junio 15, 2014

Desarrollo Cerebral del Feto






Tan solo 30 días después de ser fecundado, el feto ya presenta tres pequeños bultos que son el cerebro y la médula espinal. Las neuronas se forman inicialmente en el tubo neural del feto y después se van repartiendo para ir formando las partes mas importantes del cerebro. Una vez que ya están colocadas, comienzan a especializarse en las distintas funciones cerebrales.

La mayoría de las células cerebrales surgen entre el cuarto y el sétimo mes de gestación. Estas neuronas se van interconectando entre si durante el embarazo a toda velocidad, hasta el punto de que un recién nacido ya tiene más de un trillón de conexiones en el cerebro.

Mielinización

El responsable de tan trepidante ritmo de crecimiento del cerebro del feto es la mielinización.

La mielinización es el proceso en el que se forma una vaina de mielina (sustancia lípida de color blanquecino) alrededor del axón o cilindro-eje de la neurona o célula nerviosa y lo protege. La mielina facilita la transmisión de los impulsos nerviosos de unas neuronas a otras, entre las distintas partes del cuerpo, gracias a su efecto aislante, lo cual hace que la recepción y envío de estímulos se haga correctamente.

Dentro del útero materno


La formación del tejido nervioso comienza con la formación de un simple tubo, llamado tubo neural, este proceso ocurre en el ser humano entre la tercera y cuarta semana. Una vez formado el tubo neural se produce una diferenciación en tres dimensiones: la primera da lugar a la medula espinal, la segunda va a dar lugar al tallo y tronco cerebral, así como al cerebelo, mientras que la tercera porción desarrollará los hemisferios cerebrales.

A esta etapa se le llama proencefálica, proceso que se produce entre la quinta y décima semana de gestación y durante el cual se desarrollan las neuronas a partir de células precursoras neuronales, que tienen una característica especial y es que no maduran y no proliferan.

Entre la octava y décimo octava semana, se produce una activa proliferación neuronal, las células precursoras comienzan a diferenciarse para producir nuevas células precursoras y células neuronales que se diferencian de neuronas propiamente tales y de células gliales (astrocitos y oligodendrocitos).

Oligodendrocito
El desarrollo del cerebro del feto, si cuenta con las condiciones necesarias, es vertiginoso; en algunos periodos de la gestación llegan a producirse hasta 250 000 neuronas por minuto. a esta proliferación celular, se le conoce como neurogénesis, este proceso ocurre poco a poco, y después de pasar por varios ciclos de división celular, ésta se detiene.

Las células diferenciadas comienzan a emigrar desde las zonas ventriculares (centrales) hacia las zonas más periféricas del cerebro en formación (neocorteza). Las que comienzan primero ocupan las capas más profundas de las capas de la corteza, mientras que las que comienzan más tardíamente, ocupan las capas más superficiales.

Esta migración radial de las neuronas hacia la periferia, utiliza las células gliales como guía ya que estas forman un andamiaje que facilita el movimiento de las neuronas.

23 semanas
El proceso de migración neuronal ocurre entre la décimo segunda y la vigésimo cuarta semana, pero no todas las células sobreviven ya que durante la neurogénesis y la emigración neuronal aproximadamente un 50% de las neuronas sufren apoptosis, significa que mueren en forma programada, probablemente porque no siguen el curso de emigración correcto y/o porque no reciben los estímulos adecuados del resto de las redes que se van creando.

En forma simultánea a la migración neuronal se produce la  sinaptogénesis (formación de la sinapsis), aunque ésta es muchísimo más intensa entre la duodécima y la duodécimo cuarta semana, pero persiste en forma muy activa hasta el octavo o noveno mes post natal.

La sinaptogénesis prenatal está determinada principalmente por el patrimonio genético del individuo. Sin embargo, en la etapa post natal la sinaptogénesis también es afectada por las experiencias sensoriales, particularmente por el proceso de aprendizaje y la estimulación del ambiente.

Al nacer, el cerebro pesa el 25% de lo que pesará en la edad adulta y ya están presentes casi todas las neuronas que un individuo tendrá a lo largo de la vida. El crecimiento del cerebro se da entonces principalmente por la multiplicación de otro tipo de células, las gliales, entre cuyas funciones está el proteger las ramificaciones neuronales  los axones  con una sustancia aislante llamada mielina. La capa de mielina permite que haya una transmisión rápida y eficiente de los impulsos entre las células nerviosas.

