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febrero 24, 2025

La Falta de Sueño Puede Dañar el Cerebro de los Niños




El sueño es esencial para el desarrollo cognitivo y el equilibrio emocional de los niños

Desde el nacimiento, el cerebro se está construyendo: las neuronas establecen conexiones esenciales para la memoria, la atención y el aprendizaje. Pero este proceso requiere un sueño de calidad para que las sinapsis – los puntos de conexión entre las neuronas – se desarrollen correctamente. Si este desarrollo se ve interrumpido por despertares frecuentes o un sueño inestable, pueden producirse efectos negativos duraderos en el comportamiento y la función cerebral.

El sueño es mucho más que una pausa en el día, sobre todo para los niños. Es fundamental para su desarrollo, ya que actúa como un super combustible para su crecimiento y su agudeza intelectual. En particular, favorece el crecimiento y el desarrollo físico. Durante el sueño, el cuerpo libera hormonas del crecimiento, esenciales para los niños. También es un momento clave para la reparación y regeneración de los tejidos.

El sueño es un factor clave para su éxito. Los niños de entre 6 y 13 años necesitan entre 9 y 11 horas de sueño por noche. Pero muchos no duermen lo suficiente.

El sueño de calidad ayuda al cuerpo y la mente de los niños a recuperarse. Favorece el crecimiento del cerebro y el control emocional. Sin dormir lo suficiente, los niños pueden tener dificultades para concentrarse, controlar su estado de ánimo y realizar varias tareas a la vez.


Comprender mejor el impacto del sueño en el cerebro de los niños



El sueño favorece el desarrollo del cerebro y las funciones cognitivas

El sueño es esencial para el crecimiento del cerebro y la mejora de las capacidades de pensamiento. Las investigaciones demuestran que los alumnos con problemas de sueño suelen sacar peores notas en matemáticas, lectura y escritura. Los estudios demuestran que un horario de sueño regular es más importante que cuánto se duerme.

En términos cognitivos, el sueño también desempeña un papel importante en la consolidación de la memoria y el proceso de aprendizaje. La información adquirida durante el día se procesa y almacena durante el sueño, lo que permite a los niños retener mejor lo que aprenden en la escuela o durante nuevas experiencias.

El sueño también influye en el estado de ánimo y el bienestar emocional. Dormir lo suficiente ayuda a gestionar mejor el estrés y las emociones.

El sueño y la consolidación de la memoria

Un sueño de calidad es esencial para procesar y almacenar los recuerdos, que son vitales para el éxito escolar. Durante el sueño, el cerebro trabaja duro para memorizar nueva información. Esto ayuda a transformar los recuerdos a corto plazo en recuerdos a largo plazo, lo que facilita el aprendizaje y la memorización de lo aprendido.

Pero si se altera el sueño, este proceso puede verse interrumpido. Entonces resulta más difícil recordar lo que el niño ha aprendido durante el día.

Los estudios demuestran que el sueño puede mejorar la memoria entre un 20 y un 40%. El sueño profundo, o fase 3, es especialmente importante para la memoria. Las ondas cerebrales lentas de esta fase ayudan a trasladar los recuerdos del hipocampo a un almacenamiento más seguro.


Consecuencias de la falta de sueño en los niños

La falta de sueño puede provocar problemas de concentración, comportamiento y aprendizaje. También aumenta el riesgo de accidentes, hipertensión, obesidad, diabetes y depresión en niños y adolescentes.

Cuando los niños no duermen lo suficiente, se enfrentan a muchos problemas. Los niños privados de sueño pueden comportarse de forma más violenta, ser hiperactivos y tener dificultades para controlar sus actos. También tienen dificultades para concentrarse y tener éxito en la escuela.

A corto plazo, la privación de sueño puede provocar irritabilidad y dificultad para concentrarse, lo que a veces puede confundirse con el TDAH (Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad).

A largo plazo, los riesgos son aún más preocupantes. Los estudios demuestran que un sueño insuficiente en la infancia está asociado a problemas de peso, dificultades de aprendizaje e incluso trastornos inmunitarios. Los trastornos del sueño no tratados en la infancia también pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como la diabetes de tipo 2 y la hipertensión en la edad adulta.

Padres, profesores y médicos deben conocer y compartir las normas del sueño. Esto ayuda a los niños a tener éxito en la escuela y a mantenerse sanos.

Sueño y éxito escolar

Las investigaciones muestran una estrecha relación entre el sueño y el éxito escolar. Los estudios demuestran que una mejor calidad y cantidad de sueño conlleva mejores notas y resultados en los exámenes de niños y adolescentes. Por otro lado, dormir mal está relacionado con una menor capacidad cognitiva y dificultades en la escuela.

Durante el sueño, el cerebro trabaja duro para favorecer el aprendizaje, la memoria y la concentración. Dormir lo suficiente ayuda a los niños a mantenerse despiertos y a tener éxito en clase.

Deterioro de los resultados escolares

Los problemas de sueño también pueden afectar al trabajo del niño en la escuela. La falta de sueño puede dificultar que los niños presten atención, recuerden cosas y resuelvan problemas. Esto puede hacer que bajen sus notas y que les resulte más difícil aprender y tener éxito en la escuela.

Conocer los efectos de los trastornos del sueño en los niños ayuda a padres y profesores. Pueden colaborar para ayudar a los niños a dormir mejor. Esto puede mejorar su comportamiento, sus sentimientos y su trabajo escolar. También es importante crear una relación respetuosa e igualitaria con su hijo. Esto ayuda a crear un entorno propicio para un sueño sano y un crecimiento saludable.

Padres, profesores y médicos deben conocer y compartir las normas del sueño. Esto ayuda a los niños a tener éxito en la escuela y a mantenerse sanos.


¿Qué ocurre en el cerebro de los niños cuando duermen?



Por la noche, cuando los niños están en los brazos de Morfeo, sus cerebros están lejos de estar ociosos. Se orquesta un auténtico hervidero de actividades, todas ellas esenciales para su desarrollo y bienestar.

Sueño ligero – el comienzo de una aventura cerebral

Para empezar. El sueño ligero es el comienzo de la sinfonía del sueño. Durante esta fase, el cuerpo del niño se relaja, la respiración y el ritmo cardíaco se ralentizan, preparando el camino para que el cerebro trabaje durante toda la noche.

Aunque ligero, este sueño no es en absoluto insignificante. Es el momento en que el cerebro empieza a procesar la información del día a un nivel más superficial. Ordena los datos iniciales, decidiendo qué se almacenará temporalmente y qué se explorará en mayor profundidad en fases posteriores.

Sueño profundo – el corazón del trabajo cerebral

En el corazón de la acción. El sueño profundo es el momento de la reparación y la consolidación. El cerebro entra en modo “mantenimiento”, reparando los daños causados durante el día y reforzando las vías neuronales.

Esta fase es esencial para el crecimiento y el desarrollo del cerebro. Las ondas cerebrales se ralentizan considerablemente, lo que permite que la información importante se consolide en la memoria a largo plazo. El aprendizaje y las experiencias del día se integran de forma duradera, favoreciendo el desarrollo cognitivo e intelectual del niño.

