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agosto 31, 2024

El Zinc Es Esencial para el Cerebro – Un Oligo-elemento para Envejecer Bien



Un oligo elemento esencial en nuestra vida cotidiana 
Mineral esencial para envejecer bien y mantener una buena memoria


E
l zinc es un oligo elemento: una sal mineral presente en pequeñas cantidades en nuestro organismo. Sin embargo, es un micro-nutriente esencial que desempeña un papel vital en muchos de los procesos biológicos de nuestro cuerpo. Aunque a menudo no se le toma en cuenta, el zinc es esencial para la buena salud y el funcionamiento óptimo del organismo.



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El zinc es esencial en la formación de la corteza cerebral



Investigadores del Instituto de Investigación Interdisciplinaria de Grenoble (Irig) en un estudio, publicado en la revista Molecular Neurobiology en abril de 2019, observaron el número de átomos de este metal contenido en el cuerpo celular de una célula nerviosa de ratón: alrededor de 200 millones.

El zinc es un elemento metálico vital para todas las células del mundo eucariota – que incluye todos los organismos, unicelulares o pluricelulares, caracterizados por la presencia de un núcleo diferenciado rodeado de una envoltura nuclear y que contienen su material genético en forma de cromosomas lineales –, especialmente en las células cerebrales. La corteza cerebral del ratón se forma durante la embriogénesis, entre los días 11 y 17 de gestación.

El objetivo de los investigadores era comprender mejor cómo las células generadas durante la formación de la corteza adquieren y almacenan el zinc que necesitan para llevar a cabo sus funciones biológicas. Para ello, llevaron a cabo un análisis transcriptómico de alto rendimiento para describir la expresión de los genes implicados en el transporte y almacenamiento de zinc. También estudiaron el tamaño de los depósitos intracelulares de zinc en neuronas corticales cultivadas mediante microscopía de fluorescencia. Se pudo determinar el número de átomos de zinc contenidos en el cuerpo celular de una célula nerviosa: unos 200 millones.

La imagen "neuronas corticales" de ratones obtenidos por fluorescencia de rayos X que muestran la distribución intracelular de potasio y zinc. El diagrama de la derecha resume las principales etapas observadas durante la corticogénesis en ratones: hay un agotamiento progresivo en la corteza cerebral entre los días 11 y 17 de gestación.

Todos estos trabajos han permitido conocer mejor la cantidad y distribución del zinc a nivel celular y en todo el órgano, así como los actores moleculares implicados en su homeostasis. Los datos obtenidos permitirán analizar el metalotranscriptoma completo del ratón durante la formación del córtex.


El papel emergente del zinc en la depresión y la psicosis



Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York en un estudio, publicado en National Library of Medicine (NIH) en junio de 2017, constatan que la participación de zinc es esencial para todos los sistemas fisiológicos, incluyendo la función neuronal, donde está involucrado en una miríada de procesos celulares.

Los hallazgos clínicos, moleculares y genéticos convergentes aclaran las funciones clave para la homeostasis del zinc en asociación con la depresión clínica y la psicosis que aún no se aprecian bien en la interfaz clínica.



Capacidad del zinc para actuar como neuromodulador. Con la disminución del zinc disponible, se incrementa la actividad de los receptores metabotrópicos de glutamato y aumentan las reservas neuronales de calcio, lo que provoca alteraciones en la neurotransmisión glutamatérgica. Al mismo tiempo, la reducción del zinc disponible merma su capacidad para actuar directamente sobre el receptor de glutamato de tipo NMDA, lo que conduce a una sobreactivación.

La deficiencia intracelular puede deberse a niveles bajos de cinc circulante debido a una deficiencia dietética o a una absorción deficiente debida al envejecimiento o a afecciones médicas, incluido el alcoholismo. Una serie de fármacos administrados habitualmente a pacientes psiquiátricos, como los anticonvulsivantes, los medicamentos orales para la diabetes, las hormonas, los antiácidos, los antiinflamatorios y otros, también influyen en la absorción del zinc.

Además, las variantes genéticas ineficaces en las moléculas de transporte de zinc que transportan el ion a través de las membranas celulares dificultan su acción incluso cuando las concentraciones circulantes de zinc se encuentran dentro del rango normal.


Los estudios clínicos han demostrado los efectos beneficiosos de los suplementos de zinc en la depresión y es importante seguir investigando el uso del zinc como posible opción terapéutica también para la psicosis. Este estudio revisa la bioquímica y la base de pruebas sobre los posibles mecanismos moleculares del zinc como tratamiento psiquiátrico.

Dado que la investigación actual apoya el papel plausible del zinc en la reducción de los síntomas depresivos y psicóticos, la administración de suplementos de zinc puede reducir la cantidad de medicación psicotrópica necesaria, lo que llevaría a una mayor adherencia, menores costes y resultados más favorables. Debido a la heterogeneidad de las enfermedades mentales, es necesario afinar más el estudio de ciertos subconjuntos que se beneficiarían más de la suplementación con zinc. Está claro que se necesita más investigación para dilucidar el impacto del zinc en las afecciones neuropsiquiátricas.


Relación entre niveles bajos de zinc y depresión



Investigadores de la Universidad de Toronto en un estudio, publicado en la revista Biological Psychiatry en enero de 2014, afirman que las personas que sufren depresión tienen, en promedio, niveles más bajos de zinc en sangre que las que no están deprimidas.

Los estudios en animales muestran que la deficiencia de zinc puede inducir un comportamiento depresivo, que puede revertirse mediante la administración de suplementos de zinc. Por otra parte, ensayos clínicos preliminares han sugerido que la carencia de zinc puede provocar comportamientos depresivos y que la adición de zinc al tratamiento antidepresivo podría conducir a una mejora más rápida o eficaz de los síntomas depresivos.

Varios estudios (pero no todos) que han medido las concentraciones de zinc en sangre de personas con y sin depresión han sugerido que la depresión puede estar asociada a concentraciones más bajas en diversas muestras de población.

Para comprobar si los datos clínicos disponibles respaldan esta hipótesis, los investigadores llevaron a cabo un meta análisis de 17 estudios en los que participaron un total de 1.643 personas con depresión y 804 personas sin depresión. La edad media era de 37 años.

Las concentraciones de zinc eran, por término medio, 1,85 micromoles por litro más bajas en las personas con depresión que en los participantes de los grupos de control. Cuanto más grave era la depresión, mayores eran las diferencias en los niveles de zinc en comparación con los grupos de control.

Una relación causal entre los niveles de zinc y la depresión es biológicamente plausible, subrayan los autores. Aunque este tipo de estudio observacional no puede determinar el sentido de la causalidad. El zinc tiene propiedades antioxidantes, ayuda a mantener la homeostasis endocrina y la función inmunitaria, y desempeña múltiples papeles en la regulación de los circuitos cerebrales y la función cognitiva.

Por tanto, los cambios en el equilibrio del zinc podrían comprometer la neuroplasticidad y contribuir al deterioro neuropsicológico y psiquiátrico a largo plazo.

El zinc es muy importante para la función inmunitaria. Los niveles bajos en sangre también se han asociado a anomalías en el metabolismo de los ácidos grasos y los niveles de lípidos en sangre – colesterol, triglicéridos –, que podrían afectar a la función cerebral y los vasos sanguíneos. Los niveles bajos de zinc también se han asociado a enfermedades cardiovasculares, una comorbilidad frecuente de la depresión mayor.