En los seres humanos la mielinización dura unos tres años (en su mayor apogeo) y los fallos graves en este proceso, comúnmente genéticos, producen enfermedades graves como la fenilcetonuria, que puede causar un severo retraso mental.

Buen desarrollo del feto


Durante la gestación, la ingeniería celular que se encarga de la construcción del cerebro está principalmente dirigida por genes. No obstante, para que la obra final funcione adecuadamente habrá que satisfacer algunos requerimientos nutricionales específicos y el feto deberá estar protegido contra un entorno tóxico.

Alimento para el cerebro

La nutrición de la madre es esencial para el correcto desarrollo y funcionamiento del cerebro. Los importantes ácidos grasos esenciales deben venir necesariamente de la madre porque el feto es incapaz de fabricar los suyos propios. Si no se tiene una cantidad suficiente, el feto los sustituirá por otros ácidos grasos, inferiores, que pueden ejercer un efecto a largo plazo sobre su cerebro y sistema nervioso.

Ácidos grasos insaturados


Cuatro semanas después de la concepción, una de las tres capas embrionarias se enrolla para formar el tubo neural a partir del cual se erigirá la construcción de ingeniería celular que será el cerebro. El cerebro se constituye de un 15 a 60% de carbohidratos y un 20 a 25% de lípidos o grasa. Además del factor genético, existen sustancias indispensables para la buena formación y función neuronal, y la agudeza visual, entre ellos los ácidos grasos esenciales omega 3 (DHA) y omega 6 (ARA).

Dentro del útero, estos participan en todos los procesos de formación  cerebral y siguen su acción después del nacimiento en los procesos de sinapsis (conexión de las neuronas) y mielinización.

Conexiones neuronales
Así, un 30 a 40 % de la estructura cerebral del bebé esta constituida de ácidos grasos poli insaturados esenciales, pero el hígado del feto y del recién nacido, hasta los 6 meses ó 7 meses, no es capaz de fabricarlo, sólo los obtiene a través de la placenta y cordón umbilical de la madre, y la leche materna. Por eso el bebé debe lactar hasta los 6 meses de edad; y si por algún motivo, la madre no puede amamantarlo (se enfermó, no se extrajo la leche, etc.), tendrá que darle leche artificial que contengan omega 3 y omega 6.

Una dieta balanceada aporta la materia prima necesaria para el buen desarrollo de este órgano. La madre debe nutrirse bien, pues su leche es el alimento completo para el bebé, que evita la desnutrición, obesidad, anemia y alergias alimentarias, disminuye el riesgo de infecciones y promueve el desarrollo cerebral y los lazos afectivos.

Ácido fólico



La carencia de ciertas sustancias en la dieta de la madre puede provocar daños irreparables al construir los cimientos del cerebro de su hijo. Una de ellas es el ácido fólico, un tipo de vitamina B presente en muchas verduras; es un cofactor indispensable para la construcción del ADN, y para su reparación y la activación de genes, por lo tanto se requiere en los periodos de división y crecimiento celular. El tubo neural que formará el cerebro y la médula espinal debe cerrarse en esa etapa temprana del embarazo. La deficiencia de ácido fólico en este tiempo puede provocar daños neurológicos graves como espina bífida, una condición en la que la médula espinal no queda bien protegida por las vértebras que debieran cubrirla y esto puede ser causa de parálisis. Otras veces la carencia de ácido fólico impide por completo el desarrollo del cerebro, lo que se conoce como anencefalia.


Fierro y zinc


En investigaciones recientes se ha encontrado que el fierro y el zinc son elementos indispensables en el desarrollo cerebral. Betsy Lozoff y Michael Georgieff, de la Universidad Ann Arbor en Michigan, encontraron una disminución de las habilidades cognitivas, motoras y sociales en niños que habían tenido deficiencias de fierro durante su gestación. Sanjiv Amin, pediatra del Centro Médico de Rochester, encontró que esta misma deficiencia provoca una falta de maduración del sistema auditivo.

El zinc es un elemento que casi siempre se encuentra junto con las proteínas en todo tipo de carne. Fu Di Wang, del Instituto de Ciencias Biológicas de Shanghai, demostró que la falta de este mineral en la vida intrauterina también interfiere en el desarrollo cerebral, ya que se le necesita para la formación de una proteína filamentosa llamada nestina, indispensable para construir las ramificaciones neuronales.

