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octubre 31, 2025

No Todo el Mundo Tiene Sentido de la Orientación





El sentido de la orientación es la capacidad de situarse espacialmente, encontrar un camino y dirigirse hacia un destino. Este sentido complejo se basa en la integración de información visual, cinestésica (movimientos del cuerpo) y propioceptiva por parte de diferentes zonas del cerebro, en particular el hipocampo. Se trata de una capacidad cognitiva que puede desarrollarse mediante el aprendizaje y la experiencia, y que está influenciada por el entorno, la memoria espacial y la observación.

Camina por la calle buscando la dirección que le ha dado su amiga... pero, ¿qué ocurre en su cerebro en ese momento? La navegación espacial moviliza toda una serie de funciones cognitivas.

Por un lado, los procesos denominados “de alto nivel”: localizar el cuerpo en el espacio, representar mentalmente un entorno, utilizar la memoria, planificar una ruta o mantener un objetivo. Por otro lado, los procesos más automáticos toman el relevo: avanzar, reducir la velocidad, girar... sin siquiera pensar en ello.

En realidad, el “sentido de la orientación” no es una capacidad única, sino un conjunto de tareas coordinadas, distribuidas entre diferentes zonas del cerebro, que trabajan conjuntamente para que llegue a su destino.


Las funciones cognitivas


Las funciones cognitivas agrupan las capacidades mentales del cerebro que permiten interactuar con el entorno, como la atención, la memoria, el lenguaje; las funciones ejecutivas – razonamiento, organización – y las capacidades viso-espaciales. Son esenciales para nuestro aprendizaje, nuestra adaptación y nuestro funcionamiento diario, y pueden verse afectadas por trastornos cerebrales o psíquicos.

Las capacidades mentales. Capacidad de comprender la naturaleza y los efectos de la acción en la que participa un individuo.

Principales funciones cognitivas

La atención.
Es la capacidad de concentrarse en una tarea, filtrar las distracciones y realizar varias acciones simultáneamente. La atención es una función cognitiva compleja que es fundamental en el comportamiento humano. Corresponde a un proceso de selección de un evento externo (sonido, imagen, olor...) o interno (pensamiento) y al mantenimiento de este último en un cierto nivel de conciencia.

La memoria. La memoria es la capacidad de registrar información procedente de diversas experiencias y acontecimientos, conservarla y recuperarla en forma de recuerdos, conocimientos o habilidades. La memoria es el resultado de un proceso de memorización; es el recuerdo de hechos antiguos y recientes. Incluye la capacidad de registrar, almacenar y recuperar información a corto y largo plazo, así como la memoria de trabajo para manipular información de forma temporal.

El lenguaje.
Es la capacidad de expresar un pensamiento y comunicarse mediante un sistema de signos – vocales, gestuales, gráficos, táctiles, olfativos – dotado de semántica y, en la mayoría de los casos, de sintaxis; pero no es sistemático (la cartografía es un ejemplo de lenguaje no sintáctico). Fruto de una adquisición, la lengua es una de las muchas manifestaciones del lenguaje. El lenguaje es un medio de comunicación puramente humano y no instintivo, para las ideas, las emociones y los deseos. Comprende la adquisición, la comprensión y la producción del lenguaje, ya sea oral o escrito.

Las funciones ejecutivas

Las funciones ejecutivas son un conjunto de procesos cognitivos de alto nivel que controlan y regulan nuestros pensamientos, emociones y acciones, y nos permiten adaptarnos a situaciones nuevas o complejas.

Incluyen habilidades clave como la planificación, el control de la inhibición, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva, esenciales para actividades como la resolución de problemas, la toma de decisiones y la gestión de nuestros comportamientos.

Son responsabilidad principal del córtex prefrontal, una región del cerebro que sigue desarrollándose hasta la edad adulta. Es el conjunto de capacidades para organizarse, planificar y resolver problemas complejos.

Las capacidades viso-espaciales

La habilidad de construcción viso-espacial o viso-construcción se refiere al conjunto de procesos del cerebro que permiten analizar, comprender y representar el espacio – el entorno – en dos o tres dimensiones. Incluyen la orientación en el espacio y la capacidad de orientarse.

Son esenciales para tareas cotidianas como orientarse, calcular distancias y comprender las relaciones espaciales entre los objetos. El desarrollo de estas capacidades se logra, en particular, mediante juegos de construcción y rompecabezas, y su disfunción puede afectar a la motricidad y al cálculo.


La percepción (Gnosias).
La percepción puede definirse como la capacidad viso-espacial de captar, procesar y dar sentido a la información que recogen nuestros sentidos. La percepción es, por lo tanto, el proceso cognitivo que nos permite interpretar nuestro entorno a partir de los estímulos que captamos gracias a los órganos sensoriales. Nos permite reconocer e interpretar la información sensorial (visual, auditiva, etc.).

La motricidad (praxias). Las praxias son funciones relacionadas con la motricidad y los movimientos del cuerpo. Se trata de la capacidad de coordinar y adaptar actividades gestuales voluntarias dirigidas a un objetivo. Las praxias nos permiten coordinar, planificar y ejecutar gestos de forma voluntaria y espontánea. Son habilidades necesarias para realizar movimientos complejos y coordinados.

Importancia de las funciones cognitivas.
Estas funciones son cruciales para nuestro rendimiento diario, nuestra autonomía y nuestra capacidad para interactuar eficazmente con el mundo que nos rodea. Las disfunciones pueden provocar dificultades en tareas sencillas, desde la toma de decisiones hasta la organización de actividades.


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Saber orientarse en el espacio es una habilidad fundamental, pero no es algo fácil para todo el mundo. Para tratar de entender mejor por qué algunas personas tienen mejor sentido de la orientación que otras, los investigadores han estudiado las habilidades de navegación que usamos para orientarnos en el espacio.


La relación entre las capacidades espaciales relacionadas con los objetos y el rendimiento de la navegación virtual


Investigadores del University College de Londres, el Trinity College de Dublín, la Universidad McGill de Montreal, la Universidad de California, la Universidad de East Anglia (Norwich, G.B.) y el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS, Francia) han analizado en un estudio, publicado en PloS One en mayo 2024, las capacidades de navegación que utilizamos para orientarnos en el espacio.

La navegación espacial es un comportamiento multifacético que involucra muchos aspectos diferentes de la cognición. Las capacidades visoespaciales, como la rotación mental y la memoria de trabajo visoespacial, en particular, pueden ser factores clave.

Sea Hero Quest
Los investigadores presentan aquí el uso de una aplicación móvil de juego bien establecida, Sea Hero Quest (SHQ), como medida de la capacidad de navegación en una muestra de jóvenes estudiantes universitarios, en su mayoría mujeres (N = 78; 20; mujeres = 74,3%; edad media = 20,33 años).

Los 78 participantes en el estudio jugaron durante varias horas al videojuego Sea Hero Quest en teléfonos y tabletas. Su misión: atravesar diferentes entornos acuáticos realizando diversas tareas, como llegar a puntos de encuentro o desplazarse a lo largo de un río para encontrar un objeto, antes de llevarlo de vuelta al punto de partida.

