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noviembre 27, 2024

La Actividad Física y la Salud Cerebral Están Estrechamente Relacionadas



La actividad física regular contribuye a la salud y al desarrollo del cerebro,
 tanto en los adultos jóvenes como en los de edad avanzada


El ejercicio y la salud cerebral están estrechamente relacionados. Al igual que los músculos de brazos y piernas, el cerebro funciona óptimamente cuando se hace ejercicio con regularidad. A pesar de que ninguno de los aparatos del gimnasio hace trabajar al cerebro, éste sigue beneficiándose de la actividad física.

Más allá del ejercicio físico y el deporte, actividades cotidianas como caminar, subir escaleras o limpiar la casa también pueden contribuir a la salud cerebral.

Además de ser buena para nuestro cuerpo, la actividad física también desempeña un papel crucial, y a menudo insospechado, en el desarrollo y la modificación de nuestro cerebro. Mediante el nacimiento de nuevas neuronas – neurogénesis – y la creación de conexiones entre neuronas – sinaptogénesis – y de vasos sanguíneos que mejoran la circulación cerebral – angiogénesis –, la actividad física esculpe el cerebro del mismo modo que los músculos, contribuyendo a mejorar nuestras capacidades cognitivas. Nuestro cerebro es el director de orquesta de nuestro cuerpo, que organiza nuestros movimientos y acciones.

Los investigadores se centran actualmente en la creación de una receta ideal y motivadora para entrenar a los mayores que combine ejercicios físicos y cognitivos.

Concentración, adquisición de conocimientos, razonamiento, adaptación e interacción con los demás: todas estas facultades que nos permiten interactuar con el entorno se agrupan en lo que se conoce como capacidades cognitivas. Desempeñan un papel crucial en las actividades de la vida diaria y contribuyen a mantener una buena calidad de vida.

Su deterioro, al igual que el de las funciones físicas, afecta a la calidad de vida y perturba la vida cotidiana de las personas. Es importante mantener nuestro cerebro trabajando al máximo para que siga siendo eficiente el mayor tiempo posible.

Mejora de la cognición y el bienestar gracias a la actividad física

Gracias a estos cambios estructurales – es decir, la neurogénesis, la sinaptogénesis y la angiogénesis –, el impacto de la actividad física es múltiple.

En el plano cognitivo, numerosos estudios han puesto de manifiesto una mejora significativa de la memoria, la atención, la velocidad de procesamiento de la información e incluso la creatividad en las personas físicamente activas. Estos cambios funcionales son el resultado directo de las modificaciones estructurales y fisiológicas inducidas por la actividad física. También se han observado efectos beneficiosos en la prevención del deterioro cognitivo relacionado con la edad.

Un meta-análisis – estudio de investigación que realiza un análisis estadístico combinando datos de diferentes estudios – que incluía 15 estudios longitudinales y un total de 33.816 participantes mayores de 55 años (sin antecedentes de demencia) se llevó a cabo para evaluar la influencia de la actividad física en el deterioro cognitivo. Los resultados mostraron que los individuos que realizaban una actividad física regular y sostenida reducían su riesgo de desarrollar trastornos cognitivos en un 38% en comparación con los individuos sedentarios.

En el plano emocional, la actividad física también influye en nuestra salud mental, al reducir los síntomas de la depresión y la ansiedad, gracias a la regulación de determinados neurotransmisores, como la serotonina y la dopamina.

Resultados recientes también han demostrado que los beneficios emocionales de la actividad física son especialmente significativos en individuos con un bajo nivel de actividad física previa.

Además, dado que la depresión y la ansiedad deterioran aspectos importantes de nuestra cognición – como la atención, la concentración, la memoria, la velocidad de procesamiento de la información y la toma de decisiones –, la actividad física puede desempeñar un papel protector para las personas afectadas por estos trastornos.

Actualmente se conocen bien los mecanismos que actúan en el cerebro cuando se practica una actividad física. Para aprovechar al máximo estos efectos, no es necesario convertirse en un atleta de alto nivel: basta con una rutina regular de actividad física moderada.


Mecanismos cerebrales en acción


La actividad física regular no sólo modifica la forma de nuestro cuerpo, sino también la propia arquitectura de nuestro cerebro. La investigación actual establece un vínculo entre el ejercicio regular y la mejora de la función cerebral. Basta con moverse entre 30 y 45 minutos al día para desencadenar una cascada de beneficios para el mantenimiento de la memoria.

El nacimiento de nuevas neuronas

Durante mucho tiempo se consideró que el nacimiento de nuevas neuronas o neurogénesis era un proceso limitado al periodo de desarrollo embrionario. Sin embargo, los estudios han demostrado que el ejercicio físico estimula la neurogénesis en los adultos, sobre todo en el hipocampo, una estructura clave en los procesos de memoria y aprendizaje.

Al mismo tiempo, las actividades que requieren un elevado consumo de oxígeno, como correr o nadar, favorecen la liberación de factores de crecimiento como el BDNF – Brain-Derived Neurotrophic Factor o factor neurotrófico derivado del cerebro –, proteínas esenciales para la supervivencia y el crecimiento de las neuronas existentes y el desarrollo de nuevas células cerebrales.

Proteínas y neurotransmisores que se liberan durante el ejercicio

FNDC (factor neurotrófico derivado del cerebro) es una proteína que protege y promueve el crecimiento de las neuronas, ayudándolas a comunicarse entre sí. También ayuda a construir y mantener los circuitos de nuestro cerebro.

VEGF (factor de crecimiento del endotelio vascular) es una proteína que promueve la salud de los vasos sanguíneos.

Dopamina es un neurotransmisor que produce nuestro cerebro cuando hacemos algo placentero, lo que lo convierte en parte de nuestro “sistema de recompensas” que nos motiva a realizar actividades. Desempeña un papel en la memoria, la atención, el estado de ánimo, el aprendizaje, el comportamiento y la cognición.

Los niveles bajos de dopamina se asocian con muchas enfermedades, incluido el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), y la enfermedad de Parkinson. Los altos niveles de dopamina, por otro lado, están asociados con la adicción, la manía y la obesidad.

Cuando hay demasiada actividad de dopamina en algunas regiones del cerebro y muy poca en otras, eso se llama “desregulación de dopamina”. La esquizofrenia es un ejemplo de esto.

Norepinefrina (noradrenalina) es un neurotransmisor y una hormona conectada a nuestra respuesta de “lucha o huida” que ayuda a mantener la presión arterial y el estado de alerta cuando se está bajo estrés. También afecta el estado de ánimo, la memoria, el ciclo de sueño y la atención.

Los niveles bajos de norepinefrina están asociados con la ansiedad, la depresión, el TDAH, la memoria y los problemas para dormir. Los altos niveles de norepinefrina están asociados con presión arterial alta y un mayor riesgo de daño al corazón, los vasos sanguíneos y los riñones.

Serotonina es un neurotransmisor y una hormona. Como neurotransmisor, regula el estado de ánimo, contribuye a la calidad del sueño y favorece la digestión. Nuestros “sentimientos viscerales” pueden ser impulsados por la actividad de la serotonina en nuestro tracto gastrointestinal y cerebro. También se relaciona con el control de los impulsos y la autoestima. Los niveles bajos de serotonina están fuertemente asociados con la depresión y la ansiedad.

