diciembre 29, 2017

Las Emociones y el Funcionamiento del Cerebro


El cerebro es el órgano de las emociones: da nacimiento a la alegría, la tristeza, el miedo o la ira

A medida del adelanto de los conocimientos sobre los mecanismos cognoscitivos y cerebrales implicados en la atención, la memoria, o incluso el raciocinio, neurocientíficos y psicólogos comprobaron progresivamente cómo pueden las emociones influir en los procesos cognoscitivos.

La emoción es un impulso que mueve a la persona a actuar, la raíz etimológica de la palabra viene de el latín “e-movere”, es decir, “ir hasta” que al final se resumen en: ataca, escapa o lucha.

Las emociones son reacciones inconscientes que la naturaleza ha ideado para garantizar la supervivencia y que, por nuestro propio beneficio, hemos de aprender a gestionar (no erradicar).

La emoción es una reacción que ocurre como resultado de un estímulo percibido por el individuo, que causará actividades sincronizadas en muchas partes del cuerpo, como en el sistema de procesamiento de información y los sistemas relacionados con el cuerpo.

Emociones como la alegría, la ira, el miedo, la vergüenza o el disgusto pueden generar cambios en el comportamiento tales como:

* Buenos o malos pensamientos
* Expresiones motoras (faciales, vocales, gestuales o posturales)
* Un cambio en la frecuencia cardíaca
* Un desencadenante de motivación
* Un sistema subjetivo

Las emociones varían a lo largo del tiempo, comprender sus variaciones, su dinámica y las regiones cerebrales implicadas en estos procesos necesita nuevos desarrollos desde un punto de vista terapéutico.

Hay que tener en cuenta que las variaciones emocionales son un factor determinante en la aparición de enfermedades mentales como la depresión, el estrés post-traumático e incluso los trastornos de personalidad graves.

Conocer lo que pasa dentro de nosotros cuando sentimos una emoción y cómo esta emoción evoluciona a lo largo del tiempo, ha sido el campo de investigación de una disciplina conocida como dinámica de las emociones.

Las emociones siguen una serie de patrones bien conocidos. Una emoción puede surgir de pronto o progresivamente,  por lo que se habla del grado de explosividad de una emoción. Una vez planteada, surge la fase de compensación de la emoción, es decir, su intensificación o atenuación a lo largo del tiempo, evaluada por su grado de acumulación.

Las bases cerebrales de estas dos fases y sus eventuales variaciones a lo largo del tiempo no son conocidas, aunque recientes investigaciones han identificado a algunas regiones cerebrales implicadas en el surgimiento de las emociones, como el córtex prefrontal medio, la amígdala o la ínsula.


Cerebro emocional y Cerebro racional


El cerebro racional o neocórtex abarca 2/3 de del cerebro humano. Es lo que nos otorga la cualidad de humano y ser pensante. El neocórtex está dividido en dos hemisferios; cada uno de ellos se encarga de realizar diferentes procesos mentales.

El cerebro emocional o sistema límbico  situado por debajo de la corteza cerebral  está compuesto por el tálamo, hipotálamo, amígdala cerebral e hipocampo.

* El hipotálamo es un órgano del sistema nervioso que interviene en la regulación de ciertos comportamientos como el estrés y la defensa. También regula la dieta y las funciones sexuales.

* El hipocampo desempeña un papel muy importante en la memoria y la interpretación de lo que percibimos. El hipocampo regula el estrés y la ansiedad y es responsable de nuestras capacidades de memorización.

* El tálamo permite la regulación del sueño, el estado de alerta y la conciencia. Esta región ordena la nueva información enviada por el cerebro y es capaz de producir las emociones transmitidas luego a la amígdala.

* La amígdala cerebral desempeña un papel fundamental, es quien envía los impulsos que transmiten emociones y es el centro del control emocional, además de influir directamente en el aprendizaje y la memoria.

