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octubre 31, 2025

No Todo el Mundo Tiene Sentido de la Orientación





El sentido de la orientación es la capacidad de situarse espacialmente, encontrar un camino y dirigirse hacia un destino. Este sentido complejo se basa en la integración de información visual, cinestésica (movimientos del cuerpo) y propioceptiva por parte de diferentes zonas del cerebro, en particular el hipocampo. Se trata de una capacidad cognitiva que puede desarrollarse mediante el aprendizaje y la experiencia, y que está influenciada por el entorno, la memoria espacial y la observación.

Camina por la calle buscando la dirección que le ha dado su amiga... pero, ¿qué ocurre en su cerebro en ese momento? La navegación espacial moviliza toda una serie de funciones cognitivas.

Por un lado, los procesos denominados “de alto nivel”: localizar el cuerpo en el espacio, representar mentalmente un entorno, utilizar la memoria, planificar una ruta o mantener un objetivo. Por otro lado, los procesos más automáticos toman el relevo: avanzar, reducir la velocidad, girar... sin siquiera pensar en ello.

En realidad, el “sentido de la orientación” no es una capacidad única, sino un conjunto de tareas coordinadas, distribuidas entre diferentes zonas del cerebro, que trabajan conjuntamente para que llegue a su destino.


Las funciones cognitivas


Las funciones cognitivas agrupan las capacidades mentales del cerebro que permiten interactuar con el entorno, como la atención, la memoria, el lenguaje; las funciones ejecutivas – razonamiento, organización – y las capacidades viso-espaciales. Son esenciales para nuestro aprendizaje, nuestra adaptación y nuestro funcionamiento diario, y pueden verse afectadas por trastornos cerebrales o psíquicos.

Las capacidades mentales. Capacidad de comprender la naturaleza y los efectos de la acción en la que participa un individuo.

Principales funciones cognitivas

La atención.
Es la capacidad de concentrarse en una tarea, filtrar las distracciones y realizar varias acciones simultáneamente. La atención es una función cognitiva compleja que es fundamental en el comportamiento humano. Corresponde a un proceso de selección de un evento externo (sonido, imagen, olor...) o interno (pensamiento) y al mantenimiento de este último en un cierto nivel de conciencia.

La memoria. La memoria es la capacidad de registrar información procedente de diversas experiencias y acontecimientos, conservarla y recuperarla en forma de recuerdos, conocimientos o habilidades. La memoria es el resultado de un proceso de memorización; es el recuerdo de hechos antiguos y recientes. Incluye la capacidad de registrar, almacenar y recuperar información a corto y largo plazo, así como la memoria de trabajo para manipular información de forma temporal.

El lenguaje.
Es la capacidad de expresar un pensamiento y comunicarse mediante un sistema de signos – vocales, gestuales, gráficos, táctiles, olfativos – dotado de semántica y, en la mayoría de los casos, de sintaxis; pero no es sistemático (la cartografía es un ejemplo de lenguaje no sintáctico). Fruto de una adquisición, la lengua es una de las muchas manifestaciones del lenguaje. El lenguaje es un medio de comunicación puramente humano y no instintivo, para las ideas, las emociones y los deseos. Comprende la adquisición, la comprensión y la producción del lenguaje, ya sea oral o escrito.

Las funciones ejecutivas

Las funciones ejecutivas son un conjunto de procesos cognitivos de alto nivel que controlan y regulan nuestros pensamientos, emociones y acciones, y nos permiten adaptarnos a situaciones nuevas o complejas.

Incluyen habilidades clave como la planificación, el control de la inhibición, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva, esenciales para actividades como la resolución de problemas, la toma de decisiones y la gestión de nuestros comportamientos.

Son responsabilidad principal del córtex prefrontal, una región del cerebro que sigue desarrollándose hasta la edad adulta. Es el conjunto de capacidades para organizarse, planificar y resolver problemas complejos.

Las capacidades viso-espaciales

La habilidad de construcción viso-espacial o viso-construcción se refiere al conjunto de procesos del cerebro que permiten analizar, comprender y representar el espacio – el entorno – en dos o tres dimensiones. Incluyen la orientación en el espacio y la capacidad de orientarse.

Son esenciales para tareas cotidianas como orientarse, calcular distancias y comprender las relaciones espaciales entre los objetos. El desarrollo de estas capacidades se logra, en particular, mediante juegos de construcción y rompecabezas, y su disfunción puede afectar a la motricidad y al cálculo.


La percepción (Gnosias).
La percepción puede definirse como la capacidad viso-espacial de captar, procesar y dar sentido a la información que recogen nuestros sentidos. La percepción es, por lo tanto, el proceso cognitivo que nos permite interpretar nuestro entorno a partir de los estímulos que captamos gracias a los órganos sensoriales. Nos permite reconocer e interpretar la información sensorial (visual, auditiva, etc.).

La motricidad (praxias). Las praxias son funciones relacionadas con la motricidad y los movimientos del cuerpo. Se trata de la capacidad de coordinar y adaptar actividades gestuales voluntarias dirigidas a un objetivo. Las praxias nos permiten coordinar, planificar y ejecutar gestos de forma voluntaria y espontánea. Son habilidades necesarias para realizar movimientos complejos y coordinados.

Importancia de las funciones cognitivas.
Estas funciones son cruciales para nuestro rendimiento diario, nuestra autonomía y nuestra capacidad para interactuar eficazmente con el mundo que nos rodea. Las disfunciones pueden provocar dificultades en tareas sencillas, desde la toma de decisiones hasta la organización de actividades.


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Saber orientarse en el espacio es una habilidad fundamental, pero no es algo fácil para todo el mundo. Para tratar de entender mejor por qué algunas personas tienen mejor sentido de la orientación que otras, los investigadores han estudiado las habilidades de navegación que usamos para orientarnos en el espacio.


La relación entre las capacidades espaciales relacionadas con los objetos y el rendimiento de la navegación virtual


Investigadores del University College de Londres, el Trinity College de Dublín, la Universidad McGill de Montreal, la Universidad de California, la Universidad de East Anglia (Norwich, G.B.) y el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS, Francia) han analizado en un estudio, publicado en PloS One en mayo 2024, las capacidades de navegación que utilizamos para orientarnos en el espacio.