Aumento del volumen cerebral a cualquier edad

Otras investigaciones han demostrado que la actividad física regular también modifica la estructura de nuestro cerebro: aumenta el volumen de determinadas estructuras cerebrales, en particular el hipocampo y las regiones prefrontales. El hipocampo – situado en el lóbulo temporal – es una estructura esencial para la memoria y el aprendizaje, mientras que el córtex prefrontal interviene en las llamadas funciones ejecutivas – funciones de alto nivel – como el razonamiento, la planificación, la inhibición, la toma de decisiones y la resolución de problemas.

Estos cambios se han observado independientemente de la edad de los sujetos, ya sea en la edad adulta, en la infancia, en la adolescencia o incluso en la tercera edad. En este último grupo, la actividad física regular podría ser un factor neuroprotector frente al riesgo de desarrollar patologías neurodegenerativas. La actividad física regular contribuye a la salud y al desarrollo del cerebro, tanto en los adultos jóvenes como en los de edad avanzada.

Los trabajos realizados en animales sugieren que estos cambios estructurales podrían ir acompañados de una mejora de la conectividad entre las distintas zonas del cerebro – mediante la creación de nuevas sinapsis, regiones donde se producen las interacciones entre las células nerviosas –, lo que haría más eficaz la comunicación entre neuronas.

Mejor oxigenación e irrigación

La actividad física mejora el flujo sanguíneo al cerebro. Al aumentar el flujo sanguíneo, la actividad física – en particular la aeróbica – estimula la creación de nuevos vasos sanguíneos. Este proceso, conocido como angiogénesis, mejora la eficacia del suministro de oxígeno y nutrientes a las neuronas.

Motor de la plasticidad cerebral

Al estimular la creación de nuevas neuronas y la formación de conexiones sinápticas, la actividad física actúa como un potente motor de la plasticidad cerebral. La “plasticidad cerebral” se refiere a la capacidad del cerebro para remodelarse en respuesta a estímulos ambientales, cambiando la fuerza de las conexiones entre neuronas o formando nuevas vías neuronales.

Esta adaptabilidad del cerebro es crucial para el aprendizaje y la memoria, pero también para la reorganización tras una lesión cerebral. Esta capacidad es esencial a lo largo de toda la vida, ya que permite mejoras cognitivas y una mayor resiliencia frente al envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas.

En el contexto de patologías neurológicas tales como la esclerosis múltiple, la actividad física adaptada está demostrando ser una herramienta valiosa, no sólo para la rehabilitación motora, sino también para la cognitiva.


Los beneficios de la actividad física sobre la capacidad cognitiva después de los 60 años



Numerosos estudios han demostrado que la actividad física mejora la capacidad cognitiva, incluso después de los 60 años. Aumento de la memoria, mejor capacidad de reacción, mayor capacidad de planificación: los beneficios son múltiples.

A pesar de ello, muy pocas personas mayores practican una actividad física adaptada a su estado de salud, de forma suficientemente sostenida. La falta de ganas, de accesibilidad y de atractivo son algunos de los obstáculos que impiden comprometerse con un estilo de vida activo.

Durante mucho tiempo, la oferta de actividad física y la investigación en este campo giraron en torno al mismo tríptico: gimnasia suave, marcha y yoga. Sin embargo, la combinación de distintos componentes en el entrenamiento puede generar mayores beneficios.

El ejercicio aumenta el tamaño del hipocampo

El hipocampo es la zona del cerebro responsable del aprendizaje y la memoria verbal. Cuando se hace ejercicio, el volumen del hipocampo aumenta: literalmente crece. Las neuronas del hipocampo se hacen más densas y las conexiones de esta región se refuerzan con la actividad física.

El hipocampo es la primera zona del cerebro que pierde fuerza con la edad. El ejercicio regular ayuda a mantener su agudeza y lo protege del deterioro normal asociado al envejecimiento.

Bastan 10 minutos de ejercicio ligero a moderado para reforzar las conexiones entre neuronas y regiones cerebrales dedicadas a la memoria.

La mejora de las conexiones en el hipocampo puede conducir a mejores resultados en pruebas de memoria y habilidades cognitivas. Las sesiones cortas de ejercicio pueden incluso mejorar la memoria. Esto podría significar ser capaz de recordar dónde ha aparcado el auto o cuáles son sus citas del día.

El entrenamiento reduce la producción de hormonas del estrés que inhiben la actividad cerebral

Muchas personas alivian el estrés dando un paseo o saliendo a correr. Cuando uno está estresado, también lo está su cerebro, y el ejercicio es una poderosa herramienta para relajar la mente.

La actividad física reduce la producción de hormonas del estrés, en particular el cortisol y la norepinefrina, que se acumulan en el cerebro cuando uno está preocupado y ansioso. Cuando están presentes en exceso, las hormonas del estrés pueden provocar letargo y dificultad para concentrarse, lo que puede ralentizar sus habilidades cognitivas y reducir su capacidad cerebral.

Las endorfinas liberadas en el cerebro después del ejercicio lo liberan de las hormonas del estrés y mejoran el estado de ánimo. El ejercicio y las endorfinas también estimulan el crecimiento del hipocampo.

El ejercicio favorece un sueño de calidad

El ejercicio mejora su mente ayudándole a dormir bien por la noche. De hecho, asumir retos físicos cada día hace que sea más fácil quedarse dormido.

El sueño reparador también mejora la claridad mental y la función ejecutiva. Se necesita un sueño de calidad para poder concentrarse, tomar decisiones y gestionar sus emociones. Aunque el cerebro sigue trabajando mientras duerme, el sueño le da un respiro muy necesario, permitiéndole descansar y prepararse para las tareas que tiene por delante.

Después de una buena noche de sueño, el cerebro está a pleno rendimiento, las capacidades cognitivas se agudizan y la memoria se refuerza.

El ejercicio aeróbico desencadena la liberación de factores de crecimiento

La memoria depende de vías neuronales y conexiones profundas en el cerebro. El cerebro necesita unas proteínas llamadas factores de crecimiento para crear nuevas conexiones y reforzar las existentes.

El movimiento desencadena la liberación del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF). Esta proteína ayuda al cerebro a sintetizar células nuevas y preservar las envejecidas. El BDNF también es responsable de la formación de nuevos vasos sanguíneos en y alrededor del cerebro, lo que permite que fluyan más nutrientes y sangre a la zona. Los niveles de BDNF aumentan cada vez que se hace ejercicio, aunque sólo sean unos minutos.

El ejercicio regular retrasa el envejecimiento cerebral

Envejecer no significa necesariamente que el cerebro tenga que ralentizarse. Hay cambios que puede introducir en su estilo de vida para preservar la memoria y la agudeza mental. Un hábito de ejercicio durante toda la vida puede ayudar a mantener sano el cerebro en la vejez.

Las investigaciones demuestran que los adultos mayores que hicieron ejercicio regularmente en su juventud superan sistemáticamente a sus compañeros en pruebas de memoria y capacidad cognitiva. De hecho, sus resultados son comparables a los de otras personas hasta diez años más jóvenes que ellos.

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Una rutina de actividad física a adoptar

Los expertos y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan al menos 150 minutos de actividad aeróbica de intensidad moderada a la semana o 75 minutos de actividad más intensa combinada con entrenamiento de musculación dos veces por semana. A los adultos se les recomienda dar entre 5.000 y 7.000 pasos al día.

Además del ejercicio físico y el deporte, que incluye todas las actividades aeróbicas que requieren un elevado consumo de oxígeno, como correr o nadar, o la actividad muscular planificada, estructurada y repetitiva, con o sin competiciones, la actividad física también incluye las actividades de la vida diaria: caminar, subir escaleras, cortar el césped, trabajar en el jardín, limpiar, etc.

