febrero 14, 2015

Cerebro Social – El Cerebro Necesita Amistades para Funcionar Bien




 Las amistades son importantes para ayudar a los niños a desarrollarse emocional y socialmente.
Mediante las relaciones de amistad, aprenden a establecer normas, sopesar alternativas y tomar decisiones.


Los seres humanos somos seres sociales. Venimos al mundo programados para responder y relacionarnos con los demás. Incluso los niños más pequeños giran la cabeza como respuesta al sonido de una voz humana. Ya en los primeros años de vida, los niños comienzan a interactuar con otros niños fuera del ámbito familiar.


La amistad entre los pequeños es diferente a la amistad que establecen con los padres y con otros familiares. Las relaciones familiares proporcionan un sentido de intimidad más profundo y cercano, pero no sustituyen a las otras relaciones.

Desde la infancia hasta la adultez, pasando por la adolescencia, la amistad es uno de los aspectos más importantes de la vida.


Del cerebro dependen no sólo las funciones motoras y otras más básicas del organismo humano sino además el aspecto espiritual y emocional.


Cerebro social

El cerebro social consiste en el conjunto de los mecanismos neuronales que orquestan nuestras interacciones, la suma de los pensamientos y sentimientos que tenemos acerca de las personas con las que nos relacionamos.

La neurociencia ha descubierto que nuestro sistema neuronal está programado para conectarse con los demás. Incluso los encuentros mas rutinarios actúan como reveladores cerebrales que prefiguran en un sentido tanto positivo como negativo nuestra respuesta emocional. El diseño mismo del cerebro humano lo hace sociable e inexorablemente atraído a un íntimo enlace cerebro a cerebro cada vez que nos relacionamos con otra persona.

Los circuitos neuronales operan mientras estamos relacionándonos. Hay una clase de neuronas recientemente descubiertas: la neurona fusiforme, que funciona con mayor rapidez que las demás, guiándonos en decisiones sociales inmediatas, A su vez, las neuronas espejo, perciben la acción que otra persona está a punto de realizar e instantáneamente nos preparan para imitar ese movimiento y en consecuencia a sentir lo mismo.

El cerebro del niño al nacer es una página en blanco, su cerebro social será el resultado de las relaciones positivas que genere a lo largo de su vida.


Las conexiones sociales positivas aumentan el buen humor y acotan el malo, aumentando la función inmunológica en situaciones de estrés.

La soledad socava la salud y puede ser tan perjudicial como fumar. El cerebro se alimenta de glucosa, oxígeno, pero también de amor y de vínculos sociales.


Reunirse con sus cuatro mejores amigos, dos veces por semana beneficia a la salud

El objetivo del estudio, realizado por un grupo de investigadores dirigidos por el psicólogo Robin Dunbar, del área social y evolutiva de neurociencia de la Universidad de Oxford, era desentrañar los secretos que se deben conocer para lograr que un hombre sea feliz con su entorno, vida y familia. Descubrieron que era en tener la libertad para poder salir con los amigos dos veces a la semana.

La salud de un hombre y su bienestar, mejoran si se junta con sus cuatro mejores amigos, dos veces por semana en reuniones donde hagan cosas como practicar algún deporte de roce y equipo, donde en forma exclusiva pueden socializar, beber y reír juntos.

Los beneficios en la salud de estos comportamientos estarían en que en caso de enfermedad sus tiempos de recuperación son más rápidos y que a la vez, incrementan sus niveles de generosidad.

Los investigadores también descubrieron que sólo dos de cada cinco hombres, logra esas reuniones con sus amigos una vez por semana y una tercera parte de los encuestados, a penas se pone al día con los amigos.

La investigación además indagó en la calidad de las interacciones con los amigos de acuerdo al número de personas y el tiempo que les dedican. Los hombres en promedio reservan un poco menos de la mitad de su tiempo en alimentar sus amistades cercanas.

Los hombres ocupan una quinta parte de su tiempo interactuando socialmente con las personas de su redes sociales a través de chat en línea, mensajes de texto y conversaciones telefónicas.

Cuando el grupo sobrepasa las cinco personas es un número grande y se ha demostrado que es poco probable que ocurran situaciones divertidas que generen la producción de endorfinas necesarias para causar bienestar y felicidad.

Por este motivo, la indicación es que la reunión social sea entre un grupo máximo de sólo cuatro amigos.

De todas maneras, la investigación no recomienda dejar a la familia de lado, sino que considera que el pasar tiempo con el núcleo familiar disminuye los niveles de estrés que causan las preocupaciones laborales y económicas.



