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diciembre 01, 2022

Desarrollo Neuronal de Bebés Muy Prematuros






El parto prematuro, que representa aproximadamente 15 millones de casos anuales en todo el mundo, es preocupante debido a que está asociado con una variedad de complicaciones a largo plazo y en particular trastornos del neuro-desarrollo. El parto prematuro interrumpe la maduración normal del cerebro durante un período crítico del crecimiento cerebral fetal, exponiendo al cerebro en desarrollo a diferentes eventos estresantes en la unidad de cuidados intensivos neonatales, y privando a los bebés de entradas sensoriales importantes para el desarrollo de la actividad normal del cerebro.

Los bebés prematuros son aquellos que nacen antes de las 37 semanas de gestación, y presentan alteraciones del comportamiento, caracterizadas por falta de atención, ansiedad y problemas socioemocionales, donde el 25% de ellos tienen un mayor riesgo de desarrollar trastorno de déficit de atención e hiperactividad, trastornos del espectro autista y depresión. Más aún si son muy prematuros, es decir, los nacidos antes de la semana 32.

Estos trastornos aparecen porque cuando nacen su cerebro no está formado y debe construirse fuera del útero materno, y sin los estímulos que reciben en él, las conexiones neuronales y la mielinización – proceso por el cual las neuronas se cubren de mielina, una grasa hace que los mensajes lleguen más rápidos – lo cual influye en el desarrollo neuronal.

En particular, se ha descrito desde 2015 por investigadores suizos que los bebés prematuros presentan alteraciones cerebrales estructurales en regiones que se cree sirven al procesamiento emocional y que se relacionan con déficits socioemocionales posteriores, que por ejemplo les dificulta procesar o entender el miedo. Estas alteraciones incluyen volúmenes reducidos de amígdala, hipocampo, corteza orbitofrontal, ínsula y corteza cingulada posterior. S e trata de las “zonas cerebrales de la socio-emoción”.

A edades más avanzadas como la niñez y la edad adulta, el cerebro de un individuo que nació prematuramente es estructuralmente diferente al de un individuo nacido a término.

Escuchar música podría tener el potencial de modular las redes neuronales que se ven afectadas por la prematuridad en las primeras etapas del desarrollo, en particular, las involucradas en el procesamiento socioemocional.



La música ayuda al desarrollo cerebral de los bebés muy prematuros




Investigadores de los Hospitales Universitarios de Ginebra (HUG), en colaboración con hospitales y universidades inglesas y norteamericanas, han realizado un experimento con muy buenos resultados para favorecer el desarrollo neuronal de los bebés muy prematuros, al ponerles música expresamente compuesta para ellos. Los resultados se han publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) de mayo 2019.

Los bebés que nacen prematuros deben pasar un tiempo ingresados en Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN). Aunque se intenta que sean lugares silenciosos – como lo es el interior del útero materno –, suele haber estímulos como ruidos (alarmas, puertas…) y luces para los que el sistema sensorial de estos pequeños no está preparado.

Exponer a los bebés muy prematuros a música especialmente compuesta para ellos refuerza el desarrollo de sus redes cerebrales y podría limitar los frecuentes retrasos del desarrollo neurológico que sufren estos bebés.

Los investigadores realizaron el experimento a doble ciego (ni los padres ni los investigadores sabían qué bebé estaba escuchando la música) con 30 bebés prematuros, de los cuales solo la mitad recibieron música con previa autorización de sus padres, y sus resultados fueron comparados con 15 bebés que si llegaron a término antes de nacer. Lo más interesante es que la música colocada en la unidad de cuidados intensivos neonatales, iba en consonancia con el estado de vigilia del bebé. Si estaban dormidos era una pieza musical tranquila y muy parecida a una canción de cuna, mientras que cuando estaban despiertos o conciliando el sueño eran melodías distintas. Las sesiones no duraban más de 8 minutos, una vez al día y 5 días por semana.