La acción común y complementaria de dichas regiones constituye un sistema motor emocional. Las mismas estructuras que se ocupan de las señales emocionales participan en otras tareas, como la toma de decisiones racionales y los juicios morales.

Diferencias físicas entre cerebro racional y emocional

Según investigaciones se ha encontrado diferencias físicas entre los cerebros de personas que responden emocionalmente a los sentimientos y los que responden de forma más racional.

Las personas que tienen niveles altos de empatía afectiva son las que a menudo sienten miedo cuando ven una película de terror, o comienzan a llorar durante una escena triste. Por el contrario, los que tienen alta empatía cognitiva son más racionales, por ejemplo, cuando un psicólogo clínico aconseja a un paciente.


Funcionamiento en el cerebro

El tronco-encéfalo es la parte más primitiva del cerebro y la que regula las funciones básicas como la respiración, el latido cardíaco o el metabolismo.

Inmediatamente por encima del tronco está el sistema límbico, sede de las emociones, gracias a las que los primeros seres humanos pudieron reaccionar para adaptarse a las exigencias de un entorno cambiante, y pudieron desarrollar la capacidad de identificar los peligros y evitarlos.

El sistema límbico está relacionado con la memoria y el aprendizaje. En esta zona está la amígdala, sede de los recuerdos emocionales y que nos permite dar un sentido a nuestras experiencias, al reconocer las cosas que ya hemos visto y darle valor.

Por encima del sistema límbico se encuentra el neocórtex, que nos diferencia del resto de las especies, porque nos permite tener sentimientos, lenguaje, comprensión de símbolos, arte, cultura, civilización… Es decir, nos permite sobrevivir y darle un sentido a nuestra vida.

La parte de nuestro cerebro dedicada a los pensamientos se desarrolló a partir de la región emocional. Estas zonas cerebrales siguen estado muy vinculadas mediante circuitos neuronales, lo que significa que hay una relación entre pensamientos, sentimientos y emociones.

El neocórtex nos permite leer, interpretar y controlar nuestras emociones. Pero tener la capacidad de controlar las emociones no significa ser racionales con nuestros sentimientos y saber las causas de todos los comportamientos.

Ocurre que hay muchas emociones gestionadas desde el sistema límbico, donde el cerebro termina tomando decisiones independientemente de los lóbulos frontales, nuestro cerebro se adelanta dejándose llevar por la activación del sistema límbico, impidiendo que el neocórtex haga su labor. Esto conlleva a decir cosas que no queríamos decir, arrepintiéndonos de ellas.



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Investigación

Con el desarrollo de técnicas de neuroimagen no invasivas, junto con el desarrollo de metodologías experimentales en neurociencia cognitiva, el estudio de las estructuras del cerebro involucradas en la respuesta emocional se ha ganado el reconocimiento y es hoy un campo de investigación por derecho propio: la Neurociencia de los Afectos (Affective Neuroscience).

Las emociones varían en función del tiempo

Investigadores del Instituto del Cerebro y de la Médula Espinal (Francia), de la Universidad Ku Leuven (Bélgica) y de la Universidad de Maastricht (Países Bajos) han identificado las regiones cerebrales implicadas en las diferentes fases de los procesos emocionales y constatado que las bases neuronales de las emociones varían en función del tiempo en el que se desarrolla la emoción. Los resultados se publicaron en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience (SCAN) en abril 2017.

Los investigadores realizaron un experimento en el que participaron 31 voluntarios. Pidieron a los participantes redactar algunos textos cortos sobre temas personales, como sus sueños o aspiraciones. Estos textos fueron analizados por expertos para deducir la personalidad de cada uno de ellos.

Lo importante del experimento es que todos los voluntarios recibieron los mismos comentarios negativos o neutros sobre su personalidad, independientemente de lo que habían escrito, con la finalidad de provocar una reacción emocional que pudiera ser analizada.