Colina


Es una vitamina B, necesaria para fabricar las membranas celulares y para la división celular; es empleada por las células nerviosas y, según estudios efectuados sobre animales, se asocia a los centros de memoria y aprendizaje del cerebro. Una dieta equilibrada suele proporcionar suficiente colina, aunque sus principales fuentes son los huevos, la carne roja, la soya, las lentejas, los garbanzos, el arroz o los cacahuetes.

Yodo


El yodo es un nutriente imprescindible para el organismo humano. Se trata de un mineral esencial para la formación de las hormonas tiroideas.

La carencia nutricional de yodo es la principal causa previsible en el mundo de lesión cerebral, tanto del feto como del lactante, así como del retraso en el desarrollo psicomotor en niños y otros trastornos.

La deficiencia prolongada de yodo desencadena una serie de alteraciones de la salud mucho más graves que el simple bocio; el efecto más importante sobre el cerebro en desarrollo del feto, recién nacido y niño es el cretinismo.

Protección contra las sustancias tóxicas


Aunque la barrera placentaria hace un excelente trabajo impidiendo el paso de sustancias tóxicas de la circulación materna a la del feto, el mercurio, la nicotina y el alcohol logran pasar algunas veces. En madres que padecen alcoholismo es común que el niño al nacer presente el síndrome alcohólico fetal que afecta el desarrollo cerebral. El daño neurológico se manifiesta como una intensa hiperactividad y dificultad de aprendizaje, además de cambios faciales característicos y un crecimiento lento.


Estimular al bebé desde el embarazo

Desde que un feto se encuentra en el vientre materno ya está desarrollando un apego afectivo y emocional con su entorno, sobre todo con su madre.

Al quinto mes su capacidad de audición ya está completa y cada sentido se irá terminando de desarrollar según pasen los meses. El bebé en el vientre es un niño completamente funcional que reconocerá, oirá y reaccionará de alguna forma ante cualquier estimulo que reciba de las cosas que le rodean en su entorno familiar. 

Por ello es importante que las gestantes se preocupen por estimular el desarrollo cerebral de su bebé desde que está en proceso de formación y crecimiento en su vientre transmitiéndole amor y ternura para ayudarlo a desarrollar buenas actitudes que lo ayudaran en sus futuros años de vida.

Los ejercicios de confianza y relajación que le brinda la madre al bebé, le darán seguridad en sus acciones después de nacer.

Una buena forma de estimular al bebé es con ayuda de una música suavecita o cantándole una canción que lo ayudará a relajarse y desarrollar su memoria ya que los niños reconocerán los sonidos musicales que escuchan en el vientre después de nacer y responderán de forma positiva ante sonidos a los que ya están acostumbrados.

El hablarle de forma tierna también es importante para tranquilizarlo y tenerlo acostumbrado a muestras de afecto y desarrollar la comunicación.



Diferencias entre el nacimiento y los dos años de desarrollo, aunque
parece que hay mayor maraña neuronal. En realidad, lo que se encuentran
son menos neuronas con mayor cantidad de redes neuronales,
conexiones entre neuronas, es decir comunicación interneuronal

Una vez que termina el desarrollo intrauterino, cuando nace un nuevo ser humano, si bien es cierto que  las células neuronales están dispuestas a conectarse unas con otras, tendrán que pasar entre 2 y 3 años antes de que logren hacerlo de manera lógica, pues las relaciones entre ellas dependen de las necesidades del entorno.



junio 08, 2014

Investigación sobre los Factores Ambientales del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad





Actualización : Abril 16, 2016

Existe una relación de múltiples factores ambientales y genéticos en la aparición del TDAH, pero ningún factor por sí solo explica este trastorno.

Lo que ha averiguado la investigación es compatible con un modelo complejo en el que algunas personas están genéticamente predispuestas a padecer TDAH, pero los factores ambientales influyen en el desarrollo del trastorno.

Factores biológicos

* Eventos durante la gestación y perinatales

* Consumo materno de tabaco, alcohol, drogas

* Exposición intrauterina al plomo y el zinc

* Mala salud materna

* Menor edad de la madre

* Parto prolongado

* Bajo peso al nacimiento

* Nacimiento prematuro

* Encefalopatía hipóxico-isquémica: síndrome que se manifiesta en la primera semana de vida producido por la disminución del aporte de oxígeno o la reducción mantenida del flujo sanguíneo cerebral.

