enero 27, 2018

Malaria en el Embarazo





El paludismo es una enfermedad causada por un parásito Plasmodium, el cual es trasmitido por la picadura de un mosquito infectado. Sólo el género anófeles del mosquito transmite el paludismo. Los síntomas de esta enfermedad pueden incluir fiebre, vómito y/o dolor de cabeza. La forma clásica de manifestación en el organismo son fiebre, transpiración y escalofríos que aparecen 10 a 15 días después de la picadura del mosquito. Las muestras de sangre son examinadas con un microscopio para diagnosticar el paludismo, en donde el parásito es detectado dentro de los glóbulos rojos. Las pruebas de diagnóstico rápido (RDTs) son usadas para diagnosticar el paludismo en áreas remotas en donde el microscopio no puede ser utilizado.

Población en riesgo

El paludismo o malaria, es la enfermedad infecciosa tropical más frecuente del mundo. Aproximadamente la mitad de la población mundial corre el riesgo de contraer el paludismo, sobre todo los residentes en países de bajos ingresos.

Produce 2.700.000 muertes anuales, de las cuales, más de un millón se dan en niños menores de 5 años. Aproximadamente cincuenta millones de mujeres que viven en áreas endémicas se quedan embarazadas cada año.

En 2015 el paludismo estaba presente en 91 países y territorios. Como consecuencia, 10.000 mujeres y 200.000 niños mueren por la adquisición de malaria durante el embarazo. El paludismo mata a un niño cada 2 minutos.

La mayoría de los casos y las muertes se registran en el África subsahariana. No obstante, también se ven afectadas Asia, Latinoamérica, Oriente Medio y algunas zonas de Europa. En las Américas, se considera que 132 millones de personas viven en áreas de riesgo de contraer el paludismo. Son especialmente vulnerables quienes viajan de zonas libres de paludismo a zonas donde la enfermedad es frecuente.

Aparte de las condiciones ambientales, existen otros elementos que contribuyen a explicar este patrón geográfico. La distribución de la enfermedad también coincide con aquellas regiones donde la situación socioeconómica y las infraestructuras sanitarias son más precarias, lo cual pone de manifiesto que hoy en día la malaria se encuentra estrechamente ligada a la pobreza, siendo a la vez causa y consecuencia de esta última.

El paludismo supone una importante carga económica, pudiendo llegar a reducir en un 1,3% las tasas de crecimiento económico de países donde la enfermedad es frecuente.

La malaria en las mujeres embarazadas se manifiesta principalmente por problemas de anemia, aunque también son frecuentes las manifestaciones respiratorias o neurológicas. La infección placentaria condiciona asimismo problemas de retraso de crecimiento fetales, que se traducen en recién nacidos generalmente a término pero con bajo peso al nacer.

La malaria durante el embarazo presenta riesgos potenciales para la vida de la madre y el feto. Por lo tanto, una mujer embarazada con diagnóstico de la malaria debe obtener atención médica inmediata para reducir las posibilidades de cualquier riesgo de embarazo. Los estudios muestran que las mujeres embarazadas son más propensas a la infección de la malaria que las mujeres no embarazadas en los países tropicales y en desarrollo.

Las embarazadas no inmunes corren un alto riesgo de sufrir el paludismo. La enfermedad puede producir tasas de aborto elevadas y causar una mortalidad materna anual de más del 10% (cifra que puede llegar al 50% en casos de enfermedad grave).

Las embarazadas semi-inmunes corren el riesgo de sufrir anemia intensa y retraso del crecimiento fetal aunque no presenten signos de enfermedad aguda. Se calcula que anualmente mueren 200.000 lactantes a consecuencia del paludismo adquirido durante el embarazo.

Causas de la malaria en el embarazo

La malaria es predominante en las regiones tropicales. Por lo general, esta infección entra en erupción durante la temporada del monzón, ya que proporciona la base para la reproducción de mosquitos. Factores como la humedad, la temperatura, las precipitaciones desempeñan un papel importante en la aparición de la malaria.

Las otras razones posibles son:

Pérdida de la inmunidad. El embarazo debilita el sistema inmunológico de una mujer, en general, debido a la disminución de la síntesis de inmunoglobulina. Esto hace que la mujer embarazada sea vulnerable a la malaria.

La placenta. La placenta es un órgano nuevo que crece dentro del cuerpo. Permite que la infección pase a través del círculo de la inmunidad, y también permite que fenotipos específicos de placenta se multipliquen.