Según los investigadores, a pesar de las limitaciones inherentes a los meta análisis – heterogeneidad, tamaño de los grupos – este estudio confirma la relación entre depresión y carencia de zinc. Las relaciones fisiopatológicas entre los niveles de zinc y la depresión, el valor potencial del zinc y los marcadores de depresión grave, y los posibles beneficios de la administración de suplementos de zinc en personas con depresión merecen un estudio más profundo.


El zinc es parte integrante de los canales de comunicación del cerebro



Investigadores del Instituto Salk de Estudios Biológicos de La Jolla, California, en un estudio, publicado en Structural Biology of Nature en enero de 1999, demuestran que el zinc es parte integrante de los canales iónicos, estructuras que regulan la comunicación entre las células nerviosas. Explican por qué la carencia de zinc se ha relacionado con trastornos cognitivos.

Los canales iónicos son importantes "guardianes" que regulan la entrada y salida en las células de iones como el calcio y el potasio. Su flujo es necesario para importantes procesos neuronales. El calcio circula por las células cerebrales y ayuda a iniciar los cambios que acompañan al aprendizaje. Se han detectado anomalías de los canales de potasio en algunos epilépticos y en personas con resistencia a la insulina y trastornos de la movilidad.

Los investigadores utilizaron cristalografía de rayos X para resolver las estructuras de cuatro canales de potasio de la babosa marina Aplysia. Los canales, denominados Shaw, Shab, Shal y Shaker, representan las cuatro clases de canales de potasio presentes en todos los organismos superiores, incluido el ser humano. A excepción del Shaker, todos los canales contenían cuatro átomos de zinc en posiciones similares.

Los neurocientíficos saben desde hace décadas que los colorantes que se unen al zinc tiñen las células cerebrales con patrones únicos, lo que indica que el zinc debe desempeñar un papel en la función cerebral, y los estudios han demostrado que el zinc puede mejorar el aprendizaje en niños desnutridos. Sin embargo, la naturaleza de la organización del zinc en el cerebro no era clara.



Los investigadores saben ahora que el zinc está integrado en estructuras absolutamente esenciales para la actividad de las células nerviosas. Es más, los aminoácidos que acunan los átomos de zinc se conservan completamente entre las tres clases de canales, lo que indica que durante la evolución ha habido una presión selectiva para mantener este zinc en su sitio.

Los cuatro tipos de canales de potasio de Aplysia estudiados tienen análogos en el sistema nervioso humano, por lo que los investigadores creen que sus estudios sobre el papel del zinc en la función de los canales de Aplysia son directamente relevantes para comprender su función en el cerebro humano.

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¿Cómo afecta al sueño una carencia de zinc?




El periodo de sueño se refiere al intervalo entre dos periodos de vigilia, cuando nuestro estado de conciencia es menos activo. Es una forma de descanso extremo, durante el cual todo nuestro cuerpo se encuentra en estado de vigilia: los músculos, el cerebro y, por tanto, el estado de alerta, e incluso los sentidos están parcialmente dormidos.

La función del sueño es, sobre todo, recargar las baterías de nuestro cuerpo, tanto físicas como mentales, para que pueda iniciar un nuevo ciclo de actividad cada día. Al reducir el ritmo metabólico, conserva la energía para vivir, sencillamente.

¿Cómo funciona el sueño?

Un sueño de buena calidad consiste en una sucesión de ciclos de unas dos horas de duración:

* El sueño de ondas lentas o no paradójico se compone de dos fases de sueño ligero, durante el cual seguimos siendo sensibles cuando nos despertamos y durante el cual la actividad cerebral disminuye progresivamente, y dos fases de sueño profundo, durante el cual nuestro metabolismo está completamente en reposo;

* El sueño REM corresponde al periodo de ensoñación, en el que la actividad cerebral y ocular se acelera.

Durante estas fases del sueño, nuestra temperatura corporal desciende, lo que ralentiza nuestro sistema digestivo y los neurotransmisores responsables de nuestros impulsos nerviosos.

Sin un sueño reparador, debilitamos nuestras defensas inmunitarias. Por suerte para nosotros, podemos tomar medidas gracias a una serie de nutrientes, como el zinc.

El zinc y el sueño


El magnesio, el hierro y las vitaminas, así como el zinc, son nutrientes que ayudan a regular el metabolismo. Como es durante el sueño cuando el cerebro se regenera, es en este momento cuando el zinc está más solicitado. Por consiguiente, la falta de zinc puede repercutir en la calidad del sueño.

Al igual que el magnesio, el zinc contribuye de alguna manera a la transformación de la melatonina, la hormona del sueño. Esta hormona se sintetiza principalmente por la noche, lo que la convierte en el centro de regulación de los ritmos cronobiológicos. Es secretada directamente en el cerebro, por la glándula pineal, cuando ya no hay luz. Así es como la melatonina desencadena el sueño. Por ello, se utiliza a menudo para tratar las dificultades del sueño.



Beneficios del zinc para la salud



El zinc y la salud inmunitaria

Una de las virtudes más reconocidas del zinc es su impacto positivo en el sistema inmunitario. El zinc es un elemento clave en el desarrollo y funcionamiento de las células inmunitarias. Estimula la producción de anticuerpos y linfocitos T, los guardianes de nuestro sistema inmunitario, potenciando así nuestra capacidad para combatir las infecciones.

El zinc y el crecimiento y desarrollo infantil


El zinc es especialmente crucial para el crecimiento y el desarrollo, sobre todo en niños y adolescentes. Desempeña un papel esencial en la síntesis de ADN, ARN y proteínas. Estos procesos son vitales para el crecimiento celular y la formación de nuevos tejidos. La carencia de zinc durante el crecimiento puede provocar retraso del crecimiento, problemas en el desarrollo sexual y retrasos cognitivos. Por eso es importante asegurarse de que los niños ingieren suficiente zinc en su dieta.


Zinc y salud mental

El zinc también está relacionado con la salud mental. Los estudios han sugerido que el zinc puede influir en la regulación del estado de ánimo y en la prevención de la depresión. Las investigaciones demuestran que las personas que sufren depresión suelen tener niveles de zinc inferiores a la media. Incluyendo alimentos ricos en zinc en su dieta o tomando suplementos bajo supervisión médica, podría mantener o mejorar su equilibrio psicológico.

El zinc y la salud ocular

El zinc también es beneficioso para la salud ocular. Se concentra en la retina, la parte del ojo responsable de percibir la luz y formar imágenes. El zinc desempeña un papel esencial en la prevención de enfermedades como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), que es una de las principales causas de ceguera en las personas mayores. Los estudios han demostrado que una ingesta adecuada de zinc puede reducir el riesgo de DMAE y otros problemas oculares relacionados con la edad. Además, el zinc favorece una visión nocturna óptima al mejorar la producción de melanina en las células de la retina.

El zinc y la salud de la piel

El zinc también influye en la salud de la piel. Este mineral desempeña un papel crucial en la regulación de la producción de sebo, la grasa natural de la piel. Una producción excesiva de sebo puede provocar problemas cutáneos como el acné. El zinc tiene propiedades antiinflamatorias y antibacterianas que ayudan a reducir la inflamación de la piel y previenen la aparición de granos.

Interviene en el proceso de división celular. Dado que nuestro cuerpo se regenera en parte mientras dormimos, el zinc interviene más en la fabricación de nuevas células durante la fase de sueño.

