noviembre 17, 2017

Desarrollo del Cerebro de los Bebés en los Primeros 3 Meses





El cerebro es la clave del ser humano. Gran parte del éxito evolutivo de los sapiens ha girado en torno a nuestro órgano pensante, de ahí que no sea extraño que gran parte de la energía empleada durante el crecimiento vaya destinada precisamente al desarrollo del cerebro.

Hasta ahora la manera más fiable de medir el desarrollo del cerebro de los bebés era observar el diámetro del cráneo y realizar cálculos durante las semanas siguientes. Sin embargo las nuevas técnicas avanzadas de escaneo cerebral han permitido a los investigadores analizar el crecimiento del cerebro de manera mucho más precisa.

Un grupo de investigación ha descubierto exactamente la velocidad a la que se desarrolla en los primeros días de vida. Y el resultado es sorprendente.


Trayectorias de crecimiento estructural y tasas de cambio en los primeros 3 meses de desarrollo cerebral infantil

Investigadores de la Universidad de California, Escuela de Medicina San Diego y la Universidad de Hawai, según un  estudio publicado en la revista científica JAMA Neurology en agosto 2014, crearon un mapa del crecimiento cerebral de los bebés en los primeros tres meses después del nacimiento para ayudar a detectar los trastornos del desarrollo neurológico y reducir la gravedad de éstos en la posterioridad.

Los investigadores escanearon los cerebros de 87 bebés de cero a tres meses supervisando el crecimiento del cerebro de los bebés sin problemas de salud neurológicos, entre otros.

El ritmo más rápido de desarrollo correspondía con manchas de movimiento del cerebro llamadas cerebelo, mientras que las áreas encargadas de la memoria conocida como hipocampo se desarrollaban más lentamente durante los tres primeros meses postnatales.

Las neuronas de un cerebro aumentan rápidamente las
conexiones con otras neuronas durante la primera infancia
De hecho, según sus datos, tras apenas tres meses de vida nuestros cerebros ya son más de la mitad del tamaño que tendrán en la edad adulta.

De manera más concreta, los investigadores comprobaron que el cerebro crece, nada más nacer, a un impresionante ritmo del 1%, desacelerándose poco a poco hasta llegar a los 0,4% al final de los 90 días.  En total el cerebro de los bebés crece alrededor de un 64% en los tres primeros meses de vida.

La zona que más creció tras el parto fue una zona del cerebelo implicada en el control del movimiento, cuyo tamaño se duplicó en solo tres meses. Por su parte, la zona cerebral con menos crecimiento fue el hipocampo, una zona vinculada a la memoria.

El nuevo mapa del crecimiento del cerebro reveló que los cerebros masculinos crecieron más rápidamente que los de los bebés de sexo femenino, además de que podría ser clave en la detección y el tratamiento de los primeros signos de los trastornos del desarrollo neurológico, como la depresión, la ansiedad y el trastorno de hiperactividad o la lesión cerebral perinatal.

Según los investigadores una mejor comprensión de cuándo y cómo surgen los trastornos del neurodesarrollo en el período postnatal puede ayudar al desarrollo terapéutico, además de poder cuantificar los cambios relacionados con el tamaño de la estructura que probablemente facilitará el monitoreo de la respuesta a la intervención terapéutica. La intervención temprana durante un período de gran plasticidad neuronal podría mitigar la gravedad de los trastornos en los años posteriores.

Hasta ahora, la mayoría de los médicos usaban cinta para medir tamaños de cráneo de los bebés, pero mediante la creación de una plantilla de las regiones cerebrales reales en su tamaño, los médicos estarán en mejores condiciones para ver cuando las cosas empiezan a ir mal.

Este estudio, pionero en su campo, servirá para aportar algo de luz a cómo
 se forman ciertos trastornos como el autismo en edad temprana. Igualmente
 permitirá a los investigadores analizar cómo afecta el consumo de
 alcohol, drogas, comida, etcétera al desarrollo del cerebro de los bebés.


octubre 30, 2017

Fortalecimiento de la Conectividad Cerebral



La unidad básica de conexión en el cerebro es el contacto de 
una neurona con otra, que es caracterizada por la sinapsis neuronal

La sinapsis es un espacio, el que hay entre una neurona y otra célula (neurona o no). Un lugar muy activo en el que continuamente suceden cosas. Físicamente es una separación, funcionalmente una conexión que transfiere la información de una célula a otra.

