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diciembre 29, 2022

Importancia de la Inteligencia Emocional – Lectura Emocional Dentro de Nuestro Cerebro


Identificar y manejar las propias emociones ayuda a tener
 mejores relaciones con los demás y una mejor calidad de vida


¿Qué es una emoción?

Una emoción es un proceso fisiológico que nos prepara para adaptarnos y responder al entorno siendo su función principal la adaptación, es decir, la supervivencia. Cuando surge una emoción es porque el equilibrio que la mente mantiene se ha roto, por diversos motivos. Es una alarma interna que nos informa que este equilibrio se ha quebrado, siendo la mayoría de las veces por factores externos, muchos de ellos de nuestro día a día. Unos ejemplos: un camarero no nos atiende en un bar; un amigo/a hace algo que no es de nuestro agrado; un padre le regaña a su hijo; la muerte de un familiar…

Las emociones vienen siempre acompañadas por nuestros pensamientos. Estos son los que le dan el carácter positivo o negativo a las emociones, ya que éstas no son ni negativas ni positivas, ni buenas ni malas. Miedo, enfado, tristeza, sorpresa, asco y alegría son, según diferentes autores, las seis emociones que tiene el ser humano, y es de destacar que depende del pensamiento que se le asocie a cada emoción, lo que va a dar lugar a un sentimiento el cual va a determinar nuestro estado de ánimo. Esto nos lleva a pensar que una emoción al producirse por un proceso fisiológico no puede ser controlada, sin embargo, nuestro pensamiento sí que podemos gestionarlo, y generar el sentimiento que nosotros necesitemos en cada momento.

Por lo tanto, el gestionar nuestros pensamientos en diferentes situaciones de desequilibrio interno/externo, según la intensidad, el lugar y el contexto, es lo que conocemos como inteligencia emocional.


Inteligencia emocional



La inteligencia emocional es la habilidad de reconocer, regular y comprender las emociones, tanto en si mismo como en los demás. Una inteligencia emocional alta ayuda a conectar con otras personas, forjar relaciones empáticas, comunicar de manera efectiva, resolver conflictos y expresar sentimientos.

Se refiere a la capacidad de los individuos para reconocer sus propias emociones y las de los demás, diferenciar entre diferentes sentimientos y etiquetarlos apropiadamente, utilizar información emocional para guiar el pensamiento y la conducta, y administrar o ajustar las emociones para adaptarse al ambiente o conseguir objetivos. Es decir, saber manejar nuestras emociones.

Por tanto, esta habilidad puede significar la diferencia entre comportarse de una manera socialmente aceptable y estar fuera de lugar en una situación social determinada.

La inteligencia emocional nos ayuda a entender de qué manera podemos influir de un modo adaptativo e inteligente tanto sobre nuestras emociones, como en nuestra interpretación de los estados emocionales de los demás. Este aspecto de la dimensión psicológica humana tiene un papel fundamental en nuestra manera de socializar y en las estrategias de adaptación al medio que seguimos.

Historia de la inteligencia emocional

Los psicólogos han estudiado la inteligencia emocional desde que el concepto de inteligencia social fue introducido por Edward Thorndike en 1920. Luego, Howard Gardner se basó en esta teoría y agregó la idea de que más de un tipo de inteligencia contribuye a la habilidad cognitiva. En su libro de 1983 Estructuras de la mente: La teoría de las inteligencias múltiples, Gardner introdujo el concepto de inteligencia interpersonal e intrapersonal.

Sin embargo, el término “inteligencia emocional” no obtuvo popularidad sino hasta la publicación en 1995 del libro La inteligencia emocional, escrito por el periodista científico Daniel Goleman. En su libro, Goleman define la inteligencia emocional y establece la importancia del coeficiente emocional para el liderazgo.

Luego, en 2004, Peter Salovey y John Mayer ampliaron el alcance y comprensión de la inteligencia emocional. Ellos desarrollaron la teoría del rasgo para desarrollar y medir la inteligencia emocional. Esto derivó en la primera prueba de inteligencia emocional, el test de inteligencia emocional Mayer-Salovey-Caruso (MSCEIT).

Hoy en día, la inteligencia emocional es estudiada por una gran variedad de psicólogos que buscan entender las diferentes competencias emocionales, las habilidades interpersonales que contribuyen a la inteligencia emocional, y la diferencia entre el coeficiente emocional y el coeficiente intelectual. Aunque muchos psicólogos no estén de acuerdo en los detalles exactos de la inteligencia emocional, la mayoría coincide en que es una habilidad que puede desarrollarse con práctica y entrenamiento.

En contra de lo que pueda parecer, teniendo en cuenta que el término se ha incorporado al lenguaje general, no es sencillo alcanzarla ni conseguirla. No obstante, a nuestro favor existe el hecho de que somos seres emocionales que aprendimos a pensar, no máquinas pensantes que aprendimos a sentir.