Correr, nadar, bailar – pero también cortar el césped, pasear al perro o subir las escaleras en vez de coger el ascensor – son actividades accesibles que pueden contribuir a la salud cerebral.

Tres ingredientes para entrenar el cerebro de las personas mayores

* Incorporar una estimulación física y motriz compleja de intensidad al menos moderada

La actividad física de resistencia de intensidad al menos moderada no sólo puede mejorar la salud cardiorrespiratoria, sino también el rendimiento cerebral. Mejora el estado cardiovascular, lo que permite que el cerebro reciba más oxígeno. Las investigaciones han demostrado que esto también puede ir acompañado de la creación de nuevas neuronas en el hipocampo, sede de la memoria.

Es necesario combinar programas que destaquen en la mejora de las funciones cognitivas con ejercicios de fortalecimiento muscular, flexibilidad y equilibrio para lograr mayores beneficios. Además, los investigadores subrayan la importancia de añadir situaciones que requieran habilidades motoras complejas y coordinación, ya que éstas tendrían un impacto significativo en funciones cognitivas como la memoria, la atención y la flexibilidad mental, sobre todo en las personas mayores.

* Incorporar la estimulación cognitiva al entrenamiento

Se trata de una estimulación que hace un llamamiento a las funciones cognitivas, como retener información durante un periodo de tiempo y ejecutarla, anticipar acciones, poner en práctica una estrategia, etc. Cuando la estimulación cognitiva se combina con la actividad física, puede producir efectos sinérgicos y, en consecuencia, ser más eficaz sobre las funciones cognitivas.

* Incorporar actividades en grupo que propicien la interacción social


Se cree que la práctica en grupo aumenta el cumplimiento del programa, es decir, la regularidad en su seguimiento. El atractivo inherente a las actividades físicas que se ofrecen debería ser una palanca para implicar a las personas en la actividad física.

Dos tipos de actividad física podrían resultar interesantes y son actualmente objeto de investigación en la tercera edad :


Optar por deportes de equipo cooperativos y de oposición

Los deportes de equipo ofrecen mucho más que simples sesiones de ejercicio físico. No sólo ponen a prueba la resistencia cardiorrespiratoria, sino que también implican todos los aspectos de la forma física. Pueden ser adecuados incluso después de los 60 años, siempre que se practiquen y supervisen de forma adecuada.

Desde el punto de vista cognitivo, estas actividades crean situaciones siempre nuevas, ricas y estimulantes. Esta doble combinación de estímulos se denomina entrenamiento simultáneo. Numerosos investigadores han destacado la importancia de esta implicación cognitiva en los deportes de equipo y fomentan su práctica, especialmente entre las personas mayores.

Estudios recientes, como el realizado en 2022 por investigadoras francesas, han demostrado que la participación en deportes de equipo mejora la memoria visuo-espacial, que permite, por ejemplo, recordar la ubicación de determinados objetos durante un tiempo limitado a corto plazo, y la capacidad de planificación en las personas mayores.

Videojuegos que mueven el cuerpo: los Exergames

Estos videojuegos, conocidos como “exergames”, requieren que los jugadores muevan el cuerpo para interactuar con los juegos. Toman su nombre de la contracción de “exercise” (ejercicio) y “games” (juegos) y se han popularizado desde la década de 2000 con consolas como Wii y Switch de Nintendo o Kinect de Microsoft.

Están diseñados para poner a prueba diferentes aspectos de la forma física, como el equilibrio, la resistencia, la fuerza y la coordinación, al mismo tiempo que estimulan las funciones cognitivas. Entre las personas mayores, varios estudios demuestran que este tipo de entrenamiento es eficaz para mejorar muchas capacidades físicas y cognitivas.

En 2020 apareció una nueva generación de exergames, que utilizan paredes interactivas para crear una experiencia de juego aún más inmersiva, como Neo-One de Neo Xperiences, el ExerCube de Sphery o el Aire interactive de Lü. En estos juegos, que combinan mundos reales y virtuales, objetos físicos como globos y objetos digitales coexisten e interactúan en tiempo real.

Un estudio reciente comparó un programa de exergames asistido por una pared inmersiva con un programa de marcha y fortalecimiento muscular. Sus resultados sugieren que esta nueva generación de exergames puede ser más eficaz sobre la capacidad cognitiva que el entrenamiento convencional.

Elija ejercicio aeróbico o anaeróbico para tener un cerebro sano

Las actividades vigorosas como el tenis, el ciclismo, la natación y el fútbol elevan la frecuencia cardiaca por encima de su ritmo normal de reposo. Los movimientos de este tipo entran en la categoría de ejercicio aeróbico y son excelentes para hacer circular la sangre rápidamente por todo el cuerpo. El ejercicio aeróbico y la salud cerebral van de la mano. Los movimientos rápidos aumentan el flujo sanguíneo a la cabeza y el cuello, proporcionando al cerebro abundante oxígeno y nutrientes.

El ejercicio anaeróbico ofrece resultados similares. Los ejercicios de fuerza y resistencia también son excelentes para el cerebro.

Ni siquiera es necesario hacer todo lo posible para obtener beneficios para el cerebro. De hecho, actividades como el yoga, el tai chi y otros deportes de bajo impacto aumentan la capacidad de concentración y reducen los niveles de estrés.

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Efectos de la intervención con ejercicio sobre la función cognitiva en poblaciones sanas

Investigadores de la Universidad de Deportes de Shanghai han realizado un meta-análisis, publicado en Elsevier en diciembre de 2023, para evaluar los efectos del ejercicio sobre la función cognitiva en poblaciones sanas.

La intervención con ejercicio crónico es una terapia no farmacológica sugerida para mejorar la función cognitiva en diversas poblaciones. Sin embargo, pocos meta-análisis han evaluado los beneficios cognitivos asociados con todas las variables FITT-VP (frecuencia de ejercicio, intensidad, duración del ejercicio, tipo, volumen o duración total de la intervención y progresión) en poblaciones sanas según la edad.

Este meta-análisis evaluó los efectos de cada variable FITT-VP sobre la función cognitiva en niños, adultos y personas mayores sanos. Este estudio siguió las directrices PRISMA. Tras buscar en PubMed y en la Web of Science, los investigadores incluyeron 54 ensayos controlados aleatorios para examinar los efectos de las variables FITT-VP en cinco dominios cognitivos: cognición global, función ejecutiva, memoria, atención y procesamiento de la información.

Los análisis de moderación evaluaron los efectos por edad y por cada variable de ejercicio. El ejercicio benefició a la cognición global y a todos los dominios subcognitivos. El ejercicio aeróbico y el de resistencia mostraron los mayores beneficios en la cognición global y la función ejecutiva, respectivamente, mientras que el ejercicio físico benefició a la memoria. En todas las poblaciones, las personas mayores mostraron los mayores beneficios del ejercicio sobre la cognición global, la función ejecutiva y la memoria en comparación con los controles.

Se necesitan más estudios para evaluar los efectos del ejercicio sobre la atención y el procesamiento de la información. Este meta-análisis proporciona nueva información sobre la relación entre la cognición y las variables de ejercicio FITT-VP en poblaciones sanas.