En la siguiente fase del experimento, se pidió a los participantes leer y reflexionar sobre los comentarios de los expertos relativos a su personalidad durante 90 segundos, y señalar los cambios emocionales que habían notado en ese tiempo.

Mientras pasaba todo esto, la actividad cerebral de los participantes era observada mediante imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf), que permite registrar en tiempo real la activación de las diferentes regiones cerebrales.

De esta forma, los investigadores pudieron estudiar las regiones del cerebro implicadas en la explosividad y la acumulación de respuestas emocionales como consecuencia de una experiencia social negativa  los comentarios sobre su personalidad . Este tipo de experiencias es conocida por generar respuestas emocionales que duran un tiempo y que permiten por ello diferenciar sus dos fases.

Reacción cerebral dinámica. Los resultados del experimento ponen de manifiesto que las fases de inicio y de compensación de las emociones son los dos factores más importantes en los cambios emocionales que ocurren a lo largo del tiempo, y que están asociados a diferentes regiones del cerebro.

El nivel de la explosividad y surgimiento de la emoción está relacionado con la actividad en el córtex prefrontal medio. Esta región se cree que está implicada en la percepción que uno tiene de sí mismo. Su activación podría reflejar la diferencia entre la evaluación de la personalidad realizada por los expertos y la idea de sí mismo que tiene cada uno de los participantes.

El nivel de compensación de la emoción, que mide su intensificación o atenuación a lo largo del tiempo, está relacionado, a su vez, con la activación de la parte posterior de la ínsula, una región del cerebro conocida por desempeñar un papel importante en la integración de las señales emocionales.

Según explican los investigadores este estudio es el primero que demuestra que la actividad de las regiones cerebrales orquesta la respuesta emocional y su dinámica a lo largo del tiempo. Subraya además la importancia de tener en cuenta esta dimensión temporal para comprender las bases cerebrales de la evolución de las emociones, desde que se inician hasta que se atenúan, como consecuencia de un proceso de exclusión social. Estos resultados pueden ayudar en consecuencia a un mejor tratamiento de los trastornos relacionados con la salud mental.

Lo que ha pretendido esta investigación es avanzar en este campo y determinar cómo varía la actividad de las diferentes regiones cerebrales a lo largo de las diferentes fases de una experiencia emocional.


La flora intestinal afecta a los pensamientos y las emociones

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California, publicado en Psychosomatic Medicine: Journal of Behavioral Medicine en junio 2017, la flora intestinal influye tanto en nuestra salud física como en nuestro estado emocional. Su composición está relacionada con la densidad de ciertas áreas cerebrales y con el comportamiento humano.

La microbiota está compuesta por bacterias, beneficiosas en su mayoría, que habitan en el intestino. Los investigadores han hallado relación entre estas bacterias beneficiosas y las que no lo son tanto con su influencia en algunas respuestas emocionales.

El estudio se realizó mediante el análisis de las heces de 40 mujeres en un rango de edad entre los 18 y 55 años y los resultados se dividieron en dos grupos dependiendo de la composición de su flora intestinal. En el primer grupo, se mostró mayor abundancia de la bacteria Bacteroides mientras que en el otro grupo prevalecía la bacteria conocida como Prevotella.

Tras esta primera conclusión, los investigadores escanearon el cerebro mediante resonancia magnética, mientras les mostraban imágenes que pretendían inducir alguna reacción emocional. A través de este proceso, descubrieron que las personas cuya flora intestinal se compone mayoritariamente por Bacteroides mostraban un hipocampo más voluminoso, la zona cerebral implicada en la memoria. Asimismo, estas personas mostraban materia gris de mayor densidad tanto en las zonas insulares como en el cortex frontal, estas partes del cerebro son las encargadas de lidiar con el tratamiento de informaciones complejas.

En el segundo grupo, cuya composición bacteriana intestinal se basaba principalmente de Prevotella, tenían menos desarrolladas las áreas cerebrales antes mencionadas, lo que podría confirmar la relación entre las regiones emocionales, las sensoriales y las encargadas de la atención que poseemos en nuestro cerebro y la composición de nuestra flora intestinal.