Los verdaderos espectadores empáticos pueden oír incluso lo que se dice en silencio. Lo más importante en la comunicación es oír lo que no se está diciendo.

Características de la inteligencia emocional

Autoconocimiento

Conocerse a sí mismo, así como estar en capacidad para comprender sus estados de ánimos, las causas que los originaron y las consecuencias que estas sensaciones pueden tener sobre otras personas, es una de las claves esenciales de la inteligencia emocional.

Empatía

Una de las bases para entender la importancia de la inteligencia emocional es que ésta ayuda a generar más empatía para estar en capacidad de ponerse en el lugar de lo que sienten las otras personas, entendiendo por qué se comportan de alguna manera en particular, pero sin que dichas circunstancias le afecten de una forma personal.

Autorregulación

Esta característica es una de las que permite entender la importancia de la inteligencia emocional, debido a que hace alusión al propio control de las emociones, impulsos y la habilidad de poder pensar antes de actuar. Además, la misma implica la capacidad para ser asertivos, flexibles y recibir ideas nuevas.

Auto-motivación

Al respecto de la interrogante acerca de para qué sirve la inteligencia emocional, mediante ésta los seres humanos pueden auto-motivarse y buscar dentro de sí diferentes razones para seguir adelante en su vida sin la necesidad de que otros tengan que reconocerlas o premiarlas.

Habilidades sociales

Tener habilidades sociales es uno de los ejemplos de inteligencia emocional que se puede ver en aquellas personas que saben de qué modo gestionan sus habilidades sociales con la finalidad de poder estar en contacto con diversas clases de personas y generar confianza.

Las personas que poseen estas cualidades, suelen ser personas socialmente equilibradas, extrovertidas, alegres y que en lugar de preocuparse ven los problemas como oportunidad de crecimiento y mejora.

Aquellas personas que poseen un alto nivel de inteligencia emocional son más abiertas a trabajar y conocer mejor las emociones de los demás, tanto aquellas que tienen que ver con la alegría como con la tristeza. Este tipo de inteligencia no significa ser solamente expresivo respecto a las propias emociones sino saber cómo manejarlas para el beneficio propio y de los demás que a uno lo rodean.

Una buena relación con otras personas es necesario para nuestra felicidad personal e incluso para desempeñarnos como deseamos dentro de nuestros trabajos y en nuestras familias. El saber cómo relacionarse con las demás personas muestra inteligencia emocional, reconociendo el nivel de cercanía o incluso de utilidad.

Mantener relaciones con personas positivas siempre es lo más aconsejable y mantener una buena relación con personas poco positivas que se desarrollan en nuestro mismo entorno también es aconsejable.

Importancia de la inteligencia emocional

En la medida que los seres humanos puedan comprender la importancia de la inteligencia emocional, estarán en la capacidad para manejar sus diferentes sentimientos y emociones, sabiendo de qué forma dirigirlos con el propósito de establecer mejores relaciones consigo mismos y otras personas.

Una alta inteligencia emocional favorece el desarrollo de relaciones tanto con uno mismo como con los demás, además de aumentar el sentimiento de bienestar ya que permite que tomemos decisiones de la mejor forma posible.

La inteligencia emocional implica el desarrollo de habilidades sociales que nos permiten relacionarnos de la mejor forma posible tanto con personas con las que nos sentimos bien, ya sea por concordancia de gustos, aficiones, etc. como con personas con las que no conectamos tan fácilmente o por las que no sentimos simpatía.

No siempre vamos a encontrarnos con gente que sea acorde a nosotros, ni en el trabajo, ni en la familia, ni siquiera en un grupo grande de “amigos”. Saber llevar estas situaciones facilitan sentirse bien en situaciones en las que no se comparte ciertos puntos de vista con otras personas.

Las situaciones que implican una alta emocionalidad, ya sea en un estado de euforia como de tristeza, normalmente llevan a actuar o a tomar una decisión en base a un estado emocional. Si somos conscientes que esto ocurre, postergaremos la decisión a un momento en el que nos encontremos más calmados y podamos hacer una evaluación objetiva sobre lo que ocurre y, así, tomar el camino correcto hacia aquello que queremos conseguir.

Ventajas de una inteligencia emocional desarrollada

Según un estudio escrito por el psicólogo de la Universidad de New Hampshire John D. Mayer y publicado en el Annual Review of Psychology, la inteligencia emocional está relacionada con :

* Mejores relaciones interpersonales en niños y adolescentes y menor incidencia de comportamientos antisociales o desviación de la normativa social.

* Mejores relaciones en adultos, una mejor auto-percepción, mayor seguridad en las habilidades sociales y menor agresividad y problemas de inter-relación social y de pareja.

* Las personas con mayor inteligencia emocional son percibidas positivamente por los otros. Son personas más agradables, con mayores habilidades sociales y empáticas.

* Mejor desempeño y resultados académicos.

* Mejor capacidad de negociación y habilidades relacionales en el trabajo. Dinámicas sociales más productivas y positivas.

