Mostrando las entradas con la etiqueta ínsula. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ínsula. Mostrar todas las entradas

diciembre 29, 2017

Las Emociones y el Funcionamiento del Cerebro



El cerebro es el órgano de las emociones: 
da nacimiento a la alegría, la tristeza, el miedo o la ira


A medida del adelanto de los conocimientos sobre los mecanismos cognoscitivos y cerebrales implicados en la atención, la memoria, o incluso el raciocinio, neurocientíficos y psicólogos comprobaron progresivamente cómo pueden las emociones influir en los procesos cognoscitivos.

La emoción es un impulso que mueve a la persona a actuar, la raíz etimológica de la palabra viene de el latín “e-movere”, es decir, “ir hasta” que al final se resumen en: ataca, escapa o lucha.

Las emociones son reacciones inconscientes que la naturaleza ha ideado para garantizar la supervivencia y que, por nuestro propio beneficio, hemos de aprender a gestionar (no erradicar).

La emoción es una reacción que ocurre como resultado de un estímulo percibido por el individuo, que causará actividades sincronizadas en muchas partes del cuerpo, como en el sistema de procesamiento de información y los sistemas relacionados con el cuerpo.

Emociones como la alegría, la ira, el miedo, la vergüenza o el disgusto pueden generar cambios en el comportamiento tales como:

* Buenos o malos pensamientos
* Expresiones motoras (faciales, vocales, gestuales o posturales)
* Un cambio en la frecuencia cardíaca
* Un desencadenante de motivación
* Un sistema subjetivo

Las emociones varían a lo largo del tiempo, comprender sus variaciones, su dinámica y las regiones cerebrales implicadas en estos procesos necesita nuevos desarrollos desde un punto de vista terapéutico.

Hay que tener en cuenta que las variaciones emocionales son un factor determinante en la aparición de enfermedades mentales como la depresión, el estrés post-traumático e incluso los trastornos de personalidad graves.

Conocer lo que pasa dentro de nosotros cuando sentimos una emoción y cómo esta emoción evoluciona a lo largo del tiempo, ha sido el campo de investigación de una disciplina conocida como dinámica de las emociones.

Las emociones siguen una serie de patrones bien conocidos. Una emoción puede surgir de pronto o progresivamente,  por lo que se habla del grado de explosividad de una emoción. Una vez planteada, surge la fase de compensación de la emoción, es decir, su intensificación o atenuación a lo largo del tiempo, evaluada por su grado de acumulación.

Las bases cerebrales de estas dos fases y sus eventuales variaciones a lo largo del tiempo no son conocidas, aunque recientes investigaciones han identificado a algunas regiones cerebrales implicadas en el surgimiento de las emociones, como el córtex prefrontal medio, la amígdala o la ínsula.


Cerebro emocional y Cerebro racional


El cerebro racional o neocórtex abarca 2/3 de del cerebro humano. Es lo que nos otorga la cualidad de humano y ser pensante. El neocórtex está dividido en dos hemisferios; cada uno de ellos se encarga de realizar diferentes procesos mentales.

El cerebro emocional o sistema límbico  situado por debajo de la corteza cerebral  está compuesto por el tálamo, hipotálamo, amígdala cerebral e hipocampo.

* El hipotálamo es un órgano del sistema nervioso que interviene en la regulación de ciertos comportamientos como el estrés y la defensa. También regula la dieta y las funciones sexuales.

* El hipocampo desempeña un papel muy importante en la memoria y la interpretación de lo que percibimos. El hipocampo regula el estrés y la ansiedad y es responsable de nuestras capacidades de memorización.

* El tálamo permite la regulación del sueño, el estado de alerta y la conciencia. Esta región ordena la nueva información enviada por el cerebro y es capaz de producir las emociones transmitidas luego a la amígdala.

* La amígdala cerebral desempeña un papel fundamental, es quien envía los impulsos que transmiten emociones y es el centro del control emocional, además de influir directamente en el aprendizaje y la memoria.

La acción común y complementaria de dichas regiones constituye un sistema motor emocional. Las mismas estructuras que se ocupan de las señales emocionales participan en otras tareas, como la toma de decisiones racionales y los juicios morales.

Diferencias físicas entre cerebro racional y emocional

Según investigaciones se ha encontrado diferencias físicas entre los cerebros de personas que responden emocionalmente a los sentimientos y los que responden de forma más racional.

Las personas que tienen niveles altos de empatía afectiva son las que a menudo sienten miedo cuando ven una película de terror, o comienzan a llorar durante una escena triste. Por el contrario, los que tienen alta empatía cognitiva son más racionales, por ejemplo, cuando un psicólogo clínico aconseja a un paciente.


Funcionamiento en el cerebro

El tronco-encéfalo es la parte más primitiva del cerebro y la que regula las funciones básicas como la respiración, el latido cardíaco o el metabolismo.

Inmediatamente por encima del tronco está el sistema límbico, sede de las emociones, gracias a las que los primeros seres humanos pudieron reaccionar para adaptarse a las exigencias de un entorno cambiante, y pudieron desarrollar la capacidad de identificar los peligros y evitarlos.

El sistema límbico está relacionado con la memoria y el aprendizaje. En esta zona está la amígdala, sede de los recuerdos emocionales y que nos permite dar un sentido a nuestras experiencias, al reconocer las cosas que ya hemos visto y darle valor.