En el caso de las imágenes de estímulo negativas, este segundo grupo de personas mostraban menor actividad en el hipocampo y también mostraban mayores niveles de ansiedad, estrés e irritabilidad.

Según los investigadores, como el hipocampo ayuda a regular las emociones, cuando el cerebro tiene un hipocampo más pequeño, vinculado a la composición de la flora intestinal, las imágenes negativas pueden provocar reacciones emocionales más intensas.

Aunque las personas participantes en este estudio estaban sanas, estos resultados señalan que los perfiles obtenidos de la estructura de la flora intestinal constituyen un factor de vulnerabilidad para estas personas, ante posibles trastornos psiquiátricos.

Esta investigación ha identificado relaciones entre dos tipos de flora y su incidencia sobre algunas respuestas emocionales en los seres humanos. Según los autores de este estudio, se trata de la primera demostración empírica de la relación entre diferentes comportamientos humanos y la composición microbiana de seres humanos sanos.

Hasta ahora, la mayoría de las investigaciones sobre la influencia de los organismos intestinales sobre las emociones se han efectuado en animales. Se ha comprobado por ejemplo que la flora intestinal de los roedores puede modificar su comportamiento.

Para los autores de este estudio estas modificaciones emocionales pueden implicar algún déficit en determinados trastornos mentales como la depresión, el síndrome de estrés post traumático y trastornos de personalidad.

Aunque se deban llevar a cabo más investigaciones que ahonden en estos resultados y puedan concretar más esta conexión, estas investigaciones podrían ayudan a comprender el funcionamiento de nuestro organismo y la importancia de la población bacteriana que lo compone tiene en nuestro bienestar.


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El cero emocional

Este concepto define el punto en el que se han formado los circuitos neuronales que determinarán cómo afrontará las situaciones cualquier niño o niña desde el punto de vista emocional a lo largo de toda su vida. De esta forma queda el circuito cerrado y aunque la expresión y el control de las emociones se puede aprender a posteriori, siempre tendrá que partir de la base neuronal que se forma hasta la edad de dos años.

La clave para propiciar el desarrollo emocional en el niño estará en las relaciones de intersubjetividad que se establecen entre el pequeño y las personas con las que se relaciona.

La conexión física y emocional entres los padres y sus niños es muy importante. Este es el fundamento del desarrollo emocional del niño. Cuando el niño se siente seguro con su medio ambiente, el autoestima del niño se fortalece. El niño se sentirá seguro y pondrá atención al medio ambiente y empezará a explorar y a aprender. Cuando los niños no reciben amor en casa, pierden el autoestima y esto trae problemas sociales y emocionales en el futuro.

En la Figura: Activación de distintas regiones cerebrales, en un contexto emocional positivo, que facilitan la memoria. Son los giros derechos: lingual (GL), hipocampo posterior (pGH), hipocampo anterior (aGH) y fusiforme (GF).

La neurociencia ha demostrado que las emociones mantienen la curiosidad, nos sirven para comunicarnos y son imprescindibles en los procesos de razonamiento y toma de decisiones, es decir, los procesos emocionales y los cognitivos son inseparables. Además, las emociones positivas facilitan la memoria y el aprendizaje, mientras que en el estrés crónico la amígdala  una de las regiones cerebrales clave del sistema límbico o “cerebro emocional”  dificulta el paso de información del hipocampo a la corteza prefrontal, sede de las funciones ejecutivas.

Los neurocientíficos definen la empatía como una capacidad socio-emocional que permite percibir, compartir y comprender los estados afectivos de los demás.