* Mayor salud mental. Mayor satisfacción con la propia vida, mejor autoestima, menor grado de inseguridad y menores tasas de depresión. Se le relaciona, además, con menos tendencia a comportamientos riesgosos, abuso de sustancias y mayor cuidado personal.

* Mayor capacidad de adaptación a las circunstancias actuales.

Falta de Inteligencia Emocional

Las situaciones de estrés son las mejores para identificar si se carece de inteligencia emocional presentando comportamientos como :

Estresarse con facilidad.
El estrés, la ansiedad y la tensión puede acumularse y dificultar la toma de decisiones y no identificar a tiempo situaciones agobiantes para tratarlas a tiempo.

Vocabulario emocional limitado. Comúnmente cuando suelen preguntar nuestro estado de ánimo las respuestas suelen ser bien o mal, sin embargo; cuando se es inteligente emocionalmente es posible identificar el sentimiento y obteniendo repuestas como frustrado, irritable, temeroso, entre otras.

Rencor.
Es mejor soltar que vivir con ello, se ha comprobado que guardar rencor no solo afecta emocionalmente, sino también físicamente ya que contribuye a padecer enfermedades del corazón y presión alta.

Enojo mal empleado. No es que se tenga que estar siempre contento, sino mostrase enojado en las situaciones correctas evitando culpar a otros por lo que hacen sentir, además de tener la capacidad de identificar los detonantes.

No saber decir no. Con frecuencia pasa esta situación en todos los ámbitos ocasionando que se termine haciendo actividades no deseadas.


Desarrollar la inteligencia emocional

Mejorar la empatía


La empatía es la habilidad de conectar con los demás. Es la piedra angular del desarrollo de la inteligencia emocional.

Entender a los demás. La empatía consiste a conectarse con las emociones de otras personas. Para comenzar, concentrarnos en desarrollar la forma en que entendemos a los demás. Si toman una decisión que no hubiéramos tomado, nos apoyamos en la curiosidad y la empatía para entender por qué lo hicieron.

No juzgar. Todos tenemos una pequeña voz en nuestra mente que realiza suposiciones y juicios automáticamente. El hecho de no juzgar no se trata tan solo de dejar de hacer esas suposiciones inmediatas, sino de aprender a ignorarlas a favor del pensamiento a largo plazo.

Ponerse en el lugar de la otra persona. Dado que la empatía consiste a conectarse, una buena manera de crear conexiones es ponerse en el lugar de otra persona. A veces, puede que tomen una decisión que no nos guste o con la que estamos en desacuerdo, pero en vez de reaccionar, intentemos imaginar la situación desde su punto de vista.

Practicar la escucha activa



La escucha activa es la práctica de escuchar para entender. En lugar de pensar en lo que se dirá a continuación, llevar toda la atención a lo que la otra persona está diciendo.

La escucha activa sirve para desarrollar la empatía, la conexión y la confianza entre yo y otra persona.

Otro elemento clave de la escucha activa es la comunicación no verbal y el lenguaje corporal. Tomar nota de lo que se está haciendo cuando otra persona está hablando. Incluso si se está interesado, cruzar sus brazos o mirar a lo lejos hace parecer que no lo está. Intentar mantener el contacto visual y una expresión facial cortés e interesada para demostrar que se está prestando atención.

Consejos para mejorar la inteligencia emocional

* Observar las propias reacciones en diversas circunstancias y frente a diferentes personas. ¿Escucho? ¿Me guío por estereotipos? ¿Prejuzgo? ¿Quiero llamar la atención?

* Autoevaluarse. Los quiz de inteligencia emocional pueden ser una forma de comenzar a conocerse.

* Aceptarse honestamente con las propias fortalezas y debilidades. Todo es susceptible de mejoría.

* Observarse en las situaciones estresantes. ¿Cómo reacciono? ¿Por qué reacciono? ¿Mis reacciones ayudan a mejorar la situación o la empeoran?

* Dejar de culpar a los demás y responsabilizarse de sí mismo. Se trata de evitar las auto-excusas y las justificaciones, aceptar nuestra parte de responsabilidad en lo que ocurre y enmendar aquello que hemos hecho mal.

* Observar cómo los propios comportamientos y palabras afectan a los demás. ¿Positivamente? ¿Negativamente? Pensar cómo se sentiría uno mismo en esa situación.

* Aprender de los errores. Porque de cualquier situación, por dura o negativa que sea, lo mejor que se puede extraer es experiencia. Aprender de uno mismo evita caer una y otra vez en los mismos comportamientos.

* Dejar el pasado atrás. Los errores son grandes maestros.

* Aprender y trabajar sobre las emociones para ser adultos con capacidad de enfrentar las dificultades, los retos y reinventarse de ser necesario.

* Aprender a ser asertivos, expresar las propias emociones con criterio. Se tiene el derecho de decir lo que se siente, pero se tiene el deber de reconocer si es el momento apropiado para el otro.