Impacto de un programa de actividad física cooperativa y de oposición en las funciones cognitivas de personas mayores

Investigadoras de la Université Paris Cité han llevado a cabo un estudio, publicado en Elsevier en junio de 2022, para evaluar si la actividad física de cooperación con uno o más compañeros y de oposición con uno o más oponentes puede generar beneficios cognitivos en las personas mayores.

Se utilizó el método pre-test – entrenamiento (3 meses) – post-test, comparando un grupo de intervención con un grupo de control pasivo. Los sujetos completaron una batería de pruebas que evaluaban sus funciones cognitivas y capacidades funcionales con el fin de evaluar el impacto cognitivo y físico del programa.

En el estudio participaron 15 personas mayores. Había 8 mujeres en el grupo de control y 6 mujeres y 1 hombre en el grupo de intervención.

La primera fase del análisis consistió en comprobar si los dos grupos mostraban diferencias antes del programa. Para todas las pruebas – funciones cognitivas y capacidades funcionales – y variables independientes.

Se calcularon las puntuaciones de progreso – resultados post-test – pre-test – de ambos grupos. Se observó una mejora en la planificación y la memoria visuo-espacial a corto plazo en el grupo de intervención. No hubo cambios en la memoria de trabajo visuo-espacial, la inhibición o la flexibilidad mental. El equilibrio dinámico se mantuvo en el grupo de intervención, mientras que se deterioró en el grupo de control.

Este estudio exploratorio mostró mejoras significativas en dos funciones cognitivas – la planificación y la memoria visuo-espacial a corto plazo – en los sujetos que siguieron el programa de cooperación y oposición. Las investigaciones sobre los beneficios crónicos de la actividad física muestran una relación positiva entre la actividad física regular y la vitalidad cognitiva en las personas mayores. El trabajo cognitivo y el rico entorno creado por la cooperación y la oposición pueden ser el origen de la mejora de la función cognitiva.

Estos resultados sugieren que la cooperación y la oposición podrían ser palancas interesantes a incluir en un programa de estimulación para mejorar determinadas funciones cognitivas en las personas mayores. Sólo futuros experimentos podrán confirmarlo.


Los efectos a largo plazo del ejercicio sobre la cognición en individuos sanos

Investigadores de la Universidad de Basilea publicaron, en Nature Human Behaviour de marzo 2020, una revisión sistemática y un meta-análisis sobre los moderadores de los efectos a largo plazo del ejercicio sobre la cognición en individuos sanos.

Dado que la función cognitiva está vinculada al rendimiento académico, al éxito laboral y a la salud mental, es necesario comprender cómo se pueden optimizar los beneficios cognitivos del ejercicio a largo plazo.

La meta-regresión incluyó 80 ensayos controlados aleatorios y examinó los moderadores de los efectos del ejercicio sobre la cognición en individuos sanos. El efecto resumen fue pequeño y no difirió entre dominios cognitivos.

Se observaron mayores beneficios del ejercicio sobre la función cognitiva tras el ejercicio de coordinación en comparación con otros tipos de ejercicio. Con una intervención de mayor duración, el tamaño del efecto aumentó con la duración de la sesión. El ejercicio fue menos eficaz en las mujeres que en los hombres, y la relación dosis-respuesta difirió entre ambos sexos.

Los resultados sugieren un efecto general del ejercicio sobre la cognición, más que en un ámbito específico, en el que influyen el sexo, el tipo de ejercicio y las relaciones recíprocas entre los parámetros de la dosis. Los investigadores hacen recomendaciones específicas por sexo sobre cómo pueden optimizarse los beneficios cognitivos en función de la intensidad del ejercicio, la progresión del ejercicio y el tipo de ejercicio.


Eficacia del ejercicio aeróbico y el entrenamiento de resistencia para los trastornos y conceptos relacionados con la ansiedad

Investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Regina en Canadá publicaron, en Elsevier de diciembre 2017, un ensayo controlado aleatorio sobre la eficacia de diferentes modalidades de ejercicio y predictores de cambio.

Un total de 48 personas con trastornos relacionados con la ansiedad fueron asignadas aleatoriamente a ejercicio aeróbico, entrenamiento de resistencia o lista de espera. Se evaluaron los síntomas de los trastornos relacionados con la ansiedad, los conceptos asociados y el disfrute del ejercicio antes de la intervención y semanalmente durante las 4 semanas de intervención. También se evaluó a los participantes una semana y un mes después de la intervención.

Ambas modalidades de ejercicio resultaron eficaces para mejorar el trastorno. Además, el ejercicio aeróbico mejoró el malestar psicológico general y la ansiedad, mientras que el entrenamiento de resistencia mejoró los síntomas específicos del trastorno, la sensibilidad a la ansiedad, la tolerancia a la angustia y la intolerancia a la incertidumbre. La forma física predijo una reducción de la angustia psicológica general para ambos tipos de ejercicio y una reducción del estrés para el ejercicio aeróbico.

Los resultados destacan la eficacia de las diferentes modalidades de ejercicio para abordar de forma única los síntomas y conceptos de los trastornos relacionados con la ansiedad.

Los objetivos del presente ensayo fueron:

* Cuantificar los efectos del ejercicio aeróbico y el entrenamiento de resistencia sobre el estado, los síntomas y los conceptos de los trastornos relacionados con la ansiedad, incluidos los trastornos de ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno de estrés postraumático.

* Evaluar si las dos modalidades de ejercicio eran equivalentes.

* Determinar si el disfrute del ejercicio y la forma física se asocian con la reducción de los síntomas.

El presente ensayo es el primero en investigar la efectividad de diferentes tipos de ejercicio sobre los trastornos relacionados con la ansiedad y los conceptos asociados y en utilizar un diseño controlado aleatorio. Tanto el ejercicio aeróbico como el entrenamiento de resistencia parecen ser eficaces para mejorar los síntomas de los trastornos de ansiedad y los conceptos relacionados. Aunque el disfrute del ejercicio no pareció predecir la eficacia del ejercicio, una menor forma física se asoció con una mayor reducción en actividades específicas.


El entrenamiento físico aumenta el tamaño del hipocampo y mejora la memoria

Investigadores del Instituto Beckman y de la Universidad de Illinois en un estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) en enero de 2011, demuestran que el entrenamiento físico aumenta el tamaño del hipocampo y mejora la memoria.

El hipocampo se contrae al final de la edad adulta, lo que provoca problemas de memoria y un mayor riesgo de demencia. Los volúmenes del hipocampo y del lóbulo temporal medial son mayores en los adultos en mejor forma física, y el entrenamiento de actividad física aumenta la perfusión hipocampal, pero aún se desconoce hasta qué punto el entrenamiento de ejercicio aeróbico puede modificar el volumen del hipocampo en la edad adulta tardía. Caminar durante 40 minutos varias veces a la semana preservaría la memoria y protegería contra el deterioro de la capacidad mental asociado al envejecimiento.

En un ensayo controlado aleatorio en el que participaron 120 personas mayores, los investigadores demostraron que el entrenamiento aeróbico aumentaba el tamaño del hipocampo anterior, lo que se traducía en mejoras de la memoria espacial. El entrenamiento físico aumentó el volumen del hipocampo en un 2%, invirtiendo entre 1 y 2 años la pérdida de volumen relacionada con la edad.

También demostraron que el aumento del volumen del hipocampo se asociaba a mayores niveles séricos de BDNF – un mediador de la neurogénesis en el giro dentado –. El volumen del hipocampo disminuyó en el grupo de control, pero la mayor forma física antes de la intervención atenuó parcialmente esta disminución, lo que sugiere que la forma física protege contra la pérdida de volumen. Los volúmenes del núcleo caudado y el tálamo no se vieron afectados por la intervención.