Se desarrolló una serie de pruebas para evaluar el procesamiento y la memoria visoespaciales, pero la relación entre estas pruebas y la capacidad de navegación sigue sin estar clara. Se utilizaron tres pruebas de navegación distintas integradas en SHQ: orientación, integración de trayectorias y memoria espacial en un laberinto radial.

Prueba de Corsi
En los mismos participantes, los investigadores también recopilaron medidas de rotación mental – prueba de rotación mental –, procesamiento visoespacial – prueba de organización de dibujos – y memoria de trabajo visoespacial – prueba de Corsi numérico.

Encontraron pocas correlaciones fuertes entre sus mediciones. Ser bueno en una prueba de navegación virtual no significa que una persona también sea buena en la integración de la trayectoria, que tenga una memoria superior en un laberinto de brazos radiales o que se considere a sí misma con un buen sentido de la orientación.

Sin embargo, observaron que los participantes que eran buenos en la tarea de orientación del SHQ tendían a obtener buenos resultados en las tres tareas visoespaciales examinadas aquí, y también utilizaban una estrategia de puntos de referencia en la tarea del laberinto radial. Estos resultados ayudan a aclarar las asociaciones entre las diferentes capacidades implicadas en la navegación espacial.

Laberinto radial
La experiencia sugiere que la navegación espacial requiere varios procesos cognitivos bien diferenciados. Si bien nuestras habilidades viso-espaciales, es decir, nuestra capacidad para representar mentalmente objetos, no parecen influir en nuestro sentido de la orientación, los científicos observan una diferencia en el rendimiento en función de las estrategias utilizadas.

Las personas que se basan en puntos de referencia visuales (la forma de una isla, una montaña o una palmera virtual, por ejemplo) se orientan mejor que las que utilizan un método de contar el número de pasos o giros.

Además, las personas que se consideran buenas navegando no obtienen necesariamente mejores resultados que las demás. De hecho, las personas tienden a evaluarse en función de su capacidad para utilizar un GPS, una tarea algo menos compleja que las que se utilizan en la prueba.

Es importante comprender esta relación para mejorar las pruebas de orientación destinadas al seguimiento de diversas enfermedades (por ejemplo, el Alzheimer), uno de cuyos primeros síntomas es la deficiencia espacial.


Cambio estructural relacionado con la navegación en el hipocampo de los taxistas


Científicos de McGill University (Montreal) en un estudio, publicado en PNAS (The Proceedings of the National Academy of Sciences) en marzo 2000, demostraron que los taxistas de Londres, quienes deben memorizar la compleja geografía de la ciudad, tienen un mayor volumen de materia gris en el hipocampo posterior derecho.

Taxista de Londres
Se analizaron resonancias magnéticas estructurales de cerebros de personas con amplia experiencia en navegación, taxistas londinenses con licencia, y se compararon con las de sujetos de control que no conducían taxis.

El hipocampo posterior de los taxistas fue significativamente más grande en relación con el de los sujetos de control. Una región hipocampal más anterior fue más grande en los sujetos de control que en los taxistas. El volumen del hipocampo se correlacionó con la cantidad de tiempo empleado como taxista, positivamente en el hipocampo posterior y negativamente en el anterior.

Estos datos concuerdan con la idea de que el hipocampo posterior almacena una representación espacial del entorno y puede expandirse regionalmente para acomodar la elaboración de esta representación en personas con una alta dependencia de las habilidades de navegación.

El estudio demostró la plasticidad cerebral en el cerebro adulto y cómo la experiencia puede modificar la estructura de un área cerebral como el hipocampo para adaptarse a las demandas de un entorno complejo.

Según los investigadores este estudio en taxistas de Londres muestra que, debido a su intenso entrenamiento de navegación, tienen un mayor volumen de materia gris en el hipocampo posterior en comparación con no taxistas, lo que evidencia plasticidad cerebral y un hipocampo más grande, capaz de almacenar un "mapa mental" de la ciudad.

Este cambio estructural se relaciona con la memoria espacial y la orientación, y es un ejemplo de cómo el cerebro adulto se adapta a estímulos ambientales y experiencias complejas.


La entropía y un subconjunto de medidas geométricas de las rutas predicen la navegabilidad de un entorno


Investigadores de las universidades de Sheffield, Stirling, Northumbria (Gran Bretaña) y del CNRS (Francia) revelaron en un estudio, publicado por ScienceDirect en 2023, que la entropía – nivel de organización – ambiental y ciertas medidas geométricas específicas son indicadores significativos de la facilidad o dificultad de navegación en un entorno.

Sea Hero Quest
A partir de los datos de la aplicación Sea Hero Quest, el estudio identificó estas características como más importantes que otras medidas, como la inteligibilidad, para determinar la dificultad de navegación.

Los investigadores analizaron 478.170 trayectorias de 10.626 participantes que navegaron por 45 entornos virtuales gracias al juego. Los entornos virtuales se diseñaron para variar en función de diversas propiedades, como su disposición, el número de objetivos, la visibilidad (niebla variable) y el estado del mapa.

Utilizaron Lasso – un tipo de análisis de regresión – un método de selección de variables, para seleccionar las medidas más predictivas de la dificultad de navegación. Las características geométricas, como la entropía, la superficie del espacio navegable, el número de anillos y la proximidad y centralidad de las redes de caminos, se encontraban entre los factores más significativos que determinaban la dificultad de navegación.

Calcularon 58 medidas espaciales agrupadas en cuatro familias: métricas específicas de la tarea, métricas configuracionales de la sintaxis espacial, métricas geométricas de la sintaxis espacial y métricas geométricas generales.

Principales resultados

La entropía y las características geométricas son factores predictivos clave. El estudio reveló que una alta entropía ambiental y características geométricas como la superficie navegable y el número de anillos – caminos circulares – eran buenos indicadores de la dificultad de navegación.

No todas las medidas predicen la dificultad. Otras medidas, en particular las relacionadas con la inteligibilidad (la correlación entre las conexiones de red locales y globales), no predecían la dificultad de navegación.

Los factores específicos de la tarea y los factores ambientales también influyen. Elementos específicos de la tarea, como el número de destinos, y condiciones ambientales como la niebla también influyeron en la dificultad de la navegación.

Estos resultados tienen implicaciones para el estudio del comportamiento espacial en entornos ecológicos. Pueden aportar información útil para el diseño de entornos navegables de espacios físicos y virtuales más intuitivos y fáciles de recorrer.

Para comprender el comportamiento espacial. Esta investigación arroja luz sobre la forma en que los seres humanos se orientan, especialmente en entornos complejos, como edificios complejos y redes de transporte, y podría contribuir al diseño de entornos más navegables.

A pesar de las exhaustivas investigaciones sobre la navegación, aún se desconoce qué características de un entorno predicen la dificultad de la navegación.


¿Por qué las personas mayores pierden el sentido de la orientación?


Según investigadores del Centro Alemán para Enfermedades Neuro-degenerativas (DZNE) en un estudio, publicado en la revista Current Biology de marzo 2018, la muerte de las células del sistema espacial cerebral podría explicar por qué las personas mayores tienden a perderse.