La navegación espacial es un comportamiento multifacético que involucra muchos aspectos diferentes de la cognición. Las capacidades visoespaciales, como la rotación mental y la memoria de trabajo visoespacial, en particular, pueden ser factores clave.

Sea Hero Quest
Los investigadores presentan aquí el uso de una aplicación móvil de juego bien establecida, Sea Hero Quest (SHQ), como medida de la capacidad de navegación en una muestra de jóvenes estudiantes universitarios, en su mayoría mujeres (N = 78; 20; mujeres = 74,3%; edad media = 20,33 años).

Los 78 participantes en el estudio jugaron durante varias horas al videojuego Sea Hero Quest en teléfonos y tabletas. Su misión: atravesar diferentes entornos acuáticos realizando diversas tareas, como llegar a puntos de encuentro o desplazarse a lo largo de un río para encontrar un objeto, antes de llevarlo de vuelta al punto de partida.

Se desarrolló una serie de pruebas para evaluar el procesamiento y la memoria visoespaciales, pero la relación entre estas pruebas y la capacidad de navegación sigue sin estar clara. Se utilizaron tres pruebas de navegación distintas integradas en SHQ: orientación, integración de trayectorias y memoria espacial en un laberinto radial.

Prueba de Corsi
En los mismos participantes, los investigadores también recopilaron medidas de rotación mental – prueba de rotación mental –, procesamiento visoespacial – prueba de organización de dibujos – y memoria de trabajo visoespacial – prueba de Corsi numérico.

Encontraron pocas correlaciones fuertes entre sus mediciones. Ser bueno en una prueba de navegación virtual no significa que una persona también sea buena en la integración de la trayectoria, que tenga una memoria superior en un laberinto de brazos radiales o que se considere a sí misma con un buen sentido de la orientación.

Sin embargo, observaron que los participantes que eran buenos en la tarea de orientación del SHQ tendían a obtener buenos resultados en las tres tareas visoespaciales examinadas aquí, y también utilizaban una estrategia de puntos de referencia en la tarea del laberinto radial. Estos resultados ayudan a aclarar las asociaciones entre las diferentes capacidades implicadas en la navegación espacial.

Laberinto radial
La experiencia sugiere que la navegación espacial requiere varios procesos cognitivos bien diferenciados. Si bien nuestras habilidades viso-espaciales, es decir, nuestra capacidad para representar mentalmente objetos, no parecen influir en nuestro sentido de la orientación, los científicos observan una diferencia en el rendimiento en función de las estrategias utilizadas.

Las personas que se basan en puntos de referencia visuales (la forma de una isla, una montaña o una palmera virtual, por ejemplo) se orientan mejor que las que utilizan un método de contar el número de pasos o giros.

Además, las personas que se consideran buenas navegando no obtienen necesariamente mejores resultados que las demás. De hecho, las personas tienden a evaluarse en función de su capacidad para utilizar un GPS, una tarea algo menos compleja que las que se utilizan en la prueba.

Es importante comprender esta relación para mejorar las pruebas de orientación destinadas al seguimiento de diversas enfermedades (por ejemplo, el Alzheimer), uno de cuyos primeros síntomas es la deficiencia espacial.


Cambio estructural relacionado con la navegación en el hipocampo de los taxistas


Científicos de McGill University (Montreal) en un estudio, publicado en PNAS (The Proceedings of the National Academy of Sciences) en marzo 2000, demostraron que los taxistas de Londres, quienes deben memorizar la compleja geografía de la ciudad, tienen un mayor volumen de materia gris en el hipocampo posterior derecho.

Taxista de Londres
Se analizaron resonancias magnéticas estructurales de cerebros de personas con amplia experiencia en navegación, taxistas londinenses con licencia, y se compararon con las de sujetos de control que no conducían taxis.

El hipocampo posterior de los taxistas fue significativamente más grande en relación con el de los sujetos de control. Una región hipocampal más anterior fue más grande en los sujetos de control que en los taxistas. El volumen del hipocampo se correlacionó con la cantidad de tiempo empleado como taxista, positivamente en el hipocampo posterior y negativamente en el anterior.

Estos datos concuerdan con la idea de que el hipocampo posterior almacena una representación espacial del entorno y puede expandirse regionalmente para acomodar la elaboración de esta representación en personas con una alta dependencia de las habilidades de navegación.

El estudio demostró la plasticidad cerebral en el cerebro adulto y cómo la experiencia puede modificar la estructura de un área cerebral como el hipocampo para adaptarse a las demandas de un entorno complejo.

Según los investigadores este estudio en taxistas de Londres muestra que, debido a su intenso entrenamiento de navegación, tienen un mayor volumen de materia gris en el hipocampo posterior en comparación con no taxistas, lo que evidencia plasticidad cerebral y un hipocampo más grande, capaz de almacenar un "mapa mental" de la ciudad.

Este cambio estructural se relaciona con la memoria espacial y la orientación, y es un ejemplo de cómo el cerebro adulto se adapta a estímulos ambientales y experiencias complejas.


La entropía y un subconjunto de medidas geométricas de las rutas predicen la navegabilidad de un entorno


Investigadores de las universidades de Sheffield, Stirling, Northumbria (Gran Bretaña) y del CNRS (Francia) revelaron en un estudio, publicado por ScienceDirect en 2023, que la entropía – nivel de organización – ambiental y ciertas medidas geométricas específicas son indicadores significativos de la facilidad o dificultad de navegación en un entorno.

Sea Hero Quest
A partir de los datos de la aplicación Sea Hero Quest, el estudio identificó estas características como más importantes que otras medidas, como la inteligibilidad, para determinar la dificultad de navegación.

Los investigadores analizaron 478.170 trayectorias de 10.626 participantes que navegaron por 45 entornos virtuales gracias al juego. Los entornos virtuales se diseñaron para variar en función de diversas propiedades, como su disposición, el número de objetivos, la visibilidad (niebla variable) y el estado del mapa.

Utilizaron Lasso – un tipo de análisis de regresión – un método de selección de variables, para seleccionar las medidas más predictivas de la dificultad de navegación. Las características geométricas, como la entropía, la superficie del espacio navegable, el número de anillos y la proximidad y centralidad de las redes de caminos, se encontraban entre los factores más significativos que determinaban la dificultad de navegación.