Por encima del sistema límbico se encuentra el neocórtex, que nos diferencia del resto de las especies, porque nos permite tener sentimientos, lenguaje, comprensión de símbolos, arte, cultura, civilización… Es decir, nos permite sobrevivir y darle un sentido a nuestra vida.

La parte de nuestro cerebro dedicada a los pensamientos se desarrolló a partir de la región emocional. Estas zonas cerebrales siguen estado muy vinculadas mediante circuitos neuronales, lo que significa que hay una relación entre pensamientos, sentimientos y emociones.

El neocórtex nos permite leer, interpretar y controlar nuestras emociones. Pero tener la capacidad de controlar las emociones no significa ser racionales con nuestros sentimientos y saber las causas de todos los comportamientos.

Ocurre que hay muchas emociones gestionadas desde el sistema límbico, donde el cerebro termina tomando decisiones independientemente de los lóbulos frontales, nuestro cerebro se adelanta dejándose llevar por la activación del sistema límbico, impidiendo que el neocórtex haga su labor. Esto conlleva a decir cosas que no queríamos decir, arrepintiéndonos de ellas.



 *
*   *
Investigación

Con el desarrollo de técnicas de neuroimagen no invasivas, junto con el desarrollo de metodologías experimentales en neurociencia cognitiva, el estudio de las estructuras del cerebro involucradas en la respuesta emocional se ha ganado el reconocimiento y es hoy un campo de investigación por derecho propio: la Neurociencia de los Afectos (Affective Neuroscience).

Las emociones varían en función del tiempo

Investigadores del Instituto del Cerebro y de la Médula Espinal (Francia), de la Universidad Ku Leuven (Bélgica) y de la Universidad de Maastricht (Países Bajos) han identificado las regiones cerebrales implicadas en las diferentes fases de los procesos emocionales y constatado que las bases neuronales de las emociones varían en función del tiempo en el que se desarrolla la emoción. Los resultados se publicaron en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience (SCAN) en abril 2017.

Los investigadores realizaron un experimento en el que participaron 31 voluntarios. Pidieron a los participantes redactar algunos textos cortos sobre temas personales, como sus sueños o aspiraciones. Estos textos fueron analizados por expertos para deducir la personalidad de cada uno de ellos.

Lo importante del experimento es que todos los voluntarios recibieron los mismos comentarios negativos o neutros sobre su personalidad, independientemente de lo que habían escrito, con la finalidad de provocar una reacción emocional que pudiera ser analizada.

En la siguiente fase del experimento, se pidió a los participantes leer y reflexionar sobre los comentarios de los expertos relativos a su personalidad durante 90 segundos, y señalar los cambios emocionales que habían notado en ese tiempo.

Mientras pasaba todo esto, la actividad cerebral de los participantes era observada mediante imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf), que permite registrar en tiempo real la activación de las diferentes regiones cerebrales.

De esta forma, los investigadores pudieron estudiar las regiones del cerebro implicadas en la explosividad y la acumulación de respuestas emocionales como consecuencia de una experiencia social negativa  los comentarios sobre su personalidad . Este tipo de experiencias es conocida por generar respuestas emocionales que duran un tiempo y que permiten por ello diferenciar sus dos fases.

Reacción cerebral dinámica. Los resultados del experimento ponen de manifiesto que las fases de inicio y de compensación de las emociones son los dos factores más importantes en los cambios emocionales que ocurren a lo largo del tiempo, y que están asociados a diferentes regiones del cerebro.

El nivel de la explosividad y surgimiento de la emoción está relacionado con la actividad en el córtex prefrontal medio. Esta región se cree que está implicada en la percepción que uno tiene de sí mismo. Su activación podría reflejar la diferencia entre la evaluación de la personalidad realizada por los expertos y la idea de sí mismo que tiene cada uno de los participantes.

El nivel de compensación de la emoción, que mide su intensificación o atenuación a lo largo del tiempo, está relacionado, a su vez, con la activación de la parte posterior de la ínsula, una región del cerebro conocida por desempeñar un papel importante en la integración de las señales emocionales.

Según explican los investigadores este estudio es el primero que demuestra que la actividad de las regiones cerebrales orquesta la respuesta emocional y su dinámica a lo largo del tiempo. Subraya además la importancia de tener en cuenta esta dimensión temporal para comprender las bases cerebrales de la evolución de las emociones, desde que se inician hasta que se atenúan, como consecuencia de un proceso de exclusión social. Estos resultados pueden ayudar en consecuencia a un mejor tratamiento de los trastornos relacionados con la salud mental.

Lo que ha pretendido esta investigación es avanzar en este campo y determinar cómo varía la actividad de las diferentes regiones cerebrales a lo largo de las diferentes fases de una experiencia emocional.


La flora intestinal afecta a los pensamientos y las emociones

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California, publicado en Psychosomatic Medicine: Journal of Behavioral Medicine en junio 2017, la flora intestinal influye tanto en nuestra salud física como en nuestro estado emocional. Su composición está relacionada con la densidad de ciertas áreas cerebrales y con el comportamiento humano.

La microbiota está compuesta por bacterias, beneficiosas en su mayoría, que habitan en el intestino. Los investigadores han hallado relación entre estas bacterias beneficiosas y las que no lo son tanto con su influencia en algunas respuestas emocionales.

