérculos como las papas.
* En frutas como el plátano.
* En frutos con cáscara como el castaño.

Estos almidones resistentes pueden mejorar la sensibilidad a la insulina y contribuyen a la pérdida de peso. Es un supresor natural del apetito y nos protegen contra el riesgo de cáncer colorrectal.

Los fructanos


Son azúcares lentos complejos (carbohidratos) llamados fructo-oligosacáridos y polisacáridos (inulina). Protegen contra la diabetes incrementando las bifidobacterias que permiten una mejor tolerancia al azúcar y un mejor sistema inmunológico. Refuerzan la impermeabilidad de la pared intestinal, reducen la inflamación crónica y nos protegen también del riesgo de cáncer colorrectal.

* Se encuentran en los vegetales como espárragos, puerros (poros), salsifí, alcachofa, ajo, cebolla.
* En los tubérculos como alcachofas de Jerusalén.
* En la achicoria.
* En frutas como el plátano, caqui, melón.
* En granos enteros tales como centeno, trigo y cebada.

Los Beta-glucanos

Es un azúcar complejo compuesto por una larga cadena de glucosa que evita caer en el riesgo de resistencia a la insulina y la diabetes y se encuentra esencialmente en las paredes de cereales como avena, cebada, sorgo y centeno. El beta-glucano alimenta la microbiota, baja el colesterol, disminuye el azúcar en la sangre, reduce el apetito y mejora la salud intestinal.

Las fibras

Son esenciales para la salud de nuestro intestino y sin embargo no pueden ser digeridas o absorbidas por el intestino.

Hay dos tipos de fibra : la soluble y el insoluble
Las fibra solubles – que se disuelven en agua – son la pectina de manzana, la goma de habas y granos y el beta-glucano de avena.
Las fibras insolubles incluyen la celulosa en los vegetales, frijoles, etc.

Alimentos ricos en fibra son:
* Verduras como puerro, espinaca, col, zanahoria, remolacha (betarraga).
* Leguminosas como frijoles, lentejas, habas y garbanzos, etc.
* Frutas como pera, frambuesa, manzana.
* Cereales integrales como cebada, avena y centeno.
* Frutos secos como higos, ciruelas, pasas de uva.
* Frutos con cáscara como almendras, nueces, avellanas, semillas de lino, etc.
* Hortalizas de tubérculos como patatas (papas) y alcachofas de Jerusalén.

Las fibras mejoran el tránsito intestinal, puede prevenir enfermedades como la diverticulosis, que afecta a 30% de los más de 60 y 50% de los más de 70 años. Protegen contra enfermedades cardiovasculares, previenen la diabetes y el riesgo de cáncer colorrectal.

Los polifenoles

Los polifenoles que se encuentran en muchos alimentos naturales como frutas, frutos con cáscara, especias, hierbas, condimentos, pero también verduras, legumbres, cereales integrales, chocolate, ayudan a mantener nuestra microbiota equilibrada. Es el antioxidante de alta gama por excelencia. Luchan contra la inflamación crónica, infección, previenen el riesgo cardiovascular, mantienen la salud de nuestras arterias, protegen de la diabetes y resistencia a la insulina y nos permiten mantenernos jóvenes más tiempo.


Los probióticos

La Organización Mundial de la Salud define a los probióticos como microorganismos vivos que, cuando son administrados en cantidades adecuadas, promueven beneficios en la salud del huésped.

Estos microorganismos sobreviven parcialmente a la digestión, a lo largo del paso a través del sistema digestivo. Proporcionan múltiples beneficios al organismo, incluyendo el mantenimiento del confort digestivo y la regulación del sistema inmune. Los probióticos pueden también ayudar a equilibrar la flora intestinal cuando ésta se ha visto afectada por una mala alimentación, por infecciones, por algunos tratamientos con antibióticos o por otros factores externos como el estrés.

Muchos probióticos proceden de bacterias utilizadas tradicionalmente en la fermentación de alimentos. Actualmente, se realiza un gran número de pruebas clínicas con probióticos. Los más estudiados pertenecen a dos géneros, Lactobacillus y Bifidobacterium, pero otros microorganismos incluyendo Eterococcus y Streptococcus, entre otros, también han sido estudiados.

Numerosos estudios han demostrado que algunas de estas especies bacterianas ayudan al mantenimiento de la salud digestiva a través de diversos mecanismos, por los que los expertos coinciden en que pueden considerarse como probióticos. Algunas pueden encontrarse en distintos alimentos (como yogures y leches fermentadas) o en complementos alimenticios.