Calcularon 58 medidas espaciales agrupadas en cuatro familias: métricas específicas de la tarea, métricas configuracionales de la sintaxis espacial, métricas geométricas de la sintaxis espacial y métricas geométricas generales.

Principales resultados

La entropía y las características geométricas son factores predictivos clave. El estudio reveló que una alta entropía ambiental y características geométricas como la superficie navegable y el número de anillos – caminos circulares – eran buenos indicadores de la dificultad de navegación.

No todas las medidas predicen la dificultad. Otras medidas, en particular las relacionadas con la inteligibilidad (la correlación entre las conexiones de red locales y globales), no predecían la dificultad de navegación.

Los factores específicos de la tarea y los factores ambientales también influyen. Elementos específicos de la tarea, como el número de destinos, y condiciones ambientales como la niebla también influyeron en la dificultad de la navegación.

Estos resultados tienen implicaciones para el estudio del comportamiento espacial en entornos ecológicos. Pueden aportar información útil para el diseño de entornos navegables de espacios físicos y virtuales más intuitivos y fáciles de recorrer.

Para comprender el comportamiento espacial. Esta investigación arroja luz sobre la forma en que los seres humanos se orientan, especialmente en entornos complejos, como edificios complejos y redes de transporte, y podría contribuir al diseño de entornos más navegables.

A pesar de las exhaustivas investigaciones sobre la navegación, aún se desconoce qué características de un entorno predicen la dificultad de la navegación.


¿Por qué las personas mayores pierden el sentido de la orientación?


Según investigadores del Centro Alemán para Enfermedades Neuro-degenerativas (DZNE) en un estudio, publicado en la revista Current Biology de marzo 2018, la muerte de las células del sistema espacial cerebral podría explicar por qué las personas mayores tienden a perderse.

La orientación espacial y la navegación se consideran algunas de las capacidades más complejas del cerebro humano, ya que requieren el procesamiento de un gran flujo de información, incluidos estímulos 

Cuando nos movemos por un entorno desconocido, es perfectamente normal perderse. Sin embargo, este fenómeno tiende a producirse con más frecuencia en las personas mayores. Los autores afirmaron que, hasta la fecha, se sabe muy poco sobre los mecanismos neuronales que subyacen a estos problemas de navegación.

Los científicos compararon los patrones de actividad cerebral de un grupo de jóvenes y personas mayores que realizaban una serie de tareas de orientación para comprender por qué el sentido de la orientación tiende a disminuir con la edad.

Descubrieron que una zona del cerebro esencial para el funcionamiento espacial se vuelve cada vez más inestable con la edad en adultos sanos, y lo mismo ocurre en personas con enfermedades degenerativas como el Alzheimer.

El estudio se basó en la hipótesis de que este deterioro estaba relacionado con las células de red, esenciales para el procesamiento de la navegación. Los investigadores realizaron una serie de experimentos utilizando realidad virtual y cartografía de la actividad cerebral mediante imágenes cerebrales funcionales (fMRI).

Las células de red son células cerebrales que actúan como un sistema de coordenadas internas, disparándose en una serie de puntos que forman una rejilla hexagonal a través de nuestro entorno mientras nos movemos por él.

Dividieron a 41 adultos sanos en dos grupos: un grupo “joven” compuesto por 20 participantes de entre 19 y 30 años, y un grupo “mayor” compuesto por participantes de entre 63 y 81 años.

En el primer experimento, los participantes debían navegar por un entorno de realidad virtual generado por computadora, mientras se monitorizaba su actividad cerebral.

En el segundo experimento, los participantes se desplazaban por recorridos predefinidos en un espacio real y en un entorno de realidad virtual, con paradas puntuales en las que debían estimar su distancia y orientación con respecto al punto de partida, sin poder verlo ni localizarlo con precisión.

En general, los participantes jóvenes obtuvieron mejores resultados en la navegación, lo que concuerda con estudios anteriores. Sin embargo, los investigadores observaron una asociación entre una disminución del rendimiento en la navegación y déficits en la actividad de las células de la rejilla.

Los resultados mostraron que los patrones de activación de las células de la rejilla eran menos estables en las personas mayores, lo que podría explicar por qué estas suelen tener dificultades para orientarse en el espacio.

Estos resultados podrían servir, a largo plazo, no solo para ralentizar el deterioro de las capacidades de orientación, sino también para diagnosticar y tratar las enfermedades responsables del deterioro cognitivo y para dar más autonomía a las personas mayores.

Se ha observado que estas habilidades se deterioran con la edad, lo que puede comprometer la autonomía de una persona en etapas posteriores de la vida.

Además de su papel en la navegación, las células de la rejilla también se utilizan en otras funciones cognitivas.

Según los autores, estos resultados arrojan luz sobre los cambios neuro-fisiológicos relacionados con la vejez, que podrían utilizarse para diseñar tratamientos contra enfermedades como el Alzheimer, responsables del deterioro cognitivo.

La evaluación del rendimiento de la navegación y del funcionamiento de las células de la red podría facilitar el diagnóstico precoz del Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas.

Aunque es necesario seguir investigando en este campo, estos resultados sientan las bases para futuros estudios sobre el deterioro de la salud relacionado con la edad en adultos y personas con trastornos cerebrales.

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Funcionamiento del sentido de la orientación


Localización inicial. La capacidad de determinar la posición actual utilizando puntos de referencia del entorno.

Elección de la ruta. La selección de un camino hacia el destino deseado, basada en una representación mental del espacio.

Seguimiento de la ruta. La verificación de que la ruta elegida conduce correctamente al destino.

Reconocimiento del destino. Identificación correcta del punto de llegada.

¿Qué factores influyen en él?

Capacidades cognitivas. Son importantes las capacidades de observación, la memoria espacial y la habilidad para manipular mentalmente objetos geométricos.

Aprendizaje y entorno. La experiencia y el aprendizaje desempeñan un papel clave; la exposición regular a entornos complejos puede mejorar esta capacidad.

Factores biológicos. El cerebro utiliza neuronas especializadas, llamadas células de lugar, de dirección y de rejilla, en el hipocampo para procesar esta información.