Se calcula que un cerebro adulto tiene unos 100.000 millones de neuronas, cada una procesa su propia información que luego envía a otras de las que también recibe noticias. Cada neurona puede conectarse hasta con otras 50.000 y los impulsos eléctricos transmiten mensajes de unas a otras.

Con las 27 letras del alfabeto y los signos de puntuación se puede escribir un infinito número de novelas no existentes todavía. Con las 7 notas musicales se puede obtener infinitas piezas musicales. Los estados funcionales del cerebro también pueden combinarse. En la respuesta a esta cuestión está el secreto del gran poder de cómputo del cerebro, que lo convierte en un órgano más complejo que la computadora más moderna.

La conectividad neuronal es la unión o sinapsis que se crea entre las neuronas o células cerebrales. Cuanta más conectividad, conformaremos una red neurológica más fuerte y capaz de mejorar nuestros procesos cognitivos. El cerebro se sorprende con nuevas imágenes y significados a través del uso poético del lenguaje. Es probable que la persona educada o culta sienta que la poesía o la música le produce estados alterados de conciencia de gran satisfacción.

Factores como la atención o la memoria están relacionados con estos procesos. Hábitos tan adecuados como el aprendizaje continuo, la lectura o los juegos mentales también son imprescindibles para conseguirlo.

No es casual que el estrés de la vida moderna que genera incertidumbre, menor tiempo para el descanso y el cultivo de relaciones  imprescindible para la vida afectiva  afectan la producción de serotonina, haciendo que la capacidad cognitiva se rebaje por su ausencia en las redes neuronales. El estrés consume los neurotransmisores del alto rendimiento y del bienestar. Lo mismo ocurre con la mala alimentación que disminuye la ingesta del triptófano que forma parte de los alimentos y que incide en la producción de serotonina. Vivimos la era de adicción a las drogas recreativas, que son agentes químicos perjudiciales para la salud que empujan a la red hacia estados alterados de conciencia.


Investigación

La actividad neuronal durante el sueño profundo favorece el aprendizaje

Según investigadores, en el Congreso de la Federación Europea de Sociedades de Neurociencia (FENS) realizado en 2012 en Barcelona, las ondas eléctricas lentas que se propagan durante las fases de no vigilia influyen en la consolidación de la memoria.

Según los resultados presentados, las oscilaciones neuronales suaves que influyen en el aprendizaje son más acusadas durante los primeros años de vida. La actividad eléctrica lenta del cerebro durante el sueño profundo favorece el aprendizaje.

El equipo observó movimientos de ondas eléctricas lentas y rítmicas en la corteza cerebral durante el sueño profundo y una correlación entre el sueño de onda lenta y la consolidación de la memoria.

Las electroencefalografías también mostraron cómo las redes neuronales externas interaccionan y están moduladas por áreas cerebrales más internas, como el tálamo, durante el período de no vigilia. La corteza cerebral muestra una gran conectividad con otras estructuras del cerebro más profundas.

Las conclusiones de los científicos revelan el éxito en la consolidación de información adquirida durante el día a la comunicación entre neuronas y a la cantidad de conexiones entre ellas durante las fases del sueño profundo.

Las oscilaciones suaves son más acusadas durante los primeros años de desarrollo del niño, sobre todo en niños de entre cinco y 10 años. El pico de densidad sináptica parece estar antes de la pubertad. Los niños exploran el espacio y aprenden constantemente. Durante la adolescencia parece que hay una optimización para reducir el número de conexiones neuronales para desarrollar las mismas habilidades y funciones cerebrales.


El sueño favorece el conocimiento activo en los niños

Según un estudio realizado por científicos de la University Medical Center Hamburg-Eppendorf y de la University of Zurich publicado en Nature Neuroscience en marzo 2013, mientras duermen, el cerebro de los niños transforma el material inconscientemente adquirido en conocimiento activo de manera más eficiente que el cerebro adulto.

Investigaciones previas en adultos ya habían demostrado que dormir después de un aprendizaje impulsa el almacenamiento a largo plazo del material aprendido. En lo que respecta a los niños, éstos duermen más y más profundamente y deben integrar enormes cantidades de información cada día.

En la investigación, los científicos examinaron la capacidad de formar conocimiento explícito, a través de una tarea motora aprendida implícitamente, en niños de 8-11 años y en adultos jóvenes.