La orientación espacial y la navegación se consideran algunas de las capacidades más complejas del cerebro humano, ya que requieren el procesamiento de un gran flujo de información, incluidos estímulos 

Cuando nos movemos por un entorno desconocido, es perfectamente normal perderse. Sin embargo, este fenómeno tiende a producirse con más frecuencia en las personas mayores. Los autores afirmaron que, hasta la fecha, se sabe muy poco sobre los mecanismos neuronales que subyacen a estos problemas de navegación.

Los científicos compararon los patrones de actividad cerebral de un grupo de jóvenes y personas mayores que realizaban una serie de tareas de orientación para comprender por qué el sentido de la orientación tiende a disminuir con la edad.

Descubrieron que una zona del cerebro esencial para el funcionamiento espacial se vuelve cada vez más inestable con la edad en adultos sanos, y lo mismo ocurre en personas con enfermedades degenerativas como el Alzheimer.

El estudio se basó en la hipótesis de que este deterioro estaba relacionado con las células de red, esenciales para el procesamiento de la navegación. Los investigadores realizaron una serie de experimentos utilizando realidad virtual y cartografía de la actividad cerebral mediante imágenes cerebrales funcionales (fMRI).

Las células de red son células cerebrales que actúan como un sistema de coordenadas internas, disparándose en una serie de puntos que forman una rejilla hexagonal a través de nuestro entorno mientras nos movemos por él.

Dividieron a 41 adultos sanos en dos grupos: un grupo “joven” compuesto por 20 participantes de entre 19 y 30 años, y un grupo “mayor” compuesto por participantes de entre 63 y 81 años.

En el primer experimento, los participantes debían navegar por un entorno de realidad virtual generado por computadora, mientras se monitorizaba su actividad cerebral.

En el segundo experimento, los participantes se desplazaban por recorridos predefinidos en un espacio real y en un entorno de realidad virtual, con paradas puntuales en las que debían estimar su distancia y orientación con respecto al punto de partida, sin poder verlo ni localizarlo con precisión.

En general, los participantes jóvenes obtuvieron mejores resultados en la navegación, lo que concuerda con estudios anteriores. Sin embargo, los investigadores observaron una asociación entre una disminución del rendimiento en la navegación y déficits en la actividad de las células de la rejilla.

Los resultados mostraron que los patrones de activación de las células de la rejilla eran menos estables en las personas mayores, lo que podría explicar por qué estas suelen tener dificultades para orientarse en el espacio.

Estos resultados podrían servir, a largo plazo, no solo para ralentizar el deterioro de las capacidades de orientación, sino también para diagnosticar y tratar las enfermedades responsables del deterioro cognitivo y para dar más autonomía a las personas mayores.

Se ha observado que estas habilidades se deterioran con la edad, lo que puede comprometer la autonomía de una persona en etapas posteriores de la vida.

Además de su papel en la navegación, las células de la rejilla también se utilizan en otras funciones cognitivas.

Según los autores, estos resultados arrojan luz sobre los cambios neuro-fisiológicos relacionados con la vejez, que podrían utilizarse para diseñar tratamientos contra enfermedades como el Alzheimer, responsables del deterioro cognitivo.

La evaluación del rendimiento de la navegación y del funcionamiento de las células de la red podría facilitar el diagnóstico precoz del Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas.

Aunque es necesario seguir investigando en este campo, estos resultados sientan las bases para futuros estudios sobre el deterioro de la salud relacionado con la edad en adultos y personas con trastornos cerebrales.

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Funcionamiento del sentido de la orientación


Localización inicial. La capacidad de determinar la posición actual utilizando puntos de referencia del entorno.

Elección de la ruta. La selección de un camino hacia el destino deseado, basada en una representación mental del espacio.

Seguimiento de la ruta. La verificación de que la ruta elegida conduce correctamente al destino.

Reconocimiento del destino. Identificación correcta del punto de llegada.

¿Qué factores influyen en él?

Capacidades cognitivas. Son importantes las capacidades de observación, la memoria espacial y la habilidad para manipular mentalmente objetos geométricos.

Aprendizaje y entorno. La experiencia y el aprendizaje desempeñan un papel clave; la exposición regular a entornos complejos puede mejorar esta capacidad.

Factores biológicos. El cerebro utiliza neuronas especializadas, llamadas células de lugar, de dirección y de rejilla, en el hipocampo para procesar esta información.

Factores sociales y culturales. La educación y las prácticas sociales, como la autonomía de movimiento, pueden influir en el desarrollo del sentido de la orientación.

¿Se puede desarrollar?

, el sentido de la orientación se puede desarrollar, especialmente practicando la orientación sin herramientas tecnológicas y tomándose el tiempo necesario para orientarse. Intentar perderse en un entorno seguro puede ayudar a activar el hipocampo y mejorar esta capacidad.


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El cerebro cartógrafo

Si hay una estructura cerebral especialmente implicada, esa es el hipocampo. Esta estructura gemela, una por hemisferio, tiene una forma alargada que recuerda al pez del que toma su nombre.

Su papel en la navegación espacial se ilustra a menudo con un estudio que se ha convertido en emblemático. Un equipo de investigación se interesó por la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptar sus conexiones en función del aprendizaje. Entonces observó que la parte posterior del hipocampo de los taxistas de Londres estaba más desarrollada que la de las personas que no tenían que memorizar el complejo plano de la ciudad y que no circulaban por ella a diario. Prueba, si es que hacía falta, de que nuestro cerebro se adapta en función de las experiencias.

El sentido de la orientación no es innato
Sea Hero Quest

Esta es una de las cuestiones que Antoine Coutrot (investigador del CNRS) quiso explorar junto con un equipo internacional mediante el desarrollo de Sea Hero Quest, un juego para móviles diseñado para evaluar nuestras capacidades de navegación. El juego permitió recopilar datos de más de 2,5 millones de personas en todo el mundo, algo nunca visto a esta escala en este ámbito.

Los participantes no solo compartieron sus resultados en el juego, sino que también proporcionaron información demográfica (edad, sexo, nivel de estudios, etc.), la ciudad en la que crecieron o incluso sus hábitos de sueño.

¿Es cierto que los hombres tienen “un GPS en la cabeza”?


No del todo. Los datos revelan una diferencia media entre los sexos, pero esta diferencia dista mucho de ser universal: varía según el país y tiende a desaparecer en aquellos donde la igualdad de género es mayor.

En Noruega o Finlandia, la diferencia es prácticamente nula, a diferencia de lo que ocurre en Líbano o Irán. No sería el género, sino las desigualdades sociales y los estereotipos culturales los que, con el tiempo, pueden afectar a la confianza de las personas en su capacidad para orientarse y, por lo tanto, a su rendimiento real.

La edad también influye: durante la infancia, desarrollamos muy pronto las habilidades necesarias para la orientación y la navegación espacial. Crear mapas mentales de un lugar es una capacidad que en la mayoría de nosotros se desarrolla antes de los ocho años. Después de los 60 años, las capacidades viso-espaciales disminuyen, al igual que el sentido de la orientación, que se basa en numerosas funciones cognitivas.

El sentido de la orientación está determinado por el entorno

El lugar en el que crecemos también parece influir. Las personas que han crecido en pueblos pequeños suelen sentirse más cómodas en espacios amplios. Por el contrario, los habitantes de las ciudades, acostumbrados a tenerlo todo a unos pasos, se orientan mejor en entornos densos y complejos.