Zonas de transmisión. Las mujeres en zonas de transmisión estable / altas deben haber adquirido inmunidad contra la malaria. Por lo tanto las posibilidades de contraer la infección son menos. Sin embargo, en zonas de transmisión inestable / bajas las mujeres tienen un menor nivel de inmunidad, lo que aumenta el riesgo de la infección.

Infección por el VIH. Las mujeres infectadas con el VIH tienen un alto riesgo de contraer la malaria debido a su bajo nivel de inmunidad.

Complicaciones de la malaria en el embarazo

Bajo peso al nacer o restricción del crecimiento intrauterino. La placenta proporciona el terreno para parásitos de la malaria que impiden el suministro de oxígeno y nutrientes al feto. Esto podría resultar en neonatos con bajo peso al nacer y retraso del crecimiento intrauterino. Los bebés que nacen con un peso de menos de 5,5 libras (2,5 kg) tienen menos posibilidades de supervivencia.

La transmisión vertical. Otro riesgo evidente es que la infección se propague desde la madre al bebé. Los médicos recomiendan el cribado de la sangre del recién nacido después del parto para descartar cualquier infección.

El parto prematuro. P.Falcifarum infecta la placenta materna, donde los parásitos se multiplican. La placenta infectada por la malaria lleva citoquinas, anticuerpos y macrófagos que desencadenan una respuesta inmune activa, estimulando así el trabajo de parto prematuro.

Prevención de la malaria en el embarazo

Mosquiteros tratados con insecticida (ITN). Se recomienda el uso de mosquiteros impregnados con insecticida y rociado interno residual de los insecticidas; sus funciones consisten en disminuir el riesgo de las picaduras de los mosquitos infectados.

La fumigación de interiores con insecticidas de acción residual para matar los mosquitos que haya en las paredes y techos de las casas.

Tratamiento preventivo intermitente (TPI). La OMS recomienda en las regiones que tienen riesgo moderado a alto de la malaria el tratamiento preventivo intermitente con sulfadoxina-pirimetamina (TPI-SP) para eliminar periódicamente los parásitos que pueda haber en la placenta. Los medicamentos anti-malaria en el embarazo son seguros, pero se deben tomar bajo la supervisión del médico. Se debe seguir estrictamente el curso de medicamentos y tomar las dosis según lo prescrito por el médico. El paludismo es prevenible y curable.

Uso de ropa de colores claros. En general, los mosquitos son atraídos por los colores oscuros. Las mujeres embarazadas, que viven o viajan a áreas propensas a la malaria, deben usar prendas de color claro y con mangas largas para evitar la exposición de la piel.

Mantenerse en áreas frescas. Permanecer en áreas con aire fresco o acondicionado ya que los mosquitos no pueden florecer en temperaturas frías.

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La infección por malaria reduce el crecimiento fetal

Investigadores de la Unidad de Investigación de la Malaria Shoklo, que forma parte de la Wellcome Trust-Mahidol y del Programa de Tropical de Investigación en Medicina de la Universidad de Oxford, según un estudio publicado en PLos ONE en febrero 2012, han empleado ecografías que proporcionan la primera evidencia directa del efecto de la malaria en el crecimiento fetal durante el embarazo.

La investigación de casi 3.800 embarazos fue llevada a cabo en la frontera entre Tailandia y Myanmar (Birmania). El bajo peso al nacer es el factor de riesgo más importante para la mortalidad neonatal en los países en desarrollo y pone de relieve la importancia de la prevención del paludismo en el embarazo.

La ecografía prenatal, que es esencial para la datación con precisión el embarazo, está cada vez más disponible en los países en desarrollo. La tecnología también permite a los médicos, o trabajadores formados, medir el diámetro de la cabeza del feto. En las infecciones que se producen en el embarazo temprano, los investigadores creen que el tamaño de la cabeza puede ser el indicador más adecuado de la restricción del crecimiento.

El ultrasonido reveló que el diámetro de la cabeza del feto promedio fue significativamente menor cuando la infección por paludismo ocurría en la primera mitad del embarazo, en comparación con los embarazos no afectados por la malaria. En promedio, las cabezas de los fetos eran un 2% más pequeñas cuando se veían afectados por la malaria. Esto puede aumentar el riesgo de aborto involuntario y afectar la salud del niño en la edad adulta.

Sin embargo, aunque un solo episodio de malaria temprana, detectado y bien tratado, tuvo un efecto sobre el tamaño de la cabeza fetal a mitad del primer trimestre, este efecto no fue visto en el parto, lo que sugiere que el tratamiento temprano con medicamentos eficaces puede permitir una recuperación, más tarde en el embarazo.