Sueño REM – el laboratorio onírico

Una escena de sueños. El sueño REM es el acto final y más vibrante de la sinfonía nocturna. Es el reino de los sueños, donde vuelan la imaginación y la creatividad.

Esta fase es esencial para el aprendizaje emocional y la resolución creativa de problemas. El cerebro procesa e integra las emociones experimentadas durante el día, consolidando el aprendizaje de una forma más abstracta y creativa. También es un momento clave para desarrollar el pensamiento innovador y la resiliencia emocional.

El ciclo del sueño


Un ciclo de sueño comprende todas estas fases, desde el sueño ligero hasta el sueño REM, y dura por término medio entre 90 y 120 minutos en los niños. A lo largo de una noche se suceden varios ciclos, cada uno de los cuales desempeña un papel esencial en el proceso de descanso y recuperación del cerebro y el organismo. Esquemáticamente, los primeros ciclos de la noche contienen más sueño profundo, mientras que los últimos dejan más espacio para el sueño ligero y el sueño REM.


El verdadero papel de los sueños

Los sueños son mucho más que simples historias nocturnas. Son el teatro donde el cerebro, liberado de las restricciones de la lógica y la realidad, explora, experimenta y procesa las emociones. Esta actividad onírica es fundamental para el equilibrio emocional y la salud mental de los niños, ya que les permite navegar por sus experiencias con una perspectiva renovada cuando se despiertan.

El reloj biológico

El reloj biológico es como un director de orquesta interno que da ritmo a nuestras vidas. Situado en el cerebro, más concretamente en el hipotálamo, regula nuestros ciclos de sueño y vigilia, así como otras funciones como el hambre, la temperatura corporal y la producción de hormonas.

Este reloj funciona según un ciclo de unas 24 horas, conocido como ritmo circadiano. Se sincroniza principalmente con la luz del día, lo que explica por qué tendemos a estar despiertos cuando amanece y somnolientos cuando anochece.

Para los niños, este reloj biológico desempeña un papel clave en el desarrollo de buenos hábitos de sueño. Respetando los horarios regulares  para acostarse y levantarse, ayudamos a este reloj interno a auto-regularse, lo que se traduce en un sueño de mejor calidad y una forma más natural de despertar.

Es ilusorio creer que los niños pueden tener una higiene del sueño eficaz si los acostamos a las 3 de la madrugada todos los fines de semana, pero lo compensamos acostándolos temprano durante la semana.

Hasta la fecha, la mayor parte de las investigaciones sobre el sueño se han centrado en los adolescentes, que corren especial riesgo de dormir mal. Sin embargo, las investigaciones sugieren que los efectos de nuestro entorno sobre nuestros hábitos de sueño se dejan sentir mucho antes, desde la infancia. En consecuencia, las intervenciones para mejorar la calidad del sueño deben aplicarse lo antes posible para que sean óptimas.

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Investigación

Trasnochar y no dormir bien puede dañar el cerebro de los niños

Neurocientíficos de la Universidad Estatal de Colorado en un estudio, publicado por Colorado State University News en julio de 2024, analizan cómo reducir las disparidades socioeconómicas que pueden afectar al desarrollo de los niños. Su objetivo es comprender mejor cómo afectan dichas disparidades a la calidad del sueño y al desarrollo cerebral de los más pequeños.

Para llevar a cabo su investigación, reclutaron a 94 niños de entre 5 y 9 años que vivían en Nueva York, pertenecientes a familias de distinto nivel socioeconómico. De los hogares participantes, alrededor del 30% tenían ingresos inferiores a la cantidad considerada umbral de pobreza en Estados Unidos.

El sueño influye en la amígdala

Para medir el impacto de la falta de sueño y las horas de acostarse en el cerebro de los niños, los investigadores pidieron a sus padres que describieran dónde dormían ellos, así como las distintas rutinas familiares y su regularidad. También les pidieron que anotaran la hora de acostarse y de levantarse de sus hijos.

Además, sometieron a los niños a una resonancia magnética para determinar el tamaño de una región concreta del cerebro llamada amígdala, así como la fuerza de sus conexiones con otras regiones cerebrales.

La amígdala desempeña un papel crucial en el procesamiento de las emociones y en la cantidad de emociones negativas que experimenta una persona, y se sabe que la exposición temprana a situaciones adversas puede afectar al funcionamiento de esta estructura cerebral.

Los científicos han descubierto que los niños de familias con pocos recursos económicos duermen menos por la noche y se acuestan más tarde que los niños de familias con más recursos económicos. Este sueño más corto y el acostarse más tarde se asociaban a una reducción del tamaño de la amígdala y a conexiones más débiles entre ésta y otras regiones cerebrales implicadas en el procesamiento de las emociones.

Este vínculo entre la desventaja socioeconómica, la duración y los horarios del sueño, y el tamaño y la conectividad de la amígdala se observó en niños de tan sólo 5 años.

Importancia de los resultados

Los resultados sugieren que la duración y el horario del sueño son importantes para el funcionamiento de las regiones cerebrales implicadas en el procesamiento de las emociones.

Durante la infancia, el cerebro se desarrolla rápidamente. Las experiencias vividas durante este periodo pueden tener efectos a largo plazo sobre la función cerebral que duran toda la vida.

En particular, la falta de sueño aumenta el riesgo de desarrollar problemas de salud mental e interfiere en el éxito escolar. Dormir poco también puede dificultar la gestión del estrés y las emociones.

¿Por qué duermen peor los niños desfavorecidos socioeconómicamente?

Los niños de familias o barrios con pocos recursos socioeconómicos pueden correr un mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental relacionados con el estrés, en parte debido a los efectos negativos de su entorno sobre la calidad de su sueño.

Los datos recogidos por los científicos sugieren que los padres que tienen dificultades para llegar a fin de mes tienen más dificultades para mantener las rutinas familiares, lo que podría repercutir negativamente en la regularidad de las rutinas a la hora de acostarse, con el consiguiente sueño menos reparador para los niños.

Sin embargo, es probable que haya múltiples factores que expliquen la relación entre un nivel socioeconómico bajo y una mala calidad del sueño. Las dificultades económicas, por ejemplo, pueden impedir la compra de ropa de cama cómoda, obligar a las personas a dormir en habitaciones abarrotadas, demasiado calurosas o demasiado luminosas, u obligarlas a vivir en barrios ruidosos.

Los resultados exigen políticas que garanticen que todas las familias dispongan de recursos económicos suficientes para satisfacer las necesidades de sus hijos. Otros estudios han demostrado que proporcionar suplementos de ingresos a las familias necesitadas puede mejorar no sólo la función cerebral de los niños, sino también su salud mental y su rendimiento escolar.


Los efectos negativos de la interrupción del sueño en el desarrollo temprano del cerebro

Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte, en un estudio realizado en ratones y publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences en octubre de 2024, revelan por qué la privación de sueño en niños pequeños altera su desarrollo cerebral.

El nuevo estudio muestra cómo la falta de sueño en la primera infancia podría aumentar el riesgo de trastornos como el trastorno del espectro autista (TEA). Al realizar experimentos con ratones jóvenes genéticamente vulnerables al TEA, descubrieron que la privación de sueño provoca dificultades sociales a largo plazo. Y lo que es aún más sorprendente, mientras que los ratones adultos compensan la privación de sueño durmiendo más después, los más jóvenes carecen de esta capacidad de “recuperar el sueño”, lo que hace que sus cerebros sean aún más sensibles.