Factores sociales y familiares

* Factores como la pobreza, una vivienda en malas condiciones, entorno precario, parecen influir en la génesis y perpetuación del problema generando, con mayores probabilidades, un trastorno asocial en la etapa adulta.

* La Hiperactividad es más frecuente en niños pertenecientes a familias caracterizadas por problemas conyugales, relaciones hostiles padre-hijo y una vida familiar desordenada. En algunos niños con el trastorno, aunque no en todos, un cuidado maternal anómalo, falto de la atención y afectividad adecuada, es un factor de riesgo importante para desencadenar y/o mantener el problema.

* En la etapa escolar la conducta del niño y su bajo rendimiento escolar es un agravante más, suponiendo un estrés adicional a la familia, generando el temor a que el niño no sea capaz en la etapa adulta de encontrar un empleo. Al mismo tiempo, con el aumento de las tasas de divorcios, separaciones, familias monoparentales, familias mixtas, jornadas de trabajo intensivas, se dispone de menos tiempo y, por tanto, de menos recursos afectivos para atender debidamente a un niño hiperactivo. Todas estas situaciones tienen un impacto claro en la génesis, desarrollo y mantenimiento del problema.

Investigación

A pesar de tener una base genética bien conocida, el TDAH está influenciado en gran medida por factores ambientales y biológicos, por lo que existen múltiples investigaciones dirigidas a comprender la neurobiología de este trastorno.

Riesgo de hiperactividad en hijos de embarazadas con poco ácido fólico

Un estudio de la Universidad de Southampton, liderado por Wolff Scholotz y publicado en noviembre  2009 en Child Psychology and Psychiatry, indica que el consumo de  ácido fólico durante el embarazo reduce el riesgo de que el bebé tenga problemas de hiperactividad y aprendizaje en un futuro.

Tanto el folato como el ácido fólico son formas de vitamina B solubles en agua. El folato se produce de forma natural en los alimentos, y el ácido fólico es la forma sintética de esta vitamina.

El estado de ácido fólico (la disponibilidad fisiológica de folatos) de la madre durante la gestación podría tener efectos sobre el comportamiento del niño, que parece ser el resultado de los cambios a largo plazo en el desarrollo cerebral prenatal.

La circunferencia de la cabeza es un indicador del volumen cerebral. Predice el riesgo de hiperactividad, la falta de atención y las dificultades de comportamiento al nacer.

Los bajos niveles de ácido fólico en los primeros meses de embarazo se asociaron con una mayor incidencia de hiperactividad y de problemas de aprendizaje en los hijos.

Lo mismo sucedió con la medida de la circunferencia del cráneo del bebé. Menores niveles de la vitamina se asociaron a tamaños craneales más pequeños.

Las recomendaciones actuales son de al menos 400 microgramos de ácido fólico diarios antes del embarazo y durante las primeras 12 semanas. Comer una dieta equilibrada, tomar suplementos de folatos, no beber alcohol y no fumar, son las medidas que deben mantener las mamás durante el embarazo.

Exposición a la luz fluorescente y a la televisión afecta negativamente a los niños

John Nash Ott, fotobiólogo y pionero de la investigación sobre los efectos de los diferentes tipos de luz en plantas, animales y hombres, ha descubierto que la exposición a la luz fluorescente y a la televisión afecta negativamente a los niños, distorsionando el funcionamiento cerebral y nervioso. Ott encontró que los alumnos eran poco cooperativos, irritables, hiperactivos, poco atentos, bajo la luz fluorescente; pero estaban más tranquilos y atentos cuando trabajaban bajo la luz de espectro total (luz natural). La luz intermitente de la televisión agrava los síntomas de la hiperactividad.

Según John Nash Ott, no sólo es la cantidad de luz lo que importa, sino la clase de luz a la que estamos expuestos. Según sus investigaciones, la mejor luz para mantener la salud es la luz solar o aquélla que contiene el mismo espectro lumínico que ésta.

Un estudio realizado en 1980 demuestra que la luz convencional de interior incrementa los niveles de las hormonas de estrés ACTH y Cortisol, produciendo agitación mental, fatiga, irritabilidad e hiperactividad y problemas de atención y aprendizaje en niños y adultos.


Deficiencia de ácidos grasos

Investigaciones llevadas a cabo en Inglaterra por Hyperactive Children's Support Group apoyaron la posición de que los niños hiperactivos con alergias atópicas (eczema, urticarias, asma) tienden a estar continuamente sedientos y producir orina concentrada; este fenómeno es característico de la deficiencia de ácidos grasos (pérdida de líquidos por la piel extremadamente permeable).