El volumen y el grado de conectividad de ciertas regiones del cerebro dependen del tamaño de la red social

Mary Ann Noonan, investigadora de la universidad de Oxford (Reino Unido) et al, presentó el resultado de sus trabajos en el congreso Neuroscience 2013 realizado en San Diego. Muestra que, como en muchos otros aspectos de la biología, el tamaño influye. Y mientras más amplia sea la red social de una persona, más grandes son ciertas zonas de su cerebro.

La idea consiste también en determinar visualmente a los individuos que disponen de aptitudes sociales, y los que, al contrario, viven un poco al margen de la sociedad y encuentran dificultades para insertarse, como las personas autistas o los esquizofrénicos. 


Mediante sistemas precisos de imagen cerebral, se puede estimar la importancia de un círculo de amigos. E identificar los sujetos solitarios y a los que tienen una conducta marginal.

Los investigadores reclutaron a 18 voluntarios para observar la estructura de su cerebro. Los conejillos de india indicaron el número y la frecuencia de sus interacciones sociales amistosas en los últimos meses, lo que sirvió para establecer el nivel de sociabilidad de cada uno.

Ciertas regiones cerebrales son más grandes y mejor conectadas en las personas que disponen de redes sociales más vastas, en comparación con sus homólogos más hogareños. Se trata de la unión temporoparietal  relacionada con la empatía , del cortex del cíngulo anterior o del cortex prefrontal rostral, que son las zonas implicadas en la aptitud para atribuir los estados mentales, pensamientos e intenciones al ser humano.

Los autores comprobaron también que estas regiones estaban mejor interconectadas por fibras nerviosas si los participantes tenían numerosos amigos. Como si fueran autopistas de la información nerviosa.



Un mejor amigo ayuda a niños a afrontar experiencias negativas

Un estudio de la Universidad de Concordia, en Montreal publicado en la revista Developmental Psychology en 2012, reveló que tener un mejor amigo ayuda a un niño para superar de mejor manera las experiencias negativas en su vida.


Eje hipotalámico-hipofisario-adrenal
Eje del estrés
    

De acuerdo con esta investigación, cuando un niño está solo y se enfrenta a una experiencia desagradable, se registran aumentos de cortisol, y un descenso en los sentimientos de autoestima. Tener a un mejor amigo presente durante un evento desagradable tiene un impacto inmediato sobre el cuerpo y la mente de un niño.

El estudio, demostró que cuando el niño experimentaba una situación desagradable, pero contaba con la presencia de un amigo, los niveles de cortisol y autoestima no variaban significativamente.

Los investigadores también descubrieron que este fenómeno puede determinar la calidad de la autoestima en la adultez.





Los niños necesitan tener amigos y aprender a ser un buen amigo


Las amistades son importantes para ayudar a los niños a desarrollarse emocional y socialmente. Proporcionan un campo de entrenamiento para probar diferentes maneras de relacionarse con los demás. A través de la interacción con los amigos, los niños aprenden a establecer normas, sopesar alternativas y tomar decisiones. Experimentan miedo, enojo, agresión y rechazo, aprenden a ganar y a perder y entienden lo que es apropiado y lo que no.

También adquieren conocimientos sobre el posicionamiento social y las clases de poder: quién está dentro, quién está fuera, cómo dirigir y cómo seguir, qué es justo y qué no, etc. Los niños aprenden que diferentes personas y diferentes situaciones requieren diferentes comportamientos, y llegan a comprender los puntos de vista de otras personas.

Los amigos proporcionan compañerismo y los niños descubren quiénes son al compararse con otros niños: quién es más grande, quién es más rápido, etc. Aprenden que son similares a otros niños, pero que cada uno tiene sus particularidades. En los pequeños, la amistad y el hecho de formar parte de un grupo mejora el sentimiento de autoestima.

El consuelo y el apoyo que dan los amigos ayudan a los niños a afrontar momentos difíciles o periodos de transición, como el cambio a una nueva escuela, el comienzo de la adolescencia, asuntos familiares complicados, decepciones, etc.

Las amistades no son un lujo, son una necesidad para un desarrollo psicosocial sano. Estudios previos demuestran que los niños con amigos disfrutan de un estado de bienestar óptimo, de una mejor autoestima y tienen menos problemas sociales en la edad adulta que los niños que no tienen amistades. Por otro lado, los niños con problemas para hacer amigos tienen más posibilidades de sentirse solos, de recibir burlas de los compañeros, de tener problemas académicos y de adquirir malas conductas.

Hacer amigos no es siempre una tarea fácil para los niños. Depende mucho de la estimulación que los hijos reciben de su familia y de su entorno cuando aún son pequeños.