* Saber decir “no”, poner límites y hacerse valer cuando la situación lo requiera.

* Pasar tiempo con personas no tóxicas. Esto oxigena y permite crecer.

***

El aprendizaje emocional es la base del desarrollo de la empatía

Nuestros primeros contactos emocionales nos enseñan qué ver y qué no ver en el mundo de los sentimientos y de las emociones. Así, nuestro aprendizaje empático conforma en sí mismo varias premisas:

El primer aprendizaje empático se basa en que tenemos que poner empeño en lograr percibir las emociones de los demás. Es decir, tenemos que sintonizar con los sentimientos y emociones ajenos para favorecer la comprensión de su mundo interior.

El segundo aprendizaje mantiene que actuar empáticamente no implica en absoluto adoptar la perspectiva ajena sino ver el mundo con otros ojos, lo cual nos ayuda a comprender por qué una persona actúa de cierta manera.

La comprensión empática contiene en sí misma una respuesta emocional hacia la persona en cuestión que trata de comprender los motivos que le llevan a ciertos sentimientos y acciones.

Además de eso tenemos que entender que no es suficiente percibir y comprender lo que otro siente, sino que debemos saber transmitirle que está siendo comprendido, de manera que se cierre el circuito y que los beneficios de ser empáticos se hagan patentes.

O sea que se trata de coordinar actuaciones a nivel cognitivo, conductual y sentimental.

Empatía – Lectura emocional dentro de nuestro cerebro

No es fácil dibujar un mapa en el que aparezcan correctamente identificadas las emociones propias y las ajenas, pero el esfuerzo por conseguirlo merece la pena. Si lo logramos tendremos una estupenda referencia que influirá de manera positiva en el tipo de vínculos que establecemos, en la mano que somos capaces de tender y en la alegría que seamos capaces de experimentar a partir de la generosidad.

Porque lograr ponernos el traje de la tristeza de otra persona, por ejemplo, es una maravillosa destreza que nos ayuda a movernos por el mundo acompañados de una valiosa e inteligente capacidad emocional.

Con buena disposición podemos alcanzar el clima emocional que nos permite alcanzar esta sintonía y descifrar deseos, anhelos, mensajes profundamente enterrados, necesidades, etc. Todo este proceso maravilloso que a veces puede parecer casi mágico se desarrolla en nuestro cerebro, el cual realiza hábilmente una intensa lectura emocional.

La siguiente cuestión a responder es, inevitablemente, cómo lo hace. La ciencia va obteniendo respuestas y está consiguiendo localizar numerosas zonas en las que reside nuestra capacidad emocional.

Uno de los más hallazgos más importantes de la neurociencia ha sido el de las neuronas espejo, las cuales se encuentran presentes en nuestros circuitos emocionales. Éstas son unas células cerebrales que cumplen la misión de reflejar en nuestro cerebro aquello que estamos observando.

Los hemisferios cerebrales. En términos generales podemos afirmar que nuestro hemisferio izquierdo domina la capacidad para reflexionar sobre las emociones mientras que en el hemisferio derecho el sistema límbico tiene más peso.


Aunque a nivel individual las diferencias cerebrales pueden llegar a ser abismales, se ha encontrado que en los hombres predomina una actividad cerebral ejecutiva en cuanto a las emociones, mientras que en las mujeres el sistema límbico ha adquirido más importancia.

Esto nos ayuda a apoyar la creencia popular de que el mundo femenino tiende a ser más emocional, entendiéndose así que las mujeres suelen tener mayor capacidad empática.

Sea como sea, la empatía puede ser desarrollada tanto por hombres como por mujeres de la misma manera. Es importante, por lo tanto, que alfabeticemos nuestro cerebro emocional y que nos esforcemos por mirar el mundo desde los ojos ajenos.





La importancia de la inteligencia emocional en todos los ámbitos de la vida es clave para que las personas 
puedan tener una mejor relación consigo mismos y quienes les rodean, debido a que tendrán mayor 
capacidad de comprender sus sentimientos y emociones, pudiendo aplicar la alteridad. Entendemos
 la alteridad como el principio filosófico de "alternar" o cambiar la propia perspectiva por la del "otro".


    

Ver :


mayo 28, 2022

Neurociencia – ¿Qué Aportes para la Sociedad?




La neurociencia corresponde al estudio del funcionamiento del sistema nervioso, desde los aspectos más fundamentales, biológicos y químicos, hasta los más funcionales: personalidad, comportamientos, pensamientos. Durante los últimos veinte años, la neurociencia ha experimentado avances e innovaciones sin precedentes. Ahora nos permite comprender mejor las muchas señales que nos envía nuestro cerebro y comprender cómo funciona el sistema nervioso. Gracias a la neuroimagen o imagen cerebral, ahora es posible observar el cerebro de un individuo realizando una tarea cognitiva -hablar, contar, recordar...- y así identificar zonas y estímulos.