El estudio se realizó mediante el análisis de las heces de 40 mujeres en un rango de edad entre los 18 y 55 años y los resultados se dividieron en dos grupos dependiendo de la composición de su flora intestinal. En el primer grupo, se mostró mayor abundancia de la bacteria Bacteroides mientras que en el otro grupo prevalecía la bacteria conocida como Prevotella.

Tras esta primera conclusión, los investigadores escanearon el cerebro mediante resonancia magnética, mientras les mostraban imágenes que pretendían inducir alguna reacción emocional. A través de este proceso, descubrieron que las personas cuya flora intestinal se compone mayoritariamente por Bacteroides mostraban un hipocampo más voluminoso, la zona cerebral implicada en la memoria. Asimismo, estas personas mostraban materia gris de mayor densidad tanto en las zonas insulares como en el cortex frontal, estas partes del cerebro son las encargadas de lidiar con el tratamiento de informaciones complejas.

En el segundo grupo, cuya composición bacteriana intestinal se basaba principalmente de Prevotella, tenían menos desarrolladas las áreas cerebrales antes mencionadas, lo que podría confirmar la relación entre las regiones emocionales, las sensoriales y las encargadas de la atención que poseemos en nuestro cerebro y la composición de nuestra flora intestinal.

En el caso de las imágenes de estímulo negativas, este segundo grupo de personas mostraban menor actividad en el hipocampo y también mostraban mayores niveles de ansiedad, estrés e irritabilidad.

Según los investigadores, como el hipocampo ayuda a regular las emociones, cuando el cerebro tiene un hipocampo más pequeño, vinculado a la composición de la flora intestinal, las imágenes negativas pueden provocar reacciones emocionales más intensas.

Aunque las personas participantes en este estudio estaban sanas, estos resultados señalan que los perfiles obtenidos de la estructura de la flora intestinal constituyen un factor de vulnerabilidad para estas personas, ante posibles trastornos psiquiátricos.

Esta investigación ha identificado relaciones entre dos tipos de flora y su incidencia sobre algunas respuestas emocionales en los seres humanos. Según los autores de este estudio, se trata de la primera demostración empírica de la relación entre diferentes comportamientos humanos y la composición microbiana de seres humanos sanos.

Hasta ahora, la mayoría de las investigaciones sobre la influencia de los organismos intestinales sobre las emociones se han efectuado en animales. Se ha comprobado por ejemplo que la flora intestinal de los roedores puede modificar su comportamiento.

Para los autores de este estudio estas modificaciones emocionales pueden implicar algún déficit en determinados trastornos mentales como la depresión, el síndrome de estrés post traumático y trastornos de personalidad.

Aunque se deban llevar a cabo más investigaciones que ahonden en estos resultados y puedan concretar más esta conexión, estas investigaciones podrían ayudan a comprender el funcionamiento de nuestro organismo y la importancia de la población bacteriana que lo compone tiene en nuestro bienestar.


*    *
*

El cero emocional

Este concepto define el punto en el que se han formado los circuitos neuronales que determinarán cómo afrontará las situaciones cualquier niño o niña desde el punto de vista emocional a lo largo de toda su vida. De esta forma queda el circuito cerrado y aunque la expresión y el control de las emociones se puede aprender a posteriori, siempre tendrá que partir de la base neuronal que se forma hasta la edad de dos años.

La clave para propiciar el desarrollo emocional en el niño estará en las relaciones de intersubjetividad que se establecen entre el pequeño y las personas con las que se relaciona.

La conexión física y emocional entres los padres y sus niños es muy importante. Este es el fundamento del desarrollo emocional del niño. Cuando el niño se siente seguro con su medio ambiente, el autoestima del niño se fortalece. El niño se sentirá seguro y pondrá atención al medio ambiente y empezará a explorar y a aprender. Cuando los niños no reciben amor en casa, pierden el autoestima y esto trae problemas sociales y emocionales en el futuro.

En la Figura: Activación de distintas regiones cerebrales, en un contexto emocional positivo, que facilitan la memoria. Son los giros derechos: lingual (GL), hipocampo posterior (pGH), hipocampo anterior (aGH) y fusiforme (GF).

La neurociencia ha demostrado que las emociones mantienen la curiosidad, nos sirven para comunicarnos y son imprescindibles en los procesos de razonamiento y toma de decisiones, es decir, los procesos emocionales y los cognitivos son inseparables. Además, las emociones positivas facilitan la memoria y el aprendizaje, mientras que en el estrés crónico la amígdala  una de las regiones cerebrales clave del sistema límbico o “cerebro emocional”  dificulta el paso de información del hipocampo a la corteza prefrontal, sede de las funciones ejecutivas.

Los neurocientíficos definen la empatía como una capacidad socio-emocional que permite percibir, compartir y comprender los estados afectivos de los demás.

Aprender a conocer las emociones

Las emociones están muy presentes en la vida del individuo, por eso es importante aprender a conocerlas y saber cómo gestionarlas, porque las emociones afectan a otras habilidades humanas, como pensar, solucionar problemas o tomar decisiones. De modo que si estamos llenos de emociones positivas, será más fácil obtener algo positivo como consecuencia de nuestros comportamientos. Por ejemplo, dos personas con las mismas habilidades pueden tener diferentes niveles de éxitos y eso depende de la emoción que cada uno de ellos lleva cuando actúa.