Los investigadores comprobaron con técnicas de imagen que las conexiones neuronales de los bebés nacidos entre las 24 y 32 semanas de embarazo – es decir, casi cuatro meses antes de lo previsto para algunos de ellos – que habían escuchado esta música se desarrollaban mucho mejor, sobre todo la zona que afecta a las funciones sensoriales y cognitivas.

Según los investigadores suizos, como el menor desarrollo neuronal de los bebés pre-término se debe en parte a esas percepciones tan estresantes mientras están en la incubadora, y a la falta de estímulos sensoriales adecuados para su inmadura fisiología cerebral, se les ocurrió ofrecer otro tipo de estímulos a los prematuros, pero adaptados a ese menor número de neuronas y de conexiones entre ellas. Pensaron que la música, dado que el oído es uno de los sentidos que antes empieza a funcionar, podría ser la mejor forma de ayudarles.

Para su objetivo, pidieron al compositor musical Andreas Vollenweider que compusiera para estos pequeños unas canciones específicas para cuando están despiertos, otra para dormir y una tercera para interactuar con ellos, de ocho minutos cada una.

Los instrumentos elegidos para interpretarlas fueron el arpa, las campanas y el punji – la flauta procedente de la India que suele aparecer en las escenas de encantadores de serpientes –, dado que observaron que su sonido era el que más les calmaba y les permitía centrarse en la música.

Las piezas musicales comprenden una armonía entre sonidos de arpa, flauta de serpiente encantadora y campanas, que en conjunto crean una melodía interactiva y de tonos sutiles que pueden escuchar haciendo click ici.

La resonancia magnética multimodal, imágenes de tensor de difusión y tractografía de región de interés, técnicas no invasivas que permiten al investigador medir el volumen de estructuras cerebrales, medir el desarrollo neuronal y verificar la conectividad funcional entre distintos puntos del cerebro, fueron usadas en conjunto para estudiar las zonas cerebrales de la socio-emoción.

El equipo examinó 20 lugares distintos usando la técnica de tensor de difusión, para cuantificar cuantas moléculas de agua podían atravesar la materia blanca – un tipo de tejido neuronal del cerebro –, donde a través de un sin fin de ecuaciones físicas y matemáticas se logra evaluar el crecimiento neuronal y el desarrollo de características tan importantes como la mielina, una sustancia que envuelve y protege los axones de las neuronas y cuya función principal es la de aumentar la velocidad de transmisión del impulso nervioso.

Lo que encontraron fue que los bebés prematuros muestran una maduración disminuida de la materia blanca en general en comparación con los recién nacidos en varias regiones de la socio-emoción y la audición, donde se encontró que las moléculas de agua atravesaban con mayor facilidad la materia blanca en bebés prematuros en comparación a bebés llegados a término.

Esto se relaciona directamente con la maduración de estas zonas, ya que el crecimiento de neuronas dificulta el paso de las moléculas de agua a través del tejido, puesto que una mayor facilidad en el paso de agua significa una menor cantidad de neuronas o neuronas más pequeñas y por tanto, menor crecimiento neuronal.

Sin embargo, lo sorprendente fue que los niños prematuros expuestos a las sesiones musicales presentaron una difusión de agua más parecida al de los niños llegados a término y por tanto a una maduración funcional más parecida. Fue la falta de mielina en el desarrollo de las neuronas de la materia blanca (la cual se caracteriza por tener solo fibras mielinizadas) lo que afectó a la maduración de las zonas de la socio-emoción en niños prematuros.

En cuanto a la amígdala, una estructura cerebral clásicamente asociada con la coordinación de emociones y que se ha descrito que en bebés prematuros presenta un menor volumen, podría relacionarse con ciertas dificultades encontradas para estos bebés a lo largo de su crecimiento, como por ejemplo dificultad para regular el miedo y la ira a los 12 meses de edad, dificultad en reconocer expresiones faciales de las emociones a los 24 meses y mayores dificultades para reconocer el contenido emocional y regular el comportamiento social a los 5-7 años.