La propia forma de la ciudad, y más concretamente su nivel de organización – lo que a veces se denomina “entropía” – también influye en nuestra capacidad de orientación. Algunas ciudades muy organizadas, con calles bien alineadas, como muchas ciudades estadounidenses, presentan una entropía baja.

Otras, como París, Praga o Roma, más “desorganizadas” a primera vista, tienen una entropía más alta. Y son precisamente las personas que han crecido en estas ciudades con alta entropía las que parecen desarrollar un mejor sentido de la orientación.

Incluso la edad a la que se aprende a conducir puede influir. Los adolescentes que se ponen al volante antes de los 18 años parecen orientarse mejor que los que lo hacen más tarde. Una exposición más temprana a la navegación autónoma sin ayuda externa (adultos, GPS...) podría reforzar estas habilidades.

8 maneras de mejorar su sentido de la orientación



¿Le cuesta orientarse? ¿Es de los que para ir a determinado destino en lugar de tomar el camino más corto termina dando una vuelta enorme?

¿O quizás es de aquellos que dice demasiado eso de "no me he perdido, simplemente estoy desorientado"?

1. Planee su ruta. Si tiene acceso al Streetview de Google o a fotografías del lugar al que tiene que ir, imagínese caminando la ruta, visualizando lo que tiene alrededor. En cada desvío que tenga que tomar intente fijar puntos de referencia de algún objeto o establecimiento que le llame la atención. Su memoria los recordará cuando haga la ruta real.

2. Relájese.
Trate de relajarse: preocuparse demasiado aumentará la carga cognitiva de su cerebro y acabará por reducir su capacidad natural de ubicarse en el espacio. Planificar el viaje debería ayudarle a reducir la ansiedad.

3. Concéntrese. Hablar por teléfono, enviar mensajes de texto o incluso pensar en otra cosa afecta a su sentido de la orientación. Trate de concentrarse en lo que está haciendo y mire lo que tiene a su alrededor.

4. Encuentre puntos de referencia. Trate de detectar algo que le resulte familiar o distintivo y manténgalo siempre a la vista. Si está en un pueblo o ciudad, puede tratarse del edificio más alto. En cada paso, verifique donde se encuentra en relación con ese punto: le ayudará a construir un mapa mental del área que tiene que recorrer.

5. Mire lo que tiene detrás.
Con frecuencia la gente suele fijarse solo en lo que tiene delante, pero los que miran atrás y se fijan en lo que hay alrededor suelen orientarse mejor. Pregúntese si reconocería el lugar en el que está si volviera a pasar por ahí. Este es un consejo particularmente bueno para ayudarle en caso de que tenga que hacer el mismo recorrido en su viaje de vuelta.

6. Cree recuerdos. Intente asociar los lugares por los que pasa con algunos recuerdos, le ayudará a reconocer el camino a seguir. Este consejo puede ser especialmente útil cuando tiene que volver a hacer el mismo camino. Si estaba teniendo una conversación o escuchando una canción cuando hizo ese trayecto por primera vez, son recuerdos útiles que puede usar como pistas para reconocer el camino cuando tenga que volver a hacerlo.

7. Tome fotos.
Si tiene que volver a hacer el mismo viaje más de una vez, tome fotos en tramos clave y repáselas después. Varios estudios demuestran que las fotografías son más útiles a la hora de orientarse que el video.

8. Recuerde sus pasos. Construya un mapa mental del trayecto y se sentirá más seguro la próxima vez que tenga que hacerlo. Cuando acabe de recorrer un trayecto, intente volver por el camino que ha seguido mentalmente. Haciendo esto reforzará las vías neuronales en su cerebro, fortaleciéndolas y consolidando sus recuerdos.


Si aún así se encuentra a la deriva y sin saber a dónde ir, siempre puedes utilizar el GPS de su celular, pero tiene que saber que cuanto más confíe en la tecnología menos estará ejercitando su sentido de la orientación.



Para orientarnos esencialmente necesitamos que dos partes de nuestro cerebro trabajen juntas: 
el hipocampo, donde formamos mapas y el córtex pre-frontal, donde formamos planes
 y tomamos decisiones. Lo que llamamos sentido de la orientación no está predefinido.
 Se construye a través de las experiencias, el entorno y el aprendizaje.




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febrero 24, 2025

La Falta de Sueño Puede Dañar el Cerebro de los Niños




El sueño es esencial para el desarrollo cognitivo y el equilibrio emocional de los niños

Desde el nacimiento, el cerebro se está construyendo: las neuronas establecen conexiones esenciales para la memoria, la atención y el aprendizaje. Pero este proceso requiere un sueño de calidad para que las sinapsis – los puntos de conexión entre las neuronas – se desarrollen correctamente. Si este desarrollo se ve interrumpido por despertares frecuentes o un sueño inestable, pueden producirse efectos negativos duraderos en el comportamiento y la función cerebral.

El sueño es mucho más que una pausa en el día, sobre todo para los niños. Es fundamental para su desarrollo, ya que actúa como un super combustible para su crecimiento y su agudeza intelectual. En particular, favorece el crecimiento y el desarrollo físico. Durante el sueño, el cuerpo libera hormonas del crecimiento, esenciales para los niños. También es un momento clave para la reparación y regeneración de los tejidos.

El sueño es un factor clave para su éxito. Los niños de entre 6 y 13 años necesitan entre 9 y 11 horas de sueño por noche. Pero muchos no duermen lo suficiente.

El sueño de calidad ayuda al cuerpo y la mente de los niños a recuperarse. Favorece el crecimiento del cerebro y el control emocional. Sin dormir lo suficiente, los niños pueden tener dificultades para concentrarse, controlar su estado de ánimo y realizar varias tareas a la vez.


Comprender mejor el impacto del sueño en el cerebro de los niños



El sueño favorece el desarrollo del cerebro y las funciones cognitivas

El sueño es esencial para el crecimiento del cerebro y la mejora de las capacidades de pensamiento. Las investigaciones demuestran que los alumnos con problemas de sueño suelen sacar peores notas en matemáticas, lectura y escritura. Los estudios demuestran que un horario de sueño regular es más importante que cuánto se duerme.

En términos cognitivos, el sueño también desempeña un papel importante en la consolidación de la memoria y el proceso de aprendizaje. La información adquirida durante el día se procesa y almacena durante el sueño, lo que permite a los niños retener mejor lo que aprenden en la escuela o durante nuevas experiencias.

El sueño también influye en el estado de ánimo y el bienestar emocional. Dormir lo suficiente ayuda a gestionar mejor el estrés y las emociones.

El sueño y la consolidación de la memoria

Un sueño de calidad es esencial para procesar y almacenar los recuerdos, que son vitales para el éxito escolar. Durante el sueño, el cerebro trabaja duro para memorizar nueva información. Esto ayuda a transformar los recuerdos a corto plazo en recuerdos a largo plazo, lo que facilita el aprendizaje y la memorización de lo aprendido.

Pero si se altera el sueño, este proceso puede verse interrumpido. Entonces resulta más difícil recordar lo que el niño ha aprendido durante el día.