La neurociencia constituye un vasto conjunto de especialidades. Concierne a diversas disciplinas, como la psicología, y en particular la psicología cognitiva que explica los procesos que operan en el cerebro para aprender, pero también la neurología, la cronobiología, la filosofía, la antropología o incluso la informática, que ofrece modelos basados en los datos recopilados.

La disfunción cerebral es una de las principales causas de enfermedad o discapacidad. Afecta a un número creciente de personas, en particular debido al envejecimiento de la población. Sus repercusiones afectan directa o indirectamente a toda la sociedad. La neurociencia permite concebir nuevos tratamientos, en particular para la enfermedad de Alzheimer o la enfermedad de Parkinson.

Existen muchas otras áreas de aplicación para las técnicas de exploración o modificación del cerebro. En el campo de la justicia, la imagen cerebral podría usarse para modificar el cerebro de los delincuentes, en el campo del marketing, podría ser un medio para influir en el consumidor (neuromarketing). La neuroimagen también podría ser de interés para la gestión de recursos humanos (capacitar a los individuos para determinadas tareas), el ejército (mejorar el rendimiento militar o degradar el de los enemigos, etc.).

Múltiples campos de aplicación

Con la explosión contemporánea de la neurociencia, el cerebro se ha convertido en la metáfora de referencia para describir al ser humano en su individualidad, su subjetividad, sus acciones, su vida privada y social. La velocidad con la que la ciencia del cerebro se está infiltrando en la sociedad es sorprendente. En los últimos diez años, la neurociencia ha invadido gradualmente todas las esferas de nuestra vida cotidiana. Solo podemos ver el impacto creciente de la neurociencia en las representaciones culturales, la educación, los medios de comunicación, pero también en los círculos industriales, financieros, políticos, militares. El “neuro” está en todas partes: neuropedagogía, neuroeducación, neuronutrición, neuropsicología, neuroeconomía, neuromarketing, neurofilosofía, neurogimnasia… e incluso neuropolítica.


Hacia una neurosociedad – ¿Se puede explicar todo con imágenes cerebrales?

Este auge de la neurociencia está estrechamente relacionado con la aparición de tecnologías de imágenes cerebrales como la resonancia magnética.

Las técnicas de neuroimagen están en gran parte detrás del renacimiento de la neurociencia cognitiva: ver el funcionamiento normal del cerebro casi en tiempo real, registrar la actividad cognitiva en su estado más puro, sin necesidad de que el sujeto dé pistas sobre esta actividad – como sucedía en psicología –, son tantos avances decisivos. La posibilidad de ver funcionar al cerebro vivo abriría el camino a descifrar pensamientos, emociones, motivaciones, con la posibilidad de controlar los procesos de toma de decisiones que guían nuestras elecciones y nuestras acciones. La RM también interesa a sectores a priori alejados de la neurobiología: recursos humanos, seguros, publicidad, inteligencia, justicia, etc. Estos temas conciernen la democracia y exigen una reflexión ética.

Además, estas técnicas revelaron al neurocientífico un nuevo principio de funcionamiento cerebral: el funcionamiento en red. Las ubicaciones ya no son lo que solían ser. Se incluyen en redes que van y vienen según la tarea cognitiva en la que está involucrado el sujeto. Aún más novedoso, las mismas áreas del cerebro cumplen varias funciones y pueden ser parte, sucesivamente, de varias redes funcionales diferentes. En otras palabras, un área cerebral dada no tiene una sola función: sus recursos se utilizan para diferentes estrategias cognitivas.

Una gran contribución de la resonancia magnética es haber revelado las propiedades de plasticidad del cerebro, que se moldea de acuerdo con la historia vivida por cada persona. Por ejemplo, en los pianistas se produce un engrosamiento de las regiones de la corteza cerebral especializadas en la motricidad de los dedos y la audición. Este fenómeno se debe a la producción de conexiones adicionales entre las neuronas. Además, estos cambios en la corteza son directamente proporcionales al tiempo dedicado al aprendizaje del piano durante la infancia.

La plasticidad cerebral también interviene durante la vida adulta. Así, practicar malabares conduce después de solo tres meses de práctica a un engrosamiento de las áreas de la corteza que controlan la coordinación del brazo y la visión. Y si el entrenamiento se detiene, las áreas que estaban engrosadas se encogen.

Estos ejemplos, y muchos otros resultados, demuestran cómo los acontecimientos de la vida modifican el funcionamiento cerebral, lo que se traduce concretamente en la reestructuración de los circuitos neuronales en la corteza. Nunca nada se congela en nuestro cerebro. Esta es una noción fundamental a considerar para la interpretación de imágenes de resonancia magnética. La presencia de particularidades anatómicas o funcionales en un cerebro no significa que hayan existido desde el nacimiento, ni que vayan a quedar grabadas allí. De hecho, la resonancia magnética ofrece una instantánea del estado del cerebro de una persona en un momento dado. Ella no proporciona ninguna información sobre su pasado. Tampoco tiene valor predictivo para el comportamiento futuro. Otro sesgo de la resonancia magnética es el poder de fascinación de las imágenes en color del cerebro que pueden aparecer como prueba científica objetiva para un público desinformado.