Si no gestionamos bien las emociones, sobre todo las negativas, no podremos conseguir nuestras tareas cotidianas, como concentrarse, recordar, aprender y tomar decisiones.


Cerebro emocional : Alimentación, Sistema inmune, Sueño y Estrés

El microbioma está relacionado con nuestras emociones. El nombre científico del eje que las vincula se llama eje microbiota-intestino-cerebro. Se trata de un maravilloso, complejo e intrincado sistema arriba-abajo y abajo-arriba, de conexiones recíprocas desde cerebro hasta intestino y desde intestino hasta cerebro a través de hormonas, sistema inmunitario, sistema nervioso simpático y nervio vago.

El sistema entérico es una red de varios millones de neuronas que regulan la peristalsis  el tránsito intestinal  y que funcionan gracias a varios neurotransmisores, pero fundamentalmente a la serotonina (el 90% de la serotonina corporal se encuentra en la zona abdominal, no en el cerebro). Este neurotransmisor está muy implicado en las emociones y el sueño. Cuando dormimos bien y nos sentimos felices es expresión de la serotonina.

El sistema microbiota-intestino-cerebro es lo que nos hace sentir las emociones a través del cuerpo. Todo está conectado, vísceras y cerebro, y esta conexión puede ir en dos direcciones: cerebro-intestino o intestino-cerebro. Los micro-organismos indirectamente pueden llegar a alterar la homeostasis cerebral.

Cuando estamos en una situación de estrés, tenemos un nivel alto de cortisol, la barrera impermeable de bacterias se deteriora y si hay contacto con la sangre, puede ser el origen de varias enfermedades auto-inmunes.

Para prevenir eso, es fundamental la alimentación mediterránea, el deporte y una buena gestión del estrés a través de la inteligencia emocional  gestión de nuestras emociones . La ansiedad y la depresión, entre otras patologías tienen su origen en un porcentaje nada desdeñable en el “segundo cerebro” y en la microbiota.

Fruta, verdura, lácteos fermentados (yogures o kéfir), entre otros, son los alimentos pre y probióticos que ayudan a crear una barrera impermeable de bacterias que recubre nuestro intestino grueso y delgado.

El estrés, y su principal hormona vinculada, el cortisol, así como el alcohol, los antibióticos, el tabaco y el exceso de azúcar (entre otros factores) ayudan a destruir esa barrera, haciendo que algunos microorganismos patógenos pasen al torrente sanguíneo provocando una respuesta inmunitaria inflamatoria  citokinas  que llegará hasta el cerebro, modificando in extremis la cantidad de serotonina que producimos en el núcleo del rafe dorsal y ventral del tronco-encéfalo. De ahí la relación entre el “segundo cerebro” presente en nuestros intestinos, la microbiota y las emociones.


La flora o microbiota intestinal está integrada por el conjunto de bacterias que viven en el intestino, desempeñando la mayoría de ellas un papel beneficioso para la salud, ya que ayudan a la absorción de nutrientes y son imprescindibles para la síntesis de determinados compuestos, como la vitamina K y otras del complejo B.

Se calcula que el ser humano tiene unas 2.000 especies bacterianas diferentes, de las cuales solamente 100 pueden llegar a ser perjudiciales. La flora aglutina a todas las bacterias del sistema gastrointestinal y constituye la mayor reserva de microbiota de todo el organismo humano.


Los investigadores han deducido que a pesar de las diferentes psicologías entre individuos, 
los patrones de activación cerebral permanecen sustancialmente iguales y las
 emociones tienen una firma característica que se puede leer en diferentes áreas del cerebro.
Ver:

mayo 11, 2016

Investigación sobre el Daño Cerebral Provocado por el Consumo de Drogas





Las drogas son sustancias químicas que afectan el cerebro al penetrar en su sistema de comunicación e interferir con la manera en que las neuronas normalmente envían, reciben y procesan la información.

Algunas drogas, como la marihuana y la heroína, pueden activar las neuronas porque su estructura química imita la de un neurotransmisor natural. Esta similitud en la estructura “engaña” a los receptores y permite que las drogas se adhieran a las neuronas y las activen. Aunque estas drogas imitan a las sustancias químicas propias del cerebro, no activan las neuronas de la misma manera que lo hace un neurotransmisor natural, y conducen a mensajes anómalos que se transmiten a través de la red.

Otras drogas, como las anfetaminas o la cocaína, pueden causar que las neuronas liberen cantidades inusualmente grandes de neurotransmisores naturales o impedir el reciclaje normal de estas sustancias químicas del cerebro. Esta alteración produce un mensaje amplificado en gran medida, que en última instancia interrumpe los canales de comunicación.


La cocaîna secuestra el cerebro debilitando los recuerdos

Un equipo de investigadores de la Universidad del Estado de Washington, en un estudio, publicado en la revista Journal of Neuroscience en marzo 2015, declara  haber descubierto que las drogas “secuestran” el cerebro mediante un mecanismo cerebral que altera el papel de la memoria, concretamente los circuitos cerebrales responsables de la predicción de la pérdida emocional.

Este descubrimiento abre una nueva área de investigación de terapia dirigida ya sea a alterar o a desactivar este mecanismo y conseguir que la drogadicción sea menos compulsiva.

El consumo continuado de cocaína puede provocar estados de irritabilidad, inquietud y paranoia, hasta incluso la persona pierde el sentido de la realidad y sufre alucinaciones auditivas.