Factores sociales y culturales. La educación y las prácticas sociales, como la autonomía de movimiento, pueden influir en el desarrollo del sentido de la orientación.

¿Se puede desarrollar?

, el sentido de la orientación se puede desarrollar, especialmente practicando la orientación sin herramientas tecnológicas y tomándose el tiempo necesario para orientarse. Intentar perderse en un entorno seguro puede ayudar a activar el hipocampo y mejorar esta capacidad.


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El cerebro cartógrafo

Si hay una estructura cerebral especialmente implicada, esa es el hipocampo. Esta estructura gemela, una por hemisferio, tiene una forma alargada que recuerda al pez del que toma su nombre.

Su papel en la navegación espacial se ilustra a menudo con un estudio que se ha convertido en emblemático. Un equipo de investigación se interesó por la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptar sus conexiones en función del aprendizaje. Entonces observó que la parte posterior del hipocampo de los taxistas de Londres estaba más desarrollada que la de las personas que no tenían que memorizar el complejo plano de la ciudad y que no circulaban por ella a diario. Prueba, si es que hacía falta, de que nuestro cerebro se adapta en función de las experiencias.

El sentido de la orientación no es innato
Sea Hero Quest

Esta es una de las cuestiones que Antoine Coutrot (investigador del CNRS) quiso explorar junto con un equipo internacional mediante el desarrollo de Sea Hero Quest, un juego para móviles diseñado para evaluar nuestras capacidades de navegación. El juego permitió recopilar datos de más de 2,5 millones de personas en todo el mundo, algo nunca visto a esta escala en este ámbito.

Los participantes no solo compartieron sus resultados en el juego, sino que también proporcionaron información demográfica (edad, sexo, nivel de estudios, etc.), la ciudad en la que crecieron o incluso sus hábitos de sueño.

¿Es cierto que los hombres tienen “un GPS en la cabeza”?


No del todo. Los datos revelan una diferencia media entre los sexos, pero esta diferencia dista mucho de ser universal: varía según el país y tiende a desaparecer en aquellos donde la igualdad de género es mayor.

En Noruega o Finlandia, la diferencia es prácticamente nula, a diferencia de lo que ocurre en Líbano o Irán. No sería el género, sino las desigualdades sociales y los estereotipos culturales los que, con el tiempo, pueden afectar a la confianza de las personas en su capacidad para orientarse y, por lo tanto, a su rendimiento real.

La edad también influye: durante la infancia, desarrollamos muy pronto las habilidades necesarias para la orientación y la navegación espacial. Crear mapas mentales de un lugar es una capacidad que en la mayoría de nosotros se desarrolla antes de los ocho años. Después de los 60 años, las capacidades viso-espaciales disminuyen, al igual que el sentido de la orientación, que se basa en numerosas funciones cognitivas.

El sentido de la orientación está determinado por el entorno

El lugar en el que crecemos también parece influir. Las personas que han crecido en pueblos pequeños suelen sentirse más cómodas en espacios amplios. Por el contrario, los habitantes de las ciudades, acostumbrados a tenerlo todo a unos pasos, se orientan mejor en entornos densos y complejos.

La propia forma de la ciudad, y más concretamente su nivel de organización – lo que a veces se denomina “entropía” – también influye en nuestra capacidad de orientación. Algunas ciudades muy organizadas, con calles bien alineadas, como muchas ciudades estadounidenses, presentan una entropía baja.

Otras, como París, Praga o Roma, más “desorganizadas” a primera vista, tienen una entropía más alta. Y son precisamente las personas que han crecido en estas ciudades con alta entropía las que parecen desarrollar un mejor sentido de la orientación.

Incluso la edad a la que se aprende a conducir puede influir. Los adolescentes que se ponen al volante antes de los 18 años parecen orientarse mejor que los que lo hacen más tarde. Una exposición más temprana a la navegación autónoma sin ayuda externa (adultos, GPS...) podría reforzar estas habilidades.

8 maneras de mejorar su sentido de la orientación



¿Le cuesta orientarse? ¿Es de los que para ir a determinado destino en lugar de tomar el camino más corto termina dando una vuelta enorme?

¿O quizás es de aquellos que dice demasiado eso de "no me he perdido, simplemente estoy desorientado"?

1. Planee su ruta. Si tiene acceso al Streetview de Google o a fotografías del lugar al que tiene que ir, imagínese caminando la ruta, visualizando lo que tiene alrededor. En cada desvío que tenga que tomar intente fijar puntos de referencia de algún objeto o establecimiento que le llame la atención. Su memoria los recordará cuando haga la ruta real.

2. Relájese.
Trate de relajarse: preocuparse demasiado aumentará la carga cognitiva de su cerebro y acabará por reducir su capacidad natural de ubicarse en el espacio. Planificar el viaje debería ayudarle a reducir la ansiedad.

3. Concéntrese. Hablar por teléfono, enviar mensajes de texto o incluso pensar en otra cosa afecta a su sentido de la orientación. Trate de concentrarse en lo que está haciendo y mire lo que tiene a su alrededor.

4. Encuentre puntos de referencia. Trate de detectar algo que le resulte familiar o distintivo y manténgalo siempre a la vista. Si está en un pueblo o ciudad, puede tratarse del edificio más alto. En cada paso, verifique donde se encuentra en relación con ese punto: le ayudará a construir un mapa mental del área que tiene que recorrer.

5. Mire lo que tiene detrás.
Con frecuencia la gente suele fijarse solo en lo que tiene delante, pero los que miran atrás y se fijan en lo que hay alrededor suelen orientarse mejor. Pregúntese si reconocería el lugar en el que está si volviera a pasar por ahí. Este es un consejo particularmente bueno para ayudarle en caso de que tenga que hacer el mismo recorrido en su viaje de vuelta.

6. Cree recuerdos. Intente asociar los lugares por los que pasa con algunos recuerdos, le ayudará a reconocer el camino a seguir. Este consejo puede ser especialmente útil cuando tiene que volver a hacer el mismo camino. Si estaba teniendo una conversación o escuchando una canción cuando hizo ese trayecto por primera vez, son recuerdos útiles que puede usar como pistas para reconocer el camino cuando tenga que volver a hacerlo.