Aprender a conocer las emociones

Las emociones están muy presentes en la vida del individuo, por eso es importante aprender a conocerlas y saber cómo gestionarlas, porque las emociones afectan a otras habilidades humanas, como pensar, solucionar problemas o tomar decisiones. De modo que si estamos llenos de emociones positivas, será más fácil obtener algo positivo como consecuencia de nuestros comportamientos. Por ejemplo, dos personas con las mismas habilidades pueden tener diferentes niveles de éxitos y eso depende de la emoción que cada uno de ellos lleva cuando actúa.

Si no gestionamos bien las emociones, sobre todo las negativas, no podremos conseguir nuestras tareas cotidianas, como concentrarse, recordar, aprender y tomar decisiones.


Cerebro emocional : Alimentación, Sistema inmune, Sueño y Estrés

El microbioma está relacionado con nuestras emociones. El nombre científico del eje que las vincula se llama eje microbiota-intestino-cerebro. Se trata de un maravilloso, complejo e intrincado sistema arriba-abajo y abajo-arriba, de conexiones recíprocas desde cerebro hasta intestino y desde intestino hasta cerebro a través de hormonas, sistema inmunitario, sistema nervioso simpático y nervio vago.

El sistema entérico es una red de varios millones de neuronas que regulan la peristalsis  el tránsito intestinal  y que funcionan gracias a varios neurotransmisores, pero fundamentalmente a la serotonina (el 90% de la serotonina corporal se encuentra en la zona abdominal, no en el cerebro). Este neurotransmisor está muy implicado en las emociones y el sueño. Cuando dormimos bien y nos sentimos felices es expresión de la serotonina.

El sistema microbiota-intestino-cerebro es lo que nos hace sentir las emociones a través del cuerpo. Todo está conectado, vísceras y cerebro, y esta conexión puede ir en dos direcciones: cerebro-intestino o intestino-cerebro. Los micro-organismos indirectamente pueden llegar a alterar la homeostasis cerebral.

Cuando estamos en una situación de estrés, tenemos un nivel alto de cortisol, la barrera impermeable de bacterias se deteriora y si hay contacto con la sangre, puede ser el origen de varias enfermedades auto-inmunes.

Para prevenir eso, es fundamental la alimentación mediterránea, el deporte y una buena gestión del estrés a través de la inteligencia emocional  gestión de nuestras emociones . La ansiedad y la depresión, entre otras patologías tienen su origen en un porcentaje nada desdeñable en el “segundo cerebro” y en la microbiota.

Fruta, verdura, lácteos fermentados (yogures o kéfir), entre otros, son los alimentos pre y probióticos que ayudan a crear una barrera impermeable de bacterias que recubre nuestro intestino grueso y delgado.

El estrés, y su principal hormona vinculada, el cortisol, así como el alcohol, los antibióticos, el tabaco y el exceso de azúcar (entre otros factores) ayudan a destruir esa barrera, haciendo que algunos microorganismos patógenos pasen al torrente sanguíneo provocando una respuesta inmunitaria inflamatoria  citokinas  que llegará hasta el cerebro, modificando in extremis la cantidad de serotonina que producimos en el núcleo del rafe dorsal y ventral del tronco-encéfalo. De ahí la relación entre el “segundo cerebro” presente en nuestros intestinos, la microbiota y las emociones.


La flora o microbiota intestinal está integrada por el conjunto de bacterias que viven en el intestino, desempeñando la mayoría de ellas un papel beneficioso para la salud, ya que ayudan a la absorción de nutrientes y son imprescindibles para la síntesis de determinados compuestos, como la vitamina K y otras del complejo B.

Se calcula que el ser humano tiene unas 2.000 especies bacterianas diferentes, de las cuales solamente 100 pueden llegar a ser perjudiciales. La flora aglutina a todas las bacterias del sistema gastrointestinal y constituye la mayor reserva de microbiota de todo el organismo humano.


Los investigadores han deducido que a pesar de las diferentes psicologías entre individuos, 
los patrones de activación cerebral permanecen sustancialmente iguales y las
 emociones tienen una firma característica que se puede leer en diferentes áreas del cerebro.
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