Después de una noche de sueño o de un día despiertos, se analizó la memoria de los participantes. Tras dormir una noche, ambos grupos podían recordar más cantidad de elementos de una fila de números que aquellos que habían permanecido despiertos, pero los niños resultaron ser mucho mejores en esta tarea que los adultos jóvenes.


La falta de sueño aumenta la sensibilidad al dolor

Un equipo de investigadores del Hospital Infantil de Boston y del Centro Médico Beth Israel Deaconess (EE.UU.) en un estudio publicado en la revista Nature Medecine de mayo 2017, comprobó en ratones que la pérdida crónica del sueño aumenta la sensibilidad al dolor y reduce la eficacia de los analgésicos comunes como el ibuprofeno o la morfina.

Los animales que sufren de dolor crónico pueden obtener alivio al dormir más, o, a falta de eso, al tomar medicamentos que faciliten el estado de vigilia, como la cafeína. Ambos enfoques, dormir más y café, son, a juicio de los investigadores, mejor que los analgésicos para combatir el dolor.

Los especialistas usaron ratones para medir la relación entre pérdidas de sueño agudas o crónicas y la sensibilidad hacia estímulos dolorosos.

Analizaron los efectos de la pérdida de sueño aguda o crónica sobre la somnolencia y la sensibilidad a estímulos dolorosos y no dolorosos. Además, probaron medicamentos convencionales para el dolor, como el ibuprofeno y la morfina, así como agentes que promueven el estado de vigilia, como la cafeína y el modafinilo.

Sus hallazgos revelaron un factor inesperado para el control de la sensibilidad al dolor: el entretenimiento.

Privaron de sueño a los roedores con entretenimiento, mediante juguetes y actividades, imitando el comportamiento de las personas quienes reducen sus horas de descanso al ver la televisión en la noche.

La sensibilidad al dolor fue evaluada al exponer a los ratones a cantidades controladas de calor, frío, presión, y capsaicina (contenido en los pimientos picantes) y midiendo cuánto tardaba el animal en reaccionar.

Tras cinco días de privación moderada de sueño aumentó significativamente la sensibilidad al dolor en los animales sanos, y los analgésicos comunes no surtían efecto, detalló el estudio.

En cambio, sustancias neuroestimulantes como la cafeína o el modafinilo inhibieron la hipersensibilidad en los ratones privados de sueño.

Según los especialistas, esas drogas ayudarían a romper el ciclo de dolor crónico por el cual la molestia perturba el sueño y aumenta la sensibilidad del paciente, pues el organismo no logra descansar.

Los investigadores concluyen que, en lugar de tomar analgésicos, los pacientes con dolor crónico podrían beneficiarse de mejores hábitos de sueño o de medicamentos para dormir durante la noche, junto con agentes de vigilia diurna para tratar de romper el ciclo del dolor. Algunos analgésicos ya incluyen la cafeína como ingrediente, aunque su mecanismo de acción aun no se conoce. Tanto la cafeína como el modafinilo impulsan los circuitos de dopamina en el cerebro, lo que puede proporcionar una pista.


Entrenar la memoria de trabajo mejora la conectividad cerebral de los niños

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cambridge y de la Universidad de Oxford (Reino Unido) publicado en The Journal of Neuroscience en 2015, el entrenamiento puede no sólo mejorar el rendimiento cognitivo de un grupo de niños de entre 8 y 11 años de edad, sino también modificar significativamente la forma en que se conecta su cerebro.

En el experimento se contó con la colaboración de 33 niños inicialmente, aunque por diversas razones sólo 27 finalizaron el estudio completo. A todos ellos se les realizaron pruebas de magneto-encefalografía antes y después de que sólo un subgrupo de participantes realizase el entrenamiento cognitivo (grupo adaptativo) mientras que el otro subgrupo  no lo realizaba (grupo placebo). Además, se utilizaron diversos test para valorar la memoria a corto plazo y la memoria de trabajo.

El entrenamiento cognitivo constaba de 20 a 25 sesiones de unos 30-45 minutos, distribuidas en un mes o mes y medio como máximo. Los ejercicios se realizaban por computadora, trabajaban diversos aspectos de la memoria de trabajo y el grado de dificultad se ajustaba en cada caso en función de los progresos que los participantes iban mostrando según su rendimiento.