Los investigadores concluyen que las estrategias para prevenir la malaria durante el embarazo se han centrado en la segunda mitad del embarazo, cuando el mayor aumento de peso del feto tiene lugar, pero el estudio sugiere que se tiene que ampliar los esfuerzos para centrarse también en el primer trimestre, y asegurarse de que la mujer embarazada conoce los riesgos de la malaria en el embarazo, para poder ofrecerle medicación preventiva.


Las mujeres mujeres embarazadas infectadas por la malaria no tienen inmunidad

Un estudio realizado por investigadores del  Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y del Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM), al sur de Mozambique, publicado en The New England Journal of Medicine en octubre 2015, se encontró que las madres infectadas sufrían más anemia y los bebés nacían con menor peso.

Estudiaron cerca de 2000 mujeres gestantes que acudieron al Hospital Distrital de Manhiça (Mozambique) entre 2003 y 2011 y que entonces participaban en ensayos clínicos de tratamiento preventivo de la enfermedad durante el embarazo. Los investigadores vieron que el descenso en la incidencia de la enfermedad se vio acompañado por infecciones más graves que causaban efectos muy perjudiciales sobre la salud de las mujeres y de los recién nacidos.

Una de cada dos mujeres con malaria grave acaba muriendo y una cantidad baja de hemoglobina en la sangre de la madre durante la gestación contribuye a retardar el crecimiento del feto, que nace con peso bajo; cada año unos 100.000 bebés mueren en África durante los primeros meses de vida por este motivo.

Las mujeres que se infectan no tienen inmunidad, de ahí que la infección alcance densidades parasitarias mayores y efectos dañinos mayores.


Un fármaco contra la malaria protege a los fetos de la infección por Zika

Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis, en Estados Unidos, cuyo trabajo se publicó en The Journal of Experimental Medicine en julio 2017, mostraron que un fármaco contra el paludismo protege al feto de la infección viral.

Estudiando modelos experimentales preñadas, descubrieron que el fármaco contra la malaria, la hidroxicloroquina, bloquea efectivamente la transmisión viral al feto. Ese medicamento ya está aprobado para su uso en mujeres embarazadas con otros fines médicos, para disminuir los riesgos de infección por Zika y la enfermedad en fetos en desarrollo.

Las consecuencias devastadoras de la infección por el virus Zika se sufren en el útero, donde el virus puede causar daño cerebral y, a veces, la muerte.

A finales de 2015, los médicos en Brasil comenzaron a notar un aumento en el número de bebés nacidos con microcefalia, o cabezas inusualmente pequeñas, un indicador de daño neurológico. La epidemia pronto estuvo relacionada con el virus Zika transmitido por los mosquitos, que se extendía por las partes tropicales de las Américas. Los médicos aconsejaron a las mujeres embarazadas que evitaran las picaduras de mosquitos usando repelente de insectos y ropa de manga larga. No había, y todavía no existen, fármacos o vacunas aprobadas para su uso en mujeres embarazadas para proteger a sus fetos de la infección por Zika.

El feto en desarrollo es únicamente vulnerable a los daños de la infección, por lo que el cuerpo moviliza defensas robustas para evitar que los microbios lleguen al feto en primer lugar y la placenta es la última línea de defensa. Un proceso conocido como autofagia  la vía de eliminación de residuos celulares por la cual las células trituran desechos, organelos no deseados y microbios invasores  es una parte importante de la formidable barrera que hace la placenta a la infección. Sin embargo Zika no sólo puede invadir la placenta, sino multiplicarse allí.

Para saber más sobre cómo Zika rompe la placenta, los investigadores infectaron las células de la placenta humana con el virus Zika y encontraron que la exposición al virus activaba genes relacionados con la autofagia. Sin embargo, cuando trataron las células con fármacos para acelerar la vía de la autofagia, el número de células infectadas con el virus Zika aumentó.

Disminuir la autofagia celular reduce la infección

Los fármacos que suprimieron la autofagia llegaron a menos células placentarias infectadas con el virus Zika. En otras palabras, el virus se multiplicó y se propagó más eficazmente cuando los investigadores sintonizaron la respuesta de la barrera y se realizaron más lentamente cuando la controlaron. El virus parecía estar haciendo una forma de artes marciales microbianas, convirtiendo las armas del cuerpo en su propia ventaja.

Los investigadores verificaron estos hallazgos usando ratones cuya respuesta de autofagia fue restringida por niveles bajos de una proteína de autofagia clave. Infectaron dos grupos de ratones embarazados con Zika: uno en el que el proceso de autofagia fue interrumpido y el otro en el que funcionó normalmente.