El zinc y la salud cardiovascular

Es un hecho poco conocido, pero el zinc también desempeña un papel en el área vital de la salud cardiovascular. En primer lugar, el zinc ayuda a mantener un equilibrio saludable entre el colesterol bueno (HDL) y el colesterol malo (LDL) en la sangre, lo que reduce el riesgo de enfermedades cardiacas. Un meta análisis demostró que la suplementación con zinc reduce considerablemente el colesterol total, el colesterol LDL y los triglicéridos. Además, el zinc contribuye a la salud de los vasos sanguíneos, en particular a la inflamación y la acumulación de placas en las arterias. Esto puede ayudar a prevenir la hipertensión arterial y reducir el riesgo de infartos de miocardio y accidentes cerebro-vasculares.

Zinc y salud ósea

Los huesos son la columna vertebral de nuestro cuerpo. El zinc desempeña un papel crucial en el mantenimiento de su salud. El 20% del zinc de nuestro cuerpo se encuentra en los huesos. El zinc estimula la mineralización ósea favoreciendo el depósito de calcio en los huesos.

En pacientes con reumatismo, se ha observado un descenso significativo de los niveles de zinc en los huesos y en la sangre, y existe una correlación entre este descenso de los niveles de zinc y la densidad ósea. La carencia de zinc puede provocar una disminución de la densidad ósea, lo que aumenta el riesgo de fracturas y osteoporosis.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que el zinc debe combinarse con otros nutrientes esenciales como el calcio, la vitamina D y el magnesio para garantizar unos huesos fuertes y sanos.


Causas de la carencia de zinc


Aunque las carencias graves son raras, hay que señalar que las carencias benignas de zinc son frecuentes y afectan hasta a un tercio de la población mundial. Estas carencias suelen ser el resultado de una dieta desequilibrada. Las dietas que abogan por evitar totalmente la carne y los productos lácteos, si se aplican mal, provocan ligeras carencias de zinc en los países occidentales. Lo mismo puede ocurrir con el consumo excesivo de cereales. Los cereales contienen sales de ácido fítico (fitatos) que reducen la absorción del zinc de los alimentos. Los fitatos están presentes de forma natural en las menestras, las semillas, las oleaginosas y, por supuesto, los cereales. Se encuentran en la cáscara de las semillas y contribuyen a su germinación. Por tanto, las semillas germinadas no contienen fitatos. Y una dieta vegana bien llevada no parece provocar carencias de zinc.

El tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y los alimentos muy procesados también pueden contribuir a la carencia de zinc.

Las personas mayores tienen dificultades para asimilar el zinc y son más propensos a la carencia de zinc que el resto de la población.

Por último, algunos medicamentos – cortisona e inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina – y ciertas enfermedades como la diabetes o las enfermedades intestinales crónicas – enfermedad de Crohn – limitan la asimilación del zinc alimentario.

El zinc se ingiere a través de la dieta, y el organismo necesita reponerlo constantemente para satisfacer todas sus necesidades.

Algunas personas son más propensas a desarrollar una carencia de zinc debido a una menor ingesta dietética, como los vegetarianos estrictos y los veganos, por ejemplo.

La mejor solución es empezar por reequilibrar la dieta. Tomar suplementos dietéticos ricos en zinc y altamente absorbibles por el organismo ayudará al cuerpo a reponer este oligo elemento, con el fin de reducir lo antes posible los signos de alerta de la carencia de zinc.

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Zinc, el oligo elemento para envejecer bien



Una población mayor con carencia crónica de zinc

Los intestinos de las personas mayores sólo absorben entre el 17 y el 20% del zinc de la dieta, frente al 30% de las personas más jóvenes; el 44% de las personas mayores de 65 años, que reciben menos del 50% de la ingesta de zinc recomendada, presentan carencias de este elemento.

Otra causa de deficiencia en las personas mayores es el uso prolongado de ciertos medicamentos que pueden interferir en la absorción del zinc, en particular los inhibidores de la bomba de protones (IBP) prescritos para las úlceras gástricas o la enfermedad por reflujo gastroesofágico.

El zinc, protagonista esencial en el funcionamiento de más de 300 enzimas, interviene en la mayoría de los metabolismos: proteínas, azúcares, grasas, equilibrio ácido-base, etc. Sus funciones fisiológicas son muy variadas. El zinc es un oligo elemento fundamental, cuya deficiencia, y más aún la carencia, tendrá consecuencias en numerosas funciones.

Las consecuencias de una carencia en las personas mayores y su suplementación


En el aparato digestivo

La carencia de zinc repercute en la integridad de la barrera intestinal, al alterar los enlaces entre las células, lo que puede provocar problemas gastrointestinales. Por ello, la suplementación con este elemento tiene un efecto protector.

En términos de inmunidad

Con la edad, el zinc disminuye progresivamente – lo que se conoce como inmunosenescencia, – un cambio relacionado en parte con la carencia de zinc. Los estudios demuestran que los suplementos de zinc para las personas mayores pueden reducir la incidencia de infecciones en casi un 66%.

El estrés oxidativo y sus consecuencias

El zinc tiene una potente acción antioxidante. Su carencia conlleva una mayor susceptibilidad al daño oxidativo de las membranas celulares y los tejidos; es un componente importante de las patologías relacionadas con la edad, en particular cardiovasculares. Al administrar suplementos a personas de edad avanzada durante varios meses, los investigadores han confirmado la reducción del estrés oxidativo, sobre todo en los vasos sanguíneos, y el efecto ateroprotector del zinc.

La degeneración macular o DMAE afecta a casi el 25% de las personas mayores de 65 años. Esta enfermedad también está relacionada con el estrés oxidativo en la retina.

Metabolismo óseo

El zinc es un cofactor esencial de las enzimas que intervienen en la síntesis de diversos componentes óseos y en la mineralización; también desempeña un papel estructural en la matriz ósea. La deficiencia de zinc se observa en personas con osteoporosis.

Funciones psicológicas, gusto y apetito

Presente en el hipocampo – sede de la memoria –, la amígdala – dedicada a las emociones – y en ciertas neuronas, el zinc es un elemento muy importante para el funcionamiento cerebral. En sujetos de edad avanzada, existen correlaciones entre concentraciones séricas más bajas y trastornos del humor e incluso depresión.

La carencia de zinc también provoca una pérdida del gusto, lo que puede conducir a una pérdida de apetito y a una reducción de la ingesta de alimentos en las personas mayores. Se establece un círculo vicioso: la ingesta de zinc es cada vez menos importante. Los suplementos de zinc estimulan el apetito y mejoran la pérdida de gusto, lo que permite contrarrestar estos efectos que comprometen la salud.

Piel y cicatrización de heridas

La piel contiene el 6% del zinc total del organismo, que es esencial para la síntesis de colágeno, el componente básico de todo tejido conjuntivo, y para el proceso de cicatrización, que tarda más con la edad. Se han realizado pocos estudios que demuestren la relación entre la administración de suplementos de zinc por vía oral y la aceleración de la cicatrización de las heridas en las personas mayores.

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Fuentes dietéticas de zinc


Los niveles de zinc son más elevados en productos animales como el queso, la leche, la carne, el pescado y los huevos, pero también hay fuentes vegetales de zinc: verduras frescas y menestras, semillas oleaginosas y cereales integrales.

Marisco: las ostras, los cangrejos y los mejillones están entre las mejores fuentes de zinc.