Los resultados, mostraron que el entrenamiento cognitivo, incluso tan breve como el realizado en unas pocas semanas, puede tener un impacto significativo tanto en el rendimiento en los test como en el cerebro de los niños. Concretamente se encontró que hubo cambios en el patrón de conectividad en las redes fronto-parietales, en la corteza occipital lateral y en la temporal inferior. Además, el grupo de entrenamiento mejoró en las medidas de memoria de trabajo, y de forma interesante, dichas mejoras se relacionaron con un aumento en la fuerza de la conectividad neural en reposo.

El presente hallazgo es uno más en favor de los beneficios de entrenar el cerebro, y añade algunas novedades importantes demostrando cómo tiene lugar a nivel neural.


La práctica musical incrementa la conectividad funcional de la ínsula con otras regiones cerebrales

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de las Islas Baleares (UIB), en colaboración con investigadores de la Universidad Ramon Llull y de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), publicado en Human Brain Mapping en agosto 2017, investiga los mecanismos que explican cómo tocar un instrumento altera la percepción del propio cuerpo en músicos profesionales.

Tocar un instrumento musical, como el piano o la guitarra, así como cantar a nivel profesional, conlleva una gran entrada de estímulos sensoriales y motores que generan un incremento de la actividad cerebral en áreas como la corteza auditiva, la corteza somatosensorial y la motora, todas ellas fundamentales para la percepción musical y la ejecución instrumental. Sin embargo, en el entrenamiento musical también es fundamental la percepción del propio cuerpo.

Los investigadores han explorado la organización de las redes neuronales de la ínsula, una de las regiones más importantes en la integración y la percepción sensorial.

Estudiaron la conectividad de esta región con otras áreas del cerebro mediante el uso de la resonancia magnética funcional, una técnica de imagen que permite medir los cambios metabólicos que ocurren en el cerebro. Se comparó el cerebro de los músicos y de los no músicos, y se observó que los primeros tenían un incremento de la conectividad funcional de la ínsula con regiones relacionadas con la detección y el procesamiento de estímulos  corteza cingulada anterior , procesamiento de información y el control  cortex prefrontal , así como con el sistema de recompensa y procesamiento emocionales  corteza orbitofrontal . A su vez se observó que los músicos con más experiencia tenían una mayor conectividad con regiones del cerebro básicas para la práctica musical como son las regiones del procesamiento sensitivo-motor  corteza motora y somatosensorial primaria , así como las del procesamiento auditivo y visual  corteza auditiva primaria y occipital .

En conclusión, estos resultados indican que la práctica musical también genera cambios a nivel de la organización de las redes neuronales, tal vez para reducir los tiempos de integración sensorial durante la práctica musical y mejorar el tiempo de reacción o ejecución instrumental. A su vez, estos resultados expanden los conocimientos que se tienen acerca del incremento de la percepción sensorial en músicos profesionales, sugiriendo que la práctica musical puede generar cambios también a nivel de la información corporal.

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Sueño

El sueño no sólo es esencial para regenera el cuerpo físico, sino también es necesario para alcanzar nuevas percepciones mentales y poder ver nuevas soluciones creativas a los problemas viejos. El sueño ayuda a "reprogramar" el cerebro para enfocarse en los problemas desde una perspectiva diferente, lo cual es crucial para la creatividad. Fortalece los hemisferios cerebrales bien conectados y mejora el aprendizaje.

El sueño y la pérdida de sueño modifican la expresión de varios genes y productos genéticos que pueden ser importantes para la plasticidad sináptica. Por otra parte, ciertas formas de potenciación a largo plazo, un proceso neuronal relacionado con el asentamiento del aprendizaje y la memoria, puede provocar el sueño, lo que sugiere que las conexiones sinápticas se fortalecen mientras se duerme.

En los niños las siestas pueden dar un impulso a la capacidad de reconocer patrones de nueva información. Desempeña un papel esencial en el desarrollo cognitivo. Cuando los niños pequeños están durmiendo, el cerebro está muy ocupado en la construcción y el fortalecimiento de las conexiones entre los hemisferios izquierdo y derecho de su cerebro. Estas conexiones se realizan a través del esplenio que forma parte del cuerpo calloso, una gruesa banda de fibras en el cerebro que conecta los hemisferios izquierdo y derecho y facilita la comunicación entre los dos lados.

En los adultos una siesta al mediodía aumenta y restaura la capacidad intelectual.