Los ratones más jóvenes, en cambio, carecían de una recuperación completa del sueño. Esto confirmó la hipótesis de los investigadores de que los ratones más jóvenes podrían ser más sensibles a los efectos nocivos de la privación de sueño. También observaron que la privación de sueño en los ratones jóvenes alteraba por completo su rendimiento en una tarea de memoria de aprendizaje, mientras que los adultos se mostraban mucho más resistentes tras la pérdida de sueño.

A continuación, el laboratorio centró su atención en los efectos de la privación de sueño sobre las sinapsis neuronales, que intervienen la comunicación entre neuronas y son el principal lugar de formación y almacenamiento de la memoria. También están muy estudiadas por su papel central en la salud del sueño.

El análisis demostró que la privación de sueño en ratones jóvenes, pero no en adultos, afectaba fuertemente a la formación de sinapsis, un aspecto clave del desarrollo cerebral.

Sus datos muestran que los bebés y los niños son más vulnerables a los efectos negativos de la interrupción del sueño. También descubrieron que la pérdida de sueño durante este periodo crucial puede interactuar negativamente con el riesgo genético subyacente del trastorno del espectro autista.

Una de las misiones actuales del laboratorio, basada en el trabajo molecular de este estudio, es desarrollar fármacos de nueva generación para el sueño que puedan utilizarse en niños. En lugar de actuar como un sedante, esperan crear un fármaco que pueda actuar sobre las sinapsis para restaurar la función del sueño, en lugar de alterar el comportamiento del sueño en sí.


Sueño, estado nutricional y conducta alimentaria en los niños – un estudio de revisión

Investigadores de la Universidad Federal de Lavras (Brasil) en un estudio, publicado por la National Library of Medicine en setiembre 2022, revisaron la bibliografía actual sobre la relación entre el sueño, el estado nutricional y el comportamiento alimentario, así como los mecanismos asociados a estos elementos en los niños.

La búsqueda bibliográfica se realizó en las bases de datos PubMed, LILACS y Scopus, utilizando los siguientes términos: “Niño”; Estado nutricional”; “Sueño”; ”Actividad física O Ejercicio”. Los artículos incluidos fueron los que cumplían el objetivo de la investigación. Se excluyeron los artículos de revisión, las cartas a los autores o las directrices.

Inicialmente, se encontraron 402 artículos en la búsqueda bibliográfica. Tras un cuidadoso análisis del título y el resumen, y la aplicación de los criterios de inclusión, sólo se incluyeron 24 estudios en esta revisión. La mayoría de los estudios sugieren que la corta duración del sueño – menos de 9-10 horas por noche – está asociada con el sobrepeso o la obesidad en los niños. Sólo tres estudios no mostraron ninguna asociación entre el sobrepeso/obesidad y las variables del sueño.

La corta duración del sueño también se asocia con la mala calidad de la dieta, el mayor consumo de bebidas gaseosas y estimulantes antes de acostarse y la deficiencia de micro-nutrientes.

Conclusiones

La duración del sueño está relacionada con el desarrollo de sobrepeso y obesidad en lactantes. Los cambios en los hábitos alimentarios también están relacionados con la privación de sueño, siendo uno de los mecanismos que contribuyen al aumento excesivo de peso. Los profesionales sanitarios deben comprender la importancia de la calidad del sueño para mantener el estado nutricional de los niños.


El sueño insuficiente en la infancia se asocia a trastornos inmunitarios

Científicos del Centre National de la Recherche Scientifique (Francia) investigaron en un estudio longitudinal, publicado por Elsevier en mayo de 2022, las trayectorias de duración del sueño asociadas a niveles específicos de citocinas séricas a la edad de 5 años.

El sueño es esencial para el desarrollo óptimo del niño y su salud a lo largo de toda la vida. Sin embargo, los trastornos del sueño son frecuentes en la primera infancia y aumentan el riesgo de trastornos cognitivos, metabólicos e inflamatorios a lo largo de la vida. El sueño y la inmunidad están mutuamente relacionados, y las citocinas secretadas por las células inmunitarias podrían mediar en esta interacción.


Los investigadores partieron de la hipótesis de que la duración del sueño nocturno afecta a los niveles de citocinas en los niños en edad preescolar. En una muestra de 687 niños de la cohorte francesa de nacimiento EDEN, estudiaron las asociaciones entre las trayectorias de duración del sueño nocturno de los 2 a los 5 años y las concentraciones séricas de cuatro citocinas (factor de necrosis tumoral, interleucina, interferón) a los 5 años, ajustando por covariables relevantes.

En comparación con la trayectoria de referencia – ≈11h30/noche de sueño, 37,4% de los niños –, se observó una trayectoria de duración del sueño más corta – < 10 h/noche, 4,5% de los niños – y una trayectoria de duración del sueño cambiante – ≥ 11h30/noche y luego 10h30/noche, 5,6% de los niños –. No encontraron asociación entre las trayectorias de duración del sueño y los niveles de IL-10 o IFN-γ.

Este primer estudio longitudinal en niños de 2 a 5 años sugiere un impacto de la duración del sueño en la actividad inmunitaria en la primera infancia. El estudio justifica la realización de estudios de replicación en cohortes más amplias para explorar más a fondo si la actividad inmunitaria interactúa con las trayectorias del sueño y cómo lo hace para aumentar la susceptibilidad a los problemas de salud.


Impacto de la privación de sueño en el desarrollo cerebral infantil

Investigadores de la Universidad de Maryland (EE.UU.) en un estudio, publicado en The Lancet Child & Adolescent Health en octubre 2022, destacan los efectos nocivos y preocupantes de la privación de sueño en la estructura del cerebro en desarrollo de los niños.

El estudio examinó datos de más de 8.300 niños de entre 9 y 10 años, procedentes de 21 centros diferentes, todos ellos parte del estudio ABCD (Adolescent Brain Cognitive Development). Los investigadores examinaron imágenes de resonancia magnética, historiales médicos y encuestas completadas por los participantes y sus padres en el momento de la inscripción y en una visita de seguimiento dos años después, a la edad de 11-12 años.

Los investigadores se interesaron por este periodo de la pre-adolescencia porque es una edad importante para el desarrollo neurocognitivo del cerebro. Distinguieron entre los que dormían lo suficiente y los que sufrían privación de sueño fijando el límite entre ambos grupos en 9 horas de sueño por noche.

Al comparar las conexiones funcionales de los dos grupos, los investigadores comprobaron que eran más débiles en los niños privados de sueño. Las noches cortas alteran el funcionamiento de los ganglios de la base del cerebro, lo que provoca un procesamiento deficiente de la información. Como consecuencia, los niños que no duermen lo suficiente son más propensos a sufrir problemas de comportamiento (impulsividad, depresión, ansiedad, etc.). En este caso, son las funciones cognitivas y afectivas las que se ven perjudicadas.