Estos resultados teóricamente importantes indican que el entrenamiento aeróbico es eficaz para invertir la pérdida de volumen del hipocampo en la edad adulta tardía, lo que va acompañado de una mejora de la función de la memoria.

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Aumentar el ritmo cardíaco activa el cerebro. Por supuesto, moverse es bueno para el control del peso y la memoria, pero el cerebro también se beneficia del aumento del flujo sanguíneo que se produce con el ejercicio regular.

Cuando tiene acceso a una gran cantidad de sangre y nutrientes, el cerebro está preparado para rendir al máximo. Moverse a diario también permite que se desarrollen nuevas neuronas a la vez que se refuerzan las vías neuronales. El ejercicio mejora la memoria y ayuda a mantener la salud cognitiva a medida que envejecemos.

El hipocampo sigue siendo plástico a finales de la edad adulta y el ejercicio moderado es suficiente para mejorar su volumen
. Lo que se traduce en una mejora de la función de memoria y en una mayor concentración de BDNF. Estos resultados indican claramente que el ejercicio aeróbico es neuro-protector y que iniciarlo en la edad adulta es útil para mejorar o aumentar la cognición o el volumen cerebral.



La ejecución de movimientos variados es buena para el cuerpo y el cerebro. Su objetivo debe ser
 desarrollar entrenamientos que incluyan una variedad de movimientos, algunos de los cuales
 trabajen la fuerza, otros el equilibrio, mientras que otros sean aeróbicos o de leve impacto




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marzo 29, 2022

Nuevas Neuronas en el Cerebro – Envejeciendo Normalmente – Gracias al Ejercicio Aeróbico


El refuerzo de las vías neurales más usadas – de comportamiento, cognición o emoción –
 es un fenómeno que acompaña al individuo desde antes de nacer y hasta su lecho de muerte

Todos sabemos que, a medida que envejecemos, nuestro cerebro va perdiendo neuronas y sinapsis – los mecanismos de comunicación entre ellas –. Hasta hace unos años, se creía que los adultos no podíamos desarrollar nuevas neuronas; sin embargo, ahora se sabe que sí es posible. Al proceso de producción de nuevas neuronas en adultos se lo denomina neurogénesis.

La neurogénesis

La neurogénesis es uno de los descubrimientos más importantes de la neurobiología y su estudio abre nuevas vías de investigación para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas, de trastornos como el autismo, así como de la memoria y el aprendizaje, entre otros campos.

Según los neurólogos que trabajan en el estudio de la neurogénesis, las nuevas neuronas se forman exclusivamente en determinadas áreas del cerebro: en el bulbo olfatorio y en el hipocampo, una región cerebral clave en el aprendizaje que, además, también está involucrada en la memoria, el humor, el estado de ánimo y las emociones. Asimismo, todo parece indicar que las nuevas neuronas en el hipocampo son claves para el aprendizaje temporal de la realización de tareas complejas.

El ejercicio parece ser tanto una actividad cognitiva como física

Durante décadas, se entendió que el cerebro maduro era incapaz de desarrollar nuevas neuronas. Una vez que un individuo alcanza la edad adulta el cerebro comienza a perder neuronas en lugar de ganarlas. Éste se entendía como una entidad estática e invariable que, simplemente, degeneraba a medida que envejecíamos o debido a lesiones cerebrales.

No obstante, a partir de los experimentos de la bióloga de la Universidad de Berkeley Marian Diamond, se demostró en 1964 que el cerebro adulto era plástico y adaptativo. Ese estudio fue pionero en identificar cómo las características del entorno afectaban directamente al desarrollo y crecimiento cerebral. El experimento realizado contaba con una jaula grande y espaciosa con doce ratas que crecían en un ambiente enriquecido (elementos para jugar o correr en la rueda giratoria, compañía, alimentación diversa), así como con otras doce ratas que se encontraban en una jaula pequeña, aisladas, sin estímulos sociales o de juego.

Tras ochenta días se analizaron sus cerebros y se descubrió que el córtex cerebral se había modificado en el grupo del ambiente enriquecido. En estos, la corteza cerebral era más extensa, debido al crecimiento de las espinas dendríticas de las neuronas, se observó angiogénesis – mayor número de vasos sanguíneos –, se vio incrementado el nivel del neurotransmisor acetilcolina, así como el del factor neutrófico derivado del cerebro, conocido por sus siglas en inglés BDNF, una proteína que se expresa especialmente en la corteza cerebral y el hipocampo, áreas fundamentales para procesos como aprendizaje y memoria.

En la década de 1990, los investigadores anunciaron una serie de descubrimientos que alterarían un principio fundamental de la neurociencia.

Cuando investigadores del Instituto Salk de Estudios Biológicos en La Jolla, California, en un experimento particularmente sorprendente con ratones descubrieron que simplemente correr sobre una rueda condujo al nacimiento de nuevas neuronas en el hipocampo, una estructura cerebral asociada con la memoria. Notaron que este proceso parecía estar vinculado a la producción de la proteína llamada factor neurotrófico (BDNF).

El BDNF se produce en todo el cuerpo y en el cerebro, y promueve tanto el crecimiento como la supervivencia de las neuronas nacientes.

Se demostró que la neurogénesis inducida por el ejercicio está asociada con un mejor rendimiento en tareas relacionadas con la memoria en roedores. Los resultados de estos estudios fueron sorprendentes porque la atrofia del hipocampo está ampliamente relacionada con las dificultades de memoria durante el envejecimiento humano saludable y se produce en mayor medida en personas con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Los hallazgos en roedores proporcionaron una visión inicial de cómo el ejercicio podría contrarrestar esta disminución.

Después de este trabajo en animales, los investigadores llevaron a cabo una serie de investigaciones que determinaron, que en los humanos al igual que en los roedores, el ejercicio aeróbico conduce a la producción de BDNF y aumenta la estructura, es decir, el tamaño y la conectividad, de las áreas clave del cerebro, incluido el hipocampo. En un ensayo aleatorio realizado en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, 12 meses de ejercicio aeróbico condujeron a un aumento en los niveles de BDNF, un aumento en el tamaño del hipocampo y mejoras en la memoria en adultos mayores.

Investigadores de la universidad de Iowa comprobaron que la actividad física estimula la angiogénesis; es decir, la formación de vasos sanguíneos a partir de los vasos preexistentes. Dado que el cerebro consume una gran cantidad de oxígeno, el hecho de que tenga más vasos sanguíneos y un mayor flujo de sangre, no puede ser sino beneficioso y mejorar las funciones cognitivas.

Se ha apreciado que la actividad física no solo incrementa el flujo sanguíneo durante el ejercicio, sino que este efecto se mantiene a lo largo del día. En diferentes experimentos se ha podido comprobar que cuando las personas que llevaban un estilo de vida sedentario comenzaban a practicar ejercicio, aumentaba rápidamente el flujo sanguíneo al cerebro, el cual se mantenía incluso cuando estaban descansando.

Otros investigadores han encontrado asociaciones entre el ejercicio y el hipocampo en una variedad de estudios observacionales.