Además, en ellos se incrementaron las conexiones entre la red cerebral de prominencia – aquella que permite discernir la importancia de los estímulos – y las redes auditivas, sensorio-motoras, frontal, tálamo y el precúneo – una parte del cerebro que permite relacionar la información exterior con la de los sentidos –. Tanto, que la organización de las redes neuronales era muy similar a la de los bebés nacidos a término. Quizás porque oír las tres canciones les permitió centrase en su ritmo fisiológico, de manera muy similar a la sintonía que tiene el feto con el de su madre. En cambio, los bebés prematuros que no escucharon esa música especial no vinculaban un estímulo, como el pitido de una alarma, con un contexto fisiológico específico.

Se encontró en este estudio que los bebés prematuros tratados con música tuvieron un volumen amigdalino más parecido a un bebé llegado a término, y aunque el volumen per se no es un indicativo de mejor conectividad neuronal, se abre un nuevo e interesante campo de investigación.

En conclusión, estos resultados sugieren un efecto de maduración estructural de la intervención musical propuesta en las vías neuronales de procesamiento auditivo y socioemocional de los bebés prematuros durante un período clave del desarrollo cerebral.

Los primeros bebés que escucharon esta música personalizada hoy tienen 6 años, que es normalmente la edad en la que algunos de los problemas cognitivos empiezan a ser evidentes. Por eso los investigadores tienen previsto realizar en ellos una evaluación cognitiva y socioemocional para comprobar si los efectos positivos se han mantenido en el tiempo.


Recién nacidos muy prematuros: la supervivencia de estos bebés está mejorando




Investigadores de un equipo estadounidense, en un estudio publicado en la revista JAMA Network en enero 2022, revelaron que los bebés muy prematuros, es decir, los bebés nacidos antes de la semana 28 de embarazo, tienen más probabilidades de sobrevivir hoy.

Para llegar a esta conclusión, los científicos se basaron en datos de 19 centros médicos recopilados entre el 1 de enero de 2013 y el 31 de diciembre de 2018. Analizaron información de 10.877 bebés nacidos entre las semanas 22 y 28 de embarazo. Los datos se compararon con una cohorte similar de bebés nacidos entre 2008 y 2012.

Un aumento en las tasas de supervivencia en bebés muy prematuros

Según los resultados, el 78,3% de los bebés muy prematuros sobrevivieron hasta que fueron dados de alta del hospital. Esta cifra pasó de una tasa histórica de 76% para los nacidos entre 2008 y 2012. Según el trabajo, la supervivencia al alta del establecimiento de salud fue del 10,9% para los nacidos en la semana 22 de embarazo y del 94% para los nacidos en la semana 28. La supervivencia en los recién nacidos tratados activamente fue del 30% en la semana 22 del embarazo y del 55,8% en la semana 23. Entre los bebés nacidos antes de la semana 27 de embarazo que sobrevivieron y fueron seguidos durante dos años, el 49,9% fue re-hospitalizado y el 21,2% presentó trastornos graves del neurodesarrollo.

Una mejora colectiva de la atención

Los investigadores declararon que esta mejora en los resultados de los bebés muy prematuros se puede atribuir a múltiples factores. Los centros médicos universitarios han adoptado las mejores prácticas, las han aplicado y las han compartido con un grupo cada vez mayor en todo el país. Hay áreas en las que colectivamente han mejorado, como la ventilación, la nutrición y la hidratación. El nacimiento inminente de un niño extremadamente prematuro es un factor de estrés intenso para las familias. Para ayudar a los padres a lidiar con esta situación, es importante presentarles los datos que tienen y hacerles saber qué esperar a largo plazo.


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Los avances en medicina han mejorado drásticamente las tasas de supervivencia de los bebés prematuros, incluso en bebés muy prematuros (menos de 28 semanas), pero la transición a la alimentación digestiva al nacer plantea un desafío importante para el tracto digestivo de estos bebés debido a sus funciones digestiva e inmunológica inmaduras.

Oligosacáridos
Esta inmadurez expone a complicaciones neonatales como sepsis y enterocolitis necrotizante, que es una enfermedad inflamatoria intestinal que puede provocar necrosis y perforación del intestino. Estas complicaciones también pueden dar lugar a diferentes enfermedades más adelante en la vida, incluido el deterioro del desarrollo neurológico, las enfermedades alérgicas y la retinopatía.