Cinco días después de la infección, las hembras madres con una respuesta de autofagia débil tenían aproximadamente la misma cantidad de virus en sus corrientes sanguíneas que los modelos con una respuesta normal. Sin embargo, en ratones con una respuesta de autofagia débil, los investigadores encontraron diez veces menos virus en la placenta y las cabezas de los fetos y menos daño a las placentas.

Sugieren que el virus Zika aprovecha el proceso de autofagia en la placenta para promover su supervivencia e infección de las células placentarias. Dado que la hidroxicloroquina suprime la respuesta de la autofagia, los investigadores se preguntaron si también podría proteger a los fetos contra Zika y, para averiguarlo, repitieron el experimento en ratones utilizando sólo animales con una respuesta de autofagia normal. Los modelos experimentales hembra al día nueve del embarazo fueron infectados con Zika y luego se les suministró hidroxicloroquina o placebo todos los días durante los siguientes cinco días.

Tras el tratamiento, los científicos detectaron significativamente menos virus en los fetos y las placentas de los roedores que habían recibido hidroxicloroquina. Además, estas placentas mostraron menos daño y los fetos recuperaron el crecimiento normal. Tanto las madres no tratadas como las tratadas tenían aproximadamente la misma cantidad de virus Zika en sus corrientes sanguíneas, lo que indica que, la hidroxicloroquina fue capaz de proteger a los fetos, incluso cuando el virus estaba circulando a través de la madre.

Aunque se ha utilizado la hidroxicloroquina con seguridad en mujeres embarazadas durante cortos periodos de tiempo, los autores advierten que se necesitan más estudios antes de que pueda utilizarse en mujeres embarazadas para esquivar Zika. Las mujeres embarazadas que viven en áreas donde circula Zika pueden necesitar tomar el medicamento durante el embarazo y se desconoce la seguridad de la hidroxicloroquina para su uso a largo plazo.

El estudio ofrece nuevas vías para intervenciones terapéuticas factibles y sugiere que una autofagia basada en la intervención terapéutica contra Zika puede estar justificada en mujeres embarazadas infectadas con el virus Zika.

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La malaria en los niños puede ser una enfermedad mortal

La malaria o paludismo es una enfermedad que afecta a niños y adultos por igual. Es una enfermedad que puede resultar mortal, pero que también se puede curar si se trata de la forma y en los tiempos correctos.

El epicentro de la enfermedad se encuentra ubicado en Nigeria y la República Democrática del Congo en África, mientras que en Asia el país más afectado es la India. La malaria es la enfermedad que más muertes causa en niños menores de 5 años, cada día fallecen 3000 niños a causa de esta enfermedad.

Síntomas de la malaria en los niños

El proceso de incubación varía según la persona afectada, pero suele durar en torno a los 15 días. El mosquito pica y transmite los parásitos a la sangre del niño infectado, estos se desplazan y se reproducen en el hígado, para después volver al torrente sanguíneo para acabar con los glóbulos rojos.

Es una enfermedad con difícil diagnóstico ya que los primeros síntomas, fiebre, que puede alcanzar los 41º centígrados, y escalofríos, son comunes a muchas enfermedades. Además suele presentarse con dolor de cabeza, dolores musculares y articulares, y trastornos digestivos, como la gripe o una común diarrea.

Como proteger a los niños de la malaria

Los avances para encontrar la vacuna contra la malaria aún están en marcha. Existe una vacuna con la que se trabaja, pero no es eficaz al 100%.

El Anopheles, mosquito responsable del contagio de la malaria, solo pica de noche, por lo que se pueden tomar precauciones al respecto. La colocación de un mosquitero con repelente ha conseguido reducir las muertes por malaria en un 55% en los últimos dos años.

Además, si se va a viajar con niños a una región con un alto índice de casos de malaria sería recomendable la visita previa al pediatra para que le recete algún medicamento antipalúdico como medida de prevención.


Eliminación de la malaria

Datos recientes revelan que la aplicación a gran escala de las estrategias recomendadas por la OMS podría reducir rápidamente el paludismo, sobre todo en zonas donde la transmisión es elevada, como sucede en África. La OMS y los Estados Miembros han hecho importantes progresos en la eliminación del paludismo. Por ejemplo, recientemente Maldivas y Sri Lanka fueron certificados por haber eliminado el paludismo. El éxito de los países se debe a un intenso compromiso nacional y a la coordinación de sus esfuerzos con los asociados.


Por primera vez en muchos años la malaria está en retroceso, como consecuencia de un despliegue
 sin precedentes de las herramientas de control. Los nuevos métodos diagnósticos y tratamientos
 disponibles han contribuido a una mejor identificación de la carga de la enfermedad real
 y un rápido tratamiento de los casos.


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