En un experimento en adultos mayores en el Reino Unido y publicado en 2019 en la revista Brain Imaging and Behavior, fue demostrado como las personas más tiempo dedicadas a una actividad física de moderada a vigorosa poseían volúmenes más grandes de sus respectivos hipocampos. También fueron hallados vínculos claros entre el ejercicio aeróbico y los beneficios para otras partes del cerebro, incluida la expansión de la corteza prefrontal. El aumento de esta región se ha relacionado con funciones cognitivas ejecutivas más agudas, donde se comprenden aspectos de planificación, toma de decisiones y multitarea, habilidades similares a la memoria con tendencia a disminuir con un envejecimiento progresivo, aún más degradadas en plena implantación del Alzheimer.

Los científicos sospechan que el aumento de las conexiones entre las neuronas existentes, en lugar del nacimiento de nuevas neuronas, son responsables de los efectos beneficiosos del ejercicio en la corteza prefrontal y otras regiones del cerebro más allá del hipocampo.

Pero la investigación planteó una pregunta clave: ¿por qué el ejercicio afecta al cerebro? La actividad física mejora la función de muchos sistemas de órganos en el cuerpo, pero los efectos generalmente están relacionados con un mejor rendimiento deportivo. Por ejemplo, cuando camina o corre, sus músculos demandan más oxígeno y, con el tiempo, su sistema cardiovascular responde aumentando el tamaño del corazón y construyendo nuevos vasos sanguíneos. Los cambios cardiovasculares son principalmente una respuesta a los desafíos físicos del ejercicio, que pueden mejorar la resistencia.

Razón antropológica sobre los beneficios del ejercicio en el cerebro

Según David Raichlen, antropólogo y profesor en el área de Biología Humana y Evolutiva en la Universidad del Sur de California, existe una relación evolutiva entre el cerebro y el cuerpo hace millones de años, cuando los homínidos desarrollaron una serie de adaptaciones anatómicas y conductuales que nos distinguen de otros primates. Dos de estos cambios evolutivos en particular vinculan el ejercicio a la función cerebral de manera que las personas puedan hacer uso de la actualidad.

Primero, nuestros antepasados pasaron de caminar a cuatro patas a caminar erguidos solo con las patas traseras. Esta postura bípeda significa que hay momentos en que nuestros cuerpos se equilibran precariamente sobre un pie en lugar de dos o más extremidades como en otros simios. Para lograr esta tarea, nuestros cerebros deben coordinar una gran cantidad de información y, en el proceso, hacer ajustes a la actividad muscular en todo el cuerpo para mantener nuestro equilibrio. Al coordinar estas acciones, también debemos estar atentos a cualquier obstáculo ambiental. En otras palabras, simplemente porque somos bípedos, nuestros cerebros pueden estar más solicitados en el aspecto cognitivo que los de nuestros antepasados cuadrúpedos.

Segundo, la forma de vida de los homínidos cambió para incorporar niveles más altos de actividad aeróbica. Hace unos dos millones de años, a medida que los hábitats se secaban bajo un clima frío, al menos un grupo de humanos ancestrales comenzó a alimentarse de una nueva manera, cazando animales y recolectando alimentos vegetales.

La caza y la recolección dominaron las estrategias de subsistencia humana durante casi dos millones de años hasta el advenimiento de la agricultura y el pastoreo hace unos 10.000 años. El aumento de las demandas en el cerebro acompañó este cambio hacia una rutina más activa físicamente. Cuando buscan comida lejos, los cazadores-recolectores deben inspeccionar sus alrededores para asegurarse de saber dónde están. Este tipo de navegación espacial se basa en el hipocampo, la misma región del cerebro que se beneficia del ejercicio y que tiende a atrofiarse a medida que envejecemos. Además, tienen que escanear el paisaje en busca de signos de comida, utilizando información sensorial de sus sistemas visuales y auditivos. Deben recordar dónde han estado antes y cuándo estaban disponibles ciertos tipos de alimentos.

El cerebro utiliza esta información de la memoria a corto y largo plazo, lo que permite a las personas tomar decisiones y planificar sus rutas, tareas cognitivas que son apoyadas por el hipocampo y la corteza pre-frontal, entre otras regiones.

Esta perspectiva evolutiva de la neurociencia sobre el ejercicio y el cerebro tiene profundas implicaciones para los humanos de hoy. En nuestra sociedad moderna, no necesitamos participar en actividades físicas aeróbicas para encontrar comida para sobrevivir. La atrofia cerebral y los declives cognitivos concomitantes que ocurren comúnmente durante el envejecimiento pueden estar en parte relacionados con nuestros hábitos sedentarios.


Neurogénesis y ejercicio físico

Desde los estudios pioneros de neuroplasticidad, múltiples han sido las evidencias científicas que demuestran cómo factores tales como la dieta, la actividad cognitiva diversa, el ambiente social, la novedad y el ejercicio físico son elementos que favorecen indiscutiblemente este fenómeno.

El ejercicio físico regular puede 
contribuir a la neurogénesis
Los múltiples beneficios del ejercicio físico regular se han demostrado ampliamente en modelos humanos y animales. Sabemos que puede contribuir a la neurogénesis, así como desempeñar un papel importante para revertir y reparar el daño neural existente, tanto en mamíferos como en peces. El cerebro promedio contiene alrededor de 100.000 millones de células cerebrales, la mayoría de las cuales se formaron antes del nacimiento. En las primeras etapas de la infancia se siguen generando nuevas células cerebrales a un ritmo acelerado.

Con los años, la neurogénesis disminuye gradualmente, pero el proceso no se detiene ni durante la vejez. Los factores neurotróficos ayudan a estimular y controlar este proceso, siendo el BDNF el más importante.

Se producen entre 700 y 1.500 nuevas células por día. Eso es especialmente cierto en el giro dentado del hipocampo, a pesar de que hay otras regiones cerebrales que también producen nuevas células cerebrales.

El ejercicio consigue acelerar la
maduración de células madre a
células adultas totalmente funcionales
Así, si bien la mayoría de los cerebros puede desarrollar nuevas células, el objetivo de la ciencia ahora es encontrar las mejores maneras de hacerlo.

La idea sería que, si se puede aumentar el número de neuronas aún más a través de la neurogénesis, se podría intensificar la función principal del hipocampo y mejorar la forma en que las personas aprenden nueva información y acceden a la memoria a corto y largo plazo.

Además de producir BDNF, el ejercicio aeróbico podría ayudar a aumentar la producción hepática de una enzima (Gpld1), que también puede ayudar a la neurogénesis.

Sabemos que el ejercicio consigue acelerar la maduración de células madre a células adultas totalmente funcionales y fomenta el principal mecanismo celular existente para el aprendizaje y la memoria, denominado aprendizaje a largo plazo. Todos estos elementos son clave para fomentar el aprendizaje y la memoria.


Qué sucede en nuestro cerebro cuando hacemos ejercicio

Durante la actividad física se produce una contracción de los músculos involucrados. Esta contracción genera una liberación de las llamadas sustancias mensajeras hacia la sangre, las cuales viajan a través de esta y actúan sobre diferentes órganos, incluido el cerebro. Estas sustancias llegan al cerebro e inducen procesos, uno de ellos es la liberación de neurotransmisores, cuya función es trasladar información de una neurona hacia otra.

Entre estos neurotransmisores que se liberan están la dopamina, la serotonina y la norepinefrina, cada uno de ellos interviene en algún proceso específico. La dopamina, por ejemplo, contribuye a regular el estrés y los procesos de recompensa; es decir, influye en cómo respondemos a estímulos que consideramos positivos como la comida, el sueño o el sexo.