Neuropolítica

Según investigadores del Instituto de Ciencias Cognitivas de Londres, las opiniones políticas estarían inscritas en nuestras neuronas. Su experimento consistió en recopilar las orientaciones políticas de 90 estudiantes y estudiar la estructura de sus cerebros mediante imágenes de resonancia magnética.

Resultado: la corteza cingulada anterior, que desempeña un papel en la detección de contradicciones, es más grande en los liberales – la izquierda, en los países anglosajones –, mientras que la región de la amígdala, involucrada en las emociones ligadas al miedo, está más desarrollada entre los conservadores – la derecha –.

Según los investigadores, sus resultados revelan un sustrato neuronal para los análisis psicológicos que muestran que el miedo a las situaciones de conflicto y de riesgo diferencia a los conservadores de los liberales.

La “psicología política” es una disciplina en auge desde hace 10 años, particularmente en los Estados Unidos. Su objetivo es comprender por qué algunas personas tienen creencias liberales y progresistas, mientras que otras se inclinan hacia ideas conservadoras y reaccionarias. La división ideológica vendría desde la primera infancia. Según un estudio realizado en niños de 3 años seguidos hasta la edad adulta, los descritos como temerosos, indecisos, testarudos e inhibidos se convierten en adultos conservadores. Por otro lado, los niños enérgicos, expresivos, dominantes y sociables adoptan luego ideas progresistas y liberales.

Toda esta investigación fue objeto de un artículo de John Jost publicado en 2011 (Political Neuroscience: The Beginning of a Beautiful Friendship), que anuncia el surgimiento de una nueva disciplina, la neuropolítica, que permitirá comprender y reducir las fuentes de la acrimonia ideológica que fomenta la incivilidad y obstaculiza la política y el progreso social.

Neurojusticia

En el siglo XIX, Cesare Lombroso fundó la criminología científica. Afirmó detectar a los delincuentes en función de las características anatómicas de la cara y el cráneo. La ciencia vino en ayuda de la justicia.

En el siglo XXI, la misma búsqueda sigue impulsando a algunos investigadores, particularmente en los Estados Unidos, donde la lucha contra el crimen y el terrorismo es una prioridad nacional. Es cierto que el vocabulario y los métodos han cambiado. Ya no se habla de criminalidad sino de psicopatía antisocial, mientras que la imagen cerebral ha sustituido al análisis de facciones y protuberancias en el cráneo.

Hasta la fecha, se han registrado más de 600 casos en los Estados Unidos en los que las imágenes obtenidas por resonancia magnética se han ingresado a nivel penal como “evidencia”. El tema de las aplicaciones jurídicas de la neurociencia se ha convertido en un tema de investigación por derecho propio denominado “Neuroderecho” (Neurolaw). Es objeto de importantes programas de financiación en los que participan universidades y la administración estadounidense.

En busca de las áreas cerebrales del crimen

Violencia, agresividad, ataque al orden moral, criminalidad, terrorismo… ¿Todos estos comportamientos desviados podrían tener su origen en el cerebro? Para averiguarlo, el método de elección es la resonancia magnética. El laboratorio dirigido por Adrian Raine en la Universidad de California se especializa en el campo. Su objetivo es estudiar las bases neuronales de las conductas antisociales, agresivas y delictivas para desarrollar nuevos tratamientos y programas de prevención de estas enfermedades tan costosas para la sociedad.

Varios estudios de resonancia magnética han mostrado una ligera reducción en el grosor de la corteza cerebral en las regiones prefrontal y temporal. Cabe señalar que este fenómeno no es específico de los delincuentes.

También se la ha observado en alcohólicos, drogadictos y en algunos pacientes epilépticos. El problema de su interpretación permanece intacto. De hecho, hasta ahora, ninguna demostración científica ha permitido establecer una relación causal entre una reducción del grosor de la corteza y el comportamiento desviado. Debido a las propiedades de plasticidad del cerebro, no se puede determinar el origen de las variaciones en la estructura de la corteza. Finalmente, es importante tener en cuenta que la mayoría de las conductas antisociales ocurren en individuos con cerebros normales.

El modelo estadounidense corre el riesgo de imponerse con la perspectiva de ver a la neurociencia remplazar al médico clínico en la evaluación de la responsabilidad y la peligrosidad de un acusado.

Neuroética

En el siglo XIX, la forma del cráneo y el tamaño del cerebro se utilizaron para justificar la jerarquía entre sexos, razas y clases sociales. Hoy en día, los métodos de investigación han avanzado de forma espectacular con la imagen cerebral y el descubrimiento de la plasticidad cerebral.