Carnes rojas (res) y menudencias: el hígado (ternera, cerdo o res) son ricos en zinc.

Frutos secos y semillas: las semillas de calabaza, sésamo y nuez de caju son buenas fuentes vegetales de zinc.

Menestras como las lentejas y los garbanzos.

Quesos duros y blandos (Gouda, Edam) y los huevos también son buenas fuentes de zinc absorbible.

El chocolate negro contiene el 35% de las Ingestas Dietéticas de Referencia Recomendadas.

Aunque se encuentra de forma natural en nuestra dieta, existen suplementos de zinc en forma de comprimidos para proporcionar al organismo los niveles que necesita. Como está presente principalmente como oligo elemento, siendo la cantidad en el organismo de unos 3 gramos, la suplementación con zinc es popular y a menudo se recomienda a vegetarianos y deportistas, aficionados al ZMB (Zinc, Magnesio y vitamina B6).


Signos de carencia de zinc

Una carencia leve de zinc puede no presentar síntomas evidentes o dar lugar a síntomas sutiles que no siempre son fácilmente atribuibles a la carencia. Unos niveles adecuados de zinc en el organismo pueden reducir la duración y la gravedad de los resfriados, la gripe y otras infecciones virales comunes. No obstante, he aquí algunos signos que pueden indicar una carencia leve de zinc:

Se siente cansado

El cansancio es un primer signo bastante común. No es específico de la carencia de zinc, pero debe tenerse en cuenta. Todos los signos enumerados anteriormente sugieren una carencia de zinc. Los afectados se sienten muy cansados. Su actividad cerebral se ralentiza, lo que a veces provoca fallos de memoria.

Su inmunidad está a media asta

¿Mala salud? ¿Se resfría con rapidez? Una carencia de zinc hace que el organismo sea más sensible. Una carencia de micronutrientes reduce las respuestas inmunitarias innatas, por lo que ya no son adecuadas. Esto debilita. El zinc actúa como antioxidante: ayuda a proteger las células contra el estrés oxidativo.

Pérdida de apetito

La pérdida de apetito es uno de los signos reveladores de una carencia de zinc para la que todavía no se ha encontrado una explicación real. Se han propuesto varias hipótesis para explicarlo. Una de ellas es que esta carencia aumenta la masa de alimentos no digeridos en el intestino, lo que es responsable de la pérdida de apetito. Se produce un círculo vicioso: cuanto menos comemos, mayor es la carencia de zinc, menor nuestro apetito, y así sucesivamente. Además, el zinc es una coenzima esencial para la producción de proteínas. Contribuye a la síntesis normal de proteínas. La gustin es la proteína de las papilas gustativas y también depende del zinc.

Se le cae el pelo, tiene las uñas quebradizas o la piel descamada

El zinc es un oligo elemento que ayuda a mantener en condiciones normales los huesos, la piel, las uñas y el cabello. El pelo y las uñas comparten una composición común, que incluye una proteína llamada queratina. El zinc está presente en altas concentraciones en la epidermis, ya que es útil para la diferenciación de los queratinocitos. La carencia de zinc hace que el pelo sea fino y quebradizo, y es una de las causas de la caída del cabello. Del mismo modo, una carencia de este oligo elemento hará que las uñas se vuelvan quebradizas o estriadas. También pueden aparecer manchas blancas en las uñas. En la piel, y más concretamente en la epidermis, puede producirse una descamación importante: la piel se pela. La calidad de la piel se ve afectada, a veces con acné.

No está de buen humor y su estado de ánimo le juega malas pasadas

Las personas con una carencia de zinc son más propensas a experimentar una bajada de ánimo, cambios de humor, etc. Aún no se sabe hasta qué punto esa carencia repercute en el estado de ánimo y la moral. Las últimas hipótesis están relacionadas con la actividad antioxidante del zinc. Se cree que este mineral interviene en las funciones emocionales y cognitivas. El zinc contribuye a una función cognitiva normal. Actúa sobre los circuitos del glutamato, un neurotransmisor que interviene en los circuitos de recompensa del cerebro.

Tiene dificultades para concebir

El zinc interviene en numerosos procesos biológicos y desempeña un papel fundamental en el buen funcionamiento del organismo. En particular, interviene en la fertilidad de la pareja. El zinc es un oligoelemento que contribuye a:

* la fertilidad y la reproducción normales

* el mantenimiento de niveles normales de testosterona en la sangre.

Mala cicatrización

Cuando se hace daño, las heridas tardan más en cicatrizar. Una carencia de zinc debilita el proceso de cicatrización. El zinc interviene en el proceso de división celular y contribuye a la síntesis normal de proteínas. Y es gracias a la división celular que nuestros tejidos (piel, mucosas, etc.) se desarrollan y renuevan, pero también se reparan y cicatrizan mejor.


Necesidades diarias de zinc


El cuerpo contiene entre dos y cuatro gramos de zinc, la mayor parte del cual se encuentra en los huesos, la piel y el pelo. Sin embargo, el cuerpo no puede producir zinc por sí mismo; debe ingerirse con los alimentos.

La dosis diaria recomendada de zinc es de 11 mg para los hombres y las mujeres embarazadas, y de 8 mg para las mujeres, incluida la contenida en los alimentos. Una persona que goce de buena salud y siga una dieta equilibrada no suele tener problemas para cubrir sus necesidades de zinc a través de los alimentos. Los alimentos que contienen cafeína reducen la absorción de zinc por el intestino. En cambio, la vitamina C aumenta la absorción de zinc.

Los suplementos de 15 mg/día para los adultos y de 7,5 mg/día para los niños mayores de 10 años no presentan riesgos. La dosis máxima diaria que no debe superarse es de 40 mg para un adulto.

El zinc se propone para mejorar las defensas naturales, aumentar la fertilidad, prevenir la degeneración retiniana asociada a la edad (DMAE) y tratar el acné y los resfriados. Resulta que el zinc es aún más eficaz cuando se combina con probióticos, que ayudan a mantener una buena salud reforzando el sistema inmunitario.

Precauciones al tomar suplementos de zinc

Paradójicamente, tomar suplementos de zinc durante un periodo prolongado (más de 3 meses seguidos) puede provocar un descenso de la inmunidad y una carencia de cobre. Los efectos indeseables pueden incluir dolores de cabeza, sabor metálico en la boca o dolor intestinal.

Los suplementos de zinc deben tomarse al menos dos horas antes o después de los complementos alimenticios que contengan hierro, antibióticos de la familia de las ciclinas y quinolonas, tratamientos contra la osteoporosis (calcio) y medicamentos destinados a neutralizar la acidez estomacal.




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diciembre 31, 2023

Conciencia y Cerebro – ¿Hay Vida Después de la Muerte?





¿Cuál es la diferencia entre el cerebro y la conciencia?

Si se considera que el cerebro es un simple sistema de procesamiento de información, la conciencia es lo que impulsa su funcionamiento. Hay propiedades de la materia que los científicos aún no han descubierto y que podrían explicar el fenómeno de la conciencia.


La conciencia

¿Cómo da lugar el cerebro, una compleja estructura biológica, a esa experiencia íntima conocida como conciencia? La investigación aún no es capaz de explicar físicamente la conciencia.