La mejor dieta para el microbiota intestinal

Según un estudio publicado en International Journal of Molecular Sciences, la dieta mediterránea, considerada como uno de los modelos dietéticos más saludables, puede conducir a una reducción de la incidencia de enfermedades importantes, como cánceres, patologías cardiovasculares, enfermedades neurodegenerativas, diabetes tipo 2 o incluso alergia. Y esa acción podría llevarla a cabo a través de la flora intestinal, porque los hábitos alimentarios son los principales factores determinantes de la variedad microbiana del intestino. El estudio destaca que los componentes de la dieta mediterránea influyen en las poblaciones microbianas y sus actividades metabólicas desde las primeras etapas de la vida.

Una dieta rica en alimentos de origen vegetal, incluidos el café, el , el chocolate negro y el vino tinto en cantidades moderadas, es beneficiosa para los microorganismos que pueblan el aparato digestivo y que son esenciales para la buena salud del cuerpo humano.

El café es una fuente significativa de antioxidantes fenólicos con propiedades antiinflamatorias. Los compuestos fenólicos son metabolizados por la microbiota intestinal, y los compuestos derivados de este proceso pueden influir en la composición de la microbiota. El mismo fenómeno podría explicar los efectos positivos del chocolate, el té, el vino tinto y la cerveza sobre la microbiota, ya que todos ellos contienen compuestos fenólicos.

Por el contrario, una dieta rica en azúcares y grasas saturadas es perjudicial para la microbiota intestinal, lo que aumenta el riesgo de sufrir un amplio abanico de enfermedades, incluidos infartos y algunos cánceres.

Limitar los alimentos grasos


Investigadores han demostrado que los ratones alimentados con una gran cantidad de grasas (45 a 60% de la ingesta total de energía) han tenido un cambio significativo en la composición de la flora intestinal. Estos ratones también presentaron una inflamación del intestino y un aumento en la cantidad de adipocitos (células en las que se almacena la grasa). La relación entre el cambio de la microbiota y estos efectos es innegable, pero el mecanismo sigue siendo un misterio: mediante la comprensión de este fenómeno, los científicos esperan encontrar un tratamiento eficaz para la obesidad.

Gluten

Existe una relación entre el consumo de gluten y la mayor permeabilidad intestinal e inflamación generalizada en todo el cuerpo. Cuando esta proteína del trigo penetra en nuestro organismo se producen “agujeros” en el intestino y moléculas que no deberían llegar al torrente sanguíneo, lo hacen y elevan los niveles de inflamación en el cuerpo.

La intolerancia al gluten – con o sin celiaquía – aumenta la producción de citosinas inflamatorias, las cuales son determinantes en los trastornos neurodegenerativos. Todos los seres humanos tenemos, en mayor o menor medida, cierto grado de intolerancia al gluten y, por lo tanto, una dieta sin gluten inclinaría la balanza hacia un ecosistema intestinal sano.

Eliminar el azúcar refinada

Limitar el consumo de azúcar refinada industrial pero también de edulcorantes químicos. Estos desequilibran la flora intestinal para beneficio de hongos perjudiciales (levaduras) del género Candida Albican.

Una dieta alta en azúcares sienta las bases para una microbiota inflamada. Las dietas altas en azúcares y bajas en fibra alimentan las bacterias dañinas y aumentan el riesgo de permeabilidad intestinal, daño mitocondrial, afectaciones inmunológicas e inflamación generalizada.

Los picos de azúcar en sangre favorecen la secreción de insulina. Esta hormona anabólica fomenta el crecimiento celular, la formación y retención de grasa y aumento de la inflamación.

Una dieta que mantiene el azúcar en sangre equilibrado mantiene también el equilibrio bacteriano en el intestino.

El exceso de alimentos ricos en azúcares y en grasas saturadas está asociado con una microbiota intestinal poco saludable. Las personas que acostumbran a tomar leche entera suelen tener una microbiota poco diversa.

En el caso de los carbohidratos, se ha observado que las personas que toman con frecuencia refrescos con un alto contenido de azúcar suelen tener poca diversidad de bacterias en el aparato digestivo.

Por otro lado, se ha visto que catorce fármacos distintos están asociados con alteraciones de la microbiota. La lista la encabezan los antibióticos, que atacan las bacterias y modifican el ecosistema del intestino.

Teniendo en cuenta que la microbiota intestinal afecta no solo a la digestión sino también a la salud en general, al sistema inmune e incluso a la función cerebral, la alimentación es una cuestión primordial para conservar la salud intestinal y, por ende, la salud integral.

La occidentalización nos aportó cosas buenas, pero también una cantidad de inconvenientes identificados. El exceso de higiene, el abuso y mal uso de antibióticos, el estrés, la polución, el sedentarismo, la mala alimentación, los partos por cesárea, la lactancia artificial y la falta de contacto con la naturaleza, entre otros, son algunos de los factores que mayor impacto tienen sobre la composición de la microbiota y, con ello, la salud.



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