Los estudios demuestran que el sueño puede mejorar la memoria entre un 20 y un 40%. El sueño profundo, o fase 3, es especialmente importante para la memoria. Las ondas cerebrales lentas de esta fase ayudan a trasladar los recuerdos del hipocampo a un almacenamiento más seguro.


Consecuencias de la falta de sueño en los niños

La falta de sueño puede provocar problemas de concentración, comportamiento y aprendizaje. También aumenta el riesgo de accidentes, hipertensión, obesidad, diabetes y depresión en niños y adolescentes.

Cuando los niños no duermen lo suficiente, se enfrentan a muchos problemas. Los niños privados de sueño pueden comportarse de forma más violenta, ser hiperactivos y tener dificultades para controlar sus actos. También tienen dificultades para concentrarse y tener éxito en la escuela.

A corto plazo, la privación de sueño puede provocar irritabilidad y dificultad para concentrarse, lo que a veces puede confundirse con el TDAH (Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad).

A largo plazo, los riesgos son aún más preocupantes. Los estudios demuestran que un sueño insuficiente en la infancia está asociado a problemas de peso, dificultades de aprendizaje e incluso trastornos inmunitarios. Los trastornos del sueño no tratados en la infancia también pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como la diabetes de tipo 2 y la hipertensión en la edad adulta.

Padres, profesores y médicos deben conocer y compartir las normas del sueño. Esto ayuda a los niños a tener éxito en la escuela y a mantenerse sanos.

Sueño y éxito escolar

Las investigaciones muestran una estrecha relación entre el sueño y el éxito escolar. Los estudios demuestran que una mejor calidad y cantidad de sueño conlleva mejores notas y resultados en los exámenes de niños y adolescentes. Por otro lado, dormir mal está relacionado con una menor capacidad cognitiva y dificultades en la escuela.

Durante el sueño, el cerebro trabaja duro para favorecer el aprendizaje, la memoria y la concentración. Dormir lo suficiente ayuda a los niños a mantenerse despiertos y a tener éxito en clase.

Deterioro de los resultados escolares

Los problemas de sueño también pueden afectar al trabajo del niño en la escuela. La falta de sueño puede dificultar que los niños presten atención, recuerden cosas y resuelvan problemas. Esto puede hacer que bajen sus notas y que les resulte más difícil aprender y tener éxito en la escuela.

Conocer los efectos de los trastornos del sueño en los niños ayuda a padres y profesores. Pueden colaborar para ayudar a los niños a dormir mejor. Esto puede mejorar su comportamiento, sus sentimientos y su trabajo escolar. También es importante crear una relación respetuosa e igualitaria con su hijo. Esto ayuda a crear un entorno propicio para un sueño sano y un crecimiento saludable.

Padres, profesores y médicos deben conocer y compartir las normas del sueño. Esto ayuda a los niños a tener éxito en la escuela y a mantenerse sanos.


¿Qué ocurre en el cerebro de los niños cuando duermen?



Por la noche, cuando los niños están en los brazos de Morfeo, sus cerebros están lejos de estar ociosos. Se orquesta un auténtico hervidero de actividades, todas ellas esenciales para su desarrollo y bienestar.

Sueño ligero – el comienzo de una aventura cerebral

Para empezar. El sueño ligero es el comienzo de la sinfonía del sueño. Durante esta fase, el cuerpo del niño se relaja, la respiración y el ritmo cardíaco se ralentizan, preparando el camino para que el cerebro trabaje durante toda la noche.

Aunque ligero, este sueño no es en absoluto insignificante. Es el momento en que el cerebro empieza a procesar la información del día a un nivel más superficial. Ordena los datos iniciales, decidiendo qué se almacenará temporalmente y qué se explorará en mayor profundidad en fases posteriores.

Sueño profundo – el corazón del trabajo cerebral

En el corazón de la acción. El sueño profundo es el momento de la reparación y la consolidación. El cerebro entra en modo “mantenimiento”, reparando los daños causados durante el día y reforzando las vías neuronales.

Esta fase es esencial para el crecimiento y el desarrollo del cerebro. Las ondas cerebrales se ralentizan considerablemente, lo que permite que la información importante se consolide en la memoria a largo plazo. El aprendizaje y las experiencias del día se integran de forma duradera, favoreciendo el desarrollo cognitivo e intelectual del niño.

Sueño REM – el laboratorio onírico

Una escena de sueños. El sueño REM es el acto final y más vibrante de la sinfonía nocturna. Es el reino de los sueños, donde vuelan la imaginación y la creatividad.

Esta fase es esencial para el aprendizaje emocional y la resolución creativa de problemas. El cerebro procesa e integra las emociones experimentadas durante el día, consolidando el aprendizaje de una forma más abstracta y creativa. También es un momento clave para desarrollar el pensamiento innovador y la resiliencia emocional.

El ciclo del sueño


Un ciclo de sueño comprende todas estas fases, desde el sueño ligero hasta el sueño REM, y dura por término medio entre 90 y 120 minutos en los niños. A lo largo de una noche se suceden varios ciclos, cada uno de los cuales desempeña un papel esencial en el proceso de descanso y recuperación del cerebro y el organismo. Esquemáticamente, los primeros ciclos de la noche contienen más sueño profundo, mientras que los últimos dejan más espacio para el sueño ligero y el sueño REM.


El verdadero papel de los sueños

Los sueños son mucho más que simples historias nocturnas. Son el teatro donde el cerebro, liberado de las restricciones de la lógica y la realidad, explora, experimenta y procesa las emociones. Esta actividad onírica es fundamental para el equilibrio emocional y la salud mental de los niños, ya que les permite navegar por sus experiencias con una perspectiva renovada cuando se despiertan.

El reloj biológico

El reloj biológico es como un director de orquesta interno que da ritmo a nuestras vidas. Situado en el cerebro, más concretamente en el hipotálamo, regula nuestros ciclos de sueño y vigilia, así como otras funciones como el hambre, la temperatura corporal y la producción de hormonas.

Este reloj funciona según un ciclo de unas 24 horas, conocido como ritmo circadiano. Se sincroniza principalmente con la luz del día, lo que explica por qué tendemos a estar despiertos cuando amanece y somnolientos cuando anochece.

Para los niños, este reloj biológico desempeña un papel clave en el desarrollo de buenos hábitos de sueño. Respetando los horarios regulares  para acostarse y levantarse, ayudamos a este reloj interno a auto-regularse, lo que se traduce en un sueño de mejor calidad y una forma más natural de despertar.

Es ilusorio creer que los niños pueden tener una higiene del sueño eficaz si los acostamos a las 3 de la madrugada todos los fines de semana, pero lo compensamos acostándolos temprano durante la semana.

Hasta la fecha, la mayor parte de las investigaciones sobre el sueño se han centrado en los adolescentes, que corren especial riesgo de dormir mal. Sin embargo, las investigaciones sugieren que los efectos de nuestro entorno sobre nuestros hábitos de sueño se dejan sentir mucho antes, desde la infancia. En consecuencia, las intervenciones para mejorar la calidad del sueño deben aplicarse lo antes posible para que sean óptimas.