La etimología latina de la palabra conciencia, "cum scientia", significa "conocer con", saber que conocemos. Así que cuando soy consciente del dolor, también soy consciente de sentirlo: ser consciente de algo es también ser consciente de ser consciente de ello. Ser consciente es darse cuenta de lo que percibimos y dar sentido a esas percepciones.

Definición


La conciencia es un estado multidimensional que se refiere a la capacidad de un individuo para acceder a información memorizada o a un estado mental. Está vinculada al procesamiento integrado de información procedente de distintos canales (acústico, visual, táctil, etc.) y a la transmisión de la información seleccionada a procesos cognitivos basados en capacidades perceptivas, atencionales, mnésicas (relacionadas con la memoria), emocionales y evaluativas.

La activación y la interacción entre los niveles funcionales constituidos por estas habilidades crean la conciencia, un sistema dinámico finalizado que produce interpretaciones e intencionalidades.


El término conciencia se refiere a tres realidades distintas:

* Conciencia moral: ser consciente de los propios actos;
*  La conciencia como despertar: estar presente en la realidad;
*  la conciencia como conocimiento: en oposición a la ignorancia.

El concepto de conciencia abarca tres situaciones distintas:

*  La autoconciencia se refiere a la capacidad de reflexión que caracteriza a la subjetividad;

*  la conciencia objetal se refiere a la capacidad del sujeto para representarse cosas externas;

*  la conciencia moral se refiere a una capacidad que ya no es teórica.


Fenómenos de la conciencia

En el nivel subjetivo, la conciencia se manifiesta a través de diversos fenómenos:

*  Sensaciones y emociones

*  Memorias diversas: memoria procedimental (hábitos y carácter), memoria semántica y memoria episódica.

La conciencia suele entenderse desde dos ángulos:

*  El nivel de conciencia, que se refiere a la vigilia o a la atención;

*  el contenido de la conciencia, que se refiere a la percepción consciente de la información sensorial interna y externa, los pensamientos, las decisiones o la metacognición (evaluación del propio conocimiento).

Estos dos aspectos están conectados y varían a lo largo de una continuidad. La riqueza del contenido consciente suele observarse en la fase de vigilia (a excepción de los sueños, por ejemplo).


Los diferentes niveles de conciencia

Conciencia de acceso


Es la conciencia del entorno
. Se refiere a la capacidad de crear representaciones mentales que pueden utilizarse para llevar a cabo acciones o pensamientos controlados racionalmente. En otras palabras, hace que la información rica y flexible sea accesible para el procesamiento cognitivo. Por ejemplo, permite crear "mapas mentales", como en el caso de un perro que marca su territorio. El significado funcional de este tipo de conciencia es distinto del aspecto cualitativo de otros estados de conciencia. Según esta definición, la conciencia puede extenderse a los invertebrados, como los insectos sociales o los cefalópodos (pulpos, etc.).


Conciencia fenoménica

Es la experiencia subjetiva y cualitativa – qualia – de las propiedades del entorno: la hierba es verde, la manzana es redonda, la flor es dulce, el trueno hace ruido, etc. Se refiere a la "sensación": sentimientos, percepciones, pensamientos, deseos y emociones, pero no a la cognición ni a la intencionalidad ni a lo que podría codificarse en un programa informático.

La conciencia de acceso (A) y la conciencia fenoménica (P) pueden interactuar, pero una puede existir sin la otra: los animales pueden tener P sin A, y un robot podría tener A pero no P.

A priori, esto no es suficiente para afirmar que un individuo es 'consciente', porque también requiere una experiencia cognitiva compleja (A). Todo ello permitiría ser consciente de una representación mental en un "espacio de trabajo global" (global workspace) que integra información de memoria, atencional y de control ejecutivo.

Auto conciencia

La conciencia va acompañada de recuerdos, sentimientos, juicios, sensaciones y conocimientos que relacionamos con una realidad interior a la que llamamos yo. Esta conciencia se denomina auto conciencia y está estructurada por la memoria y la comprensión.

En este sentido, es una unidad sintética que subyace a todo nuestro comportamiento voluntario. Los elementos que contiene – recuerdos, sentimientos, juicios – dependen de un contexto cultural, lo que hace de la auto conciencia una realidad empírica cambiante y múltiple. Por tanto, la unidad y la permanencia del yo no están garantizadas por la unidad, tal vez sólo nominal, de la conciencia.

Las cuestiones sobre el modo de existencia de la conciencia, la mente o el alma son tan antiguas como la propia filosofía. A lo largo de los siglos, la gente se ha preguntado cómo explicar estos fenómenos: ¿qué los causa? ¿El cuerpo? ¿Otra sustancia? ¿La unidad de cuerpo y mente?


¿Cómo podemos definir y localizar la conciencia?

Los avances en neuroimagen nos han hecho creer que la respuesta está al alcance de la mano. Sin embargo, a los científicos aún les falta la respuesta.

Hace más de tres mil millones de años aparecieron las primeras células procariotas (microorganismos unicelulares sin núcleo), la base misma de la vida. Hoy, el cerebro humano contiene más de cien mil billones de conexiones sinápticas.

Tomemos como ejemplo una célula viva, una célula de su cuerpo. Su existencia se rige por un mecanismo sin sentido. En cierto modo, es como un micro-robot con mucha autonomía, pero sin más conciencia que la levadura. En otras palabras, sea lo que sea esta célula y venga de donde venga, ni sabe ni le importa quién es usted. ¿Y qué es usted, a fin de cuentas, sino un conjunto de miles de millones de miles de millones de células de este tipo?

Mientras tanto ha surgido la "capacidad de pensar y de sentir, de amar y de odiar, de temer y de esperar, de sacrificarse y de venerar, de imaginar y de crear"... En resumen, una conciencia. Cien kilos de levadura no se maravillan ante un cuadro de Braque; usted sí, y sin embargo está formado por células que, en el fondo, son del mismo tipo que esas células de levadura, con la diferencia de que realizan tareas diferentes.

¿De dónde viene la conciencia?

Hoy, la neurociencia cognitiva retoma estas viejas preguntas en un intento de dar respuestas basadas en la experimentación. Su principio básico es que a cada "estado mental" – un estado subjetivo experimentado – le corresponde un "estado neuronal" – una configuración observable y objetiva del cerebro –. Su programa de investigación consiste en identificar los correlatos neuronales de la conciencia, es decir, los procesos físicos que acompañan a una determinada manifestación de conciencia.

La neurociencia ha progresado desde los años noventa. Ahora es posible identificar el flujo sanguíneo que alimenta la actividad neuronal mediante imágenes de resonancia magnética funcional, insertar electrodos que detectan los impulsos eléctricos emitidos por neuronas individuales o monitorizar las ondas electromagnéticas que barren el cerebro mediante electroencefalogramas...

Desde esta perspectiva, el estudio de los procesos de la visión ha sido especialmente fructífero, dando lugar a numerosos estudios, entre los que destaca uno especialmente interesante sobre lo que se ha dado en llamar "visión ciega". Los sujetos que sufren determinadas lesiones en la corteza visual primaria tienen ciertas partes de su campo visual completamente oscurecidas. Sin embargo, si se les presenta una señal luminosa en esas zonas y se les pregunta sobre la presencia o ausencia de luz, en la mayoría de los casos "aciertan". En otras palabras, han visto la señal luminosa, pero sin tener conciencia perceptiva de ella. Han visto sin ver. Este experimento de "visión ciega" parece llevar a la conclusión de que hay regiones en el cerebro que son necesarias para que surja la conciencia, pero que son independientes de las estructuras que transmiten las señales "en bruto". En este caso, la información visual sí llegaba a los primeros relés subcorticales, pero permanecía desconectada de la corteza visual primaria, lo que la privaba de acceso a la conciencia perceptiva. El estudio de la percepción visual demuestra así una correlación significativa entre la actividad de determinadas regiones cerebrales y la conciencia perceptiva.