El segundo mecanismo afecta a lo que se conoce como “inteligencia cristalizada”, es decir la capacidad de utilizar los conocimientos y la experiencia acumulados. Mediante mediciones estructurales del lóbulo temporal, los investigadores pusieron de manifiesto el déficit de materia gris en esta región del cerebro. La maduración del lóbulo temporal de los niños privados de sueño se retrasa, lo que altera la consolidación de su memoria y, por tanto, su “inteligencia cristalizada”.

Resultados. Los niños que dormían menos de nueve horas por noche tenían menos materia gris o un volumen menor en ciertas zonas del cerebro responsables de la atención, la memoria y el control de las inhibiciones. Estas diferencias persistieron al cabo de dos años, un hallazgo preocupante que sugiere daños a largo plazo en quienes no duermen lo suficiente.

Los investigadores descubrieron que los efectos de la privación de sueño sobre la depresión, el pensamiento y los problemas de inteligencia estaban mediados por conexiones en dos regiones cerebrales: el área cortico-basal y el lóbulo temporal anterior.

Los participantes que dormían lo suficiente tendían a dormir progresivamente menos a lo largo de dos años, lo cual es normal a medida que los niños crecen. Pero los hábitos de sueño de los que dormían poco no cambiaron mucho.


La falta de sueño aumenta el riesgo de depresión e impulsividad en los niños

Investigadores de la Universidad de Warwick (Canadá) en un estudio, publicado por Neuroscience News en febrero 2020, descubrieron que la salud mental de los niños se ve afectada por la duración del sueño.

En un experimento en el que participaron 11.000 niños de entre 9 y 11 años, los investigadores examinaron la relación entre la duración del sueño y la estructura cerebral. Descubrieron que las medidas de depresión, ansiedad, comportamiento impulsivo y bajo rendimiento cognitivo eran mayores en los jóvenes que dormían poco. Además, los problemas depresivos asociados a la corta duración del sueño seguían registrándose un año después.

Además del vínculo entre la salud mental y la falta de sueño, los investigadores descubrieron mediante análisis de big data (megadatos: un conjunto muy grande de datos sobre un área específica) que ciertas partes del cerebro de los niños que dormían poco tenían volúmenes inferiores a la media. Las zonas que parecen verse afectadas por la privación de sueño son las cortezas orbitofrontal y prefrontal, el lóbulo temporal, el precuneus y el giro supramarginal.

Los resultados mostraron que la puntuación total de los problemas de conducta de los niños que dormían menos de 7 horas era un 53% más alta de media y la puntuación cognitiva total era un 7,8% más baja de media que la de los que dormían entre 9 y 11 horas. Esto subraya la importancia de dormir lo suficiente para el desarrollo y la salud mental de los niños.

Los investigadores también señalan que la cantidad de sueño recomendada para niños de 6 a 12 años es de 9 a 12 horas. Sin embargo, los trastornos del sueño son comunes entre los niños y adolescentes de todo el mundo debido a la creciente demanda de tiempo en la escuela, el aumento del uso del tiempo de pantalla y las actividades deportivas y sociales.

Se han identificado asociaciones significativas entre la duración del sueño en los niños, la estructura cerebral y medidas de salud cognitiva y mental. Los investigadores reconocen que es necesario seguir investigando para descubrir las razones subyacentes de estas relaciones.

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Parámetros a vigilar para garantizar un sueño reparador

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Duración. La cantidad de sueño necesaria varía en función de la edad. Los niños pequeños necesitan dormir más que los mayores, y los adolescentes tienen sus propias necesidades que pueden cambiar rápidamente.

* Calidad. Un sueño de calidad significa un sueño profundo y reparador, sin despertares frecuentes. Asegurarse de que el entorno en el que duerme es propicio para un sueño tranquilo (calma, comodidad, temperatura adecuada).

* Regularidad. Acostarse y levantarse a horas regulares, incluso los fines de semana, ayuda a estabilizar el reloj interno.

* Dormirse. El tiempo que tarda un niño en dormirse también es un indicador. Si tarda demasiado, puede ser que algo le moleste o que su entorno no le tranquilice lo suficiente.

* Despertarse por la noche. Despertarse de vez en cuando es normal, pero si se despierta con demasiada frecuencia o durante demasiado tiempo, puede ser señal de una mala calidad del sueño.

Duración del sueño recomendada para los niños

Dormir lo suficiente es esencial para el cerebro, los estudios y la felicidad de los niños. La National Sleep Foundation afirma que los niños de entre 6 y 13 años necesitan entre 9 y 11 horas de sueño por noche. Pero muchos niños no duermen lo suficiente: el 23% duerme sólo 8 horas y el 8% duerme 7 horas o menos.

La National Sleep Foundation ha establecido normas de sueño para niños y adolescentes de todas las edades:

* Recién nacidos (0 a 3 meses): de 11 a 17 horas de sueño al día.

* Bebés (de 4 a 12 meses): de 12 a 16 horas de sueño al día, incluidas las siestas.

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 Niños pequeños (de 1 a 2 años): de 11 a 14 horas de sueño al día, incluidas las siestas.

* Niños en edad preescolar (de 3 a 5 años): de 10 a 13 horas de sueño al día, incluidas las siestas.

* Niños en edad escolar (de 6 a 12 años): de 9 a 12 horas de sueño al día.

* Adolescentes (de 13 a 18 años): de 8 a 10 horas de sueño al día.

Estas horas de sueño no son normas estrictas, sino pautas para ayudar a cada niño a descansar lo necesario en cada etapa de su desarrollo. Por supuesto, cada niño es único y algunos pueden necesitar dormir un poco más o un poco menos. Lo importante es escuchar y observar las necesidades individuales de cada niño para garantizar noches tranquilas y días llenos de energía.


¿Cómo se reconocen los trastornos del sueño en los niños?



Los problemas de sueño en los niños pueden manifestarse de muchas maneras: dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes durante la noche, sueño intranquilo, pesadillas recurrentes, etc.

Pequeñas señales que no hay que ignorar

Dormirse es una maratón. Si cada noche parece una negociación interminable para llevar a su hijo a la cama, o si generalmente tarda más de 30 minutos en dormirse, esto puede sugerir un desequilibrio, que podría estar relacionado con la falta de melatonina, el estrés de la vida cotidiana, etc.

Despertarse mucho. Despertarse durante la noche es normal, pero si a su hijo le cuesta volver a dormirse, o si se despierta más cansado que cuando se acostó, podría ser señal de que algo está perturbando su sueño.

Sueño agitado, rechinar de dientes, sonambulismo. Un sueño poco tranquilo también puede ocultar un trastorno. En caso de duda, observe los movimientos y ruidos, que le dirán mucho sobre la calidad del sueño de su hijo.

¿Qué puede hacer al respecto? Anote cuándo se acuesta su hijo, cuándo se levanta, cuándo se despierta por la noche, cuándo duerme la siesta... Y, sobre todo, hable con su pediatra. Él podrá orientarle y, si es necesario, remitirle a un especialista del sueño.


Consejos para mejorar la calidad del sueño de su hijo

Establecer hábitos de sueño saludables

Unos buenos hábitos de sueño son esenciales para el éxito escolar de su hijo. Es importante mantener una rutina de sueño regular. Es decir, que se acueste y se levante a la misma hora todos los días, incluso los fines de semana. Asegúrese de que el dormitorio favorece el sueño. Que sea fresco, oscuro y tranquilo. Esto ayudará a su hijo a dormir mejor.