En los bebés prematuros, la alimentación con leche materna es esencial para la adaptación del tracto digestivo a la alimentación, pero todas las leches maternas probablemente no sean iguales.

Los oligosacáridos contenidos en la leche materna serían importantes para la dieta de los niños prematuros porque ayudan a prevenir trastornos digestivos y posteriores problemas de salud.

Prematuridad e inmadurez intestinal

La inmadurez intestinal en los recién nacidos prematuros conduce a frecuentes dificultades para tolerar la alimentación por vía digestiva – alimentación enteral – con fórmula infantil. Por otro lado, la colonización bacteriana fisiológica en esta etapa puede ocurrir de manera anormal con un alto riesgo de enterocolitis necrotizante, especialmente cuando la leche materna es insuficiente.

Beneficio de los oligosacáridos

Los oligosacáridos de la leche materna se han acreditado en varios estudios con un beneficio en la prevención de estos trastornos. Estos beneficios para la salud de la lactancia materna se explican en parte por la abundancia y, sobre todo, la variedad de oligosacáridos en la leche materna, que sirven como prebióticos e inmuno-moduladores. La concentración de oligosacáridos en la leche materna es muy variable y la microbiota intestinal también es muy variable tras un parto prematuro. La suplementación con oligosacáridos de la leche materna puede volverse importante para la protección intestinal en los bebés prematuros, especialmente cuando el intestino ha alcanzado una etapa más madura.



Bebés prematuros: leche materna y sus oligosacáridos contra trastornos digestivos y problemas de salud




Según investigadores de la Facultad de Ciencias Médicas y de la Salud de la Universidad de Copenhague, cuyo estudio apareció en Nutrients de octubre 2018, la diferencia en la composición de los oligosacáridos en la leche materna podría explicar en parte por qué algunos recién nacidos prematuros desarrollan enterocolitis necrotizante cuando se alimentan exclusivamente con leche materna.

El interés de los oligosacáridos de la leche materna parece estar bien fundamentado para estimular la adaptación intestinal de los bebés prematuros a los alimentos y reducir la frecuencia de enterocolitis necrotizante.

El objetivo de este estudio fue medir la concentración de 15 oligosacáridos de la leche humana (HMO) dominantes en la leche materna durante el período neonatal e investigar las correlaciones entre sus niveles y la aparición de enterocolitis, sepsis y retraso del crecimiento en 106 bebés prematuros, con bajo peso al nacer (menos de 1000 g), alimentados exclusivamente con leche materna.

Parece que la diversidad de oligosacáridos de la leche humana y los niveles de lacto-N-difucohexaosa I fueron menores en las muestras de madres con enterocolitis, en comparación con los bebés prematuros que no tenían enterocolitis. No obstante, la lacto-N-difucohexaosa I solo es producida por madres Lewis positivas, es decir, aquellas que están genéticamente programadas para hacerlo.




Ver :



julio 23, 2015

Bebés Obesos




Cuanto más temprano un niño comienza a tener exceso de peso, 
más posibilidades hay de que sea obeso en la edad adulta


La obesidad infantil es un problema grave y, en muchos casos, este problema se inicia en la infancia. Los niños no ganan sobrepeso de la noche a la mañana, es un proceso gradual que se desarrolla a lo largo de meses o incluso años.

Debido a la falta de tiempo, las familias de hoy utilizan a menudo alimentos ya preparados, comidas precocinadas o comidas rápidas. Estos alimentos suelen tener una proporción más alta de azúcares y grasas que los alimentos naturales. Una alimentación excesiva en la infancia frecuentemente es causante de problemas de obesidad en el futuro.

La obesidad, o exceso de acumulación de grasa, debe evitarse desde los primeros meses de la vida e, incluso, hay que controlar los hábitos alimentarios desde que el niño está en el seno materno o aún antes de nacer.

La edad de aparición de la obesidad infantil, en casi la mitad de los casos, es antes de los 2 años.