7. Tome fotos.
Si tiene que volver a hacer el mismo viaje más de una vez, tome fotos en tramos clave y repáselas después. Varios estudios demuestran que las fotografías son más útiles a la hora de orientarse que el video.

8. Recuerde sus pasos. Construya un mapa mental del trayecto y se sentirá más seguro la próxima vez que tenga que hacerlo. Cuando acabe de recorrer un trayecto, intente volver por el camino que ha seguido mentalmente. Haciendo esto reforzará las vías neuronales en su cerebro, fortaleciéndolas y consolidando sus recuerdos.


Si aún así se encuentra a la deriva y sin saber a dónde ir, siempre puedes utilizar el GPS de su celular, pero tiene que saber que cuanto más confíe en la tecnología menos estará ejercitando su sentido de la orientación.



Para orientarnos esencialmente necesitamos que dos partes de nuestro cerebro trabajen juntas: 
el hipocampo, donde formamos mapas y el córtex pre-frontal, donde formamos planes
 y tomamos decisiones. Lo que llamamos sentido de la orientación no está predefinido.
 Se construye a través de las experiencias, el entorno y el aprendizaje.




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enero 28, 2025

Terrible Two – Periodo de Crisis para los Niños




A medida que se acerca a los 18 meses: es la fase de afirmación con «¡NO!»
 Proceso de desarrollo del cerebro


A medida que los bebés se acercan a esta fatídica edad, en su cerebro empiezan a suceder infinidad de cosas. Su comportamiento es diferente al de los meses anteriores. Se vuelven más testarudos y empiezan a afirmar una cierta personalidad. Pero también es la edad en que los bebés entienden el «no» y empiezan a utilizarlo una y otra vez.

¿Qué es el Terrible Two?


El Terrible Two no es en absoluto un periodo de rabietas por el que pasan los niños, sino una fase por la que tiene que pasar el cerebro para madurar. En realidad, se trata de una inmadurez del córtex prefrontal – donde se desarrollan las funciones ejecutivas –, que se traduce en una incapacidad para gestionar las emociones y la impulsividad que ello conlleva. El niño experimentará frustración vinculada a los límites y normas impuestos por los adultos que le rodean y, al no saber aún gestionar sus emociones, expresará lo que siente con desobediencia.

¿Cuánto tiempo dura el Terrible Two?

¿Su hijo de 2 años le hace la vida imposible? ¿Tiene rabietas, le desobedece y se niega a escucharla? Acaba de entrar en la sonada crisis de los dos años, también conocida como el Terrible Two. Este fenómeno, que afecta a muchos niños a partir de los 18 meses y puede durar hasta los 4 ó 5 años, es un periodo que puede desestabilizar a los padres, por muy pacientes que sean.

La crisis de los Terrible Two, un paso casi obligado para los niños

La transición de bebé a niño es una etapa importante en la vida de un pequeño ser. A los dos años, los niños empiezan a hablar con más seguridad. También entienden mucho mejor la negación y empiezan a utilizarla constantemente.

Pero ésta puede ser una edad difícil de gestionar para los padres. A menudo, los niños se oponen totalmente a sus padres. Esta delicada posición puede hacer que cada momento de la vida cotidiana sea mucho más complicado que en los meses anteriores. Los niños tienden a negarse a todo, cueste lo que cueste. Pueden decidir no vestirse, no comer, no visitar a sus queridos abuelos, simplemente porque se han dado cuenta de que es posible.

La fase preescolar, entre los 3 y los 6 años, se define como el mejor periodo para estimular las funciones ejecutivas y enseñar a los niños a auto-regularse. Los padres deben entender que se trata de un periodo algo más complicado de gestionar, por lo que es importante saber qué es qué. El mejor consejo para ayudar a un niño en plena crisis de los dos años es poner límites.

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Entender y aprender a gestionar este periodo de crisis



El Terrible Two es quizá uno de los periodos más temidos por los padres. A medida que se acerca a los 18 meses, su hijo empezará a enfrentarse a usted con frecuencia, negándose a escucharle, haciendo lo contrario de lo que le pide o enfadándose cuando rechaza una petición.

Tenga la seguridad de que todo esto es completamente normal y forma parte del proceso de desarrollo del cerebro.

¿Por qué el niño pasa por una fase de Terrible Two?

Según los profesionales de la salud si los niños de 2 años son turbulentos, a veces se enfadan y desobedecen, en parte es porque su cerebro es inmaduro. Sin embargo, el cerebro irá madurando cada vez más, lo que permitirá al niño desarrollar estrategias eficaces para aprender a gestionar las frustraciones. Sin embargo, cuando algunos niños muestran estas rabietas a una edad más avanzada, puede ser aconsejable consultar a un profesional para descartar auténticos problemas de comportamiento.

¿Cómo se manifiesta el Terrible Two?

El Terrible Two es una fase normal del desarrollo cerebral que puede resultar muy difícil para los padres, pero que es necesaria para que el cerebro del niño madure. En algunos casos, también permite al niño empezar a expresar una faceta de su personalidad. Sin embargo, que un niño pase por un Terrible Two extremadamente virulento no significa que vaya a convertirse de mayor en un niño o adolescente problemático.

En primer lugar, es importante comprender que cada niño es único. El dominio de cada niño de las siguientes habilidades socio-emocionales es diferente:

La capacidad de tolerar la frustración. Algunos niños afrontan las molestias con bastante calma, mientras que otros reaccionan al menor acontecimiento que no sale según lo previsto o en cuanto se les niega una petición.

La capacidad de identificar y nombrar las emociones. Muchos niños son incapaces de expresar con claridad si están tristes o enojados. A otros incluso les cuesta entender cómo se sienten: ¿cólera, decepción, pena? Para ellos no es tan sencillo.

La capacidad de auto-control. Antes de los 4 años, muy pocos niños son capaces de regular sus reacciones ante las emociones que experimentan, ya sean alegres o más difíciles. Lo viven todo intensamente, desde la alegría hasta la cólera. Les cuesta un esfuerzo considerable calmarse y recuperar la compostura.

¿Cómo tratar al Terrible Two?