Una rutina de sueño regular es esencial para tener éxito en la escuela. Acostarse y levantarse a la misma hora todos los días es bueno para el sueño. No deje que su hijo duerma más el fin de semana. Esto altera su horario de sueño durante la semana.

Un entorno favorable al sueño

Un buen entorno para dormir también es importante. Evite las luces brillantes y las pantallas antes de acostarlo. Limite la cafeína para ayudar a su hijo a dormir. Las actividades relajantes, como un baño caliente, también pueden ayudar a su hijo a dormir mejor. Para los niños que tienen miedo a la oscuridad o que se sienten ansiosos a la hora de acostarse, un peluche, una luz nocturna o una pequeña lámpara pueden ayudar.

Limitar las pantallas antes de acostarse

La luz azul que emiten las pantallas puede interferir a la hora de conciliar el sueño. Intente limitar el uso de estos dispositivos electrónicos al menos dos horas antes de acostarse. Mantenga televisores, computadoras y otros aparatos electrónicos fuera del dormitorio para crear un ambiente dedicado al sueño.

Fomentar una actividad física regular

Anime a su hijo a mantenerse activo durante el día. El ejercicio físico contribuye a dormir mejor, pero evite las actividades demasiado estimulantes justo antes de acostarse.

Vigilar su alimentación

Asegúrese de que su hijo sigue una dieta equilibrada y evite las comidas copiosas y las bebidas azucaradas o con cafeína, sobre todo al final del día.

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Si a su hijo le cuesta dormirse a pesar de sus esfuerzos, intente establecer un patrón en su rutina diaria. Empiece por fijar una hora constante para acostarse y levantarse. Luego, cada noche, realice la misma secuencia de actividades relajantes (baño, pijama, cuento, etc.) para crear un ritual. Este ritual se convertirá en una poderosa señal para el cerebro de que es hora de pasar al modo sueño. La regularidad y la previsibilidad pueden contribuir en gran medida a que su hijo se duerma más fácilmente.

Adoptando estos pocos hábitos, puede dar a su hijo las claves de un sueño reparador, esencial para su desarrollo intelectual. Recuerde que un niño bien descansado es un niño feliz, dispuesto a explorar el mundo con energía y curiosidad.



Dormir es muy importante para el éxito escolar de su hijo. Dormir bien ayuda al 
cerebro a desarrollarse, aprender y recordar mejor. Favorece la memoria, la concentración 
y la capacidad de pensar. Esto se traduce en mejores notas y promedios generales 
más altos. También les ayuda a controlar sus emociones y a tener éxito en la escuela.




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mayo 30, 2024

Aprender a Cualquier Edad Rejuvenece el Cerebro – La Vida Cotidiana y el Uso de la Inteligencia Artificial






Muchas personas experimentan esta sensación de ser demasiado mayor para aprender algo nuevo. Pero, ¿está justificado? ¿Existe realmente un límite de edad más allá del cual nuestro cerebro ya no puede aprender a tocar un instrumento o hablar un nuevo idioma?

El aprendizaje es en realidad la actividad de toda una vida. Desde temprana edad, nuestro cerebro moviliza gran parte de sus funciones (atención, memoria, visión, audición, motricidad, etc.) para que podamos adquirir nuevos conocimientos y habilidades. ¿Cuáles son los mecanismos que nos permiten aprender? ¿Y cómo cambian con el tiempo?

Conexiones reforzadas o debilitadas entre neuronas

El aprendizaje es un proceso cognitivo dinámico que se desarrolla en dos etapas: la adquisición de nueva información y su almacenamiento en la memoria. El resultado del aprendizaje es, en cierto modo, la huella que queda en nuestro cerebro después de haber tenido una experiencia. Más precisamente, las neuronas afectadas por esta experiencia o la adquisición de nueva información cambian la forma en que dialogan entre sí: sus conexiones – las sinapsisse refuerzan o se reducen.

En ocasiones, la dinámica de nuestro aprendizaje conduce pura y simplemente a la eliminación de determinadas conexiones neuronales que ya no necesitan estar a favor de otras conexiones más “útiles”. Hablamos de forma imaginada, una "poda" sináptica (pruning en inglés), como un árbol se corta con ramas voluminosas. Ocurre principalmente durante la niñez y el gran trastorno que es la adolescencia.

Estos cambios a escala neural, relacionados con lo que aprendemos, son particularmente intensos durante la infancia, incluso cuando adquirimos una gran cantidad de conocimientos y desarrollamos nuevas habilidades como ver, tocar, caminar o hablar. Tienen un impacto en todo el cerebro, al participar en la transformación de diferentes redes neuronales.

La plasticidad cerebral

El aprendizaje deja un rastro físico de su ocurrencia en nuestro cerebro, y esta dinámica se llama plasticidad cerebral. El descubrimiento de este mecanismo por parte de los neurocientíficos ha permitido comprender una cosa esencial: nada está congelado en nuestro cerebro.

Las conexiones entre neuronas son la clave de nuestro aprendizaje. Para aprender, hay que crear conexiones neuronales relevantes. Y para que las neuronas se conecten entre sí, tienen que activarse juntas, un poco como si se encendiera una bombilla. Esta capacidad del cerebro para modificar sus conexiones neuronales se denomina plasticidad cerebral.

La plasticidad cerebral permite remodelar permanentemente el cerebro de acuerdo con nuestro aprendizaje. Esta remodelación no solo es relativamente rápida sino también reversible. De hecho, un equipo de investigadores encontró que ciertas regiones del cerebro en adultos jóvenes exhibían cambios estructurales significativos después de tres meses de aprender a hacer malabares, en comparación con las personas que no habían seguido este aprendizaje; y estos cambios desaparecieron unas semanas después de suspender esta actividad. Por eso los artistas entrenan todos los días.

Esta plasticidad cerebral hace que el cerebro sea maleable a todas las edades. Esto es esencial si queremos adaptarnos. Cambia y se transforma con la experiencia, tanto en la primera infancia como en la edad adulta.

Somos una especie de "programados" para aprender. La organización de nuestro cerebro puede adaptarse y reconfigurarse en cualquier momento, dependiendo de las experiencias que tengamos desde temprana edad.

No hay edad para aprender un nuevo idioma

Ciertos períodos de la vida son más propicios para cierto aprendizaje. La investigación en psicología del desarrollo ha determinado así "ventanas de tiempo" que corresponden a períodos durante los cuales el cerebro tiene una capacidad particular para recibir información del entorno. Por ejemplo, la adquisición de la lengua materna ha sido objeto de numerosos estudios y parece que existe una ventana temporal especialmente favorable para la adquisición de la lengua. De ahí la idea generalizada – erróneamente – de que cuanto más envejece, más difícil es aprender un segundo idioma. Incluso si de hecho parece haber un período clave para la adquisición de la lengua materna, es mucho menos claro para una segunda lengua.