Efectos de la falta de sueño

La falta de sueño, tanto si es debida a problemas para dormir o si se debe a otros motivos, como quedarse hasta tarde estudiando, trabajando, viendo televisión o realizando cualquier otra actividad, puede tener efectos negativos en la salud física y psicológica.

En general, la mayoría de la gente no está durmiendo lo suficiente. El estrés, el trabajo o la tecnología que mantiene a mucha gente pegada a la pantalla de la computadora hasta muy tarde son algunos de los motivos principales.

La falta de sueño crónica puede tener numerosos efectos negativos sobre la salud, afectando a la regulación hormonal, el metabolismo de la glucosa, la resistencia a la insulina la percepción del dolor, los procesos inflamatorios, el funcionamiento del sistema inmune o el funcionamiento mental, entre otros. El sueño es tan importante como la alimentación o el ejercicio.

Efectos principales de la falta de sueño :

Obesidad y diabetes


La falta de sueño aumenta el riesgo de sobrepeso, obesidad y diabetes. Las personas que duermen menos de seis horas tienen más obesidad o un mayor índice de masa corporal. Las personas que no duermen lo necesario ingieren más calorías, sobre todo procedentes de grasas y tienden a picar más entre comidas.

La falta de sueño hace que el cuerpo libere una mayor cantidad de insulina después de comer; esto promueve la acumulación de grasa y aumenta la probabilidad de padecer diabetes tipo 2. Las células grasas de las personas que no duermen lo suficiente tienen una capacidad un 30% menor de responder a la insulina. Este efecto se normaliza una vez que se normaliza el patrón de sueño.

Sistema cardiovascular

El sueño desempeña un papel fundamental a la hora de reparar el daño causado en los vasos sanguíneos y el corazón. La falta de sueño crónica puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades del corazón, hipertensión, latido irregular y ataque cardiaco. En una persona con hipertensión, una noche sin dormir lo suficiente puede hacer que su presión sanguínea se mantenga elevada durante todo el día siguiente.

Aumento del dolor

La falta de sueño da lugar también a una percepción exagerada del dolor. La falta de sueño aumenta la sensibilidad a estímulos dolorosos y reduce la eficacia de los analgésicos comunes como el ibuprofeno o la morfina.

Efectos cognitivos

La falta de sueño afecta al funcionamiento del cerebro. El efecto más inmediato de la falta de sueño es la somnolencia, que puede experimentarse como una sensación de fatiga o falta de motivación. La persona privada de sueño está menos alerta, con menos capacidad para prestar atención y disminuyen sus habilidades de concentración, razonamiento y solución de problemas, así como la memoria y la creatividad. Esto hace que sea más difícil aprender.

Estado de ánimo

Aunque la depresión puede causar problemas de sueño, la falta de sueño puede también alterar el estado de ánimo. La falta de sueño se ha asociado a mayores niveles de depresión, ansiedad, uso de alcohol, intentos de suicidio y baja autoestima. También puede producir irritabilidad y cambios de humor.

Sistema inmune

Durante el sueño, el sistema inmune produce células que ayudan a combatir las infecciones. La falta de sueño impide que el sistema inmune realice su trabajo correctamente y el cuerpo es menos capaz de combatir a los agentes invasores.

Envejecimiento de la piel

La falta de sueño crónica dé lugar a la aparición de círculos alrededor de los ojos, arrugas y una piel de aspecto apagado. Cuando no se duerme lo suficiente, el cuerpo libera más cantidad de la hormona del estrés  cortisol  cuyo exceso puede alterar el colágeno de la piel, la proteína que la mantiene suave y elástica. La falta de sueño hace que se produzca menos hormona del crecimiento, una hormona que se libera durante el sueño. En los niños, esta hormona favorece el crecimiento y en los adultos ayuda a aumentar la masa muscular y fortalece la piel y los huesos. También ayuda a reparar los tejidos dañados durante el día.

Qué factores nos hacen dormir poco

Los problemas para dormir son un indicativo de que algo marcha mal. Puede tratarse de un estrés excesivo o algún problema psicológico como ansiedad o depresión. La falta de sueño voluntaria puede deberse a una mala gestión del tiempo, que impide a una persona hacer ciertas cosas que desea o debe hacer, de manera que resta horas de sueño para poder hacerlas. A veces, se trata tan solo de una falta de información: si no se es consciente de la importancia que el sueño tiene para la salud y de las consecuencias negativas de la fatal de sueño, se cuidará menos ese aspecto de la vida.