Los primeros amigos de los niños, cuando aún son bebés, serán los peluches o algún otro juguete. Querrá estar con su amigo, cogerle, tirarle y jugar con él. Pero, el tiempo pasa, y el bebé sentirá la necesidad de compartir su experiencia no solo con su mamá, su papá, o con sus hermanos (si los tiene). Le encantará estar, aunque inconscientemente, con otros iguales.



El desarrollo del sentido de la amistad en los niños

El momento en que los bebés empiezan a querer relacionarse suele ocurrir a los seis meses, cuando muchas familias optan por llevar al bebé a una guardería para socializarse, y así conocer y hacer sus primeros amiguitos. Otros papás prefieren salir más de casa con su bebé, durante los fines de semana, llevándolo más al parque, bajándolo más al patio de casa o visitando y contactando con otras familias. Se trata de crear el clima ideal para que el bebé tenga más trato con otras personas, y evitar así que tenga miedo a los desconocidos.

Los primeros años de vida son fundamentales para la socialización de los bebés, pues es cuando ellos aprenden a abrirse a los demás y a ser amigo.

Cuanto más pequeños sean los niños a la hora de empezar a tener amigos, más probable será que tengan amistades en edades posteriores. Un 75 % de niños en edad preescolar tienen amistades, y en la adolescencia, entre un 80 % y un 90 % afirman tener amigos, normalmente indicando que uno o dos son los mejores amigos y los demás buenos amigos.

Niños y adolescentes de todas las edades piensan en la amistad en términos de reciprocidad, es decir, lo que uno hace por el otro, pero las relaciones de amistad cambian con la edad. El niño pequeño ayudará a un compañero a reconstruir una torre de bloques, el niño en edad escolar ayudará al amigo a hacer los deberes, y el adolescente dará consejo a un amigo sobre un tema que éste no quiere hablar con los padres. Aunque los términos de la reciprocidad se mantienen constantes, el concepto de amistad y del comportamiento asociado a esta cambia a medida que el niño crece.

Etapas de las amistades de los bebés y los niños

El bebé que juega poco o que juega solo puede desarrollar problemas de adaptación durante su crecimiento. Por eso, es muy importante que la familia estimule a su hijo para establecer relaciones con otros iguales. La habilidad de los niños para hacer amigos dependerá muchísimo de la postura que tengan sus padres. Los padres deben fomentar y estimular a su bebé para que comparta algunos momentos del día con otros de su misma edad.




Cuando tenga un año, el bebé disfrutará jugando con otros bebés. Querrá "investigarlos", tocar su pelo, su cara, e incluso le llamará más la atención el juguete que tiene él que los suyos propios. Durante esta etapa, los bebés suelen estar preocupados por caminar y explorar todo a su alrededor.

A los dos años de edad. Llegará el primer amigo del niño. Jugará en la guardería, en el parque, en el patio, con otros iguales, y en casa probablemente tenga un "amigo imaginario". En ese caso, los padres no deben preocuparse, es la forma que muchos niños tienen de satisfacer sus imaginaciones e ilusiones. A esta edad, ellos ejercitan libremente su creatividad, voluntad y autoridad. A esta edad, los niños se comunicarán expresando lo que han vivido y aprendido de los demás.

A los 3 ó 4 años de edad, el amigo imaginario dará lugar a un amigo de verdad, cuando el niño vaya por primera vez a la escuela. Allí, su mundo social doblará de tamaño. El niño no sólo conocerá a otros niños, sino que también compartirá su tiempo con otros adultos. Tendrá que compartir las reglas y las normas de una escuela y empezará a socializar de verdad. Será todo un mundo a descubrir y su independencia tendrá límites más duros.

A partir de los 5 ó 6 años, los niños no solamente comparten juguetes con sus amigos. Empezarán a compartir sus experiencias, sus conocimientos, además de cariño y afecto. A esas edades, el niño estará listo para aceptar reglas de convivencia. Podrá hacer amigos de verdad. Y en esta etapa, los límites serán exigidos por sus propios amigos.

A los 7 u 8 años, los niños aprenderán a cooperar y ayudar a los demás. Todavía podrán disputar por algún juguete o juego, pero tendrán más capacidad para ceder alguna vez. Serán más comprensivos e intentarán mediar algunos conflictos ellos solos.



Durante la etapa escolar, los niños, generalmente, eligen amigos que presentan alguna similitud con ellos y con los que comparten intereses. A esta edad, los niños se suelen orientar a un grupo determinado de amigos. Los grupos reflejan muchos de los problemas que existen en cualquier relación social: inclusión, exclusión, conformidad, independencia, miedo o rechazo. También reflejan diferencias de género.

Cuanta más edad, los grupos se vuelven cada vez más determinados por el sexo: las chicas suelen manifestar relaciones más íntimas y de apoyo con las amigas. Los chicos tienden a formar grandes grupos de amigos, centrados sobre todo en el deporte, mientras que las chicas, en general, prefieren formar grupos más pequeños y mantener conversaciones más personales.