Investigadores en psicología del Instituto Universitario de Geriatría de Montreal, se han interesado por el aprendizaje de una segunda lengua en adultos. Los investigadores pidieron a los que no hablaban español, a un grupo de adultos jóvenes y a un grupo de personas mayores de 65 años, que aprendieran 100 palabras en español durante un período de tres semanas. En una prueba posterior a esta capacitación, los ancianos obtuvieron tiempos de respuesta y números de respuestas correctas comparables a los de los adultos jóvenes, lo que demuestra que los dos grupos tienen un desempeño de aprendizaje similar.

Y lo que se aplica al lenguaje y al conocimiento declarativo – explícito – también se aplica al conocimiento procedimental – implícito, en conexión con gestos y movimientos –. Así, el experimento de malabarismo citado anteriormente fue replicado para comparar, esta vez, el desempeño de los ancianos en comparación con los jóvenes. Los rendimientos finales son menores en los ancianos, sin embargo se observó el mismo fenómeno de plasticidad. En otras palabras, aprender a hacer malabares fue menos efectivo para ellos, pero las huellas cerebrales de este aprendizaje están presentes.

Algunas habilidades se modifican por el envejecimiento normal del cerebro. Puede ser necesario un aprendizaje más prolongado para compensar el efecto de la edad. Pero el mecanismo de plasticidad cerebral que permite el aprendizaje está presente durante toda la vida.


Un aprendizaje mas prolongado en las personas mayores

Varios estudios han medido las consecuencias del envejecimiento cognitivo mediante una combinación de pruebas de rendimiento mental. Sus resultados muestran que las personas mayores en promedio tienen tiempos de reacción más largos, memoria menos confiable, percepción sensorial deteriorada y tienen más dificultades para resolver problemas. Estos déficits medidos en el laboratorio dificultarían la adquisición de nueva información.

Pero tales estudios oscurecen una dimensión importante de la edad avanzada: la acumulación de experiencias a lo largo de la vida aumenta la cantidad de conocimiento almacenado en el cerebro. De hecho, esta acumulación de experiencias y la complejidad de los conocimientos asociados a ella son más importantes en las personas mayores. Esto dificultaría la adquisición de nuevos conocimientos.

Esta experiencia constituiría una desventaja y explicaría los resultados inferiores de los cerebros ancianos en comparación con los jóvenes. Pero, ¿podría tener ciertos beneficios?

La experiencia humana, palanca para aprender

En el experimento de aprendizaje del español ya citado, las imágenes cerebrales de personas mayores muestran una activación particular de ciertas redes de memoria que no se encuentra en los más jóvenes. Esta activación específica es la de la llamada memoria "semántica", que almacena notablemente el conocimiento general sobre el mundo. En el contexto de un desafío cognitivo, como aprender un segundo idioma, las personas mayores recurren a su experiencia personal como un recurso cognitivo adicional. La experiencia vivida, más llena de experiencias personales, se revela así como una ayuda para el aprendizaje.

A medida que envejecemos, podemos aprovechar nuestro pensamiento más fino para aprender nueva información, aunque a veces puede ser más lento comenzar. El reclutamiento específico de ciertas regiones del cerebro en los ancianos durante un nuevo proceso de aprendizaje reflejaría este llamado a la experiencia.

Sin embargo, no debemos minimizar el envejecimiento cerebral. Esto es muy real, como lo demuestra en particular la disminución mensurable del grosor de la corteza y las modificaciones de ciertas actuaciones mentales. Sin embargo, este último debe ser calificado porque las pruebas psicométricas no toman en cuenta la riqueza de la experiencia humana, ni la forma en que el conocimiento aumenta con la experiencia.

La plasticidad del cerebro "se cuida"

El cuidado de nuestro cerebro parece desempeñar un papel clave en el mantenimiento de su plasticidad entre 30 y 60 años. Esta capacidad se debilita si y solo si dejamos de aprender y de mantener un estado de curiosidad por la novedad. El investigador Pierre Marie Lledo, neurocientífico del Institut Pasteur, explica que una combinación de factores puede ser beneficiosa para mantener esta plasticidad, incluida la actividad física, poco estrés, no consumir psicotrópicos y tener relaciones sociales. además de la actividad cognitiva regular.

A cualquier edad, si las circunstancias son las adecuadas y en ausencia de patologías neurológicas, aprender de la experiencia sigue siendo la actividad principal de nuestro cerebro a diario. Incluso si los mecanismos de aprendizaje son menos eficientes a partir de cierta edad en términos de velocidad de adquisición, la plasticidad cerebral perdura de por vida si mantenemos nuestra mente abierta y activa para nuevas experiencias. Al contrario de lo que la investigación ha creído durante mucho tiempo, no estamos encerrados en un determinismo biológico que nos permitiría aprender solo hasta una cierta edad.

La capacidad de atención es esencial para el aprendizaje

Test sobre su capacidad para aprender con o sin distracciones

Coger un cronómetro.

Paso 1: Observe esta primera serie de 9 imágenes diferentes durante 30 segundos sin ninguna distracción externa. Una vez transcurridos los 30 segundos, tiene 30 segundos para anotar las imágenes que recuerda. Ahora es el momento de comprobar sus resultados. ¿Ha conseguido recordar las 9 imágenes?

Paso 2: Observe esta nueva serie de 9 imágenes diferentes durante 30 segundos con distracciones externas, como música o la televisión encendida. Una vez transcurridos los 30 segundos, tiene 30 segundos para anotar las imágenes que recuerda. Ahora es el momento de comprobar sus resultados.

¿Ha conseguido recordar tantas imágenes como la primera vez? Probablemente no. La mayoría de las personas recuerdan menos imágenes cuando algo les distrae.

Los científicos han demostrado recientemente que la simple presencia de nuestros teléfonos móviles sobre el escritorio puede bastar para reducir nuestro rendimiento en una tarea de aprendizaje.

Así que es importante fomentar la atención, sean cuales sean nuestros retos de aprendizaje, y estudiar en un entorno tranquilo y libre de distracciones. Así será más eficaz en su aprendizaje y, en última instancia, tendrá más tiempo para realizar el resto de sus actividades cotidianas, como ver a sus amigos.

Fuente : El Musée de la santé Armand-Frappier

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Aprender rejuvenece el cerebro a cualquier edad


Investigadores de la Universidad de California en Riverside observaron en un nuevo estudio, publicado en la revista National Library of Medicine de noviembre 2023, una mejora de la cognición en personas mayores que aprendieron varias tareas nuevas, y los progresos mejoraron con el tiempo.

Los investigadores demostraron que aprender cualquier cosa a una edad avanzada no sólo es posible, sino que además mejora las facultades cognitivas hasta el punto de igualar las de un estudiante universitario.

Para probarlo, los investigadores llevaron a cabo dos experimentos independientes pero similares, primero con 6 y luego con 27 personas de 66 y 69 años de media y que no padecían ningún trastorno cognitivo patológico, salvo algunas dificultades que se presentan a medida que envejecemos, como una reducción de la atención o la memoria, lo que se conoce como “deterioro cognitivo relacionado con la edad”.

Inicialmente, cada sujeto se sometió a pruebas cognitivas para evaluar sus funciones ejecutivas – memoria a corto plazo, planificación, atención, razonamiento, inhibición, etc. – y su memoria a largo plazo, conocida como “memoria episódica verbal”. A continuación aprendieron, como lo haría un niño o un estudiante, durante tres meses y al menos seis horas a la semana, tres nuevas destrezas de su elección: un idioma, el dibujo, un instrumento musical, la fotografía, el uso de una tableta digital, etc.