Para madurar, los niños necesitan un marco y amabilidad. Los padres deben fijar objetivos y cumplirlos, juntos, para ayudar al necesario desarrollo cognitivo asociado a este periodo. Un niño que nunca tiene límites corre el riesgo de convertirse en un Niño Rey. Por eso es importante establecer normas y atenerse a ellas a pesar de las dificultades, siendo amables. Sus hijos se lo agradecerán algún día.

Este puede ser un momento difícil, dependiendo del niño. Conviene mantener la calma, aunque su hijo tienda a negarse a todo. Explíquele las cosas con calma, pero no ceda a sus caprichos.

Es importante mantenerse firme sin ser demasiado estricto. Así su hijo entenderá que ciertas cosas están permitidas y otras no. Y por razones claras y concretas. No pierda la esperanza, este periodo también anuncia una gran etapa de desarrollo para su hijo.

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Enseñar a los niños a gestionar sus emociones



Alegría, tristeza, cólera, miedo: su hijo experimenta emociones diferentes cada día. No le es fácil comprender y gestionar lo que siente. Necesita su ayuda para aprender a reconocer, decir y gestionar sus emociones.

El desarrollo de las emociones

Las emociones son reacciones espontáneas ante distintas situaciones. No aparecen todas al mismo tiempo.

Las emociones primarias son las primeras emociones que siente su hijo. Aparecen durante el primer año de vida. Son la alegría, la tristeza, la ira, el miedo, el asco y la sorpresa.

Las emociones secundarias o mixtas aparecen entre los 15 y los 24 meses, cuando su hijo toma conciencia de que es diferente de los demás y de que es una persona por derecho propio. Este descubrimiento le lleva a sentir emociones ligadas al conocimiento de sí mismo, como la vergüenza y los celos.

Poco a poco, su hijo también experimentará otras emociones secundarias que requieren la comprensión de reglas, normas y objetivos que alcanzar. Entre ellas están la culpa, la vergüenza y el orgullo.

Por ejemplo, si su hijo sabe que no debe dibujar en las paredes y desobedece la norma, puede sentirse culpable. Si consigue hacer un gran puzzle después de mucho esfuerzo, también puede sentirse orgulloso de sí mismo.

Los beneficios de una buena gestión emocional

Es importante enseñar a su hijo a reconocer sus emociones y a poner palabras a lo que está experimentando. Esto le ayudará a gestionar mejor sus emociones. Poco a poco, aprenderá a reaccionar o a adaptar su comportamiento cuando experimente una emoción. Por ejemplo, podrá calmarse cuando estén enfadado en lugar de gritar o pegar.

Un niño que controla sus emociones reacciona mejor ante las distintas situaciones de la vida. Una buena gestión emocional también está asociada a unas buenas relaciones con los demás, una mejor gestión de los conflictos y el éxito escolar.

Por otro lado, un niño que tiene dificultades para gestionar sus emociones tendrá más dificultades para enfrentarse a las situaciones cotidianas. La acumulación de pena, ira, miedo y frustración también puede provocar comportamientos agresivos y reacciones de ansiedad, e interferir en las relaciones con los demás.

Cómo ayudar a su hijo a reconocer sus emociones

Reconocer cómo se siente es el primer paso para que su hijo aprenda a gestionar sus emociones. Descubra cómo puede ayudarlo.

Empezar a hablar de emociones con su hijo desde que es un bebé. Puede nombrar las emociones que observa en su hijo, como alegría, tristeza, cólera y miedo. Por ejemplo, dígale: “¿Estás llorando, estás triste porque mamá se va?”

Hablarle de emociones más complejas a medida que crezca. Puede hablarle de decepción, culpa y celos a partir de los 2 ó 3 años. Por ejemplo, decirle: “Antes has pegado a tu hermano. Ahora no te sientes bien. Es porque has visto que le has hecho daño, ¿verdad?”. Decirle que esta emoción se llama culpa.

Señalar el lenguaje corporal asociado a las emociones. Utilizar libros, carteles o juegos para mostrarle personajes o caras que experimentan emociones. Por ejemplo, señalar que fruncimos el ceño cuando estamos enfadados, sonreímos cuando estamos contentos, lloramos cuando estamos tristes, abrimos mucho los ojos cuando tenemos miedo, etc.

Diviértanse juntos frente al espejo imitando distintas emociones. Esto ayudará a su hijo a conocerse mejor a la hora de expresar sus emociones. También puede crear un álbum de emociones con su hijo recortando distintas caras de revistas.

Enseñarle a reconocer lo que ocurre en su cuerpo cuando experimenta una emoción. Nombrar los signos físicos que vea en él. Por ejemplo: “Gritabas y apretabas los puños cuando viste a tu hermana romper tu torre de bloques. Estabas enfadado” o “Temblabas y me abrazaste cuando viste al perro correr hacia ti. Tenías miedo”.

Preguntarle cómo se sintió después de un momento emotivo. Dependiendo de su edad, es probable que su respuesta no esté muy desarrollada, pero preguntarle cómo sintió el corazón o el estómago. Puede que diga que le duele el corazón o que siente la barriga apretada, lo cual es un muy buen comienzo.

Ayudar a su hijo a reconocer y nombrar la emoción que está experimentando. Nombrar la emoción que observa, por ejemplo: “Estás contento de ir al zoo con la abuela” o “Te enfadaste cuando tu hermano cogió tu juguete sin preguntar”. A continuación, animarlo a nombrar su emoción utilizando el “YO”, por ejemplo: “Estoy triste por no poder ir al parque” o “Me da miedo el perro grande”.

Hablar con su hijo sobre las emociones que explican algunas de sus reacciones. Por ejemplo, si se impacientó al preparar la cena, hablar de ello con su hijo más tarde. Explicarle que se sentía impaciente e intente explicar qué influyó en su comportamiento. Por ejemplo: “Hoy tenía mucho trabajo y me sentía cansada. Mi receta no salía rápido y todos tenían hambre. Estaba estresada”.

¿Cómo enseñarle a controlar sus emociones?

Antes de los 5 años, los niños no pueden gestionar sus emociones por sí solos. Son impulsivos y les cuesta controlar sus reacciones. Su hijo puede romper cosas, pegar a alguien o saltar sin mirar lo que hace porque está enfadado o excitado. Incluso después de los 5 años, no les resulta fácil comprender cómo se sienten y reaccionar adecuadamente.