Los grupos de niñas suelen ser más pequeños y exclusivos que los de niños durante la infancia, pero en la adolescencia la situación se revierte.

La formación de grupos es un fenómeno natural. Pertenecer a un grupo, ya sea de deporte, político, etc. proporciona un sentimiento de pertenencia. Entre los 10 y los 12 años se empiezan a formar los grupos, y a medida que los niños crecen, se apoyan más en los amigos, y los toman como guía a seguir, en detrimento de los padres. Los grupos se pueden formar en base a la apariencia, a las habilidades atléticas, a los resultados académicos, al estatus económico o social, al talento, a la habilidad para atraer al sexo opuesto, etc. Para algunos niños, no pertenecer a ningún grupo es un motivo de preocupación. Algunos de ellos pueden sufrir sentimientos de rechazo si no son incluidos e, incluso, pueden ser motivo de burlas y bullying.

La cantidad de tiempo que los niños pasan con los amigos es mayor durante la escuela primaria, la secundaria y la adolescencia. Los jóvenes pasan casi un tercio de su tiempo en compañía. La mayoría de adolescentes tiende a alejarse de los padres y de otros familiares y, en cambio, desarrolla unos vínculos más estrechos con los compañeros.

Mientras que la amistad entre los niños pequeños se basa, generalmente, en el compañerismo, los mayores prefieren compartir inquietudes, pensamientos y sentimientos personales. Las características de la amistad en la pre-adolescencia, como el compañerismo, la ayuda, la validación, el cuidado de los amigos y la confianza son determinantes, pero, además, las amistades adolescentes se vuelven significativamente más íntimas. Los adolescentes reconocen y valoran la complejidad de las relaciones humanas: consideran la amistad un fuerte vínculo perdurable en el tiempo.

La importancia de la amistad en la adolescencia

La aparición de fuertes relaciones de amistad es una de las características más importantes de la adolescencia.

Los adolescentes empiezan a buscar su propia identidad. Necesitan salir al exterior, establecer nuevos contactos, crear redes de amigos, descubrir el mundo y su lugar en él. Y para eso es fundamental el grupo de amigos.

Suelen construir su grupo de amigos con chicos y chicas parecidos a ellos. Con las mismas aficiones, el mismo gusto por cierta ropa, iguales intereses, etc. Como el grupo se forma entre iguales, todos ellos siguen lo que hacen los demás. están aprovechando su pertenencia al grupo para crear su identidad propia.

Las amistades proporcionan a los adolescentes oportunidades para desarrollar habilidades para resolver conflictos. Los amigos proveen diversión y emoción a los adolescentes con su compañía y recreación. Los amigos también se dan consejos entres sí. Los adolescentes hablan de muchos temas y problemas con sus compañeros adolescentes.

La lealtad es un aspecto valioso cuando se trata de amistad. Los adolescentes están siempre buscando aliados leales que puedan ayudarles en la escuela o en su vecindario.


Los amigos y los resultados académicos

Parece lógico que tener amigos en la escuela potencie el progreso académico de los niños. La escuela puede convertirse en una fuente de experiencias gratificantes y en un espacio natural de reforzamiento de comunidades. Los amigos pueden ayudarse mutuamente con las tareas escolares y los deberes, y lo que es más importante, hacen que la escuela sea más divertida.

Diversos estudios demuestran que los niños que tienen amigos y cambian de grado escolar, tienen mejores resultados escolares y les es más fácil conservar y hacer nuevos amigos. Paralelamente, los adolescentes que tienen amigos experimentan menos problemas psicológicos a la hora de cambiar de curso o de instituto.

Cuando la amistad no ayuda

La calidad de la amistad es importante. La conocida expresión "presión de grupo", que comienza en la adolescencia, aunque positiva para muchos, puede comportar también consecuencias negativas. Los niños que se relacionan con compañeros que muestran conductas antisociales corren el riesgo de seguir este mismo patrón de comportamiento. Los amigos antisociales no son un buen modelo a seguir.

Especialmente durante la adolescencia, los jóvenes que tienen un historial de comportamiento difícil y unas relaciones pobres con los compañeros tienen más riesgo de involucrarse en conductas delictivas. Por el contrario, los adolescentes que tienen un historial de buenas relaciones y son socialmente maduros tienen más capacidad de resiliencia (capacidad para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas) y mejores aptitudes para hacer frente a los cambios y al estrés.