Aquellos recuerdos asociados al consumo de las drogas son los de la adicción a las mismas ya que el cerebro refuerza los recuerdos otorgándoles un gran peso emocional y los conecta con la señal de recompensa y la de las decisiones que luego guiarán las acciones. Los expertos han descubierto que consumir drogas crea recuerdos tan fuertes que secuestran por completo la memoria.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores realizaron un experimento con ratas a las que suministraron cocaína en una “jaula de drogas”, con objeto de que asociaran la experiencia de la droga con ese mismo lugar. Cada vez que se les suministraba droga, las ratas reforzaban el recuerdo asociado a ese entorno específico. Para probar su hipótesis, extrajeron las estructuras denominadas redes peri-neuronales  un área del cerebro clave para tareas como la atención, la cognición, el comportamiento inhibitorio, el aprendizaje y la memoria  y descubrieron que cuando los manipulaban y les quitaban estas redes de la corteza pre-frontal, vieron que los animales tenían recuerdos más pobres.

Este experimento no eliminó el recuerdo de las drogas pero sí redujo su poder emocional, lo que podría ayudar a neutralizar la influencia de las drogas sobre los recuerdos.


Fumar deteriora la memoria, el aprendizaje y el razonamiento intelectual

Investigadores del King’s College de Londres, en un estudio publicado en la revista Age and Ageing en 2012, afirman que el hábito del  tabaquismo "pudre" el cerebro.

Según se desprende del estudio realizado sobre 8.000 adultos, bastan cuatro años fumando de manera habitual para que se deterioren de manera evidente la memoria, la capacidad del cerebro de planificar y la destreza para cualquier tarea cognitiva. Si además se padece hipertensión y obesidad, el deterioro de la memoria es mucho mayor.

Las pruebas realizadas sobre estos pacientes fueron efectuadas también a los cuatro y a los ocho años de comenzar el estudio. Los resultados de las mismas demuestran que el riesgo general de ataque cardiaco o accidente cerebrovascular está significativamente asociado con el deterioro cognitivo, por lo que también deducen que hay una asociación consistente entre fumar y las puntuaciones más bajas en las pruebas.

Los investigadores explican que el declive mental cada vez aparece más asociado al envejecimiento, y crece el número de personas que sufren porque interfiere en su bienestar cotidiano, porque tienen problemas para recordar palabras o incluso para organizar las tareas que deben realizar a lo largo del día.

Hay que crear conciencia sobre la necesidad de cambiar ciertos estilos y hábitos de vida debido al riesgo de deterioro cerebral. Una dieta equilibrada, mantener un peso saludable, ejercitarse regularmente, controlar la presión sanguínea y el colesterol, así como no fumar pueden marcar la diferencia.


Fumar modifica el cerebro de los adolescentes

En un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y publicado en la revista Neuropsychopharmacology en marzo 2014, se encontró en la ínsula los efectos en el desarrollo físico del cerebro de los jóvenes adultos expuestos al tabaco.

En el periodo comprendido entre la adolescencia hasta la edad adulta temprana, el cerebro sigue en desarrollo, y es precisamente la etapa que coincide con el grupo de edad que más suele fumar.

La ínsula  una parte de la corteza cerebral ubicada profundamente en la superficie lateral del cerebro  está involucrada en los sentimientos y en la toma de decisiones relacionadas con ellos (dolor, odio, miedo, felicidad, tristeza...).

El hecho de haberse centrado para la investigación en esta parte concreta del cerebro, es porque la ínsula desempeña un papel muy importante en el sostenimiento de la dependencia al tabaco.

Tras examinar los historiales y esta zona en particular del cerebro de 42 participantes con edades comprendidas entre los 16 y los 22 años, los investigadores encontraron que el grosor cortical de la ínsula de los fumadores era mucho más delgado que el de los no fumadores. Cuantos más cigarrillos al día fumaba el sujeto, más fino era ese grosor.

Los resultados del estudio concluyen que los jóvenes fumadores pueden experimentar ciertos cambios en la estructura del cerebro y que, esta modificación no solo sucede con los jóvenes que han fumado durante un largo período de tiempo, sino también con aquellos que lo han hecho desde hace poco.

El estudio sugiere que los cambios neurobiológicos que se producen por fumar durante este período crítico del desarrollo, podrían explicar por qué los adultos que comenzaron a fumar a una edad temprana quedaron finalmente adictos al tabaco durante toda su vida.


El cerebro sufre por el exceso de alcohol en la adolescencia

Un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke (EE.UU.) publicado en la revista Alcoholism: Clinical & Experimental Research en mayo 2015, explica que beber alcohol en exceso durante la etapa de la adolescencia puede tener consecuencias muy negativas para el desarrollo del cerebro.

La adolescencia no es solo un periodo crucial en términos de maduración cognitiva, emocional y social sino que coincide con el despertar del consumo de alcohol para muchos de ellos y, con frecuencia, este consumo suele arrancar con fuerza sin tener en consideración las secuelas a largo plazo.

Los investigadores realizaron un experimento con ratas jóvenes a las que expusieron a ciertos niveles de alcohol durante 16 días, con un tiempo similar a la adolescencia humana. Tras esto, no recibieron más alcohol, lo que permitió a las ratas madurar hasta la edad adulta durante 24-29 días. Durante la investigación, los expertos midieron un mecanismo celular conocido como potenciación a largo plazo (LTP) en el hipocampo, una de las bases moleculares de la memoria.