Su papel es permitir que su hijo experimente y exprese sus emociones, y enseñarle a gestionarlas. He aquí algunos consejos para ayudarle:

Aceptar sus emociones sin juzgarlas. Por ejemplo, si tiene una rabieta, mantener la calma a su lado. Si está muy enfadado, agitado o llora mucho, no es el momento de hablar. Puede consolarlo, darle un abrazo y esperar a que se calme antes de preguntarle qué le pasa.

Ayudar a su hijo a expresar sus emociones con palabras. Por ejemplo: “¿Te hace ilusión ir a casa de tu primo?” o “¿Estás triste porque la abuela se ha ido?” Hacerle preguntas para averiguar qué desencadenó su reacción. Una reacción de enfado podría, por ejemplo, estar enmascarando sentimientos de rechazo o incompetencia en un juego.

Decirle que lo que siente es normal y entiende por qué él está contento, triste o enfadado. Así se sentirá más tranquilo, comprendido y reconfortado.

Tómese el tiempo necesario para escuchar a su hijo, aunque tenga prisa o esté preocupada y quiera resolver las cosas rápidamente. Un niño que se siente escuchado y comprendido se recupera más rápidamente.

Fomente las conversaciones en familia sobre las emociones. Por ejemplo, durante la cena, hable de las situaciones que le hacen feliz o le enfadan. Luego pregúntele a su hijo qué le pone contento o triste. De este modo, su hijo adquirirá el hábito de hablar sobre lo que está experimentando.

Hable de las emociones que usted experimentó de niña. Por ejemplo: “Cuando yo tenía tu edad, mi hermana pequeña también me quitaba los juguetes. Me enfadaba y a veces le tiraba del pelo. Con el tiempo, aprendí otras formas de reaccionar, porque no servía de nada cuando hacía eso, y discutíamos aún más.”

Sugiérale estrategias para gestionar las emociones. Háblele de ellas cuando esté tranquilo para que pueda recordarlas y utilizarlas si se pone muy emotivo. Puede enseñarle a respirar hondo e imaginar que apaga una vela. Esto le ayudará a calmarse y a controlar sus emociones.

Anime a su hijo a encontrar sus propias estrategias para controlar sus emociones. Por ejemplo, escriba una lista de estrategias que podría utilizar cuando se sienta enfadado (por ejemplo, dibujar, abrazar a un perrito, correr). Dejar que proponga todo tipo de ideas. Después, decidir juntos qué estrategias son las más adecuadas. Decirle que puede mirar su hoja de papel para utilizar una estrategia cuando se sienta enfadado.

Intente restar importancia a la situación si su hijo reacciona de forma exagerada. Por ejemplo, si llora intensamente porque su figurita no se tiene en pie, mantener una actitud positiva y decirle que eso se puede solucionar. Ayudarle a calmarse y a seguir adelante, por ejemplo trabajando con él para encontrar una solución que haga que su figurita se ponga mejor de pie.

Sea un modelo a seguir y hable de sus emociones. Por ejemplo, decir “Me alegro de volver a ver a mi buena amiga” o “Estoy triste porque el abuelo está en el hospital”. Hablarle también de lo que hace para calmarse: “Estoy decepcionada porque Sonia no viene a cenar, pero en vez de eso voy a ver una buena película”.

Reconozca si reacciona de forma exagerada ante una emoción. Puede decirle a su hijo: “No debería haber dado un portazo. Estaba enfadada, pero no fue una buena forma de demostrarlo”. Decir lo que va a hacer la próxima vez. Esto demuestra a su hijo que puede aprender y que tiene derecho a equivocarse.

Buscar ayuda profesional (por ejemplo, un psicólogo o un trabajador social) si tiene problemas para gestionar sus propias emociones. Esto también le dará herramientas para apoyar a su hijo.

Estrategias para expresar emociones

Hay varias estrategias para expresar una emoción, y la misma estrategia puede aplicarse a varias emociones. Su hijo tendrá que probar varias antes de encontrar las que mejor le sienten. A continuación algunas estrategias para sugerirle:

Para expresar alegría, su hijo puede colorear, salir a correr y saltar al aire libre o llamar por teléfono a un abuelo para contarle lo que le hace feliz.

Para expresar tristeza, su hijo puede pegar a su perrito favorito, aislarse en su habitación o hablarle de su pena. Llorar también es una forma normal de expresar la tristeza.

Cuando su hijo tenga miedo, sugerirle que se acurruque a su lado y buscar la forma de que el miedo cese, tanto si la causa es real (por ejemplo, el perro) como imaginaria (por ejemplo, el lobo feroz).

Si su hijo está enfadado, puede respirar lenta y profundamente, golpear una almohada, lanzar bolas de papel o dibujar con energía en una hoja de papel.

Cuando su hijo empiece a escribir, puede escribir en un diario cómo se siente. Animarlo aunque escriba con faltas de fonética, gramática u ortografía. Decirle que puede escribir lo que quiera en ese cuaderno y que nadie más lo leerá. Aceptar que pueda escribir palabras duras (por ejemplo, palabras duras sobre su hermana porque está celoso).

A medida que hable y crezca, su hijo aprenderá a gestionar mejor sus emociones. No obstante, si cree que la dificultad de su hijo para gestionar sus emociones o su impulsividad está afectando a su funcionamiento en casa, en la guardería o en el colegio, o si a menudo le provoca conflictos con los demás o una gran infelicidad, hable con su médico. También puedes ponerse en contacto con un centro de servicios a la Comunidad  para que la deriven a los servicios profesionales adecuados.

Estrategias para ayudar a su hijo

Aún hoy, incluso de mayor, sigue teniendo dificultades cuando las cosas no salen como él imaginaba. Esto demuestra lo innato que es el temperamento de un niño. Y tenemos que encontrar maneras de lidiar con esta intensidad en nuestros hijos. He aquí algunas de ellas:

Ofrecer opciones. Por ejemplo, en lugar de decirle que se ponga la ropa prevista, dejar que elija entre dos conjuntos ya escogidos.

Centrar la atención en otra cosa. La rutina matutina puede ser difícil para los niños. Por eso, en lugar de decirle simplemente que es hora de ir a la guardería, preguntarle qué perrito o libro quiere llevarse en el auto. Así centrará su atención en el objeto que se va a llevar y no en la salida.