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Investigación

Trasnochar y no dormir bien puede dañar el cerebro de los niños

Neurocientíficos de la Universidad Estatal de Colorado en un estudio, publicado por Colorado State University News en julio de 2024, analizan cómo reducir las disparidades socioeconómicas que pueden afectar al desarrollo de los niños. Su objetivo es comprender mejor cómo afectan dichas disparidades a la calidad del sueño y al desarrollo cerebral de los más pequeños.

Para llevar a cabo su investigación, reclutaron a 94 niños de entre 5 y 9 años que vivían en Nueva York, pertenecientes a familias de distinto nivel socioeconómico. De los hogares participantes, alrededor del 30% tenían ingresos inferiores a la cantidad considerada umbral de pobreza en Estados Unidos.

El sueño influye en la amígdala

Para medir el impacto de la falta de sueño y las horas de acostarse en el cerebro de los niños, los investigadores pidieron a sus padres que describieran dónde dormían ellos, así como las distintas rutinas familiares y su regularidad. También les pidieron que anotaran la hora de acostarse y de levantarse de sus hijos.

Además, sometieron a los niños a una resonancia magnética para determinar el tamaño de una región concreta del cerebro llamada amígdala, así como la fuerza de sus conexiones con otras regiones cerebrales.

La amígdala desempeña un papel crucial en el procesamiento de las emociones y en la cantidad de emociones negativas que experimenta una persona, y se sabe que la exposición temprana a situaciones adversas puede afectar al funcionamiento de esta estructura cerebral.

Los científicos han descubierto que los niños de familias con pocos recursos económicos duermen menos por la noche y se acuestan más tarde que los niños de familias con más recursos económicos. Este sueño más corto y el acostarse más tarde se asociaban a una reducción del tamaño de la amígdala y a conexiones más débiles entre ésta y otras regiones cerebrales implicadas en el procesamiento de las emociones.

Este vínculo entre la desventaja socioeconómica, la duración y los horarios del sueño, y el tamaño y la conectividad de la amígdala se observó en niños de tan sólo 5 años.

Importancia de los resultados

Los resultados sugieren que la duración y el horario del sueño son importantes para el funcionamiento de las regiones cerebrales implicadas en el procesamiento de las emociones.

Durante la infancia, el cerebro se desarrolla rápidamente. Las experiencias vividas durante este periodo pueden tener efectos a largo plazo sobre la función cerebral que duran toda la vida.

En particular, la falta de sueño aumenta el riesgo de desarrollar problemas de salud mental e interfiere en el éxito escolar. Dormir poco también puede dificultar la gestión del estrés y las emociones.

¿Por qué duermen peor los niños desfavorecidos socioeconómicamente?

Los niños de familias o barrios con pocos recursos socioeconómicos pueden correr un mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental relacionados con el estrés, en parte debido a los efectos negativos de su entorno sobre la calidad de su sueño.

Los datos recogidos por los científicos sugieren que los padres que tienen dificultades para llegar a fin de mes tienen más dificultades para mantener las rutinas familiares, lo que podría repercutir negativamente en la regularidad de las rutinas a la hora de acostarse, con el consiguiente sueño menos reparador para los niños.

Sin embargo, es probable que haya múltiples factores que expliquen la relación entre un nivel socioeconómico bajo y una mala calidad del sueño. Las dificultades económicas, por ejemplo, pueden impedir la compra de ropa de cama cómoda, obligar a las personas a dormir en habitaciones abarrotadas, demasiado calurosas o demasiado luminosas, u obligarlas a vivir en barrios ruidosos.

Los resultados exigen políticas que garanticen que todas las familias dispongan de recursos económicos suficientes para satisfacer las necesidades de sus hijos. Otros estudios han demostrado que proporcionar suplementos de ingresos a las familias necesitadas puede mejorar no sólo la función cerebral de los niños, sino también su salud mental y su rendimiento escolar.


Los efectos negativos de la interrupción del sueño en el desarrollo temprano del cerebro

Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte, en un estudio realizado en ratones y publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences en octubre de 2024, revelan por qué la privación de sueño en niños pequeños altera su desarrollo cerebral.

El nuevo estudio muestra cómo la falta de sueño en la primera infancia podría aumentar el riesgo de trastornos como el trastorno del espectro autista (TEA). Al realizar experimentos con ratones jóvenes genéticamente vulnerables al TEA, descubrieron que la privación de sueño provoca dificultades sociales a largo plazo. Y lo que es aún más sorprendente, mientras que los ratones adultos compensan la privación de sueño durmiendo más después, los más jóvenes carecen de esta capacidad de “recuperar el sueño”, lo que hace que sus cerebros sean aún más sensibles.

Los ratones más jóvenes, en cambio, carecían de una recuperación completa del sueño. Esto confirmó la hipótesis de los investigadores de que los ratones más jóvenes podrían ser más sensibles a los efectos nocivos de la privación de sueño. También observaron que la privación de sueño en los ratones jóvenes alteraba por completo su rendimiento en una tarea de memoria de aprendizaje, mientras que los adultos se mostraban mucho más resistentes tras la pérdida de sueño.

A continuación, el laboratorio centró su atención en los efectos de la privación de sueño sobre las sinapsis neuronales, que intervienen la comunicación entre neuronas y son el principal lugar de formación y almacenamiento de la memoria. También están muy estudiadas por su papel central en la salud del sueño.

El análisis demostró que la privación de sueño en ratones jóvenes, pero no en adultos, afectaba fuertemente a la formación de sinapsis, un aspecto clave del desarrollo cerebral.

Sus datos muestran que los bebés y los niños son más vulnerables a los efectos negativos de la interrupción del sueño. También descubrieron que la pérdida de sueño durante este periodo crucial puede interactuar negativamente con el riesgo genético subyacente del trastorno del espectro autista.

Una de las misiones actuales del laboratorio, basada en el trabajo molecular de este estudio, es desarrollar fármacos de nueva generación para el sueño que puedan utilizarse en niños. En lugar de actuar como un sedante, esperan crear un fármaco que pueda actuar sobre las sinapsis para restaurar la función del sueño, en lugar de alterar el comportamiento del sueño en sí.


Sueño, estado nutricional y conducta alimentaria en los niños – un estudio de revisión

Investigadores de la Universidad Federal de Lavras (Brasil) en un estudio, publicado por la National Library of Medicine en setiembre 2022, revisaron la bibliografía actual sobre la relación entre el sueño, el estado nutricional y el comportamiento alimentario, así como los mecanismos asociados a estos elementos en los niños.

La búsqueda bibliográfica se realizó en las bases de datos PubMed, LILACS y Scopus, utilizando los siguientes términos: “Niño”; Estado nutricional”; “Sueño”; ”Actividad física O Ejercicio”. Los artículos incluidos fueron los que cumplían el objetivo de la investigación. Se excluyeron los artículos de revisión, las cartas a los autores o las directrices.

Inicialmente, se encontraron 402 artículos en la búsqueda bibliográfica. Tras un cuidadoso análisis del título y el resumen, y la aplicación de los criterios de inclusión, sólo se incluyeron 24 estudios en esta revisión. La mayoría de los estudios sugieren que la corta duración del sueño – menos de 9-10 horas por noche – está asociada con el sobrepeso o la obesidad en los niños. Sólo tres estudios no mostraron ninguna asociación entre el sobrepeso/obesidad y las variables del sueño.