Así, una actividad sináptica alta es la mejor señal de que el aprendizaje está siendo eficiente, de ahí que el LTP sea más alto en personas más jóvenes porque tienden a adquirir grandes cantidades de información en la memoria; mucho más que cuando se acercan a la edad adulta.

Los resultados del estudio revelaron un cambio estructural en las células nerviosas del hipocampo junto a un LTP hiperactivo; además las espinas dendríticas, donde se producen la mayoría de sinapsis de las neuronas, aparecían como si estuvieran inmaduras, desgarbadas y largas (las maduras son cortas y con aspecto similar a una seta). Un animal que produce demasiado LTP finalmente dejará de aprender, ya que para aprender a ser eficiente, el cerebro necesita un delicado equilibrio de excitación e inhibición y demasiado de cualquiera de ellas hace que los circuitos cerebrales no funcionan de manera óptima.

Las conclusiones del estudio detallan que tomar alcohol en demasía provoca daños en la zona del cerebro que controla la memoria de larga duración y el aprendizaje, lo que afecta al crecimiento de un cerebro que aún necesita desarrollarse plenamente. Según la ley, una vez que los jóvenes alcanzan la edad de 18 años ya se consideran adultos, pero el cerebro sigue madurando y perfeccionando hasta más de los 20 años.


El alcohol altera la estructura neuronal del cerebro

Un equipo de investigadores de la Universidad del País Vasco (España) y la Universidad de Nottingham (Reino Unido) en un estudio publicado en enero 2015 en la revista Plos One, ha revelado qué daños estructurales a nivel molecular puede causar este exceso de alcohol en el cerebro.

Los investigadores analizaron los cerebros de 20 personas fallecidas a las que se les había diagnosticado abuso de alcohol o dependencia alcohólica, así como otros 20 cerebros de personas fallecidas, que no fueron alcohólicas. Tras estudiar la corteza pre-frontal de todos ellos, los expertos detectaron diversas alteraciones en el cito-esqueleto neuronal de los pacientes alcohólicos; concretamente, en las proteínas alfa y beta denominadas tubulina y espectrina.

Tras ahondar en este hallazgo, descubrieron que la zona del cerebro que controla las funciones ejecutivas, como el diseño de estrategias, la memoria de trabajo, la planificación o el control de la conducta, estaba alterada exclusivamente en los pacientes alcohólicos. Así, utilizando técnicas de proteómica (estudio de las proteínas) para localizar y marcar cuáles eran las proteínas modificadas en esas neuronas, hallaron que los elementos modificados pertenecían a las familias de proteínas tubulinas y espectrinas, quienes facilitan la relación y la actividad entre los componentes de la red neuronal del cerebro.

Según los expertos, esta alteración en la estructura neuronal del cerebro provocada por el etanol, podría explicar los problemas de comportamiento, cognitivos y de aprendizaje, que suelen presentar la personas alcohólicas.


El abuso de marihuana puede dañar el centro de placer del cerebro

Un estudio llevado a cabo por el Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas en Bethesda (EEUU), publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) en julio 2014, determina que fumar grandes cantidades de marihuana durante un espacio de tiempo prolongado puede provocar el efecto contrario que suelen buscar los que la fuman, ya que daña el centro de placer del cerebro, responsable de las sensaciones de placer y recompensa.

Los científicos saben que el abuso de drogas puede causar estragos en el sistema de la dopamina, un ingrediente principal en el sistema de recompensa del cerebro. Las personas que abusan del alcohol y de la cocaína, por ejemplo, producen mucho menos dopamina en su cerebro que las que no lo hacen. Querían averiguar si este mismo efecto se produce en los que fuman grandes cantidades de marihuana.

Para ello, trabajaron con metlfenidato, un estimulante que aumenta la cantidad de dopamina en el cerebro, que fue distribuido entre 24 fumadores empedernidos de marihuana (con una media de 5 porros al día, 5 días a la semana durante 10 años) y 24 personas en el grupo de control.

Las imágenes cerebrales revelaron que ambos grupos produjeron dopamina extra después de tomar el medicamento; pero mientras que el grupo de control experimentó un aumento de la frecuencia cardíaca y de las lecturas de la presión arterial así como afirmaron sentirse inquietos, los consumidores de marihuana no lo hicieron, no les afectó. Sus respuestas fueron tan débiles que los investigadores llegaron a plantearse si el metilfenidato estaría caducado (que no lo estaba).

Esta falta de respuesta física sugiere que las personas que abusan de la marihuana podrían haber dañado el circuito de recompensa del cerebro. Su cerebro, a pesar de producir la misma cantidad de dopamina que los que no toman drogas, no sabe qué hacer con ella, produciéndose una especie de “desconexión”.


El consumo prolongado de marihuana ocasiona cambios en el cerebro

Una investigación del Centro para BrainHealth de la Universidad de Texas, de acuerdo con un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences en noviembre 2014, el consumo de marihuana a una edad temprana podría tener consecuencias a largo plazo en el cerebro e incluso podría disminuir el coeficiente intelectual (CI).

 El estudio ha concluido que los efectos del consumo habitual y prolongado de marihuana en el cerebro dependen de dos factores: tanto de la edad de consumo como del tiempo que se prolongue este consumo. Las consecuencias en el cerebro son igualmente alarmantes.