Fomentar la amistad entre los niños

La escuela

Para los niños que necesitan ayuda individualizada :

* Enseñar a los niños habilidades sociales a través de un coach o de un asesor, y practicar con ellos las nuevas estrategias.
* Terapia en pareja: 2 niños con dificultad interactúan el uno con el otro mientras reciben consejos de un adulto.

Intervenciones de grupo en la clase :


* Realizar programas de resolución de conflictos que enseñen a los niños a encontrar alternativas para gestionar los problemas.
* Trabajar en tareas de cooperación, organizar juegos, etc. que fomenten la interacción y fortalezcan las alianzas entre los compañeros.

Mediante un refuerzo de las habilidades sociales adecuadas se puede mejorar la sociabilidad del niño.

Los padres

* Explicar al niño qué representa la amistad. Esta transmisión es importante y hay que dedicarle esfuerzo.

* Respetar el estilo de sociabilidad del niño. Algunos niños se desarrollan mejor con muchos amigos, otros con menos pero más íntimos, etc. Algunos hacen amistades de manera más rápida mientras que otros necesitan más tiempo.

* Ayudar al niño a que dedique tiempo a hacer amigos. Esto es especialmente importante si el niño es tímido o reticente a mantener interacciones con otros niños. Por ejemplo, ofrece la casa para que el niño pueda invitar a compañeros de clase, quedar con otras familias con niños o sugerirle directamente que invite a algún amigo.

Aunque, a menudo, muchos padres sienten que pueden estar forzando demasiado estas estrategias, estudios recientes indican que los niños que fueron reconducidos socialmente tenían padres que estaban involucrados en sus actividades sociales.

Si el niño tiene problemas con algún amigo, fomentar que hable con él o ella y piensen de qué manera pueden gestionar situaciones similares si vuelven a aparecer. Es importante ayudar al niño a manejar la situación de forma positiva y a entender sus reacciones y sentimientos.




Las amistades enseñan, educan y nos hacen crecer dentro de nosotros mismos. Para que una amistad se mantenga sana, 
es necesario que los padres intervengan siempre. Deben empezar dentro de casa, a aplicar reglas de convivencia, donde 
no haya espacio para la discriminación, la agresividad, las diferencias, el egoísmo, la intolerancia, ni represiones. 
La relación de los padres es y será siempre el ejemplo que ellos van a seguir en sus relaciones personales. 
Ponerse en el lugar de la otra persona, muchas veces, suele evitar conflictos y problemas.

febrero 10, 2015

El Cerebro es el Órgano que más Energía Consume



El cerebro humano requiere una gran cantidad de energía para su correcto funcionamiento


Energía mental

La energía mental se puede definir como la percepción de un estado de alerta mental  cognición , un buen estado de ánimo y motivación, y los procesos metabólicos que sustentan al cerebro.

La cognición es una combinación de atención, vigilancia y una alta capacidad para realizar tareas mentales.

El estado de ánimo está relacionado con diferentes sentimientos de energía y fatiga.

La motivación es la determinación y el entusiasmo para realizar tareas mentales.

Estas áreas de la energía mental se pueden medir mediante cuestionarios, pruebas mentales específicas y mediciones de la actividad cerebral.

En comparación con otros tejidos, el tejido nervioso consume mucha energía. En recién nacidos, en los que el cerebro aún está en desarrollo, consume un 60%. En adultos, el cerebro consume una quinta parte de la energía que producida diariamente y, con ello, consume lo mismo que toda la musculatura en estado de reposo. Es decir, 1,3 kilos de cerebro están consumiendo lo mismo que 27 kilos de músculo (en un hombre de 65 kilos).

El cerebro necesita una décima parte de una caloría por minuto, tan sólo para permanecer vivos. Comparando con la energía usada por los músculos: caminar quema unas 4 calorías por minuto, boxear puede gastar unas 10 por minuto y leer puede necesitar 1.5 calorías por minuto.

Una caloría es una unidad de energía que aporta un alimento y que el cuerpo utiliza para respirar, caminar, pensar y hasta dormir. Llegan al sistema digestivo por medio de toda la comida. Esas microscópicas partículas le permiten a cada músculo u órgano cumplir su función.

Muchas regiones del cerebro consumen más energía que los músculos de las piernas durante una maratón. Incluso cuando se duerme, el cerebro necesita combustible de forma regular. Gran parte de esta energía se necesita para activar los potenciales de acción, es decir, los pequeños impulsos eléctricos que viajan a lo largo de las neuronas. Estos impulsos eléctricos provocan la liberación de mensajes químicos en las terminaciones nerviosas, lo cual permite que el cerebro procese la información y las funciones de control del cuerpo.

El cerebro quema glucosa para transmitir mensajes a través de la red neuronal, y también carbohidratos, que se digieren hasta convertirse en glucosa.