¿Se puede localizar la conciencia?

En términos más generales, muchos investigadores han propuesto localizaciones cerebrales para la conciencia: áreas visuales del córtex, el hipocampo, enlaces entre el tálamo y el córtex.

El estudio de la conciencia en dos planos distintos presenta dificultades: explicar qué se siente al ser uno mismo.

El "problema fácil" es encontrar los procesos cerebrales que subyacen a fenómenos como la percepción, la memoria y la atención. Y el 'problema difícil' es el que surge del aspecto fenomenológico de la conciencia.

Pero una cosa es identificar los circuitos y procesos cerebrales asociados a los fenómenos mentales y otra muy distinta explicar el hecho mismo de ser consciente, la experiencia subjetiva de la conciencia.

Así que no se trata sólo de identificar los circuitos nerviosos que nos permiten, por ejemplo, estar informados del dolor en el pie (un problema fácil), sino de explicar cómo surge la impresión subjetiva del dolor.

El acceso a las percepciones en su forma consciente sólo es posible desde el punto de vista de la primera persona, tal como las siento, mientras que lo que la ciencia describe, las configuraciones neuronales, sólo son accesibles desde el punto de vista de un tercero, un observador exterior, tal como las ve.

Este contenido subjetivo de la experiencia mental, la "sensación en bruto" de la experiencia de la vida y del mundo, única para cada individuo y por tanto incomunicable, es lo que llamamos qualia – y es su naturaleza elusiva lo que plantea el problema. Por ejemplo, podemos explicar el dolor, sus mecanismos neurológicos y sus funciones evolutivas... pero también podemos explicar lo que se siente al sentir, un aspecto fenoménico que se resiste a cualquier reducción funcional. Por tanto, el dolor tiene una propiedad física, pero también una propiedad consciente, la sensación de dolor: la materia tiene un "dualismo de propiedades".

La conciencia plantea a los neurocientíficos cognitivos un grave problema en la ecuación que resume su planteamiento: todo estado mental – percibido y subjetivo – tiene un estado neuronal correspondiente, un estado físico del cerebro que se puede observar y medir.

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¿Hay vida después de la muerte?



Desde hace varios siglos, la ciencia se sustituye progresivamente a la religión para explicar los grandes mecanismos de la vida. Reproducción, evolución, enfermedad, herencia, envejecimiento: una a una, las cartas se van desvelando y se unen para formar un castillo de improbable complejidad. Pero el edificio se eleva cada vez más a pesar de un evidente problema de cimientos: los dos mayores misterios de la humanidad siguen sin explicación. ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué nos depara la muerte? No lo sabemos. Y es esta falta de conocimiento lo que lleva a miles de millones de personas a seguir creyendo en Dios.

Cifras edificantes que atestiguan la impotencia de la ciencia ante ciertos fenómenos inquietantes.

Las experiencias cercanas a la muerte (ECM)

En todo el mundo, millones de personas relatan historias increíbles en las que se encuentran en un estado de muerte clínica y recuperan milagrosamente la consciencia. Una luz blanca al final de un túnel, seres luminosos, una vida que pasa intermitentemente, un bienestar intenso, la sensación de abandonar el propio cuerpo... Los relatos son todos iguales. Más allá de culturas, edades y creencias, la secuencia de acontecimientos de la experiencia sigue siendo sorprendentemente coherente. Se dice que estas personas que parecen regresar del más allá tienen una experiencia cercana a la muerte.

Y estos rasgos comunes que se encuentran en la mayoría de las ECM han sido estudiados por una serie de investigadores que ahora se toman estos testimonios muy en serio. Hay que decir que los avances en reanimación han provocado una explosión en el número de ECM, y ahora es difícil acusarlos a todos de charlatanes. Tanto más cuanto que entre ellos figuran eminentes científicos como el profesor de neurocirugía Eben Alexander, que cambió radicalmente de opinión tras experimentar él mismo una, y el doctor Raymond Moody, que ha escrito un libro sobre el tema basándose en testimonios recogidos en su hospital.

Este flashback tomó la forma de imágenes mentales, digamos, pero eran mucho más vívidas de lo normal. Sólo volvía a ver los momentos importantes. Era como hojear el libro de toda mi vida en cuestión de segundos. Se desplegaba ante mí como un hilo prodigiosamente acelerado. Todo ello permitiéndome verlo y comprenderlo todo.” Este es uno de las docenas de testimonios de la colección del Dr. Moody. Y todos tienen ese tinte ligeramente místico que fascina tanto como deja perplejo.

¿Por qué plantean problemas estas experiencias?

El primer problema que plantean las experiencias cercanas a la muerte es la propia definición de muerte. Algunas de las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte han sido declaradas muertas por la profesión médica. Sin embargo, si consideramos, como indican las teorías científicas materialistas actuales, que la conciencia está inextricablemente ligada al cuerpo humano, el fenómeno descrito por estas personas es totalmente imposible. O bien estas personas no están realmente muertas, o bien el paradigma científico dominante de nuestro tiempo está equivocado. En cualquiera de los dos casos, hay algo que se nos escapa.

¿En qué momento puede un equipo médico decir que una persona ha muerto? Es una pregunta que puede parecer obvia, pero las respuestas difieren de una época a otra y de una cultura a otra. Durante siglos, el único criterio de muerte utilizado por los médicos era el cese de la actividad cardiaca y respiratoria, es decir, la parada cardiorrespiratoria. Era un criterio extremadamente legible, lleno de sentido común y que validaba nuestras representaciones colectivas de la muerte.

Pero con los avances de la medicina, hemos conseguido "resucitar" a personas que se creían definitivamente muertas. Y las fronteras de la muerte han tenido que retroceder. No, las personas en parada cardiorrespiratoria no están necesariamente muertas. El soporte vital avanzado, los respiradores artificiales y los desfibriladores han demostrado que el cerebro a veces es capaz de recuperarse y recuperar el control de las funciones vitales.

Hoy en día, en Francia sólo se puede declarar la muerte si se cumplen 3 criterios:

* Ausencia total de consciencia y de actividad motora espontánea.

* La abolición de todos los reflejos del tronco encefálico.

* Ausencia de respiración espontánea.

Los médicos se basan en pruebas y observaciones para certificar que se cumple cada criterio. Pero uno de estos criterios plantea interrogantes. ¿Qué sabemos realmente de la conciencia cuando la propia comunidad científica se esfuerza por establecer una definición unánime? ¿Y sería necesario demostrar que algunas personas carecen de ella? En caso de duda, el médico recurre a un examen que mide la actividad eléctrica del cerebro: el electroencefalograma (EEG). Se colocan electrodos en el cuero cabelludo del paciente y el aparato de registro convierte los impulsos eléctricos en trazos gráficos. Si el trazo obtenido es plano, se considera que ya no hay actividad eléctrica en el cerebro y que hay ausencia total de conciencia. Un segundo electroencefalograma confirmará un poco más tarde que la ausencia de conciencia observada es irreversible. El método parece infalible.