Otras observaciones de esta investigación son :

1. Una gran parte de niños hiperactivos provienen de familias con antecedentes de desórdenes atópicos.

2. La hiperactividad afecta tres veces más a los niños que a las niñas. Los varones requieren de tres veces más de ácidos grasos que las mujeres, para mantener su crecimiento.

3. Varias sustancias (tartrazin, salicilatos) tienen efectos negativos en los niños hiperactivos, pero no en otros niños.

Investigadores de la Universidad del Sur de Australia realizaron un estudio con 132 niños con edades comprendidas entre 7 y 12 años. Durante 15 días, los niños tomaron suplementos alimentarios de ácidos grasos omega-3 y omega-6 (3000 mg por día), más un multivitamínico y minerales, o cápsulas placebo (aceite de palma). Después de 15 semanas ya se observaron cambios positivos en el comportamiento de los niños con TDAH de los dos grupos que tomaron ácidos grasos omega-3 y omega-6, mejorando la atención, disminuyendo la hiperactividad y la impulsividad y obteniendo un mejor comportamiento general. Después de 30 días de tratamiento, aún se obtuvieron mejores resultados para los dos grupos en comparación con el grupo placebo. El grupo suplementado con vitaminas y minerales no presentó grandes mejoras respecto al grupo suplementado sólo con ácidos grasos esenciales, demostrando así que el beneficio mayor en los síntomas del TDAH fue logrado por el consumo de ácidos grasos esenciales.

Exposición a toxinas ambientales



El Dr. Carl Pfeiffer del Brain Bio Center de Princeton encontró en los niños hiperactivos altos niveles de metales pesados tales como el plomo, cobre, mercurio, y cadmio, que interfieren y desplazan minerales esenciales como: zinc, hierro, manganeso y potasio. Tal interferencia bloquea el suplemento de energía al cerebro, con la consecuente anormalidad  en el funcionamiento cerebral.

Razones de la vulnerabilidad de los niños ante tales elementos

* La barrera protectora de la sangre que llega al cerebro aún no ha madurado y, por lo tanto, los elementos venenosos (como el plomo y otros metales pesados) afectan directamente al cerebro.

* Los niños absorben el plomo más fácilmente que los adultos y lo retienen más. Además, los adultos almacenan el plomo sobre todo en los huesos, mientras que los niños lo retienen en los tejidos suaves.

Otra investigación afirma que la acumulación de plomo es más evidente cuando un niño tiene deficiencia de calcio; y como el azúcar refinada inhibe la absorción de calcio, es necesario disminuir, también por este motivo, su consumo. En cambio, la combinación de vitamina C, zinc y calcio en la dieta, ayuda a eliminar en el cuerpo los metales pesados.

Las principales fuentes de plomo son : el humo de cigarrillos, algunas pinturas y lápices; asfalto, acondicionadores de aire y calentadores, baterías, materiales de construcción, cemento, carbón, cosméticos, crayolas, tintes, llantas, lluvia, gasolina y sus derivados. Obviamente, es imposible evitar el efecto de algunas fuentes, pero es conveniente reducirlas al máximo.

Las principales fuentes de cadmio son : humo de tabaco, pinturas y agua contenida en recipientes viejos que contiene cadmio. La deficiencia de zinc y el alto consumo de azúcar refinada incrementa la absorción de cadmio y puede afectar la inteligencia y el rendimiento académico.

El cobre es un mineral esencial, pero su exceso es más común que la deficiencia, debido al empleo extendido de las tuberías de cobre para el agua. El cobre excesivo activa la agresión y otros cambios negativos en las conductas de los niños. La deficiencia de zinc también es un factor que incrementa la vulnerabilidad ante el cobre.

El mercurio se encuentra sobre todo en los pesticidas, productos derivados del petróleo, fungicidas, productos químicos presentes en el agua. Este metal compite con el selenio en el cuerpo.


Tabaquismo materno durante el embarazo

Equipos de la Universidad de York, Reino Unido y la Universidad de Illinois, Chicago, Estados Unidos, en un estudio publicado en la revista Journal of Epidemiology and Community Health (Millenium Cohort Study) en 2009, aportan resultados contundentes sobre las consecuencias del tabaquismo materno durante el embarazo en el futuro comportamiento del niño.