La corta duración del sueño también se asocia con la mala calidad de la dieta, el mayor consumo de bebidas gaseosas y estimulantes antes de acostarse y la deficiencia de micro-nutrientes.

Conclusiones

La duración del sueño está relacionada con el desarrollo de sobrepeso y obesidad en lactantes. Los cambios en los hábitos alimentarios también están relacionados con la privación de sueño, siendo uno de los mecanismos que contribuyen al aumento excesivo de peso. Los profesionales sanitarios deben comprender la importancia de la calidad del sueño para mantener el estado nutricional de los niños.


El sueño insuficiente en la infancia se asocia a trastornos inmunitarios

Científicos del Centre National de la Recherche Scientifique (Francia) investigaron en un estudio longitudinal, publicado por Elsevier en mayo de 2022, las trayectorias de duración del sueño asociadas a niveles específicos de citocinas séricas a la edad de 5 años.

El sueño es esencial para el desarrollo óptimo del niño y su salud a lo largo de toda la vida. Sin embargo, los trastornos del sueño son frecuentes en la primera infancia y aumentan el riesgo de trastornos cognitivos, metabólicos e inflamatorios a lo largo de la vida. El sueño y la inmunidad están mutuamente relacionados, y las citocinas secretadas por las células inmunitarias podrían mediar en esta interacción.


Los investigadores partieron de la hipótesis de que la duración del sueño nocturno afecta a los niveles de citocinas en los niños en edad preescolar. En una muestra de 687 niños de la cohorte francesa de nacimiento EDEN, estudiaron las asociaciones entre las trayectorias de duración del sueño nocturno de los 2 a los 5 años y las concentraciones séricas de cuatro citocinas (factor de necrosis tumoral, interleucina, interferón) a los 5 años, ajustando por covariables relevantes.

En comparación con la trayectoria de referencia – ≈11h30/noche de sueño, 37,4% de los niños –, se observó una trayectoria de duración del sueño más corta – < 10 h/noche, 4,5% de los niños – y una trayectoria de duración del sueño cambiante – ≥ 11h30/noche y luego 10h30/noche, 5,6% de los niños –. No encontraron asociación entre las trayectorias de duración del sueño y los niveles de IL-10 o IFN-γ.

Este primer estudio longitudinal en niños de 2 a 5 años sugiere un impacto de la duración del sueño en la actividad inmunitaria en la primera infancia. El estudio justifica la realización de estudios de replicación en cohortes más amplias para explorar más a fondo si la actividad inmunitaria interactúa con las trayectorias del sueño y cómo lo hace para aumentar la susceptibilidad a los problemas de salud.


Impacto de la privación de sueño en el desarrollo cerebral infantil

Investigadores de la Universidad de Maryland (EE.UU.) en un estudio, publicado en The Lancet Child & Adolescent Health en octubre 2022, destacan los efectos nocivos y preocupantes de la privación de sueño en la estructura del cerebro en desarrollo de los niños.

El estudio examinó datos de más de 8.300 niños de entre 9 y 10 años, procedentes de 21 centros diferentes, todos ellos parte del estudio ABCD (Adolescent Brain Cognitive Development). Los investigadores examinaron imágenes de resonancia magnética, historiales médicos y encuestas completadas por los participantes y sus padres en el momento de la inscripción y en una visita de seguimiento dos años después, a la edad de 11-12 años.

Los investigadores se interesaron por este periodo de la pre-adolescencia porque es una edad importante para el desarrollo neurocognitivo del cerebro. Distinguieron entre los que dormían lo suficiente y los que sufrían privación de sueño fijando el límite entre ambos grupos en 9 horas de sueño por noche.

Al comparar las conexiones funcionales de los dos grupos, los investigadores comprobaron que eran más débiles en los niños privados de sueño. Las noches cortas alteran el funcionamiento de los ganglios de la base del cerebro, lo que provoca un procesamiento deficiente de la información. Como consecuencia, los niños que no duermen lo suficiente son más propensos a sufrir problemas de comportamiento (impulsividad, depresión, ansiedad, etc.). En este caso, son las funciones cognitivas y afectivas las que se ven perjudicadas.

El segundo mecanismo afecta a lo que se conoce como “inteligencia cristalizada”, es decir la capacidad de utilizar los conocimientos y la experiencia acumulados. Mediante mediciones estructurales del lóbulo temporal, los investigadores pusieron de manifiesto el déficit de materia gris en esta región del cerebro. La maduración del lóbulo temporal de los niños privados de sueño se retrasa, lo que altera la consolidación de su memoria y, por tanto, su “inteligencia cristalizada”.

Resultados. Los niños que dormían menos de nueve horas por noche tenían menos materia gris o un volumen menor en ciertas zonas del cerebro responsables de la atención, la memoria y el control de las inhibiciones. Estas diferencias persistieron al cabo de dos años, un hallazgo preocupante que sugiere daños a largo plazo en quienes no duermen lo suficiente.

Los investigadores descubrieron que los efectos de la privación de sueño sobre la depresión, el pensamiento y los problemas de inteligencia estaban mediados por conexiones en dos regiones cerebrales: el área cortico-basal y el lóbulo temporal anterior.

Los participantes que dormían lo suficiente tendían a dormir progresivamente menos a lo largo de dos años, lo cual es normal a medida que los niños crecen. Pero los hábitos de sueño de los que dormían poco no cambiaron mucho.


La falta de sueño aumenta el riesgo de depresión e impulsividad en los niños

Investigadores de la Universidad de Warwick (Canadá) en un estudio, publicado por Neuroscience News en febrero 2020, descubrieron que la salud mental de los niños se ve afectada por la duración del sueño.

En un experimento en el que participaron 11.000 niños de entre 9 y 11 años, los investigadores examinaron la relación entre la duración del sueño y la estructura cerebral. Descubrieron que las medidas de depresión, ansiedad, comportamiento impulsivo y bajo rendimiento cognitivo eran mayores en los jóvenes que dormían poco. Además, los problemas depresivos asociados a la corta duración del sueño seguían registrándose un año después.

Además del vínculo entre la salud mental y la falta de sueño, los investigadores descubrieron mediante análisis de big data (megadatos: un conjunto muy grande de datos sobre un área específica) que ciertas partes del cerebro de los niños que dormían poco tenían volúmenes inferiores a la media. Las zonas que parecen verse afectadas por la privación de sueño son las cortezas orbitofrontal y prefrontal, el lóbulo temporal, el precuneus y el giro supramarginal.

Los resultados mostraron que la puntuación total de los problemas de conducta de los niños que dormían menos de 7 horas era un 53% más alta de media y la puntuación cognitiva total era un 7,8% más baja de media que la de los que dormían entre 9 y 11 horas. Esto subraya la importancia de dormir lo suficiente para el desarrollo y la salud mental de los niños.