Los investigadores encontraron que en comparación con quienes no fumaban marihuana, aquellos que lo hacían desde los 14 años tenían un menor volumen cerebral o materia gris en la corteza orbito-frontal  el área que ayuda a tomar decisiones . Entre más joven era el usuario más notorios fueron los cambios.

El trabajo realiza una descripción exhaustiva de los efectos negativos, a largo plazo, en el cerebro de los consumidores de marihuana; entre otros, destacan anomalías en la función cerebral y en la estructura, ya que se produce una degradación progresiva de la conectividad estructural, el cableado del cerebro.

La investigación contó con la participación de 48 consumidores de marihuana crónicos (con una media de tres dosis al día) y 62 adultos no consumidores, con idéntico sexo y edad. La comparación de los resultados de los escáneres cerebrales mediante técnicas de resonancia magnética múltiple de ambos grupos revelaron que los consumidores de marihuana tenían un menor volumen cerebral en la corteza orbi-frontal (relacionada con las adicciones) y una menor conectividad cerebral que los sujetos no consumidores.

Este estudio mostró que la corteza orbito-frontal  una área involucrada en la recompensa, toma de decisiones y motivación  era menor en los usuarios y que otros circuitos cerebrales eran incrementados, probablemente para compensar la función disminuida de esta región.

Los datos muestran que la gravedad de la utilización está directamente correlacionada con una mayor conectividad. Aunque el estudio no concluye si alguno o todos los cambios en el cerebro son una consecuencia directa del consumo de marihuana, los efectos sugieren que dichos cambios están relacionados con la edad de inicio y la duración del consumo de marihuana. Sugiere finalmente que la conectividad del cerebro parece degradarse con el uso prolongado de esta droga.


La exposición a la nicotina durante el embarazo, está vinculada a cambios genéticos que pueden aumentar el riesgo de TDAH

Según un estudio en animales realizado por investigadores de la Universidad de Yale, publicado en la revista en línea Nature Neuroscience en junio 2016, la exposición a la nicotina en el útero puede desencadenar amplios cambios genéticos que afectan la formación de conexiones entre las células cerebrales a lo largo de la vida de un animal, un cambio que podría relacionarse con problemas de atención y comportamiento más tarde en niños de madres fumadoras.

Los investigadores expusieron a ratones preñados al humo del tabaco para ver qué efecto duradero tuvo la exposición prenatal a la nicotina en los fetos en desarrollo. Una vez que los ratones nacieron, el equipo observó que las personas expuestas temprano a la nicotina desarrollaron problemas de comportamiento que imitaba los síntomas de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en los seres humanos.

Realizaron exámenes genómicos extensivos de los ratones expuestos a la nicotina y encontraron niveles más altos de actividad en un área clave del cerebro que regula la metilación de las histonas. La metilación de la histona controla la expresión génica al cambiar la forma en que el ADN se envuelve alrededor de los cromosomas, principalmente en genes responsables de crear sinapsis cerebrales.


*
*    *


Efectos de la cocaína en el cerebro

Nuestro sistema nervioso central, cuyo órgano principal es el cerebro, está formado por neuronas que se comunican a través de impulsos eléctricos o químicos para transmitir mensajes e información sobre nuestro entorno y sobre lo que está sucediendo en nuestro cuerpo.

Existe entre las neuronas un espacio sináptico en el que pasan sustancias químicas llamadas neurotransmisores. Estos neurotransmisores actúan como mensajeros que transmiten la información entre las neuronas. Hay diferentes tipos de neurotransmisores según el tipo de mensaje a enviar.


La dopamina es el neurotransmisor más afectado por el consumo de cocaína (igual al consumo de otras drogas como el alcohol y la heroína). La dopamina está presente en la regulación del comportamiento emocional (por ejemplo para la felicidad o el estrés), en la regulación del movimiento y en las funciones mentales superiores como la memoria, el comportamiento o la motivación. Esta sustancia también desempeña un papel muy importante en lo que se denomina el sistema de recompensa del cerebro, es decir en los sentimientos de placer que nos da nuestro cerebro frente a situaciones específicas o a determinadas sustancias tales como alimento, sexo, o en este caso la cocaína.

El efecto de la cocaína en el cerebro es evitar que la dopamina sea capturada por las neuronas, lo que causa una acumulación de una gran cantidad de dopamina en el espacio sináptico, resultando en un incremento en las funciones asociadas a este neurotransmisor.

La cocaína altera nuestros sistemas del cerebro responsables de placer, motivación y recompensas. Su consumo a la larga hace que la gente sea menos sensible a la experimentación con la sensación de placer natural por ejemplo debido a sexo, a la práctica de deporte o de comer. El consumo prolongado, hace que también se sea menos sensible a las sensaciones agradables y a las emociones.


Así afecta el cannabis al cerebro

En nuestra sociedad, el cannabis goza de cierta aceptación, a pesar de tratarse de una sustancia ilegal.

Al margen de sus posibles usos terapéuticos, los médicos y demás expertos avisan de las nocivas consecuencias para la salud derivadas tanto de un consumo crónico  que agrava sus daños  como del esporádico, que también puede acarrear problemas.