Al crecer, los niños cuyas madres fumaron durante el embarazo son más propensos a sufrir retrasos en el desarrollo fisiológico o mental, así como trastornos de atención e hiperactividad. El humo del tabaco afecta a los niños especialmente sensibles, por el contenido de cadmio y plomo.

Analizaron las asociaciones entre tabaquismo materno y la conducta de 13.000 niñas y niños de 3 años de edad. El tabaquismo de las madres fue identificado según sus declaraciones. Hubo 10% de grandes fumadoras, 12,5% de fumadoras moderadas, 12,4% de mujeres que dejaron de fumar durante el embarazo, las otras no eran fumadoras. Se les pidió evaluar según un cuestionario, el comportamiento de su hijo a la edad de 3 años, así como cualquier déficit de hiperactividad y falta de atención.

El estudio revela que dos veces más de niños nacidos de madres fumadoras tienen problemas de conducta, o sea un aumento del 100% con respecto a madres no fumadoras. Los niños de mujeres que fuman menos de 10 cigarrillos no estuvieron a salvo, el aumento en el desorden de atención junto con hiperactividad, en este caso fue de 80% en comparación con los niños de madres no fumadoras.

Las niñas nacidas de madres fumadoras también tienen un mayor riesgo de presentar el mismo trastornos de conducta. 

Por otro lado, los niños nacidos de mujeres que dejaron de fumar durante el embarazo no presentan este aumento de riesgos conductuales.


Los bebés que nacen prematuros a causa de la contaminación de partículas finas son más propensos a sufrir de hiperactividad

Un estudio llevado a cabo conjuntamente por la Universidad de Cincinnati y Centro Médico del Hospital Infantil de Cincinnati, publicado en la revista Environmental Health en enero 2016, demuestra que la contaminación de partículas finas puede causar un parto prematuro, especialmente cuando la madre está expuesta al final del embarazo.

La prematuridad tiene consecuencias a largo plazo sobre la salud del niño. Los bebés que nacen prematuros son más propensos a sufrir de hiperactividad, trastornos de la atención, del desarrollo y del comportamiento, de infecciones bacterianas.

Los investigadores estudiaron los informes sobre 225.000 nacimientos en el estado de Ohio entre 2007 y 2010. De los 19.000 nacimientos prematuros encuestados, el 97% tuvo lugar en ciudades muy afectadas por la contaminación con partículas finas. Los científicos llegaron a la conclusión de que cuando la madre vivió su tercer trimestre de embarazo en un ambiente altamente contaminado, el riesgo de parto prematuro aumentó en un 19%.

Las partículas finas son micro-partículas contaminantes que miden menos de 0,25 micras de diámetro, y se producen generalmente por los motores de vehículos y por ciertos residuos atmosféricos industriales. Estas partículas penetran en los pulmones y pueden causar trastornos respiratorios (asma, por ejemplo) y cardiovasculares (aterosclerosis...).


Consumo de carbohidratos refinados

El efecto fisiológico del consumo de carbohidratos refinados  – en especial azúcar –  es la sobreproducción de insulina y la hipoglucemia. Al comer azúcar, o cualquier carbohidrato refinado, el páncreas secreta insulina para metabolizar tales elementos. La sobredosis de azúcar obliga al páncreas a trabajar en exceso y si este proceso es continuo o intenso, el páncreas "aprende" a sobreproducir insulina, lo cual, gradualmente reduce el nivel de azúcar en la sangre. El resultado es que, después de dos horas posterior al consumo de azúcar, se puede experimentar hipoglucemia. En esta situación la gente se puede sentir irritable, fatigada, con mucha tensión y hambrienta. Si tales hábitos continúan, el páncreas, agotado, disminuye o suspende la producción de insulina; el resultado es un alto nivel de azúcar en la sangre, azúcar en la orina e, inclusive, diabetes.

El azúcar refinada ha sido estudiada por muchas universidades e investigadores; sus efectos no sólo se advierten en un sistema, sino que pueden alcanzar la circulación (problemas cardiovasculares), digestión (caries, hemorroides), locomoción (artritis), y sistema nervioso (desórdenes en la conducta).

El desequilibrio en el nivel de azúcar en la sangre tiene marcados concomitantes psicológicos: cambios bruscos en los estados de ánimo, manía, depresión, ansiedad, indecisión, distorsión en la autopercepción y confusión. Cuando el nivel es bajo se asocia con la apatía, la indiferencia, "tristezas o depresiones inexplicables", explosiones emocionales o violencia.