Los investigadores también señalan que la cantidad de sueño recomendada para niños de 6 a 12 años es de 9 a 12 horas. Sin embargo, los trastornos del sueño son comunes entre los niños y adolescentes de todo el mundo debido a la creciente demanda de tiempo en la escuela, el aumento del uso del tiempo de pantalla y las actividades deportivas y sociales.

Se han identificado asociaciones significativas entre la duración del sueño en los niños, la estructura cerebral y medidas de salud cognitiva y mental. Los investigadores reconocen que es necesario seguir investigando para descubrir las razones subyacentes de estas relaciones.

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Parámetros a vigilar para garantizar un sueño reparador

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Duración. La cantidad de sueño necesaria varía en función de la edad. Los niños pequeños necesitan dormir más que los mayores, y los adolescentes tienen sus propias necesidades que pueden cambiar rápidamente.

* Calidad. Un sueño de calidad significa un sueño profundo y reparador, sin despertares frecuentes. Asegurarse de que el entorno en el que duerme es propicio para un sueño tranquilo (calma, comodidad, temperatura adecuada).

* Regularidad. Acostarse y levantarse a horas regulares, incluso los fines de semana, ayuda a estabilizar el reloj interno.

* Dormirse. El tiempo que tarda un niño en dormirse también es un indicador. Si tarda demasiado, puede ser que algo le moleste o que su entorno no le tranquilice lo suficiente.

* Despertarse por la noche. Despertarse de vez en cuando es normal, pero si se despierta con demasiada frecuencia o durante demasiado tiempo, puede ser señal de una mala calidad del sueño.

Duración del sueño recomendada para los niños

Dormir lo suficiente es esencial para el cerebro, los estudios y la felicidad de los niños. La National Sleep Foundation afirma que los niños de entre 6 y 13 años necesitan entre 9 y 11 horas de sueño por noche. Pero muchos niños no duermen lo suficiente: el 23% duerme sólo 8 horas y el 8% duerme 7 horas o menos.

La National Sleep Foundation ha establecido normas de sueño para niños y adolescentes de todas las edades:

* Recién nacidos (0 a 3 meses): de 11 a 17 horas de sueño al día.

* Bebés (de 4 a 12 meses): de 12 a 16 horas de sueño al día, incluidas las siestas.

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 Niños pequeños (de 1 a 2 años): de 11 a 14 horas de sueño al día, incluidas las siestas.

* Niños en edad preescolar (de 3 a 5 años): de 10 a 13 horas de sueño al día, incluidas las siestas.

* Niños en edad escolar (de 6 a 12 años): de 9 a 12 horas de sueño al día.

* Adolescentes (de 13 a 18 años): de 8 a 10 horas de sueño al día.

Estas horas de sueño no son normas estrictas, sino pautas para ayudar a cada niño a descansar lo necesario en cada etapa de su desarrollo. Por supuesto, cada niño es único y algunos pueden necesitar dormir un poco más o un poco menos. Lo importante es escuchar y observar las necesidades individuales de cada niño para garantizar noches tranquilas y días llenos de energía.


¿Cómo se reconocen los trastornos del sueño en los niños?



Los problemas de sueño en los niños pueden manifestarse de muchas maneras: dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes durante la noche, sueño intranquilo, pesadillas recurrentes, etc.

Pequeñas señales que no hay que ignorar

Dormirse es una maratón. Si cada noche parece una negociación interminable para llevar a su hijo a la cama, o si generalmente tarda más de 30 minutos en dormirse, esto puede sugerir un desequilibrio, que podría estar relacionado con la falta de melatonina, el estrés de la vida cotidiana, etc.

Despertarse mucho. Despertarse durante la noche es normal, pero si a su hijo le cuesta volver a dormirse, o si se despierta más cansado que cuando se acostó, podría ser señal de que algo está perturbando su sueño.

Sueño agitado, rechinar de dientes, sonambulismo. Un sueño poco tranquilo también puede ocultar un trastorno. En caso de duda, observe los movimientos y ruidos, que le dirán mucho sobre la calidad del sueño de su hijo.

¿Qué puede hacer al respecto? Anote cuándo se acuesta su hijo, cuándo se levanta, cuándo se despierta por la noche, cuándo duerme la siesta... Y, sobre todo, hable con su pediatra. Él podrá orientarle y, si es necesario, remitirle a un especialista del sueño.


Consejos para mejorar la calidad del sueño de su hijo

Establecer hábitos de sueño saludables

Unos buenos hábitos de sueño son esenciales para el éxito escolar de su hijo. Es importante mantener una rutina de sueño regular. Es decir, que se acueste y se levante a la misma hora todos los días, incluso los fines de semana. Asegúrese de que el dormitorio favorece el sueño. Que sea fresco, oscuro y tranquilo. Esto ayudará a su hijo a dormir mejor.

Una rutina de sueño regular es esencial para tener éxito en la escuela. Acostarse y levantarse a la misma hora todos los días es bueno para el sueño. No deje que su hijo duerma más el fin de semana. Esto altera su horario de sueño durante la semana.

Un entorno favorable al sueño

Un buen entorno para dormir también es importante. Evite las luces brillantes y las pantallas antes de acostarlo. Limite la cafeína para ayudar a su hijo a dormir. Las actividades relajantes, como un baño caliente, también pueden ayudar a su hijo a dormir mejor. Para los niños que tienen miedo a la oscuridad o que se sienten ansiosos a la hora de acostarse, un peluche, una luz nocturna o una pequeña lámpara pueden ayudar.

Limitar las pantallas antes de acostarse

La luz azul que emiten las pantallas puede interferir a la hora de conciliar el sueño. Intente limitar el uso de estos dispositivos electrónicos al menos dos horas antes de acostarse. Mantenga televisores, computadoras y otros aparatos electrónicos fuera del dormitorio para crear un ambiente dedicado al sueño.

Fomentar una actividad física regular

Anime a su hijo a mantenerse activo durante el día. El ejercicio físico contribuye a dormir mejor, pero evite las actividades demasiado estimulantes justo antes de acostarse.

Vigilar su alimentación

Asegúrese de que su hijo sigue una dieta equilibrada y evite las comidas copiosas y las bebidas azucaradas o con cafeína, sobre todo al final del día.

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Si a su hijo le cuesta dormirse a pesar de sus esfuerzos, intente establecer un patrón en su rutina diaria. Empiece por fijar una hora constante para acostarse y levantarse. Luego, cada noche, realice la misma secuencia de actividades relajantes (baño, pijama, cuento, etc.) para crear un ritual. Este ritual se convertirá en una poderosa señal para el cerebro de que es hora de pasar al modo sueño. La regularidad y la previsibilidad pueden contribuir en gran medida a que su hijo se duerma más fácilmente.

Adoptando estos pocos hábitos, puede dar a su hijo las claves de un sueño reparador, esencial para su desarrollo intelectual. Recuerde que un niño bien descansado es un niño feliz, dispuesto a explorar el mundo con energía y curiosidad.



Dormir es muy importante para el éxito escolar de su hijo. Dormir bien ayuda al 
cerebro a desarrollarse, aprender y recordar mejor. Favorece la memoria, la concentración 
y la capacidad de pensar. Esto se traduce en mejores notas y promedios generales 
más altos. También les ayuda a controlar sus emociones y a tener éxito en la escuela.




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