Al igual que cualquier otro órgano, para funcionar el cerebro necesita :

Oxígeno

De todas las sustancias que llegan con la sangre al cerebro, el oxígeno es la más importante. Como todas las demás células corporales, también las células del cerebro tienen que respirar. Si hay un déficit de oxígeno, primero se reduce la capacidad del metabolismo celular para mantener viva la célula nerviosa. Si la célula ya no recibe oxígeno se muere. Por lo tanto, una interrupción completa del suministro de oxígeno es para el cerebro fatal dentro de unos pocos minutos.

Nutrientes

Como proveedor de energía le sirve al cerebro únicamente la glucosa  por hora necesita un promedio de 4 gramos. Por esto es muy importante que la sangre suministra al cerebro siempre con una cantidad suficiente de glucosa. Si la concentración de la glucosa se reduce por debajo de cierto punto, primero se siente hambre. En caso de que las reservas de azúcar no se vuelvan a abastecer es posible que ocurra un desmayo.

Vitaminas

Entre las vitaminas, aquellas del grupo B son particularmente importantes para el cerebro. Un déficit de vitamina B puede obstaculizar el procesamiento de la glucosa que suministra energía y, por consiguiente, paralizar el metabolismo del cerebro. Sin embargo, también un suministro suficiente de las vitaminas A, C y E es indispensable para el funcionamiento del cerebro.

Elementos traza

Para que el cerebro pueda cumplir en su totalidad con sus múltiples tareas, no pueden faltar los elementos traza, nutrimentos esenciales que se requieren sólo en cantidades menores, es decir, en trazas. Los elementos traza nutricionalmente importantes incluyen cobre, hierro, selenio y cinc.

Minerales

Para los procesos eléctricos en la transmisión de señales entre las células nerviosas se requieren además minerales, como sodio, potasio, calcio y magnesio. Por esta razón, una oferta suficiente de estos minerales es vital para el funcionamiento del cerebro.

Agua

Debido a que en el cuerpo sólo se pueden transmitir sustancias disueltas, el agua desempeña un papel central como medio de transporte. No obstante, muchas personas de mayor edad no toman suficiente líquido. Esto no sólo perjudica la función de los riñones sino también la circulación y la capacidad de pensamiento. El cerebro necesita suficiente agua para poder cumplir con sus múltiples funciones, sin dificultades y de manera literalmente  fluida.


La circulación es el alfa y omega

El cerebro recibe todas las sustancias mencionadas con la sangre. Por lo tanto, un suministro suficiente de sangre es el requisito básico para un cerebro que funciona apropiadamente. Trastornos menores del suministro de sangre pueden originar la falta de memoria y concentración. Impedimentos más masivos del flujo sanguíneo pueden producir molestias desde dolor de cabeza a vértigo y zumbido de oídos hasta desmayos. En el peor de los casos ocurre incluso un ataque de apoplejía.

El cerebro necesita de un sistema circulatorio fluido, lo que se consigue con unas grasas de calidad como las que proporcionan los pescados azules, el aceite de oliva y las semillas.


Nutrición del cerebro del bebé

El cerebro gasta el 30% de la energía que usa el cuerpo, además del 40% del oxígeno que se inhala con la respiración. Es la parte más importante del cuerpo.

Proporcionar, mediante una dieta adecuada, la correcta cantidad y distribución de los hidratos de carbono en la alimentación del bebé y el niño, que tienen mayores exigencias que los adultos, les permitirá que su cerebro realice las conexiones neuronales en las que usa, principalmente, toda esa energía.

Carbohidratos

El hidrato de carbono que usa inicialmente el cerebro del bebé es la lactosa, el azúcar de la leche. La cantidad de lactosa de la leche de cada especie está directamente relacionada con el tamaño de su cerebro porcentualmente a su peso corporal; es decir: a mayor cerebro, más lactosa en la leche. En los seres humanos el contenido energético de la leche materna proviene en un 40% de la lactosa.

La energía de la leche. La lactosa está formada por glucosa y galactosa, y supone el 90% de la cantidad de hidratos de carbono de la leche (hay otros, pero en un porcentaje mínimo). La cantidad de lactosa se mantiene constante en la leche materna, día y noche. La leche humana tiene también oligosacáridos, que tienen una función protectora del tracto intestinal y evitan la adhesión de bacterias (factor bacterio-estático).

Por este motivo la leche debe ser el alimento fundamental del bebé y si se le alimenta con leche de fórmula ésta debe ser aconsejada directamente por el pediatra.

Hay que respetar los requerimientos de alimentación nocturna de los bebés, que pueden pedir leche durante la noche, entendiendo que su necesidad de alimento no cesa en el sueño. Especialmente en los lactantes las tomas nocturnas tienen mucha importancia, tanto para mantener una correcta producción de leche materna como para evitar bajadas de glucosa en la noche.