Estos beneficios se mantienen luego de la actividad física. Se liberan endorfinas durante el ejercicio que tienen efectos positivos inclusive hasta horas posteriores. Se producen efectos a nivel celular y molecular del sistema nervioso central, permitiendo que haya comunicaciones más eficientes y rápidas entre diferentes áreas cerebrales.

Tres proteínas se liberan durante el ejercicio

* BDNF, asociada a la supervivencia de las neuronas motoras y del hipocampo, a la plasticidad y al desarrollo del sistema nervioso.

* VGEF, la cual hace que nazcan nuevos capilares que facilitan la llegada de sangre al cerebro.

* IGF1, que ayuda a reparar el tejido nervioso, a que haya más conexiones en el cerebro y, por tanto, a que éste trabaje mejor.

El ejercicio estimula la neurogénesis, que, en palabras sencillas, se trata de la generación de nuevas neuronas, principalmente en el hipocampo, la zona del cerebro asociada al aprendizaje y a la memoria.

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¿Qué pasa con el cerebro cuando no se hace actividad física?

Una investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, publicada en la American Academy of Neurology de abril 2016, indagó en la relación entre el estado físico y el tamaño del cerebro.

El trabajo fue realizado a 1.583 personas de 40 años de edad que no tenían ninguna enfermedad. Los participantes fueron sometidos a una prueba en una cinta, que se repitió dos décadas más tarde y luego les escanearon el cerebro.

El estudio reveló que las personas con una baja performance en la cinta – que no tenían costumbre de ejercitar – poseían cerebros más pequeños que dos décadas atrás.

Además, entre las personas con bajo desempeño se encontraron dos grupos. Aquellos que no tenían problemas cardíacos y, por ende, no utilizaban medicamentos para la presión arterial, tenían el equivalente a un año de envejecimiento acelerado del cerebro. Por otro lado, los que sí tuvieron alguna condición cardíaca o usaban medicación tenían el equivalente a dos años de envejecimiento acelerado del cerebro.

La capacidad de ejercicio de cada persona se midió a través del tiempo que resistían en la cinta antes de que su frecuencia cardíaca alcanzara un cierto nivel. Los investigadores midieron la frecuencia cardíaca y la presión arterial en diferentes etapas para poseer una buena visión de nivel de condición física de cada participante.

Los científicos encontraron una directa correlación en entre estar fuera de forma y el volumen del cerebro décadas más tarde. Pudieron ver cómo esto producía un acelerado envejecimiento cerebral.

Comprobaron además que estar en forma en una edad media puede ser especialmente importante para millones de personas en todo el mundo, que ya muestran evidencias de enfermedades del corazón.

Los investigadores también encontraron que las personas con presión arterial y frecuencia cardíaca alta durante el ejercicio eran más propensas a tener cerebro más pequeño 20 años más tarde.

Las personas con mala condición física general tienen respuestas de la presión arterial y la frecuencia cardíaca más altas a bajos niveles de ejercicio, en comparación con las personas que ejercitan más seguido.

Los autores concluyen que su estudio no prueba directamente que el ejercicio ocasione una pérdida del volumen cerebral. Solo demuestra la existencia de una asociación.


Flujo sanguíneo hipocampal y cerebral después de la suspensión del ejercicio en atletas

Según investigadores del Departamento de Kinesiología, Universidad de Maryland, en un estudio publicado en Frontiers in Aging Neuroscience de agosto 2016, los efectos del ejercicio físico no duran por siempre. Título original: Hippocampal and Cerebral Blood Flow after Exercise Cessation in Master Athletes.

El estudio fue realizado con atletas que habían pasado por lo menos los últimos 15 años de su vida entrenando una media de 4 horas a la semana. Los resultados fueron sorprendentes.

En esta investigación se apreció que después de 10 días de inactividad el flujo sanguíneo disminuía en ocho regiones diferentes del cerebro, entre ellas el giro temporal inferior, el cual desempeña un papel fundamental en el procesamiento visual, la memoria semántica y el reconocimiento de objetos complejos, rostros y números.

El lóbulo parietal inferior, que nos permite detectar las emociones mirando los rostros de las personas y nos ayuda a interpretar la información proveniente de los sentidos, también es otra de las zonas afectadas. Además, se afectó el giro fusiforme, relacionado con el reconocimiento de las palabras y los rostros, así como el hipocampo, que fue la zona más comprometida. El hipocampo desempeña un papel fundamental en la memoria y es una de las estructuras más afectadas en las demencias.

Los neurocientíficos afirman que, si apreciaron estos cambios en tan solo 10 días de inactividad, un periodo de tiempo mayor sería nefasto. Por eso, no es extraño que un estilo de vida sedentario se haya vinculado con un mayor riesgo de sufrir enfermedades neurodegenerativas.

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El ejercicio aeróbico potencia el funcionamiento del cerebro

¿Qué es el aeróbic?

“Aeróbico” viene del griego “con aire”. Cuando se hace ejercicio aeróbico, esto significa que se toma mucho aire y se le da al corazón y músculos mucho oxígeno.

¿Qué son las actividades aeróbicas? Prácticamente cualquier actividad que se haga puede ser aeróbica. Caminar, correr, andar en bicicleta, nadar, bailar, patinar, saltar y otras actividades son aeróbicas si se puede mantener la actividad cómodamente durante más de unos pocos minutos. “Mantenimiento” es la palabra clave cuando se trata de ejercicio aeróbico. Una regla para recordar al hacer ejercicios aeróbicos es que se siente "calentado y notablemente sin aliento" al hacerlos.

El cerebro es plástico: es posible crear conexiones diferentes e incluso en algunas zonas, como es el hipocampo, se puede conseguir que nazcan nuevas neuronas.

El hipocampo tiene forma de caballito de mar y es uno de los responsables de nuestra memoria y de nuestra capacidad espacial. Las investigaciones sobre esta zona del cerebro comenzaron con ratas a las que se mostraban varias imágenes que tenían que aprender a diferenciar. Cuando los roedores lo lograban se observó que en su hipocampo se habían generado nuevas neuronas. Pero si el animal dejaba de hacer el ejercicio, las neuronas jóvenes desaparecían. Si retomaba la actividad volvían a aparecer, es decir: la práctica repetida ayuda a que se generen nuevas neuronas en el hipocampo. En el caso de los humanos, el deporte es el mejor tratamiento anti edad para la masa gris.

Se sabía que practicar deporte es una manera de cuidar el cuerpo y reducir el estrés gracias a la activación de dopamina, serotonina y noradrenalina. Investigaciones más recientes demuestran que el ejercicio físico mejora también la secreción del factor neurotrófico cerebral – que influye positivamente en la memoria y en un estado de ánimo más positivo – y permite que nazcan nuevas neuronas en nuestro hipocampo.

La actividad aeróbica es muy beneficiosa para el cerebro. Este tipo de ejercicio facilita la neurogénesis, que remplazará las neuronas que mueren todos los días, de manera que las conexiones neuronales no se afecten demasiado y podamos seguir pensando, recordando y poniendo en práctica los hábitos que hemos aprendido.

Por supuesto, esas nuevas células nerviosas también permiten establecer conexiones neuronales nuevas, lo cual significa aprender cosas nuevas. De hecho, se ha apreciado que el ejercicio aeróbico potencia la formación de células gliales, las cuales ejercen una función de soporte para las neuronas e intervienen en el procesamiento cerebral de la información. Todo esto ocurre, principalmente, debido a que aumenta el riego sanguíneo al cerebro.