Un estudio publicado en la revista PLOS ONE en 2011 lo ha puesto en duda. Investigadores de la Universidad de Montreal lograron demostrar que podía producirse una actividad cerebral desconocida en personas comatosas que mostraban un electroencefalograma plano. Estas ondas eléctricas insospechadas, conocidas como "complejos Nu", acabaron con la creencia dogmática de que más allá de un electroencefalograma plano no había actividad cerebral posible. Esto demuestra que el cerebro es capaz de sobrevivir a un estado de coma extremadamente profundo. Sobre todo, esto demuestra que aún no tenemos una concepción clara de la muerte. Intentamos interpretar los signos fisiológicos que somos capaces de detectar.


¿Cómo se interpretan científicamente estas experiencias?

El cerebro es un órgano fundamental del cuerpo humano. Es el órgano de la mente. Para funcionar, necesita un suministro constante de oxígeno y glucosa. Cuando se le priva de uno de estos dos elementos, bloqueando la respiración o la circulación sanguínea, sus funciones se ven rápidamente perjudicadas. Y esto es exactamente lo que ocurre en caso de infarto: el corazón ya no es capaz de distribuir la sangre al cerebro, que se ve entonces cruelmente privado de oxígeno.

Pero, ¿qué ocurre entre la parada del corazón y el apagón definitivo del cerebro? ¿Es durante este intervalo de tiempo cuando se produce la experiencia cercana a la muerte? ¿Cuánto tiempo puede transcurrir entre ambos acontecimientos? Hasta hace unos años, los investigadores estimaban que el cerebro se detenía unos quince segundos después de que lo hiciera el corazón. Pero en 2013, un experimento realizado con ratas demostró que el cerebro seguía registrando actividad 30 segundos después de la parada cardiaca. Y que esta actividad reflejaba un estado de vigilia especialmente intenso. Varias publicaciones, entre ellas el famoso estudio AWARE, sitúan ahora en 3 minutos el periodo durante el cual es posible un estado de consciencia a pesar de la parada cardiaca, incluso cuando no hay actividad eléctrica. El cerebro no se detiene cuando el corazón deja de latir. Al contrario, aumenta su actividad. Se esfuerza. Para los científicos materialistas, es durante este periodo cuando se produce la IME.

Privado de oxígeno, el cerebro hace todo lo posible para hacer frente a este drama biológico sin precedentes. Intenta regular la comunicación entre las células, que se ha vuelto difícil, liberando masivamente glutamato, una sustancia muy activa en la memoria. Y para contrarrestar la alteración de los niveles de calcio provocada por el exceso de glutamato, el cerebro también produce una sustancia similar a la ketamina, conocida por sus efectos alucinógenos y su capacidad para desconectar los sentidos. Pero la parte del cerebro con más probabilidades de verse implicada en una IME son los lóbulos temporales, conocidos por su papel en la epilepsia, las emociones intensas, el recuerdo de la memoria y la despersonalización. Su lenta agonía formaría parte activa de la experiencia. Existe una explicación para el propio túnel: la excitación aleatoria de la corteza visual produce un efecto de luz brillante en el centro del campo visual y un desvanecimiento hacia la oscuridad en la periferia.

Y lo que se desprende de estas teorías es que la muerte no es un acontecimiento único, sino un proceso que se desarrolla en varias etapas. Varias etapas durante las cuales se producen fenómenos neurobiológicos relacionados con la conciencia, los recuerdos y las percepciones del pasado. Fenómenos sobre los que aún no sabemos casi nada.

¿Es realmente válido el paradigma materialista de la conciencia?

Algunos investigadores no suscriben la concepción materialista dominante de la conciencia. Para ellos, estos experimentos demuestran que la conciencia está indudablemente desligada del cuerpo humano. Son los dualistas.

Creen, como el investigador Pim van Lommel, que el cerebro puede no ser más que un receptor, como un televisor que retransmite los programas que recibe. Los dualistas esgrimen dos argumentos principales contra los materialistas. Alrededor del 20% de las personas reanimadas tras un infarto declaran haber tenido una experiencia cercana a la muerte. Esta pequeña proporción no es compatible con la tesis materialista. Con una explicación puramente fisiológica como la anoxia cerebral para la experiencia cercana a la muerte, la mayoría de los pacientes que han estado clínicamente muertos deberían informar de la experiencia.

Pero podría ser que una proporción mucho mayor de personas tuviera experiencias similares pero no las recordara. Esto es precisamente lo que les ocurre a miles de personas que sufren grandes traumas, como un accidente de coche o una caída desde una pared de escalada. Registran el trauma, pero se vuelve momentánea y a veces permanentemente inaccesible. Hay una estadística que refuerza este argumento en contra. Cuanto más jóvenes son los sujetos, mayor es la incidencia de las experiencias cercanas a la muerte: del 85% en los niños, la cifra desciende al 48% en las personas de cuarenta años y al 18% en los mayores de sesenta. Y también sabemos que la capacidad de evocar un recuerdo disminuye con la edad... Así que es posible que todos experimentemos este tipo de fenómenos cuando nos acercamos a una muerte inminente.

Otro punto plantea un problema a los dualistas. Los materialistas han conseguido más o menos explicar las diversas sensaciones de la IME excepto una de ellas. ¿Cómo, cuando la ausencia de actividad eléctrica cortical parece imposibilitar toda percepción sensorial, pueden los "experimentadores" (personas que han tenido una experiencia cercana a la muerte) oír y ver a las personas que les rodean? Algunos de ellos afirman incluso tener mayores posibilidades de conciencia de las que están acostumbrados, como moverse en el espacio fuera de su cuerpo y tener acceso a información inaccesible desde su punto de vista corporal.

Muchos investigadores han conseguido reproducir experiencias extracorpóreas estimulando determinadas zonas del cerebro, como la circunvolución angular o el lóbulo temporal derecho. Pero ninguno de ellos ha logrado reproducir la mediumnidad de la que a veces hablan las personas. Los investigadores dualistas han llevado a cabo un estudio destinado a atestiguar los poderes clarividentes de los experimentadores durante las IME. Puesto que afirman poder ver sus cuerpos desde una fuente exterior cuando son declarados clínicamente muertos, deberían poder ver objetos particulares dispersos por la habitación y alrededor del cuerpo. Así, los investigadores colocaron fotos, recuerdos y objetos de valor sentimental sin que ninguno de los experimentadores mencionara su presencia en sus relatos.

¿Están imaginando otra escena basada en las últimas mediciones sensoriales que pudieron tomar? Si es así, ¿por qué sus relatos coinciden con los de los médicos? ¿Podría tratarse simplemente de una coincidencia?

No sabemos la verdad. La ciencia no tiene verdad. Como ha dicho el filósofo Edgar Morin, "no hay ninguna verdad que sea científica, hay verdades provisionales que se suceden, donde la única verdad es aceptar esta regla y esta investigación". Y hoy, la verdad provisional pertenece a los materialistas.

¿Por qué son tan religiosas las IME?

Indudablemente, en las historias, leyendas y creencias del mundo encontramos los temas del abandono del cuerpo, la ascensión, los túneles y la luz deslumbrante, y los reencuentros con presencias humanas en el momento de la muerte. Y, una vez más, aparecen similitudes.

¿Son estas representaciones colectivas y simbólicas las que influyen en las experiencias de las personas al borde de la muerte? ¿Han sido los mitos en los que se han impregnado desde la infancia los que han dado forma a sus interpretaciones de la experiencia?