El organismo descompone los carbohidratos en glucosa y los usa como fuente de energía. El cerebro, aunque necesita las grasas para otras funciones, saca su energía de la glucosa.

Los carbohidratos llamados simples, de forma sencilla, proporcionan una cantidad estable de glucosa en el torrente sanguíneo y por ese motivo son muy necesarios para los niños.

Las fuentes de hidratos de carbono básicas, además de la leche materna o de fórmula, son los cereales, los tubérculos y legumbres (garbanzos, lentejas, judías y guisantes, además de la soya).

Los lactantes necesitan un aporte adecuado de hidratos y los niños pequeños deberían tomar carbohidratos en todas las comidas para mantener constante el nivel de glucosa en su sangre, no dejar más de tres o cuatro horas entre cada ingesta y comenzar el día con una ración adecuada a su peso corporal y apetito.


La infancia, un periodo extenso y de lento crecimiento por el elevado consumo de energía del cerebro humano

Un nuevo estudio dirigido por antropólogos de la Universidad Northwestern, en Evanston, Illinois, cuyos resultados se publican en Proceedings of the National Academy of Sciences en agosto 2014, muestra que la infancia en los seres humanos dura mucho tiempo y en ella los niños crecen lentamente porque su cerebro utiliza el doble de glucosa, la energía que lo alimenta, que el de un adulto maduro.

Esta investigación ayuda a resolver el antiguo misterio de por qué los niños humanos crecen tan lentamente en comparación con sus parientes animales más cercanos, al demostrar que la energía canalizada por el cerebro domina el metabolismo del cuerpo humano en esta etapa temprana de la vida y puede ser la razón por la que los humanos crecen a un ritmo más propio de un reptil que de un mamífero durante la infancia.

Los hallazgos sugieren que el cuerpo no puede permitirse el lujo de crecer más rápido durante los años de la infancia porque se requiere una enorme cantidad de recursos para alimentar el cerebro humano en desarrollo. Como seres humanos, hay mucho que aprender y el aprendizaje requiere de un cerebro complejo y hambriento de energía.

El estudio es el primero en poner en común datos existentes de exploración cerebral mediante tomografía por emisión de positrones (PET) y resonancia magnética, que miden la absorción de glucosa y el volumen del cerebro, respectivamente, para demostrar que las edades en las que el cerebro consume la mayor cantidad de recursos también son los años en los que el crecimiento del cuerpo es más lento.

Consumo del 66% de los recursos del cuerpo. A los 4 años de edad, cuando esta actividad cerebral está en su apogeo y el crecimiento corporal disminuye al mínimo, el cerebro quema los recursos a una tasa equivalente al 66 por ciento de lo que utiliza todo el cuerpo en reposo metabólico. Los resultados apoyan la hipótesis de que los niños crecen tan lentamente y durante tanto tiempo porque el cuerpo humano necesita desviar una gran parte de sus recursos al cerebro durante la infancia, dejando poco al crecimiento corporal.

Anteriormente, se creía que la carga más elevada de los recursos del cerebro era superior en el nacimiento, cuando mayor es el tamaño del cerebro en relación al cuerpo, pero estos expertos encontraron que el cerebro agota su uso de la glucosa a los 5 años. A los 4 años, el cerebro consume glucosa equivalente a más del 40 por ciento del gasto total de energía del cuerpo.

El pico a mediados de la niñez en los gastos del cerebro tiene que ver con el hecho de que las sinapsis  las conexiones en el cerebro  se agotan a esta edad, cuando se aprende muchas de las cosas que necesita saber para convertirse en seres humanos con éxito.

En su mejor momento en la infancia, el cerebro quema dos tercios de las calorías de todo el cuerpo en reposo, mucho más que otras especies de primates. Para compensar estas grandes demandas de energía de sus cerebros, los niños crecen más lentamente y son menos activos físicamente durante este rango de edad. Estos hallazgos sugieren que los humanos evolucionaron hacia un crecimiento lento en esta etapa para dejar combustible para los cerebros.


El cerebro se protege cuando le falta energía – Proteína AMPK

Investigadores británicos de las universidades de Leeds, Edimburgo y Dundee han averiguado cómo se protege el cerebro del daño cuando se encuentra bajo de energía. Sus resultados se publicaron en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences en octubre 2011.

Normalmente, la sangre suministra suficiente glucosa y oxígeno al cerebro para generar la gran cantidad de energía necesaria para activar estos potenciales de acción. Sin embargo, si los vasos sanguíneos que llevan estas sustancias al cerebro se estrechan o bloquean, el suministro de nutrientes se detiene. El agotamiento de las neuronas amenaza no sólo con generar estados de indolencia o desgana, sino con desencadenar la muerte de células nerviosas, lo que podría provocar una crisis cerebrovascular.