En este contexto, se debe realizar una reflexión ética sobre el impacto de la neurociencia en la sociedad, la economía y las políticas públicas. En Francia, la ley de bioética incluye desde 2011 una misión de seguimiento de la investigación y las aplicaciones de las técnicas de imagen cerebral, confiada al comité consultivo nacional de ética.

Esta misión tiene como objetivo defender la ética en la producción de conocimiento en neurociencia, despertar la responsabilidad de los investigadores sobre el impacto de su trabajo en el campo social y alertar sobre las derivas en el uso e interpretación de la RM.

Dictar un texto con el pensamiento, aumentar la memoria con implantes cerebrales, crear recuerdos en el cerebro de un ratón: estos avances, aún experimentales, ya no son ciencia ficción. Los avances en el conocimiento de los mecanismos del cerebro hacen ahora posible lo que ayer parecía impensable. Muy prometedores para el tratamiento de ciertas patologías, estos avances también plantean importantes cuestiones éticas.

Neuroeconomía




La neuroeconomía es una rama de la investigación en la encrucijada de la economía y la neurociencia cognitiva que estudia la influencia de los factores cognitivos y emocionales en la toma de decisiones, ya sea de inversión, compra, asunción de riesgos o consumo. Abarca, entre otras cosas, bajo el nombre de neurofinanzas, la toma de decisiones en términos de inversiones y préstamos y también el neuromarketing, que también utiliza herramientas de neuroimagen para la investigación de mercado y el comportamiento de los consumidores.

Se acerca a la economía del comportamiento, con la diferencia de que ésta última se interesa más por los comportamientos individuales y colectivos de los agentes económicos, mientras que la neuroeconomía examina las bases neurobiológicas de estos comportamientos, en particular gracias a las técnicas de imagen cerebral.

Sin embargo, la neuroeconomía no debe confundirse con el neuromarketing, que pretende sobre todo mejorar las estrategias comerciales y de comunicación de las empresas de forma práctica, en particular en lo que respecta a la publicidad. El neuromarketing es objeto de más críticas que la neuroeconomía, cuyo objetivo no es apuntar directamente a mejorar las prácticas comerciales.

Neurociencia en la empresa

Los especialistas en funciones cerebrales están ingresando al mundo laboral. Quieren formar gerentes “neuro-friendly” que estén más atentos a las nuevas generaciones de empleados.

La neurociencia no solo permite desarrollar la inteligencia emocional de cada actor en las empresas, gestionar mejor la motivación e implicación de los empleados, sino también fomentar la inteligencia colectiva. Ofrece la oportunidad de comprender mejor cómo trabajan todos, individualmente y en equipo.

Dominar las emociones y los mecanismos cerebrales brinda a los gerentes las herramientas adecuadas para desarrollar talentos, aumentar el desempeño colectivo, reducir el estrés improductivo y aumentar la motivación.

¿Cómo? Integrando en su estilo de gestión la comunicación no violenta, la inteligencia emocional y el feedback positivo, dejando que los equipos participen en la toma de decisiones durante las reuniones o aceptando que se equivoquen.

Neuroliderazgo

Gracias a los avances en imagen, la neurociencia ha experimentado recientemente un rápido desarrollo revelando los mecanismos de aprendizaje, memoria, motivación, compromiso, atención, toma de decisiones y liderazgo, de interés para el mundo empresarial. Arroja luz sobre los parámetros que el cerebro necesita para desarrollarse plenamente.

Pierre-Marie Lledo, director del departamento de neurociencias del Instituto Pasteur, cuyo trabajo sobre la neuroplasticidad, las neuronas espejo, el cerebro social, lo convenció de que la ciencia puede formar "mánagers neuroamigables" capaces de organizar su trabajo y el de su equipo para reducir el estrés y estimular su creatividad. Se trata de adaptar el mundo del trabajo al funcionamiento del cerebro y no al revés.

El neurocientífico estadounidense David Rock dio origen a este concepto conocido como “neuroliderazgo” en 2006, en su libro “Neuroliderazgo: El cerebro frente a la decisión y el cambio”.

Con la llegada de las nuevas generaciones, todos los modelos tradicionales de gestión del desempeño quedan en entredicho. Uno de los principales problemas es la forma en que se clasifican según los resultados de las baterías de pruebas realizadas durante la fase de reclutamiento. Sin embargo, sus estados cognitivos, afectivos y neurofisiológicos están en constante evolución. Es por eso que sus condiciones de trabajo deben estar basadas en evidencia y adaptarse dinámicamente a sus sentimientos.

El reconocimiento es clave, sobre todo porque tiene una realidad fisiológica, subrayan los investigadores: activa los circuitos neurológicos de recompensa en los que se basan la motivación, la confianza y la cohesión social. Nada mejor para estimularlo que un ambiente de trabajo “neuro-favorable”: otorgar autonomía, delegar, acompañar sin seguir… Los líderes exitosos tienen un alto nivel de inteligencia emocional.