Sin embargo, no está claro qué tipo de ejercicio aeróbico funciona mejor, ni cuánto tiempo y cuánto es suficiente. Existen datos que sugieren entre 120 y 150 minutos recomendados de ejercicio de intensidad moderada por semana.

Las investigaciones realizadas en este campo sugieren que para mantenerse en forma y cuidar la salud, serían suficientes 150 minutos de ejercicio aeróbico a la semana.

Estudios apuntan a la natación como uno de los deportes más completos. Promueve un claro beneficio cognitivo (mejoras en procesos atencionales, flexibilidad cognitiva, memoria) tanto en jóvenes como en personas mayores.

No obstante, cualquier ejercicio físico que aumente la frecuencia cardíaca, como usar usar una cinta de correr, andar en bicicleta o caminar con fuerza, son ideales. El cerebro en movimiento aprende más rápido.

Sin embargo, no es buena idea condensar el ejercicio en un único día, lo ideal sería dedicarle al menos media hora tres días a la semana. De hecho, si el objetivo es lograr cambios significativos a nivel cerebral, es imprescindible ser constantes.

Cinco beneficios que aporta el ejercicio al llevar al cerebro al máximo de sus capacidades

* Mejor rendimiento intelectual de los niños.

* Nuevas neuronas que podrían reparar lesiones cerebrales.

* Un antídoto contra la depresión y la ansiedad.

* Menor riesgo de Alzhéimer.

* Mayor esperanza de vida.


¿Cómo mantener joven el cerebro?

En la cognición, la capacidad de aprendizaje y la memoria

Junto a la pérdida neuronal que acompaña el envejecimiento, el efecto de los antiolíticos, la marihuana, los antidepresivos y otros medicamentos, los tóxicos del aire, la alimentación y el medio ambiente, el estrés y muchas otras situaciones van consumiendo poco a poco el margen que nuestro cerebro nos da para mantenernos dentro de ese rango de bienestar y salud que buscamos en nuestras vidas.

El estrés es suficiente para producir pérdida de memoria por el aumento del cortisol – la hormona que producimos para poder enfrentarnos a situaciones en las que nos sentimos amenazados –. Los estudios de resonancia magnética muestran atrofia del hipocampo, la parte del cerebro relacionada con la memoria, cuyas neuronas son lesionadas por el cortisol, alterando las conexiones entre ellas y, finalmente, provocando su muerte.

Sin embargo, hace poco se ha demostrado que estas alteraciones son reversibles: las técnicas dirigidas a aliviar el estrés – respiración, relajación, meditación...– actúan a ese nivel, mejorando su funcionamiento.

El peso de la edad en la salud neuronal

Los trastornos de memoria que forman parte del proceso de envejecimiento, especialmente a partir de los 50 años, pueden ser de distinta gravedad. Desde las más corrientes, las alteraciones de memoria relacionadas con la edad (AMRE) o la alteración cognitiva leve (ACL) – una pérdida de memoria que permite realizar normalmente las actividades cotidianas –, hasta llegar a la demencia, un cuadro clínico caracterizado por olvidos frecuentes y problemas de atención y de concentración, en el que también se ven afectadas las capacidades emocionales de la persona.

Saber que la demencia es una enfermedad crónica tiene una parte positiva: nos permite incidir en su evolución a través de cambios en el estilo de vida.

Un proceso de adaptación constante

Nuestro cerebro tiene más de cien mil millones de neuronas conectadas entre sí. Cuando dejamos de utilizar una serie de conexiones, se va perdiendo la red que soporta esa función. En cambio, usándolas de forma repetida, se refuerza. El envejecimiento cerebral normal no impide que se puedan generar nuevas conexiones sinápticas; eso nos dota de la capacidad de aprender a cualquier edad y tener la posibilidad de modificar nuestras creencias e inteligencia a través del mecanismo plástico de adaptación neuronal.

El refuerzo de las vías neurales más usadas – de comportamiento, cognición o emoción – es un fenómeno que acompaña al individuo desde antes de nacer y hasta su lecho de muerte.

Una de las experiencias que más cambian la estructura de nuestro cerebro es la de centrar la atención de forma deliberada en lo que estamos viviendo.

Este es el fundamento de las técnicas dirigidas a reforzar las conexiones sinápticas, una forma de activación neuronal basada en la repetición, la excitación, la concentración y la novedad. El desarrollo de una atención consciente y enfocada es capaz de influir sobre regiones cerebrales enteras, en una especie de rehabilitación neuronal.

El mindfulness. El ejercicio continuado de la atención plena, inducir un estado de calma anclado en el corazón o hacer ejercicios de consciencia corporal son formas de apuntar a una zona concreta del cerebro dirigiendo a voluntad el foco de la atención.

El ejercicio aeróbico, una actividad o un viaje novedoso o la excitación que sentimos ante un nuevo reto también aumentan la neuroplasticidad.

Trazar un plan para cuidar el cerebro



Un enfoque integrativo para la prevención y el tratamiento del declive en la función cognitiva de las personas debe prestar especial atención a: la nutrición, incluyendo quizá la toma de algunos complementos; el ejercicio físico y cognitivo, así como la reducción del estrés, con cambios en los hábitos cotidianos y la realización de técnicas que reduzcan el cortisol y mejoren la función cognitiva.

1. Cambios en la dieta

La dieta de Occidente, como es bien conocido, es muy rica en grasas y con muchas calorías. Este alto aporte calórico favorece la lesión oxidativa y las enfermedades neurológicas, tales como la demencia.

Así pues, si queremos prevenir los efectos negativos deberemos reducir las grasas a un 15-20% de la dieta y limitar el consumo de calorías.

También es una gran idea tomar un suplemento de omega 3, un gran aliado de la salud cognitiva y cerebral. Estas dos iniciativas han demostrado en estudios científicos tener un efecto positivo sobre la esperanza de vida y el nivel cognitivo y de bienestar.

2. Un cuerpo en forma

El ejercicio físico y el movimiento corporal genera un aumento del flujo sanguíneo cerebral y la activación de ciertos genes que ayudan a cuidar la salud del cerebro. Cuando los músculos se mueven al caminar o al hacer cualquier tipo de actividad física, como ir en bicicleta o nadar, se empiezan a sintetizar una serie de proteínas que, a través de la sangre, llegan al cerebro. Allí incrementan la creación de nuevas conexiones sinápticas, especialmente en el hipocampo, necesarias para el aprendizaje y la memoria.

3. Más actividad mental

La estimulación cognitiva – cualquier actividad que despierte el interés de nuestro aparato cognitivo, como el análisis de las noticias del día, crucigramas, ajedrez, música, arte...– es el equivalente al ejercicio físico, pero a nivel mental. Potencia las conexiones entre neuronas y desempeña un papel destacado a la hora de propiciar la plasticidad neuronal del sistema nervioso, permitiendo un buen nivel de calidad de vida.

4. Reducir el estrés

Los ejercicios respiratorios, las técnicas de relajación, y la meditación son técnicas útiles para deshacernos del temido estrés, reducir los niveles de cortisol en sangre y limitar la pérdida neuronal, especialmente durante el proceso de envejecimiento, etapa en la que aumenta la vulnerabilidad al estrés y, en consecuencia, la lesión del hipocampo producida por esta hormona.



Los vínculos evolutivos entre la actividad física y la salud mental se acrecientan en tiempos de coronavirus,
 cuando las restricciones a las salidas se incrementan y la depresión y el temor crecen al permanecer encerrado.




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