El equipo de investigadores ha descubierto que, cuando esto ocurre y el suministro de energía comienza a agotarse, el cerebro pone en marcha una estrategia de protección, desencadenada por la proteína AMPK, que reduce la frecuencia de los impulsos eléctricos, ahorrando energía. Es decir, si las células del cerebro se quedan sin energía, comienzan a actuar más lentamente.

Esta actividad de la proteína AMPK fue descubierta por el profesor Graham Hardie, de la Universidad de Dundee, quien explica que la primera vez que se identificó el sistema AMPK mediante el estudio del metabolismo de la grasa en el hígado en 1980, no se sospechó que podría regular también diferentes funciones en otros órganos, como la conducción nerviosa en el cerebro.

El cerebro funciona veinticuatro horas y necesita energía incluso durante el sueño o en momentos de descanso. Las células cerebrales intercambian constantemente impulsos eléctricos, lo que hace posible el funcionamiento de todos los sistemas del organismo humano.

Los nuevos hallazgos sugieren que si las células del cerebro se quedan sin energía, comienzan a actuar más lentamente. Es posible que este descubrimiento conduzca, a largo plazo, a desarrollar nuevos tratamientos para los pacientes con problemas en la circulación cerebral, que tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades como el accidente cerebrovascular.


Bostezo

El cerebro humano es muy sensible a las temperaturas y debe permanecer fresco para operar eficientemente.

El bostezo es un mecanismo de termo-regulación que permite al cerebro conservar su temperatura óptima con el fin de que pueda funcionar rápidamente. Si el cerebro se recalienta demasiado, inspirar una cantidad de aire frío permite enfriar la sangre que circula en él.

El movimiento del bostezo se descompone en tres etapas : 

* Empieza con una inspiración larga y profunda.
* Esta inspiración se acompaña con una corta apnea de aproximadamente un segundo.
* Termina con una expiración muy rápida del aire inspirado que a veces estimula la actividad de las glándulas lacrimales.

En caso de fatiga la temperatura cerebral aumenta. La falta de sueño eleva la temperatura del cerebro. Y cuando esto sucede, la vigilia es menor. Se manifiesta cuando se está cansado, poco estimulado (aburrimiento), pero también cuando hace calor o que se está enfermo. El bostezo permite recuperar rápidamente el estado de vigilia.

Al bostezar se expanden y contraen las paredes del seno maxilar para bombear aire al cerebro, lo que hace disminuir su temperatura. El violento movimiento de la mandíbula hace que la sangre circule alrededor del cráneo, ayudando a eliminar el exceso de calor, mientras que la inhalación profunda trae aire fresco a las cavidades de los senos paranasales y alrededor de la arteria carótida para volver nuevamente al cerebro. La delgada pared posterior del seno maxilar puede flexionar durante el bostezo, que funciona como una bomba de fuelle, que ventila activamente el sistema de senos nasales, facilitando así el enfriamiento del cerebro.

Tipos de bostezos

Bostezo fisiológico. Emitido durante los períodos de transición al levantarse o acostarse, o durante las fases de vigilia, tendría una influencia sobre la circulación del líquido cefalorraquídeo y sobre los neurotransmisores, estimularía la vigilia, indicando mediante una señal de alerta que ya es hora de dormir, de comer, de levantarse. La temperatura corporal se eleva de forma natural antes y después de dormir.

Bostezos que siguen a una comida demasiado abundante. Tienen otra causa. Es porque el estómago trabaja a pleno rendimiento para hacer la digestión. También el hígado, el páncreas y el intestino aumentan su actividad. La digestión es un proceso que inicialmente necesita mucha energía de arranque para lograr transformar en energía aprovechable las sustancias nutritivas que tienen los alimentos que se ingieren. Y es por esta razón que se refuerza el riego sanguíneo de los órganos digestivos, retirando la sangre que se ha agregado a otros puntos del organismo. El cerebro humano es bastante sensible a esta pequeña reducción del riego sanguíneo e intenta compensar la falta de oxígeno con bostezos.

Bostezo cuando una persona está algo aburrida. Entonces siente el irresistible deseo de bostezar. Esto tiene poco que ver con lo que la persona esté haciendo, tiene que ver más con la falta de oxígeno en el ambiente. La monotonía y el aburrimiento pueden tener un efecto adormecedor, ya que el cerebro humano no detecta ninguna exigencia y éste disminuye su actividad, pero no se bosteza, sino que la persona se adormece lentamente.