La filantropía vista por la neurociencia del comportamiento

La filantropía se caracteriza por una tensión entre la promoción de los valores morales destinados a mejorar la calidad de vida de la humanidad y el costo material en que se incurre para lograr este objetivo, pero aún sabemos poco sobre lo que sucede en nuestro cerebro cuando tomamos decisiones morales complejas que involucran la vida de otros humanos.

Desde un punto de vista neurocientífico, se trata de comprender cómo se representan en el cerebro dos elementos, a saber, los valores morales y materiales, y cómo se combinan para determinar la elección de participar en la filantropía.

La investigación conductual y neuroeconómica ha desarrollado modelos informáticos destinados a estimar con precisión las preferencias individuales por los bienes materiales. Por el contrario, se sabe muy poco sobre cómo se representan las preferencias morales en el cerebro. Sin embargo, es esencial, en muchas áreas prácticas, comprender con precisión cómo los seres humanos toman decisiones morales. Sabemos lo suficientemente bien qué puede influir en las decisiones morales, pero no sabemos cómo se forman las preferencias que guían esas decisiones.

Estudios recientes han planteado la hipótesis de que las representaciones neuronales comparables pueden ser la base de las decisiones morales. Por lo tanto, podríamos explicar plausiblemente las diferencias entre las preferencias morales estimando la forma en que los individuos calculan el valor de las opciones morales que consideran.

Los investigadores encuentran que las preferencias morales están representadas por la actividad neuronal en una variedad de regiones del cerebro asociadas con el procesamiento de elementos sociales, como la empatía, la renuencia a dañar a otros y la atribución de estados mentales a otros (como las creencias), particularmente en la ínsula anterior -región del cerebro implicada en la gestión de las emociones – y en la unión temporo-parietal derecha, región implicada en la gestión de la empatía. Estos hallazgos sugieren que existe una interpretación mecanicista de las diferencias individuales en la moralidad: las personas con más empatía y/o sensibilidad al daño causado a otros verán el sacrificio de una vida como moralmente inadmisible, incluso si ese sacrificio salva más vidas; por el contrario, las personas que son más sensibles a los resultados y que tratan las decisiones morales como valores de peso tienen más probabilidades de adherirse a las preferencias morales que empujan a salvar a quienes tienen más probabilidades de sobrevivir.

Dos sistemas neurales antagónicos

Según el investigador Giuseppe Ugazio, profesor asistente de filantropía conductual en la Universidad de Ginebra, las diferencias individuales en las preferencias morales pueden explicarse por una participación diferenciada de dos sistemas neuronales antagónicos que determinan el valor moral de nuestras elecciones.

La preferencia moral por el hecho de salvar el mayor número estaría basada en los mecanismos de evaluación a nivel neural encargados de comparar la importancia de las opciones presentes, reflejadas en la actividad cerebral localizada en el lóbulo parietal inferior izquierdo y en la ínsula anterior.

Por el contrario, la preferencia moral opuesta, de negarse a sacrificar una vida incluso para salvar más, se apoyaría en mecanismos evaluativos encargados de gestionar la renuencia a dañar a los demás y la empatía, reflejada en la actividad cerebral ubicada en la unión temporo-parietal derecha.

El cerebro representa las preferencias morales en un grupo diferente de regiones que las involucradas en la representación de las preferencias relacionadas con los bienes materiales, como las preferencias financieras. Éstas están representadas en regiones que gestionan la apreciación de los bienes materiales, como el dinero o la comida, incluido el cuerpo estriado ventral y la corteza prefrontal ventromedial.

En conclusión, el valor de la vida humana y el del dinero se estiman según distintos valores neuronales. El comportamiento moral humano estaría guiado por procesos distintos de aquellos comportamientos subyacentes motivados por beneficios personales materiales.

Por lo tanto, desde la perspectiva de la neurociencia, estamos logrando una mejor comprensión de las decisiones filantrópicas al resaltar la forma en que el cerebro domina e integra las preocupaciones morales y materiales, particularmente en situaciones donde estos dos tipos de preocupaciones pueden competir o interactuar, como es el caso. con la filantropía, pero también con las finanzas sostenibles.



A nuestra época le apasiona cómo funciona nuestro cerebro. Un órgano calificado durante mucho tiempo como 
el "continente oscuro" hasta el advenimiento de las imágenes cerebrales. Esta tecnología revolucionaria hizo posible 
mostrar no solo el interior del cerebro sino también resaltar la actividad que se lleva a cabo constantemente. La fascinación
 que ejercían estas imágenes salió de los laboratorios y pronto se extendió por toda la sociedad. Pensábamos que por fin 
íbamos a desentrañar los misterios del cerebro, explicando con detalle los mecanismos de la memoria, la toma de decisiones, 
el aprendizaje, etc. y así potenciar nuestro rendimiento cognitivo. Una verdadera “neuromanía” se ha apoderado de nosotros,
 irrigando todos los sectores de la sociedad, desde la escuela hasta la empresa, pasando por la economía y la política.




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