La razón de tales efectos desastrosos en la conducta humana es que el sistema nervioso utiliza la glucosa (azúcar simple) como su combustible. Los glucoreceptores del hipotálamo monitorean continuamente y regulan la cantidad de glucosa en la sangre. Si es deficiente, se libera azúcar almacenada en el cuerpo y es convertida en glucosa. Si es excesiva, se produce insulina, para metabolizar el exceso de azúcar. Este es un proceso vital y muy sensible que está íntimamente ligado con lo que comemos.

Es el carbohidrato que desequilibra más al sistema nervioso y a la conducta: el nivel de azúcar en la sangre se eleva rápidamente y después decae precipitadamente. Este proceso se refleja inmediatamente en el sistema nervioso, sistema endocrino y en la conducta; y es probable que los tres se desordenen de manera crónica.

El azúcar también puede descontrolar la conducta al ocasionar un efecto inhibitorio en la neurotransmisión. Investigaciones recientes sugieren que el azúcar reduce la disponibilidad de algunas sustancias con las que el cerebro elabora muchos de sus neurotransmisores (componentes químicos que llevan la información de neurona a neurona en el cerebro). El resultado final es el mismo: el azúcar ocasiona conductas desintegradas.

Los carbohidratos buenos se encuentran en muchas formas y en diferentes alimentos. Por ejemplo, los granos integrales  se convierten en azúcar simple en forma lenta y pueden ser fácilmente absorbidos y metabolizados por el organismo en un rango de conducta estable.  Los vegetales y las frutas se metabolizan más rápidamente; su azúcar se adquiere más rápidamente.

Niveles anormales de azúcar en la sangre

O'Shea y Porter, Doris Rapp, New York Institute for Child Development, Alberta Children Hospital han confirmado que el 75% de los niños hiperactivos y con problemas de aprendizaje tienen alergias y niveles anormales de azúcar en la sangre.

Mediante la mejoría de la dieta, eliminación de alimentos alergénicos, suplementos, el Hospital Infantil de Alberta, Canadá, logró:

* Mejorar los patrones de sueño
* Disminuir los dolores y erupciones
* Incrementar la atención
* Eliminar o disminuir las conductas repetitivas
* Mejorar la obediencia
* Mejorar la coordinación motriz fina
* Desaparecer la enuresis

Controversia. Un meta-análisis realizado en 1995, publicado en JAMA, ha establecido que la relación entre el azúcar e hiperactividad no es muy estrecha.

Aunque en niños que padecen TDAH sí se debe evitar el consumo de azúcar para no empeorar su comportamiento, los resultados "no han podido demostrar que el azúcar afecte el comportamiento o el rendimiento cognitivo de los niños", dice Claudia Hammond.

Hammond incluso describe esto como uno de los grandes mitos y lo demuestra con un estudio de la Menninger Clinic Children's Division, en el que los expertos observaron que las madres que pensaron que sus hijos habían ingerido mucha azúcar los criticaban más, estaban más al pendiente constantemente y los vigilaban de cerca. Científicos británicos y estadounidenses siguen investigando la relación entre azúcar y los niños con TDAH.

Aditivos alimentarios

Estudio por un grupo de científicos dirigidos por Jim Stevenson de la Universidad de Southampton, Inglaterra, publicado en The Lancet (setiembre 2007). Los colorantes y aditivos artificiales utilizados habitualmente en productos alimenticios infantiles exacerban la hiperactividad en los niños, incluso en aquellos que no sufren ese trastorno.

Estudiaron los efectos de los aditivos en las alteraciones del comportamiento infantil en un grupo de casi 300 niños, 153 de ellos de 3 años y otros 144 de 8 y 9. A los niños se les dieron en unos casos dos mezclas de bebidas distintas que incluían diferentes aditivos y en otros, un placebo.

Entre esas sustancias figuraban el conservante benzoato de sodio utilizado en refrescos como Pepsi Max, Fanta o Sprite, y colorantes artificiales presentes en muchos caramelos y dulces consumidos diariamente por los niños británicos.

No se trata de la primera investigación que establece vínculos entre los aditivos y la hiperactividad en los menores, pero su importancia estriba en que en esta ocasión se ha estudiado a niños de más de tres años y no todos con ese trastorno de conducta. Los expertos detectaron indicios de hiperactividad en los niños que habían consumido las bebidas que incluían aditivos, como un comportamiento bullicioso, pérdida de concentración, incapacidad para jugar con un solo juguete o completar una tarea y mayor locuacidad.