Resultado.
Todos los voluntarios vieron mejorar sus funciones cognitivas, y muchos de ellos incluso multiplicaron por dos o por tres sus resultados en los exámenes. Y esto fue así desde el final de los tres meses de formación, así como seis meses y un año después, y los beneficios continuaron. El rendimiento de muchas personas incluso siguió mejorando con el tiempo después de dejar el entrenamiento.

Este estudio es el primero realizado en una situación real y a largo plazo: los participantes estudiaron en casa o recibiendo clases durante tres meses. Las conclusiones de este trabajo confirman que el cerebro sigue siendo plástico a cualquier edad, capaz de remodelarse para asimilar nuevas habilidades, y que cualquier estimulación de las neuronas mediante la adquisición de una nueva destreza – lingüística, motriz, mental – las rejuvenece, frenando así el deterioro cognitivo asociado a la edad.

Según los investigadores, el descubrimiento confirma que los adultos mayores pueden aprender nuevas tareas y mejorar su cognición en el proceso, si enfocan el aprendizaje del mismo modo que un niño.


Un biomarcador de degeneración cognitiva identificado a partir de imágenes de resonancia magnética (IRM)

Investigadores chinos de la Universidad Normal de Pekín en un estudio, publicado en la revista Journal Radiology Society (RSNA) de junio de 2021, han desarrollado un modelo de predicción de la edad cerebral basado en inteligencia artificial (IA) para cuantificar las desviaciones observadas respecto a una trayectoria de envejecimiento cerebral saludable en pacientes con deterioro cognitivo leve.


El deterioro cognitivo leve amnésico (aMCI) es una fase de transición entre el envejecimiento cerebral normal y la enfermedad de Alzheimer (EA). Las personas con aMCI presentan déficits de memoria más graves de lo normal para su edad y estado, pero no lo suficientemente graves como para afectar a su actividad diaria.


Los investigadores utilizaron un algoritmo de aprendizaje automático para entrenar un modelo de predicción de la edad cerebral basado en imágenes de resonancia magnética ponderada en T1 de 974 adultos sanos de edades comprendidas entre 49,3 y 95,4 años. El modelo, una vez entrenado, se aplicó para estimar la diferencia de edad prevista – edad prevista frente a edad real – de los pacientes con aMCI de la Beijing Aging Brain Rejuvenation Initiative – 616 controles sanos y 80 pacientes con aMCI – y la Alzheimer's Disease Neuroimaging Initiative – 589 controles sanos y 144 pacientes con aMCI –.

Los investigadores también examinaron las asociaciones entre la diferencia de edad prevista y el deterioro cognitivo, los factores de riesgo genético, los biomarcadores patológicos de la EA y la progresión clínica en pacientes con aMCI.

Los resultados mostraron que los pacientes con aMCI tenían trayectorias de envejecimiento cerebral distintas de la trayectoria típica de envejecimiento normal, y el modelo de predicción de la edad cerebral propuesto podía cuantificar las desviaciones individuales de la trayectoria típica de envejecimiento normal en estos pacientes. También se descubrió que la diferencia de edad predicha estaba significativamente asociada con el deterioro cognitivo individual en pacientes con aMCI en varios dominios, incluyendo la memoria, la atención y la función ejecutiva.

Este trabajo indica que la diferencia de edad predicha tiene el potencial de ser un biomarcador robusto, fiable y numérico para el diagnóstico precoz de trastornos cognitivos y para monitorizar la respuesta al tratamiento.

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Las personas mayores y la inteligencia artificial



La inteligencia artificial puede ser un término aterrador, porque tendemos a pensar en ella como una tecnología intrusiva que sustituirá al mundo natural. Pero los objetos conectados con inteligencia artificial están diseñados para respetar la privacidad de los usuarios. En el caso de las personas mayores, están pensados para ayudar a compensar la falta de cuidadores y, sobre todo, para animar a la gente a quedarse en casa. El uso de la inteligencia artificial está cada vez más extendido en la sociedad actual, ya que proporciona una importante asistencia y ayuda a las personas mayores en una sociedad con una población cada vez más envejecida.

Inteligencia artificial

La inteligencia artificial es un conjunto de programas y algoritmos complejos ejecutados por un objeto o máquina. El aparato puede reproducir o simular un comportamiento humano o incluso resolver un problema. También es una tecnología indisociable de la informática, cuyo principal objetivo es recrear una tecnología similar a la inteligencia humana. Una máquina capaz de pensar por sí misma. En el contexto del “envejecer bien”, la inteligencia artificial se desarrolla en forma de robots, asistencia virtual, objetos conectados, dispositivos de aprendizaje, etc.



Una población envejecida atenta a los avances de la inteligencia artificial



El envejecimiento de la población afecta a la mayoría de los países del mundo. Ante el envejecimiento de la población y los retos económicos que conlleva, cada vez es más importante diseñar métodos y dispositivos que ofrezcan un mejor apoyo a las personas mayores.

El uso de la inteligencia artificial se ha simplificado, lo que permite a los mayores beneficiarse de las últimas innovaciones tecnológicas.


¿Estamos asistiendo al nacimiento de la era de las máquinas?

Ya no es un escenario de ciencia ficción: la robótica y la domótica empiezan a invadir poco a poco los hogares y los establecimientos especializados para personas mayores. Gracias a sensores incorporados y a una inteligencia artificial que actúa como un auténtico cerebro, las máquinas son capaces de mantener una conversación, reaccionar ante una situación, analizar el sonido, estudiar el entorno, reconocer su nombre, responder a las necesidades del usuario e interactuar y anticiparse al riesgo de accidentes. Sin embargo, las máquinas no pueden sustituir a la interacción humana porque carecen de emociones y sensaciones, pero siguen siendo una compañía diaria para las personas mayores y combaten el aislamiento social.


Inteligencia artificial para apoyo de las personas mayores


La inteligencia artificial trabaja con máquinas capaces de aprender de forma autónoma y realizar tareas para las que no están especialmente programadas. Estas máquinas son capaces de realizar análisis y actuar en consecuencia en función del entorno y la situación a la que se enfrentan. Este proceso de aprendizaje es posible gracias a la integración de un algoritmo de análisis de datos: información personal, sensores, láseres, comandos de voz, imágenes de cámaras, etc.

Romper el aislamiento social

Uno de los objetivos de la inteligencia artificial es proporcionar asistencia y compañía a las personas mayores. Se trata de combatir el aislamiento social que a menudo afecta a las personas mayores. Los agentes conversacionales o chatbots garantizan una comunicación constante con sus usuarios. Compensan la soledad que experimentan las personas mayores que viven solas. Estas máquinas están programadas para simular una conversación utilizando el idioma elegido. Son capaces de recordar a sus usuarios la hora de tomar su medicación y las citas importantes, grabar conversaciones para personas con problemas de memoria (enfermos de Alzheimer, por ejemplo) y proporcionar entretenimiento mediante actividades y juegos.