¿O es al revés? ¿Han podido las experiencias ancestrales de los que viven experiencias cercanas a la muerte crear un conjunto independiente de creencias en todos los rincones del planeta? ¿Fueron sus historias las que alimentaron las leyendas que aún hoy se cuentan y que se reflejan en textos sagrados y miles de obras de arte?

Ambas teorías son posibles y, desde luego, no incompatibles. Sobre todo porque las IME ya existían en la antigüedad. Los antiguos griegos las llamaban "Deuteropotmos", mientras que los tibetanos se referían a los muertos que habían regresado del paraíso para contar sus historias como "Las Dog". Y al igual que en nuestra época, las personas que relataban el mismo tipo de experiencia, con el mismo tipo de sensaciones, tenían grandes dificultades para ser creídas. Pero algunos lo fueron, y se contaron algunas de las historias más legendarias...

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¿Sigue viva la conciencia después de la muerte?



Sí, la supervivencia de la conciencia después de la muerte es obvia y está respaldada por la investigación científica de los últimos 45 años sobre las "experiencias perimortales". Se trata de experiencias que ocurren justo antes, durante y después de la muerte.

La vida después de la muerte estudiada por los investigadores

A lo largo de la historia, la muerte se ha considerado en términos de una convención social según la cual había una línea entre la vida y la muerte y que, una vez cruzada, no había vuelta atrás.

En los últimos 60 años, esto se ha puesto en duda porque el descubrimiento de la reanimación cardiopulmonar ha devuelto la vida a ciertas personas que, desde un punto de vista biológico, habían entrado en la muerte.

Los científicos basan sus análisis en los testimonios de personas que han tenido diferentes experiencias de la muerte.

Sin embargo, un estudio científico sin precedentes acaba de demostrar que la conciencia de una persona no se apaga inmediatamente cuando el corazón deja de latir y ha demostrado que experiencias como ver la propia vida pasar ante los ojos o tener la sensación de abandonar el propio cuerpo son distintas de las alucinaciones. Son más reales de lo que creíamos.

Vida después de la muerte: ¿mito o realidad?

El estudio realizado por la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York (NYU), presentado en las recientes Sesiones Científicas 2022 de la Asociación Americana del Corazón en Chicago, descubrió que una de cada cinco personas que sobreviven a la reanimación cardiopulmonar (RCP) tras una parada cardiaca puede describir experiencias de muerte lúcida ocurridas mientras estaban aparentemente inconscientes y sin latido cardiaco.

Aunque los médicos siempre han dado por sentado que la actividad cerebral es escasa o nula tras unos 10 minutos de parada cardiaca, este estudio demostraría lo contrario. Hay signos de actividad cerebral normal o casi normal hasta una hora después de la reanimación.

Los investigadores no sólo pudieron mostrar los marcadores de la conciencia lúcida, sino también que estas experiencias son únicas y universales. Son diferentes de los sueños, las ilusiones y los delirios.

En el estudio participaron 53 pacientes que habían sobrevivido a una parada cardiaca en 25 hospitales, principalmente de Estados Unidos y el Reino Unido. Casi el 40% de ellos afirmaron tener recuerdos de lo que había sucedido mientras estaban "muertos".

Hay un arco narrativo en las personas que tienen una experiencia cercana a la muerte. Su conciencia se vuelve más nítida, vívida y aguda; la experiencia más común sería un estado de conciencia de 360 grados del espacio que rodea a la persona en parada cardiaca.

En la muerte, tienen la percepción de que se separan de su cuerpo y entonces pueden moverse. Pero están en esta sala del hospital y están recogiendo información. Tenían la sensación de estar plenamente conscientes.

El estudio también confirmó que algunas personas ven su vida pasar ante sus ojos. De un modo u otro, al morir, toda su vida pasa a primer plano. Es una reevaluación profunda, útil y significativa de sus vidas. Se trata de un fenómeno universal que ocurre en todo el mundo, aunque cada experiencia es única en sí misma.

Los científicos concluyen que no se trata de alucinaciones. Son experiencias muy reales que ocurren en la muerte.

Investigación sobre la continuidad de la conciencia después de la muerte

"Esta vida... y más allá". Estudio publicado por Christophe Fauré en enero de 2023. Experiencias cercanas a la muerte (ECM), experiencias de muerte compartida, ECMV (experiencias subjetivas de contacto con el difunto), estados de conciencia elevada en el umbral de la muerte... Ciertos fenómenos humanos parecen contradecir la idea de que la conciencia es simplemente un producto de nuestro cerebro. En la comunidad científica son muchos los que cuestionan este supuesto.

Para abordar la hipótesis de la continuidad de la conciencia después de la muerte, Christophe Fauré se basa en todos los estudios científicos, cada vez más numerosos, y combina su visión de médico en una unidad de cuidados paliativos – donde abundan los testimonios de estos fenómenos – con su conocimiento de las tradiciones espirituales (budista, hinduista) que tienen un discurso extremadamente preciso sobre la naturaleza de la conciencia que se hace eco de lo que nos enseña la física cuántica.

Escrito por un médico, su estudio reconfortará no sólo a quienes acompañan a un ser querido al final de la vida y a los deudos, sino también a todos nosotros, tan universal es esta cuestión.

Otra vida nos espera

Las personas que relataron sus experiencias no fueron traídas de vuelta de la muerte, sino que fueron salvadas en un punto muy cercano a la muerte. Por tanto, nadie puede afirmar que sean indicativos de lo que nos espera a todos en la fase final de la muerte. Pero pueden darnos una idea de lo que nos espera antes de ese fatídico momento, y todo apunta a una vida después de la vida.

Una vida que rememora los recuerdos de la primera, al tiempo que recurre a nuestras facultades sensoriales, perceptivas e imaginativas. Una vida interior que saca a la luz temporalidades distintas de nuestra confrontación con el mundo exterior. Y esta vida no sería necesariamente corta, sino simplemente libre de tiempo.

El tiempo no existe como tal. Son las cosas y su flujo los que hacen tangibles el pasado, el presente y el futuro, como explica Aristóteles. El reloj mental que llevamos dentro, que marca la regularidad del paso del tiempo y hace posible su existencia, parece volverse loco en determinadas situaciones muy concretas. Muchas personas han declarado que el tiempo se detiene cuando creen que se están muriendo. Los pocos segundos que transcurren entre la anticipación de una colisión con un vehículo y la colisión en sí durarían una eternidad. Algunos autores han demostrado que esta impresión de cámara lenta se debe al funcionamiento de nuestra memoria. Ante un acontecimiento potencialmente mortal o muy inesperado, nuestra memoria registra toda la información posible para que sea más fácil evocar recuerdos que se parezcan a la situación fatal y nos permitan sobrevivir a ella. Es esta grabación masiva de información la que nos da la ilusión de que el acontecimiento durará más tiempo. Y como no hay nada más fatal o inesperado que la propia muerte, cabe suponer que el tiempo se dilata aún más a medida que nos acercamos a ella, lo que nos proporciona una reverberación infinita de nosotros mismos, donde se despliegan las percepciones conscientes e inconscientes. Un viaje multidimensional, entre la memoria y el recuerdo. Entre la nostalgia y la expectación. Entre la vida y la muerte.


Existe, en efecto, una conciencia fenoménica que se resiste a una explicación puramente física




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