Según la OMS en todo el mundo, el número de lactantes y niños pequeños (de 0 a 5 años) que padecen sobrepeso u obesidad aumentó de 32 millones en 1990 a 42 millones en 2013. Si se mantienen las tendencias actuales, el número de lactantes y niños pequeños con sobrepeso aumentará a 70 millones para 2025.



* Sin intervención, los lactantes y los niños pequeños obesos se mantendrán obesos durante la infancia, la adolescencia y la edad adulta.

* La obesidad infantil está asociada a una amplia gama de complicaciones de salud graves y a un creciente riesgo de contraer enfermedades prematuramente, entre ellas, diabetes y cardiopatías.

* La lactancia materna exclusiva desde el nacimiento hasta los seis meses de edad es un medio importante para ayudar a impedir que los lactantes se vuelvan obesos.

Lo que más preocupa a los investigadores en obesidad infantil es que, al ser un problema de salud multifactorial, parece muy difícil de revertir. “El niño obeso será un adulto obeso”, señala la Organización Mundial de la Salud en un informe.


Investigación

Los bebés que toman más proteínas en la leche son el doble de obesos

Según un estudio publicado en The American Journal of Clinical Nutrition en mayo 2014, hay una relación clara entre este componente de los preparados para bebés y el futuro peso de los niños: a más proteínas, más sobrepeso y obesidad.

El estudio se ha llevado a cabo siguiendo a un grupo de 1.678 niños nacidos entre octubre de 2002 y julio de 2004 en cinco países europeos. A los bebés se los repartió en tres grupos: 1.090 que recibían leches de fórmula, y 588 que fueron amamantados. A los primeros se los dividió a su vez en dos grupos, uno que recibía leche con bajo contenido en proteínas y otro con contenidos mayores. A los seis años se midió su índice de masa corporal.

Los estudios se centraron en buscar qué componente era diferente y condicionaba los resultados futuros. Ahí es donde aparecieron las sospechas sobre las proteínas de los preparados lácteos. Puede haber un componente en la cualidad de esas proteínas. Los preparados infantiles se elaboran a partir de leche de vaca, que tiene muchas más proteínas y de distinta clase que la leche materna.


Bebés obesos a causa de introducción temprana de alimentos sólidos

La Academia Nacional de Pediatría en Estados Unidos, en su revista Pediatrics de febrero 2011, indicó que el riesgo de desarrollar obesidad infantil aumenta más de seis veces en bebés que consumen fórmula y/o que fueron nutridos con alimentos sólidos antes de cumplir los cuatro meses de edad.

La introducción temprana de alimentos sólidos sienta las bases para los patrones de alimentación y el estado del peso de los bebés por el resto de sus vidas.

Los investigadores revisaron los datos de 847 niños que participaron en el Proyecto Viva, un estudio a largo plazo sobre la salud de las mujeres y sus bebés desarrollado en los Estados Unidos, al cual, las madres, de forma voluntaria, se inscribieron antes del nacimiento de sus bebés y se les dio seguimiento durante al menos tres años.

Los investigadores encontraron que, el 67% de los bebés eran alimentados con leche materna y el 32% con leche de fórmula y, cuando estos cumplían los tres años, el 9% fueron considerados con algún grado de obesidad. Lo que comprobó que, los bebés que tomaban leche de fórmula, junto con alimentos sólidos antes de cumplir cuatro meses, en promedio, fueron 6.3 veces más propensos a ser obesos antes de cumplir los 36 meses.


Los niños nacidos por cesárea tienen más riesgo de ser obesos

Según un estudio realizado por expertos del Imperial College de Londres y publicado en PLoS ONE en febrero 2014, los bebés que nacen por cesárea tienen más probabilidades de tener sobrepeso u obesidad en la edad adulta.

El trabajo ha recogido datos de otras 15 investigaciones, sobre una muestra total de más de 38,000 personas de 10 países distintos. El resultado más relevante que surge de la comparación es que el promedio de índice de masa corporal (IMC) de los nacidos por cesárea es medio punto superior al de los nacidos por parto natural.

Este estudio muestra que los bebés nacidos por cesárea son más propensos a tener sobrepeso u obesidad más tarde en la vida.