Control médico

Los dispositivos conectados suelen estar vinculados a un servidor para proporcionar asistencia remota a las personas mayores. Además de actuar como compañeros de conversación, también pueden ser muy útiles en caso de cualquier anomalía. A partir de los sensores y los datos recogidos, la inteligencia artificial puede detectar si los hábitos del usuario han cambiado: si no se ha levantado a la hora habitual, si no ha vuelto a casa, si no hay movimiento en la vivienda. En estos casos, se envía una alerta al servidor y se avisa a la asistencia médica para que intervenga.

Asistencia diaria

La inteligencia artificial está pensada para simplificar la vida de los usuarios. La domótica, por ejemplo, es capaz de realizar tareas domésticas o actuar como asistente personal: agenda personal, hora de dormir y levantarse, abrir y cerrar puertas, recordar la toma de medicamentos, procesar llamadas telefónicas, correos electrónicos o datos digitales, etc. La inteligencia artificial también vela por la seguridad de los mayores alertándoles de situaciones inusuales como un robo en casa.

Chatbots: hacer la vida más fácil a los mayores



Para mantener una vida prácticamente social y, sobre todo, una buena salud física y mental, los bots son herramientas muy prácticas para ayudar a las personas mayores, ya que pueden convertirse en verdaderos compañeros. Los chatbots garantizan la comunicación diaria con las personas mayores.

Compañero
emocionalmente inteligente
En San Francisco, un dispositivo llamado «Elliq» es una de las estrellas en lo que a chatbots se refiere. Elliq utiliza inteligencia e-learning (aprendizaje electrónico) para analizar las preferencias del usuario con el fin de sugerirle actividades posteriores. Elliq se comunica a través del lenguaje, pero también con formas de comunicación no verbales. Por ejemplo, si un familiar envía una foto en las redes sociales, Elliq las muestra en la pantalla y gira la cabeza hacia la persona para “vivir el momento” como si fuera el propio nieto quien enseña las fotos a sus abuelos. Este sistema combate el aislamiento social compartiendo diferentes experiencias. No se trata de entablar una relación concreta con la máquina, sino de poner al alcance de los mayores datos importantes que les acerquen a sus familias. El objetivo es que las personas mayores se sientan menos solas al utilizar Elliq.

Domótica

La domótica ofrece soluciones prácticas para las personas mayores. Permiten envejecer en casa con total seguridad. Control remoto de la iluminación, detectores de humo, video-vigilancia... Su tecnología y equipamiento facilitan la vida cotidiana de los mayores de 60 años.

Del latín “domus” que significa “casa”, la domótica designa el conjunto de sistemas informáticos, de telecomunicaciones y electrónicos destinados a hacer “inteligente” una vivienda.

El objetivo de la domótica es facilitar la vida cotidiana, pero también garantizar la seguridad de una vivienda y reducir su consumo energético.

Requiere la instalación de varios equipos o dispositivos conectados. Los encargan empresas que tienen el deber de proteger los datos personales de sus usuarios. Esta tecnología permite gestionar la vivienda de forma totalmente autónoma, según el estilo de vida de sus ocupantes o un escenario domótico pre-programado. Los objetos conectados también pueden utilizarse para controlar el hogar de forma remota e instantánea.

Los dispositivos domóticos pueden servir, por ejemplo, para controlar a distancia la apertura de las persianas y la temperatura de la vivienda, así como para ofrecer un servicio de tele-asistencia. La mayoría de estos dispositivos pueden controlarse a través de una aplicación móvil, por comandos de voz o de forma autónoma mediante sensores.

Así pues, la domótica para las personas mayores se está desarrollando rápidamente. Al proporcionarles comodidad y seguridad, les ayuda a envejecer bien y a permanecer en su propio hogar el mayor tiempo posible.

Los profesionales recomiendan cada vez más la domótica para prevenir los accidentes cotidianos. Es útil para dar la alarma en caso de caída, fuga de gas o intrusión. Es una solución tranquilizadora para las personas mayores, y también para sus familias.

Tele-asistencia


Se trata de objetos conectados, como pulseras y relojes, para garantizar la seguridad de las personas mayores. Están equipados con un botón SOS y un detector de caídas. De este modo, se puede enviar una llamada de emergencia a un familiar o a un servicio de tele-asistencia, que puede intervenir en el domicilio o pedir ayuda.

Video-vigilancia

Lo ideal es equiparse con una cámara y un detector de movimiento. Con este sistema completo, es posible ver lo que ocurre dentro o fuera del hogar. Si la persona mayor es incapaz de reaccionar ante una situación estresante, lo mejor es que alguien cercano se haga cargo. Este equipo hace sonar la alarma en caso de intrusión, pero también en caso de caída. Los sensores de movimiento pueden vincularse a un recorrido luminoso para facilitar los desplazamientos nocturnos.

Detectores de fugas de gas, humo y agua

Un detector de gas conectado permite actuar rápidamente en caso de fuga. Algunos modelos incorporan también un detector de humo y hacen sonar la alarma con una sirena, una luz roja o llamando a un familiar. Un detector de fugas de agua localiza anomalías y activa una alarma en caso de inundación.

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Más personas mayores en el mundo que jóvenes

Según las Naciones Unidas, el número de personas mayores de 65 años se duplicará en todo el mundo de aquí a 2050, según un artículo publicado en la web del INED (Instituto nacional de estudios demográficos) en septiembre de 2021. Se trata de un fenómeno global, ya que una de cada seis personas (16%) tendrá más de 65 años en 2050 (una de cada once en 2019 (9%), según el informe Perspectivas de la Población Mundial. Desde finales de 2018, ya hay más personas mayores en el mundo que jóvenes (alrededor de 705 millones de personas mayores de 65 años y unos 680 millones en el grupo de 0 a 4 años en 2018).

¿Qué lugar vamos a dar a las personas mayores en esta sociedad que envejece? ¿Vamos a limitar a esta parte importante de la población a vivir en su pasado y sus recuerdos, o considerarla como lo que es, capaz de evolucionar y aprender? Los datos de la investigación en ciencias cognitivas pueden servir como herramientas concretas para hacer que la formación sea accesible durante toda la vida.

Adoptar un estilo de vida saludable

Para aprender eficazmente, es esencial cuidar de este precioso órgano que es nuestro cerebro. Para ello, no debemos dudar en movernos, aprender cosas nuevas, plantearnos retos, comer bien y dormir lo suficiente. Y lo fabuloso es que estos hábitos saludables para el cerebro también son buenos para todo el cuerpo.

El sueño es un aliado precioso para el aprendizaje. Cuando dormimos, reactivamos espontánea e inconscientemente neuronas relacionadas con el aprendizaje del día. Y neuronas que se activan juntas... significan neuronas que se conectan, y aprendizaje que se produce.

Del ciclismo a las tablas de multiplicar, de los recuerdos de las vacaciones a la capacidad de evaluar el peligro, el cerebro mantiene un registro de lo que aprendemos durante décadas, o incluso toda nuestra vida. Como resultado, somos más capaces de adaptarnos a todo lo que nos rodea y sucede en la vida.


Aprender es un poco como abrirse camino en un bosque. 
Si seguimos andando por el mismo sitio una y otra vez, 
el camino se va definiendo. Así, para hacer aflorar un recuerdo, 
tenemos que tomar el camino correcto a través del bosque de neuronas.




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