El cáñamo, cuyo nombre científico es Cannabis sativa, es una planta fibrosa utilizada a lo largo de la historia del hombre no sólo para elaborar cuerdas y ropa, sino también para conseguir una mayor resistencia en diferentes objetos. A pesar de que la fibra de cáñamo se conoce hace más de 100.000 años, las propiedades psicoactivas de esta planta se reconocieron en China hace 4.000 años. Sus 'propiedades embriagadoras', como decía Herodoto en el siglo V, se deben fundamentalmente al delta-9-tetrahidrocanabinol (THC), el cannabinoide responsable de sus efectos en el cerebro.  El mundo occidental no conoció sus propiedades intoxicantes y narcóticas hasta el siglo XIX, cuando las tropas de Napoleón III regresaron a Francia de la campaña de Egipto llevándola consigo.

A dosis bajas el cannabis o marihuana puede producir euforia, una sensación de calma y relajación, así como estados alterados, reducción del dolor, risa, extroversión y aumento de apetito, pero también produce un decremento en la atención, la capacidad de resolución de tareas en la memoria a corto plazo y el desempeño psicomotor, como el jugar tenis o conducir un automóvil. Las dosis altas de cannabis pueden producir cambios profundos en la personalidad y alucinaciones.

El ingrediente activo de esta planta es una sustancia química oleosa denominada Delta 9 Tetrahidrocanabinol o THC. A finales de 1980 se descubrió que en el cerebro el THC se puede unir a una proteína G acoplada a receptores cannabinoides. Se conoce dos tipos de estos receptores, los CB1 que se encuentran en el cerebro  particularmente en las áreas de control motor, la corteza cerebral y las vías dolorosas  y los CB2, principalmente en el sistema inmune, aunque también están presentes en el tallo cerebral, la corteza y las neuronas cerebelares.

Los receptores CB1 son abundantes en el circuito de gratificación cerebral y participan en los mecanismos de adicción inducidos por diferentes drogas de abuso. Las neuronas dopaminérgicas de la vía mesocorticolímbica están controladas por entradas aferentes excitatorias e inhibitorias, que a su vez son moduladas por receptores CB1. La presencia de estos receptores en otras estructuras neurales relacionadas con la motivación y la gratificación, como la amígdala y el hipocampo, indica que el sistema endocannabinoïde participa en tales funciones.

¿ Cómo influye en el cerebro ?

Fumar cannabis puede alterar la estructura y función cerebral. Numerosos estudios han demostrado que su consumo tiene efectos neurotóxicos en el cerebro, en especial en el de adolescentes.

Estos cambios cerebrales se relacionan sobre todo con deficiencias cognitivas y con un aumento del riesgo de desarrollar problemas psiquiátricos, que se asocian con un uso crónico de la droga. Cualquier persona que fume cannabis verá alterada la función de sus células cerebrales. Lo que es más variable entre los individuos es la magnitud de esos cambios y su conexión con efectos negativos.

Además, su consumo altera la percepción sensorial, reduce la memoria a corto plazo, la atención y las habilidades motoras. El uso ocasional puede producir ansiedad y ataques de pánico.

¿ De qué forma llega al cerebro ?

Cuando el cannabis alcanza el cerebro a través del torrente sanguíneo, su componente activo, el tetrahidrocarbocannabinol o THC, se une a unas proteínas neuronales llamadas receptores CB1. Como ocurre con otras drogas, el cannabis estimula la liberación de dopamina en áreas específicas del cerebro (mesolímbicas), mientras que el THC estimula la liberación de opioides endógenos.

El incremento de la dopamina y de la liberación de opioides son los responsables de los efectos gratificantes y de refuerzo del cannabis. Cuando se inhala esta sustancia, sus efectos se sienten a los pocos minutos y pueden durar hasta dos o tres horas.

¿ Provoca adicción ?

No hay duda de que el consumo de marihuana causa adicción, fruto de las alteraciones cerebrales que desata. Un consumo crónico y fuerte de cannabis conduce a modificaciones en elementos moleculares de estructuras cerebrales que son responsables del estado de adicción y del síndrome de abstinencia cuando su uso es interrumpido.

De hecho, en estos consumidores crónicos, el cese repentino de su toma produce unos síntomas asimilables a un síndrome de retirada. Sin ser grave, este síndrome incluye irritabilidad, insomnio, anorexia, sudoración y náuseas.

Los efectos menos conocidos del cannabis

Según diversos estudios de sociedades científicas de gran prestigio internacional, el uso persistente de marihuana provoca pérdida de memoria, reduce el rendimiento y altera las capacidades cognitivas. Puede producir depresión, ansiedad, psicosis y, en el peor de los casos, esquizofrenia.

Una de las consecuencias menos conocidas tienen que ver con los trastornos psiquiátricos. El consumo de porros multiplica por dos las probabilidades de sufrir brotes psicóticos (con más riesgo a mayor dosis). Varios estudios coinciden en que la marihuana podría actuar como desencadenante de estos ataques en personas con una cierta predisposición genética. El riesgo se acentúa cuando el consumo se inicia antes de los 15 años.

Los adolescentes que fuman marihuana tienen hasta un 40% más de riesgo de sufrir depresión, ansiedad, psicosis (alucinaciones) o algún tipo de enfermedad mental; especialmente en el caso de las chicas. Y aunque no se ha demostrado de una manera estadísticamente significativa que pueda causar esquizofrenia, sí parece que empeora sus síntomas y agrava los ataques.