Hay mecanismos plausibles por los que el parto por cesárea podría influir en el peso corporal después. Los tipos de bacterias saludables en el intestino difieren en los bebés que nacen por cesárea y por parto vaginal, algo que puede tener efectos amplios sobre su salud.


Dar bebidas azucaradas a bebés podría traducirse en obesidad cinco años más tarde

Según una investigación realizada por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) en setiembre 2014, los menores que son alimentados con jugos y bebidas azucaradas antes del año tiene más posibilidades de ser obesos cinco años más tarde.

A esta conclusión llegaron los investigadores quienes analizaron encuestas mensuales hechas a las madres de 1.189 niños para conocer sus hábitos alimentarios durante los primeros 12 meses de vida y luego volvieron a encuestarlas cuando sus hijos tenían 6 años.

Los investigadores determinaron que el 17% de los niños que había consumido bebidas y jugos azucarados antes del año de vida eran obesos a los 6 años, cifra que entre quienes no las consumieron llegaba a 8,6%.

La situación era aún más dramática al considerar a aquellos que comenzaron a tomarlas antes de los 6 meses de vida: su posibilidad de ser obesos al llegar a los 6 años era 92% veces mayor que quienes no las habían consumido (20,4% vs. 8,6%).


Obesidad en el embarazo repercute en la salud de los bebés

La investigación realizada en la universidad de Helsinki, en la que participaron 13 mil personas durante un periodo de tres años, demostró que los pequeños hijos de madres con sobrepeso y obesidad son más propensos a desarrollar enfermedades del corazón, accidentes cerebro vascular o diabetes tipo 2 cuando sean adultos.

El equipo de investigadores de la Universidad de Edimburgo señaló que las mujeres obesas comen una dieta más rica en grasas saturadas y pobre en vitaminas y minerales durante su embarazo, en comparación con las delgadas. Con ese tipo de alimentación la placenta de las mujeres embarazadas da menos protección al feto contra el cortisol – la hormona del estrés  poniendo a los bebés en mayores probabilidades de sufrir trastornos del estado de ánimo más adelante en sus vidas.

Los resultados de esta investigación son parte del proyecto DORIAN, financiado por la Comisión Europea. Se trata de un proyecto de investigación que se inició en enero 2012 y continúa su curso con la dirección del Consejo superior de investigaciones científicas de Pisa. Su objetivo es generar una mejor comprensión de los mecanismos básicos del desarrollo de la vida temprana y el envejecimiento, lo que puede traducirse en la mejora de la salud y la calidad de vida durante todo el ciclo vital.

Los científicos del consorcio piden se tomen medidas de manera urgente para prevenir la obesidad en las mujeres en edad reproductiva. Llaman a los Estados europeos para producir a guías de recomendación en la dieta durante el embarazo. Insisten en la urgencia de implementar estrategias de prevención y para informar sobre los riesgos a largo plazo de la obesidad en la mujer y su descendencia. Cerca de uno de cada tres seres humanos sufre obesidad o sobrepeso en el mundo, según la Organización Mundial de la salud.


La obesidad de la madre pone en peligro la vida del bebé


Un grupo de investigadores de la Escuela de Salud Pública del Imperial College London, en un estudio publicado en the Journal of the American Medical Association en abril 2013, vinculó el peso de las embarazadas con la salud de los fetos o los bebés. Y se llegó a la conclusión de que las obesas o con sobrepeso tienen dos o tres veces más riesgo de perder el embarazo, dar a luz a un niño muerto o que el niño muera al poco tiempo de nacer.

Los investigadores analizaron 38 estudios en busca de datos que ayuden a promover que la mujeres que quieran ser madres tengan un peso saludable, aún antes de quedar embarazadas.

El análisis realizado permite tener un mejor panorama sobre el nivel de riesgos, y si bien la muerte de fetos y niños es bastante rara en países con altos ingresos, es devastador para los padres que lo sufren.