Fármacos

Frecuentemente se prescriben drogas que bloquean el sistema nervioso central para lograr conductas más aceptables. Las principales medicinas prescritas son: ritalin, dexedrin, meyeril, cilert, torazin, tofranil, benadril o vistaril.

Son muy numerosos los estudios que han verificado la eficacia de estos fármacos en población infantil y, hoy en día, su uso está generalizado como parte del tratamiento. Pese a estos resultados positivos, hay que señalar el inconveniente de la presencia de efectos secundarios relacionados con la toma de la medicación.

Algunos efectos de tales medicamentos son : mareos, pérdida de apetito, insomnio o sueño interrumpido, dolores de cabeza, menos alerta mental, nausea, malestares estomacales, diarrea, erupciones, irritabilidad, visión borrosa, o confusión. No necesariamente  ocurrirán tales efectos, pero son probables.

Pese a las actuales investigaciones, no se dispone de un factor clave como responsable único del TDAH. Sí se sabe que probablemente en la génesis del problema se encuentre un cruce de diversos factores de riesgo que en mayor o menor grado van a generar la sintomatología. Es por eso que se hace necesaria una evaluación a fondo de todos los factores de riesgo.


Una dieta sana y balanceada

En un estudio de la Northwestern University Medical School en Chicago, publicado en la revista Pediatrics en enero 2012, los médicos  exponen que una dieta sana y balanceada puede contribuir a mejorar el comportamiento de aquellos niños que padecen TDAH. Las intervenciones nutricionales deben considerarse como un método alternativo o secundario para tratar el TDAH, no una primera opción.


La buena alimentación que sugiere el estudio consiste en incluir en las comidas diarias la ingesta de variedad de grupo de alimentos. Entre ellos, pescado, verduras, frutas, legumbres y granos enteros. Ese aporte debe ser diario.

Una mayor atención a la educación de padres e hijos para que sigan una dieta saludable, que omita elementos que parecen predisponer al TDAH, es quizá el tratamiento complementario o alternativo del TDAH más prometedor y práctico.

Las guías de tratamiento de la Asociación Americana de Pediatría y las guías NICE del Reino unido con respecto a los suplementos dietéticos, valoran 3 elementos fundamentalmente.

1.- Suplementos con ácidos grasos Omega 3 y 6, cuyos niveles bajos en sangre han sido descritos con mayor frecuencia en pacientes con TDAH en comparación con controles sanos.  Suplementos de 300-600 mg/día de omega 3 y 30-60 mg/d de omega 6 ha mostrado disminución de la inatención, hiperactividad e impulsividad en algunos niños con TDAH.

2.- Zinc. Algunos estudios han relacionado niveles bajos de zinc con el TDAH. Esta relación podría deberse a que funciona como cofactor para el metabolismo de algunos neurotransmisores y regula el metabolismo de la dopamina, la cual, es crucial en el TDAH.

3.- Hierro. Niveles bajos de ferritina, han sido descritos en niños con TDAH en comparación con los controles. Ha sido descrita una relación inversa entre la severidad de los síntomas del TDAH y los niveles de ferritina en la sangre, estableciendo como punto de corte, unos niveles de ferritina por debajo de 45 mcg/L y una mejoría en la sintomatología del mismo tras tratamiento con hierro. La relación podría deberse a que la deficiencia de hierro, produce una disfunción del sistema dopaminérgico, al igual que en el Síndrome de piernas inquietas, que está muy relacionado con la fisiopatología del TDAH.

Es muy difícil prohibirle a un niño golosinas, dulces y gaseosas completamente pero sí se puede limitar su consumo para cuidar su salud. De esta manera no sólo se atenuarán los síntomas de hiperactividad sino que se evitarán otros problemas de salud como sobrepeso, diabetes, caries etc. En cualquier caso, con una adecuada alimentación y ejercicio regular se puede controlar la hiperactividad en niños en forma natural.

Los mejores resultados terapéuticos se han conseguido cuando se ha combinado el uso de medicación con la intervención psicológica a nivel conductual. La eficacia de esta combinación se ha demostrado superior a un tratamiento basado sólo en el fármaco o sólo en técnicas psicológicas.

Ver :