Optimizar la flora intestinal

El intestino es el "segundo cerebro", y las bacterias intestinales transmiten información al cerebro a través del nervio vago, el décimo nervio craneal que conecta el tronco cerebral con el sistema nervioso entérico (el sistema nervioso del tracto gastrointestinal). Hay una estrecha relación entre la flora intestinal anormal y desarrollo anormal del cerebro, así como se tiene neuronas en el cerebro, también se tiene neuronas en el intestino  incluyendo neuronas que producen neurotransmisores como la serotonina , que también se encuentran en el cerebro y están vinculados con el estado de ánimo.

La salud intestinal puede afectar la función cerebral, la psique y el comportamiento, ya que están interconectados y son interdependientes en un número de maneras diferentes.

Las bacterias intestinales son una parte activa e integrada del cuerpo, y como tal, dependen en gran medida de la alimentación y son vulnerables al estilo de vida. Si se consume una gran cantidad de alimentos procesados ​​y bebidas azucaradas, por ejemplo, las bacterias intestinales probablemente se verán severamente comprometidas porque los alimentos procesados ​​en general destruirán la microflora saludable y los azúcares de todo tipo alimentan las malas bacterias y levaduras.

Limitar el azúcar y los alimentos procesados, mientras se consume alimentos tradicionalmente fermentados (ricos en bacterias buenas), tomar un suplemento probiótico y amamantar al bebé, son algunas de las mejores maneras de optimizar la flora intestinal y posteriormente apoyar la salud del cerebro.


Vitamina B12

La vitamina B12 es importante para mantener activa la mente a medida que se envejece. Según las últimas investigaciones, las personas con altos niveles de marcadores de deficiencia de vitamina B12 son más propensas a tener menores puntuaciones en las pruebas cognitivas, así como también menor volumen total del cerebro, lo que sugiere que la falta de la vitamina puede contribuir al encogimiento cerebral.

La nebulosidad mental y los problemas con la memoria mental son dos de los principales signos de alarma de que se tiene deficiencia de vitamina B12 y esto es indicativo de su importancia sobre la salud del cerebro.

Tomar suplementos de vitamina B, incluyendo B12, ayuda a retrasar la atrofia cerebral en las personas mayores con deterioro cognitivo leve. La atrofia cerebral es una característica muy arraigada de la enfermedad de Alzheimer.

La vitamina B12 está disponible en su forma natural sólo en las fuentes alimentarias de origen animal. Estas incluyen los mariscos, carne de res, pollo, cerdo, leche y huevos. Si no se consume suficiente cantidad de estos productos de origen animal con el fin de obtener un suministro adecuado de B12, o si la capacidad corporal para absorber la vitamina de los alimentos se ve comprometida, se recomienda la suplementación con vitamina B12, completamente libres de toxinas.


Alimentos que favorecen la conectividad neuronal

El cerebro necesita de diferentes nutrientes para favorecer el impulso nervioso, mejorar la oxigenación o potenciar la circulación vascular de las diferentes áreas cerebrales.

Cúrcuma

La curcumina es capaz de atravesar la barrera hemato-encefálica, que es la razón por la cual es prometedora como un agente neuroprotector en una amplia variedad de trastornos neurológicos.

Gracias a su componente esencial, la curcumina, protege al cerebro de la inflamación, estimula el impulso nervioso y mejora la agilidad mental. Incluso ha demostrado incrementar la memoria y estimular la producción de nuevas células cerebrales, un proceso conocido como neurogénesis.

Apoya la destrucción de las placas que se acumulan en las células nerviosas y que, con el tiempo, conducen a trastornos cognitivos como el alzhéimer. También apoya la regeneración celular, estimula la actividad de las neuronas y minimiza la acción negativa de los radicales libres.

Otro compuesto bioactivo en la cúrcuma llamado turmerona aromatica puede aumentar el crecimiento de células madre neurales en el cerebro hasta en un 80 por ciento en ciertas concentraciones. Las células madre neurales se diferencian a las neuronas y desempeñan un papel importante en la auto-reparación.