Una mujer obesa o con sobrepeso tiene más riesgo de tener diabetes tipo 2, diabetes gestacional, preeclampsia, hipertensión y en el bebé, defectos de nacimiento. Estas condiciones aumentan el riesgo de dar a luz a un niño muerto, y aunque no se conocen los detalles de los mecanismos moleculares, se supone que hay un efecto biológico relacionado con el exceso de peso.



Obesidad en los bebés

Obesidad es el aumento de peso corporal dado por un aumento de la grasa corporal. Se establece cuando el peso real está por sobre el 20% del peso ideal. Es frecuente encontrar lactantes obesos especialmente después de los 6 meses de edad cuando los niños empiezan a incorporar otros alimentos además de la leche materna o biberón.

La obesidad infantil ha sido definida considerando la relación entre el peso total y la talla estimada. El sobrepeso infantil se establece a partir del percentil 75 en las curvas del índice de masa corporal ( IMC) y la obesidad infantil a partir del percentil 85.

Los percentiles son las tablas o curvas de crecimiento que utilizan los pediatras para valorar el desarrollo de los niños en función de unos valores de referencia admitidos de antemano como normales para niños de una misma edad, sexo y raza. El percentil indica la posición relativa del número del IMC.

Detección de la obesidad infantil. En las edades pediátricas, la clasificación de la obesidad es más complicada que en el adulto, porque ocurren continuamente cambios en la composición corporal y la talla. Estos cambios generalmente son diferentes en cada población. Hasta el momento, no existe un acuerdo en cuanto a una clasificación de la obesidad en edades pediátricas como el que existe para la edad adulta. No obstante, hay algunos criterios generales que sirven para orientar y definir una conducta al respecto. La valoración del peso en relación con la talla tiene la ventaja de excluir si el exceso de peso es debido a grasa o aumento de otros tejidos (músculo, edema, hueso, etc.).


Causas de la obesidad infantil

La obesidad en los bebés creció 60% durante los últimos 20 años especialmente por los malos hábitos de las mujeres embarazadas, así como otros factores como la edad gestacional del niño en el momento del parto, la conducta de las mujeres embarazadas o factores genéticos en madres que padecen sobrepeso durante el embarazo.

En las familias en las que el padre y la madre son obesos, el niño tiene 50% mayor de posibilidades de entrar en esta condición física. Si la madre es obesa y el padre no, las probabilidades siguen siendo altas, mientras que si sólo lo es el padre, las posibilidades de que el niño sea obeso son menores. Esto es así, porque el embarazo de la madre, sus hábitos alimenticios y la vida intrauterina del feto son factores que cuentan.

La salud y la alimentación de la madre son factores de gran peso, investigadores científicos opinan que cuanto mayor es el peso corporal y la cantidad de tejido graso de las madres, se observa que los bebés que eran hijos biológicos de madres obesas consumían más calorías, y una mayor cantidad de hidratos de carbono, en comparación con los lactantes de mamás con peso normal. También observaron que tres de cada 4 niños de madres obesas consumían suplementos alimentarios y que la frecuencia con la que las madres obesas alimentaban a sus niños era menor que sus contrapartes con peso normal. Señalan que, en promedio, las mamás obesas interactuaban menos tiempo con sus bebés, entendiendo por “interacción” los juegos y movimientos compartidos, lo cual conlleva un menor gasto de energía, tanto de las mamás como en los bebés.

Factores que pueden predisponer a un bebé a padecer sobrepeso u obesidad

* Sobrepeso de la madre antes del embarazo
* Tabaquismo materno durante el embarazo
* Peso elevado del bebé al nacer
* Rápida ganancia de peso por parte del bebé en los primeros meses
* Incorporación temprana de alimentos sólidos
* No amamantamiento


Complicaciones asociadas a la obesidad del bebé

Cuando los bebés tienen un gran exceso de peso pueden presentar algún grado de retraso motor (movimiento) por la dificultad que implica el exceso. Se retrasa el momento en que sientan, se paran o caminan y se establece además, una falta en el control del apetito que es determinante en la preservación del exceso de peso a posteriori y en la determinación de la obesidad en etapas posteriores.