Planificar transiciones entre dos momentos rutinarios. Por ejemplo, podría decirle que le quedan 5 minutos para jugar antes de ordenar y bañarse, y poner un minutero. Puede que al cabo de 5 minutos, haga una rabieta pero esta será menos intensa.

Validar las emociones. Cuando su hijo esté disgustado por una situación inesperada, y si todas las soluciones propuestas no funcionan en absoluto, hay que centrarse en sus emociones. Así que, primero decirle “¡Lo entiendo! Esto no es lo que querías y estás decepcionado”. Eso realmente cambia las cosas. Cuando se calme, podrán explorar mejor posibles soluciones juntos.

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Terrible Two, Threenager, F*cking Four, Fantastic Five y muchos otros


A pesar de lo que sugiere su nombre, el Terrible Two no sólo afecta a los niños de 2 años, sino todo lo contrario. De hecho, es alrededor de los 18 meses cuando suelen aparecer las primeras crisis, que pueden durar... mucho tiempo. Aunque se trate de la misma fase, cada edad recibe un pequeño apodo para marcar el paso de los años: Terrible Two da paso a Threenager, que a su vez es sustituido por F*cking Four. Sin embargo, mientras que el Terrible Two es una etapa completamente normal del desarrollo, los otros nombres no se refieren a etapas por las que pasan todos los niños.

Crisis de los 3 ó 4 años: ¿existe?

Alrededor de los 3 ó 4 años, algunos niños tienen una especie de “pequeña crisis adolescente”. Esta etapa del desarrollo está menos definida y documentada que la crisis de los 2 años, pero está presente en muchos niños. El niño puede empezar a discutir y a cuestionar las normas de la vida cotidiana.

Estos comportamientos pueden explicarse por el hecho de que su hijo habla mucho mejor que antes. Es capaz de expresar con palabras sus gustos, preferencias y deseos. Y cada vez es más hábil negociando para conseguir lo que quiere o desea.

Ejemplos de comportamiento en torno a los 3 o 4 años

Quiere hacer las cosas por sí mismo
Sin embargo, sigue siendo torpe cuando se trata de ciertas tareas y a menudo necesita su ayuda (por ejemplo, para vestirse). Esto puede provocar frustración, ya que su deseo de ser independiente es mayor de lo que es capaz.

¿Cómo debe reaccionar? Dele pequeñas responsabilidades que pueda asumir. Por ejemplo, pídale que elija entre dos conjuntos de ropa por la mañana o que la ayude a poner la mesa. De este modo, fomentará su creciente independencia y hará que se sienta orgulloso de sí mismo.

Entiende las normas y las instrucciones, pero no siempre las sigue
A veces quiere cambiar las reglas de un juego, sobre todo cuando va perdiendo. O puede seguir jugando aunque se le haya pedido que recoja todo. A los 3 y 4 años, su hijo sigue necesitando su ayuda para aprender a imponerse, seguir las normas y gestionar sus emociones.

¿Cómo debe reaccionar? Repita las normas tantas veces como sea necesario. A su hijo aún le cuesta controlar sus impulsos y es posible que también quiera demostrar su independencia. Cuando cuestione las normas de un juego o de la casa, dígale por qué son necesarias. Así comprenderá las razones que las justifican. Por ejemplo, explíquele que si no quiere que corra detrás de su pelota por la calle, es para que esté seguro.

Él negocia o pone a prueba los límites cuando le hace una petición
Por ejemplo, pude negarse a guardar sus juguetes diciendo que ya jugará con ellos más tarde. O incluso ponerse de mal humor y negarse a bañarse cuando se lo pide.

¿Cómo debe reaccionar? No ceda ante su comportamiento y mantenga los límites con coherencia. Esto ayudará a su pequeño a entender que son importantes para usted. Además, el hecho de que las normas no cambien le tranquilizará. Para llamar la atención de su hijo, póngase a su altura y mírele a los ojos para hablarle.

Estos comportamientos suelen disminuir hacia los 5 ó 6 años, cuando su hijo comprende un poco mejor que las normas son necesarias para convivir mejor, ya sea en familia, en la guardería o en la escuela.

Aprendizaje útil

La forma en que responde al comportamiento de su hijo puede ayudarle mucho a desarrollar sus habilidades sociales. Alrededor de los 3 o 4 años, a su hijo le gustará aprender de usted y ser un modelo para él.

Poco a poco, su hijo :

* Comprende que las normas son esenciales para que todos se sientan respetados.

* Respeta mejor las peticiones de los adultos y contribuye al buen funcionamiento de la vida familiar o en grupo.

* Se vuelve más independiente y hace cada vez más cosas por sí mismo.

* Habla con calma en lugar de gritar cuando expresa una necesidad o un deseo.

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No al castigo corporal. Aunque el niño se porte mal, los castigos corporales (golpes, sacudidas, empujones, etc.) no son una forma eficaz de disciplina. Al contrario, tienen efectos negativos en el desarrollo psicológico y social del niño.

Educar a un hijo no es una ciencia exacta y no existe una fórmula mágica para convertirse en un padre perfecto. Hay que estar preparado para cometer errores y, sobre todo, recordar que todos los niños son diferentes: lo que funcionó con un niño no funcionará necesariamente con otro.

Mantener la calma, poner límites y buscar la manera de que su hijo le obedezca. Un truco es hacer una pregunta con varias opciones posibles. ¿Tiene que ir de compras y su hijo no quiere ponerse los zapatos? Pregúntele si los prefiere rojos o azules. Para cenar esta noche, ¿quiere macarrones o espaguetis? Dele la sensación de que puede opinar y se sentirá responsable.

Otro consejo para superar este periodo es jugar con su hijo a juegos que estimulen las funciones ejecutivas y las emociones, para ayudarle a desarrollar el córtex prefrontal y enseñarle a gestionar sus frustraciones.



El Terrible Two es una fase esencial en el desarrollo del niño. A pesar de su deseo de libertad, 
también es el periodo en el que los niños más necesitan un marco que les permita aprender a gestionar 
sus frustraciones en sus relaciones e interacciones sociales. Como padres, es importante mantenerse firmes.




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