Salmón Silvestre de Alaska

Las grasas omega-3 que se encuentran en el salmón silvestre de Alaska, junto con las sardinas y anchoas, es una de las mejores fuentes. Ayudan a combatir la inflamación en todo el cuerpo, incluyendo en el cerebro y ofrecen numerosas protecciones a las células del cerebro.

Té verde

Sus principales beneficios parten de dos tipos de antioxidantes: las teaflavinas y las tearrubiginas. Son antiinflamatorios y luchan contra la oxidación celular.

Asimismo, los polifenoles presentes en el té verde favorecen una mayor conectividad neuronal entre la corteza parietal y frontal del cerebro.

Mejora la memoria a corto plazo, la concentración y lucha incluso contra la aparición de las demencias.

Chocolate negro

El chocolate amargo y sin azúcar es increíblemente rico en antioxidantes. Sus flavonoides favorecen la circulación sanguínea hacia el cerebro, mejoran la concentración e incluso estimulan los tiempos de respuesta: reacción más rápida ante los estímulos.

Mejora el flujo de la sangre y de los vasos sanguíneos. Todo ello optimiza el aporte de oxígeno que llega al cerebro y proporciona así una mejor capacidad cognitiva.

Semillas de calabaza

Las semillas de calabaza también están llenas de magnesio, y reducen el estrés gracias al triptófano, precursor de la serotonina y componente de esa neuroquímica que mejora el estado de ánimo.

Brócoli y coliflor

Son buenas fuentes de colina, una vitamina B conocida por su relación en el desarrollo del cerebro.

El brócoli es una gran fuente de vitamina K. Este componente es responsable de mejorar la función cognitiva y de favorecer la capacidad intelectual.

Los glucosinolatos  compuestos del brócoli  retrasan el deterioro cerebral gracias a la acción que ejercen sobre la acetilcolina.

Aceite de Coco

El principal combustible que el cerebro necesita para energía es la glucosa. Sin embargo, el cerebro es capaz de funcionar con más de un solo tipo de combustible, uno de ellos son las cetonas (cuerpos cetónicos o cetoácidos). Las cetonas son lo que el cuerpo produce cuando convierte la grasa en energía, en oposición a la glucosa.

Los triglicéridos de cadena media (MCT) encontrados en el aceite de coco son una excelente fuente de cuerpos cetónicos, debido a que el contenido del aceite de coco es de aproximadamente 66 por ciento MCT. Los triglicéridos de cadena media se van directamente al hígado, donde el aceite es convertido rápidamente en cetonas. El hígado libera inmediatamente las cetonas en el torrente sanguíneo, donde son transportadas al cerebro para ser utilizadas fácilmente como combustible. Mientras que el cerebro es muy feliz funcionando con glucosa, hay evidencia que sugiere que los cuerpos cetónicos pueden ayudar a restaurar y renovar las neuronas y la función de los nervios en el cerebro, incluso después de haber daño.

Mora Azul

Los antioxidantes y otros fito-químicos en la mora azul se han relacionado con un mejoramiento en el aprendizaje, pensamiento y la memoria, junto con reducciones en el estrés oxidativo neurodegenerativo. También es relativamente baja en fructosa en comparación con otras frutas, por lo que es una de las frutas más saludables que existen. La mora azul silvestre, que tiene alto contenido de antioxidantes y antocianinas, es conocida por proteger contra el Alzheimer y otras enfermedades neurológicas.

Arándanos

Es una fruta muy nutritiva y un potente antioxidante. Es fuente de polifenoles que son fundamentales para combatir el estrés oxidativo. Los frutos pueden ser rojos o morados, aunque se le atribuyen propiedades cardiovasculares para su versión roja.

Yogur

El yogur no sólo ayuda a regular la flora intestinal, sino que existe una relación directa entre las bacterias intestinales y el correcto funcionamiento del cerebro.

Avena

Un buen equilibrante para el sistema nervioso, posee vitamina B1 y se le atribuyen propiedades para la concentración y rendimiento en épocas de especial esfuerzo intelectual, además de ser ansiolítica y un buen combatiente para el estrés.

Nueces

Las nueces son una buena fuente de grasas omega-3 de origen vegetal, fitosteroles naturales y antioxidantes. El comer cada día entre 3 y 5 nueces ayuda a prevenir el deterioro cognitivo gracias a la vitamina E.

El ácido graso omega-3 es un componente muy poderoso a la hora de mejorar el rendimiento cognitivo y de frenar incluso el deterioro asociado a la edad.