El principal riesgo está dado porque la apetencia y el gusto se establecen en las primeras etapas de la vida, si se rompen los equilibrios naturales ofreciendo alimentos en exceso o muy dulces o salados esto puede ser determinante en una preferencia inadecuada de alimentos en el futuro.

La obesidad infantil no está exenta de complicaciones, ya que se estima que 75% de los niños obesos serán adultos obesos. Además, la complicación más grave es el síndrome metabólico, el cual representa ‘el puente’ para que padezcan diabetes mellitus tipo 2 (siendo niños o adolescentes), hipertensión (en escolares) y aceleración de la aterosclerosis.

Otros problemas asociados incluyen pie plano, escoliosis (curvatura en la columna vertebral), hiperlordosis (alteración postural), edad ósea adelantada, menarquía precoz (primera menstruación), incremento en la talla y trastornos psicológicos a causa de la discriminación.


Pautas para prevenir la obesidad infantil desde bebé

* Lactancia. Los bebés que toman leche materna tienen menor riesgo de desarrollar obesidad que los que toman fórmulas, y este efecto protector es mayor cuanto más se prolongue la lactancia. Que el bebé gane poco peso no es factor suficiente para dar biberones «de apoyo».

* No introducir ningún alimento distinto de la leche antes de los 6 meses. Ni siquiera zumos o infusiones aunque no estén azucaradas: no son necesarios y así toman menos leche.

* Evitar añadir demasiados cereales a su papilla o biberón.

* Hasta el primer año, no poner más de 30-40 g de pollo o carne en sus purés. El exceso de proteínas es un factor de riesgo para desarrollar obesidad.

* No sustituir la fruta por zumos, aunque sean naturales. La fruta entera tiene fibra y es bueno que el bebe se acostumbre a la fruta entera.

* No forzarlo a comer. Los lactantes tienen un delicado mecanismo de regulación del apetito que les impide tomar más de lo que necesitan. Si se le obliga, ese mecanismo se altera.

La prevención de la obesidad en la primera infancia pasa por evitar el tabaquismo en el hogar, tratar el exceso de peso de la madre, amamantar al bebé de forma exclusiva hasta los seis meses y seguir con la lactancia materna a demanda (complementándola con alimentos saludables habituales en la dieta de la familia) hasta los dos años de edad o más.


Alimentación ideal de los bebés

La alimentación ideal de los bebés es la leche materna exclusiva, que se da a libre demanda los primeros seis meses, sin agua, sin jugos y donde progresivamente los mismos niños regulan horarios y cantidad.

Los bebés que se alimentan a través de lactancia materna tienden a tener un peso más normal, mucha menos obesidad, y encuentran una manera de saciarse que es mucho más efectiva que los bebés que se alimentan a través de fórmula o alimentos sólidos ya que, la lactancia es un mecanismo natural para la regulación de la ingesta necesaria de los nutrientes y calorías necesarias para el desarrollo de los bebés.

La lactancia, proporciona todas las calorías, vitaminas, y los requerimientos para el desarrollo del niño, protege contra las infecciones de oídos, diarrea, enfermedades respiratorias y, además, previene contra muchas enfermedades como las caries, la diabetes, la esclerosis múltiple, y aún ciertas formas de cáncer, particularmente el cáncer de mama en las niñas.

La relación entre la obesidad y los bebés que toman fórmula e ingieren alimentos sólidos surge debido a que los infantes consumen calorías en exceso ya que, los padres no pueden determinar con exactitud e, incluso, ignoran cuánto alimento realmente requiere su bebé para satisfacer sus necesidades calóricas y nutricionales.

Evitar alimentar a los bebés con sólidos, antes de los cuatro meses y es aún mejor esperarse hasta a los seis meses, en caso de que haya resultado alérgico, intolerante o la madre no haya producido la leche materna necesaria para la alimentación del pequeño.

Se debe introducir, poco a poco, en la dieta de los bebés, cereales, frutas y verduras antes que alimentos dulces o con exceso de grasa. La mejor forma de determinar el tamaño correcto de las porciones para la alimentación saludable de un bebé es comparar el tamaño de su comida con el de su puño, con el fin de que ésta no sea mayor.