Las nueces contienen una serie de otros compuestos neuroprotectores, así, como vitamina E, ácido fólico, melatonina y antioxidantes que le dan aún más beneficios al cerebro.


Lectura

La lectura estimula la actividad cerebral y fortalece las conexiones neuronales. Mientras leemos, obligamos a nuestro cerebro a pensar, a ordenar ideas, a inter relacionar conceptos, a ejercitar la memoria y a imaginar, lo que permite mejorar nuestra capacidad intelectual estimulando nuestras neuronas. La lectura también genera temas de conversación, lo que facilita la interacción y las relaciones sociales, otro aspecto clave para mantener nuestro cerebro ejercitado.

En los últimos años, han sido muchos los estudios que han relacionado el nivel de lectura y escritura con un aumento de la reserva cognitiva. Se ha comprobado que cuanto mayor reserva cognitiva posee un individuo, mayor capacidad tiene su cerebro para compensar el daño cerebral generado por ciertas patologías.

Leer, sobre todo relatos de ficción, puede ayudar a reducir el nivel de estrés, que es origen o factor de empeoramiento de muchas dolencias neurológicas como cefaleas, epilepsias o trastornos del sueño.


Música

La música, que en principio es sustancia física, influye en muchos aspectos biológicos y de comportamiento del ser humano. Quizá la influencia más llamativa sea la que ejerce en el cerebro, que es plástico y susceptible de adaptación. El estudio y práctica de la música puede modificarlo para conseguir que sus dos hemisferios funcionen con más agilidad e integración, de modo más holístico. No sólo en funciones musicales, sino también en dominios como la memoria o la matemática.

La música estimula conexiones neuronales específicas situadas en el centro de razonamiento abstracto del cerebro, lo que hace a los individuos más inteligentes.

Según el Dr. Gottfried Schlaug (Director de Music, Neuroimaging and Stroke Recovery Laboratories) la educación musical produce modificaciones en la conexión sináptica de conjuntos de células neuronales extendidos; es decir produce cambios en el Software de nuestro cerebro. Pero también en el Hardware: la mitad anterior del cuerpo calloso que conecta el lóbulo central derecho y el izquierdo es más grande en los músicos que en los no músicos, el número de fibras que conecta ambos lóbulos frontales se incrementa como consecuencia de un entrenamiento temprano de la coordinación de ambas manos.


Meditación

La meditación impulsa el aumento de la conectividad de las redes cerebrales que controlan la atención. Estas relaciones neuronales pueden estar implicadas en el desarrollo de habilidades cognitivas tales como el mantenimiento de la atención y el desacoplo de la distracción.

Después de sólo 11 horas del aprendizaje de una técnica de meditación, se pueden comprobar cambios estructurales positivos en la conectividad cerebral al aumentar la eficiencia en una parte del cerebro que ayuda a regular la conducta de una persona.

Las personas que llevan años meditando muestran una cantidad superior de giros en el cerebro  dobleces en la materia cerebral, implicados en un procesamiento más rápido de la información . Esto es una prueba más de la plasticidad cerebral, cómo el cerebro se adapta y cambia según la experiencia.


Ejercicio

El ejercicio estimula al cerebro para trabajar en su capacidad óptima al multiplicar las células nerviosas, fortalecer sus interconexiones y protegerlo de daños. Durante el ejercicio las células nerviosas liberan proteínas conocidas como factores neurotróficos. Uno en particular, llamado factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), desencadena muchas otras sustancias químicas que promueven la salud de los nervios, y beneficia directamente a las funciones cognitivas, incluyendo el aprendizaje.

El FNDC y las endorfinas son factores desencadenados por el ejercicio físico que afectan directamente al estado de ánimo y a la cognición.

Además, el ejercicio le ofrece al cerebro efectos protectores a través de:

* La producción de compuestos que protegen a los nervios
* Mayor flujo de sangre al cerebro
* Mejora el desarrollo y supervivencia de las neuronas
* Disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares como derrame cerebral.


Se ha avanzado mucho en la comprensión de los mecanismos por los cuales
 se van desarrollando las conexiones neuronales, algo que no ocurre de manera casual, 
sino causal ya que  generan los  circuitos nerviosos que sustentan las 
funciones cerebrales. Cierto que todo ese proceso está genéticamente 
programado, pero también  se halla muy modulado por la información exterior.